Es un plato muy original que probablemente nunca has probado y que te va a sorprender. Utiliza solo ingredientes de origen vegetal —lo que contribuye a minimizar el sufrimiento (animal y ambiental)— y no olvida las proteínas vegetales, aquí en forma de legumbres germinadas y frutos secos.
Para hacer este plato tienes que preparar primero tus lentejas germinadas. Si no sabes cómo, te diremos que es muy fácil y te dejamos este artículo en el que se explica. Recordemos que las legumbres germinadas (lentejas, garbanzos, alubias, etc.) son semillas que han comenzado a brotar y que resultan más digestivas y nutritivas; con más vitaminas y antioxidantes; y con menosantinutrientes, ideales para comer en verano, tanto en platos fríos como calientes.
Esta es una receta simple y flexible. Es decir, puedes jugar a modificar los ingredientes según lo que tengas a mano.
Aceite (AOVE), sal y especias al gusto (recomendamos solo pimentón, pero puedes innovar con albahaca, orégano u otros condimentos que te gusten).
Opcional:
Frutos secos: almendras, pipas de girasol o de calabaza, nueces…
Otras verduras: ajo, calabacín, pimiento rojo…
◊ Preparación:
Trocear los puerros (o la cebolla) a trocitos pequeños y ponerlos en la sartén junto con los guisantes y un poco de aceite. Remover regularmente para que no se quemen.
Mientras, pelamos y troceamos las zanahorias y las metemos al microondas unos 4 minutos antes de añadirlas a la sartén. Podemos saltarnos el paso del microondas, pero la zanahoria quedará un poco dura (salvo que se eche antes con más aceite).
Si hay otras verduras, se pueden trocear y echar a la sartén directamente, o bien, pasarlas previamente unos minutos al microondas para ahorrar tiempo y utilizar menos aceite.
Es el momento de echar los frutos secos, al gusto. Recomendamos picarlos un poco (con un almirez, por ejemplo) y tostarlos previamente en una sartén aparte, sin aceite.
Cuando las verduras estén cocinadas, se sirven en los platos, echando por encima las lentejas germinadas. Nuestra sugerencia es no cocinar mucho las verduras. Si se quedan al dente, tienen más sabor y más nutrientes.
Condimentar cada plato al gusto: aceite crudo, sal y pimentón (o lo que se desee).
Haz clic para ver este vídeo que lee este artículo.
◊ Acompañamientos opcionales: Se puede acompañar este plato con un filete de seitán a la plancha, con arroz blanco o con una patata asada al microondas.
Es un plato muy original que probablemente nunca has probado y que te va a sorprender. Utiliza solo ingredientes de origen vegetal —lo que contribuye a minimizar el sufrimiento (animal y ambiental)— y no olvida las proteínas vegetales, aquí en forma de legumbres germinadas y frutos secos.
Para hacer este plato tienes que preparar primero tus lentejas germinadas. Si no sabes cómo, te diremos que es muy fácil y te dejamos este artículo en el que se explica. Recordemos que las legumbres germinadas (lentejas, garbanzos, alubias, etc.) son semillas que han comenzado a brotar y que resultan más digestivas y nutritivas; con más vitaminas y antioxidantes; y con menosantinutrientes, ideales para comer en verano, tanto en platos fríos como calientes.
Esta es una receta simple y flexible. Es decir, puedes jugar a modificar los ingredientes según lo que tengas a mano.
Aceite (AOVE), sal y especias al gusto (recomendamos solo pimentón, pero puedes innovar con albahaca, orégano u otros condimentos que te gusten).
Opcional:
Frutos secos: almendras, pipas de girasol o de calabaza, nueces…
Otras verduras: ajo, calabacín, pimiento rojo…
◊ Preparación:
Trocear los puerros (o la cebolla) a trocitos pequeños y ponerlos en la sartén junto con los guisantes y un poco de aceite. Remover regularmente para que no se quemen.
Mientras, pelamos y troceamos las zanahorias y las metemos al microondas unos 4 minutos antes de añadirlas a la sartén. Podemos saltarnos el paso del microondas, pero la zanahoria quedará un poco dura (salvo que se eche antes con más aceite).
Si hay otras verduras, se pueden trocear y echar a la sartén directamente, o bien, pasarlas previamente unos minutos al microondas para ahorrar tiempo y utilizar menos aceite.
Es el momento de echar los frutos secos, al gusto. Recomendamos picarlos un poco (con un almirez, por ejemplo) y tostarlos previamente en una sartén aparte, sin aceite.
Cuando las verduras estén cocinadas, se sirven en los platos, echando por encima las lentejas germinadas. Nuestra sugerencia es no cocinar mucho las verduras. Si se quedan al dente, tienen más sabor y más nutrientes.
Condimentar cada plato al gusto: aceite crudo, sal y pimentón (o lo que se desee).
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◊ Acompañamientos opcionales: Se puede acompañar este plato con un filete de seitán a la plancha, con arroz blanco o con una patata asada al microondas.
Producir nuestro alimento puede contaminar más de lo que creemos. Ante la duda, elegir opciones de origen vegetal es lo que mejor minimiza el sufrimiento, tanto animal como ambiental. En este empeño, no debemos olvidar las proteínas vegetales cuya forma más simple son las semillas y las legumbres.
Una forma sabrosa de comer legumbres es en su versión germinada. Los germinados son semillas que han iniciado el proceso de brotación. Esto activa enzimas y modifica su perfil nutricional, haciéndolas más digestivas y nutritivas. En muchos casos, aumentan las vitaminas y los antioxidantes; y se reducen los antinutrientes.
Germinar legumbres (lentejas, garbanzos, alubias, etc.) es un proceso sencillo y divertido que te vamos a explicar aquí, para que te alimentes con proteínas vegetales de calidad.
Germinados de lentejas, paso a paso
Las lentejas germinadas se pueden usar en multitud de platos: como ingrediente principal, como guarnición o como un original y sabroso adorno. Son como lechuga, con más proteína y mayor versatilidad. Añádelas a ensaladas, tostadas, bocadillos, salteados, wraps, sopas o como adorno final en cremas o en el salmorejo cordobés (o porra antequerana).
Es muy simple hacer lentejas germinadas en casa:
Colocalas lentejas en un vaso o tarro, sin superar un tercio de su capacidad. Ten en cuenta que crecerán mucho en volumen.
Añade agua hasta dejarlas sumergidas. Déjalas en remojo entre 8 y 12 horas. Esto despierta la semilla más rápidamente. Si te saltas este paso, se tarda más.
Cubre el recipiente con un trozo de media o una una tela fina. Usa una goma elástica para fijarla. Esto te facilitará el proceso de escurrir.
Escurre completamente el agua. Si has puesto la media y la goma, esto es tan fácil como dar la vuelta al vaso y sacudir ligeramente varias veces.
Sumerge las semillas de nuevo en agua, remueve un poco y vuelve a escurrir.
Déjalas escurrir bien sobre un plato hondo y poniendo el recipiente con las lentejas invertido e inclinado sobre el borde del plato. Lo importante es que el agua pueda drenar. Las semillas deben mantenerse húmedas, pero no encharcadas.
Dos veces al día debes enjuagarlas: echar agua, remover, escurrir y volver a poner el vaso invertido en el plato.
En 4-5 días, tendrás tus brotes. Lo óptimo es cuando el brote mida entre 0,5 y 1 cm. Tú decides cuándo comerlas. Continua en el paso anterior si quieres un sabor más intenso.
Escurre bien al final y guarda en el frigorífico en un bote bien cerrado. Consume en un máximo de cinco días.
Observaciones:
Este vídeo te da 4 argumentos para comer menos alimentos de origen animal.
Coloca el tarro en un lugar con luz indirecta o penumbra (nunca al sol). La semilla no necesita luz para germinar. La luz puede favorecer bacterias o moho. Cuando ya han brotado (el último día), puedes ponerlas en un lugar con más luz indirecta. Esto hace que salgan mejor las hojitas verdes (más clorofila) y que tengan un sabor distinto, más fresco.
El principal riesgo es el moho. Por eso, es importante enjuagar bien en cada lavado, remover bien con suficiente agua.
Reducir el consumo de carne y pescado a cero puede ser muy complicado. Sin embargo, es fácil cocinar platos veganos cada vez con más frecuencia. Otra opción es hacer que los ingredientes animales sean solo secundarios o reservarlos para ocasiones puntuales. Nos sobran argumentos para reducir la comida de origen animal.
Producir nuestro alimento puede contaminar más de lo que creemos. Ante la duda, elegir opciones de origen vegetal es lo que mejor minimiza el sufrimiento, tanto animal como ambiental. En este empeño, no debemos olvidar las proteínas vegetales cuya forma más simple son las semillas y las legumbres.
Una forma sabrosa de comer legumbres es en su versión germinada. Los germinados son semillas que han iniciado el proceso de brotación. Esto activa enzimas y modifica su perfil nutricional, haciéndolas más digestivas y nutritivas. En muchos casos, aumentan las vitaminas y los antioxidantes; y se reducen los antinutrientes.
Germinar legumbres (lentejas, garbanzos, alubias, etc.) es un proceso sencillo y divertido que te vamos a explicar aquí, para que te alimentes con proteínas vegetales de calidad.
Germinados de lentejas, paso a paso
Las lentejas germinadas se pueden usar en multitud de platos: como ingrediente principal, como guarnición o como un original y sabroso adorno. Son como lechuga, con más proteína y mayor versatilidad. Añádelas a ensaladas, tostadas, bocadillos, salteados, wraps, sopas o como adorno final en cremas o en el salmorejo cordobés (o porra antequerana).
Es muy simple hacer lentejas germinadas en casa:
Colocalas lentejas en un vaso o tarro, sin superar un tercio de su capacidad. Ten en cuenta que crecerán mucho en volumen.
Añade agua hasta dejarlas sumergidas. Déjalas en remojo entre 8 y 12 horas. Esto despierta la semilla más rápidamente. Si te saltas este paso, se tarda más.
Cubre el recipiente con un trozo de media o una una tela fina. Usa una goma elástica para fijarla. Esto te facilitará el proceso de escurrir.
Escurre completamente el agua. Si has puesto la media y la goma, esto es tan fácil como dar la vuelta al vaso y sacudir ligeramente varias veces.
Sumerge las semillas de nuevo en agua, remueve un poco y vuelve a escurrir.
Déjalas escurrir bien sobre un plato hondo y poniendo el recipiente con las lentejas invertido e inclinado sobre el borde del plato. Lo importante es que el agua pueda drenar. Las semillas deben mantenerse húmedas, pero no encharcadas.
Dos veces al día debes enjuagarlas: echar agua, remover, escurrir y volver a poner el vaso invertido en el plato.
En 4-5 días, tendrás tus brotes. Lo óptimo es cuando el brote mida entre 0,5 y 1 cm. Tú decides cuándo comerlas. Continua en el paso anterior si quieres un sabor más intenso.
Escurre bien al final y guarda en el frigorífico en un bote bien cerrado. Consume en un máximo de cinco días.
Observaciones:
Este vídeo te da 4 argumentos para comer menos alimentos de origen animal.
Coloca el tarro en un lugar con luz indirecta o penumbra (nunca al sol). La semilla no necesita luz para germinar. La luz puede favorecer bacterias o moho. Cuando ya han brotado (el último día), puedes ponerlas en un lugar con más luz indirecta. Esto hace que salgan mejor las hojitas verdes (más clorofila) y que tengan un sabor distinto, más fresco.
El principal riesgo es el moho. Por eso, es importante enjuagar bien en cada lavado, remover bien con suficiente agua.
Reducir el consumo de carne y pescado a cero puede ser muy complicado. Sin embargo, es fácil cocinar platos veganos cada vez con más frecuencia. Otra opción es hacer que los ingredientes animales sean solo secundarios o reservarlos para ocasiones puntuales. Nos sobran argumentos para reducir la comida de origen animal.
Para nosotros el reto fue grande, porque queríamos una receta fácil, con productos cercanos, ecológicos, fáciles de conseguir en muchas regiones, y con ingredientes vegetarianos, por las enormes implicaciones que tiene el consumo de carne en el planeta. Además, conseguimos hacer dos platos en uno, o sea, dos platos en la misma receta, para dos días distintos, en un tiempo record. Primero exponemos la receta, y al final comentamos algo de la trazabilidad de sus ingredientes:
◊ Ingredientes (5-6 personas aprox., para cada uno de los dos platos):
1 trozo de calabaza (al gusto).
2 cebollas normales.
3 calabacines.
4 patatas.
5 zanahorias.
3-5 dientes de ajo.
1 chorrito de aceite de oliva.
Opcional: Sal, especias (orégano, cúrcuma, pimienta blanca o negra, pimentón, levadura de cerveza…), frutos secos molidos (pipas de calabaza o de girasol, almendras molidas, nueces…), y para la sopa: pasta corta (fideos, macarrones…).
◊ Preparación:
Se ponen todas las hortalizas en trozos grandes, preferentemente en una olla a presión (olla express). El calabacín no es preciso pelarlo (basta con lavarlo y quitarle los extremos).
Cubrir todo de agua hasta unos 2 dedos por encima (máximo 2/3 de la capacidad de la olla.
Cerrar la olla y calentar al máximo, hasta que el indicador de presión aparece, y por la válvula se escapa un flujo de vapor continuo. Entonces, reducir el foco de calor al mínimo, pero aumentando si decae la presión. Mantener la presión 5 minutos, y apagar el calor.
Baje la presión de la olla, sin prisas, hasta que pueda abrirse (cambiar la válvula a la posición de descompresión según las instrucciones de la olla).
Sin olla a presión, basta con hervir los ingredientes en una olla tapada, sin demasiado calor, hasta que estén blandas las patatas (que pueden cortarse más para que tarde menos), pero recuerde que la olla a presión ahorra tiempo, dinero, energía, contaminación…
Vierta casi todo el líquido en una cacerola, que será la base de nuestra sopa.
Para la crema de verduras (plato 1): Con una batidora, triturar las verduras que quedaron en la olla, añadiendo sal, el aceite, y especias al gusto. Si está muy espeso, añadir un poco del caldo que retiramos antes. Para espesar, añadir levadura de cerveza, que le da un sabor tan interesante como sus propiedades (tiene proteínas, minerales, sin grasas, y vitaminas del grupo B… todo muy recomendable para todos, especialmente para los vegetarianos). Probar y rectificar de especias y sal.
Opcional: Servir la crema con frutos secos molidos por encima.
Para la sopa de verduras (plato 2): Calentar el caldo obtenido cuando vaya a consumirse, y añadir sal y especias al gusto (distintas a las anteriores si queremos cambiar su sabor). Sugerimos pimentón, cúrcuma, y comino. Probar y rectificar de especias y sal.
Opcional: Puede mezclarse el caldo con dos o tres cucharones de la crema del plato anterior, para darle más espesor y sabor. Si no tienes pudor en usar huevo a pesar de sus terribles consecuencias, puedes batir un par de huevos hasta que cuajen o echar trocitos de huevo duro.
◊ Trazabilidad de los ingredientes:Ante la dificultad que supone averiguar la procedencia de cada ingrediente, acudimos a una cooperativa de agricultores locales (Málaga, España, en nuestro caso): Guadalhorce Ecológico S.C.A., de Alhaurín el Grande (Málaga). Ellos reparten a domicilio sus alimentos ecológicos certificados de primera calidad, procedentes de producción ecológica basada en el uso racional de los recursos naturales sin emplear productos químicos ni organismos genéticamente modificados (OMG o transgénicos), conservando la fertilidad de la tierra y respetando el medio ambiente. Ellos afirman que intentan producir alimentos de kilometro cero, es decir, alimentos producidos en nuestra tierra, ofreciendo frescura y un precio justo para el agricultor y para el consumidor. Evitando envoltorios, intermediarios, y largas distancias, reducimos gastos y contaminación. La siguiente información nos la ha facilitado esta cooperativa y nos han mostrado los certificados pertinentes, que obran en su poder:
Calabaza: Procede de uno de los cooperativistas, de Málaga.
Ajos: Son de Repla, empresa sevillana de producción ecológica.
Calabacines: Empresa Bio Algarrobo de productos ecológicos de Algarrobo (Málaga).
Patatas: En esta ocasión el productor fue M. del Pilar Arranz, de Segovia, bastante lejos, pero la cooperativa nos aclara que intentan “que la procedencia de los productos sea lo más cercana posible, pero en este caso no habrá podido ser así”.
Cebollas, y zanahorias: Suelen proceder de cooperativistas de la región, pero si no hay, proceden de la empresa Repla.
Ingredientes que no proceden de dicha cooperativa:
Aceite de oliva: Es virgen extra procedente de la cooperativa Los Llanos, de olivos de la variedad principalmente “hojiblanca” de la zona de Cuevas del Becerro (Málaga), y obtenido sólo por procedimientos mecánicos. Un aceite turbio, de sabor intenso, ideal para saborear en crudo. La cooperativa lo distribuye a domicilio por Málaga (Guillermo con su bicicleta: 679 265 771).
Pasta: Procedente del Valle del Ebro, de la empresa Riet Vell, fundada por la ONG SEO/BirdLife, para promover la agricultura ecológica y respetuosa con las aves.
Otros ingredientes opcionales: Mirando las etiquetas, a veces podemos elegir los ingredientes más cercanos, pero también podemos elegir cómo influye lo que comemos en nuestro entorno. Por ejemplo, los huevos deben tener un código impreso en su cáscara, y el primer dígito indica cómo se ha criado la gallina: 0 para gallinas criadas y alimentadas ecológicamente, 1 para gallinas camperas (criadas con suficiente espacio, pero no ecológicas), 2 para gallinas hacinadas en naves industriales, y 3 para gallinas encerradas en jaulas sin apenas espacio. Los códigos 2 y 3 indican que la gallina ha sufrido durante su vida. Respecto a la sal, hay quien sostiene que la sal sin refinar es más sana, por sus minerales y oligoelementos, pero lo mejor es no abusar de la sal.
Nota de actualización: Nuestra receta no ganó el concurso indicado pero los organizadores quisieron reconocer nuestra buena propuesta, regalándonos un conjunto de productos de algas de la empresa gaditana Suralgae (sal de algas, lechuga de mar…).