El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este lunes que mantuvo conversaciones telefónicas con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el liderazgo de la milicia libanesa Hezbolá para tratar de preservar el alto el fuego en el sur de Líbano, según declaró a la prensa desde la Casa Blanca. Trump calificó los diálogos de “productivos” y aseguró que “van por buen camino”.
La tregua, acordada en mayo bajo el paraguas de Naciones Unidas, se ha visto erosionada por ataques constantes de ambas partes. La Fuerza Interina de la ONU en Líbano (FINUL) ha denunciado al menos 12 violaciones del cese de hostilidades en las últimas dos semanas, incluyendo intercambios de artillería y ataques con drones. El gobierno libanés, debilitado por la crisis económica, ha pedido a la comunidad internacional que presione para evitar una nueva guerra.
He mantenido conversaciones con Bibi Netanyahu y con los líderes de Hezbolá. Ambos quieren la paz, y creo que podemos lograr un acuerdo duradero si todos se comprometen.
La intervención directa de Trump supone un giro en la estrategia estadounidense, que hasta ahora había delegado en mediadores regionales como Egipto y Catar. Sin embargo, la capacidad de Hezbolá para controlar a todas las facciones armadas en el sur del Líbano es limitada, según fuentes diplomáticas. La tregua incluía el repliegue israelí de la Línea Azul y el desarme de las milicias al sur del río Litani, condiciones que ninguna de las partes ha cumplido plenamente.
Implicaciones para la seguridad europea
La posible consolidación del alto el fuego tendría consecuencias más allá de la región. La Unión Europea teme que una escalada militar reavive los flujos migratorios hacia el continente y comprometa la seguridad energética, especialmente por la dependencia de las importaciones de gas desde Oriente Medio. Fuentes del Servicio Europeo de Acción Exterior señalaron que “cualquier estabilización en la región es positiva, pero la desconfianza mutua sigue siendo alta”.
Mantener la tregua es clave para evitar una guerra regional que afectaría a los intereses de Estados Unidos y sus aliados. Israel mantiene su postura de no permitir que Hezbolá reconstruya su capacidad militar cerca de la frontera, mientras que la milicia libanesa insiste en que no depondrá las armas mientras continúe la ocupación israelí.