Senegal atraviesa una crisis política de calado tras la destitución del primer ministro y aliado de largo plazo, Ousmane Sonko, por parte del presidente Bassirou Diomaye Faye el pasado 22 de mayo. El cese —producto de la pugna por el poder entre los dos antiguos socios— eleva el riesgo de inestabilidad en el país, según analistas consultados por fuentes diplomáticas. La crisis podría minar el papel de Senegal como mediador clave en la convulsa región del Sahel, donde las juntas militares prorrusas ganan terreno.
Un giro que podría beneficiar a Washington
La apertura de Faye a colaborar con Estados Unidos, unida a la salida de Sonko, podría facilitar los esfuerzos de la administración Trump por reconstruir lazos con los regímenes del Sahel —hoy vinculados a Moscú— y apuntalar la fallida operación antiterrorista regional, según analistas. Un Senegal inestable podría debilitar el papel del país como pacificador, pero una administración pos-Sonko más alineada con Washington podría fortalecer la influencia estadounidense en la zona.
Un Senegal inestable podría debilitar el papel del país como pacificador en el Sahel. Pero un Gobierno pos-Sonko abierto a EE.UU. podría fortalecer la mano de Trump.
Faye y Sonko llegaron al poder hace algo más de dos años con un programa rupturista. La ruptura entre ambos, según los analistas, debilita la institucionalidad senegalesa y amenaza la estabilidad de un país que hasta ahora había sido un oasis democrático en una región convulsa. La evolución de la crisis será seguida de cerca tanto por las cancillerías africanas como por Washington, que ve en Dakar un socio estratégico para contrarrestar la influencia rusa en el Sahel.