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Quijotes del siglo XXI, perfiles que libran su batalla en las redes

2 Abril 2026 at 07:00

Salud, vivienda, racismo, cambio climático, estafas, homofobia. Sobre cualquiera de estos temas cada día en las redes sociales se publican bulos, operan campañas y se vierte odio como si lo descargara un camión cisterna. Pero también hay personas detrás de cientos de perfiles que libran una batalla cotidiana.

Laura, Guillermo, Andrea, Santiago, Daniel. Esta lista seguramente no te dice nada. Pero si te digo que son los nombres que están detrás de los perfiles Le petite pato, Farmacia enfurecida, Mi familia mixta, Champimuros o Tigrillo es muy probable que la cosa cambie. Y resulta casi imposible que si entras de vez en cuando en redes sociales no hayas visto unos cuantos videos suyos puesto que suelen contar sus reproducciones por cientos de miles, o millones. 

Andrea Navarro era una criminóloga murciana que tuvo la ocurrencia de casarse y tener una hija con un chico de Guinea. Y además contarlo en redes sociales. Al empezar a subir sus videos familiares en Tik Tok, el 95% de los comentarios eran insultos racistas. “Era asfixiante”, nos cuenta. De hecho estuvo tentada de dejar de publicar nada sobre su familia. Pero hizo justo todo lo contrario: creó el perfil Mi familia mixta y empezó a exponer –y a burlarse– de los insultos, de los prejuicios racistas y de las preguntas absurdas que recibía. “Si alguien te está insultando, lo que quiere es que respondas con más insultos, saber que te afecte, así que el humor les descoloca”. 

Su comunidad fue creciendo y, casi una década después, para su sorpresa, las redes sociales se han convertido en su profesión gracias a publicidades puntuales. Andrea no se plantea su canal como una forma de luchar contra el racismo o la islamofobia –“si te has criado en el odio es muy difícil que cambies”, dice-, sino más bien como una forma de ayudar a otras familias mixtas o racializadas. “Racistas habrá siempre, pero yo elijo cómo me lo tomo”. Al ridiculizar el racismo, los agresores pierden fuerza. 

¿Activismo o profesión?

Aunque haya algunos casos de activistas de las redes que desde el principio tienen una visión profesional, en la mayoría de los casos esta “militancia” surge como respuesta de una vivencia personal, que luego puede convertirse en una forma de ganarse la vida. Es el caso de Santiago Caamaño, en redes Champimuros, que tras superar una adicción al juego mantiene una cruzada con todo aquel que promueva las apuestas en redes, al tiempo que denuncia la falsedad y los cursos-estafa y se burla en general de todos aquellos “fantasmas”, como los llama él, que presumen de lujo, superficialidad, o de ser abiertamente machistas.

Otra vivencia personal, en este caso una tan habitual como buscar piso, fue la que llevó hace tres años a la arquitecta e ilustradora gallega Laura Pato a llenar su perfil de Instagram de videos de alquiler o venta de casas. “Mi primer objetivo era señalar los pocos límites que tenemos a la hora de elegir una vivienda, las carencias arquitectónicas que aceptamos. Pero la situación ha empeorado muchísimo y ahora estamos obligados a aceptar lo que se nos ofrece”, explica a La Marea.

Camas a dos palmos del techo, retretes dentro del plato de ducha, paredes fantasmagóricas, ventanas propias de un camarote o espacios minúsculos que son a la vez cocina, comedor y salón. En alquiler o compra, Laura muestra hasta qué punto ha llegado la burbuja inmobiliaria del país, incluyendo escenas de películas y golpeando con su boli en la pantalla los mayores disparates arquitectónicos y decorativos. Pero desde luego lo más descorazonador de sus videos es su ya mítica frase final, “corred que vuela”, porque sabemos que, en el fondo, algo de verdad puede tener… 

A pesar de que muchas de sus publicaciones superan el millón de reproducciones, Laura asegura hacer estos videos simplemente porque le divierte hacerlo, sirven para visibilizar una situación y sólo acepta hacer publicidad de algo que tenga que ver con los problemas de vivienda. 

Cada tema parece tener uno o varios de estos nuevos quijotes de vocación que luchan contra los bulos. Y quizás pocos tan dañinos, y tan en auge, como los que tienen que ver con nuestra salud. Para desmentirlos nos encontramos cada día con profesionales como Guillermo Martín en su Farmacia enfurecidaBoticaria García o Farmacéutico Fernández

El coste de coger una “lanza” controvertida 

Como hemos visto, el éxito de un perfil activista sobre un tema social se puede convertir en una profesión o en ingresos extra para quienes consiguen una cierta repercusión. Pero hay muchos otros en los que los millones de reproducciones apenas generan beneficios económicos, al menos de forma directa. Es el caso de Daniel Valero, más conocido como Tigrillo, quien desde 2011, cuando tenía apenas 17 años, publica principalmente contenidos relacionados sobre la realidad –y contra los prejuicios– de la comunidad LGTBIQ+. Sin embargo, a pesar de su importante repercusión, nunca ha llegado “a vivir de esto”. “No depende tanto del número como de los temas que tratas. Los que tratamos temas más políticos tenemos menos oportunidades de publicidad”, explica. 

Aunque este periodista afirma que su labor es “más divulgación que activismo”, su principal objetivo, nos dice, es luchar contra el movimiento que ha puesto a las personas LGTBIQ+ como “enemigos sociales para desviar la atención de los problemas reales”. Y si el tema es controvertido no aparecen los anunciantes, pero sí los insultos, cientos de amenazas de muerte, incluso las persecuciones en la calle… “El coste es altísimo, creo que la gente no lo imagina. Sales a la calle y piensas que cualquiera puede ser potencialmente agresivo”, denuncia Daniel. 

Lo saben bien las centenares de mujeres que hablan de feminismo, o desde una perspectiva feminista, en sus canales. Y también quienes tratan cualquier otro tema que esté en el foco de la extrema derecha, como el cambio climático. Hope y Climabar son dos proyectos personales que dan esta batalla con éxito contra la desinformación desde el rigor pero de una forma atractiva, optimista y desenfadada. Pero quizás quien haya arriesgado más en este ámbito es el biólogo Fernando Valladares, quien podría haberse limitado a su labor científica, pero decidió “bajar al barro” para tratar de desmentir por todos los medios las mentiras sobre la emergencia climática, en particular desde la primera llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. 

Valladares reconoce que la divulgación en redes le reporta “cosas positivas”, pero también señala “un desgaste personal, ya que buscan el descrédito de tu trabajo”. “Cada vez más científicos, además de investigar, buscamos generar conciencia, es una batalla piedra a piedra que sabemos que no tiene final” debido a la “eficaz estrategia de la ultraderecha de dar un mensaje falsamente tranquilizador”.

La lanza del humor 

Como hemos visto, los temas, los formatos y los posibles retornos económicos varían entre cada uno de estas y estos Quijotes de las redes. Pero lo que casi todos comparten es que el humor es la principal arma de su particular cruzada. 

El humor es capaz de atravesar ciertas capas. Yo sería incapaz de hacer un activismo serio, me resulta más fácil consumir. Sobre todo en Instagram, voy a distraerme”, explica Laura. Daniel Tigrillo añade que el humor es capaz de sintetizar, “es lo más eficaz para llegar a una audiencia que está distraída con muchos estímulos”. Y según él le ayuda a alejarse de esa “caricatura de lo woke” como personas que quieren “cancelar todo, echar la bronca por todo”. 

Como el Quijote, quizás nunca lograrán ganar del todo al enemigo, pero la difusión que han conseguido ya supone una victoria que merece celebrarse. 

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Silvia Pérez Cruz, o la reivindicación de la intensidad

28 Marzo 2026 at 07:00

“De la mesa al cristal / De la madera al metal / Del canto colectivo / Al canto introspectivo / Del fondo de los mares a los sueños celestiales / De los soles y las madres a los mares abisales”. 

Con estos versos presentó este martes Silvia Pérez Cruz su nuevo disco en un Teatro Real de Madrid abarrotado y entregado desde el primer minuto. Y más que un poema, las palabras funcionaron como una declaración de intenciones de la artista y un adelanto de lo que se viviría en las dos horas siguientes.

Silvia Pérez Cruz durante el concierto de presentación de su nuevo disco en el Teatro Real de Madrid. A. S. 
Silvia Pérez Cruz durante el concierto de presentación de su nuevo disco en el Teatro Real de Madrid. A. S. 

La intensidad y la sencillez, lo íntimo y lo colectivo, lo sublime y lo cotidiano, se dan la mano y se confunden en este “disco dual”, como lo describe la autora, formado por 15 nuevas canciones en las que sigue fiel a su estilo de entrelazar ritmos e idiomas. Por ejemplo en Moreno, uno de los temas ya publicados donde se cruzan el bolero y los ritmos brasileños, Silvia nos invita a cuidarnos como “el acto más revolucionario” que podemos hacer en estos tiempos de odio y conflictos. Pero eso sí, en la presentación aclara que también en las relaciones debemos hacer caso al consejo que dan en los aviones: para ayudar a los demás primero hay que ponerse la mascarilla una misma… “Hay que amarse, hay que amar / Acompañar y acompañarse”. 

Puede que de tanto cantarle, a Pérez Cruz se le haya pegado la capacidad de García Lorca de meter todo un mundo en apenas dos versos. “Yo quisiera ser agua / Para regarte las flores y los amores”, nos susurra en su Líquido. Y como si componer y cantar no fuera suficiente, sobre el escenario la artista de Palafrugell toca la guitarra, dirige a sus músicos y a un coro compuesto por mujeres, interactúa con el público como una monologuista, y mueve sus brazos –otra mezcla– por momentos como una bailaora y a ratos como un hincha de fútbol argentino.

Silvia nos invita a escuchar su música como parte de una cadena de mujeres que han cantado, y dice orientarse gracias a un “mapa de madres” del que a la vez se siente parte. Por eso también resulta natural que al final se apropie de canciones de otros, como Hymne a l’amour de Edith Piaf, Gallo Rojo, gallo negro, de Chicho Sánchez Ferlosio, o su ya clásico Cucurrucucú Paloma. Y que quiera hacerle un homenaje a Gino Paoli cantando Senza fine apenas unas horas después de saberse su muerte. 

El éxito se ha instalado en la carrera de Silvia: Premio Nacional de Músicas Actuales, tres Goyas, un Latin Grammy, cientos de miles de reproducciones, entradas agotadas en sus conciertos… Pero parece que ella sigue sin darlo por hecho, así que a lo largo del concierto presume dos veces de haber cumplido su sueño infantil de actuar en el Olympia de París

Con esa intensidad gozosa, con esa defensa de la emoción, con esa voz a punto de quebrarse pero que siempre sigue adelante, Silvia reivindica, y predica con el ejemplo, una mujer que no solo sea “sirena” sino “también capitana”. Musa y arquitecta, cuidadora y disfrutona, sabia e inocente. Y viendo las caras del público al aplaudirle, lo que quizás no sabe es que ya se ha convertido -una dualidad más– en una diosa cercana.

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