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Caracteres psicológicos comunes en los ecologistas activos

Uno de los artículos más visitados de blogSOStenible trata de responder a la pregunta sobre QUÉ ES SER ECOLOGISTA. En síntesis, el auténtico ecologista (el que siente el ecologismo de verdad) es el que no para de cuestionarse cómo mejorar nuestra relación  con los demás y con lo demás, modificando y refinando su actitud hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO, examinando hasta donde sea posible de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos y las implicaciones que tiene que cada cosa pase por nuestras manos. No dejes de ver el genial y breve documental «La Historia de las Cosas» (te encantará si estás leyendo esto y aún no lo conoces). Esa eco-tarea no es simple pues hay intereses en que no veamos más de lo que sale en la publicidad, y requiere un trabajo personal de investigación que es continuo en este grupo de gente, que intenta ver más allá de lo que la publicidad esconde, o del precio de las cosas, y por eso los llamaremos Ecologistas Activos.

Si bien es cierto que no basta “reciclar” para ser ecologista, tampoco hace falta, por supuesto, ser un activista de GreenPeace (subirse a las centrales nucleares, o encaramarse a la fachada del Ministerio de Medio Ambiente para protestar). Ni siquiera hace falta ser socio o voluntario de ninguna de las variadas ONGs ambientales (Greenpeace, Ecologistas en accion, WWF, SEO/BirdLife, Amigos de la Tierra, Oceana…). Por supuesto, no es raro que los que llamamos Ecologistas Activos decidan unir esfuerzos y apuntarse a algún grupo de voluntarios ambientales, o simplemente ser socio de alguna ONG ambiental, para colaborar al menos económicamente a la realización de campañas ambientales y denuncias, que tanta falta hacen en nuestra sociedad.

Entre estos Ecologistas Activos encontramos al menos unas cuantas características psicológicas bastante comunes:

  • Son idealistas, en el sentido de que “viven por los ideales, aun en perjuicio de consideraciones prácticas” en sentido global, no local (cfr. WordReference). Desean alcanzar un ideal y trabajan por ello, aunque sepan a priori que su objetivo es inalcanzable o, lo que es peor, que ni siquiera puede medirse si hay un avance o retroceso. ♦Ejemplo: Se hacen veganos, vegetarianos o flexitarianos (casi vegetarianos), o reducen su consumo de ciertos pescados por convicción, pero sabiendo que su influencia personal puede ser poco apreciable o apreciada.
  • Son prácticos, porque aunque difundan datos científicos, al final actúan en su vida cotidiana. Su lema suele ser pensar globalmente, pero actuar localmente.
  • Son obstinados (cabezotas), manteniendo su decisión y empeño por encima de argumentos razonables o de las dificultades que se presenten, pero también son flexibles ante opiniones ajenas que tengan algo de razonable. Trabajan por ese “ideal” aunque tengan argumentos que lleven al pesimismo, o tengan claras las dificultades que impedirán alcanzarlo. ♦Ejemplo: Viendo el rumbo de la humanidad, hay muchos datos para el pesimismo y pocos para el optimismo, pero eso no les amedranta y, de hecho, el sentimiento ecologista parece estar creciendo, lo cual es un dato para el optimismo.
  • Son optimistas, y aunque haya argumentos para el pesimismo, se contentan con objetivos más modestos y con la tranquilidad de conciencia de, al menos, haberlo intentado.
  • Son sensibles, y sufren ante la problemática ambiental y social, pues el auténtico ecologismo es humanista y el auténtico humanismo ha de ser ecologista. No es cuestión de anteponer la Naturaleza al ser humano, sino de entender que el hombre necesita la Naturaleza. ♦Ejemplo: Ante las corridas de toros no pueden ver una mera diversión o tradición, sino el sufrimiento de un animal y así, cualquier argumento falsamente ecologista, como la conservación de las dehesas para los toros, además de ser falso carece de valor ante tanta crueldad (y mucho menos otros argumentos más vanos como ser cultura o arte). Las corridas de toros son un problema ético, no ecológico, pero es complicado encontrar un ecologista que no sufra ante este problema.

Entre otros caracteres que posiblemente también son comunes podemos encontrar el ser exigentes consigo mismo (y a veces con los demás), o el tener inteligencia divergente, perciben de manera múltiple la realidad y detectan problemas que se salen del campo de visión normal, proponiendo soluciones también divergentes u originales, que pueden causar extrañeza en sus convecinos y, en demasiadas ocasiones, también rechazo.

Dentro de los ecologistas activos, como en todos los colectivos, hay distintos grados de compromiso (o radicalidad), pero ante un grifo que gotea ninguno verá solo unas míseras gotas de agua, sino la injusticia de desperdiciar agua en un mundo donde escasea, junto con el enorme gasto en energía e infraestructuras que se requiere para conseguir que un grifo pueda “gotear”.

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¿Qué es SER ECOLOGISTA? ¿Somos Todos Ecologistas?

¿Qué persona moderadamente informada se atrevería a afirmar que no es importante respetar los ecosistemas, conservar la biodiversidad, contaminar menos, o cuidar mejor los recursos naturales?

Los colectivos ecologistas y otros agentes, como algunos políticos (el Nobel de la Paz 2007, Al Gore o la gente de Equo) o actores como Leonardo DiCaprio, han conseguido que la ciudadanía casi mundial conozcan algunos de los problemas medioambientales y se preocupen por ellos: el CC, contaminación global, pérdida de bósques y de biodiversidad… Según esto, ¿podemos afirmar que todo el mundo es ecologista? No. Si miramos el estado de nuestro planeta y la inminente Gran Crisis vemos que no todo el mundo es ecologista.

Resumen del Libro "Esto lo cambia todo" de Naomi Klein.
Recomendado: Este libro resumido AQUÍ.

SER ECOLOGISTA no es sentir que la Naturaleza requiere nuestro cuidado, ni clasificarse meticulosamente, y que es algo más que reciclar, algo más que indignarse ante los problemas de nuestro Planeta, algo más que conocer algo del problemaSer ecologista ha de ser un sentimiento personal, profundo, que influye en nuestro aspecto y actitud hacia el exterior y hacia el interior. Probablemente, uno de los que mejor han expresado el sentimiento ecologista haya sido Joaquín Araújo en su «Ecos… lógicos, para Entender la Ecología» (libro muy recomendable, del que puedes, al menos, leer gratis un resumen).

Teniendo un poco de ese sentimiento ecologista uno no puede dejar de sufrir ante afirmaciones como la de Domingo Berriel (Consejero de Medio Ambiente de Canarias): «hoy el movimiento ecologista tiene menos función que antes, en cuanto que en la mayoría de la conciencia de los ciudadanos ya está la sostenibilidad; prácticamente todo el mundo es ecologista por convicción» (La Opinión de Tenerife, 24-10-2010). Nos gustaría que tuviera razón, pero la realidad se impone y demuestra, cada día, que es falso. Los logros del movimiento ecologista demuestran, por desgracia, que el ecologismo es más que útil, necesario. Resulta sorprendente que el ecologismo consiga tantos logros con tan pocos recursos… miles de ciudadanos aportan una pequeña cuota para hacer realidad la defensa medioambiental por la que deberían velar los gobernantes.

Plantar árbolesEntonces… ¿qué es SER ECOLOGISTA realmente? ¿hay que plantar árboles para ser ecologista? ¿No se puede usar el coche? ¿Hay que vivir en una caverna? ¿No puede uno tener muchos pantalones para ser ecologista? ¿Hay que elogiar lo viejo? ¿Hay que ser vegetariano o vegano? ¿hay que ducharse con agua fría (al menos en verano), o basta con usar energía renovable? ¿pueden usarse abonos químicos para las macetas? ¿Y comprar kiwis o piñas sabiendo que vienen desde muy lejos? ¿Basta con ser socio o voluntario de una ONG ambiental?… Son preguntas para las que no hay una respuesta unánime y clara, ni dentro del ecologismo.

El auténtico ecologista es (probablemente) el que no para de hacerse ese tipo de preguntas, y de modificar su respuesta y actitud, avanzando siempre hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO. Continuamente hay que preguntarse de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos, y cómo podemos mejorar nuestras relaciones con los demás, y con lo demás. No podemos conformarnos con lo superficial, sino que hay que ir a la raíz de las cosas y de los problemas, evitando la «cultura ambientador», y buscando una auténtica transformación individual para, desde ahí, influenciar al entorno (como decía Saúl Martínez, aunque fuera con objetivos más místicos).

El Kiwi, y los impactos de comer comida tan lejana.Así, puede ser un error tan grave considerarse ecologista por reciclar papel, como considerar no serlo por comprar un kiwi. Reciclar está bien pero el problema gordo es la superproducción de residuos que habría que reciclar y que no pueden reciclarse (como decía este estupendo y breve documental). Comer frutas lejanas es malo, pero el problema gordo es la inmensa cantidad de kilómetros que recorre toda nuestra comida, así como la producción alimenticia basada en agricultura y ganadería intensivas, especialmente la ganadería que maltrata a los animales y el medioambiente y despilfarra alimentos vegetales para producir carne barata (no se pierda estos estupendos vídeos). Por supuesto, hay que tener en cuenta la lista de acciones individuales más ecológicas, pero eso solo no basta.

Araújo decía: «Nuestros actos más triviales pueden aliviar o empeorar la salud global de la tierra. Ser consecuentes de nuestro considerable poder personal y de la enorme responsabilidad que adquirimos usando recursos y energía, es el primer propósito de la ecología de la vida cotidiana».

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