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AnteayerSalida Principal

Listas sobre varios temas ambientales

¿Quién no ha escrito una lista alguna vez? De tareas pendientes, de la compra, para estudiar un examen… Las listas facilitan no olvidarnos de cosas importantes, aunque ser exhaustivos sea, con frecuencia, imposible.

A veces, nuestros artículos incluyen un elenco de hechos —numerados o no— con el que pretendemos dar una visión lo más completa posible del tema a tratar. Aquí os dejamos una lista con algunas de nuestras listas. Queda para ti decidir si sobran o faltan datos. ¡Vamos!

  1. Listas sobre la crisis ambiental y climática:
  2. Incendios de residuos. Nuestra sociedad no ha entendido que reciclar es tan caro que, como norma, a ninguna empresa le sale rentable reciclar de forma limpia. Reducir (la generación de residuos) es algo extremadamente antisistema y, por supuesto, reutilizar (envases, por ejemplo) es caro y trabajoso. ¿Que nos queda? Reciclar NO. Porque reciclar no es rentable. Ecoembes lo sabe muy bien y por eso miente más que recicla. Lo que la industria ha elegido es simular que se recicla, mientras el material para reciclar acaba en el mar, en los ríos o quemados en los cientos de incendios que hay por todo el planeta. En España, el ambientalista Fernando Follos registra los incendios de residuos de todo tipo, desde basureros ilegales hasta centros de reciclaje autorizados. Por nuestra parte, tenemos dos listas distintas de incendios españoles. Los datos asustan, porque demuestran el tamaño de la estafa cuando se habla de «reciclaje». Estas dos listas son:
  3. Barbaridades ambientales del Partido Popular (PP). Este partido político se caracteriza en España por estar en contra de casi todas las medidas ambientales y apoyar sistemáticamente aquello que dañe la naturaleza. Si uno lee un titular de prensa puede pensar —erróneamente— que se trata de algo puntual. Esta lista incorpora noticias desde hace años (antes y después de Rajoy) y todas apuntan a una conclusión evidente: el PP es un partido peligroso para el medioambiente y, por tanto, peligroso para la salud y la vida de toda la biosfera, humanos incluidos.
  4. Turismo. Sobre este asunto hemos elaborado estas curiosas listas:
  5. Sobre la caza y la pesca.
  6. Ciudad sostenible:
  7. Energía. Un tema crucial del que recomendamos estas listas:
  8. Alimentación, agroecología y macrogranjas.
  9. Ideas que funcionan para resolver el problema ambiental:
  10. Movilidad sostenible.
  11. GreenWashing.
  12. Respeto animal y su repercusión ambiental.
  13. Biodiversidad y naturaleza.
  14. Nuestras listas de buenas noticias. Al final del primer y segundo semestre de cada año publicamos sendas listas de buenas noticias para los animales y para el medioambiente. Esto sirve para corroborar que, aunque vamos mal, hay formas de hacer las cosas bien; y la conciencia ecoanimalista va calando en la sociedad (sin duda, más lento de lo necesario).
  15. Libros.
    • Lista con libros sintetizados de tematica variada: ecoanimalismo, pedagogía, filosofía, ética, economía, globalización, psicología, espiritualidad…
    • Nuestros libros publicados, para los que las ganancias que el autor obtenga serán dedicadas a organizaciones y proyectos ecoanimalistas.
  16. Mis citas preferidas de grandes personajes. Esta colección de frases célebres te hará pensar, reír… y asentir.

Tener una lista de ideas clave sobre un tema particular nos permite tomar perspectiva, ver el asunto con más contexto y, en definitiva, entender mejor la cuestión. Creemos que estas listas dan una visión bastante amplia de cada asunto y, en conjunto, de algunos de los principales problemas ecoanimalistas actuales. Te agradeceremos que nos lo hagas saber si crees que sobra o falta algún punto en alguna de las listas anteriores, o bien, si te gustaría una nueva lista sobre algún tema particular. Gracias.

♥ Otras cosas útiles:

Obstrucción climática: cuando el sabotaje va mucho más allá de negar la ciencia

11 Diciembre 2025 at 23:54

Por Andrés Actis. Extraído de El Salto

¿Por qué si la quema de combustibles fósiles provoca el cambio climático, un hecho científico evidente desde hace décadas, y un 89% de la población mundial exige mayor acción climática a sus gobernantes, las políticas para mitigar el calentamiento global no avanzan al ritmo necesario para evitar una catástrofe planetaria que ya está en puerta? Con ese interrogante de fondo, más de 100 científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima de la Universidad de Brown (Estados Unidos) empezaron a destripar la exasperante inacción climática que parece enquistada en todos los continentes. El resultado de este análisis acaba de publicarse, tal vez, en el libro más comprensivo y sistemático hasta la fecha sobre el entorpecimiento organizado a la lucha climática. La conclusión es que la obstrucción no es un actor, sino un sofisticado ecosistema que tiene como finalidad sabotear un mundo descarbonizado.

El libro se llama Climate Obstruction: A Global Assessment y se puede descargar de forma gratuita. A partir de documentos internos, investigaciones académicas y estudios de caso, los autores sentencian que el mundo no fracasa en la acción climática por falta de conocimiento científico, ni por ausencia de apoyo público, sino por la acción deliberada de actores económicos y políticos que obstaculizan las dos transiciones en marcha, la ecológica y la energética.

Si bien combatir el cambio climático “nunca iba a ser fácil, se ha vuelto exponencialmente más difícil debido a diversas formas de obstrucción”, advierten en la introducción de la publicación. ¿Qué es la obstrucción climática? Es más que negar la ciencia, aclaran: son tácticas dilatorias como advertir sobre calamidades económicas, o el lavado de imagen verde que intenta reposicionar a las grandes petroleras como “un actor legítimo en la solución del cambio climático” en lugar de “un enemigo”, o teorías conspirativas descabelladas sobre un nuevo orden mundial o el “comunismo global”.

¿Cómo cultivan estas incredulidades? “Desvirtuando la integridad científica. Es decir, empleando las cinco técnicas de negación científica: falsos expertos, falacias lógicas, expectativas imposibles, selección de datos y teorías conspirativas”

Y no se trata solo de las grandes petroleras, sino de un “gran enjambre” de actores: empresas que dependen de la economía fósil, como las compañías de servicios, así como las asociaciones comerciales detrás de las cuales se esconden; los centros de estudios que financian; las empresas de relaciones públicas que las hacen quedar bien; y las grandes empresas tecnológicas que difunden sus falsas afirmaciones. Los gobiernos y políticos cierran el círculo.

“La investigación muestra cómo las grandes petroleras, la agroindustria, los servicios, los conglomerados de transporte y sus redes de think tanks, lobistas y agencias de relaciones públicas despliegan un repertorio coordinado para evitar regulaciones que afecten sus modelos de negocios. La idea fuerza es demoledora: la obstrucción no es un actor, sino un sistema”, explica Federico Merke, doctor en Ciencias Sociales y profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés (Argentina).

Merke, quien también estudia el cruce entre la política internacional y el cambio climático, autor del libro ¿Por qué no queremos salvar al mundo?, celebra el esfuerzo de sus colegas por demostrar que no estamos frente a un “negacionismo clásico”, sino frente a una “constelación mucho más sofisticada”: tácticas de demora, falsas soluciones, campañas de miedo económico, captura regulatoria, manipulación mediática, litigios estratégicos, greenwashing e infiltración en procesos multilaterales.

En el caso de la industria fósil (petróleo y gas), el entorpecimiento pivota todo el tiempo sobre “negar, retrasar y diluir”.

En este contexto, la derecha radical, en auge en casi todo el planeta, aparece hoy como “multiplicador del problema”. El libro reconstruye cómo la ultraderecha, desde el movimiento antiambientalista “Wise Use” hasta los think tanks del Atlas Network, erosionan los propios marcos de cooperación internacional, atacando la diplomacia multilateral, las instituciones ambientales y la idea misma de gobernanza global. “En lugar de debates técnicos, predominan conspiraciones sobre la “Gran sustitución” y un uso instrumental del clima para movilizar identidades culturales agraviadas”, señala Merke.

El libro, coordinado por Timmons Roberts, Carlos Milani, Jennifer Jacquet y Christian Downie, también indaga en el papel de los medios de comunicación y de las plataformas digitales. El ecosistema mediático es un “vector clave” en la amplificación de la desinformación, tanto por “falsos equilibrios” periodísticos —otorgarle el mismo espacio y entidad a un científico que a un lobbista, por ejemplo— como por la arquitectura algorítmica de las grandes tecnológicas —Meta, Google, X y TikTok—. Para Merke, el libro exhibe un “mecanismo inquietante”: muchas de estas plataformas no solo permiten la desinformación, también ganan dinero con ella a través de publicidad dirigida de compañías fósiles.

Lo primero: qué es la obstrucción climática

Los autores la definen como las acciones intencionales y los esfuerzos para frenar o bloquear políticas sobre el cambio climático, medidas respaldadas por el consenso científico respecto a la necesidad de dejar de quemar combustibles fósiles y de destruir los ecosistemas naturales.

Ante cada política climática puesta sobre la mesa, las grandes petroleras, junto con sus aliados de la agricultura, la tecnología, los medios de comunicación y sus facilitadores en el sector de las relaciones públicas, utilizan sus “ganancias y poder” para impedirlas o debilitarlas. “Un ecosistema interconectado de individuos y organizaciones”, resumen este grupo de investigadores.

En diferentes contextos políticos, la obstrucción adopta formas propias. No hay un método único, se explica. Pero el objetivo sí es común: sabotear acciones significativas para abordar la crisis climática. En el caso de la industria fósil (petróleo y gas), el entorpecimiento pivota todo el tiempo sobre “negar, retrasar y diluir”.

La norma periodística de “los dos lados”, dar voz a todas las partes,  “ha sido explotada por la industria de los combustibles fósiles y su maquinaria de obstrucción”.

Tras realizar una revisión exhaustiva de la literatura académica y de los documentos internos de la industria, los autores revelan la estrategia de “tres pasos” de la industria de los combustibles fósiles para mantenerse con vida: negar la ciencia que muestra que los combustibles fósiles causan un cambio climático peligroso; retrasar soluciones políticas y regulaciones que podrían reducir la contaminación; y diluir o cooptar esas políticas una vez que se aprueban. El ejemplo más reciente: el adiós el veto a los coches de combustión en 2035.

“Si bien la clásica negación climática de la industria de fines del siglo XX aún se arrastra a través de los mitos zombis que ha difundido y el lenguaje tipo ‘engaño’ sigue siendo relevante —dice el libro—, una forma de obstrucción más frecuente y complicada es el uso de tácticas de miedo económico como parte de los esfuerzos de lobby para retrasar o debilitar la acción política mediante el alarmismo con afirmaciones extravagantes e inexactas de que la política climática arruinará la economía”.

Esta industria, cuando ya no puede evitar el debate político, se vende “como parte de la solución al cambio climático”. Los ejemplos sobran. En España, Repsol se erige como un actor clave de la transición verde, pero solo el 1,28% de toda la energía que produce es renovable. Con esta técnica, señala el libro, “la industria de los combustibles fósiles está cooptando el discurso de las soluciones climáticas para impedir la legislación y mantener el modelo de negocios del petróleo y el gas”.

“Con demasiada frecuencia transmiten el encuadre preferido de la industria, haciendo que la responsabilidad del cambio recaiga sobre los consumidores en lugar de las corporaciones, lo que permite a estas últimas evitar la rendición de cuentas”, señalan los autores

Las técnicas de obstrucción se sustentan, por lo general, en algunas de estas narrativas: historias aterradoras sobre el “colapso industrial” y otras consecuencias negativas (imaginarias) de la política climática; falsas soluciones como la captura de carbono para reducir la necesidad de reducir el uso de combustibles fósiles; o la afirmación de que los combustibles fósiles son la mejor y única manera para que las economías emergentes generen la electricidad necesaria para el desarrollo económico.

La industria de la agricultura animal, señala el libro, es “otro importante contaminante climático”, por su exitoso esfuerzo de mantener alta la demanda pública de carne a pesar de los costes climáticos y de salud que tienen sus productos. Para los autores, esta obstrucción cuenta con el beneplácito de los medios de comunicación, que “constantemente caen en la trampa”: “Con demasiada frecuencia transmiten el encuadre preferido de la industria, haciendo que la responsabilidad del cambio recaiga sobre los consumidores en lugar de las corporaciones, lo que permite a estas últimas evitar la rendición de cuentas”.

Como resultado, se agrega, la cobertura sobre agricultura y cambio climático se suele centrar en el consumo de carne y el veganismo como opciones dietéticas individuales, “mientras que rara vez aborda las contribuciones de las empresas ganaderas al cambio climático y el papel de las políticas gubernamentales —impuestos y subsidios agrícolas— en la promoción o el impedimento de la producción y el consumo sostenibles.

El chivo expiatorio del multiculturalismo

En el capítulo dedicado a la ultraderecha, el libro rastrea una estrategia de obstrucción común en todos los países: la amenaza de una sociedad multicultural y multirracial como chivo expiatorio para conseguir el apoyo de los partidos nacionalistas. Se presentan como las únicas fuerzas políticas que buscan combatir el “Gran Reemplazo” por parte de organizaciones cosmopolitas, como la ONU.

Ante esto, los partidos conservadores tradicionales, siempre dubitativos para adoptar medidas para combatir el cambio climático, empiezan a sumarse al rechazo científico y a todas las nociones de diplomacia multilateral y cooperación internacional que son fundamentales para resolver el desafío climático global.

Que este chivo expiatorio —como tantos otros— cale en los imaginarios colectivos mucho tienen que ver los medios de comunicación, dicen estos expertos. La norma periodística de “los dos lados” —dar voz a todas las partes— “ha sido explotada por la industria de los combustibles fósiles y su maquinaria de obstrucción”.

Los autores definen al big tech como “actores cómplices” de la obstrucción, ya que “la desinformación es ahora un subproducto garantizado, si no una parte central, de los modelos de negocio de las empresas de redes sociales”

Si esto se suma a la habitual venta de servicios a la industria de los combustibles fósiles con fines publicitarios, el rol de los medios tradicionales —televisión, periódicos y radio— es de relevancia dentro de esta maquinaria. El contenido comprado por las empresas parece “información objetiva” cuando, en realidad, está plagado de intereses anticlima.

Ni hablar del papel de las grandes empresas tecnológicas, principales contribuyentes a la desinformación climática. Los autores definen al big tech como “actores cómplices” de la obstrucción, ya que “la desinformación es ahora un subproducto garantizado, si no una parte central, de los modelos de negocio de las empresas de redes sociales”. A juicio de los autores del libro, los algoritmos que premian la desinformación climática son un ejemplo de que la obstrucción no se explica solo por un “gasto financiero masivo”, sino también por “la explotación de rasgos psicológicos humanos comunes”.

A las cinco creencias que sustentan la acción climática —el cambio climático es real, es de origen humano, tiene consenso científico, es perjudicial y existe la esperanza de que podamos evitar los peores escenarios—, el “contramovimiento climático” instala “descreencias” que, como poco, contaminan las evidencias: el calentamiento global no es real, no es de origen humano, los impactos climáticos no son malos, las soluciones climáticas no funcionan, y los expertos no son nada fiables. ¿Cómo cultivan estas incredulidades? “Desvirtuando la integridad científica. Es decir, empleando las cinco técnicas de negación científica: falsos expertos, falacias lógicas, expectativas imposibles, selección de datos y teorías conspirativas”.

El Sur global: entre impacto y dependencia

Para Merke, una de las contribuciones más valiosas de todo el libro es el análisis del Sur global. Los autores muestran que, aunque los países en desarrollo sufren más las consecuencias del cambio climático, también reproducen lógicas de obstrucción cuando sus élites políticas y empresariales dependen de sectores fósiles o agroexportadores. La obstrucción, advierten, no es monopolio del norte, aunque el norte tiene una responsabilidad histórica desproporcionada.

Se pone el ejemplo de la expansión del ferrocarril brasileño para conectar puertos costeros, anunciada como una alternativa más limpia por la política y las grandes empresas, que terminó provocando una “deforestación más extensa” y fortaleciendo la lógica extractivista que impulsa el Norte global en esta región.

En Brasil y Argentina, por ejemplo, las administraciones reciben regalías por la extracción petrolera, “lo que los convierte en opositores naturales a las políticas climáticas”

Los Estados, que están en condiciones de impulsar la acción nacional y subvertir los regímenes hostiles al clima global ejerciendo su propia autoridad, terminan formando parte de este ecosistema tóxico. En Brasil y Argentina, por ejemplo, las administraciones reciben regalías por la extracción petrolera, “lo que los convierte en opositores naturales a las políticas climáticas”. Estos “beneficios económicos” se utilizan para identificar a las políticas de descarbonización como “hostiles a los trabajadores y a las finanzas estatales”.

En general, “la dependencia de la industria de los combustibles fósiles representa un obstáculo para políticas más eficaces y ambiciosas que buscan diversificar las fuentes de energía y crear un modelo de desarrollo económico menos centrado en el petróleo”. Encima, en toda América Latina, el activismo climático se reprime mediante violencia física, lo que “sugiere que los actores subnacionales se sienten cómodos generando miedo cuando ello sirve a sus intereses, incluso si genera indignación pública”.

Las soluciones

El libro no se limita al diagnóstico. Detalla una serie de mecanismos emergentes para contrarrestar la obstrucción, como los litigios climáticos basados en publicidad engañosa y responsabilidad civil; las regulaciones contra el greenwashing; la transparencia obligatoria para el lobby empresarial; las reformas en los procesos del IPCC y la COP que limiten el poder de los obstructores; y las campañas de naming and shaming (nombrar y avergonzar) para revocar licencias sociales.

Para los autores, estos cinco mecanismos son “cruciales” para frenar la obstrucción climática. No apuntan solo a los daños causados por la contaminación, sino también al “greenwashing y otros discursos y comportamientos corporativos engañosos que se rigen por las leyes de protección al consumidor”.

Merke: “No basta con diseñar buenas políticas climáticas; es preciso desmantelar la arquitectura que las bloquea”

En los Países Bajos, la Autoridad de Consumidores y Mercados declaró lavado verde al “ecodiseño” de H&M, lo que ha provocado una “atención pública negativa” por las conductas contaminantes de esta marca. Aunque si bien “la humillación pública genera presión social”, los litigios crean un incentivo aún más directo para que las corporaciones dejen de obstruir la acción climática, explica el libro. Los autores han recopilado más de 2.000 juicios en todo el mundo. Se espera que la cifra crezca con fuerza en los próximos años. “Estos casos representan una gran amenaza para la industria, con un rango de responsabilidad potencial que alcanza billones de dólares o más”, explican.

La otra buena noticia es que los grupos de la sociedad civil han comenzado a “contrarrestar la infraestructura que frena la acción climática”. Cada vez hay más organizaciones que están monitoreando la desinformación en las plataformas de redes sociales y realizando campañas de concienciación. “Mediante esfuerzos como estos, los científicos del clima, los defensores y los formuladores de políticas están empezando a desarmar y desmantelar estratégicamente la operación de obstrucción industrial que está saboteando la acción climática”, concluyen los investigadores.

Merke se queda con la contundencia del diagnóstico de esta investigación: la lucha contra la obstrucción es hoy tan importante como la reducción de emisiones. “No basta con diseñar buenas políticas climáticas; es preciso desmantelar la arquitectura que las bloquea”.

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El ecofeminismo es la unión de muchos caminos de futuro, y no puede ser especista

En una charla memorable, el natuperiodista Joaquín Araújo ironizaba —y provocaba— diciendo: «Somos demasiados y demasiado ignorantes (…). En este mundo sobramos la mitad, pero en caso de ser hombres sobramos casi todos». Y apuntalaba: «La generalizada destrucción de la naturaleza es el machismo más radical».

Es también «supremacismo», el sentimiento de ser superiores. Se ejerce la fuerza y la acumulación solo por tener poder para hacerlo (no derecho). Comportarse de forma supremacista (machista, especista…) no es convivir; es colonizar, conquistar, arrebatar, imponer… y en no pocos casos también torturar.

Ni el planeta, ni las mujeres, ni los animales son territorios que hay que conquistar y dominar; verbos que hay que cambiar por comprender y respetar. Esa debe ser la esencia del ecofeminismo y, por eso, el animalismo no es un camino muy diferente de respeto y justicia. ¿Se puede pedir el fin de la opresión para unos mientras otros siguen oprimidos?

El fin de toda opresión sistemática

Leonardo da Vinci no comía carne y pensaba que matar animales era un asesinato que debería castigarseEl ecofeminismo es un movimiento que conecta la opresión del planeta con la opresión de las mujeres. Aunque duela, hay que aceptar que el patriarcado ha desembocado en una sociedad peligrosamente insostenible e injusta, que tenemos la obligación de cambiar. El ecofeminismo no sostiene que las mujeres van a salvar el planeta sino que aspira a visibilizar las enormes injusticias que se cometen. Es un movimiento que resalta el paralelismo entre la explotación de los recursos naturales y la explotación de las mujeres. En la base de esas injusticias está la creencia firme en una jerarquía artificial por la que los seres superiores pueden oprimir a los demás.

Los animales no pueden quedar fuera de esta lucha por la justicia. Primero porque los animales y sus ecosistemas son parte de la naturaleza que se pretende respetar y, segundo, porque son seres sintientes, sienten emociones como el placer y el dolor. Igual que no tendría sentido un feminismo racista, también es incoherente un feminismo especista.

En su libro Ecoanimal, Marta Tafalla explicaba que el ecofeminismo ha sido muy explícito al comparar las distintas formas de dominio. La explotación de las mujeres, de la naturaleza y de los animales tienen muchas similitudes. La idea básica del supremacismo subyacente es que hay una jerarquía y que lo superior puede someter a lo inferior. Por tanto, la naturaleza existe para servir a nuestra especie, y «un caballo debe renunciar a su propia vida para convertirse en el sistema de transporte de un ser humano» (o cosas peores). Por el mismo motivo supremacista, una mujer debe renunciar a sus proyectos para servir a los de un hombre. «El problema es un orden metafísico jerárquico que justifica relaciones de poder y opresión».

Allí donde los animales son vistos como objetos, se abusa de ellos: las macrogranjas contaminan la Tierra, la caza y la pesca son raramente sostenibles e inevitablemente sin ética ni respeto, etc. Allí donde las mujeres son cosificadas, son vistas como medios productivos y mano de obra barata y, en paralelo, tampoco la Tierra será respetada. Conectando con la cita de Araújo del inicio, Tafalla decía que «el arma fundamental para lograr reducir nuestra superpoblación sería, sencillamente, que todas las niñas y mujeres del planeta tuvieran acceso a una educación pública y gratuita de calidad». Eso aún no ha ocurrido para demasiadas niñas y mujeres.

El cambio climático en femenino: la crisis climática

Ante el cambio climático, las mujeres están más amenazadas y se sienten más afectadas. A la vez, las mujeres han sido, en general, educadas para estar más comprometidas con las tareas de cuidados y, por tanto, practican más la cooperación, la empatía (hacia humanos y no humanos) y son más respetuosas y activistas por el planeta. Son ellas las que usan más las caricias, la ternura, la compasión… y también el transporte público; reciclan más y sin duda cumplen mejor con la Cadena Verde. También, a veces, son las mujeres las que más usan la bicicleta, a pesar de la discriminación que sufren en este medio. Son ellas las que más se benefician de una ciudad amigable para la bicicleta, porque este medio de transporte aumenta la seguridad para ellas, como demuestra un reciente estudio.

Por otra parte, en nuestra sociedad, la competición, el dominio, el uso de la fuerza, el abuso, son esencialmente características masculinas. En España, casi el 51% de la población son mujeres pero el 92,4% de las personas encarceladas son hombres y también aquí las mujeres son discriminadas: reciben condenas más duras que los hombres (tal vez porque se supone que ellas deben ser buenas), se les da peor trato sanitario, se piensa menos en su reinserción… y hasta los talleres de formación en las cárceles son concebidos por el machismo. Y eso sin tener en cuenta que en muchos casos las mujeres que llegan a la cárcel son también víctimas de una sociedad machista y discriminatoria que les lleva a delinquir.

Multiplicar lo femenino, dividir lo masculino

La película libanesa ¿Y ahora adónde vamos? (Nadine Labaki, 2011) es una comedia dramática que muestra un país destrozado por la guerra entre musulmanes y cristianos. En ese contexto sobrevive un pueblo manteniendo en inestable equilibrio las relaciones entre ambos grupos religiosos. Pero como ocurre casi siempre, son los hombres los que pretenden resolver las tensiones con violencia, mientras las mujeres usan otras estrategias, algunas esperpénticas, pero colaborando entre ellas y olvidando sus intereses particulares. Para ellas todo vale para proteger la paz en el pueblo. Es como si las mujeres nacieran sabiendo que en una pelea el ganador también acaba perdiendo. Se gana más colaborando que compitiendo.

Reclamamos estas palabras de Araújo como ecofeminismo destilado: «Vivir acariciando a la vida; no dominándola; no apropiándonos de la vida». En el fondo, la palabra ecofeminismo es la unión de muchos caminos por los que debemos caminar, aunque sea a distinto ritmo: ecologismo, feminismo, animalismo, veganismo, igualitarismo, minimalismo, pacifismo, antirracismo, anticolonialismo…

No pretendemos ser radicales. Tenemos que entender que en algunos asuntos cada uno tenga su opinión o su grado de evolución, pero estas reflexiones son necesarias. El debate hay que ponerlo sobre la mesa. Puesto queda.

Uno de los mejores libros para entender la importancia del ecofeminismo es Filosofía ante la crisis ecológica, de Marta Tafalla. Además, incluye un repaso de algunas de las autoras más representativas. Para una de ellas, Carol J. Adams, los modelos de opresión se parecen. Así, los animales se reducen a carne, a ingredientes, a sabores y, de un modo similar, las mujeres son reducidas a carne para proveer placer sexual. Al final, la palabra “placer” es la que genera estos dos tipos de opresión a animales y a mujeres. Por tanto, el animalismo, el feminismo y el ecologismo se niegan a obtener placeres a través de la opresión.

Para terminar, nos gustaría destacar a unas mujeres por sus aportaciones a la humanidad: Rachel Carson, Wangari Maathai, Lynn Margulis, Vandana Shiva, Marta Tafalla, Laurel Braitman, Naomi Klein, Elinor Ostrom, Mekfoula Mint Brahim

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La campaña ‘Altri Non’ continúa su lucha

4 Diciembre 2025 at 07:58

Hace algo más de un año, la multinacional portuguesa Altri anunció que pretende construir una macroplanta de celulosa junto al río Ulla en Palas del Rei (Lugo), con apoyo de la Xunta y con financiación europea. De salir adelante, además del impacto visual en un tramo del Camino de Santiago, la planta extraerá del Ulla 46 millones de litros de agua al día, el equivalente al consumo humano de una ciudad como Vigo, de los que devolverá 30 millones de litros depurados pero aún contaminados y a diferente temperatura. Además, expulsará a la atmósfera tanto dióxido de carbono como el que emiten 21.500 coches, junto a cenizas, partículas y otros gases elevadamente tóxicos.

Frente a esta noticia, todos los municipios entre Palas del Rei y la ría de Arousa, donde desemboca el Ulla, se han organizado en una campaña llamada ‘Altri Non’, que ha logrado el apoyo de la mayoría de las gallegas. Se trata de un movimiento popular, ecologista y de defensa de la tierra que, aunque puede recibir el apoyo de varios partidos políticos de izquierda, se organiza al margen de estos por parte de vecinas y activistas. En el último año han convocado manifestaciones masivas, recolecta de firmas, presentado alegaciones al proyecto, colgado pancartas por todas las comarcas, etc. y han logrado convertirse en una de las luchas más visibles de los últimos tiempos.

Hace unos meses, lograron su primera victoria: el proyecto de Altri no recibió los fondos europeos que solicitó, lo cual hace que su viabilidad peligre. La empresa, por su parte, asegura que cumple con todos los requisitos, culpa a la campaña de su fracaso y todavía no se da por vencida, por lo que las vecinas deben seguir alertas.

La tierra se defiende

‘Altri Non’ nos recuerda a varias otras campañas de vecinas que se organizan para defender su tierra de iniciativas empresariales que la pretenden destruir, como la lucha contra la construcción del embalse de Itoiz (Navarra) en los 80-90, liderada por la Coordinadora de Itoiz o el Nunca Mais(Galiza) en los 2000.

Si nos vamos a ejemplos más recientes, podemos encontrar el de Salvemos Canal Roya (Pirineo aragonés), que se oponía a la interconexión mediante túneles de las estaciones de esquí de Astún, Candanchú y Formigal. Después de una larga campaña con manifestaciones históricas en Jaca y Zaragoza, festivales de música y cientos de acciones de protesta, de recibir el apoyo mediático de sectores científicos, deportivos, de organizaciones ecologistas y sociales, pasando por miles de pancartas colgadas en pueblos y hogares de todo el Alto Aragón, en 2023 la Diputación de Huesca pidió la redistribución de los fondos europeos para otros fines. Es curioso cómo tantos de estos proyectos empresariales hechos a sí mismo encallan en cuanto no reciben jugosas subvenciones europeas.

También tiene motivos para el optimismo la campaña que se opone a la construcción de una filial del museo Guggenheim en la reserva de la biosfera de Urbaibai (Bizkaia). A principios de diciembre de 2025, los promotores anunciaron la probable retirada del proyecto, que se ha encontrado con la oposición frontal de las vecinas de los municipios colindantes, por su impacto ecológico y la turistificación masiva que ya vienen sufriendo. Entre los motivos citados se encuentran las trabas administrativas, la contestación social, el coste político que puede suponer y el riesgo reputacional para el universo Guggenheim. Sin embargo, ésta no era la primera vez que intentan sacar adelante el museo (hubo un primera intento en 2008), por lo que nada impide que intenten volver a la carga de nuevo en 2027, tras las elecciones. Por ello, Guggenheim Urdaibai Stop permanecerá alerta.

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Creando una comunidad de lucha en el montañismo

28 Octubre 2025 at 16:02

El pasado septiembre varios colectivos de montaña anarquistas de Madrid, nos reunimos con el objetivo de organizar y convocar al menos una salida al monte mensual durante el curso 2025-2026. La idea es que haya una cierta previsibilidad para que la gente pueda organizarse y acudir, y con ello ir conformando una comunidad de lucha que incida, por qué no, en el ámbito del montañismo, un espacio que cada vez está más mercantilizado, turistificado y “derechizado” (vamos, que cada vez los rocódromos y las escuelas de escalada están más llenas de polis y soldados).

Los colectivos que nos reunimos y que estamos organizando estas salidas son:

Con Pies de Gata: Grupo que se encarga de la gestión del rocódromo del Centro Social EKO en Carabanchel (Madrid) y que también realiza actividades en la naturaleza como escalada, vías ferratas, espeleología, etc… Actualmente, entre otras cosas, tienen en marcha una campaña muy chula que se llama “Odio eterno al roco moderno”, donde critican que estos espacios son negocios con inversiones multimillonarias que provocan el cierre de los rocos más pequeños.

Climbing Kamaleo: es una agrupación de montaña cuyo propósito es mostrar que los deportes de montaña son para todas las personas, sin importar sus características o condiciones. A todos nos gusta sentir la montaña tal como es, en su esencia más pura. Por eso desde la agrupación se realizan diversas actividades de divulgación de estos deportes y personas con discapacidad a través de entrevistas, talleres y experiencias compartidas.

Grupo Excursionista Isaac Puente: Colectivo de ocio y tiempo libre, auspiciado por el Ateneo Libertario Carabanchel-Latina, que busca ser un espacio de encuentro en el que se funde ocio, contacto con la naturaleza, cultura y debate de ideas. Buscan tomar distancia con los valores y actitudes convencionales sobre la ocupación del tiempo libre, y poder disfrutar de un espacio de convivencia en el que cada individuo pueda sentirse a gusto y ser bien acogido, un lugar donde conocer a personas afines y hacer nuevas amistades.

Amigos de las Milicias Anarquistas: Son un grupo libertario recientemente formado con el objetivo de recuperar y difundir la memoria anarquista y obrera de la sierra madrileña: su patrimonio histórico, cultural y natural, así como las luchas sociales que marcaron la región. Sus actividades incluyen excursiones, catalogación de patrimonio, proyectos de memoria, encuentros y espacios de formación.

UGEL: La UGEL es un colectivo libertario que busca acercar la montaña al pueblo, fomentando la autogestión, el respeto por la naturaleza y la defensa del patrimonio común. A través de rutas, talleres y encuentros, impulsa la formación, la conciencia ambiental y la memoria histórica libertaria.

La primera salida programada fue organizada por Con Pies de Gata y se realizó el pasado 11-12 de octubre, donde varias personas fuimos a Tamajón, en la Sierra de Ayllón, a disfrutar de dos días de escalada, monte y buena compañía.

La próxima será el 8 de noviembre, donde el Grupo Excursionista Isaac Puente organizará una visita a la exposición “Leica, un siglo de fotografía 1925-2025”, y luego daremos un paseo por el Retiro y almorzaremos juntas.

Así, los mencionados colectivos, cada uno con su diferente idiosincrasia, pretendemos llenar este curso de actividades al aire libre donde podamos socializar y luchar por un montañismo desmercantilizado y no competitivo.

Y es que la montaña, como otros espacios y actividades, también es política.

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