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AnteayerSalida Principal

Consolidando un mundo más animal

10 Enero 2026 at 19:32

En los últimos quince años, en los que ha estado activo este periódico, el movimiento por la liberación animal en el Estado español ha evolucionado como parte de un proceso de transformación colectiva que ya se venía fraguando en la década anterior.

Cuando sacamos el número 100 de esta publicación, allá por el año 2019, publicamos un artículo titulado “Hacia un mundo más animal”, en el que fotografiamos los últimos diez años del movimiento antiespecista. Entonces ya señalamos algunos cambios significativos, como el auge de las investigaciones encubiertas, la expansión del veganismo y la proliferación de colectivos con tácticas y estrategias diversas. Hoy, al releer aquellas reflexiones, podemos afirmar que las semillas regadas en estos años de activismo han comenzado a dar frutos y aquellos cambios se han ido enraizando en el movimiento en defensa de los demás animales.

A medida que el movimiento por la liberación animal se consolida, la industria de la explotación animal se siente cada vez más amenazada. Las investigaciones encubiertas en granjas, mataderos y laboratorios han abierto procesos judiciales y han despertado la atención mediática, llevando incluso al prime time la cuestión animal en casos como el especial de Salvados sobre una granja que suministraba a El Pozo o el caso del laboratorio Vivotecnia, con eco incluso en la prensa internacional. La imagen pública de la industria se ha deteriorado notablemente en los últimos años y su relato es cada día más cuestionado.

Frente a este avance del movimiento, el sector ha desarrollado estrategias defensivas como la creación de falsos sellos de “bienestar animal”, campañas de lavado de imagen con publicidad engañosa de vacas felices o promesas de transparencia que buscan recomponer una reputación cada vez más dañada. Estas maniobras demuestran que la industria percibe la presión del movimiento antiespecista como un desafío real, viéndose obligada a reaccionar para contener el creciente rechazo social hacia sus prácticas.

Estos cambios no solo incomodan a la industria, sino que también empiezan a filtrarse en el ámbito institucional, donde la presión social obliga a introducir modificaciones que, a pesar de su resistencia, evidencian que el debate ya no puede esquivarse. En los últimos años se han aprobado leyes que prohíben el uso de animales en espectáculos como los circos, o la reciente Ley de Bienestar Animal, que reconoce a los animales como seres sintientes y prohíbe la venta en tiendas de algunas especies como perros, gatos y hurones. Estas medidas, aunque son muy limitadas, muestran cómo la presión social comienza a abrir grietas en un marco político históricamente reacio al cambio.

Algo similar ocurre con propuestas impulsadas desde la ciudadanía, como la Iniciativa Legislativa Popular No Es Mi Cultura, que proponía derogar la ley que protege la tauromaquia como patrimonio cultural. La ILP reunió más de 700.000 firmas, superando con creces el mínimo legal para su debate en el Congreso y evidenciando que gran parte de la sociedad rechaza la tauromaquia. Aun así, la iniciativa fue bloqueada y no llegó a debatirse, mostrando hasta qué punto las estructuras políticas siguen actuando como un dique de contención frente a cualquier intento de cuestionar los intereses económicos vinculados a la explotación animal.

En paralelo a estos procesos, el movimiento antiespecista también ha ido ampliando los frentes de lucha en el ámbito local. En Madrid, por ejemplo, la desaparición de los circos con animales o la campaña contra la matanza de cotorras han demostrado cómo los colectivos antiespecistas pueden responder y plantar cara a las políticas municipales. Temáticas de corte más histórico en el movimiento como la caza, sostenida todo este tiempo por el colectivo No A la Caza (NAC) o la lucha contra el uso de pelo y pieles impulsada por Madrid contra el Pelo Animal (MCPA), han conseguido señalar y acorralar a empresas que siguen perpetuando el uso de animales en una sociedad que no necesita escopetas en el monte ni abrigos o complementos de piel en los armarios. Colectivos locales con estrategias globales tejen redes internacionales, consiguen pequeñas victorias y construyen alianzas con activistas de otros territorios, compartiendo saberes y enriqueciendo la lucha antiespecista.

También la lucha contra la experimentación animal, durante años ausente en la agenda activista estatal, ha reaparecido con fuerza gracias a la investigación encubierta de Carlota Saorsa en el laboratorio Vivotecnia, reactivando un frente olvidado y produciéndose el documental Infiltrada en el Búnker de Pablo de la Chica, financiado por una gran plataforma audiovisual.

En estos quince años, los santuarios de animales también han cobrado un papel fundamental dentro del movimiento antiespecista. En el 2007 apareció el primer santuario en el Estado español, el Hogar de Luci y casi 20 años después existe hasta una Federación Española de Santuarios Animales (FESA) que estima que hay entre 40 y 60 santuarios en todo el territorio nacional. Más allá de la tarea de cuidado, los santuarios muestran en la práctica que otras formas de relación con los animales son posibles. Son ejemplo práctico de relaciones basadas en el respeto, la convivencia y la consideración de los intereses propios de los animales. En un contexto donde la industria y las instituciones se empeñan en presentar la explotación animal como algo inevitable, los santuarios son resistencia política del movimiento de liberación animal.

Mientras, en el terreno táctico, el movimiento también ha cambiado. Si hace más de una década buena parte del imaginario antiespecista giraba en torno a acciones de rescate o de acción directa, en los últimos años se ha producido un cambio hacia estrategias que priorizan la investigación, como el trabajo de Animals View, Linas Kortas o el de organizaciones que contratan a profesionales para destapar la realidad de los centros de explotación animal y libran batallas en el ámbito jurídico e institucional peleando y ganando derechos para los demás animales, con la aparición de operadores jurídicos como Intercids.

Este cambio no significa una renuncia al modelo anterior, sino que se trata de una adaptación a un contexto donde el impacto social de las imágenes, los procesos judiciales y la presión mediática se ha vuelto una herramienta política que sienta precedentes y va cambiando el orden social.

En este sentido, las redes sociales han jugado un papel importante, ayudando a que investigaciones que antes circulaban en entornos más militantes ahora lleguen a cientos de miles de personas más fácilmente. También la revolución tecnológica permite salir a la calle haciendo un activismo respaldado con pantallas que muestran esas imágenes de la realidad que padecen millones de animales o los streaming y directos en las vigilias a las puertas de los mataderos, poniendo a los demás animales en el centro de su lucha, y acercándonos la realidad y mostrando lo que la industria no quiere que sepamos.

Pero estos avances conviven con retos importantes para el movimiento antiespecista. El ascenso de discursos autoritarios en todo el mundo no solo impacta en derechos humanos, sino también en los demás animales, reforzando políticas que blindan su explotación. Lo vimos con claridad durante la tramitación de la Ley de Bienestar Animal, cuando el Gobierno decidió excluir a los perros de caza para satisfacer al lobby cinegético. El antiespecismo ha trabajado en estos años en conectar con las distintas formas de opresión y busca situarse junto a otras luchas sociales. El reto sigue estando en que ese paso sea compartido, ya que buena parte de los movimientos sociales continúan resistiéndose a integrar la cuestión animal, reproduciendo jerarquías que dificultan un cambio real.

Además, la represión sigue golpeando al movimiento antiespecista a nivel global. Recordemos especialmente el caso sufrido en el Estado español en 2011, donde la criminalización de activistas condicionó y transformó el activismo en el Estado, cambiando sus estrategias. En otros contextos, como en Reino Unido, con Animal Rising, han enfocado su activismo de liberaciones en tácticas que buscan llevar el juicio público al debate social. La persecución sigue siendo una constante y nos recuerda que la defensa de los demás animales continúa siendo vista como una amenaza para el orden económico dominante. Casos como el de Susarón en Chile muestra cómo la respuesta penal se dirige contra quienes señalan la violencia estructural y no contra quienes la ejercen.

Sin embargo, mientras las instituciones frenan la trayectoria de lucha antiespecista, el cuestionamiento del especismo se abre paso por otros caminos, especialmente en la academia y en la educación.

Y es aquí donde la aparición y consolidación de los Estudios Críticos Animales en el Estado español empieza a jugar un papel clave, ampliando el debate más allá de la política institucional y situándolo también en universidades y colegios. En la última década, y con más fuerza en los últimos años, estos estudios van ocupando un espacio que antes no existía. Han surgido grupos de investigación, congresos, seminarios y publicaciones que abordan el especismo desde perspectivas filosóficas, sociológicas, jurídicas y culturales, generando un cuerpo teórico que acompaña y enriquecen las luchas en la calle. En este desarrollo académico destacan Aula Animal, en el campo educativo o en la academia como la UPV/EHU en Euskal Herria, la Universidad de Barcelona (UB) y UPF (Pompeu Fabra) que colaboran a través del Centre for Animal Ethics y el ILECA (Instituto Latinoamericano de Estudios Críticos Animales) que coordina publicaciones en castellano, contribuyendo a legitimar la cuestión animal, abriendo nuevas vías de pensamiento y cuestionando incluso el lenguaje cotidiano, señalando cómo muchas expresiones de nuestro día a día reproducen la idea de que los animales son recursos, contribuyendo a normalizar su explotación.

En paralelo, empieza a crecer un campo editorial comprometido con estos debates. La traducción y publicación en castellano de textos de autoras de otros territorios que reflexionan sobre la agencia, la voz o las formas de resistencia de los demás animales ha ampliado el alcance del cuestionamiento antiespecista más allá de la academia. Editoriales veteranas como Ochodoscuatro conviven ahora con otras editoriales que van abriendo su catálogo a obras críticas, reforzando un debate cultural que va llegando cada día a más gente.

Quince años después, es evidente que el movimiento antiespecista en el Estado español no es el mismo. Se ha afianzado en algunos aspectos, se ha diversificado y participa en espacios que antes le eran ajenos, logrando que la explotación animal deje de ser un tema invisible. Pero también es evidente que los obstáculos siguen siendo enormes: la industria que se reinventa, unas instituciones que protegen y cierran filas junto a quienes se benefician de la explotación animal y un contexto político cada día más hostil, con la ultraderecha ganando espacio. Aun así, el movimiento no parte del mismo lugar que hace una década y media. Hoy cuenta con herramientas, redes, saberes y experiencias que sostienen un trabajo a largo plazo y permiten imaginar un horizonte más amplio.

Los avances logrados no son suficientes y nos parecen siempre escasos, pero cada paso es imprescindible para llegar hasta donde estamos. Si algo muestran estos quince años de lucha es que el antiespecismo sigue avanzando y que, hoy como ayer, aún queda todo por hacer.

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Animalia Libertaria III: Un semillero de esperanza animalista

22 Noviembre 2025 at 12:30

Crónica extraída de la web de CNT-AIT Madrid

El crecimiento del movimiento animalista en Madrid tiene citas que ya son tradición. Este domingo, la tercera edición de Animalia Libertaria confirmó su consolidación como uno de esos encuentros imprescindibles donde la comunidad antiespecista no solo recauda fondos, sino que fortalece sus lazos. Con diez asociaciones beneficiarias, el mercadillo demostró cómo la solidaridad se traduce en acción concreta.

La mañana comenzó con el ajetreo característico de los voluntarios montando puestos, pero con una novedad significativa: la mayor diversidad de asociaciones participantes. Protectoras de perros, santuarios de animales de granja y colectivos de colonias felinas compartían espacio, creando un ecosistema completo de cuidado animal. En el puesto de «Soy Positivo», dedicado a gatos leucémicos e inmunos rescatados, una voluntaria explicaba: «Cada euro significa una ayuda para comprar pienso cada mes».

Uno de los momentos más impactantes llegó con la performance de Madrid Animal Save. Pusieron sus pantallas con un vídeo de los animales sacrificados en mataderos de dos minutos que, si lo veías, te recompensaban con un bono de 2 € de descuento en la comida/bebida del evento. La acción, breve, pero intensa, logró captar la atención incluso de los que ya llevamos tiempo difundiendo el antiespecismo.

La zona de comida vegana se convirtió en un punto de encuentro bullicioso y festivo. La oferta gastronómica ha evolucionado notablemente desde las primeras ediciones, con diferentes opciones caseras de 7 asociaciones diferentes junto a bebidas de proveedores ecológicos y veganos. Es un placer ver disfrutar a la gente sin que ningún animal pague con su vida.

Lo más valioso de esta edición fue quizás su capacidad para mostrar las diferentes facetas del movimiento. No solo se hablaba de adopción, sino también de justicia climática, consumo responsable y políticas municipales. Había fanzines de diversas temáticas con los que profundizar en diversas temáticas interseccionales que nos afectan en nuestro día a día.

Al finalizar la jornada, con las cajas llenas de donaciones y los teléfonos con nuevos contactos, los organizadores miraban satisfechos el resultado. Más que un mercadillo, Animalia Libertaria se ha convertido en ese espacio donde los que luchan por los animales cargan pilas, encuentran complicidad y recuerdan que no están solos en esta batalla. La cuarta edición ya se antoja necesaria.

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“Liberación animal es justicia social”: nueva marcha antiespecista en Madrid el 1 de noviembre

29 Octubre 2025 at 13:15

Por María R. Carreras. Extraído de El Salto

El próximo sábado 1 de noviembre, la Comunidad Antiespecista de Madrid volverá a llenar las calles de la capital con una manifestación que recorrerá el centro de la ciudad bajo el lema “Liberación animal es justicia social”. La protesta, convocada en el marco del Día Mundial del Veganismo, partirá a las 17:00 horas desde la Plaza de Callao y concluirá en la Plaza Juan Goytisolo alrededor de las 19:00, tras pasar por Gran Vía, Alcalá, Cibeles y el Paseo del Prado.

El objetivo de la marcha, según sus organizadoras, es denunciar el especismo institucionalizado, es decir, la discriminación hacia los animales no humanos basada en la idea de superioridad humana. “No puede haber justicia social sin justicia para todos los seres sintientes”, afirman desde la Comunidad Antiespecista, que define la liberación animal como “una causa ética, política y urgente”.

Del origen del veganismo a la protesta global

El Día Mundial del Veganismo se celebra cada 1 de noviembre desde 1994, cuando la activista británica Louise Wallis, entonces presidenta de la Vegan Society, propuso la fecha para conmemorar el 50 aniversario de la fundación de la organización y de la creación de los términos “vegano” y “veganismo”. Nacido como una jornada de reflexión y compromiso, el día se ha convertido con los años en un referente internacional del movimiento antiespecista, con manifestaciones y actividades en ciudades de todo el mundo.

El término “veganismo” fue acuñado en 1944 por Elsie Shrigley y Donald Watson para diferenciar una dieta sin productos animales de una postura política y ética que busca poner fin a toda forma de explotación animal, ya sea para alimentación, vestimenta o entretenimiento. Hoy, el movimiento ha crecido y se presenta como una causa de justicia social, que conecta con debates sobre el medio ambiente, el feminismo o los derechos humanos.

“No puede haber justicia social sin justicia para todos los seres sintientes”

En Madrid, las manifestaciones antiespecistas del 1 de noviembre se han consolidado en la (casi) última década como una cita anual del activismo por los derechos animales. En ediciones anteriores, miles de personas marcharon bajo la lluvia coreando lemas como “No es comida, es violencia” o “Hasta que todas las jaulas queden vacías”.

Las protestas suelen reunir a colectivos de distintas ciudades del Estado y a bloques feministas y transfeministas, que subrayan la necesidad de construir un movimiento interseccional frente a las múltiples formas de opresión. En otras ocasiones, los manifestantes recordaron a activistas encarceladas o fallecidas en defensa de los animales, reclamando un cambio estructural en las políticas públicas que aún legitiman la explotación animal.

Una lucha transversal

El antiespecismo, explican sus defensoras, no se limita a cuestionar el consumo de cuerpos y secreciones o los espectáculos con animales: pretende repensar las estructuras de dominación que atraviesan la sociedad. En anteriores manifestaciones, las activistas han recordado a militantes encarcelados o fallecidos por su compromiso con la causa, y han insistido en la conexión entre la opresión animal y otras violencias como el racismo, el sexismo o la transfobia.

“Todas las opresiones están unidas”, proclamaban en un manifiesto leído al término de una convocatoria anterior. Este año, el mensaje sigue vigente. En un contexto de crisis ecológica y creciente preocupación por la ética animal, el movimiento antiespecista insiste en que el cambio no será posible sin una revisión profunda de nuestras formas de vida.

El 1 de noviembre, Madrid volverá a poner el cuerpo y la voz en esa demanda. Como cada año, será una jornada para recordar que, detrás de cada plato, abrigo o espectáculo, hay una vida que podría ser libre. Y que la lucha por esa libertad, como repiten las activistas, no es una cuestión de compasión, sino de justicia social: llevan un mundo nuevo en sus corazones, y también en sus estómagos.

Más información

El Caballo de Nietzsche (blog de eldiario.es)

@noviembreantispecista (Instagram)

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