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La Iglesia española prefiere ser poderosa antes que santa

27 Abril 2026 at 10:05

La Iglesia ha gestionado la pederastia como lo haría cualquier partido. Sus templos se vacían por haber olvidado que nació para la santidad, no para el poder.

1. La última

Por delante de ella se sitúan, como es bien sabido, las Iglesias católicas de Estados Unidos, Irlanda, Francia, Alemania, Australia, Países Bajos… La Iglesia española ocupa el último lugar en el ranking de reconocimiento institucional de culpas y de cooperación con las víctimas y con el Estado para investigar, esclarecer y reparar los miles de casos de abusos sexuales habidos en su seno.

2. Papel mojado

La jerarquía eclesiástica española apenas ha mostrado arrepentimiento y menos aún propósito de enmienda, aunque sí gran disposición al perdón de los pecados… cometidos por sus rijosos ministros. Si no se investiga lo sucedido y además se protege a los culpables, las muestras verbales de arrepentimiento y propósito de enmienda son sombra, polvo, niebla, nada: son papel mojado, papel debidamente bendecido, pero mojado. Recuérdese que el número de víctimas, según la proyección que hizo el Defensor del Pueblo, asciende a 440.000 personas de acuerdo a la encuesta que encargó a la consultora de Narciso Michavila, GAD3.

3. Como un partido

La Conferencia Episcopal Española ha reaccionado ante los casos de pederastia de la misma forma que suelen hacerlo los partidos ante sus casos de corrupción o de abusos machistas; cierto que unos partidos más que otros, pues la izquierda es más proclive a la autocrítica que la derecha, pero en todos los partidos opera la inercia del poder, ese implacable automatismo según el cual reconocer faltas o admitir delitos los hará más débiles, siendo la debilidad el mayor pecado que pueden cometer aquellos cuyo destino y vocación es alcanzar el poder. Admitir la propia culpa y obrar en consecuencia es un rasgo de santidad, y la santidad es lo último que suele permitirse quien persigue el poder.

4. Como un ejército

Pero que un partido se comporte como un partido, es decir, como un ejército en guerra incruenta pero perpetua con sus adversarios, no es un hecho excepcional. Un ejército es eficaz y diligente fusilando a sus traidores, pero no a sus asesinos: un alto mando que espíe para el enemigo o deserte de sus filas es castigado de modo fulminante si es descubierto; en cambio, un alto mando acusado de ser un criminal de guerra cuyos crímenes propiciaron la victoria de su ejército difícilmente será investigado y mucho menos castigado. No es que los partidos no aspiren a la santidad, pero la buscan solo después de alcanzar el poder, nunca antes. Cada uno a su manera, los partidos quieren hacer cosas buenas para la sociedad, pero consideran que tales cosas solo pueden hacerse desde el poder, y la bondad es la peor de las consejeras para alcanzarlo.

5. Apóstatas y delincuentes

Y así es como se está comportando la Iglesia española, como un partido, castigando a sus apóstatas pero exculpando a sus delincuentes. Ante las denuncias de pederastia la Conferencia Episcopal ha reaccionado siguiendo la lógica del poder y no –como sería su deber, pues así lo prescriben sus textos fundacionales– por la lógica de la caridad, de la santidad, de la bondad. Todo ello nos lleva a la pregunta nuclear que deberían hacerse cada día los obispos: ¿la Iglesia es poderosa porque es santa o, por el contrario, es santa porque es poderosa? Vista su conducta, la jerarquía española cree lo segundo, no lo primero: como cualquier líder político, los obispos creen que cuanto más poderosa sea la Iglesia, más instrumentos y herramientas tendrá para hacer el bien, más opciones para ser santa pero también más resortes para hacer creer a la gente en su santidad. Si tengo periódicos, emisoras, dinero, si protejo a mis delincuentes, si cierro filas ante las acusaciones foráneas, si persigo a mis herejes pero defiendo a muerte a mis soldados y oficiales, que me han sido fieles aunque hayan cometido algún que otro crimen, entonces seré más fuerte, tendré más seguidores, más influencia social, y ese poder me permitirá después practicar la santidad a la que aspiro.

6. El templo vacío

La Iglesia española es un partido más. Sus templos se vacían por muchos motivos, y uno de ellos es haber olvidado que nació para la santidad, no para el poder. Los obispos españoles no parecen haber entendido que lo único que puede hacer de verdad poderosa a la Iglesia es la caridad, esa virtud teologal que tanto, que tantísimo le está costando practicar con las pobres víctimas de la concupiscencia, de la lujuria, del crimen.

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La lucha de las víctimas de la Iglesia en la visibilización de la pederastia: “Es un mal endémico de nuestra sociedad”

22 Abril 2026 at 09:28

La violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es un problema estructural que sigue estando invisibilizado. Durante los últimos años, han sido las iniciativas privadas y la lucha de las víctimas y familiares quienes han empujado, la mayoría de las veces en soledad, para que se ponga encima de la mesa. Es el caso de las víctimas de pederastia en la Iglesia, cuya insistencia ha conseguido finalmente el reconocimiento de estas agresiones, el derecho a su reparación y el acuerdo entre la Iglesia y el Gobierno con el Defensor del Pueblo para indemnizar los casos que estén prescritos en la justicia pública.

«Mucha gente piensa que esto es de la época de Franco. Claro. En la época de Franco ocurría, pero es que por desgracia en nuestros días también sigue ocurriendo, y hay niños y niñas que han sufrido delitos de pederastia y sus padres están desesperados, primero por el estado de sus hijos, pero después también porque los poderes públicos parece que juegan a archivarlo todo», denuncia Juan Cuatrecasas, portavoz de la Asociación Nacional Infancia Robada. 

«Solo desde enero de 2025 al verano de 2025, en España, ha habido hasta 12 casos en colegios concertados», enumera. Este mismo marzo, el Opus Dei ha apartado a un profesor en Madrid por supuestas agresiones sexuales a tres menores de edad, según ha publicado El País, que puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española: de los primeros 34 casos, ahora llegan ya a 3.084 víctimas. «Siempre lo he tenido en la cabeza y, al oír más casos, tenía que contarlo», narraba este martes en la Cadena SER Daniel (nombre ficticio), sobre un sacerdote de la diócesis de Tenerife. Asegura haber sufrido abusos a finales de los años 60, cuando tenía apenas nueve años. 

El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, con el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y el presidente de la Conferencia Española de Religiosos, Jesús Díaz Sariego. MONCLOA
El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, con el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y el presidente de la Conferencia Española de Religiosos, Jesús Díaz Sariego. MONCLOA

«A diferencia del ámbito familiar, la víctima, cuando denuncia, se enfrenta a su agresor pero también a toda la orden, prelatura a la que éste pertenezca, que intenta tapar el caso y defender el buen nombre de la institución. Es decir, recae sobre la víctima todo el poder de la institución, con lo que ello supone. Y de ahí que, cuando un menor/adulto denuncia a un miembro de la Iglesia, ésta nunca asume su defensa, y sí la de su agresor», reflexiona Cuatrecasas.

Su hijo fue víctima de un profesor numerario en un colegio vasco. «Nos trasladó en mayo de 2011 el delito que habían perpetrado contra él; nos habló de abusos y acoso escolar, las dos cosas, porque muchas veces los casos de abuso que se producen en colegios llevan emparejado el tema del acoso, porque el pederasta, el depredador sexual, lo que hace es intentar aislar a la víctima, como ocurre también en la violencia de género», explica.

«Para nosotros –prosigue– fue una pesadilla porque veíamos a nuestro hijo fatal. Y en un principio no te imaginas hasta dónde llegaba todo. Pero cuando ya tu hijo te dice con dificultad lo que ha pasado, pues lo primero que haces es intentar que él salga adelante –ese ha sido siempre nuestro objetivo– y por supuesto a la vez tuvimos que denunciar porque el colegio pretendía taparlo todo», denuncia. 

La Asociación Nacional Infancia Robada nació de un grupo de víctimas de la Iglesia, cuyos jerarcas han llegado a alegar que lo de los abusos no era solo cosa de esta institución. Y es cierto. «Pero a lo largo del tiempo han recurrido a nosotros sobre todo víctimas del ámbito intrafamiliar, alguna del deportivo e incluso de los Boy Scouts. Es, efectivamente, un mal endémico de nuestra sociedad. Y siempre digo que con la infancia nada es suficiente», concluye Cuatrecasas.

Según la encuesta realizada por la firma GAD3 para el Defensor del Pueblo, el 1,13% de las personas han sufrido abusos en el ámbito religioso católico. La cifra supone un 0,6% con respecto a los abusos totales reportados: un 11,7% de las personas entrevistadas (con una muestra de 8.000). Y no es menor: son unas 400.000 víctimas, según las prospecciones del Defensor

«En el caso de la Iglesia es un tema que procede de muchas décadas atrás, y está insertado como algo estructural. No son cuatro casos, como decía la Iglesia al principio. Son muchos y cada vez más. E incluso te diré que en este ámbito se entendía que era entre un cura o religioso adulto y un niño y, con el tiempo, también han ido saliendo mujeres víctimas de sacerdotes. Hay campos totalmente inexplorados, como el tema de las monjas, que algún día también saldrá», añade Cuatrecasas, que lidera la petición de un Estatuto específico que otorgue a los supervivientes «la condición de víctima» con derechos en el ámbito sanitario, educativo, laboral y social. Además de la protección judicial a quienes hayan denunciado.

El informe destaca, además, que la violencia contra la infancia, considerada como un asunto de salud pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS), no ha aparecido entre los problemas que generan una mayor preocupación en la ciudadanía, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). «Por ello –indica el Defensor–, se aprovechó la ocasión para preguntar a las personas encuestadas, ante todo, cuál era su percepción del problema». La mayoría lo considera un problema social muy grave o bastante grave. Sobre si existe una mayor conciencia social, un 19,7% respondió «mucha» y un 40,2% «bastante», frente a un 32% que consideró que la conciencia social había crecido poco y un 5,2% nada. 

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