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De regular el velo a la ‘prioridad nacional’: “Antes era ‘salvémonos del comunismo’ y ahora es ‘salvémonos del Islam’”

6 Julio 2026 at 07:00

Últimamente, España se ha visto envuelta en una larga lista de incidentes islamófobos, especialmente en política, a un ritmo nunca antes visto en la historia moderna del país. El pasado agosto, PP y Vox se unieron para prohibir las celebraciones musulmanas en instalaciones públicas del municipio de Jumilla (Murcia) con el fin de “defender las costumbres del pueblo español frente a las prácticas culturales foráneas”. Vox también trajo recientemente una iniciativa para prohibir el uso del burka y el niqab por miedo a que “el islamismo se abra paso por las calles de España” pese a que lo utiliza un porcentaje ínfimo de la población. Decenas de manifestaciones alrededor del país han reivindicado la lucha contra la “islamización” y a favor de una españa cristiana, y la derecha ha abrazado la “prioridad nacional” que busca Vox para priorizar a los españoles sobre los migrantes en el acceso a los servicios públicos, que ya se ha incorporado en los pactos de gobierno de varias comunidades autónomas. El último pacto de gobierno entre PP y Vox se ha producido hace apenas unos días en Andalucía.

Pero hay mucho más: las “cacerías” contra migrantes en Torre Pacheco (Murcia), las constantes alertas de una supuesta “invasión” musulmana, el intento de cerrar mezquitas en la lucha contra el “yihadismo radical”, o los numerosos bulos sobre el Islam que se viralizan en redes sociales y círculos de ultraderecha. 

Aunque este miedo a la comunidad musulmana no es nuevo –ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos tras los ataques del 11-S– sí continúa aumentando en nuestro país, especialmente en el discurso de partidos como Vox o incluso Junts y PP. Por ello, es muy probable que la islamofobia juegue un papel muy grande en el próximo ciclo electoral y en las campañas para formar el próximo gobierno estatal, según opinan cuatro expertos consultados por La Marea

¿Qué hay detrás del aumento de la islamofobia en la política española?

Para Daniel Gil-Benumeya, profesor en la Universidad Complutense que lleva más de una década estudiando las comunidades musulmanas en España y la percepción pública hacia ellas, la islamofobia se presenta especialmente en forma de estigmatización y control sobre el cuerpo de las mujeres, que Vox está intentando llevar a las administraciones. Atribuye el incremento de la islamofobia en el país a la adopción de discursos xenófobos propios de la ultraderecha europea y el crecimiento de la población musulmana, con miembros de esta comunidad siendo cada vez más visibles y conscientes de sus derechos. A su vez, señala que se está agotando el independentismo catalán y vasco como enemigo de algunos sectores políticos, lo que les ha llevado a buscar en el Islam un nuevo enemigo público, y también se está adoptando el consenso islamófobo en otras comunidades racializadas, como los migrantes latinoamericanos

Zakariae Cheddadi, doctor en Sociología por la UPV-EHU especializado en identidad, migración y comportamiento político, también ha estudiado de cerca los discursos sobre el Islam de la derecha española. Destaca que, aunque la comunidad musulmana en España tiene menos peso y representación política que en otros países más diversos, esta sí tiene la capacidad de estar muy presente en la imaginación colectiva y el discurso público, como ya se ha visto por ejemplo en los intentos de prohibir el velo islámico pese a ser una realidad casi inexistente en nuestro país

“El Islam se ha convertido en una categoría política sobre la que polarizar una determinada identidad –española, católica, civilizacional, con un legado sociohistórico que proviene de 1492 hasta ahora– en contraposición de la España roja, anticatólica, anticlerical y woke”, explica Cheddadi. “Antes era ‘salvémonos del comunismo’ y ahora es ‘salvémonos del Islam’”, añade.

El auge islamófobo, presente principalmente en la derecha y ultraderecha, también ha surgido como respuesta a los ocho años de gobierno progresista, según Cheddadi, intensificado tras su apoyo público a la causa palestina y la reciente regularización de migrantes –pese a que esta beneficia principalmente a latinoamericanos–. “Eso se asocia al Islam, la invasión de otras culturas y la teoría de la sustitución demográfica tan asentada en Francia y otros países”, explica. 

Por ello, es más fácil crear miedo a una supuesta invasión islámica y sustitución cultural como respuesta a los problemas de la población que razonar las medidas que proponen partidos como Vox que de otro modo serían muy impopulares, como reducir el poder de los convenios colectivos, eliminar las autonomías o recortar el estado del bienestar bajando impuestos “a lo Milei”, según el investigador. 

Los discursos de odio contra la población musulmana han venido para quedarse

Existe un creciente consenso académico sobre el reciente incremento de la islamofobia en la política española y sobre el creciente papel que jugará en los próximos años, especialmente de cara a las próximas elecciones generales. “Es muy probable que la islamofobia siga ocupando un lugar relevante en los próximos debates políticos y electorales, especialmente en escenarios de mayor influencia de la extrema derecha o de gobiernos en los que esta tenga capacidad de condicionar la agenda”, explica Laura Mijares, filóloga árabe e investigadora en la Universidad Complutense especializada en la sociología de las comunidades musulmanas en España. 

Para ella, la clave no está únicamente en la presencia de los discursos abiertamente islamófobos, sino su creciente normalización en el espacio público. “La islamofobia ya no aparece solo en los márgenes, sino que se articula como una herramienta política eficaz para movilizar miedo, construir enemigos internos y reforzar narrativas identitarias basadas en la supuesta incompatibilidad entre Islam y valores democráticos”, explica Mijares. “En este contexto, –prosigue- las personas musulmanas y especialmente las mujeres visiblemente musulmanas por el uso del hiyab, son objeto de instrumentalización política”.

Prueba de ello también es la visión histórica de los sectores más conservadores, que presentan la identidad española como esencialmente católica, homogénea y culturalmente cerrada, frente a una realidad diversa y multicultural. “En este marco, la apelación a la Reconquista, al imperio católico o a la expulsión de judíos y musulmanes no es anecdótica, sino que forma parte de una batalla cultural más amplia por definir quién pertenece legítimamente a la nación y quién queda situado en sus márgenes”, explica Mijares. Para ella, estas narrativas romantizan y simplifican el pasado y refuerzan jerarquías raciales y culturales, lo cual contribuye a excluir públicamente a las personas racializadas.

Aunque Vox es probablemente el partido con representación parlamentaria que más abiertamente abraza el rechazo a la población musulmana en España, sería un error reducirlo únicamente a este grupo, señala Johanna Lems, profesora de la Universidad Complutense que estudia el Islam en España y Europa. También está presente, explica, en ciertos sectores de la izquierda y especialmente en partidos nacionalistas como Aliança Catalana, cuya líder Sílvia Orriols declaró en 2024 que “con tanto andaluz y tanto musulmán nadie hablará catalán en Catalunya”. Y por supuesto, es una base central del discurso de organizaciones fascistas o ultras como Núcleo Nacional o Frente Obrero, una fuerza política que se define “ni de izquierdas ni de derechas” y tiene como punto principal en su programa el “no a la islamización” porque “se están creando guetos en los que son mayoría e imponen su cultura”.

Para Lems, la islamofobia es una manera de utilizar la religión y los símbolos asociados a esta para discriminar a ciertos grupos de la población y crear una identidad nacional excluyente, un fenómeno que también ha estado presente en el antisemitismo de la Europa del siglo XX o la discriminación contra los migrantes irlandeses y católicos en Estados Unidos durante varios siglos. “La religión siempre ha tenido un lugar muy importante como uno de los elementos en la racialización de las poblaciones, y por tanto también en la islamofobia”, añade. 

El impacto de la islamofobia en las instituciones 

Lo que queda por ver, sin embargo, es cuánto de este odio se traduce a cambios legislativos y discriminación en las instituciones, más allá de su presencia puramente mediática y simbólica. Aunque Lems destaca que ya existe legislación vigente, como la Ley de Extranjería, basada en gran parte en la xenofobia que discrimina a los musulmanes y otros colectivos, Cheddadi duda de si en caso de formarse un gobierno PP-Vox tras las próximas generales, la islamofobia pueda alterar gravemente el trato institucional a las poblaciones musulmanas, como ha pasado por ejemplo en Estados Unidos con la población migrante durante el segundo mandato de Trump.

“La cuestión del Islam es una estrategia para alcanzar el poder, pero una vez que alcancen el poder no sé si van a ser muy agresivos, tal como nos quieren hacer ver”, comenta. La primera ministra italiana Giorgia Meloni y su vicepresidente Matteo Salvini, por ejemplo, también utilizaron la islamofobia para incrementar su popularidad, pero tras llegar al poder, el efecto de estos discursos a nivel institucional y legislativo fue muy limitado

“Aunque vayan muy en contra de la Agenda 2030 y ciertos consensos, no sé yo si va a ser muy fuerte su impacto. Lo que me preocupa como sociólogo es la diseminación de un discurso político en términos actitudinales, de comportamiento social y de espacio público”, añade. “Va a crear muchísimo recelo, animadversión, distancia social y cultural. Pensar que el musulmán que tienes enfrente de tu casa tiene algo malo, que te da miedo y estés obsesionado, es lo peor que le puede pasar a una sociedad multiétnica”, concluye.

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Investigan al segundo policía que participó en la muerte de Abderrahim en Torrejón de Ardoz

26 Mayo 2026 at 21:39

El 17 de junio de 2025, Abderrahim Akkouh, de 35 años, murió por asfixia en Torrejón de Ardoz (Madrid) tras ser inmovilizado durante minutos por un policía municipal de Madrid que estaba fuera de servicio y al que supuestamente iba a robarle el móvil. En los vídeos grabados por vecinos, se puede observar al agente, junto a un compañero jubilado, que no lo suelta a pesar de estar quieto y de las súplicas de los transeúntes para que lo dejara. Mientras el primer agente está siendo investigado por homicidio desde el primer día, el otro policía que le sujetaba las piernas fue declarado testigo por el juzgado.

Ahora, un auto del Juzgado de Instrucción número 4 de Torrejón de Ardoz ha convertido al policía jubilado de testigo a investigado por homicidio. La decisión la ha tomado la jueza tras el informe médico forense de autopsia que considera entre las causas del fallecimiento «la inmovilización (con compresión torácica y presa cervical) y posición en decúbito prono del fallecido», tal y como ha adelantado elDiario.es y explica el auto al que ha accedido a La Marea.

El policía, que responde a la iniciales P. Á. P. C., dijo, según las grabaciones del suceso: «¡Mereces que te mueras ahora mismo, cabrón». El próximo martes 9 de junio tendrá que testificar ante la jueza Marta Gala García.

Rubén Vaquero, abogado de la familia Akkouh, considera que no se trató de homicidio, cargos por los que se investiga a ambos policías, sino de asesinato. En una entrevista a La Marea en 2025, denunció «la falta de humanidad, la xenofobia y el racismo» de los grandes medios de comunicación y ciertos sectores políticos al intentar deshumanizar a Abderrahim y «reducir su vida a un perfil sospechoso, a una amenaza, a una cifra sin valor».

Para recordar a Abderrahim, una manifestación circulará por Torrejón de Ardoz el 20 de junio.

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“El movimiento del caballo”: la estrategia de Edjogo-Owono para hablar de racismo

3 Mayo 2026 at 07:00

Cuando ocurre un agresión racista en el fútbol español, la primera persona a la que llaman los medios de comunicación es a Alberto Edjogo-Owono. En esas circunstancias, muy a su pesar, se convierte en «la estrella de la semana», como admite con resignación. Le llaman para comentar el incidente porque es negro, porque ha sido futbolista profesional y porque hoy trabaja en la televisión. Es comentarista de la Liga española en DAZN. Y entonces comienza el bucle: tiene que contestar a las mismas preguntas de siempre, una y otra vez, sin que nada cambie a lo largo del tiempo: ¿es España un país racista? ¿Cómo se puede erradicar el racismo de los campos de fútbol? ¿No es igual de insultante llamar «tonto» a un jugador que llamarle «mono»? «Llevo muchos años comentando partidos. Empecé en Ràdio Sabadell, luego en Radio Marca, ahora en la televisión… y siempre es igual. Si durante este tiempo se hubiera puesto de verdad el foco sobre este problema, si hubieran escuchado con atención lo que he dicho siempre, y llevo más de 10 años hablando del tema, no me preguntarían lo mismo».

Edjogo-Owono acaba de publicar Heridas en la piel. Fútbol, racismo e identidad, un libro editado por GeoPlaneta que presentó recientemente en el Centro Cultural Espacio Afro, en Madrid, en una charla muy amena a pesar de la gravedad del asunto. El volumen no quiere ser una crónica de sucesos racistas. «Para eso, buscas en Internet y te hace una lista. No es necesario que yo escriba un libro», declara. Lo que quiere es «aportar contexto, cómo se vivieron esos incidentes, qué impacto tuvieron después a nivel social».

Lo cierto es que muy pocos lo tuvieron. Una de las excepciones ocurrió en 2006, cuando Samuel Eto’o, entonces delantero del FC Barcelona, fue gravemente insultado en el estadio de La Romareda, en Zaragoza. Una gran parte de la grada imitaba los chillidos del mono cada vez que tocaba el balón. Eto’o quiso abandonar el campo y el partido estuvo a punto de suspenderse. Eso, finalmente, no ocurrió, pero el episodio fue tan sonado que dio pie a la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, promovida por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Las cosas han cambiado poco, en cualquier caso: sigue habiendo gritos racistas en los campos españoles y jamás se ha suspendido un partido.

Lo que demuestra que España es un país racista es la incomodidad que provoca este asunto. Tanto, que Edjogo-Owono recurre a una estrategia cada vez que hay que poner el tema sobre la mesa. Él la llama «el movimiento del caballo». Se basa en el ajedrez, donde la pieza del caballo da un paso al lateral antes de ir hacia delante: «Yo he ido de frente. De verdad que lo he intentado y me he dado cuenta de que no funciona. La gente se pone a la defensiva. Busca excusas para disculpar a los racistas, para defender a su equipo, para decir que se trata de la tensión del partido, para señalar que no se puede meter a todos los aficionados en el mismo saco. El not all men también funciona en este caso».

«El movimiento del caballo»: la estrategia de Edjogo-Owono para hablar de racismo
EDITORIAL GEOPLANETA

La primera vez que él recibió un insulto racista aún era un niño y fue durante un entrenamiento con los alevines del Espanyol. Tuvo un choque con un compañero y saltaron chispas. La discusión terminó con una frase que nunca ha podido olvidar: «Cállate, negro zumbón». Hasta ese momento no era consciente de que su color de piel pudiera provocar semejante hostilidad. «Me quedé en silencio y continué el entrenamiento casi por inercia. Mi cuerpo estaba presente, pero mi cabeza estaba ya en otro sitio», escribe en el libro. Esa horrible sensación es similar a la que confiesan haber experimentado muchos jugadores profesionales. Pero le ocurrió de niño, cuando estaba más indefenso, y esa es precisamente la razón por la que ha escrito este libro: «Si esto sigue ocurriendo en la élite del fútbol y se deja pasar, si no se castiga, si se ha normalizado, ¿qué no ocurrirá en otros niveles del deporte y de la sociedad en la que las víctimas no están tan protegidas? A Vinicius le insultan en Mestalla y a los dos minutos sale a defenderlo el presidente de Brasil, Lula da Silva, ¿pero qué ocurre cuando lo sufre un chaval de barrio o mi vecino o un compañero de trabajo o el novio de mi hermana, gente que no tiene ese respaldo?».

El caso del jugador del Real Madrid, insultado por sistema en todos los estadios, es especialmente revelador. «Vinicius no es el negro pobrecito, es el negro alborotador, por eso su caso es muy complejo», avanza Edjogo. «¿Qué ocurre con el arquetipo del “negro bueno”? Pues que mientras limpie la casa, mientras conduzca un taxi, mientras ocupe unos determinados espacios donde no moleste y su función principal sea la de servir, no habrá ningún problema. ¿Por qué se insulta a Vinicius y no se insulta a Rodrygo? Porque Rodrygo no molesta a nadie. ¿Pero qué pasa cuando un negro empieza a comportarse de una forma que un individuo autóctono considera incorrecta? Podemos discutir el comportamiento de Vinicius, si está bien o mal que baile delante de la afición rival. Que le diga al equipo contrario que se va “a Segunda”, en eso podemos coincidir todos en que no es un comportamiento deportivo. Pues hablemos de eso, de lo que hace mal. Incluso, como espectador, puedes pitarle. El fútbol no es la ópera. Pero si utilizas su color de piel para insultarle, eres un racista. Si un blanco hace lo mismo y le afeas el comportamiento, pero a un negro le respondes diciendo que es un mono y tirándole plátanos, entonces, evidentemente, eres un racista».

Edjogo-Owono estuvo acompañado en la presentación de su libro por los periodistas Moha Gerehou, Àlex de Llano y Miguel Quintana. Todos ellos hicieron hincapié en la falta de diversidad que hay en las redacciones de los medios de comunicación. Esta es una de las razones que explican que el tema del racismo no se afronte a menudo de la manera correcta. «El periodismo es un espejo de la sociedad de cada momento y queda muy mal retratado en el libro», asegura Quintana. «Es posible que si yo hubiese nacido 30 años antes y hubiese sido periodista en los años noventa, quizás habría replicado las mismas ideas y las mismas palabras. Pero hoy, cuando ves cómo se trataron los casos de Samuel Eto’o, de Roberto Carlos o de Wilfred, yo como periodista me avergüenzo profundamente».

Wilfred Agbonavbare, queridísimo portero nigeriano del Rayo Vallecano, sufrió en 1993, en el estadio Santiago Bernabéu, uno de los episodios racistas más vergonzosos de la historia del fútbol español. Tuvo una actuación estelar, llegando incluso a pararle un penalti a Míchel; la respuesta desde el fondo sur fue gritarle «negro, cabrón, recoge el algodón» y también cánticos a favor del Ku Klux Klan. «Creo que ahora hay una mayor empatía, una mayor sensibilidad –afirma Quintana–. Aunque todavía hay un porcentaje de personas que no cree que sea un problema llamar “mono” a alguien, sí que ve un problema en decirlo. Bueno, ese es un primer paso. Saber que tu pensamiento no es correcto, que ya no te respalda la sociedad, que “lo que siempre se ha hecho” ya no te sirve como excusa, me parece una primera batalla ganada».

Sobre la diversidad en los medios de comunicación, Alberto Edjogo-Owono cuenta una anécdota que le ocurrió cuando estuvo moderando una mesa redonda con directivos de la prensa: «Les pregunté cuántas personas racializadas había en sus redacciones y uno de ellos me respondió: “Bueno… creo que hay un chico que está en prácticas que es latino… no sé muy bien si boliviano o peruano…”. Le tuve que cortar diciendo: “Mira, no sigas”».

El detalle no es menor. A su juicio, aunque los jefes de las redacciones tengan hoy «más empatía o más buena fe, si tienen que encargarse de temas que no les atraviesan directamente, es más difícil que lo hagan de forma correcta. Lo que ocurre en las redacciones es que no tienen ese perfil de periodista». Y añade: «Se dice muchas veces que los medios de comunicación son un reflejo de la sociedad. No es verdad. No estoy hablando de cuotas, no se trata de tener tantos periodistas negros o tantos de origen asiático. Pero si no tienes gente de ese perfil, es muy difícil que abordes estos temas con la sensibilidad y la precisión que requieren».

La llamada «prioridad nacional»

Por su trabajo, Edjogo tiene relación con muchas de las estrellas de la Liga española. Una de ellas, la más grande de todas, Lamine Yamal, le refirió recientemente su incomodidad con una parte de la afición. «Me contó que antes de la Eurocopa [que acabaría ganando España en 2024] se quitó las redes sociales porque había mucha gente que decía que ni él ni Nico Williams les representaban. Sin embargo, hay dos centrales franceses, Le Normand y Laporte, a los que hemos nacionalizado ex profeso para que jueguen con España y no hubo ningún problema con ellos. Con Lamine y con Nico sí. Uno es de Mataró y el otro de Bilbao. Entonces, ¿este lema de la “prioridad nacional” qué quiere decir?».

«Este mismo debate ya se ha tenido en otros países», continúa Edjogo. «Ocurrió en Francia, cuando Jean-Marie Le Pen expresó públicamente su deseo de que su selección perdiera el Mundial de 1998 por lo mismo, porque aquellos “negros importados” no representaban a la nación francesa».

Para Alberto Edjogo-Owono, este asunto de la identidad es muy importante, sobre todo en la etapa formativa: «Cuando tienes 14 o 15 años y se está formando tu personalidad suele ocurrir algo muy complicado: mucha gente te dice “ah, pues no tienes acento” o te preguntan de dónde eres “de verdad”. Con estas actitudes se está impidiendo que mucha gente que está creciendo acabe teniendo un verdadero arraigo. Porque se les está diciendo: “Vale, has nacido aquí, eres de los nuestros… pero no tanto, no te flipes”».

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