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AnteayerRebelion

Una historia de amor y esperanza: nobleza mayor, la humildad

12 Junio 2025 at 06:47

Para ser felices se necesita eliminar dos cosas: el temor de un mal futuro y el recuerdo de un mal pasado. SÉNECA

La fuerza de voluntad es el único capital que poseen las personas libres. FRIEDRICH SCHILLER

Si tú me recuerdas, no me importará que el resto del mundo me olvide. HARUKI MURAKAMI

El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que tienen miedo, muy largo para los que se lamentan, muy corto para los que festejan, pero para los que aman, el tiempo es una eternidad. WILLIAM SHAKESPEARE

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo. LIÉV TÓLSTOI

Desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, hoy se hablará del penúltimo filme del II Ciclo de Cine Erótico: Cuento de invierno (1992), de Éric Rohmer, baluarte sin discusión de la Nouvelle Vague, escuela que no lo fue tanto y cuya mayoría de miembros pasó de la crítica a la realización. Tal es el caso de quien nació como Maurice Schèrer y debutó con El signo del león (1959), filme que tiene no pocos puntos de contacto con Memorias del subdesarrollo (1968), de T. Titón Gutiérrez Alea. A partir del cuento homónimo de Shakespeare, sobre la reina que revive/reaparece frente al rey que la extraña, Cuento de invierno de Rohmer cuenta, a partir de Félicie, Élise, su hija, y su Madre, una historia de amor y esperanza y de esperanza en el amor, en un mundo siempre plagado de inquietudes e incertidumbre, de tristezas más que alegrías, de ensimismamiento antes que sinergia o empatía, como lo permiten ver algunos protagonistas del cuento filmado.

En efecto, C. Chabrol en sus memorias afirma que la Nouvelle Vague fue, en esencia, una etiqueta: ‘En 1958 y 1959, cuando los compañeros de los Cahiers y yo pasamos a la realización, fuimos promocionados como una marca de jabones. Éramos la Nouvelle Vague. La expresión era de Françoise Giroud, redactora jef[a] de L’Express, y una de las plumas más afiladas de la oposición al gaullismo’. (1) Jean-Luc Godard, por su lado, en Cahiers du cinéma, 1962, recuerda que la Nueva Ola surgió en lo básico desde el Cine-Club Objectif 49, la Cinémathèque y cierto sentido crítico cuya figura suprema fue André Bazin, el único que realmente fue crítico. Los otros, Sadoul, Balázs o Pasinetti, son historiadores o sociólogos, no críticos’. (2) Los Cahiers, fundados en 1951 por Jacques Doniol-Valcroze y el citado Bazin, se considera la escuela de formación de los cineastas de la Nueva Ola. El signo del león y Memorias del… son historias de dos intelectuales venidos a menos por causas distintas. 

En Sergio Corrieri (3) pueden rastrearse actitudes del músico que deviene mendigo, Pierre Wesselrin, en El signo del león. Ambos personajes son depositarios de la inacción, pequeño-burgueses que pertenecen a estratos altos de la sociedad, aunque sean presentados como inútiles o fracasados, el primero como escritor, el segundo como músico. Mientras aquél tiene acceso a las oficinas del ICAIC, donde presenta a su amiga para una audición, en la que los recibe el propio Titón, el músico, un gringo que contaba con una herencia que sólo al final llega, se halla solo, sin dinero, sin amigos, sin aptitud alguna para el trabajo y, sin embargo, tras el velo de la apariencia obtiene aquí o allá los recursos necesarios no sólo para sobrevivir sino para divertirse, comer y beber donde quiera. Uno se identifica con ellos como personajes y cada filme, desde su mirada particular, juega con esa identificación. A su modo, ambos tipos son autodestructivos, caen en la derrota, se muestran incapaces para modificar sus vidas. 

Ambos filmes, constituyen un documento sociológico: el francés, sobre la fauna de Saint-Germain du Prés y, el cubano, sobre la de La Habana, un relato de aventuras sobre la soledad del hombre actual. Ambos, por su carácter intelectual, son filmes malditos: el de Titón fue reconocido mucho tiempo después de realizarse; el de Rohmer un rotundo fracaso comercial que llevó al director, c. 1960, como le pasó a Rossellini, a realizar programas educativos para la TV. Ambos, podrían vincularse además con Buscando a Miguel (2007), de Juan Fischer, filme que permite rastrear al hombre detrás del político (4). Su mayor éxito quizá sea haber arrancado de la conciencia colectiva al político inicial y conocer al ser humano, y mendigo, detrás de él: no sin antes mostrarlo en su duro descenso a los infiernos, sin lastre alguno de religión. Para entonces, ya del político no queda nada y emerge el hombre. El hombre nuevo que su paleta humanística ha dibujado en la pantalla, al modo del cinéma-verité, Fischer dixit. 

A su modo, Juan Fischer ha ofrecido, sin pretensión alguna de copiarlo o de imitarlo, un nuevo signo del león… Del que lucha por recuperar su memoria, por saber cómo se llama en realidad, por cambiar su turbio y remoto pasado, no el reciente. En fin, por encontrarse consigo mismo, después de haber sido perdido (no de haberse…) en un viaje mezcla de escopolamina y paseo millonario, sin importar que en el intento se haya extraviado tanto tiempo. Lo que, en últimas, no lo afecta. Él sabe que el tiempo es la orilla, que todos pasamos y que aquel, simplemente, da la ilusión de correr. Miguel Villalobos es, a la postre, un nuevo Jean Vigo luego de L’Atalante: ya poco le importa si muere joven. Como el poeta, puede confesar que, ahora sí, ha vivido. Que ya no es un político. Que, por fin, ha ejercido el oficio de hombre, como Rossellini siempre soñó. Que es un hombre. Y que el político ha quedado atrás, está muerto, como deberían estarlo todos los demás: los que sanguijuelean a su pueblo.

El cuento de Shakespeare que inspiró a Rohmer, ya desde sus dos primeras escenas permite inferir o extrapolar sus razones, las que verterá luego en Cuento de invierno: la separación (de los reyes de Sicilia y de Bohemia), el intercambio de regalos, la apariencia de estar juntos, la conservación del afecto, en fin, las tentaciones de la carne. Conte d’Hiver o Cuento de invierno, es el segundo de la serie Cuentos de las cuatro estaciones, junto a Cuento de primavera (1990), Cuento de verano (1996) y Cuento de otoño (1998) que Rohmer rodó luego de su serie de Comedias y proverbios a la que dio cierre con La amiga de mi amigo (1987) y luego de una pausa de tres años por efecto de una intensa actividad. El leitmotiv que lo llevó del Cisne de Avon a su Cuento de invierno fue la escena de TV en la que la reina Hermione, en modo estatua cobra vida ante su esposo Leontes, rey de Sicilia, o sea, la historia de un ser amado ausente que sin advertirlo vuelve a la vida cotidiana del marido que la añora.

Aunque, bueno, en el filme es al revés: la que añora el regreso de Charles es Félicie o quien hubiera podido ser su esposa si éste, cinco años atrás, hubiera recibido la dirección correcta que ella, por un lapsus, desvió. Error que, curioso, proviene de una mujer, un ser humano, que descubre su alma con un sentido de transparencia tal como el que algunos logran en sus filmes, pero que ya quisiera tener la mayoría de los miembros de la Nueva Ola, ese movimiento que no fue y al que se le puso una etiqueta, y en el que Rohmer figura antes que Doniol-Valcroze, Astruc, Rivette, Godard, Chabrol, Vadim, Kast, Malle, Demy, Resnais, etc. Durante ese verano en la costa francesa, Charles y Félicie se encuentran y más tarde, por lo dicho, se desencuentran cuando él viaja en otoño a los EE.UU. Ella intenta reconectarse, pero ya es tarde, así que cinco años después cría a su hija en París, junto a su Madre, en vacaciones de invierno, no pierde la esperanza en Charles y actúa de peluquera en el salón de Maxence…

Félicie, como buena persona práctica y bien gozona, que igual lo es cualquier hombre, tiene un affaire con aquél mientras mantiene otro con el bibliotecario Loïc, de edad similar a la de Charles. Al filo del tiempo, descubre que aunque se hace necesario, casi imperioso, un pacto con uno de ellos, ninguno la atrae, como en cambio sí siente el inexorable lazo que la une a Charles, de manera parecida, sin que lo piense, claro, a como se siente atada la pareja de Dolls (2002), de Takeshi Kitano, la que forman Matsumoto y Sawako y a la que, curioso, se apoda los mendigos atados. A la hora de decidir, Félicie sigue a Maxence en su traslado a Nevers, ciudad contigua a París. Más pronto que tarde, surgen los roces, va con su hija a jugar pelota, no es creyente, más bien laica, entra a la iglesia y allí tiene una epifanía sobre Charles. Regresa al salón, discute con Maxence, quien la reconviene por llegar tarde y ella, con sabroso humor, le recuerda que si le dijo dueña puede hacer lo que quiera con su tiempo.

Maxence aparece con aspecto seco antes que sobrio y a corto plazo se evidencia que su trato con Félicie es más de tipo laboral que idílico. A la par que su madre se desvive por el trabajo, Élise se aburre de descansar, mientras Maxence resulta habitado por la tensión, el mal genio y al margen de toda sinergia con ellas. Entre la sobriedad del hospedaje y la ausencia de empatía emocional, Félicie opta por declarar su disgusto, habla con Maxence, alegan y cuando éste la sacude, lo para en seco, sube donde su hija y regresa a París. Salta a la vista que la importancia de llamarse Félicie, para él, radica en que sea su empleada antes que su cómplice amoroso. Tan pronto vuelve a París, va adonde Loïc a soltarle lo poco que la atrae, no sólo porque no se identifique en su rol de intelectual, sino porque lo ve más como hermano que consorte, aunque, eso sí, le seduzca más que el gordo, por a ratos muy pesado, Maxence. Luego de tertuliar, van al teatro a ver el drama que tanto paralelo tiene con su propia vida…

El Cuento de invierno, de Shakespeare, la toca hasta el llanto ante todo por lo que concierne a la citada reina Hermione, mientras advierte que ni Loïc ni mucho menos Maxence la habrán de colmar desde la llama doble del amor y el erotismo. Llega el Año Nuevo y ella desde su más certera voluntad renuncia a quedarse con Loïc y marcha con su hija a casa, en una escena que, no obstante, para nada pretende proyectar una mirada de desprecio por aquél: más bien, una reiteración callada de sus más profundos sentimientos de afecto y amistad hacia él, con todo lo que implica, claro, el rechazo tácito, e incluso manifiesto, de su presencia erótica. El epílogo contiene una de las más altas cotas de expresión, nobleza, emoción que filme alguno haya hecho en tan breve como abrumadora secuencia. Al volver a casa, en el bus, madre e hija se sientan frente a una pareja. La primera persona que parece reconocer a Félicie es Dora, y de modo inmediato Charles; no tarda Élise en descubrir a Papá basada en fotos de recuerdo.

Algo que quizás se desprenda de lo anterior, es la certeza de que para ser felices, si no, mejor, para estar en armonía, es dejar de temerle a un futuro que aún no llega o a la remembranza de un pasado que, como tal, ya no está. También, queda claro, que el único capital de los seres humanos libres es la voluntad de poder, entretanto se verifica que el servilismo produce amigos y la verdad produce enemigos, Terencio dixit, así en este sentido no opere la historia sobre los personajes de Cuento de invierno. Seres humanos, más bien, siempre dispuestos al encuentro, a la armonía, a la comunión, de ahí que tanto se reitere desde la crítica el broche de oro con que acaba el filme: uno que lleva la impronta de Félicie, quien parece decirle al mundo y, más allá, en rara concreción, a todo el mundo, que mientras él la recuerde, así en el ínterin muera, no le importará que el resto del planeta la olvide. Aunque, eso sí, ojalá quede junto a su hija y ambos puedan recordarla hasta que suene el cuarteto para el fin del tiempo. 

En conclusión, muy grato ver un filme en el que el amor y la esperanza y la esperanza en el amor sean los móviles de una historia hecha con base en la fuerza y la voluntad de una mujer llamada, no de balde, Félicie, quien carga sobre sus hombros un relato que conmueve de principio a fin por su capacidad de convocar sentimientos profundos con una sencillez que no cesa de sorprender merced a su carisma, a la gracia de su hija Élise, a la ecuanimidad, discreción y autocontrol de su Madre. El valor esencial de Félicie, persona que no es religiosa pero que cree en su voluntad y lo que siente, no radica en lo individual sino en su relación filial, con su Madre, su extrañado Charles, la bella hija de ambos. Su propia vida no importa tanto hacia el futuro pues incluso si ella muriese, lo único que le importa, y así se lo hace saber a su hermana, es que Élise se encuentre con su papá. En tal sentido, no hay egoísmo ni vanidad en ella, sino desprendimiento y generosidad, capacidad tao de renunciar a los apegos.

Cabe citar aquí a Rohmer sobre su pertenencia o no a la Nueva Ola, a la triple influencia de Hitchcock, Hawks y Wyler (5), y del cine clásico gringo, a su cierta aunque oculta apoliticidad o a cineastas sin ideología concreta o malos enfoques, en fin, a su condición de posmodernos: “estábamos, nosotros, un grupo que Bazin [llamaba] los hitchcocko-hawksianos, y los otros. No creo que estos tuviesen conciencia de pertenecer a una tendencia concreta; se trataba de gente que se apreciaba pero que estaba menos unida, por lo menos al principio, de lo que nosotros lo estábamos en el seno de la Nouvelle Vague, término que por entonces no existía y que nosotros jamás reivindicamos. Podría decirse que nosotros éramos un poco más rebeldes, pero no convertíamos esa rebelión en una filosofía. Los otros nos acusaban de ser de derechas porque nos gustaba el cine [estadounidense]. La rebelión estaba ahí. En aquella época se nos hubiera podido calificar con una palabra que […] no existía: postmodernos”. (6) 

No olvidar que los textos de los años 50 firmados por Rohmer, Rivette, Godard, Chabrol, estaban plenos de citas literarias, musicales o pictóricas, junto a las fílmicas más previsibles. Cézanne, Beethoven, Goethe, Balzac, Flaubert, Kafka o Faulkner comparecen en los textos de Rohmer para apuntalar su idea de modernidad, además de invitar a […] Stevenson como clave extracinematográfica para mejor entender lo específico del arte de Hawks. Godard convocará a Beethoven, Balzac, Rafael o Shakespeare para hablar de Bergman y Rivette no vacilará en situar la obra de Renoir [junto a] las de Poussin, Picasso, Mozart o Stravinski, apostando, para ilustrar la cegadora novedad de Viaggio in Italia, por comparar la mirada de Rossellini con el dibujo de un Matisse en una [cercanía] tan imprevista como iluminadora, bien sustentada sobre la transmutación de la mixtura de trazos netos y amplias superficies blancas del segundo en el realismo depurado de cualquier escoria sicologista del primero. (7)       

Será Rivette el que al preguntarse sobre qué nos afecta en la obra de Mizoguchi (1898-1956) que se dirige a los demás en una lengua ajena para contar historias extrañas en principio a las costumbres y hábitos de otros pueblos, nos brinde vía noción de ‘puesta en escena’ una razón loable de tal hecho. Si el cine del autor de Cuentos de la luna pálida (1947), El intendente Sancho, Los amores crucificados (1954), interpela al espectador occidental de igual modo que a sus coterráneos es porque expresa con franqueza: ‘Si la música es un idioma universal, la puesta en escena también: éste y no el japonés es el lenguaje que hay que aprender para comprender el Mizoguchi’. (8) Asimismo, es a través de su puesta en escena, basada en la realidad y sin trucos ni efectos especiales, como debe entenderse el Cuento de invierno que Rohmer ha contado a partir de las sensaciones que recibió vía TV del cuento de Shakespeare: la misma que le sirvió a André Bazin para descubrir cómo se gestaba la tensión en cada plano.

Aun así, el más elaborado de los análisis que buscan extraer efectos prácticos sobre el concepto puesta en escena quizá sea el que Godard labró sobre The Wrong Man (1956), de Hitchcock y que trasciende las citas retóricas sobre el cine como arte de la puesta en escena, en boga entonces, y proyecta en la práctica un cabal sentido de lo que primero Bazin y luego Truffaut definieron así. Bazin: ‘La materia misma del filme, una organización de los seres y las cosas que tiene sentido en sí misma, […] tanto moral como estético’. Truffaut, al discutir cómo al inicio del sonoro la crítica celosa de la especificidad del cine devaluaba la visión enriquecida de un Pagnol o un Guitry, dice: ‘Sólo los iniciados sabían que el término puesta en escena designa más bien el conjunto de decisiones tomadas por el realizador: la posición de la cámara, el ángulo elegido, la duración de un plano, el gesto de un actor, y aquellos sabían que puesta en escena era a la vez la historia que se cuenta y la manera de contarla’. (9)   

Para Rohmer, el cine iba siempre unido a las demás artes. Así, si el valor nodal de la literatura radica en describir la realidad y el de la pintura en representarla, sin duda el del cine estaría en reproducirla tal cual es, en mostrarla sin trampas ni artilugios. De ahí su obra derivó en la exploración del estilo de la transparencia o el afán por capturar con la máxima verosimilitud todo lo que se ponga frente a la cámara. En tal sentido, sus personajes más que actuar, hablan, no sólo como pretexto para comunicarse sino para esconderse, a la vez que mientras buscan desentrañar sus prejuicios, dudas o contradicciones, se valen de la oralidad para engañar, distraer o mentir. Ello puede inferirse de Cuento de invierno en los diálogos entre Félicie y Maxence o Edwige o Rosette, que resultan en buena parte opuestos a la nitidez que se percibe de la charla entre Félicie y su Madre o su hija, en la que desaparece el afán por timar al otro. A Félicie, en su relación cuadrangular, se le ve caer en el abismo sin fondo de lo insoportable.

Al que ella se enfrenta, sin dar el próximo paso (al contrario de Turbay que frente a la realidad del país lo dio) y sale avante gracias a su recio aunque tierno carácter, a su solidaridad con los Otros (ya se sabe, la solidaridad es la ternura de los pueblos), a su capacidad de dar amor aun en medio de sus dudas por no ser gran lectora o intelectual a todo dar, como sí lo es su admirado Loïc, a quien por otro lado le hace falta buena parte de lo que ella tiene y gasta o invierte en los demás gracias a su sentido de cooperación, no de competencia o de éxito individual/egoísta: un ser humano que no lleva la marca del capitalismo en su piel ni en su mente. Que de modo natural, y quizás sin saberlo, se resiste a hacer suyo lo que ya dijera el autor de La otra historia de EE.UU: ‘El capitalismo es un sistema de explotación, y la historia está llena de ejemplos en los que las élites económicas manipulan la democracia para mantener su poder’. Y nadie más lejos del Poder o de joder a alguien que un ser como Félicie.    

Sin duda, el manejo de cámara en la obra de Éric Rohmer se instala en la modernidad o, como los de la Nueva Ola decían, en una postmodernidad que resiste a o se aleja de presencias que invaden, analepsis o elipsis, falta de diálogo o argumentación, para capturar la atención del espectador con base en los encuadres cuidados, en las historias precisas, aunque a la vez sean extensas, y presentadas de forma directa con base en la desdramatización de personajes. Seres que deambulan entre la alegría y la tristeza, las penas y la melancolía, que bailan y charlan, ríen y (poco) lloran, se muestran con timidez o con arrojo y cargan sus triunfos o arrastran sus derrotas; personas de variados tipos y tallas, de todo origen y condición de clase, jóvenes, adultos y viejos, niños y mujeres. Estas, de diversos estratos, aunque casi siempre pequeño-burguesas, de amplia formación en literatura, música o filosofía y no pocas veces muy bellas. Lo que la crítica llama el universo Rohmer, uno que sigue cautivando la atención por doquier.

Cuento de invierno, es una magna definición de esta búsqueda estética que nunca cedió a las tentaciones del mercado, sino que siempre estuvo a la vanguardia del hecho artístico aun a riesgo de perder cierto tipo de espectadores o de inversores en la factura y distribución de su obra. Rohmer fue uno de esos auténticos artistas que jamás se traicionó a sí mismo, es decir, que no fracasó preciso por su fidelidad a su arte, a sus historias, a sus sueños, a sus realidades. Uno de los óptimos resultados al respecto es justo la historia de Félicie, de su hija, de su madre, trío vector de un asunto conmovedor como pocos en tanto gira en torno a que algunos amores pueden resucitar, otros nunca revivirán: las hojas muertas, dice una versión (pirata) del poema/canción de Jacques Prévert y Joseph Kosma. (10) La emoción recorre/atraviesa su filme de principio a fin y eso lo agradecen los espectadores de toda edad y latitud a lo largo y ancho del planeta: el mismo que, a propósito, se mueve entre la desesperanza y la inquietud.

Contra este sentimiento negativo no obstante hay que decir algo de cada Cuento de invierno: primero, va el de Shakespeare; luego, el de Rohmer. El del poeta inglés parte, a su vez (para su novela romántica o, si se quiere, tragicomedia), de la novela pastoril Pandosto (1588), de Robert Greene, y de las novelas bizantinas. En ella retoma las ideas de muerte y resurrección, la crisis existencial que atraviesa Leontes, rey de Sicilia, quien, por mal genio y celos, siente que destruyó la vida que amaba; así arma una historia de pérdida y reencuentro, desaparición y reaparición, tánatos e impulso vital. En paralelo, la amistad de Leontes y el rey de Bohemia, Polixenes, ruptura, arreglo y final feliz. Pero, no sin que antes, al perder a Hermione, el rey de Sicilia tenga que expiar la muerte de su hijo Mamillius, el abandono de su hija Perdita, la muerte de su citada esposa. Modelo de historia bizantina en la que a menudo de manera milagrosa y contra toda [hipótesis], un final feliz [termina] un largo relato de sufrimientos…  

Igual al cuento de Rohmer que narra en imágenes un amor que surge en verano, lo atraviesa un viento helado de cinco años, y renace en invierno. Félicie se ocupa de su hija; el cocinero Charles ignora que es el padre y viaja a EE.UU; c/u, a su modo, guarda sus miedos, deseos, delirios en la casa de la esperanza, donde a su vez habita la incertidumbre. Mientras, Félicie medita, conversa con sus seres queridos, se aferra a la fe y a la esperanza, sin olvidar de donde salen Shakespeare y Rohmer: de La comedia, de Dante, y varían el esquema tripartito, que encarna el orden de la vida, pues ambos autores salen del Paraíso y vuelven a él al final; y de la II Escena del Acto IV con base en la frase del canto de Antíloco: Todo se rejuvenece y colorea en los pálidos dominios del invierno. Al final, el retorno del amado simboliza la victoria del amor, del Élan vital (Bergson), (11) y del resurgir de la alegría frente a las cuitas, la tristeza y la muerte, para darle relevancia más a lo cósmico que al milagro del reencuentro.

Porque, en efecto, lo que en principio no es otra cosa que un asunto de azar, no en tanto fatalidad, desgracia o accidente, sino albur, suerte o fortuna, mezcla de circunstancias o causas no planeadas y sin objetivos y que no responde al nexo causa/efecto ni a la intervención humana o divina (para los que aún crean en ella), acaba siendo el triunfo de esa fe, de esa esperanza jamás perdida, de la vehemencia del amor que acaba por agradar al amor propio de cualquiera: ese amor es el de Félicie por su Madre por su hija por su amado Charles, quien pareciera sentir de inmediato el deseo de causar en alguien esos mismos efectos que acaba de ver proyectados en el amor de Félicie, en la mirada de su hija Élise, en la empatía de su suegra. Pascal: ‘El amor, cuanto más inocente parece a las almas inocentes, más susceptibles las vuelve de ser alcanzadas por él’. (12) Y, ¿quién podría dudar de tales almas inocentes lideradas por el amor de esa mujer cuyo atractivo es más eficaz que el de un poema?

Para Pascal mismo: ‘Se sabe mejor en qué consiste el atractivo de una mujer que en qué consiste el atractivo de un poema’. (13) Y el atractivo de Félicie, en cada aparición, en su pensar y sentir, decir y hacer, se refleja esencialmente en su mirada, como cuando juega con Charles en la playa o hacen el amor en la litera o la dirige a Élise o a su Madre. O cuando para en seco la furia de Maxence o discute con Loïc sobre cómo lo percibe con respecto a aquél. O cuando ya en el bus mira a Dora con la empatía de quienes aman al mismo hombre, como dos hombres se miran por la misma mujer a la que amaron por separado y se percibe que el tiempo es una eternidad para los que aman y Élise el puente entre ella y Charles. Félicie revive la suprema idea de que vivir es creer en alguien y todo por vía del ser, el que no busca imponer a nadie, sino que impone gracias a su mirada crítica, reflexiones, filosofía: las de una mujer que no se cree superior a nadie, sólo que sabe que la nobleza mayor es la humildad.  

A Santiago y Valentina, seres tan libres como quienes saben que no hay que joder a nadie.

A Marthica y a María del Rosario, quienes comparten un magisterio similar al de Félicie, excepto por el diferente tipo de docencia que aquéllas sí ejercieron con lujo de detalles.

A los Cinéfilos, quienes aún no saben el placer que me reportan nuestros encuentros.     

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) Claude Chabrol en: HEREDERO, Carlos F., MONTERDE, José E. En torno a la Nouvelle Vague, PDF, 67 pp.: 3.

(2) Cahiers du cinéma, #138, dic.1962, en: Íbidem Nota 1, PDF, 67 pp.: 3.

(3) MUÑOZ SARMIENTO, Luis Carlos. La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine. Calaméo, 2025, PDF, 482 pp. https://www.youtube.com/watch?v=mxJ6N-pa204  

(4) https://co.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-002&ei=UTF-8&hsimp=yhs-002&hspart=sz&param1=1770266181&p=memorias+del+subdesarrollo+pel%C3%ADcula&type=type80260-2133086105#id=3&vid=1d2cd73c68d687d7d2ea915e081f20fb&action=click 

(5) William Wyler es el director de The Children’s Hour (1961) o La calumnia, según la novela de Lillian Hellman, que seguro Thomas Vinterberg debió ver para hacer su filme Jagten (2012) o La cacería, la historia del profesor Lucas (Mads Mikkelsen), quien trata de rehacer su vida y se le atraviesa la niña Klara para acusarlo de haberle mostrado su órgano viril: en suma, de abuso sexual infantil. 

https://www.facebook.com/groups/1481992289359363/permalink/1737743630450893/?rdid=IaIoLDRGAiuMR5ms#

(6) Íbidem, Notas 1 y 2, PDF, 67 pp.: 12.

(7) Íbidem, PDF, 67 pp.: 18.

(8) RIVETTE, Jacques: Mizoguchi vu d’ici, Cahiers du cinéma, #81, marzo 1958, en: ZUNZUNEGUI, Santos, El gusto y la elección – La ‘política de los autores’ y la noción de ‘puesta en escena’ en los Cahiers du cinéma entre 1952 y 1965, PDF, 67 pp., 13 a 27: 20.

(9) Íbidem, ZUNZUNEGUI, PDF, 67 pp.: El gusto y la elección: 22.

(10) Como dice de viva voz, sin mala leche alguna, mi amigo Leopoldo Pinzón, director de Pisingaña, y hermano mi otro amigo Germán Pinzón, guionista del mismo filme, que vimos juntos en el FICCI 1985. Adjunto el video del primero y la letra original del poema de Prévert, para desmentir toda especulación. 

https://www.patreon.com/posts/las-hojas-130368394?utm_campaign=patron_engagement&utm_source=post_link&post_id=130368394&utm_id=31b8607e-7030-4c6e-9ffa-92d76f456e98&utm_medium=email
https://es.wikipedia.org/wiki/Las_hojas_muertas

(11) Concepto que Bergson acuñó c. 1907 en su obra La evolución creadora: el Élan vital, fuerza hipotética que causa la evolución y desarrollo de los organismos y que aquél vinculó de modo estrecho con la conciencia, se considera transcripción literal de lo que R. W. Emerson llamó Vital Force o Fuerza vital

(12) PASCAL, Blas. Pensamientos – Elogio de la contradicción. Edición de Isabel Prieto. Eds. Temas de Hoy, Madrid, 1995, 121 pp.: 103.

(13) Íbidem, 195, 121 pp.: 102.

FICHA TÉCNICA: Título original: Conte d’Hiver. En castellano: Cuento de invierno. País: Francia. Año: 1992. Gén.: Drama / Comedia. For.: 35 mm; color; 114 min. Dir. y guion: Éric Rohmer. Prod.: Margaret Ménégoz. Fot.: Luc Pagès. Mon.: María Esteban. Mús.: Sébastien Erms. Int.: Félicie (Charlotte Véry); Charles (Frédéric van den Driessche); Maxence (Michel Voletti); Loïc (Hervé Furic); Élise (Ava Loraschi); Madre de Félicie (Christiane Desbois); Hermana (Rosette); Cuñado (Jean-Luc Revol); Edwige (Haydée Caillot); Quentin (Jean-Claude Biette); Dora (Marie Rivière); Clienta (Claudine Paringaux); Leontes (Roger Dumas); Paulina (Danièle Lebrun); Hermione (Diane Lepvrier). Prod.: Les Films du Losange / Compañía Éric Rohmer. Dist.: Les Films du Losange. Fecha de estreno: 29.ene.1992 (Francia).

Enlace del filme: https://ok.ru/video/3770028591805            

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por la UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 10.abr.2025 fue publicado en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por salir en este año. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: lucasmusar@yahoo.com

La catarsis hiriente pero necesaria para el autoconocimiento

10 Junio 2025 at 06:32

El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre… Está relacionado con la más alta forma de espíritu. CARL G. JUNG

El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte. GEORGES BATAILLE

La excitación es el fundamento del erotismo, su enigma más profundo, su palabra clave. MILAN KUNDERA

Sexo: lo que sucede en diez minutos es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare. ROBERT LOUIS STEVENSON 

El segundo y último Ciclo de Cine Erótico, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, se acerca a su fin con Las edades de Lulú (1990), del catalán José Juan Bigas Luna (1946-2013), filme que se mueve entre el despertar al sexo y el incesto, el Cine del Destape y la Movida madrileña, con base en la novela homónima (1989) de Almudena Grandes (1960-2021), una Bildungsroman o Novela de Formación a la española que compara con el modelo de la picaresca El lazarillo de Tormes y que a su vez se inspira en Escupiré sobre vuestra tumba (1946), del polímata Boris Vian (1920-1959). Lulú, hipocorístico de María Luisa, es la niña que se inicia en el sexo con Pablo, profesor de literatura española en una U. de los EE.UU, y quien al inicio se acerca con pasión y ternura y luego va a la violencia y la agresión: ello permite un paralelo con Las mejores intenciones (2013), de B. August (1) sobre las memorias del cineasta sueco Ingmar Bergman.

Lo que al inicio parece un filme lineal a la postre no es tal, sino a base de flashbacks que van mostrando la relación entre Lulú y Pablo, desde el tórrido, pero poco espontáneo comienzo, incluso algo de cliché (la ida al carro entre la lluvia, una cierta timidez artificial de ella, un algo impostado rol de seductor de él, con tintes de padre incestuoso), hasta el descenso al averno de los deseos atrevidos y peligrosos, con travestis, lesbianas y gays, en fin, que va hasta la separación entre ellos y luego su forzada reunión, más con la inconsciente intención del final feliz que de una ruptura marcada por la infelicidad y lo insoportable. Lo que lleva un poco al punto de partida de la obra literaria: una escena de gays con lametones de nalgas y penetración anal. PP para un culo ‘de carne perfecta, reluciente’ capaz de ser ‘sujeto y objeto de un placer completo, redondo y autónomo, tan distinto del que sugieren esos anos mezquinos, fruncidos, permanentemente contraídos en una mueca dolorosa e irreparable’. (2) 

Algunos críticos han aludido al carácter no erótico de la novela, aspecto del que no carece del todo el filme, aunque en algunos casos, como ya se insinuó, el resultado se parezca más a un desfile de cadetes, a un cambio de la guardia presidencial o a una columna pretoriana de paracos, que a algo que de verdad excite los sentidos y en forma eventual suscite un clímax u orgasmo. Lulú, 15 años, vive una infancia carente de afecto y de pronto se siente atraída por un joven amigo de la familia, al que hasta ahí ella había deseado con cierta vaguedad, cierto desdén, relativa informalidad. Tras esta experiencia inicial, la eterna niña alimenta por años en soledad el espectro de aquel sujeto que termina por sucumbir a la idea inconsciente del incesto (que también nutre en su mente Marcelo, el hermano de Lulú), y de extender sin término fijo, un contrato sin firmas: el de una singular relación erótica que prolonga la lúdica erótica de la niñez; hecho que de acuerdo con Freud de paso desmiente la asexualidad infantil.

En efecto, en su libro Autobiografía, el polímata vienés habla del encuentro frente al hecho de la sexualidad infantil, que iba en contra de los más radicales prejuicios de los hombres: por lo general, se acepta, Freud dixit, que la infancia es ‘inocente’, libre de cualquier impulso sexual y que la lucha contra el demonio de la ‘sensualidad’ apenas empieza con la agitación y el desborde de la pubertad (3). Ya Freud ha puesto de presente que las investigaciones sobre causas y fundamentos de la neurosis los llevó a él y otros, con una intensidad cada vez mayor, a descubrir conflictos entre los impulsos sexuales del sujeto y la resistencia contra la sexualidad, factores estos siempre en la mira del Poder para hacerlos objeto de control. De ahí surgió el libro Sexualidad infantil y neurosis. Lulú es víctima de esos impulsos, por estar identificados justo con la idea del incesto, como se ve en su relación, entre machista y tiránica, por parte de Pablo, como queda demostrado desde el primer momento del vínculo…

En efecto, Pablo la mira de arriba abajo y cuando llega a sus pies lo primero que suelta es: son los zapatos más horribles que he visto en mi vida. Lo que ya pretende marcar una relación no igualitaria, sino de dependencia por la lucha de clases, el buen gusto, la sofisticación. Lo que a la joven de 15 años poco le importa o la deja sin cuidado pues ella sólo está enamorada del amigo de su hermano, que a propósito también está cruzado, ya se dijo, por el asunto del incesto y que luego se resolverá de modo brutal en el epílogo del filme. Pablo crea para Lulú un mundo al margen, privado, clandestino, en el Atelier de su madre: lo que, por otro lado, habla del complejo de Edipo. Relación en la cual el niño concentra sobre la figura de la madre sus deseos sexuales y desarrolla impulsos hostiles hacia el considerado un rival, su padre. Actitud que, cambiando lo que haya que cambiar, es también la de la niña: toda variación y efecto del Edipo son claves hasta que el niño hace conciencia de la diferencia de los sexos…

Durante esta época de investigación y descubrimiento sexuales, para su uso particular crea teorías sexuales típicas que, al depender de la imperfecta organización somática infantil, mezclan lo verdadero y lo falso, sin lograr resolver los líos de la vida sexual, v. gr., el de la dependencia de los niños, lo que en el argot científico se llama el enigma de la Esfinge: así, la primera elección de objeto infantil es, pues, incestuosa. Aún en el punto culminante del desarrollo sexual infantil una suerte de organización genital tomó forma; pero en ella sólo jugaba un rol el genital masculino, mientras permanecía ignorado el femenino, lo que se conoce bajo el mote de primacía fálica. Para Freud, entonces, la antítesis de los sexos no equivalía a la de masculino y femenino, sino a la de poseedor de un pene y al castrado. Que en cierto modo es aquí el caso de Lulú, como lo fue en Ninfómana Vol. 2 (4), ante todo, el caso de Joe, cuyo complejo de castración es clave para la formación del carácter y la neurosis.

Fuera del universo íntimo donde el tiempo se detiene o pierde valor y el instinto erótico se relaciona con la más alta forma de espíritu, aquí baja por vía de Pablo, vinculado con ello están desde la Historia, por un lado, el gran cajón de sastre del Cine S y del Destape y, por otro, la Movida madrileña, ambos surgidos a la muerte del dictador Franco, el bien hipócrita, m. en nov.75, ambos encapsulados en lo que se llamó Cine de la Transición (1975-1982) a la (supuesta) Democracia, ambos encubridores de una realidad social y política siniestra, podrida y corrupta. Si se toma la muerte del tirano y la victoria del PSOE en las elecciones generales que llevaron al Poder en 1977 a la Unión de Centro Democrático (UCD), de Adolfo Suárez (de ahí, el CD de Uribe) y luego, en 1982, tras el Golpe fallido de Tejero, Armada y Miláns del Bosch en el 81, al polémico Felipe González (FG), autor del genocidio de ETA entre 1982 y 96, el mandato más largo de un jefe de Gobierno dizque democrático en España.

Puede decirse en este punto que la secuela más evidente de tal gestión es la supervivencia del erotismo, esa aprobación de la vida, hasta en medio de la ineluctable muerte. FG dice que pudo ordenar liquidar a la cúpula de ETA, ‘y no lo hizo’ (5). A partir de ahí, los cambios en el cine español fueron lentos y poco eficaces. Apareció un cine heterogéneo, con un poco de todo como en botica: desde el más reaccionario, el de Eduardo Manzano (España debe saber, 1976), Mariano Osores, Rafael Gil, hasta el menos conforme de izquierda, el de Juan A. Bardem, Pere Portabella, Paulino Viota, pasando por el moderado y, más allá, pusilánime, de derecha, el de José M. Forqué, Pedro Lazaga, Pedro Masó. También, filmes de una radical ideología: Camada negra (1977), de Gutiérrez Aragón, quien muestra cómo se formaron los grupos de ultraderecha de esa época; El puente (1977), del citado Bardem, quien aborda la concientización sindical en instantes en que resulta imperioso asumir una postura individual.

No podría obviarse a las cineastas: Después de… (1981), de Cecilia Bartolomé, documental sobre el fin del franquismo y los años iniciales de la Transición, con sus dos partes: No se os puede dejar solos y Atado y bien atado. Tampoco, los filmes de la Nostalgia de José L. Garci: Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada (1978) y Las verdes praderas (1979), filmes que fueron seguidos por otros cineastas de aquel periodo; u otros sobre el terrorismo, tema clave en la España de entonces: los acercamientos al asesinato de V. Carrero Blanco: Comandante Txiquia (1977), de José L. Madrid y Operación ogro (1979), de Gillo Pontecorvo, a los que se les critica no lograr un óptimo distanciamiento frente al tema. Quien sí lo logra es Imanol Uribe, con cuatro filmes de entre las décadas del 70 y 90 sobre la situación socio/política del País Vasco: El proceso de Burgos (1979), La fuga de Segovia (1981), La muerte de Mikel (1984) y Días contados (1994), mezcla de documental y thriller.  

A la partida de Franco, el cine español se sexualiza por dos vías distintas: una, con filmes que pretendían desentrañar formas de sexualidad reprimidas por la Dictadura, pero sin sexo explícito y destinados a un público amplio y heterogéneo; otra, la del citado gran cajón de sastre del cine S, con filmes de escaso valor artístico que mezclan lo erótico con la crítica burlona y vulgar sobre hechos vigentes (golpe de Estado, democracia, divorcio, socialismo) y en apariencia de liberación sexual, en realidad ultragodos, que advertían a las mujeres sobre los peligros por conductas sexuales escandalosas; y de Destape, tendencia dentro de la cual había una gran cantidad de actores y técnicos en paro forzoso dada la situación crítica de la industria del cine español, con dos fases de producción: 1. Experimental e introspectiva, que va de 1977 a 79. 2. Bajo presupuesto, ya por completo comercial y de baja calidad, entre 1980 y 82. A partir de ahí la dicotomía decente/indecente se instaló en la conciencia colectiva.

En igual sentido opera la Movida madrileña, movimiento de Contracultura que se dio en los primeros años de la Transición y se extendió por otras provincias hasta mediados de la década de 1980, bajo el mote genérico de La Movida. En su afán de la difusión y del mito se destacan los programas musicales de Radio España, con Jesús Ordovás, Rafael Abitbol y Gonzalo Garrido, Radio El País, con Moncho Alpuente, Radio Popular, con Julio Ruiz; los fanzines como Licantropía y Monster, La pluma eléctrica, 96 lágrimas y Du Duá, de Sardinita, Rockokó, de Miguel Trillo, Ediciones Moulinsart, de Pepo y Kiko Fuentes; las revistas La Luna y Madrid Me Mata, de Óscar Mariné, y otras que fueron el baluarte del movimiento, que fue reflejado por programas de TV como Musical Express, Popgrama, La bola de cristal. Para entonces se despenalizó la homosexualidad y la venta de preservativos y resurgió el feminismo, la liberación sexual y el laicismo en la sociedad, todo ello a instancias del Estado.

Por otra parte, se dio un fenómeno que pocas veces se analiza: paralelo a la pauta dictada por los círculos musicales, pero antes por los del Poder, con el arribo de las drogas a España se provocó la muerte de muchísimas personas del cine, la música y el teatro afectos a La Movida. El consumo de psicotrópicos llevaba implícitos los (anti)valores del yoísmo/individualismo, el nihilismo, la vanidad, en fin, la competencia y el (etéreo) éxito, que sus integrantes auparon como emblemas y modos de vida (eros) hacia la muerte (tánatos). Quizás por lo mismo, olvidaron que el fundamento del erotismo es la excitación y sucumbieron en el marasmo de la velocidad y el vértigo laboral, el mismo que lleva a la enajenación, a evadir el trabajo para sentirse en sí, a no laborar para estar en lo suyo, a ejercer el trabajo voluntario y no el forzado, pero no pudieron porque el Sistema anula y persigue a los que pretendan retarlo a ceder frente a sus propósitos de manipularlos/oprimirlos y de reprimir a trabajadores y pueblo en general.  

En suma, olvidaron a Marx: “¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste”. Así cierra Marx sus reflexiones sobre el trabajo en su libro Manuscritos económico-filosóficos de 1844… (6)        

Y parte de esa coacción física, en el mundo del trabajo, es el suministro de drogas, mediante el cual se facilita la obediencia, la sumisión, el servilismo y a la vez se impone el amo o el soberano, el capataz o el verdugo, el esclavista o el represor, que buscan uniformizar las conciencias vía pensamiento único y romper los lazos sociales que derivan del pensamiento complejo. Eso lo refleja, así sea a escala micro, el mundito privado de Pablo y Lulú incluso cuando el primero lleva a la segunda a vivir en un apartamento más pequeño que el Atelier de su madre y poco a poco introduce, primero, muebles y sofá y cama, y, luego, el miembro en el indefenso/enamorado agujero de Lulú, de 30 años ya, con sus progresivas variantes de relación sexual tales como hombres trans (Ely), gays y demás especies del orbe LGBTIQ+, hasta llegar al extremo de vendarle los ojos a su esposita, para que su hermanito Marcelo realice su sueño del incesto, eso sí luego de que él ha cumplido el suyo: el de papá incestuoso.

En otras palabras, Las edades de Lulú, tanto novela como filme, describen un drama machista y patriarcal, así no sea esa la intención de Almudena Grandes ni de José J. Bigas Luna, sino que éste simplemente se limita a mostrar lo que ya está en el universo literario de aquélla. Mostrar, v. gr., que Pablo y Lulú hablan poco y tiran mucho, que unas veces aquél es tierno y otras violento, mientras ella observa al ser humano que se muestra en unos casos superior y en otros, inferior, el que la admira y escoge como su esposa, la única forma como él veía a una mujer y bailaba con ella de modo casto y correcto, hasta que por alguna razón asomaba el fantasma de los celos y se ponía furioso y agresivo. Y tras nacer la hija, es decir, cuando los sujetos del incesto han pasado a ser amantes, comienza a disolverse la pareja de amantes, mientras al tiempo de a poco se distancian hasta que entran en la etapa ya ineludible de la inminente separación y del hartazgo mutuo, hasta entrar en el limbo de los peligros sexuales.

August Strindberg en El hijo de la sierva (7): ‘Le gustaban las chicas, le gustaba cogerlas por la cintura, se sentía como un hombre cuando lo hacía. Pero en cuanto a hablar con ellas, ¡no, no! Entonces se sentía como si estuviera tratando con otra especie de ser humano, en algunos casos superior, en otros, inferior. Admiraba en secreto a la débil y pálida niña y la había elegido para que fuera su esposa. Esa era todavía la única forma en que podía pensar en una mujer: como esposa. Bailaba de una manera muy casta y correcta, pero oía historias horribles sobre sus amigos, historias que no comprendió hasta más tarde. Podían bailar el vals al revés por la habitación de una manera muy indecente, y contaban historias traviesas sobre las chicas”. Fragmento útil para mostrar los vasos comunicantes entre las obras de arte y las distintas formas de abordar un tema, asunto o problema, con lo que hay de igual o distinto, lo que las acerca o distancia, lo que pueden ayudar a aclarar u oscurecer una visión de mundo.

Diversos estudios hablan de la obra de Almudena Grandes como de una Bildungsroman o novela de formación, al estilo de Las penas del joven Werther (1774) o Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795/96), novelas, ambas, de Goethe, relacionada con el tema del despertar a la sexualidad; también, como de una novela entre erótica y porno que puede leerse desde tres ópticas: lo puramente sexual, en modo educación sentimental (como la novela homónima de Flaubert, La educación sentimental, 1869) o aprendizaje vital y, más allá, autodescubrimiento del sujeto, aquí, mujer. La narración va de la adolescencia a la madurez, de los 15 a los 30 años, de Lulú, quien estudia en colegio de monjas y pasa de la ingenuidad al extravío en tres etapas: la de su despertar al sexo inducida por Pablo, tras un concierto a fines del franquismo y un encierro de casi un mes, al cabo del cual, se reitera, va a una U. gringa en tanto profesor de castellano; pasado un lustro, vuelve, la busca y se casan.

Entre pompa y circunstancia algo forzadas, y de ahí a las perversiones de todo tipo, o de uno, el trans Ely, u orgías con gays y travestis. La segunda etapa sería la de Lulú plena, enamorada y en armonía, más que feliz, como para dejarse tentar por el desborde. La tercera, es la del descenso a los infiernos, tras dejar al marido e irse con la niña, y ante todo, después de caer, con los ojos vendados o contra su voluntad, en un mènage a trois… ¡con su hermano! y con su hasta ahí marido: los excesos aquí no son fáciles de soportar, ni por el más aberrado de los marqueses de Sade, Anaïs Nin o la parejita siniestra de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. (8) Es decir, Lulú abandona a Pablo cuando descubre que el incesto del que hace parte es un engaño, que él es un obstáculo en su devenir y un impedimento para aprender/crecer en su vida. De ahí lo que dice Lulú en la novela: El incesto no había entrado nunca en mis planes […] Entonces me convencí de que jamás crecería mientras siguiera a su lado. (1990: 227)

Contra lo que pudiera pensarse, pasada la tercera etapa de camino a perdición o al borde del abismo (como Los reyes del mundo, siempre al borde del abismo) (9) o a un pelo de perder la vida, la reaparición de Pedro no es la de un salvador: quizás se trate, más bien, de haberse arrepentido por lo ya hecho, el haberla conminado al incesto por partida doble: la búsqueda insaciable de placer sexual y el trofeo para los dos machos incestuosos. Pablo no es el que la rescata de ningún envilecimiento (el que si se da, es en ambos) a causa de la hipersexualidad común, sino el que la ha hundido en la desgracia existencial al llevarla al punto de no retorno en la cosa sexual. Tampoco es aquél el que la salva del derroche, en ella misma, del dinero que supuestamente va para el cuidado de su hija. Pablo, en últimas, no es otra cosa que alguien que ha cavado una fosa para otro, u otra, y primero cae en ella, diría Dostoievski. O diría con certeza Confucio: ‘Antes de embarcarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas’.             

En conclusión, Las edades de Lulú, es un drama y un thriller entre sexual y psicológico que en su narrativa pasa del deslumbramiento inicial a la oscuridad y al desencanto postreros, en un filme más cercano al cine como industria que al cine como arte, lo que coincide con el libro El cine como arte de Rudolf Arnheim (1904-2007) (10). Y es que de cara, v. gr., al Cine del Destape o a la Movida madrileña es muy poco el valor que tiene el filme de Bigas Luna en cuanto a contribuir a entender el porqué de la represión sexual en la España de Franco, si se lo compara con El milagro de P. Tinto (1998), de J. Fesser; o de la GC (1936-1975), comparado con Las largas vacaciones del 36 (1976), de Jaime Camino, Retrato de familia (1976), de A. Giménez Rico, Soldados (1978), de A. Ungría, según la obra de Max Aub; o la inmediata posguerra, con Días del pasado (1977) y La colmena (1982), de Mario Camus y El corazón del bosque (1978) y Demonios en el jardín (1982), de Manuel Gutiérrez Aragón.

Fuera de los temas del sexo o la liberación de las mujeres como factores de transgresión, dentro de la mal llamada Transición, pues nunca llevó ni llegó a la democracia, esa especie tan mentada y tan mentida, hubo filmes de la izquierda militante que lanzaron fuertes dardos en contravía de la ruta que tomaron los sucesos políticos y sociales entre 1975 y 82, por lo menos. A título de ilustración, tres ejemplos: Con uñas y dientes (1978), de P. Viota, filme que por vía de una huelga describe la amargura de los trabajadores, y la corrupción y la violencia que anidan en los odres vacíos de los patrones que buscan impedirla y a su vez retrata las esperanzas frustradas de un amplio sector social en esa democracia que nació muerta. Numax presenta, I Parte (1979) y Veinte años no es nada, II Parte (2005), de Joaquim Jordà (1935-2006, ver su documental De niños, sobre el barrio de El Raval), quien da voz a los obreros de la fábrica de ventiladores en su autogestión, tras ser abandonados por sus jefes.

La inspiración, vía Escupiré sobre vuestra tumba, que le llevó a A. Grandes a Las edades de Lulú (Pocos libros han hecho tanto por sus autores como esta novela hizo por mí) puede inferirse a partir del Prólogo del propio Boris Vian escrito bajo el seudónimo de Vernon Sullivan: “Hacia julio de 1946, Jean d’Halluin conoció a Sullivan, en una especie de reunión franco–americana. Dos días más tarde, Sullivan le entregaba su manuscrito. En el entretanto, le contó que se consideraba más negro que blanco, pese a haber cruzado la frontera; como se sabe, varios millares de negros (considerados como tales por la ley) desaparecen todos los años de las listas de empadronamiento y se pasan al otro bando; su preferencia por los negros le inspiraba a Sullivan una especie de desprecio por los buenos negros, por aquellos a los que los blancos, en las novelas, daban palmaditas cariñosas en la espalda. Opinaba que era posible imaginar, e incluso encontrar en la vida real, a negros tan duros como los blancos”. (11) Sic.

Así es, si se considera que Lulú, o María Luisa, es una blanca tan dura como los negros, que no ha tenido miedo a cruzar la frontera sexual para desafiar los prejuicios de la gente de bien, esa que en nada se parece a la gente decente; que hace rato desapareció de las listas de empadronamiento, desde cuando hizo parte de un colegio de monjas y luego fue conquistada, literalmente, por un joven que era un viejo que era un padre incestuoso aceptado por la sociedad, a la par que ella por la sociedad era despreciada o, por lo menos, ignorada; hasta que la literatura y luego el cine, es decir, hasta que el dolor tomó forma, la reintegraron a la sociedad. Pero, allí también sus deseos, anhelos o esperanza se torcieron con el tiempo cuando el factor erótico derivó en pornográfico, y tuvo que jugar a las dos bandas hasta que se despeñó por el laberinto de la soledad y fue a chocarse contra el desdén y la furia del que fuera su amante admirado, para luego tener que resignarse a reunirse en igualdad de duelos…

Así, se cita a Kafka sobre Strindberg: ‘Me siento mucho mejor porque he leído a Strindberg… No lo he leído por leerlo, sino por apretarme contra su pecho… ¡Esa furia, esas páginas [logradas] a fuerza de puños!’. No exagera el checo al hallar un aserto tan brillante y preciso sobre el autor de El hijo de la sierva, obra autobiográfica sobre infancia y pubertad del futuro creador de Infierno y Alegato de un loco. Lo que quizás le atrajo a Almudena de él es lo que sin duda hay en su obra: una voluntad de poder a toda prueba y una diatriba sin rodeos sobre el orden filial y la medianía e hipocresía social: tópicos que en su filme reflejan las actitudes en apariencia empáticas de Lulú y Pablo, la idea de un idilio eterno, que rápido se estrella contra la realidad torpe y fugaz de dos seres habitados por desajustes y falencias de orden metafísico, anclados en la soledad y el dolor de unas vidas en crisis y sumidas en lo patológico que, por vía del arte, devienen en la catarsis hiriente pero necesaria para el autoconocimiento.

Para terminar, Las edades de Lulú es un filme más porno que erótico: uno que pasa del Soft-Core al Hard-Core, sin solución de continuidad. Una obra de escaso valor artístico en tanto tiene más nexos con el cine industrial que con el artístico; también, porque su aporte para entender la represión sexual durante el franquismo es muy relativo frente a otros filmes hispanos de la época: Lucía y el sexo (2001), de Julio Medem, Amantes y La pasión turca, de Vicente Aranda e incluso La viuda negra (1977), de Arturo Ripstein, según el drama Debiera haber obispas, de Rafael Solana, o La puta y la ballena (2004), de Luis Puenzo, la historia de la escritora Vera sobre un cetáceo que se pierde dos veces en la misma playa y la corista que deriva puta en la Patagonia; en fin, porque el de Bigas L. antes que evitar, favorece la permisividad censora de la época típica de la etapa fílmica posterior a 1968, cuando entró en vigor la clasificación X del cine rojo, no por comunismo sino por erotismo y pasión… (12)

Clasificación que no sólo regía en el tema de la sexualidad sino en el de la escatología, como puede verse en Turks Fruit (1973) o Delicias turcas, de Paul Verhoeven, cuya distribución fue hecha por la respetabilísima (R. Gubern) Warner Bros. La diferencia entre la excitación que produce el cine erótico y la eyaculación a que lleva el cine porno, el primero con un espectador que se beneficia por su preeminencia visual y el segundo con unos actores en los que sólo sus genitales están en contacto, ya no sus cuerpos, induce a pensar que a veces basta con sugerir y no necesariamente con mostrar. Al respecto, El espíritu de la colmena (1973), de V. Erice, con su marcado tono de cuento infantil (13), permite percibir lo que no se ventila sobre la represión, mientras Las edades… facilita captar el gobierno de la mirada machista incluso al escenificar secuencias de lesbianismo. El filme de Bigas L. niega el habla, mientras el de V. Erice deja ver cómo es posible resistir y comunicar en un espacio de incomunicación.  

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) https://co.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-002&ei=UTF-8&hsimp=yhs-002&hspart=sz&param1=3458477277&p=las+mejores+intenciones+bille+august+pel%C3%ADcula+completa&type=type80260-2133086105#id=1&vid=b6fbd53caba235c66ba4de869604106d&action=click 

(2) GRANDES H., María Almudena. Las edades de Lulú. Tusquets, Barcelona, 1990, 288 pp.: 9.

(3) FREUD, Sigmund. Autobiografía. Alianza Edit., Madrid, 1970, 193 pp.: 39 a 53.

(4) https://rebelion.org/un-despertar-sin-interes-por-el-futuro/ 

(5) https://elpais.com/diario/2010/11/07/domingo/1289105554_850215.html 

(6) MARX, Karl. Manuscritos económico-filosóficos de 1844

(7) STRINDBERG, August. El hijo de la sierva. 

(8) https://elpais.com/internacional/2025-04-26/virginia-giuffre-victima-de-jeffrey-epstein-que-acuso-al-principe-andres-se-suicida-a-los-41-anos.html?ssm=FB_CM&utm_source=fb&utm_medium=social 

(9) https://www.eltiempo.com/cultura/cine-y-tv/cine-colombiano-nueva-generacion-de-cineastas-triunfa-en-los-festivales-703634 

(10) ARNHEIM, Rudolph. El cine como arte. Eds. Infinito, Buenos Aires, 1971, 190 pp.: 15.

(11) VIAN, Boris. Escupiré sobre vuestra tumba. PDF, 164 pp.

http://intranet.utvm.edu.mx/biblioteca/libros/Boris%20Vian%20-%20Escupire%20sobre%20vuestra%20tumba.pdf

(12) GUBERN, Román. La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas. Anagrama, Barcelona, 2006, 373 pp.: 11.

(13) https://rebelion.org/resistir-y-comunicar-en-un-espacio-de-incomunicacion/   

FICHA TÉCNICA: Título original: Las edades de Lulú. País: España. Año: 1990. Gén.: Erótico / Porno / Drama / Thriller sexual / Thriller psicológico. For.: 35 mm; color; 95 min. Dir. y guion: Bigas Luna, basado en la novela homónima de Almudena Grandes. Dir. Artística: Rafael Palmero. Prod.: Andrés V. Gómez. Mús.: Carlos Segarra. Fot.: Fernando Arribas. Mon.: Pablo González del Amo. Int.: Lulú / María Luisa (Francesca Neri); Pablo (Óscar Ladoire); Ely (María Barranco); Marcelo (Fernando Guillén Cuervo); Chelo (Rosana Pastor); Palanqueta (Javier Bardem); Encarna (Pilar Bardem); Madre de Lulú (Marta May); Cristina (Gloria Rodríguez); Alicantino (Ángel Jové). Prod.: Lolafilms. Dist.: Umbrella Entertainment. Premios: Goya para María Barranco a Mejor Actriz de Reparto. Enlace del filme: https://co.video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-sz-002&ei=UTF-8&hsimp=yhs-002&hspart=sz&param1=3859048281&p=las+edades+de+lul%C3%BA+novela+Tusquets+1989&type=type80260-2133086105#id=2&vid=5a90ca327372d64a4472502a44182144&action=click 

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por la UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 14.abr.2025 fue publicado en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por salir en este año. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: lucasmusar@yahoo.com

«Marx es un pensador de una talla descomunal, pero con las limitaciones inevitables de su tiempo»

7 Junio 2025 at 06:45

Carlos Tuya (Madrid, 1941) es un político, escritor y periodista español vinculado desde su juventud a la lucha antifranquista. Participó activamente en la creación de las Comisiones Obreras de Artes Gráficas de Madrid. En 1973, fue uno de los organizadores de la OPI (Oposición de Izquierdas), corriente de opinión del Partido Comunista de España (PCE), nacida con la intención de abrir un debate sobre la necesidad de una política revolucionaria para España, que debía caracterizarse por un enfoque democrático, antioligárquico y antimonopolista, y estar basada en la unidad de la izquierda, tal como se recoge en su obra Aspectos fundamentales de la Revolución española: La vía al socialismo en un país desarrollado (1977). Posteriormente, cuando la OPI se transformó en el Partido Comunista de los Trabajadores (PCT), fue elegido secretario general, cargo que ostentó hasta su disolución en 1980. De esa época es su libro La función histórica del Estado y la democracia (Akal, 1980). A partir de entonces se dedicó principalmente al trabajo teórico. Carlos Tuya ha desarrollado una amplia producción intelectual, reflejada en numerosos artículos, recogidos en el libro Los pasos y la meta (Amazon, 2023). Tras el colapso de la Unión Soviética y el derrumbe del bloque socialista, ha centrado sus estudios en analizar las causas de ese fracaso, que supone el cuestionamiento de gran parte de la teoría marxista. Fruto de esta etapa de reflexión son sus libros La Democracia Ampliada (2015), Marx desencadenado (2017), El robot socialista (2019) y El voto y el Algoritmo (2022), todos ellos publicados en Amazon. Su último libro publicado por El Viejo Topo lleva por títuloGanancia social, beneficio privado. Explotación capitalista y transformación socioeconómica en la economía del conocimiento.


Salvador López Arnal.- Enhorabuena por su último libro. No son pocas las sugerencias, las nuevas categorías, las críticas argumentadas y las propuestas que en él podemos leer y estudiar. Empiezo por el título: ¿qué debemos entender por «ganancia social»?

Carlos Tuya.- Antes que nada, pido disculpas por la excesiva simplificación de mis respuestas. Son cuestiones tan complejas que he necesitado escribir un libro para abordarlas con un mínimo de rigor. En cuanto al concepto «ganancia social», es un término que se utiliza habitualmente en varios sentidos, pero que yo uso para referirme a la riqueza generada por el sistema productivo, que siempre tiene una dimensión social, incluso en el caso de ser fruto de una sola persona –un artesano, por ejemplo– ya que su trabajo solo es posible en un espacio relacional, y gracias a su educación y aprendizaje. Lo mismo podría decirse de cualquier actividad productiva basada en el conocimiento y la creatividad. Dicho de forma más precisa, la «ganancia social» es el remanente de riqueza, o beneficio, que el sistema capitalista convierte en privado para los propietarios de los medios de producción. ¡Salvo si los propietarios son trabajadores, cuyo medio de producción es su conocimiento! Y que en la Era Digital conforman la gran mayoría. Esa es una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo. De ahí el título del libro: Ganancia social, beneficio privado.

Salvador López Arnal.- Sigo con el subtítulo, dos preguntas. La primera: ¿qué deberíamos entender por explotación capitalista? ¿Qué tipo de explotación es la explotación capitalista?

Carlos Tuya.- La explotación capitalista es el mecanismo por el cual la empresa privada se apropia de la ganancia social creada en su seno en virtud del derecho de propiedad. Esto incluye no solo a los dueños de la empresa, sino también a los socios, inversores y prestamistas; es decir, a toda la llamada cadena de valor. Por ejemplo, en el capitalismo financiero, la explotación es indirecta (lo que le otorga una gran flexibilidad y una escasa responsabilidad social), ya que se basa en la mayor rentabilidad del capital aportado, sea cual sea el espacio de creación de riqueza. Marx habla de plusvalía o plustrabajo, un concepto vinculado al valor de la fuerza de trabajo, que resulta insuficiente para describir la economía del conocimiento. El caso más paradigmático y extremo de economía del conocimiento son las plataformas de socialización como Facebook. ¿Dónde se origina la ganancia que Meta convertirá en beneficio? ¡En los usuarios! No se les paga nada, no se les pide nada; simplemente los algoritmos procuran que «habiten» en la plataforma el mayor tiempo posible mostrando sus gustos y preferencias de consumo, sus motivaciones culturales y políticas, sus fobias y pasiones…. Esa es la fuente de valor para las grandes tecnológicas y el poderoso instrumento de manipulación que utilizan. Aquí no tiene cabida el «tiempo socialmente necesario» del que hablaba Marx.

Salvador López Arnal.- La segunda: ¿en qué consiste la economía del conocimiento?

Carlos Tuya.- Es la nueva fase del sistema productivo capitalista en la que los «intangibles» juegan un papel preponderante, cuando no exclusivo, en la generación, distribución y uso de riqueza. Mientras que en la economía industrial los factores de producción son tierra, trabajo y capital, en la economía del conocimiento son pensamiento (saberes, ideas, creatividad, innovación), tecnología e información. Es lo que llamo Capital Intelectual del Trabajador, el activo más valioso en una empresa, cuya característica principal es que pertenece al trabajador. No se agota en el trabajo materializado en las mercancías, no lo pierde cuando es contratado, sino que lo invierte. Y como inversor, debería poder ejercer sus derechos mediante lo que llamo la cogestión ejecutiva, la plasmación del derecho a intervenir con voz y voto en la gestión de la empresa y su toma de decisiones, así como a participar en los beneficios. Sin embargo, la empresa lo acapara y acumula como capital propio. Con el concepto Capital Intelectual del Trabajador (conocimientos, habilidades, experiencias, creatividad) busco superar la visión reduccionista del trabajador como mera fuerza de trabajo intercambiable al ejecutar tareas rutinarias y repetitivas, propia del fordismo y taylorismo.

Salvador López Arnal.- Señala usted que el «objetivo de este libro es analizar cómo puede llevarse a cabo un proceso gradual de transformación del sistema socioeconómico capitalista desde perspectivas alineadas con los avances científicos, básicamente las Ciencias de la Complejidad». ¿A qué tipo de conocimientos se refiere usted con la expresión «ciencias de la complejidad»?

Carlos Tuya.- A los que aportan las Ciencias de la Complejidad (sistemas autoorganizados, teoría de redes, teoría del caos, geometría fractal, teoría de las catástrofes, bifurcaciones, estructuras disipativas, etc.), imprescindibles para analizar de manera «científica la sociedad, ya que estamos ante sistemas no lineales, complejos, abiertos, dinámicos y adaptativos, con propiedades emergentes. Solo conociendo el comportamiento de los sistemas complejos podemos plantearnos su transformación, y entender las razones por la que debe ser necesariamente gradual. Y comprender por qué uno de los factores más importante (pero no el único) para dicha transformación son las capacidades científicotécnicas de la Era Digital: las tecnologías de la información (capitalismo informacional lo llama Manuel Castells), la automatización y robotización inteligentes, la supercomputación (pronto cuántica), el procesamiento masivo de datos(Big data), los Sistemas expertos, los Agentes Inteligentes, y la Inteligencia Artificial.

Salvador López Arnal.- ¿Qué es el capital humano? ¿Es un concepto equivalente al saber intelectual del trabajador? ¿No es contradictorio hablar de capital humano?

Carlos Tuya.- Si, por eso, en la introducción del libro, lo rebato ampliamente. El capital humano es un concepto adoptado por la OCDE para contabilizar los intangibles en la economía del conocimiento, en este el conjunto de conocimientos, habilidades, competencias y atributos que poseen los trabajadores. Se le considera parte del llamado Capital Intelectual de una empresa junto con el capital estructural y el capital relacional. Pero no es un concepto «neutro», sino interesado, ya que supone considerar propiedad de la empresa la aportación intelectual del trabajador, que pasaría a formar parte de su capital junto con el capital físico (maquinaria, edificios, etc.). Como digo en el libro, el derecho de propiedad del empresario le permite apropiarse de todo lo que se crea en su empresa como si lo hicieran máquinas. Y eso incluye el conocimiento aportado por los trabajadores.

Salvador López Arnal.- Déjeme insistir: ¿qué son las intangibles?

Carlos Tuya.- De forma muy general, los intangibles son activos no físicos que generan valor, como conocimientos, habilidades, experiencia y creatividad, y sus derivadas: imagen de marca, fiabilidad, know-how desarrollado por organizaciones, software, datos, plataformas digitales, etc. Hay un apartado en el primer capítulo de mi libro titulado «El intangible valor de los intangibles», que lo dice todo sobre la naturaleza de estos activos característicos de la economía del conocimiento. Una de sus peculiaridades de mayor trascendencia teórica es la inaplicabilidad de la teoría valor-trabajo que, no lo olvidemos, nace como una herramienta de análisis del capitalismo industrial, donde la mercancía se caracteriza por su divisibilidad y exclusividad. En la economía del conocimiento, los intangibles son indivisibles, intercambiables, reproducibles, transmisibles, difusibles, compartibles, incluso pirateables. Todo ello afecta de facto al principio jurídico de la propiedad empresarial, a la vez que otorga una nueva dimensión a la explotación capitalista.

Salvador López Arnal.- ¿Por qué da usted tanta importancia a la inteligencia artificial? En su opinión: ¿instrumento para mejorar la vida humana o, más bien, un medio de generar graves disrupciones socioeconómicas, sin olvidar su uso en genocidios como el ejercido por Israel sobre Palestina?

Carlos Tuya.- Ya he señalado que la Inteligencia Artificial juega un papel fundamental en el proceso gradual de transformación del capitalismo, posibilitando, por ejemplo, la implementación de formas democráticas de planificación de la actividad económica, el incremento de la racionalidad del mercado, o facilitando las nuevas formas de democracia participativa, deliberativa y directa, etc. Su impacto en la actividad socioeconómica y cultural es impresionante. Ya forma parte de nuestras vidas la mayoría de las veces sin que seamos conscientes de ello. No exagero si digo que la Inteligencia Artificial es la creación humana con mayor capacidad de transformación. Hoy no solo hace cosas por ti mediante la automatización y robotización inteligente, sino que puede pensar y crear por ti gracias a las potencialidades de la Inteligencia Artificial generativa, como GPT-4. Y, lo más inquietante, puede decidir por ti. Por ejemplo, invertir en bolsa, pero también matar y destruir mediante drones, como parece que ocurre en Gaza, tal como sugieres. Su potencial es tan enorme que ha originado un intenso debate sobre la necesidad de regular y controlar su uso. Digamos que esa es su faceta positiva. Pero, al mismo tiempo puede ser un instrumento poderoso de dominación, especialmente si se encuentra en manos de las grandes corporaciones tecnológicas, cuyo objetivo es conseguir los mayores beneficios y, como se ha visto con la nueva presidencia de Trump, el acceso directo al poder político. Por eso, la Inteligencia Artificial se ha convertido en una cuestión política estratégica.

Salvador López Arnal.- No son pocas las críticas que realiza a la teoría marxista del valor-trabajo (o teoría laboral del valor). ¿Nos puede señalar las más importantes? ¿El valor de un bien o servicio no está relacionado con la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción?

Carlos Tuya.- Es un tema complejo, multifacético, con dimensiones filosóficas y no solo de economía política. Ocupa casi la mitad del libro así que tratar de dar una respuesta breve y concisa es prácticamente imposible.

Salvador López Arnal.- De acuerdo, tiene razón. Le ruego un intento.

Carlos Tuya.- Quizás sirva comparar una mercancía de la economía industrial con otra de la economía del conocimiento. El valor de una sartén, por ejemplo, sería la suma de los gastos necesarios para fabricarla, fácilmente cuantificables, lo que incluye el coste del tiempo invertido por el trabajador. Pensemos ahora en un software. Es evidente que el capítulo del gasto referido al trabajador informático no es referible a las horas que ha dedicado a crearlo, algo que depende de sus conocimientos, creatividad, experiencia, etc. El valor del software es un intangible lleno de incertidumbre e imposible de cuantificar con la teoría clásica del valor-trabajo. En realidad, todo intangible, fruto del conocimiento del trabajador, es una inversión.

Salvador López Arnal.- ¿Sigue siendo Marx un pensador para el siglo XXI? Usted, por ejemplo, sostiene que el filósofo alemán defendió un concepto mecanicista de la maquinaria.

Carlos Tuya.- Marx es un pensador de una talla descomunal, pero con las limitaciones inevitables de su tiempo, el desarrollo de la Revolución Industrial. Pero tuvo geniales intuiciones, desgraciadamente no desarrolladas, como la que denomina en los Grundisse «general intellect» para referirse a la inteligencia socialmente creada y objetivada en los medios de producción como consecuencia del desarrollo del maquinismo. Algo que se contradice con la visión mecanicista, lógica en su tiempo, de que, y cito textualmente, «la maquinaria, al igual que cualquier otra parte componente del capital constante, no crea ningún valor». El valor solo lo crea el trabajo humano, según Marx. Hoy existen robots que fabrican íntegramente mercancías sin intervención humana, que, por lo tanto, deberían carecer de valor. Estoy convencido de que Marx, al final de sus días, era consciente de las debilidades conceptuales y prácticas de la teoría valor-trabajo.

Salvador López Arnal.- El catastrofismo profético, el colapso inmediato del capitalismo, que usted critica con razones de peso y muy atendibles, ¿está implícito en el materialismo histórico en su opinión?

Carlos Tuya.- En cierta forma, pero no totalmente. Es más su interpretación vulgar y dogmática, finalmente voluntarista. El problema estriba en el determinismo lineal implícito en la concepción del cambio social como un proceso de tesis, antítesis y síntesis. La realidad se describe mejor mediante los sistemas complejos no lineales, abiertos, dinámicos y adaptativos, donde los desajustes y conflictos inherentes a un sistema por naturaleza inestable generan campos de posibilidades probabilísticas, tanto para las reformas adaptativas como para la transformación gradual del sistema.

Salvador López Arnal.- El colapso de la URSS, la desaparición del bloque socialista, el fracaso del socialismo en otros países, ¿anula o problematiza el ideal de sociedad igualitaria, comunista?

Carlos Tuya.- La aspiración a una sociedad igualitaria tiene un fuerte componente moral, pero también puede considerarse una exigencia sistémica en la medida en que la desigualdad extrema genera inestabilidad social y pone en riesgo la propia supervivencia del sistema. Los procesos evolutivos son la respuesta a presiones adaptativas, tanto internas como externas, que buscan mantener o incrementar la eficiencia y la eficacia del sistema. Es el resultado de estos procesos el que determina si se alcanza o no una sociedad más justa e igualitaria que, a su vez, incremente su eficiencia y eficacia. Si no lo consigue está en riesgo su supervivencia. El colapso del campo socialista es un ejemplo claro. Pero también la evolución de China.

Salvador López Arnal.- ¿Refuta ese colapso histórico ideas centrales de la teoría marxista de la historia?

Carlos Tuya.- ¿Refuta la relatividad general de Einstein la mecánica de Newton? La respuesta es no, pero la complementa y la expande. Es evidente que la teoría marxista de la historia, si es que tal cosa existe –habría que hablar de teorías con un nexo común– explica o posibilita el comprender, al menos parcialmente, ciertas fases o periodos de la historia de las sociedades humanas. Por ejemplo, el mecanismo propuesto por Marx de la relación dialéctica entre fuerzas productivas y relaciones de producción permite visualizar aspectos básicos de la evolución de las sociedades. El problema es cuando se quiere explicar todo, y en todo momento, desde presupuestos marxistas, algo nítidamente antimarxista.

Salvador López Arnal.- ¿Por qué afirma que la relación dialéctica entre las fuerzas productivo-destructivas de una sociedad y las relaciones de producción imperantes es una contribución marxiana, que usted acepta, pero que Marx no llegó a desarrollar plenamente?

Carlos Tuya.- En mi opinión, Marx pasó de la euforia a la indiferencia por razones que se me escapan. Tras la aparición de El origen de las especies de Darwin, Marx exclama alborozado que su tesis sobre la relación entre fuerzas productivas y relaciones de producción suponían en el campo social lo que la selección de las especies. Eran el motor del cambio histórico. Pero supongo que era consciente de que su formulación resultaba claramente economicista, como si esa relación llevara inexorablemente a que la humanidad cumpliera su telos histórico, y las sociedades se desenvolvieran progresivamente, pasando por el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, capitalismo y, finalmente, el comunismo.

Salvador López Arnal.- Sus críticas a Marx, ¿se extienden a otros autores de la tradición marxista? ¿Alguno en su opinión que tenga interés relevante?

Carlos Tuya.- La mayoría de los grandes pensadores marxistas que cito en el libro han realizado valiosas contribuciones al pensamiento original de Marx, adaptándolo a las nuevas realidades históricas y sociales, y corrigiendo posibles limitaciones o sesgos idealistas en unos casos, ampliando el foco sobre los factores evolutivos en otros, o incorporando los avances científicos. Lo que no tiene sentido es insistir en una ortodoxia marxista, como hacía la Academia de Ciencias de Moscú con su Manual, que habría horrorizado a Marx.

Salvador López Arnal.- Habla usted de la paradoja de los valores de uso y de cambio. ¿Cuál es el punto nodal de esa paradoja?

Carlos Tuya.- Es parecida a las paradojas de la física cuántica. Por ejemplo, la paradoja del agua y los diamantes descrita por Adam Smith para explicar el valor. O las diferencias entre valor y precio, cuya máxima expresión es que una mercancía puede tener un valor de uso inmenso pero su valor de cambio ser igual a cero. Paradoja que desaparece si pensamos que son manifestaciones de «momentos» espacio-temporales diferentes de la mercancía. La raíz de la paradoja estriba, en mi opinión, en la persistencia del idealista dualismo ontológico.

Salvador López Arnal.- El segundo capítulo del libro lleva por título «El perturbador papel del conocimiento». ¿Qué tipo de perturbación genera el conocimiento? ¿No es el conocimiento, el saber contrastado no dogmatizado, un bien para la Humanidad y, especialmente, para las clases más desfavorecidas?

Carlos Tuya.- En el segundo capítulo abordo cómo la economía del conocimiento supone, entre otras cosas, una «perturbación» de las categorías clásicas de la economía política, como valor-trabajo, y todo lo que ello conlleva. Pongo el ejemplo de una experta desarrolladora de software. En su trabajo aporta conocimiento, Y no solo no lo pierde, sino que lo incrementa. Lo utiliza, pero no se destruye. Es inconsumible. Es su «capital» que crece con su inversión como trabajo. Eso supone un cambio trascendental de paradigma. Y, claro, una conquista social de gran importancia estratégica.

Salvador López Arnal.- En su opinión, ¿podemos seguir hablando de plusvalía, en la acepción marxista del concepto?

Carlos Tuya.- Por supuesto. De hecho, es un término que está plenamente incorporado al lenguaje. Expresa un hecho admitido por todos, aunque no todos saquen las mismas conclusiones. Supone reconocer un hecho empírico: la producción de mercancías genera un sobrante, un beneficio, que deja de ser social en el sistema capitalista para convertirse en beneficio empresarial privado. Es el «derecho» del capital, y su razón de ser. Otra cosa es aceptar ese «derecho» sin más, simplemente porque nace de la contraprestación salarial.

Salvador López Arnal.- Lo ha tocado de pasado, pero me permito insistir. Habla usted de la cogestión ejecutiva, del derecho obrero a intervenir con voz y voto en la gestión de la empresa y su toma de decisiones. ¿Por qué es tan importante? De hecho, si no estoy mal informado, en algunas empresas nórdicas y alemanas los trabajadores han conquistado (aunque sea parcialmente) ese derecho y no parece que el mundo del capital se haya transformado sustantivamente.

Carlos Tuya.- Lo que llamo cogestión ejecutiva es la plasmación del derecho de los trabajadores a participar plena y efectivamente en la dirección, organización, toma de decisiones y beneficios de la empresa, algo que cobra una nueva dimensión en la economía del conocimiento, como he señalado. No se trata de una concesión del empresario a la busca de mayor compromiso y productividad de los trabajadores, sino de un derecho que, a su vez, democratiza la empresa. El reconocimiento efectivo de ese derecho no supone ya la transformación del sistema capitalista, con bien señalas, sino un cambio estratégico en las relaciones distribuidas de poder que suponen no solo la democratización del espacio empresarial, sino la «socialización» de la actividad productiva en el camino de la autogestión. Es un pilar del proceso gradual de transformación del capitalismo, ya que el motor deja de ser exclusivamente la maximación del beneficio del capital.

Salvador López Arnal.- Se refiere usted en diversas ocasiones al proceso gradual de transformación del sistema capitalista. ¿En qué consiste ese proceso gradual? Salvo error por mi parte, algunas de sus formulaciones parecen afines o no muy alejadas del discurso eurocomunista de los años setenta y ochenta, o incluso de la socialdemocracia de izquierdas (no, desde luego, del neoliberalismo realmente existente).

Carlos Tuya.- El gradualismo transformador no es una táctica adaptativa reformista, sino una exigencia evolutiva de carácter universal, propia de todo proceso que termina alumbrando una nueva «especie». Supone ir eliminando los aspectos no necesarios, desarrollando los más útiles y posibilitando la «emergencia» de otros nuevos, de forma que se mantenga y desarrolle la eficiencia del sistema. En otras palabras, el gradualismo permite la «poda» —apoptosis en lenguaje biológico— de las partes que ya no son útiles o que están impidiendo el desarrollo de nuevas funciones; y una «deriva» evolutiva, como ocurre con el lenguaje. Todos los intentos destructivos que pretenden partir de cero han terminado en fracaso.

Salvador López Arnal.- Señala también que el proceso gradual de transformación no es necesariamente un proceso lento. ¿No hay aquí una inconsistencia? ¿Proceso gradual no implica lentitud o, cuanto menos, transformación extendida a lo largo del tiempo?

Carlos Tuya.- En absoluto, lo gradual tiene una dimensión temporal y otra sustantiva. La dimensión temporal está sometida a numerosos condicionantes, como la correlación de fuerzas interna del sistema, las coyunturas político-económicas, la interrelación con el «exterior», etc. Pueden darse periodos de estasis y otros de aceleración. En la evolución biológica se conoce como equilibrio puntuado. En los sistemas sociales estos fenómenos son más abiertos, inciertos, y probabilísticos, ya que todos los agentes son conscientes y tienen distintos proyectos de «futuro».

Salvador López Arnal.- ¿Qué son las relaciones distributivas de poder? ¿Por qué son tan importantes? ¿Cómo se conquistan?

Carlos Tuya.- Es un concepto novedoso que describe las «fuerzas» que actúan en el sistema y lo garantizan. Hay que partir de que los sistemas socioeconómicos están conformados por redes complejas de nodos interconectados de cuyas relaciones surgen los fenómenos emergentes, condicionados, a su vez, por las interacciones sociales. Esas fuerzas permean todo el sistema y sus redes, creando jerarquías, posibilitando el dominio y la subyugación, garantizando el estatus quo. La resistencia del PP a la renovación del Consejo General del Poder Judicial es un buen ejemplo de su importancia. La lucha política es, en cierto modo, una lucha por mantener o alterar las relaciones distribuidas de poder, condición necesaria para todo proceso de reforma adaptativa y transformación socioeconómica. En ese sentido, es un acierto la propuesta de reforma del acceso a las carreras judicial y fiscal del gobierno de coalición, con la que se pretende cambiar el perverso mecanismo socioeconómico que sustenta la actual mayoría conservadora en uno de los principales espacios de poder institucional.

Salvador López Arnal.- Cuando habla usted de procesos de transformación, ¿en qué países está pensando? ¿España, por ejemplo, está en condiciones de realizar un proceso de estas características?

Carlos Tuya.- Los procesos graduales de transformación exigen mayorías sociales participativas, por lo que tienen un recorrido común con las fuerzas reformistas socialdemócratas. En España se ha logrado, con dificultades, dar el paso necesario de un gobierno de coalición progresista, pero no es suficiente. Es cierto que se han conseguido notables mejoras sociales, laborales y económicas, pero todavía no se ha logrado cambiar las relaciones distribuidas de poder en los ámbitos económico e institucional, salvo en el caso del Tribunal Constitucional. La situación de la izquierda alternativa no invita a la excesiva esperanza.

Salvador López Arnal.- Dada la actual correlación de fuerzas, en España, en la UE y en muchos otros países del mundo, ¿no es algo utópico pensar en transformaciones con orientación socialista?

Carlos Tuya.- Lo que resulta utópico es pensar que las graves turbulencias y desafíos a los que nos enfrentamos pueden resolverse solo con reformas adaptativas. El capitalismo, especialmente en su actual fase plutocrática tecnofinanciera, puede y debe mejorarse, sin duda, pero es incapaz de superar las tensiones críticas generadas por la exigencia fundacional de maximizar el beneficio privado. Ello provoca efectos socioeconómicos y medioambientales disruptivos, como la precarización de amplios sectores, el aumento de la desigualdad, la mercantilización de la actividad social, reducida a una mera oportunidad de negocio, y la incapacidad de frenar el cambio climático, problemas que no pueden resolverse dentro de sus propios límites. Un fenómeno similar al que establece el famoso teorema de incompletitud de Gödel: ningún sistema formal suficientemente complejo puede ser completo y consistente al mismo tiempo. Es decir, siempre habrá problemas intrínsecos que el sistema no podrá solucionar por sí mismo.

Salvador López Arnal.- Habla de cuatro pilares del proceso transformador: ampliación de la democracia, democracia económica, fortalecimiento del Estado social y democrático de Derecho, proyecto federalista. ¿Qué deberíamos entender por democracia económica?

Carlos Tuya.- Es un concepto que ha evolucionado a lo largo del tiempo. Básicamente, propone y promueve la participación ciudadana en la toma de decisiones económicas, ya sea a través de mecanismos de participación directa o indirecta; busca el control democrático de la economía mediante formas como la cogestión y la ampliación de los derechos de los trabajadores; promueve la coexistencia entre diferentes formas de propiedad y organización económica como cooperativas, empresas públicas y empresas privadas con fuerte componente social. En definitiva, busca mayor legitimidad, eficiencia, equidad, y sostenibilidad.

Salvador López Arnal.- ¿Cómo podemos ampliar la democracia de manera efectiva? Los intentos llevados a cabo en algunos países (pienso en Brasil por ejemplo, en el ámbito municipal), ¿han sido exitosos?

Carlos Tuya.- El déficit constitutivo de la democracia liberal representativa estriba en la delegación de soberanía por los ciudadanos, un sistema que tiene grandes ventajas deliberativas y condicionantes operativos. De hecho, la historia de la democracia liberal es la de la lucha por su «ensanchamiento» hasta lograr la universalidad del voto. Lograda esta, el siguiente desafío es su ampliación con formas de democracia participativa, deliberativa y directa en el sistema institucional del Estado. Algo que posibilitan y facilitan enormemente las herramientas de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Ya existen experiencias notables como los presupuestos participativos de Porto Alegre (Brasil), las asambleas ciudadanas deliberativas y aleatorias en Irlanda, el proceso constituyente participativo en Islandia tras la crisis financiera de 2008, etc. Entre nosotros hay iniciativas destacables como las desarrolladas en Barcelona por la alcaldesa Ada Colau. Son pasos incipientes y esperanzadores aunque todavía no resuelven los límites y las limitaciones de la democracia liberal.

Salvador López Arnal.- ¿Cómo se fortalece el Estado social y democrático de derecho en un país como España donde la vivienda empieza a ser un lujo fuera del alcance de muchos colectivos de familias trabajadoras?

Carlos Tuya.- El fortalecimiento del Estado social y democrático de Derecho es un proceso complejo, ya que afecta a numerosas áreas de su actividad. Pero, básicamente, potenciando y blindando su dimensión social centrada en el Estado del bienestar, lo que incluye el gravísimo problema de la vivienda que señalas. Y eso, al tiempo que se desarrollan políticas encaminadas a racionalizar la actividad productiva, regular los mercados y planificar la economía. Dicho en pocas palabras, el proceso trasformador del sistema capitalista exige un Estado Social y democrático de Derecho que proteja, impulse, regule, coordine y socialice.

Salvador López Arnal.- ¿Es realista un proyecto federalista en la España actual teniendo en cuenta el poder e influencia de los movimientos y formaciones nacionalistas, aparte de la existencia, avalada constitucionalmente, del concierto vasco y el régimen foral navarro?

Carlos Tuya.- En el mundo hiperglobalizado, la forma óptima de organizar la pluralidad de un Estado plurinacional como es España, es la federal, entendida como un sistema territorial eficiente, equitativo, solidario y respetuoso con las identidades y aspiraciones de las nacionalidades históricas y la diferentes regiones. El Estado de las Autonomías es una buena base de partida.

Salvador López Arnal.- Habla de ello en las últimas páginas de su libro, le pregunto sobre ello. ¿El cambio climático representa un desafío existencial sin precedentes? ¿Estamos en condiciones de variar el rumbo hacia el desastre en el Siglo de la Gran Prueba (Jorge Riechmann)?

Carlos Tuya.- Sin duda. Es uno de los aspectos que dotan de «singularidad» a la etapa histórica actual. Ya hemos sobrepasado el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 grados, y las emisiones de COhan logrado un penoso récord en 2023. La alarmante realidad es que el ritmo y la escala de las medidas adoptadas hasta el momento, así como de los planes actuales, son insuficientes para hacer frente al cambio climático. Las estrategias de mitigación y adaptación no pueden estar subordinadas a la exigencia económica del beneficio privado, ni regidas por las leyes del mercado capitalista. La salida del Acuerdo de Paris y las políticas negacionistas de Trump evidencian el peligro que supone la dominación plutocrática tecnofinaciera del capitalismo para la supervivencia de la especie humana.

Salvador López Arnal.- ¿Quiere añadir algo más?

Carlos Tuya.- Me gustaría insistir en la necesidad de que la izquierda alternativa se dote de un «marco teórico» que le permita jugar el papel transformador que le da sentido. Particularmente cuando en nuestro país la socialdemocracia está jugando el suyo desde posiciones más consecuentes. Un «marco teórico» que debe sustentarse en la experiencia histórica, la evolución del capitalismo, la comprensión de la complejidad de los sistemas socioeconómicos, los efectos de digitalización prácticamente en todos los espacios de la vida, y el desafío existencial de la emergencia climática. Porque vivimos en una encrucijada histórica, técnicamente lo que se conoce en ciencias de la complejidad como una bifurcación, donde se dirimen dos grandes tendencias: o dominación de la plutocracia tecnofinanciera, o proceso gradual de transformación del sistema socioeconómico capitalista. Lo que está en juego es gravísimo, no solo social, política y económicamente, sino desde el punto de vista de la lucha contra el cambio climático, un desafío existencial donde, por cierto, la Inteligencia Artificial puede jugar un papel decisivo. Con mi libro trato de perfilar los aspectos fundamentales de la alternativa transformadora. Espero que, al menos, sirva para impulsar un debate cada vez más urgente y necesario.

Salvador López Arnal.- Sirve por supuesto. Gracias por su libro, sus respuestas y su amabilidad.

Epopeya sobre la orgía del poder

6 Junio 2025 at 08:30

El poder adquirido por la violencia es sólo una usurpación, y dura sólo mientras la fuerza del que manda prevalece sobre la de los que obedecen. DENIS DIDEROT

El poder no corrompe a los hombres; los tontos, sin embargo, si llegan a una posición de poder, corrompen al poder. GEORGE BERNARD SHAW

La ambición es el deseo desmesurado de poder. BARUCH SPINOZA 

El II Ciclo de Cine Erótico, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, se inicia con un clásico del cine erótico, que por interferencia del productor derivó en el filme porno más costoso de la historia del cine: se habla de Calígula (1979), filme dirigido por el italiano Tinto Brass (Milán, 1933) y producido por el fotógrafo gringo Bob Guccione, dueño a su vez de la revista porno Penthouse, que narra los excesos y excentricidades de Calígula como emperador y de su tío abuelo Tiberio, de quien hereda el trono luego de que su mismo sobrino nieto lo vea pasar de la sífilis a la locura y de ahí a los espectáculos sexuales degradantes que involucran a niños y a personas deformes, y lo asesine. Una historia sobre la decadencia de la Roma pagana, se dice, a su vez sobre las traiciones que circulan por los corredores del poder y, por último, la era de tiranía y despotismo que Calígula impone en medio de la desidia del pueblo y los malos augurios…

El propio Brass quiso hacer una epopeya sobre la orgía del poder, no sobre el poder de la orgía, pero muy pronto lo traiciona el citado productor que, en 1984, decide cambiar la edición final por una versión sin cortes que incluía diversas escenas y secuencias porno que había filmado, sin consulta ni aprobación del director, con actores de cine porno en 1979. Incluían coitos, relaciones hetero y homosexuales, lluvia dorada, eyaculaciones, toques de zoofilia y sadomasoquismo (como en Ninfómana Vol. 2, de Trier). Cambio que hizo por efecto de sus fantasías y delirios para así adaptarlo a su propia mirada, enfoque y tratamiento de su búsqueda, razones y proyecto personal, ya no colectivo como se supone que es el de un arte de conjunto por excelencia, así haya un cine personal o de autor. Como se supone que el cine porno se hace con el fin exclusivo del estímulo sexual del espectador basado en cuerpos desnudos y actos sexuales explícitos y que fuera de eso tenga un valor social compensatorio

Valor social compensatorio, según la decisión del TS de EE.UU. En 1915, determinó que hacer películas era un negocio y, por tanto, no podía ampararse en la I Enmienda, es decir, no habría la tal, v. gr., libertad de expresión. Así, los filmes quedaban sujetos a la censura de todo tipo de agentes. Para acallar la protesta pública ante una serie de escándalos, la industria del cine fundó la Motion Picture Producers and Distributors of America (MPPDA), luego Motion Picture Association of America (MPAA), con el fin de blindarse de la intrusión del Estado y proteger su imagen y sus ingresos en taquilla. Al mando de la entidad, fundada en 1922, estaba Will Hays, razón por la que rápido mutó en Oficina Hays. Al inicio, la MPPDA luchó contra la censura intentando mejorar la imagen de la industria, pero en 1930 creó su primer código respecto al contenido de los filmes. En 1934, Joseph Breen se unió al Código Hays para hacerlo cumplir: la censura determinó el mundo del cine por los 20 años siguientes.

Breen fue aupado por la recién creada Legión Católica de la Decencia, de gran impacto en la MPPDA y en la moral de los filmes. Sólo hasta el 26.may.1952 el TS, en el caso de Burstyn vs Wilson, anunció que el sacrilegio no era causa suficiente para censurar un filme. Además, ante el veto para El milagro del amor (1948), de Rossellini, por la NY State Board of Regents, el TS también dijo que las películas son un importante medio de comunicación de ideas. Para cerrar el ciclo, lo que el TS había hecho no era sino poner al cine al amparo de la I Enmienda. Desde entonces, el TS gringo eliminó al parecer todos los motivos para ejercer la censura: excepto, eso sí, el de la obscenidad; además, dificultó que las juntas locales o de los diversos estados del país prohibieran un filme. Siguiendo a este movimiento, y en réplica a sus propios productores, la MPPA liberalizó el Código Hays y por fin, en 1968, dejó de ejercer por completo la censura. A cambio, la entidad instituyó un sistema de clasificación de películas.

Sistema según el cual se advertía al público sobre su contenido para evitar que los menores vieran cierto tipo de filmes. La definición de obscenidad aún no se resuelve, y el TS ha vuelto una y otra vez sobre el asunto. En este limbo jurídico estuvo mucho tiempo, en decenas de países, el filme erótico, luego más porno que erótico, Calígula, de Tinto Brass. En 1973, ya para cerrar este episodio de la censura, en el caso de Miller vs California, el TS creó una confusión aún mayor al introducir el vago factor de las costumbres sociales contemporáneas, pero no cabe duda de que los filmes gringos están más a salvo de la censura que nunca: claro, porque es vital para su prurito de imponer el pensamiento único a partir del entretenimiento y no de la cultura, porque a esta la liquida día a día. Apenas la sexualidad parece constituir un problema, pero la mayoría parece conformarse con que c/u se deje llevar por su deseo: pero, nadie parece darse cuenta de la facilidad con la que el Sistema instrumentaliza a todos.

Al respecto, el estreno de Calígula se vio envuelto en problemas legales y controversias desde su contenido basado en brutalidad, violencia y abuso de la sexualidad. La versión sin cortes sobre el declive del Imperio romano sigue prohibida en varios países y, aunque los papeles de McDowell (Una naranja mecánica), como Calígula, y de O’Toole (Lawrence de Arabia), como el vener/e/able Tiberio han sido muy elogiados, la crítica ha sido implacable con ella. Al respecto, Gore Vidal, escritor gringo autor del guion original expresó su furia por las libertades que se tomaron para manipular su trabajo (1) y señaló no querer hacer parte de un filme que bien podría ser acusado de obscenidad: ‘Me han pisoteado. Mi guion original estaba destinado a ser una película rigurosamente histórica, no esta caricatura pornográfica que han hecho a partir de ella. El sexo no me molesta, pero no soporto la suciedad’, declaró a People tras enterarse de que dichas escenas se incluirían en la edición sin cortes del gringo Guccione.

Luego cambiaría su rol de guionista en los créditos del filme más controversial de todos los tiempos, por el de adaptación de un guion de Gore Vidal. (3) El enojo provenía, primero, de la edición sin cortes por parte de Bob Guccione (quien finalizado el rodaje despidió a Brass), y, luego, por parte del productor Thomas Negovan, quien hizo el Corte Final, que prescindía de las secuencias pornográficas añadidas por diktat de Guccione y buscaba seguir más de cerca el guion original de Vidal, y no lo que de él hicieron Brass y Guccione. En 2023, a casi 45 años de su estreno se presentó en el Festival de Cannes: obtuvo el festejo del público y la aprobación de McDowell. Lo que puede relacionarse con la postura de Vidal sobre poner el máximo interés del guion en el rigor histórico, que es la mirada de un artista, y no en el aspecto pornográfico, lo que proyecta el pobre sentir del industrial o su interés por el dinero: que a su vez muestra el desequilibrio entre la orgía del poder y el poder de la orgía material.

De ahí deriva, también, el valor histórico del filme relacionado con la decadencia del Imperio romano y su vigencia hoy (que con su actitud interesada quiso ocultar Guccione) si se mira al Imperio sionazista/gringo (en ese orden). A la luz de Calígula, de Brass, con guion de Vidal, no hay diferencia alguna entre las orgías de Tiberio y Calígula y las orgías de JFK y su hermano Robert, como la que urdieron la noche del 4.ago.1962 cuando asesinaron a Marilyn Monroe. Sépase que por una lesión lumbar, producto de un torpedo que recibió en una lancha durante la II GM, JFK se hizo adicto a la morfina y heroína (hecho que se calló) y por ahí derecho adicto al sexo, o víctima de satiriasis, lo que lo acerca aún más a Calígula, cuando se sabe que éste, en la vida real y en el filme, por un ataque de celos, ultraja y viola a una pareja, al novio y a la novia, el día de su boda. Luego, ordena ejecutar a Gemelo para provocar a Drusila, su hermana y aun así amante de Calígula, que se resistió a casarse con él.

Tras la introducción, vamos al grano, como dicen Stendhal y el dermatólogo. Antes de ir con el filme, un poco de historia sobre el sujeto real Cayo Julio César Augusto Germánico (Anzio, 12 d.n.e. – Roma, 41 d.n.e.), o Calígula, el tercer emperador romano que pertenecía a la dinastía Julio-Claudia y gobernó entre 37 y 41. Hijo de uno de los más grandes generales de la historia de Roma, Germánico, a su vez hijo adoptivo del César Tiberio y nieto de Nerón Claudio Druso, quien murió muy joven y era hermano menor de Tiberio, o tío abuelo del propio Calígula, quien de niño acompañó al padre en sus incursiones militares a Germania (14-16), adonde iba disfrazado de militar y calzaba las caligas de los legionarios, que le apodaron con afecto Calígula, diminutivo de caliga, cuyo plural, calígulas es Botitas, apodo que ya como emperador odiaba, cuentan los historiadores Publio C. Tácito, Gayo Suetonio, Lucio Casio Dion, Filón de Alejandría y Tito F. Josefo, por citar sólo cinco de la Era romana.

Las secuencias iniciales muestran, en lo básico, las charlas entre Tiberio y su sobrino nieto Calígula, los presagios y malos augurios del tío abuelo, dentro de planos rebosantes de sexo y orgías, en las que se ve todo tipo de personas, lisiadas, normales y monstruosas; y de actos de amor y erotismo, lujuria y perversión, sadismo y masoquismo. El César Tiberio le dice a Calígula, sin rodeos: ‘Estoy criando una víbora en el seno de Roma’, es decir, al que será su verdugo. Las palabras son acción, porque incitan a concretarlas, de ahí el cuidado que debe tenerse al decirlas y, más allá, al actuar, parece recordar Tiberio. Más adelante, Calígula le dice a éste: Pero, todos te adoran y él le replica: No, me tienen miedo, lo que es mucho mejor. Los colores fuertes de las escenas de lascivia son prueba fehaciente del potente nexo entre el poder y el uso/abuso del cuerpo y la sexualidad, hecho que implica un fuerte contenido político, si se recuerda al Foucault que en Vigilar y castigar (4) se remite a los mismos temas.

Al respecto se cita a Raoul Vaneigem, uno de los herederos de Wilhelm Reich (1968), con esta sensibilidad vitalista que, en retrospectiva, perturba, y de paso recuerda por qué actúa el Estado como lo hace frente al sujeto que pone al deseo en acción, o se deja en libertad (5): ‘Invadidos por la incoercible pasión de gozar, nadie deja de descubrir en sí mismo un nivel de violencia destinado a satisfacer sus placeres y a romper las riendas que los frenan. La revolución será el desencadenamiento de lo vital hacia la vida. Es dudoso que esta pleamar deje intactos los muros de estuco de la jerarquía, del estado, de la civilización mercantil […]. Sostengo que en esta sociedad mercantil que se apoderó de todos los territorios y de todas las revoluciones intelectuales no resistirá a los guerreros del placer a ultranza, a los creadores de la nueva inocencia, a quienes ni siquiera desean saber si existe una muerte contra la que no estén protegidos por la violencia de la vida’. Cita en La tiranía del placer, de J. C. Guillebaud.               

Sin ser filohomosexual, pero tampoco homofóbico, acerca de tantas tomas de homosexuales, en el montaje de Guccione, cabe señalar por quién, cuándo y dónde se ubica la bronca contra los homosexuales, su desmedida represión y quiénes la apoyaron, siendo los mismos protagonistas de sodomía/pedofilia/pederastia. Dice Guillebaud que el emperador Justiniano al reprimir legalmente la homosexualidad en el 533 no lo hizo, por cierto, a petición de la Iglesia y cita el folleto difundido en Europa, con un tiraje de 300 mil ejemplares, y tres ediciones piratas en Francia (6) (lo que nos trae al recién elegido Papa peruano/gringo Robert Francis Prevost, León XIV, por omisión en actos de pedofilia de los que supo): ‘Ningún texto nos indica que los dignatarios eclesiásticos hayan sugerido o apoyado esa medida imperial contra los homosexuales. Por el contrario, las únicas personas citadas con su nombre por haber sido objeto de sanciones por actos homosexuales son obispos eminentes’, concluye…            

Un mirlo vuela por el cuarto de Calígula y el aspirante anticipado al trono del Imperio romano lo estima mal augurio. Luego, aparece Macro, jefe de la Guardia Pretoriana, para decirle que Tiberio exige que vaya ya a Capri donde el César vive de modo temporal con su sobrino Claudio (luego emperador) y el hermano menor de Calígula, Gemelo, apodado así por ser el gemelo de Tiberio Claudio César Germánico Gemelo, muerto de niño en el año 23. Por temor a que Tiberio ordene asesinarlo antes de que Calígula actúe igual, se resiste, pero su hermana y a la vez amante, la ya citada Drusila, lo persuade para que vaya. Una vez allí, descubre a Tiberio loco, con señales de venéreas crónicas, y aun así nada en gozo con jóvenes desnudos y observa shows sexuales decadentes con la presencia de niños, seres deformes, mujeres u hombres causantes o víctimas de todo tipo de excesos y aberraciones. Calígula oscila entre la fascinación y el horror: la tensión crece cuando Tiberio busca envenenarlo frente a Gemelo.

A causa de las traiciones e intrigas que vuelan por los corredores del poder, el senador Nerva se suicida (una sensata huida, la llama) frente a Tiberio y Calígula, éste desiste en su afán por estrangular a Tiberio, hasta que Macro, por lealtad a Calígula, asesina a Tiberio, un hecho del que es testigo Gemelo, de quien después se deshará su hermanastro, para ascender al trono a la muerte del tío abuelo. El historiador Suetonio dice que quien mató a Tiberio pudo haber sido Calígula, ahora nuevo emperador. Y proclama a su herman/a/mante Drusila como su par, sin que le importe el fastidio del Senado romano, pero ella ya enterada de lo que es Macro y de su pernicioso influjo, empuja a Calígula a liquidarlo. Éste simula un juicio y ordena ejecutar a Nevio, mientras aquél nombra a Longino, exconsejero de Tiberio, asistente personal, a la vez que designa al obsecuente senador Querea nuevo jefe de la Guardia Pretoriana. Lo que, por el error implícito, recuerda a Allende cuando designa a Pinochet jefe.

Para dirigir al ejército chileno y le cause así su propia caída. O también recuerda a Fidel cuando tras deshacerse de Camilo Cienfuegos, íntimo del Che, envía a éste primero al Congo y luego a Bolivia y antes de caer asesinado por los rangers en la quebrada del Yuro, Castro lo traiciona al leer la carta de despedida del Che, que debía ser leída después de muerto. Y que, en fin, hoy recuerda a Petro, quien también por craso error llamó al Gobierno a uribestias y ultra derechosos o amigos de mafias como Roy Barreras, Luis F. Velasco, Álvaro Leyva, Armando Benedetti y Laura Saravia, y nadie se explica cómo no han logrado tumbarlo aún. Quizás la única razón que lo sostiene sea que su ascenso al poder no entraña usurpación alguna en tanto lo adquirió en su inclaudicable deseo de lograr la paz, así le impidan lograr la paz total que se propuso: su permanencia en el Gobierno se garantiza mientras siga creyendo que quien manda no es él sino el pueblo: 11 millones de votantes que lo respaldaron.

Que no es el caso de Calígula, a quien nadie eligió, sino que obtuvo el poder vía trapisondas, ardides urdidos porque sí, traiciones, asesinatos y relaciones forzadas. Como ocurre cuando Drusila busca una candidata para Calígula entre las sacerdotisas de la diosa Isis y su hermano quiere casarse con ella, pero se niega porque no ignora que es su par. A Drusila le toca tragarse el sapo de que su príncipe incestuoso termine por casarse con Cesonia, sacerdotisa y cortesana notable y por eso sólo en gracia de hipocresía lo respalda. Aun con su ascendencia sobre las masas, el Senado muestra su rechazo ante las muestras de lo que parece ser sólo un aviso de leves trastornos y desafueros: pero, rápido emerge la oscuridad de Calígula, cuando asaltado por los celos, somete y viola a la pareja ya citada el día de su casorio. El acceso de un cretino como Calígula al poder sirve para recordar que, en efecto, son los tontos los que corrompen al Poder y no a la inversa, como se cree o pueda creerse cuando por ahí está Milei.

Calígula es víctima de fiebre severa al descubrir a Milonia en embarazo, carga que Drusila se echa al hombro y ayuda a disiparla; ya repuesta, nace su hija, Julia Drusila, y al festejar el hecho, la madre adquiere el mismo mal que curó a su hermano de jodienda. Otro mal presagio en modo mirlo se ofrece a los ojos de Calígula, quien deposita toda su fe en Isis para que la salve, pero al cabo Drusila cae ante la fiebre. Ante su incapacidad e impotencia para soportar su deceso, Calígula es ahora atacado por los nervios, corre y grita como orate por los pasillos de palacio y, por último, tumba una estatua de la diosa Isis a la par que busca fundirse con el cuerpo de la terrígena Drusila. La ambición de Calígula, también aquí, es metáfora de la ambición no sólo como deseo sin mesura del poder, sino señal sin refutación de que, al darle un gramo de poder, el conquistador deviene juguete de poderes extraños, como creía Marx. Así, la conciencia no determina a la persona, sino que su ser social determina su conciencia.              

Lao-Tsé decía que ‘la ambición puede hacerte tocar el cielo’, pero a la mayoría, sobre todo de los que llegan al poder, termina por hacerles tocar el suelo. Como es el caso de Calígula, quien llevado por la depresión ahora deambula por las calles de Roma bajo el atuendo del mendigo. Luego de una trifulca y un fugaz paso por una prisión romana se identifica frente al carcelero y vuelve con renovados ánimos al Senado. Allí, como ya se había insinuado al nombrar a Drusila emperatriz, se autoproclama un dios y a partir de entonces se obstina en acabar con el gremio senatorial como efecto del odio acumulado. Su reino se empeña en humillar y ofender los entes fundacionales de Roma: así, v. gr., las consortes de los senadores laborarán al servicio del Estado como putas, la antigua religión es profanada, se confisca toda propiedad, y el ejército es obligado a simular una invasión a Britania. A fin de prever más desmanes, e intolerantes con sus actos, Longino conspira con Casio para asesinar a Calígula.    

Según ciertos historiadores, al final de su vida se vio rodeado por el escándalo: bien sea por incesto con sus hermanas o por obligarlas a ejercer la prostitución. Bajo el liderazgo de su prefecto (praefectus) Casio Querea, una conspiración integrada por pretorianos y senadores decide asesinar a Calígula, el 24.ene.41. El anhelo de restaurar la República, por parte de unos conspiradores, se frustra cuando los pretorianos ungen emperador a Claudio, tío de Calígula, el mismo día que es asesinado. Tan pronto se puso el traje de emperador, ordenó ejecutar a los asesinos de su sobrino, hecho que sólo refrendaba la patente de corso que siempre han tenido los emperadores. A estos, en honor a la verdad, no se les puede describir como gobernantes de iure o de derecho o con reconocimiento jurídico, legalmente: de manera oficial, el cargo se consideraba primus inter pares o el primero entre iguales y muchos no alcanzaron a gobernar de facto o de hecho, sino que con frecuencia fueron simples testaferros.

Testaferros de poderosos dirigentes, burócratas, funcionarios, mujeres y generales. Y hoy, en general, testaferros del sistema financiero, las corporaciones, los plutócratas, sujetos mezcla de emperadorcito, patán fascista, tecnócrata neofeudal o tonto salido de la caja tonta, el alias de la TV, todos al servi(l)cio de la guerra por hambre y agua, alimentación y salud, todos esclavócratas vía uberización de la vida laboral en la que el empleado u obrero no es dueño de nada y su empleador es dueño de todo: a la cabeza de esas miserias humanas, por lo general misántropas y misóginas, sin duda está Trump, seguido de Netanyahu, con la Guardia Pretoriana de Musk, Bezos y Zuckerberg y a regla seguida, no a renglón seguido, E. Macron, F. Merz, P. Sánchez y en la retaguardia aprieto/riana J. Milei, N. Bukele, D. Noboa (quien se robó las elecciones en 2025), los lacayitos de América Latina. El más antiguo alfil de esta casta de descastados es, quién (no) lo diría: Calígula, el de las botitas milicas por excelencia.    

Cabe recordar aquí al instaurador del modelo económico, luego fascista y después totalitario: Cayo Julio César, Augusto u Octaviano (Roma, 63 a.n.e. – Nola, 14 d.n.e.), quien fue el fundador del Imperio y primer emperador romano. Gobernó durante cuatro décadas, lo sucedió Tiberio y luego vendría Calígula. Cabe recordar, pese a que al morir Tiberio tenía 77 años, unos historiadores sostienen que cayó asesinado. Tácito, v. gr., anota que el prefecto Macro lo asfixió con una almohada (al estilo del Gran Jefe Bromden con McMurphy, tras enterarse que a éste le hicieron la lobotomía, en Atrapado sin salida) con objeto de garantizar el ascenso de Calígula, de quien, se reitera, Suetonio asegura que fue el auténtico victimario. Con lo que parece decirse que el círculo de matoneo, expoliación, asesinato del poder, nunca se cierra. Por algo, Ayn Rand dice: La ambición de poder es una mala hierba que sólo crece en el solar abandonado de una mente vacía. Si esta es así hace ruido, pero no hace nada útil.    

Sobre Calígula, según Josefo, las razones del prefecto Querea para asesinarlo eran de índole política; Suetonio ubica el motivo en otro asunto: Calígula se apoyaba en motes peyorativos para insultar a Querea: para él era un afeminado y un incompetente recaudador de impuestos. Los apodos a los que más recurría el flaco Calígula para fastidiar a su presunto victimario eran Príapo y Venus, símbolos de la parólisis infantil de adulto y de la belleza griega o en ruinas. Como parece estar Calígula cuando entra a su cuarto, donde lo espera Milonia entre nervios; surge otro mirlo, pero sólo ella se asusta esta vez. Al alba del día siguiente, tras ensayar una obra de teatro egipcia, Calígula y su familia son atacados en un golpe dirigido (quizás con reloj) por Casio. Al dejar el estadio, Milonia y Julia son asesinadas y Casio acuchilla en el vientre a Calígula. Sus restos y los de su prole caen por las escalas y su sangre es lavada en el piso de mármol, mientras se proclama a Claudio nuevo emperador de Roma.

En conclusión, Calígula es un filme clásico del cine erótico, bajo dirección de Tinto Brass y guion de Gore Vidal, y un filme bastardo del cine manipulado por la pornografía y la industria y por la industria de la pornografía, en las versiones de montaje Guccione y Negovan (7). Brass intentó una epopeya sobre la orgía del poder, pero aquéllos voltearon la torta con una triste sátira sobre el poder de la orgía, ya no sólo romana sino planetaria, no sólo del Imperio romano ni del sacro Imperio vaticano, sino del Imperio sionazista/gringo vía Hollywood y hoy vía Netflix, sobre una de las eras más envilecidas por abuso de poder, extravagancia, libertinaje. Al subir al poder y transformar el Imperio en su rayuela personal y pese a urdir complots y matar a políticos, prefectos, senadores, sujetos libres y lacayos por igual, senadores y militares están prestos a castigar sus excesos y aberraciones, delirios de grandeza, afán autoritario y locura por epilepsia: para ello bastará ponerle coto a su volátil dictadura…

La locura como producto de encefalitis, epilepsia o hipertiroidismo: Calígula usaba la voz griega adiatrepsia para describir su propia conducta. Para historiadores como Filón, Josefo, y Séneca, Calígula era un demente, pero alegan que como producto de la experiencia al filo del tiempo. Para Séneca, tras subir al trono el emperadorcito se transformó en un tipo pleno de arrogancia, furia y grosería. Josefo piensa al revés de lo que ya se dijo acerca de los tontos que llegan al poder: que fue este el que volvió a Calígula víctima de la arrogancia y de paso a creer que era el Mesías o un dios. Filón, por su lado, sostiene que su impetuosa personalidad experimentó un cambio radical cuando estuvo a tiro de morir por una enfermedad. En fin, según Juvenal, Calígula alguna vez bebió una poción que le llevó a la locura. Brass, vía Vidal, logra hacer en parte la orgía del poder que se propuso, aunque el filme a la postre pase del erotismo al porno sin remedio: sin más remedio que el dinero y la industria de la pornografía.   

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) KONIGSBERG, Ira. Diccionario Técnico Akal de Cine. Madrid, 2004, 586 pp.: 78-79-108.

(2) https://archive.org/details/gore-vidals-caligula 

https://www.infobae.com/entretenimiento/2024/05/12/a-45-anos-de-caligula-la-pelicula-pornografica-de-culto-mas-cara-de-la-historia/

(3) https://www.evisos.com.pr/noticias/caligula-los-secretos-detras-de-las-peleas-en-el-set-el-sexo-explicito-y-las-leyendas-de-la-pelicula-mas-controversial-de-todos-los-tiempos/ 

(4) FOUCAULT, Michel. Vigilar y castigar. Siglo XXI, México, 1998, 314 pp.: 11 a 33.  

(5) GUILLEBAUD, Jean-Claude. La tiranía del placer. Edit. Andrés Bello, Barcelona, 2000, 427 pp.: 59.

(6) Íbidem, 2000, 427 pp.: 206.

(7) https://www.festival-cannes.com/en/2023/caligula-is-reimagined-with-the-ultimate-cut/ 

FICHA TÉCNICA: Título original: Calígula. En castellano: Calígula. País: Italia / UK. Año: 1979. Gén.: Erótico / Drama / Porno / Historia /Biografía / Comedia negra. For.: 35 mm; color; 156 min. Dir.: Tinto Brass (crédito de Fotógrafo principal) / Bob Guccione (Metraje adicional, 1984) / Giancarlo Lui (Metraje adicional, 1984). Guion: Gore Vidal (versión original) / Bob Guccione (versión 1984) / Giancarlo Lui y Franco Rossellini (versión 1984). Prod.: Bob Guccione / Franco Rossellini. Mús.: Bruno Nicolai (como Paul Clemente) / Renzo Rossellini (versión 1984). Extractos mus.: Aram Khachaturian / Sergei Prokofiev. Fot.: Silvano Ippoliti. Mon.: Nino Baragli / ‘La Producción’ (Bob Guccione y su equipo de editores) / Russell Lloyd (sin crédito) / Enzo Micarelli (versión 1984). Vest.: Danilo Donati. Int.: Tiberio (Peter O’Toole); Calígula (Malcolm McDowell); Drusila (Teresa Ann Savoy); Cesonia (Helen Mirren); Macro (Guido Mannari); Nerva (sir John Gielgud); Claudio (Giancarlo Badessi); Longino (John Steiner); Casio Querea (Paolo Bonacelli); Caricles (Leopoldo Trieste); Ennia (Adriana Asti); Livia (Mirella Dangelo); Mnéster (Richard Parets); Próculo (Donato Placido); Gigante (Osiride Pevarello); Mesalina (Anneka Di Lorenzo); Agripina (Lori Wagner); Gemelo (Bruno Brive); Cantante de Subura (Paula Mitchell); Caballo blanco de Calígula (Davide). Prod.: Penthouse Films International / Félix Cinematográfica. Dist.: Produzione Atlas Consorziate (P. A. C.) Italia / Analysis Film Releasing (EE.UU).                     

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 14.abr.2025 fue publicado en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de siete libros por salir en este año. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: lucasmusar@yahoo.comLuis Carlos Muñoz Sarmiento

Más que un libro de datos o estadísticas, una obra de análisis riguroso

3 Junio 2025 at 08:07
Por: JDF

En Por qué China está ganando, Pedro Barragán ofrece al lector un análisis documentado sobre la transformación de China en la principal potencia emergente del siglo XXI. A través de veinte capítulos, tres partes temáticas y varios apéndices, no se limita a trazar una línea de tiempo económica, sino que presenta una verdadera radiografía cultural, histórica, política y estratégica del gigante asiático, situando al lector ante una pregunta central: ¿cómo ha logrado China sobrepasar los límites que Occidente le había impuesto y por qué sigue avanzando a buen ritmo cuando muchos pronosticaban su estancamiento?

La primera parte del libro actúa como un sólido andamiaje conceptual. Aquí, el autor nos lleva de la mano para entender los fundamentos culturales de China, especialmente el impacto del confucianismo en la mentalidad colectiva, sus diferencias clave con el pensamiento cristiano occidental y el papel que sigue desempeñando hoy, incluso como complemento ideológico del marxismo. El recorrido histórico, no muy extenso, abarca desde el esplendor del imperio chino, pasando por la humillación colonial, las invasiones extranjeras, la Revolución Cultural, hasta las reformas iniciadas por Deng Xiaoping, profundizadas por Xi Jinping, y la modernización institucional y económica que ha redefinido al país. Esta primera parte, además de otros temas económicos y de población, se completa con el análisis del sistema político chino explicando en qué consiste el socialismo de mercado.

La segunda parte es probablemente la que más desarrolla la estructura de la economía china. Desglosa el milagro económico chino: las tasas de crecimiento del PIB, la modernización agrícola, la impresionante industrialización, el avance del sector servicios y, sobre todo, la capacidad de China para integrarse a las cadenas globales de valor mientras mantiene un modelo de economía de mercado socialista. Los capítulos dedicados al comercio exterior son particularmente esclarecedores, mostrando cómo China ha sabido consolidar relaciones estratégicas no solo con Estados Unidos y Europa, sino también con África, los países de la Franja y la Ruta, y los miembros del RCEP. Las reflexiones sobre la erradicación de la pobreza extrema, el surgimiento de una clase media robusta, los avances en sostenibilidad y transición energética y el impactante crecimiento de los salarios, amplían la perspectiva más allá de lo puramente económico.

La tercera parte, mucho más geopolítica, analiza de frente las tensiones crecientes con Estados Unidos, abordando no solo la guerra comercial y de aranceles, sino también la batalla tecnológica por los semiconductores, la inteligencia artificial, las cadenas de suministro y los chips. Muestra cómo las restricciones, sanciones y bloqueos norteamericanos han empujado a China a fortalecer su autosuficiencia tecnológica, a diversificar sus mercados y a consolidar alianzas estratégicas. El análisis de la llamada “nueva guerra arancelaria de Trump en 2025” resulta actual, situando al lector en un escenario global de rivalidad e incertidumbre.

Lo que distingue a este libro es su capacidad de conectar cifras, políticas y estrategias con un trasfondo ideológico y cultural que muchas veces es ignorado en los análisis occidentales. Barragán no elude los debates incómodos: dedica un capítulo a los derechos humanos, contrastando la visión occidental con la interpretación china, y aborda las críticas internacionales al modelo político del Partido Comunista.

La obra cierra con un análisis prospectivo sobre el futuro: cómo China se está preparando para redefinir el orden geopolítico global, cuál es su propuesta de “comunidad de futuro compartido” y por qué, según el autor, su progreso económico seguirá superando al de Estados Unidos en los próximos años. Los apéndices, lejos de ser meros anexos, aportan claves sobre el papel de los BRICS+, el dólar, el FMI, el Banco Mundial y la reciente victoria de Trump en EE. UU., completando el panorama con un enfoque integral.

Por qué China está ganando es mucho más que un libro de datos o estadísticas: es una obra de análisis riguroso, que busca eliminar los prejuicios, romper con los estereotipos mediáticos y abrir el debate sobre el lugar que China ocupa (y ocupará) en el escenario global. Nos invita a mirar de frente una realidad ineludible: estamos entrando en una nueva era, y China no es ya una promesa de futuro, sino el presente que está moldeando el mundo.

La Educación Intercultural Bilingüe en Ecuador, ahora

3 Junio 2025 at 06:15

 Por acuerdo entre la Conaie y el Ministerio de Educación, en 1988, se estableció la Educación Intercultural Bilingüe como instancia dentro del Estado y con un alto grado de independencia de aquella frente a este. Luis Montaluisa, lingüista quichua, fue el fundador y el director de la Dineib (Dirección Nacional de la Educación Intercultural Biingüe).Su trabajo se enfocó en dar a la nueva Institución un carácter especifico y científico. Planificó todo un sistema para la educación intercultural bilingüe: se elaboraron currículos, se escogieron docentes, se planearon acciones e investigaciones, se prepararon cuadros pedagógicos. La Dineib fue reconocida en 1992 como un espacio de autonomía dentro del Estado ecuatoriano y dio impulso a una educación apropiada y anhelada, y los indígenas la consideraron como parte de su trayectoria histórica y como logro político frente al Estado excluyente.

La Dineib estuvo vigente hasta 2009 y, a pesar de haberse declarado ya al Ecuador Estado Plurinacional en 2008, fue eliminada mediante el decreto ejecutivo 585 por Rafael Correa. Así, terminó con la descentralización del sistema educacional en el Ecuador. Correa justificó su decisión diciendo que “fue tomada para preservar la unidad nacional”.

Los indígenas, y especialmente la Conaie se pronunciaron en contra de la medida que violaba el derecho de pueblos y nacionalidades a una educación propia y a participar en el Estado con espacios autonómicos. En 2013 se oficializó el Moseib, modelo del sistema de la EIB, pero fue criticado acertadamente por el excesivo predominio del Estado y la ausencia de rigurosidad para entender las culturas y las lenguas de los pueblos indígenas.

Lenin Moreno acentuó la subordinación al sistema nacional, y con Guillermo Lasso se debilitó la conexión de la EBI con las comunidades indígenas. Frente a tanto menoscabo la Conaie ha protestado, pero no ha propuesto nada esencial puesto que su presidente en funciones no habla el quichua y no asume los profundos conocimientos ancestrales de los pueblos indígena.  Entre más autonomía tenga la Educación Indígena será más fácil enseñarla aprenderla y será más fuerte su relación con las comunidades y más claro su carácter reivindicativo frente a un Estado dominante y ajeno.

Ileana Almeida: Filóloga, profesora universitaria y escritora. Entre sus libros figura Mitos cosmogónicos de los pueblos indígenas del Ecuador.

Pequeño gran libro

31 Mayo 2025 at 06:30

De la contraportada del libro: “Cada cierto tiempo, reaparece la teoría de que el fascismo se extingue en 1945. Sin embargo, algunos movimientos que se han venido sucediendo desde entonces y las noticias que escuchamos a diario deberían ser más que suficientes para convencernos de la vacuidad de esta suposición. Al fin y al cabo, las principales fuerzas políticas del siglo XX, ya sea a la izquierda o a la derecha, bajo las mismas o nuevas siglas, siguen vivas. La partida, pues, sigue abierta”. Más allá de los matices no menores que cabe introducir en la anterior observación, la partida, efectivamente, sigue abierta… aunque la izquierda actual no esté en las mejores condiciones para el inacabado combate.

Un apunte (absolutamente innecesario) sobre el autor: Luciano Canfora (n. 1942) es profesor emérito de la Universidad de Bari y uno de los historiadores más reconocidos en Italia e internacionalmente (también en nuestro país). Dirige la revista Quaderni di storia y es colaborador del Corriere della Sera y otros medios. Autor prolífico, ha publicado hasta el momento más de una treintena de libros. Entre sus traducciones más recientes a nuestro idioma: La historia falsa (2014), 1914 (2014), Libro y libertad (2017) y La máscara democrática de la oligarquía (2020).

Lo esencial de esta reseña: Brecht nos enseñó a conocer la bondad de los seres humanos: los buenos hombres (también las mujeres, por supuesto) se conocen en que resultan mejor cuando los conocemos. ¿Qué pasa con los libros?, ¿cuándo un libro es un buen libro? Los buenos libros, aunque sean breves como es el caso que comentamos, se conocen en que resultan más apasionantes de lo que habíamos imaginado cuando los leemos, meditamos y estudiamos. El fascismo nunca ha estado muerto es un buen ejemplo de estos libros que valen la pena leer (y releer). Muchas excelentes lecciones de historia nos regala el autor en su cuidada y asequible argumentación.

Componen este libro de Canfora, uno de los grandes intelectuales italianos y europeos del XX y el XXI, una presentación (“Para entrar en el tema”; abre así: “A los nazis no nos gusta esta mierda”, así se expresaba sobre los judíos el ministro de Economía del gobierno finlandés neoatlántico Wille Rydman (Corriere della Sera, 31 de julio de 2023, p.13)”), nueve capítulos y un apéndice (el programa fundacional, firmado por Mussolini -…»líder político al que el Movimiento Social de Italia le debe en cierto modo su propia existencia»- de los Fasci di Combattimento en las tiradas del 30 de marzo y el 6 de junio de 1919). Los nueve capítulos: 1. El núcleo. 2. Las tres caras del fascismo. 3. Consultar el atlas. 4. El caso alemán. 5. La parábola de Mussolini. 6. Cassius. 7. Preguntas fundamentales. 8. Neofascistas, fascistas y fascistas “atlantistas”. 9. Conclusiones.

Canfora, se señala en la solapa interior del libro, “traza la la historia contemporánea del fascismo obteniendo una definición operativa del mismo que le permite, a su vez exponer las concomitancias del fenómeno fascista prebélico y el posfascismo actual, el latente y el manifiesto”. Solemos pensar, se añade, “en el fascismo como una suerte de reacción antimoderna, contraria a los valores de la Ilustración, al modo que lo expuso Umberto Eco bajo el concepto de ur-fascismo, si bien Canfora, fiel a la lección de Gramsci, lo presenta como el mal endémico de la sociedad de masas, el virus arraigado en la historia moderna de Occidente. Su origen determina su esencia: el supremacismo racial subyacente al colonialismo. Hoy prospera en las sociedades debilitadas por la globalización y aspira incluso a la hegemonía cultural” [el subrayado es mío].

Algunas de las consideraciones del autor, para abrir su apetito lector que, seguramente, ya está muy en disposición:

1. “Por lo tanto, es legítimo alarmarse cuando se repiten los siguientes comportamientos: intimidar a partidos contrarios con acusaciones inverosímiles o a opositores individuales con aluviones de querellas, deslegitimar los órganos de control, demonizar a gobiernos anteriores anunciando “comisiones de investigación” de manera constante, monopolizar la información (generando disposición a la autocensura), proyectando la posibilidad de derribar el orden constitucional. Se trata de un sistema de autoridad que podría definirse como “reacccionarismo capilar de masas”, que gira en torno a clases medias empobrecidas, antipolíticas y vagamente xenófobas” (p. 24).

2. “La excelente relación entre el fascismo -Musolini personalmente- con los líderes estadounidenses está ampliamente documentada en el libro de Ennio Caretto, Quando l’America si innamorò di Mussolini. Mucho más significativa que el entusiasmo del joven John Kennedy por el fascismo como régimen apropiado para Italia es la excelente relación entre Roosevelt y Mussolini desde que, en septiembre de 1932, Mussolini intuyó que Roosevelt ganaría las elecciones y llegaría a ser presidente. Mussolini recibió a continuación a Elmer Langworthy, oficial naval y emisario personal de Roosevelt, entonces candidato, y “le recomendó la tercera vía italiana (es decir, la economía corporativa) entre capitalismo y comunismo”. Las valoraciones positiva del New Deal fueron frecuentes en el periódico del Duce, Il Popolo d’Italia” (p. 49).

3. “Mientras tanto, la izquierda, después de haberse dotado de un fantasma ideológico-geográfico (“el europeísmo”), se ha revelado incapaz frente a los problemas más acuciantes del momento actual: las crecientes desigualdades (que estallan en peculiaridades estrictamente nacionales de cada país), así como la gran migración que, desde muchos afligidos, se dirige hacia las zonas ricas del planeta.

Ha predicado mucho, pero cayó víctima de la inanidad de ese fantasma y de los egoísmos internos del beato continente. Un ejemplo destacado: el Tratado de Dublín, que enfrenta a los países europeos entre sí. La Unión (?) Europea discute ahora sobre las “cuotas” -palabra insultante- de desgraciados que deben ser arrojados de un país a otro. Está dividido entre “endeudados” y “frugales”, entre xenófobos y predicadores, entre aislamófobos y “cosmopolitas alejados de la contienda” (pocos y cómodamente influyentes), y la lista continua.

Toda la salud para las fuerzas políticas que hacen fortuna con el lema de impacto seguro: “¡Los italianos primero!” (¡y los inmigrantes a Tirana!)” (p. 79).

Por si hubiera alguna duda de la UE realmente existente y de los estrechos límites de la “democracia” realmente existente, con estas palabras cierra Canfora este libro que merece lectura, estudio y recomendación:

“En su primer discurso parlamentario (21 de junio de 1921), el mismo líder [Mussolini] formuló una consideración crítica hacia la abstracción internacionalista de los socialistas: “Negamos su internacionalismo porque es un bien de lujo que solo puede ser practicado por las clases altas, mientras que el pueblo queda desesperadamente atado a su tierra.” La forma en que se aplica este internacionalismo de las clases altas fue descrita recientemente de modo elocuente por el expresidente de la conferencia L’Italia s’è destra (4 de agosto de 2023): “Si un gobierno no obedece a la UE, cae al cabo de dos semanas”. ¿Tomamos nota?

Adiós a Sebastião Salgado

30 Mayo 2025 at 06:30

Sebastião Salgado, ícono de la fotografía contemporánea, se fue el viernes 23 de mayo, luego de 81 años de vida. Él, viajero incansable, en ese día cometió el desvarío imperdonable de partir en su único viaje sin vuelta.

Deja miles de fotografías, que más que imágenes son miradas precisas y exactas sobre las maravillas y los horrores del mundo y de la vida.

Economista de formación, dejó el oficio cuando obtuvo de su compañera de toda la vida, Lelia Salgado, en los inicios de los años 1970, una cámara Pentax Spotmatic II, clásica para aficionados. Y con ella se hizo profesional. Salgado tenía, es verdad, otra cámara, de calidad inferior. Pero fue con esa Pentax que descubrió una manera de mirar la vida y extender esa mirada tan suya, tan única, a la humanidad.

Registró pueblos amenazados, tierras devastadas, florestas exuberantes que sobrevivían bajo crecientes amenazas, heleras que se desploman, minas de oro y metales preciosos que transforman hombres en hormigas; es decir, al fin y al cabo registró cómo el ser humano logra resistir frente a lo inimaginable.

Sus imágenes ganaron el mundo y despertaron debates y discusiones, todo ello relacionado con los impactos dramáticos de lo que ocurre. Sus fotos en blanco y negro trajeron, vaya contradicción, luz a los ojos de la humanidad. Una luz cargada de revelación y casi siempre de dolor.

Su trayectoria fue única. Era el más grande, no de ahora, pero sí de las últimas muchísimas décadas. Supo como nadie unir emoción, reflexión, lirismo y denuncia; todo eso, vale reiterar, en blanco y negro.

Dominaba la luz natural como si la hubiera creado. Y tuvo suerte en su oficio.

Un ejemplo: en 1981, él estaba en Washington registrando los 100 primeros días del gobierno de Ronald Reagan, cuando se acercó para fotografiarlo en el justo momento en que un trastornado manifestante disparó contra el mandatario. Sus fotos fueron vendidas por todo el mundo, y así Salgado pudo financiar un viaje a África para su primer gran proyecto individual. Cinco años después lanzó el libro Otras Américas, que registra imágenes geográficas y humanas de Brasil, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Guatemala y México.

Intento de asesinato de Ronald Reagan el 30 marzo de 1981. Créditos: Sebastião Salgado

El libro que definitivamente lo consagró, no como el mejor, pero sí como el más grande fotógrafo de las últimas muchísimas décadas, fue Trabajadores, de 1997. Y gracias a una indicación de Alan Riding, el legendario corresponsal de guerra de The New York Times en Centroamérica y mi fraterno amigo, fui el señalado para hacer los textos de ese libro.

Fue así como me acerqué, y mucho, a Salgado. Recuerdo que pasamos unos 10 días en la estancia de un tío suyo en el estado brasileño de Espírito Santo trabajando en los textos. Era un sistema peculiar de trabajo: yo escribía por la noche, dándole vueltas a la luna, y terminaba a eso de las cinco y media de la mañana, cuando Salgado se despertaba. Los dos íbamos a la piscina y entonces él leía mientras yo me iba a dormir.

A media tarde, luego del almuerzo, nos reuníamos para leer línea por línea lo que yo había escrito. Sus observaciones eran pocas, pero todas y cada una de ellas de precisión absoluta.

El mundo perdió la mirada única e insuperable de Sebastião Salgado. Y yo perdí un fraterno amigo. El mundo queda con sus imágenes, yo con mi memoria.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2025/05/25/opinion/012a2pol

Inocencia y exilio: la aventura americana del joven Karl Rossmann

28 Mayo 2025 at 09:21
Por: JDF

Un muchacho de 16 años y de familia humilde, Karl Rossmann, es enviado a Estados Unidos por sus padres después que tuviera un hijo con la sirvienta. La novela El desaparecido, del escritor checo en lengua alemana Franz Kafka (1883-1924), comienza con la entrada del barco en el puerto de Nueva York.

A punto de desembarcar, Karl pide a un joven -al que conoció durante el viaje- que le guarde la maleta, mientras el protagonista se dirige a recoger un paraguas que ha olvidado abajo.

Pero el joven se pierde entre los corredores, habitaciones y escaleras de la embarcación; así, “desorientado, después de no encontrar a nadie, oyendo solamente el ruido constante de miles de pies que se arrastraban por encima suyo y, a lo lejos, como un murmullo, las últimas operaciones de las máquinas ya paradas, se puso a golpear, sin pensarlo dos veces” una pequeña puerta, relata Kafka.

Es la secuencia inicial de El desaparecido, texto publicado en enero por Akal, que editó asimismo otros títulos de Kafka: La metamorfosis; El proceso; Carta al padre; La condena y otros relatos; El castillo e Informe para una academia y otros escritos.

El primer capítulo de El desaparecido está dedicado al fogonero del barco; es un hombre corpulento, de nacionalidad alemana, a cuya habitación llegó -extraviado- Karl Rossman. El fogonero está empleado en la sala de máquinas. Ha trabajado -a la orden de los capitanes- en una veintena de buques, con acierto y reconocimiento de los jefes.

El fogonero da cuenta de sus preocupaciones (en el barco que llega a Nueva York) al joven Karl: “Aquí no sirvo para nada, aquí siempre molesto a Schubal (el jefe de máquinas, de origen rumano), soy un haragán, me estoy ganando el despido, y recibo mi sueldo por compasión. ¿Lo entiende usted? Pues yo no”, se lamenta.

La primera edición de la novela se publicó en 1927, tras la muerte del autor; en el prólogo -recogido en la edición de Akal-, el escritor, periodista y editor de Kafka, Max Brod, recuerda que el narrador checo definía El desaparecido como su Novela americana. Además destacó -en varias conversaciones- que fue una de las obras en que más valoró la esperanza.

Brod añade que Kafka era un lector interesado por las novelas de viajes y las memorias; pero no realizó viajes de gran recorrido -excepto Francia y el norte de Italia-, de ahí que es “la aurora de la fantasía la que tiñe con su particular colorido la aventura en este libro” (El desaparecido).

En el prólogo de 1927, el editor sitúa El desaparecido en el contexto de la obra general de Kafka: “Está claro que la novela guarda una íntima relación con El proceso y El castillo, cuya sucesión inaugura cronológicamente (…); el tema fundamental es la extrañeza, el aislamiento entre los hombres; la situación del acusado en El proceso; la del intruso y extraño en El Castillo; el desamparo de un joven inexperimentado en medio de una América desbordante de vida”.

El capítulo inicial de El desaparecido -titulado El fogonero– vio la luz de modo independiente en 1913; ese año el escritor nacido en Praga publicó Meditación y La condena; además de viajar por Viena, Venecia y Riva (Trento, Italia), mantiene contacto con tres mujeres: Felice Bauer (a quien escribió las Cartas a Felice), la joven suiza Gerti Wasner y Grete Bloch, fallecida en 1944 en el campo de concentración de Auschwitz.

Un año después de editarse El fogonero, en 1914, el novelista judío comenzó a escribir El proceso; en octubre el cuento titulado En la colonia penitenciaria y el relato Ante la ley, que formaría parte de El proceso.

Max Brod afirma que en El Proceso y El Castillo prevalecen las barreras que afronta el individuo íntegro; sin embargo, en El desaparecido, “el mal se mantiene en justo equilibrio gracias a la inocencia infantil y la pureza, conmovedora por naif, del protagonista. Sentimos cómo ese buen chico -Karl Rossmann- (…) por obstinación alcanzará su objetivo: mostrarse como una persona decente y reconciliar a los padres”.

Uno de los capítulos de la novela –Un asilo– se inicia en una vía empinada de los suburbios, silenciosa y con los niños jugando en la acera; el ambiente es de sol y calor; un hombre carga ropas viejas, y pregona cerca de las viviendas; Max Brod señala que algunas escenas de Un asilo evocan los filmes de Charles Chaplin, quien comenzó a actuar y dirigir en 1914.

Entre otras secuencias, un policía con la porra levantada pide a Karl Rossmann que se identifique; el agente repitió el apellido del protagonista; “pero Karl, que en realidad se las veía por primera vez con las autoridades americanas, percibió ya en esta reiteración la existencia de una cierta sospecha”.

En unas líneas escritas en el periódico mexicano La Jornada, en 1997, el escritor Eduardo Galeano resume el significado de la obra kafkiana; el periodista uruguayo recorría en silencio las calles de Praga, y llegó a la gran plaza de la Ciudad Vieja; en medio de la noche, una mujer inválida y con voz desgarrada “cantó el alarido de todos los solos del mundo”.

Se dio la circunstancia que unos jóvenes imitaron, burlándose, a la mujer tullida; ella respondió al escarnio con el silencio; y tras preguntarse si se hallaba soñando o dormido, Galeano concluye: “Entonces no tuve dudas: yo estaba despierto y bien despierto, en el exacto centro de este mundo”.

En un prólogo a la novela El Proceso, el autor comunista portugués José Saramago señala un punto central en la narrativa de Kafka; así, “el antagonismo nunca superado que opuso padre a hijo e hijo a padre, es lo que constituye la viga maestra de toda la obra kafkiana, derivando de ella como las ramas de un árbol derivan del tronco principal, el profundo desasosiego íntimo que lo condujo a la deriva metafísica, la visión de un mundo agonizando por el absurdo, la mistificación de la conciencia”.

Al igual que Max Brod, Saramago halla puntos de conexión entre las principales novelas de Kafka; en El desaparecido (particularmente en el capítulo El fogonero) los padres deportan a Karl Rossmann por dañar la honra familiar; “en La Condena ‘el hijo’ es sentenciado por el padre a morir ahogado; en La metamorfosis ‘el hijo’ dejó simplemente de existir, su lugar fue ocupado por un insecto”, concluye el Premio Nobel de Literatura.

Sobre el decisivo papel de la militancia comunista

24 Mayo 2025 at 06:10

Es justo decirlo ya en el primer compás esta nota: si tienen interés, como seguramente será el caso, en la lucha democrático-comunista contra el franquismo, estudien, lean y recomienden esta magnífica y documentada -y excelentemente escrita- aportación a la lucha antifranquista en la universidad, centrada principalmente (es descripción, no crítica) en la Universidad de Barcelona (La Central, en aquellos años) y en el movimiento estudiantil barcelonés, sin que el autor olvide, desde luego que no, la lucha de los PNN, de los profesores no numerarios, y la huelga general por ellos convocada durante el curso 1974-1975.

El antifranquismo en la universidad. El protagonismo militante (1956-1977), con nuevas aportaciones para los interesados, mi caso por ejemplo, en la obra y praxis política de Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey, toma pie en la tesis doctoral que Jordi Sancho Galán presentó en la Facultad de Historia de la UAB en 2021, bajo la dirección de la historiadora Carme Molinero, quien en el prólogo del libro comenta: “El lector tiene entre las manos una aportación relevante a la reconstrucción exhaustiva del papel de la militancia comunista en la constitución del movimiento estudiantil centrada en los protagonistas que permitieron desplegar la oposición política a través de la movilización social y la recuperación de la sociedad civil”. En las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, “los comunistas arraigaron a través del activismo de sus miembros, formando parte de las redes más dinámicas de la sociedad”. Esos estudiantes comunistas se convirtieron, excelente metáfora de Molinero, en “rostros de la multitud”.

Un apunte sobre el autor: Jordi Sancho Galán es un joven doctor en Historia Comparada, Política y Social por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador del Centro de Estudios sobre Dictaduras y Democracias (CEDID, UAB). Sancho Galán ha centrado hasta el momento sus investigaciones en las interacciones entre culturas políticas, juventud y movilización social en la segunda mitad del siglo XX. Actualmente es investigador postdoctoral Margarita Salas en la Universidad París 8 (Vincennes-Saint Denis) y en la UAB.

Tras el prólogo de Molinero, forman El antifranquismo en la universidad. El protagonismo militante (1956-1977), la introducción, cinco extensos (pero nunca cansinos) y documentados capítulos (no se salten las notas al pie de página), las conclusiones (el autor cierra tomando pie en una cita de Francisco Fernández Buey), un apartado de siglas y abreviaturas y la bibliografía. Falta, en mi opinión, un índice onomástico con los protagonistas principales de la lucha. Los capítulos: 1. Tomar partido; 2. La formación del movimiento estudiantil; 3. El PSUC en, ante y tras el sindicato democrático de estudiantes; 4. Efervescencia, represión y radicalización; 5. Por una universidad nueva en una sociedad democrática.

Sugerencia de lectura: prólogo, introducción y capítulo de conclusiones. Tras ello, vuelta a empezar.

El paradigma historiográfico del autor: “Nos aproximamos a esta historia del antifranquismo en la universidad desde un marco historiográfico desarrollado por historiadores como Carme Molinero, Pere Ysàs, Sebastian Balfour, Pamela Radeliff, Ismael Saz, Xavier Domènech y Óscar J. Martín García, entre otros”, una historia social de lo que suele llamarse tardofranquismo y del final de la dictadura, “en la que los movimientos y la conflictividad sociales constituyen vectores fundamentales del cambio político”. Es desde la perspectiva de una historia social, cultural y desde abajo, “en la que el sujeto, la experiencia, la cultura, la hegemonía, la movilización y conflictividad social son elementos centrales” desde las que el autor ha pretendido (y conseguido) acercarse a su objetivo de estudio.

Para futuras reediciones convendría rectificar algunas erratas en nombres y apellidos (Scheing por Schweins, Fabrián por Fabián, Robert por Rubert, Musterín por Mosterín, etc), añadir algún breve apunte sobre la FUDE (del PCE(m-l)), evitar el uso de capuchinada o caputxinada (por el convento de los capuchinos de Sarrià, el lugar de la reunión) para hacer referencia a la Asamblea Constituyente del SDEUB y dar cuenta de las singulares posiciones de Sacristán sobre la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, tema muy debatido entre el estudiantado de vanguardia.

PS: También durante 1976, señala Sancho Galán, las tres universidades catalanas aprobaron la cooficialidad del catalán, reconocimiento que, en ningún caso, era muestra de hispanofobia ni de marginación o menosprecio del castellano.

Las derechas colombiana y mexicana contra el pensamiento crítico

24 Mayo 2025 at 06:10

La publicación del libro que el lector tiene ahora entre sus manos es un hecho importante, en términos políticos y también en términos ideológicos, dentro del complicado panorama que hoy, en 2024, vive todo el semicontinente de América Latina. Pues luego de la crisis y debacle de todo el conjunto de los gobiernos latinoamericanos llamados ‘progresistas’, que al haber terminado desilusionando completamente a todos sus respectivos pueblos, han ido abriendo la puerta al retorno de los gobiernos de derecha y ultraderecha en distintas naciones latinoamericanas, resulta relevante comprender de modo adecuado cuales son los mecanismos represivos y los modos de operar en general de los actuales gobiernos capitalistas latinoamericanos, sean los ya mencionados gobiernos de derecha y ultraderecha, que hoy vuelven a hacerse presentes y a ganar elecciones, sean también los supuestos gobiernos de ‘izquierda’ o ‘progresistas’ aún subsistentes dentro del cada día más deslegitimado ámbito de la política contemporánea de América Latina.

En este sentido, creemos que el injusto y absurdo montaje que el profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas vivió a partir de mayo de 2009 y hasta 2016, cuando el Tribunal Superior de Colombia lo declaró finalmente inocente, e incluso hasta 2018, cuando el Consejo de Estado ordenó su reincorporación a la Universidad, es un caso excepcionalmente revelador de esos modus operandi de dichos gobiernos de nuestro semicontinente. Porque en ese ridículo montaje, que fue denunciado como tal desde su inicio,1 convergen desde evidentes inconsistencias jurídicas hasta delirantes declaraciones ideológicas, pasando por claras arbitrariedades políticas y por inconfesables alianzas diplomáticas, las que en su conjunto desnudan y revelan de manera paradigmática la inmensa torpeza y la gran limitación de todos los gobiernos recientes y actuales de América Latina, lo mismo los de derecha y ultraderecha de los que se trata en este caso, que de los llamados supuestamente ‘progresistas’ o de ‘izquierda’, los que sin duda son en general, y más allá de estos pequeños matices, genuinos gobiernos burgueses y procapitalistas, y por ende, obligados guardianes y reproductores del injusto orden capitalista todavía vigente en todos los países de nuestro semicontinente latinoamericano.

Entonces, revisitar este caso quince años después de su comienzo, es sin duda importante por varias razones. La primera, es porque se trata de una injusticia profunda, que tenía fines absolutamente espurios de autolegitimación del gobierno de Álvaro Uribe, cuando ese gobierno se tambaleaba por los múltiples efectos de su ilegítima acción internacional del ataque en Sucumbíos de 2008, llevada a cabo violando todos los principios del derecho internacional, y cuando Uribe pretendía, de modo delirante e irracional, reelegirse por tercera ocasión como presidente de Colombia. Injusticia profunda y flagrante que, como toda injusticia, debe ser denunciada y hecha pública, no sólo para que sea repudiada por la opinión pública, sino sobre todo para tratar de evitar que pueda repetirse en el futuro, en México, en Colombia, o en cualquier país de América Latina o del mundo.

En segundo lugar, porque se trató de una clara estigmatización y criminalización del pensamiento crítico, cuyo ejercicio abierto y confeso, era el único posible ‘crimen’ que podía realmente imputarse al Dr. Beltrán Villegas en 2009 o ahora. Descarada persecución de la actividad de la reflexión y el pensar críticos en América Latina, que se explica precisamente por el hecho de que este pensamiento crítico ha estado floreciendo abundantemente en Latinoamérica a partir del 1 de enero de 1994, fecha de la irrupción pública del digno movimiento del neozapatismo mexicano, florecimiento que acompaña y expresa en el plano intelectual, al claro fortalecimiento de distintos movimientos realmente anticapitalistas y antisistémicos desplegados a todo lo largo y ancho del semicontinente, incluidos naturalmente tanto Colombia como México.

Combate feroz a estas nuevas expresiones del pensamiento crítico, impulsado por las clases dominantes, por los Estados y los gobiernos, y por los sectores poderosos de toda Latinoamérica, que es llevado a cabo lo mismo por ciertos sectores cómplices y acomodaticios de la academia institucional, que por diversos defensores de la ideología dominante, junto a jueces, magistrados y funcionarios del más distinto rango y jerarquía. Constante criminalización del pensamiento crítico, que seguramente continuará y se incrementará en el cercano futuro, y que vuelve también relevante el estudio y el análisis de este caso mencionado, en la lógica de obtener lecciones que nos sirvan para enfrentar dicha persecución y estigmatización futuras, con más herramientas y en mejores condiciones. Porque es evidente que pensar de manera diferente, y también de manera crítica, no debería ser objeto ni de persecución, ni de encierro, ni de cárcel, ni de secuestro o represión alguna, aunque como lo demuestra el caso del Profesor Miguel Ángel, en pleno siglo XXI, y dentro del actual capitalismo latinoamericano y mundial todavía dominante, todavía lo es, y es también por eso que esta difícil experiencia debe ser conocida y difundida hoy.

En tercer lugar, la lectura de este libro es útil e importante, porque a través de la revisión de sus distintos contenidos, y de las descripciones que incluye, por ejemplo de la verdadera situación-límite que representa la experiencia carcelaria,2 o del examen y demostración del importante aunque contradictorio rol que juegan los medios de comunicación masiva, o del estudio de las muy diferentes posturas de los propios colegas académicos colombianos y mexicanos frente a este suceso, se nos van entregando diversos elementos y pistas que nos permiten comprender cómo funciona la sociedad colombiana actual, marcada por varias décadas de una verdadera guerra civil no declarada, pero también por una clara colusión entre el Estado colombiano y los carteles del narcotráfico, junto a una violencia paramilitar desmesurada y un clima represivo general bastante agudizado.

Y lo mismo sucede con la sociedad mexicana reciente y actual, en donde el Estado también se ha aliado con los carteles del narcotráfico, y en donde los diversos gobiernos de todos los partidos políticos, sin excepción alguna e incluyendo lo mismo al PRI o al PAN, que al PRD o MORENA, compiten para mejor reprimir a los crecientes movimientos sociales anticapitalistas de todo México, aterrados por la amenaza de un nuevo estallido social general, que muy posiblemente será equivalente a la guerra de Independencia de 1810, o a la Revolución Mexicana de 1910, como lo han planteado recientemente tanto el Subcomandante Insurgente Marcos, como también Immanuel Wallerstein.3 Porque luego de seis años de una retórica vacía y mentirosa, junto a políticas clara y agresivamente capitalistas, antipopulares y beneficiarias sólo de las élites mexicanas, ya muy pocos se hacen ilusiones sobre el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el que en muchos ámbitos sigue siendo tan atrasado y tan represor como los anteriores gobiernos de Vicente Fox, de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, y en otros es incluso peor, como en los temas de los feminicidios, en su torpe y servil política migratoria, o en su absurdo manejo de la economía mexicana, el que muy pronto bien podría provocar una nueva y fuerte devaluación del peso mexicano.

Y son estas pistas o claves valiosas sobre la situación colombiana o la situación mexicana contemporáneas, las que también convierten a este libro en un instrumento útil y valioso para los lectores actuales.

* * *

Para entender mejor el sentido profundo del injusto secuestro que sufrió el Profesor Miguel Ángel Beltrán el 22 de mayo de 2009, hecho que fue concertado y realizado de manera coordinada entre el gobierno colombiano de Álvaro Uribe y el gobierno mexicano de Felipe Calderón, vale la pena recordar los distintos contextos en que este infeliz acontecimiento tiene lugar, reconstruyendo algunos de los trazos principales del contexto mexicano, luego del contexto colombiano, y finalmente del contexto latinoamericano más global que entonces se vivía en el conjunto de América Latina.

Respecto del contexto mexicano, hay que recordar que este acontecimiento se da en el año de 2009, cuando el presidente de México era Felipe Calderón, y su gobierno era el segundo gobierno panista dentro de la historia reciente de México. Pero no hay que olvidar que Calderón era un presidente absolutamente espurio, que había llegado al poder en el año de 2006 mediante un escandaloso fraude electoral, montado por el gobierno de Vicente Fox, fraude que casi al final de su mandato fue reconocido cínicamente por el propio Calderón. Lo que implica que dicho gobierno calderonista haya sido, sin duda alguna, el gobierno más ilegitimo de toda la historia de México, después de la dictadura militar del general Victoriano Huerta, de inicios del siglo XX.

Esto es importante de recordar, porque entonces Calderón fue siempre un presidente con una bajísima legitimidad, y por ende, era un presidente muy débil, que para poder gobernar se apoyó de manera muy importante, en todo su periodo de gobierno desde 2006 hasta 2012, en las fuerzas represivas del ejército y de la policía. Y hay que decir claramente que los gobiernos que recurren con frecuencia a las fuerzas represivas de la policía y el ejército no son los gobiernos fuertes sino los gobiernos débiles, los que al tener un muy escaso o nulo consenso social, y muy poca legitimidad social, necesitan por eso a las fuerzas armadas y a los cuerpos policiacos, para poder mantenerse, reproducirse, y para llevar a cabo sus distintas políticas. No hay que olvidar que Felipe Calderón declaró lo que el mismo llamó la “guerra al narcotráfico”, que produjo más de 120 mil muertes inútiles,4 pues como se ha sabido después, ese gobierno de Calderón tenía una alianza estratégica con el Cartel de Sinaloa, a través de su Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, que hoy está siendo enjuiciado por esta alianza en Estados Unidos.

Y de la mano de esas muertes absurdas e inútiles de la supuesta guerra al narcotráfico, también se disparó en ese gobierno calderonista la cifra de los desaparecidos, la que entonces pasó de unos cuantos centenares en el gobierno de Vicente Fox, a más de 17,000 personas.5 Y cabe señalar que este problema ha continuado creciendo y aumentando, pues ni el gobierno de Peña Nieto ni el de López Obrador, han querido ni podido enfrentarlo seriamente y resolverlo, lo que implica que este siga siendo hasta hoy un problema acuciante de la sociedad mexicana, que mantiene a miles de familias mexicanas en una angustia extrema.

Otro segundo elemento que hay que tomar en cuenta en este contexto mexicano, es que Felipe Calderón era el segundo presidente panista de México, pues después de que el PRI gobernó en México desde 1929, el año de su fundación, hasta el año 2000, llego al poder Vicente Fox, como el primer presidente panista de México, dando durante su errático e ineficiente gobierno, un giro de ciento ochenta grados en la política exterior mexicana, política que era quizá el único elemento medianamente rescatable de los setenta años de gobiernos priistas. Pues estos últimos fueron siempre gobiernos muy represivos dentro del propio México, apoyando esa represión en el amplio control corporativo que tenían de los movimientos obreros, de los movimientos campesinos, y de los movimientos urbano-populares, los que a través de la CTM (Central de Trabajadores de México), la CNC (Central Nacional Campesina), o la CNOP (Central Nacional de Organizaciones Populares) eran obligados a someterse totalmente a los diversos designios del gobierno.

De esta forma el PRI, que gozaba de ese vasto control de los movimientos populares en México, pudo darse el lujo de desarrollar, en el ámbito de la política exterior, una cierta actitud y postura relativamente progresista, recibiendo por ejemplo a los emigrados republicanos de la guerra civil española, o al exiliado León Trotsky, que había sido rechazado por muchos gobiernos europeos. Y todavía en los años sesenta, setenta y ochenta, México fue receptivo para recibir a todos los exiliados latinoamericanos, de Brasil, de Chile, de Argentina, de Guatemala, etc. que escapaban a las dictaduras militares y a las represiones brutales de todos sus respectivos países. Además, México es el único país que se niega a apoyar la iniciativa estadounidense dentro de la OEA, para montar el criminal bloqueo a Cuba, a la rebelde y digna isla del Caribe, manteniendo por décadas el comercio normal y la venta de petróleo a ese país.

Por eso se dice en México que, bajo el PRI, los sucesivos gobiernos de nuestro país eran “Farol de la calle, y obscuridad de su casa”, o sea que dentro de México había una represión clara contra todo tipo de oposición política o contra toda forma de protesta social popular, como es siempre el caso de cualquier gobierno burgués, mientras que en política exterior el gobierno mexicano se jactaba de ser avanzado y progresista, de ser abierto, tolerante y hasta solidario con estos exilios españoles, con Trotsky y con los distintos exilios latinoamericanos mencionados.

Pero esto se acabó totalmente con Vicente Fox y Felipe Calderón. Pues luego del año 2000, se da ese giro radical de la política exterior mexicana hacia posturas muy conservadoras y de derecha, además de que esos dos gobiernos panistas empiezan a cometer una serie de errores diplomáticos elementales, los que sólo demuestran su enorme inexperiencia, en esa política internacional, pero también en la política interna. Y es así que por ejemplo se da, en marzo de 2002, la vergonzosa situación de que Fox invita a Fidel Castro a la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, en la ciudad de Monterrey, pero le pide que no se quede mucho tiempo, para evitar que pueda encontrarse con George Bush hijo, mostrando así una actitud totalmente servil frente al gobierno de Estados Unidos.

En esta misma lógica, se inscribe el torpe manejo del gobierno de Felipe Calderón de la terrible crisis del ataque del ejército colombiano en la ciudad ecuatoriana de Sucumbíos, donde estuvieron involucrados cinco estudiantes mexicanos y cuatro de ellos murieron, logrando sobrevivir solo una estudiante. Ese manejo muestra nuevamente la gran inexperiencia e incapacidad de esos gobiernos panistas en el área de la política exterior. De modo que una cierta presencia independiente y un cierto rol de liderazgo latinoamericano, que México había conquistado en varias décadas gracias a su política exterior relativamente progresista, se derrumbaron totalmente por estas grandes torpezas y errores de ambos gobiernos panistas. Desde el año 2000, México pierde un cierto protagonismo positivo en las arenas internacionales, y su papel diplomático y geopolítico en Latinoamérica comienza a declinar, para cederle esos roles al gobierno de Lula en Brasil, el que a pesar de ciertos errores también muy grandes, como el del envío de cascos azules a Haití, ha sido muy activo a nivel latinoamericano, desplegando una política exterior que más allá de sus evidentes claroscuros, se aparece, comparada con la de México, como una política exterior mucho más relevante y hasta moderadamente progresista.

Y debemos agregar un tercer elemento a este contexto mexicano del año de 2009. Y es que Felipe Calderón es, en sí mismo, un hombre muy torpe. Como lo era también Vicente Fox. Entonces, Calderón estaba aliado con las fuerzas más oscuras, porque la antes mencionada alianza de su Secretario Genaro García Luna con el Cartel de Sinaloa no era la única. Él tenía también nexos con los sectores más conservadores de la Iglesia, lo mismo que con ciertos personajes de la derecha y la ultraderecha europea y latinoamericana. Y uno de esos vínculos era con el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. Por eso, Calderón va a aceptar de manera sumisa y complaciente el desarrollo del burdo montaje que le propone el mismo Uribe, montaje en donde el Profesor Miguel Ángel Beltrán es tan sólo la víctima y el chivo expiatorio, cien por ciento inocente, de la confabulación uribista y de sus vanos y ridículos esfuerzos por recuperar su limitada legitimidad perdida.

Pues en esos años previos al año 2009, pasando ahora a la revisión del contexto colombiano de aquellos tiempos, Álvaro Uribe ya había gobernado Colombia por un primer período de cuatro años, y se había reelegido, pero su gobierno estaba ya muy desgastado por haber sido un muy mal gobierno. Así que en 2009, Uribe también se apoyaba ya sobre todo en el ejército y en la policía colombianos, porque era también un gobierno débil y deslegitimado, como el de Felipe Calderón.

Además, era un gobierno que estaba en una gran crisis, debida al inmenso error del ataque de Sucumbíos, en la que se invadió, sin justificación legal alguna y sin razones válidas, el territorio de Ecuador. Esto provocó la ruptura de relaciones diplomáticas con el gobierno de Rafael Correa, y entonces Álvaro Uribe vuelve a apoyarse sobre todo en la fuerza, en el ejército. Y ya desde esos años se decía abiertamente que Uribe había financiado grupos paramilitares, y ese era entonces un escándalo que estaba creciendo y que cobrará mucha más fuerza cuando termine su segundo período.6 Sumado a todo esto, se estaban descubriendo los casos inventados de los llamados ‘falsos positivos’ los que fueron promovidos e impulsados en escala masiva por el gobierno uribista, junto a su constante y descarada política brutal de represión hacia todos los movimientos sociales de protesta y de oposición.

Y es dentro de este contexto colombiano de gran debilidad del propio Álvaro Uribe, que él se inventa ese montaje ridículo en contra del Dr. Beltrán Villegas, en un intento desesperado para tratar de relegitimarse dentro de la misma Colombia. Por eso su visita a México antes del secuestro del Profesor Miguel Ángel, en la que seguramente convenció a Felipe Calderón de ser cómplice de dicho montaje, y ajusto los detalles logísticos y prácticos para el mismo. Y Uribe va además a agradecer, con todo cinismo, esta colaboración activa y cómplice del gobierno de Calderón, luego del secuestro y deportación ilegales del Doctor Beltrán. Descarado agradecimiento que desnuda la explícita alianza que estuvo detrás de este burdo montaje, alianza de la más rancia y atrasada ultraderecha mexicana, representada por el Partido Acción Nacional y por Felipe Caderón, y la más rancia y atrasada ultraderecha colombiana, representada por Álvaro Uribe,7 el que paradójicamente, ganó la Presidencia apoyado en el movimiento ‘Primero Colombia’, cuyas raíces principales eran más bien del viejo Partido Liberal.

En cuanto al contexto de América Latina de aquellas épocas, hay que recordar que en el año de 2009, todavía una parte importante de la izquierda vivía bajo la ilusión del supuesto carácter radical y avanzado del llamado ‘progresismo latinoamericano’, ilusión que se fue disolviendo y quebrando progresivamente en los años posteriores, y que ahora ya muy pocos sostienen. Pero en aquellos tiempos, cuando en 1999 Hugo Chávez subió al poder en Venezuela, o en 2002 comenzó el gobierno de Lula en Brasil, o en 2003 el gobierno de Néstor Kirchner en Argentina, o en el año 2005 el de Rafael Correa en Ecuador, y en 2006 se instauró el gobierno boliviano de Evo Morales, un sector de la izquierda de América Latina aún mantenía la ilusión de que estos gobiernos realmente iban a llevar a cabo cambios sociales sustantivos, que podrían realmente hacer una diferencia fundamental frente a los gobiernos neoliberales de derecha anteriores.8

Pero esa ilusión, difundida un poco en diversos ambientes de la izquierda de toda Latinoamérica, va a irse desvaneciendo cuando en los hechos, todos estos gobiernos supuestamente ‘progresistas’, demuestren que ellos son totalmente procapitalistas, y que no representaron nunca los intereses ni de sus respectivas clases populares, ni de sus movimientos sociales realmente anticapitalistas y antisistémicos (aunque luego hayan tratado, e incluso muchas veces logrado, cooptar a los líderes de esos movimientos), sino que siempre representaron a sus respectivas burguesías nacionales. Y ahora es muy claro que fueron esas burguesías nacionales las que impulsaron, sostuvieron y defendieron a esos gobiernos ‘progresistas’ beneficiándose ampliamente de dicho apoyo.

Pues como lo declaró el propio Lula, la burguesía nacional brasileña nunca ganó tanto dinero como lo hizo bajo sus dos gobiernos, y lo mismo puede decirse de la burguesía nacional boliviana bajo el gobierno de Evo Morales, o de las burguesías nacionales ecuatoriana, venezolana o argentina, durante los gobiernos de Correa, de Chávez o de los Kirchner. En cambio ahora, creo que ya muy poca gente que sea realmente de izquierda podría defender a los actuales gobiernos ‘progresistas’ de Gabriel Boric en Chile, o de Gustavo Petro en Colombia, o de Andrés Manuel López Obrador en México, gobiernos tan moderados, tan pálidos y tan descoloridos, incluso en su supuesto lenguaje de izquierda, que sólo combinan una retórica vacía y supuestamente crítica, con una clara práctica totalmente capitalista y represiva, muy poco diferente de los gobiernos de derecha latinoamericanos actuales.

Pero en 2009, este hoy decadente progresismo latinoamericano estaba aún en su fase ascendente, y creo que esto influyó para que tanto la ultraderecha colombiana aliada con Uribe, como la ultraderecha mexicana representada por Calderón se sintieran un poco acosadas, y comenzaran a sentirse derrotadas y cercadas. Ellas se asumían como estando en una etapa de declive, y quizá eso es lo que explica que el propio Uribe haya montado esta especie de intento de golpe de timón desesperado, usando como chivo expiatorio, totalmente inventado, al Profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas, el que, hay que decirlo muy claramente, no era más que un académico brillante, que al mismo tiempo defendía de manera clara, firme y explícita la necesidad y la urgencia del cultivo del pensamiento crítico en todas sus formas, y en todos los espacios sociales posibles. Y dado que entre los varios temas que el Dr. Beltrán Villegas había estudiado, estaba también incluido el tema de la historia de las FARC, entonces la rancia y atrasada derecha colombiana de Uribe pensó que podía llevar a cabo el montaje absurdo y el ridículo golpe publicitario de su supuesta ‘aprehensión’, montaje e informaciones que en los años siguientes fueron siendo demostrados como totalmente falsos e inventados, además de ilegales y delirantes, aunque naturalmente si le cambiaron la vida entera al Profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas.

* * *

Conocí personalmente al Doctor Miguel Ángel Beltrán en el año de 1992, cuando él cursaba en México sus estudios de Maestría. Él asistió primero a un Coloquio Internacional celebrado en la UNAM, sobre la historia de la corriente francesa de los Annales, y luego a otro Coloquio Latinoamericano sobre la influencia de esos mismos Annales en la historiografía de América Latina. Recuerdo que en este segundo Coloquio hubo ponentes que analizaron la influencia de esa tendencia historiográfica francesa en Perú, en Brasil, en Guatemala, en Argentina, y naturalmente también en México. Así que al concluir el Coloquio, el Profesor Miguel Ángel se me acercó y me pregunto: “¿Y por qué en este Coloquio, no fue incluida la influencia de Annales en Colombia? Porque esa influencia existe y es importante”. Y yo le respondí: “Porque yo no conozco a ningún investigador serio que haya trabajado esa influencia. No dudo que exista ese investigador, pero yo no lo conozco”. Luego el me facilitó algunos materiales sobre este tema, y fue así que inició una larga amistad que perdura hasta el día de hoy.

En aquel año de 1993, no había ido nunca a Colombia, y cuando estuve viviendo un año en Francia, entre 1988 y 1989, para hacer un Posdoctorado en Historia, nunca encontré algún profesor colombiano o de otra nacionalidad que hubiese estudiado el impacto de los Annales en Colombia. Comenzó así una rica relación académica y también una valiosa relación personal, lo que hizo que entre 1992 y 1997, cuando el Profesor Miguel Ángel retornó a Colombia, luego de concluir sus estudios de Doctorado, hayamos participado juntos en varios Coloquios, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, o en la Universidad Iberoamericana, entre otros varios foros.

Después de 1997, cuando el Profesor Beltrán Villegas regresó a Colombia, mantuvimos nuestros vínculos académicos, y así yo fui invitado por él a Colombia, por primera vez, para dar Conferencias en varias Universidades de ese país, invitación que se repitió más adelante en varias ocasiones. También, cuando en el año de 2003 participé en la fundación de una revista de historia y de pensamiento críticos de la cual aún soy miembro, la revista Contrahistorias, propuse a los miembros del Comité de Redacción, que incorporáramos al Doctor Beltrán dentro del Comité Científico Internacional de Contrahistorias, propuesta que felizmente prosperó, lo que entonces enriqueció y potenció una vez más nuestros diversos vínculos académicos.

Así, el Profesor Miguel Ángel colaboró activamente en el trabajo de la revista, publicando primero en 2004 una entrevista que él me realizó, y luego un artículo escrito en coautoría con Natalia Caruso, en el número 5 de Contrahistorias editado en 2005. En 2008, decidió realizar en México un Posdoctorado, el que concluyó exitosamente entre 2008 y 2009. Y precisamente cuando intentaba renovar los trámites para extender esa investigación posdoctoral durante un año más, fue cuando fue ilegalmente secuestrado y deportado a Colombia. Nosotros habíamos estado cenando juntos la noche anterior a su ridícula supuesta ‘captura’, la que no fue tal, porque el Profesor se presentó voluntaria y pacíficamente en las oficinas del Instituto Nacional de Migración, pensando que le entregarían la nueva Visa para poder permanecer un año más en México, y se encontró en cambio con el violento e irracional montaje mediante el cual se intentó justificar su secuestro y su inmediata deportación a Colombia.

Es importante subrayar que para todas las personas que conocían de cerca al Dr. Beltrán Villegas, las acusaciones que se le hacían aparecían como completamente inverosímiles e increíbles, además de absurdas y delirantes. Lo que no impidió que la noticia apareciera en México el lunes 25 de mayo, en la noche, en el principal noticiero de televisión de México, de la cadena Televisa. Y también fueron transmitidas las declaraciones de Álvaro Uribe, proclamando que había sido una ‘gran captura’ y un gran éxito de su gobierno. Lo cual demuestra nuevamente, tanto la vergonzosa complicidad del gobierno calderonista en este burdo montaje, como también el triste papel de los medios de comunicación masiva, que en lugar de investigar mínimamente la verdad y tratar de informarla, se limitan a repetir y difundir los boletines de noticias que les hacen llegar sus respectivos gobiernos.

Ahora, quince años después, y partiendo de considerar los contextos colombiano, mexicano y latinoamericano de esas épocas, es un poco más fácil comprender el limitado sentido de esta irracional acción de las autoridades mexicanas y colombianas, pero en esos momentos si fue un hecho que nos impactó y nos sorprendió profundamente, en virtud de su carácter artero e inesperado. Entonces, frente a lo inverosímil de las acusaciones dirigidas al Profesor Miguel Ángel, nosotros protestamos en la revista Contrahistorias en contra de esta absurda captura, y en contra de todas esas increíbles acusaciones que se le hacían, y también tratamos de seguir de cerca las noticias de sus juicios.

Y vale la pena recordar que en el primer juicio, él fue declarado inocente, pero la Fiscalía colombiana apeló dicho fallo, y el proceso se fue a una segunda instancia, y en ella, él fue absurdamente declarado culpable. A partir de esto, sus abogados llevaron el proceso a un tercer nivel de la justicia colombiana, el más elevado posible, que equivale a lo que en México se llama la Suprema Corte de Justicia, la que es el Tribunal Superior de la justicia mexicana y cuyos fallos son definitivos e irrevocables. Entonces, en esa tercera instancia, el Doctor Miguel Ángel Beltrán fue absuelto y declarado definitivamente inocente.

Durante el complicado proceso de estos tres juicios, cuyo desarrollo se llevó varios años, el Profesor tuvo que exiliarse un tiempo en Argentina, y estuvo dos veces viviendo la terrible experiencia del encierro carcelario, experiencia que ha sido tan agudamente estudiada y diagnosticada por Michel Foucault, y sobre la cual afirma que la cárcel es el único lugar en el que el poder se muestra de manera desnuda, sin tapujos, sin cortapisas, sin encubrimientos. Porque ahí el poder se siente a sus anchas, y siente que puede desplegar toda su potencia y su capacidad de castigo, toda su fuerza represiva en contra de las víctimas que están encarceladas, sin tener que ‘guardar las formas’, y sin necesidad de legitimarse con discursos, porque ahí el poder simplemente actúa.

Y sabemos que esa experiencia de la cárcel, además de ser una experiencia excepcionalmente dura, es también una experiencia contradictoria, porque puede ser al mismo tiempo muy aleccionadora, para aquellas personas inteligentes que la sufren. En este sentido, podemos evocar los célebres Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci, por ejemplo. En este sentido, el Profesor Miguel Ángel vivió en la cárcel una experiencia similar a la que han vivido algunos otros pensadores críticos o intelectuales, los que al ser encarcelados, tratan de utilizar sus propias herramientas intelectuales para intentar procesar esta terrible experiencia límite, aunque al mismo tiempo para sacar algunas posibles lecciones útiles de la misma.

Porque resulta muy ejemplar, de manera positiva, el comportamiento del Profesor Beltrán Villegas en la cárcel. Pues esta última quiebra y destruye a mucha gente, literalmente la anula y la aniquila, así que mucha gente no sale indemne de esta atroz experiencia carcelaria, y luego de vivirla ya no es capaz de recuperar su vida anterior. En cambio, felizmente, el Profesor Miguel Ángel Beltrán trató de ‘hacer buena cara al mal tiempo’, y entonces buscar algunos elementos positivos de esta difícil experiencia, a la que fue llevado de manera forzada y además, con fundamentos absolutamente injustos, injustificados, absurdos e irracionales.

Así, al estar conviviendo con los presos, él fue recolectando y ensamblando los elementos para construir un libro muy interesante, en el que recoge los testimonios de muchos de los protagonistas fundamentales de la vida social colombiana de los años más recientes. Se trata de gente que está reunida y que convive cotidianamente en la cárcel, aunque haya llegado allí por razones completamente diferentes: para empezar los propios guerrilleros, tanto los de las FARC como los del ELN, pero también los paramilitares, o los militares mismos, además de los distintos tipos de presos políticos y de presos sociales. Es muy interesante este libro, que se llama La vorágine del conflicto colombiano. Una mirada desde las cárceles.9

En ese libro se nos dan los testimonios directos de esos protagonistas centrales, lo que creo nos permite captar de una manera mucho más cercana a lo real, incorporando como decían los microhistoriadores italianos, la dimensión de lo vivido de la historia. Pues la microhistoria reivindicaba y defendía sin duda la historia general, la macrohistoria, los modelos generales, pero afirmaba también que cuando fuera posible, los historiadores y los científicos sociales también deberían tratar de recuperar esa experiencia vivida directamente por los propios protagonistas, lo que los franceses llaman le vécu. Y lo que hace el Doctor Miguel Ángel en este libro es recuperar esa experiencia de ‘lo vivido’ mismo, tal y como es concebida, sentida, vivida y procesada emocional e intelectualmente por sus propios protagonistas.

Junto a esto, está un hecho que el Profesor Beltrán Villegas me ha referido recientemente. Yo sabía que muchos años antes de estar encarcelado, él estaba interesado, entre muchos otros temas de investigación, también en la historia de las FARC. Así, como muchos otros investigadores de su país, él había estudiado esa historia de las FARC, porque le preocupaba entenderla más a fondo. Y sucedió que cuando estuvo en la cárcel, se encontró directamente con varios guerrilleros que eran militantes activos de las FARC y que en ese momento estaban allí como presos políticos. Y él pudo entrevistarlos con mucho tiempo, ampliamente y sin prisas, de modo que parecía que le habían preparado ese escenario, en donde en lugar de tener que ir a buscar a cada posible testigo, y sólo poder hacer una entrevista hoy, y la siguiente tres meses después, y la tercera en un año, el podía en cambio realizar esas entrevistas en muy poco tiempo y con la amplitud que deseara.

Era como si le hubieran juntado a todos sus ‘testigos’, por usar esta expresión de historiadores y de jueces, y el pudiese entrevistarlos todo el tiempo necesario y hasta agotar sus preguntas e inquietudes completamente. Así que él pudo entrevistar a diecisiete miembros de las FARC que vivieron buena parte de los procesos históricos y políticos de la evolución global de esa organización de manera directa y personal, y que le cuentan tanto su historia como sus propias evaluaciones y experiencias personales. Con lo cual es capaz de escribir una historia de las FARC que en este sentido es totalmente excepcional y original, y que hace de este libro una fuente imprescindible para cualquiera que quiera estudiar o comprender este complejo tema.10

Yo no soy para nada especialista en este tema, pero sí me doy cuenta de que posee esta singular dimensión de rescatar ese elemento de lo vivido y de lo concreto experimentado, que en cambio no está presente en la gran mayoría de las anteriores investigaciones sobre la historia de las FARC. Y todo esto sólo fue posible por la dura experiencia de la vivencia de la cárcel, la que el Profesor Miguel Ángel aprovecha para recabar esos testimonios directos, y para escribir a partir de ellos los dos libros que ya hemos mencionado, y que representan importantes contribuciones para aproximarnos a la reconstrucción de la historia y de la radiografía actual de la verdadera guerra civil que Colombia ha vivido desde hace ya más de medio siglo.

Otro tema importante que se rescata en este libro, es el de las posturas que la Academia dominante y la Universidad tuvieron frente al burdo montaje del gobierno de Uribe. Pues muchas de las autoridades universitarias, junto a muchos colegas y compañeros del Profesor Beltrán, que lo conocían desde hacía muchos lustros y décadas, y que sabían perfectamente que era un Profesor honorable, y un académico e investigador brillante, que dedicaba el cien por ciento de su tiempo a las actividades de la docencia, de la investigación y de la difusión académica, tuvieron actitudes y posturas a veces sumisas, y a veces omisas, pero en ambos casos de clara complicidad con el montaje del gobierno colombiano, cuando no posturas abiertas de promover activamente la criminalización del pensamiento crítico, promoviendo diversos esfuerzos e iniciativas para que él fuera declarado culpable.

De modo que con unas pocas excepciones valientes y notables, la Universidad Nacional de Colombia se mostró como una institución poco solidaria y poco responsable frente a una clara injusticia e ilegalidad cometida en contra de uno de sus Profesores, al mismo tiempo que exhibía su naturaleza predominantemente conservadora, en lo que se refiere a sus autoridades y a sus académicos, aunque no, felizmente, en lo referido a sus estudiantes, los que en cambio sí mantuvieron durante mucho tiempo sus protestas y sus exigencias de liberación del Profesor Beltrán Villegas. En cambio, la Universidad y muchos de sus académicos no solamente guardaron un silencio cómplice, evitando defender la honorabilidad de su propio colega vulnerado, mediante uno o varios pronunciamientos contundentes que plantearan que el Profesor Miguel Ángel llevaba muchos años trabajando para la Universidad, y que todos lo conocían y respetaban, y que por ende respondían totalmente por su persona y por su respetabilidad en general.

En lugar de esto, en el año de 2015, el Doctor Miguel Ángel Beltrán Villegas fue destituido de su cargo como docente, aunque después tuvo que ser restituido en el mismo, cuando el Tribunal Supremo de Colombia lo declaró final y definitivamente inocente. Si no, él no hubiese podido regresar a la Universidad. Por eso, es importante ahora volver a recordar los nombres de las personas, y las declaraciones concretas que entonces hicieron, y las posturas políticas que adoptaron, y cual es el diverso grado de responsabilidad de cada uno, en las distintas medidas que, de diferentes modos, afectaron la situación universitaria del Profesor Miguel Ángel.

* * *

La historia es muchas veces paradójica, y avanza por caminos extraños e insospechados. Por eso hoy, quince años después del artero y cobarde montaje de la supuesta ‘captura’ y ‘aprehensión’ del Profesor Miguel Ángel Beltrán, los personajes principales de ese infeliz acontecimiento han comenzado a ubicarse en el verdadero lugar histórico que les corresponde.

Así, Álvaro Uribe es hoy un personaje totalmente deslegitimado, que en la opinión pública colombiana es concebido como un claro promotor del paramilitarismo, y cuya detención preventiva fue solicitada por la Corte colombiana en 2020, obligándolo a renunciar a su puesto como Senador, y provocando que su caso pasara a manos de la Fiscalía, la que recientemente, en marzo de 2024, lo llamó a juicio, por los cargos de fraude procesal y de soborno a testigos. Y esperemos que un poco de verdadera justicia se cumpla, y Uribe sea muy pronto condenado a pagar todos los crímenes que ha cometido a lo largo de prácticamente toda su vida.11

Por su parte, Felipe Calderón es también un presidente completamente desprestigiado en México y en el mundo, al ser concebido como el responsable del ciclo todavía abierto del aumento desmesurado de los desaparecidos mexicanos, el que no se ha detenido ni disminuido durante el gobierno de López Obrador, así como de la enorme y espeluznante cifra de los llamados ‘muertos colaterales’ que antes mencionamos, y que fue provocada por su insensata y absurda ‘guerra al narcotráfico’. Además, él está hoy exiliado en Estados Unidos, temeroso de que su Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, hoy acusado de colusión con el Cartel de Sinaloa, pueda delatarlo como obvio cómplice, y también como beneficiario directo de esa misma colusión. Y no es para nada imposible que una vez que García Luna sea condenado, decida confesar dicha culpabilidad de Calderón, aportando pruebas prácticas de la misma, para a partir de esto intentar negociar alguna reducción de su pena.

Mientras tanto, el profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas se ha convertido, en toda Colombia, y también en buena parte de toda América Latina, en un claro ejemplo de los reales riesgos que corren hoy todos aquellos que se atreven a cultivar el pensamiento crítico, a ejercer una docencia realmente libre y autónoma, a difundir las múltiples injusticias que cotidianamente padecemos, dentro de las Universidades, y también dentro de nuestras sociedades, y a investigar guiados solamente por la búsqueda de la verdad y por el afán de comprender la compleja realidad actual.

Pero también se ha convertido en un ejemplo paradigmático de ese mismo pensamiento crítico latinoamericano, y en un referente práctico que, en contra de todos los poderes hoy dominantes, en Colombia, en México, en América Latina y en el mundo entero, nos demuestra una vez más que siempre es posible resistir con dignidad, y que siempre se puede continuar defendiendo con orgullo y con valentía nuestras propias ideas, y que aún en las condiciones más adversas se pueden mantener vigentes nuestras posiciones, y que siempre seremos capaces de afirmar nuestras verdades, y de proseguir reivindicando, al precio que sea necesario, la inmensa e invencible fuerza de la razón, en contra de las bajas y terribles razones de la fuerza.

Este texto corresponde al prólogo del libro México y Colombia: Alianza para un secuestro. Persecución al pensamiento Crítico. El caso del sociólogo y profesor universitario Miguel Ángel Beltrán Villegas (2009-2025) Volumen I. Secuestro, cárcel y Juicio, cuyos autores son Natalia Caruso (Universidad Pedagógica Nacional), Rosembert Ariza y Miguel Ángel Beltrán (Universidad Nacional) y que fue lanzado en el auditorio Camilo Torres de la Universidad Nacional de Colombia el jueves 22 de mayo.

Carlos Antonio AGUIRRE ROJAS es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM- México.

Notas:

1 A este respecto, cfr. el ‘Editorial’ del diario La Jornada, del domingo 24 de mayo de 2009, página 2, publicado sólo dos días después del artero secuestro y la ilegal deportación del Doctor Miguel Ángel Beltrán Villegas, llevados a cabo por las autoridades mexicanas, en total connivencia con las autoridades colombianas.

2 Al usar el concepto de ‘situación-limite’ estamos pensando en la definición que Jean-Paul Sartre dio del mismo en su texto, “Pour une théâtre de situations”, incluido en su libro Une théâtre de situations, Ed. Gallimard, París, 1992. Y sobre la radical experiencia carcelaria y sus múltiples implicaciones, cfr. Michel Foucault, Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión, Ed. Siglo XXI, México, 1976.

3 Dice el Subcomandante Insurgente Marcos: “…la gente ya está harta, ya está harta y no cree en ningún partido político, en ninguno, ni cree en la vía electoral. Se está levantando allá abajo, se está preparando un gran estallido social, grande, como ni en la Revolución Mexicana ni en la Guerra de Independencia…”, en “Reunión con el Magisterio y otros sectores de Tlaxcala”, del 20 de febrero de 2006, en el sitio de Enlace Zapatista, en: https://enlacezapatista.ezln.org.mx. Una idea similar expresa Immanuel Wallerstein en dos de sus Comentarios, titulados “La bomba de tiempo mexicana”, del 1 de octubre de 1999, y “La tempestad mexicana: ¿Insurrección o guerra civil?” del 15 de diciembre de 2006, ambos incluidos en Contrahistorias, num. 33, 2020.

4 En el sitio de Wikipedia en español se dice que “Entre diciembre de 2006 y enero de 2012, murieron alrededor de 121,000 personas, mediante ejecuciones, enfrentamientos entre bandas rivales y agresiones a la autoridad”, en la entrada “Guerra contra el narcotráfico en México”, en el sitio en internet: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_contra_el_narcotráfico_en_México.

5 “En el sexenio de Vicente Fox (2000-2006) hubo 854 desparecidos; con Felipe Calderón (2006-2012), 17,210 y con Enrique Peña Nieto (2012-2018), 35,305, de acuerdo al Registro Nacional de Personas Desaparecidas”. Sobre este punto, cfr. el artículo “100,012 desaparecidos”, del 2º de mayo de 2022, en el sitio en internet: https://animalpolitico.com.

6 Sobre estos turbios vínculos entre el Estado colombiano y los grupos paramilitares, que abarcan desde los niveles locales y regionales, hasta la escala nacional, cfr. el libro colectivo Parapolítica. La ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos, Ed. Intermedio Editores, Bogotá, 2007.

7 Una vez consumado el montaje, y la ilegal deportación a Colombia del Doctor Miguel Ángel Beltrán Villegas, Uribe declaró: “Hago llegar nuestra más sentida voz de gratitud al presidente Calderón, porque en México se acaba de capturar a uno de los terroristas más peligrosos de la organización narcoterrorista FARC”, en el diario Crónica, del 24 de junio de 2009, página 7. Más allá de las afirmaciones delirantes y calumniosas de Uribe, queda aquí claro el contubernio entre los dos presidentes y los dos gobiernos mencionados.

8 Para una crítica de las limitaciones, del verdadero contenido de clase, de los intereses sociales subyacentes y de los objetivos globales de todos esos gobiernos que fueron llamados ‘progresistas’, e incluso gobiernos ‘del giro a la izquierda’ de América Latina, que nos sea permitido remitir a nuestros trabajos Carlos Antonio Aguirre Rojas, América Latina en la encrucijada, Ed. Contrahistorias, México, 2005, Antimanual del Buen Rebelde, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2015, y Movimientos antisistémicos y cuestión indígena en América Latina, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2018.

9 Véase Miguel Ángel Beltrán Villegas, La vorágine del conflicto colombiano. Una mirada desde las cárceles, Ed. CLACSO, Buenos Aires, 2018, libro digital consultable en el sitio en internet: https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20180808092008/La_Voragine_del_conflicto.pdf.

10 Nos referimos al libro de Miguel Ángel Beltrán Villegas, Las FARC-EP (1950-2015): luchas de ira y esperanza, Ed. Desde Abajo, Bogotá, 2015.

11 Sobre la opinión pública generalizada de la figura de Uribe, y sobre ese llamado a juicio reciente, véanse los artículos de Nicholas Dale Leal, “La nube negra que persigue a Uribe”, en el diario El País, del 29 de noviembre de 2023, de Camila Osorio, “La fiscalía llama a juicio a Álvaro Uribe por el caso de falsos testigos”, en El País, del 9 de abril de 2024, y el de Emma Jaramillo Bernat, “El expresidente Uribe tras ser llamado a juicio: ‘Me abren las puertas de la cárcel sin pruebas’”, del 10 de abril de 2024, todos ellos en el sitio: https://elpais.com/america-colombia/.

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