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Barcelona ordena a cuatro curas menores de 37 años en la Sagrada Familia: el mayor grupo desde 2019

2 Junio 2026 at 12:38

Cuatro nuevos sacerdotes fueron ordenados este martes, 2 de junio de 2026, en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, en una ceremonia presidida por el cardenal Juan José Omella. Los ordenados, que hasta ahora eran diáconos, nacieron entre 1989 y 1995, lo que los sitúa en la generación de los años noventa, un dato relevante en un contexto de secularización y crisis de vocaciones en Cataluña.

El contexto de las vocaciones en España

La ordenación de sacerdotes jóvenes en la Sagrada Familia supone un hito para la archidiócesis de Barcelona, que busca revitalizar la presencia eclesial en una región donde las cifras de seminaristas han descendido en las últimas décadas. Según la Conferencia Episcopal Española, el número de ordenaciones en el país se sitúa en torno a las 150 anuales, con una edad media que supera los 30 años. En este caso, la juventud de los nuevos curas – todos menores de 37 años – es vista como un signo de esperanza por parte de la Iglesia local.

Tras la ceremonia, los cuatro sacerdotes expresaron su emoción en declaraciones recogidas por la propia archidiócesis:

Ha sido un día decisivo. Recibimos el sacerdocio con humildad y alegría, y estamos dispuestos a servir a la comunidad en las parroquias que nos sean encomendadas.

El cardenal Omella, también presidente de la Conferencia Episcopal Española, destacó en su homilía la importancia de la nueva evangelización y el papel de los jóvenes sacerdotes en una sociedad cada vez más secularizada. La basílica de la Sagrada Familia, símbolo de la ciudad condal, acogió a familiares, amigos y fieles que abarrotaron el templo para la ocasión.

La misión de los nuevos sacerdotes

Los ordenados – cuyos nombres no han trascendido – iniciarán su labor pastoral en distintas parroquias de la diócesis. La Iglesia en Cataluña ha impulsado en los últimos años iniciativas para fomentar las vocaciones, como encuentros juveniles y programas de acompañamiento espiritual, que comienzan a dar frutos. Este grupo de cuatro sacerdotes es el más numeroso ordenado en un solo acto en Barcelona desde 2019, según fuentes del arzobispado.

La ordenación coincide con la publicación del anuario estadístico de la Iglesia, que refleja una ligera recuperación de las vocaciones en España tras años de descenso. En toda Cataluña, el número de seminaristas mayores ha pasado de 89 en 2020 a 112 en 2025, según datos del seminario de Barcelona. Aunque la cifra sigue siendo baja en comparación con décadas anteriores, la tendencia ascendente ofrece un respiro a una diócesis que, como otras en Europa, se enfrenta al envejecimiento de su clero.

La Fundación CARF beca a 1.500 seminaristas al año y lleva sacerdotes a regiones remotas del mundo

1 Junio 2026 at 09:38

La Fundación CARF (Centro Académico Romano), vinculada al Opus Dei y a la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, continúa su labor de apoyo a la formación de sacerdotes para la Iglesia en todo el mundo, con especial atención a las regiones más necesitadas. Según ha informado la institución este 1 de junio de 2026, su labor permite que “miles de personas en lugares remotos” puedan recibir la asistencia espiritual de sacerdotes bien preparados.

La Fundación CARF, con sede en Roma, canaliza donativos para becar a seminaristas y sacerdotes de diócesis con pocos recursos, permitiéndoles estudiar en universidades pontificias. Desde su fundación, ha apoyado la formación de más de 30.000 sacerdotes de 126 países, según datos de la propia institución.

Apoyar a la Fundación CARF no es simplemente colaborar con una institución. Es ayudar a que miles de personas, en lugares remotos del mundo, puedan encontrarse algún día con un sacerdote bien formado.

La formación sacerdotal es considerada clave para la evangelización y la continuidad de la Iglesia, especialmente en áreas de misión donde la presencia de clero local es escasa. Cada año, la fundación beca a cerca de 1.500 seminaristas y sacerdotes, que luego regresan a sus diócesis de origen para ejercer su ministerio. Desde su creación, la fundación ha invertido más de 100 millones de euros en estas becas, con financiación procedente de donantes privados, según fuentes de la organización. La labor de CARF se extiende por todos los continentes, con especial incidencia en África, Asia y América Latina, donde la falta de recursos dificulta la formación del clero local.

La iniciativa responde a la necesidad de garantizar la atención espiritual en comunidades aisladas, donde un sacerdote puede ser el único vínculo con la Iglesia institucional. La Fundación CARF, reconocida por la Santa Sede, publica anualmente una memoria de actividades en su página web, donde detalla el destino de los fondos y el perfil de los becados.

La Iglesia ortodoxa rusa expulsa a curas que se niegan a bendecir la guerra en Ucrania

30 Mayo 2026 at 09:38

La Iglesia Ortodoxa Rusa ha intensificado su disciplina interna contra aquellos sacerdotes que se niegan a apoyar la guerra en Ucrania. Según fuentes eclesiásticas, desde Vladivostok hasta Vilnius, varios clérigos han sido reducidos al estado laical, una medida que implica la pérdida de su condición sacerdotal y que refleja la instrumentalización de la institución por parte del Kremlin.

Uno de los casos más significativos es el del padre Alexéi Uminski, quien fue reintegrado en París por el patriarcado ecuménico. Uminski ha relatado en un libro publicado en la capital francesa que recibe semanalmente cartas de antiguos colegas de toda Rusia en las que expresan su confusión y temor. Muchos de ellos encuentran imposible rezar por la guerra, pero temen las denuncias y los juicios eclesiásticos que podrían costarles su ministerio.

La medida de laicización forzosa se ha extendido por toda la geografía rusa y entre la diáspora, afectando a sacerdotes que han manifestado públicamente su oposición al conflicto o que simplemente se han negado a bendecir las operaciones militares. La disciplina eclesiástica se ha convertido en un instrumento de control político, según denuncian voces críticas dentro y fuera de la Iglesia.

El patriarcado de Moscú, bajo la dirección del patriarca Cirilo I, ha alineado su discurso con el del Gobierno ruso, calificando la guerra como una lucha existencial contra Occidente. Esta postura ha generado una fractura interna: mientras que la jerarquía apoya mayoritariamente al Kremlin, numerosos sacerdotes y fieles discrepan en privado, aunque pocos se atreven a expresarlo abiertamente por miedo a represalias.

La reintegración de Uminski en París, bajo la jurisdicción del patriarcado ecuménico, supone un desafío simbólico a la autoridad de Moscú. El patriarcado de Constantinopla, que lidera el mundo ortodoxo, no reconoce la legitimidad de las sanciones eclesiásticas impuestas por la Iglesia rusa contra sus disidentes.

Este caso pone de relieve la creciente tensión entre la ortodoxia rusa y las Iglesias ortodoxas de otros países, así como el papel geopolítico de la religión en el conflicto ucraniano. La reducción al estado laical de sacerdotes por motivos políticos no tiene precedentes en la historia reciente de la Iglesia rusa y podría agravar las divisiones internas.

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