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Mares Vivos: Ecologistas en Acción identifica las claves para restaurar los ecosistemas marinos en el Estado español

16 Julio 2026 at 14:15
Por: Mar
  • El nuevo informe de Ecologistas en Acción analiza 57 proyectos de restauración marina y advierte de que la restauración ecológica sigue siendo una política insuficientemente consolidada, pese a la grave crisis que atraviesan los ecosistemas marinos.
  • Los resultados muestran que existe una brecha preocupante entre la capacidad de restaurar especies y hábitats concretos y la recuperación efectiva de las funciones ecológicas del mar, lo que evidencia la necesidad de reforzar las políticas públicas de restauración.
  • Ante la aplicación del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, Ecologistas en Acción reclama un plan nacional ambicioso que garantice financiación estable, seguimiento científico a largo plazo, eliminación de las presiones que degradan los ecosistemas y una gobernanza basada en la participación real de las comunidades costeras.

 

 

La restauración marina ha experimentado un crecimiento sin precedentes en el Estado español durante la última década. Frente al deterioro acumulado de los ecosistemas marinos provocado por la sobrepesca, la destrucción de hábitats, la contaminación, la artificialización del litoral o el cambio climático, cada vez son más las iniciativas que buscan recuperar la biodiversidad y las funciones ecológicas del mar. El informe Mares Vivos. Claves para la restauración marina en el Estado español, elaborado por Ecologistas en Acción, analiza 57 proyectos desarrollados en distintos territorios para identificar los avances logrados, los obstáculos que siguen limitando su éxito y las lecciones que deberían orientar las futuras políticas públicas de restauración.

Los resultados muestran una realidad con luces y sombras. Por un lado, la restauración marina ha dejado de ser una experiencia marginal. Durante los últimos años se han multiplicado los proyectos dirigidos a recuperar praderas de fanerógamas marinas, ecosistemas coralígenos, bancos de ostras, bosques de macroalgas y especies amenazadas, generando un importante conocimiento técnico y científico.

Sin embargo, el informe también pone de manifiesto que todavía existe una brecha importante entre restaurar organismos y restaurar ecosistemas. La mayoría de los proyectos analizados han conseguido demostrar la supervivencia de las especies restauradas o la viabilidad de las técnicas empleadas, pero solo una pequeña parte ha podido acreditar una recuperación ecológica efectiva de los ecosistemas intervenidos.

Para Ecologistas en Acción, esta diferencia es fundamental. El objetivo de la restauración no puede limitarse a plantar fanerógamas, trasplantar corales o reforzar poblaciones amenazadas. El reto es recuperar ecosistemas funcionales, capaces de albergar biodiversidad, sostener procesos ecológicos y aumentar su resiliencia frente a amenazas que son difícilmente evitables como las olas de calor.

Entre los principales obstáculos identificados destaca la corta duración de la mayoría de los proyectos. Muchas de las especies y hábitats objeto de restauración necesitan décadas para recuperar plenamente su funcionalidad ecológica, pero la mayor parte de las iniciativas se desarrollan en ciclos de apenas tres a cinco años. Esta limitación se ve agravada por una fuerte dependencia de convocatorias temporales, principalmente financiadas con fondos europeos, que dificultan la continuidad de las actuaciones y la consolidación de los resultados.

La situación resulta especialmente preocupante en un momento en el que la financiación europea destinada específicamente a la conservación y restauración de la naturaleza se encuentra amenazada en las negociaciones sobre el futuro presupuesto de la UE, poniendo en riesgo algunos de los principales instrumentos que han permitido impulsar la restauración marina durante los últimos años, como el programa LIFE.

El informe señala también que el seguimiento científico continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la restauración marina. A pesar de que en la gran mayoría de los casos el desarrollo del proyecto se lleva a cabo con un importante peso científico, una parte significativa de los proyectos finalizados carece de información pública sobre su evolución posterior, lo que dificulta conocer el alcance real de los resultados obtenidos y limita el aprendizaje colectivo.

Además, la información disponible de los proyectos analizados suele centrarse en los casos de éxito, mientras que las dificultades, limitaciones o fracasos permanecen poco documentados pese a que constituyen una fuente de conocimiento imprescindible para mejorar futuras intervenciones.

Otro de los mensajes centrales del informe es que la restauración activa, por sí sola, no basta. Aunque trasplantes, viveros, refuerzos poblacionales o arrecifes artificiales pueden desempeñar un papel importante, su eficacia disminuye cuando continúan actuando las causas que provocaron la degradación. La recuperación de los ecosistemas marinos exige avanzar simultáneamente en la eliminación de presiones humanas, como determinadas prácticas pesqueras, el fondeo sobre hábitats sensibles, la contaminación o la acumulación de residuos.

En este sentido, Ecologistas en Acción hace hincapié en que las áreas marinas protegidas bien gestionadas —es decir, con planes de gestión operativos que incorporan medidas de eliminación de las presiones y marcos de gobernanza colaborativos— pueden ofrecer condiciones especialmente favorables. En cualquier caso, la organización advierte de que la restauración marina no debe limitarse únicamente a estos espacios.

Lucas Barrero, coautor del informe, ha declarado: “La experiencia acumulada demuestra además que los proyectos más sólidos son aquellos capaces de implicar a los actores locales desde las primeras fases de diseño hasta la ejecución y el seguimiento de las actuaciones. La colaboración entre comunidad científica, administraciones, sector pesquero y organizaciones sociales, no solo mejora la calidad de los proyectos, sino que favorece su continuidad y genera el apoyo social necesario para mantener los resultados a largo plazo”.

Lecciones para el futuro Plan Nacional de Restauración

A la luz de las lecciones extraídas de los proyectos analizados, Ecologistas en Acción considera que el futuro Plan Nacional de Restauración, que debe enviar el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a la Comisión Europea antes del 1 de septiembre, debe convertirse en una herramienta capaz de garantizar la continuidad de los esfuerzos restauradores más allá de los ciclos de financiación. Para ello, será imprescindible asegurar recursos estables, desarrollar sistemas de evaluación basados en indicadores comunes y reforzar el seguimiento científico de las actuaciones durante periodos suficientemente largos como para poder evaluar la recuperación real de los ecosistemas.

Además, la organización ecologista defiende que el Plan incorpore de forma decidida la restauración pasiva mediante la reducción efectiva de las presiones que afectan al medio marino; fortalezca la gestión de los espacios marinos protegidos; garantice una distribución equilibrada de recursos entre las distintas demarcaciones marinas; y establezca mecanismos de gobernanza transparentes y participativos que permitan implicar a las comunidades costeras en la toma de decisiones.

Asimismo, considera imprescindible que la adaptación al cambio climático atraviese todas las actuaciones de restauración y que se promueva una cultura de aprendizaje colectivo donde los fracasos y las limitaciones sean también documentados y compartidos.

LIFE ECOREST, una referencia para la restauración marina

Entre los proyectos analizados, el LIFE ECOREST destaca como una de las experiencias más avanzadas e inspiradoras desarrolladas hasta la fecha en el Mediterráneo occidental. El proyecto, desarrollado frente a las costas catalanas, combina la restauración activa de comunidades coralígenas y hábitats bentónicos profundos con actuaciones destinadas a reducir las presiones que afectan a estos ecosistemas, incorporando además la participación directa del sector pesquero en la identificación y establecimiento de áreas prioritarias y vedados de pesca, la recuperación de organismos capturados accidentalmente y el seguimiento de los resultados.

La implicación activa del sector pesquero es uno de los elementos más destacados de esta experiencia. Su colaboración en la recuperación de gorgonias, corales y esponjas capturados accidentalmente demuestra que la conservación marina y la actividad pesquera pueden construir alianzas capaces de mejorar el estado de los ecosistemas y reforzar la sostenibilidad de los recursos marinos.

Ecologistas en Acción destaca que, por su combinación de restauración activa y pasiva, seguimiento a largo plazo y gobernanza colaborativa, LIFE ECOREST constituye una referencia valiosa para el futuro Plan Nacional de Restauración y para avanzar hacia una recuperación real y duradera de los ecosistemas marinos.

Marta García Pallarés, coautora del informe, ha añadido: “LIFE ECOREST forma parte de una trayectoria de más de una década de trabajo en la restauración del coralígeno profundo, una continuidad que ha permitido acumular conocimiento científico, perfeccionar metodologías y evaluar los resultados en escalas temporales acordes con los ritmos de recuperación de los ecosistemas marinos”.

Recientemente, Ecologistas en Acción ha documentado este trabajo conjunto entre personal científico y sector pesquero mediante un reportaje fotográfico realizado junto al proyecto.

 

Reportaje fotográfico LIFE Ecorest maquetado y carpeta de fotos.

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[Informe] Mares Vivos: claves para la restauración marina en el Estado español

16 Julio 2026 at 10:36
Por: Mar

Los ecosistemas marinos del Estado español afrontan una situación de creciente degradación como consecuencia de la sobreexplotación de recursos, la destrucción de hábitats, la contaminación y los efectos del cambio climático, entre otros factores. Ante este escenario, el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza supone una oportunidad sin precedentes para impulsar la recuperación ecológica del medio marino y restablecer las funciones ecológicas que sostienen la biodiversidad y el bienestar de las comunidades costeras. Este informe analiza experiencias de restauración marina desarrolladas en el Estado español con el objetivo de identificar aprendizajes, prioridades y herramientas útiles para la elaboración e implementación del futuro Plan Nacional de Restauración.

La revisión de 57 proyectos de restauración muestra un aumento significativo de las iniciativas durante la última década y una creciente diversidad de hábitats, especies y metodologías de intervención. Sin embargo también evidencia que la restauración marina se encuentra todavía en una fase incipiente: la mayoría de los proyectos han demostrado la viabilidad de las técnicas empleadas, pero siguen siendo pocos los casos que acreditan una recuperación ecológica efectiva de los ecosistemas. Asimismo, el análisis identifica importantes carencias en aspectos como el seguimiento a largo plazo, la estabilidad y diversidad financiera o la persistencia de enfoques basados mayoritariamente en la restauración activa. Al mismo tiempo, pone de manifiesto que la implicación de actores locales, especialmente del sector pesquero, constituye un factor clave para el éxito de las actuaciones de restauración.

Los resultados de este informe evidencian que la restauración marina no será efectiva si no se actúa sobre las causas de la degradación de los ecosistemas. La aplicación del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza representa una oportunidad para avanzar en esa dirección, pero requerirá de la capacidad para consolidar modelos de restauración sostenidos en el tiempo, con financiación estable, seguimiento continuado y actuaciones integradas que aborden simultáneamente la restauración activa y la reducción de las presiones humanas, todo ello acompañado de indicadores estandarizados que permitan evaluar la eficacia real de las intervenciones. Solo así será posible recuperar la biodiversidad, reforzar la capacidad de los ecosistemas para afrontar la crisis climática y frenar el deterioro de unos mares cada vez más amenazados.

 

Introducción

Los mares están perdiendo vida. Décadas de sobreexplotación de recursos, contaminación y basuras marinas, destrucción de hábitats y cambio climático han provocado una degradación creciente de los ecosistemas marinos. A ello se suman otras presiones como el tráfico marítimo, el ruido submarino, las capturas incidentales de especies protegidas, los vertidos de infraestructuras costeras sobrecargadas por la masificación turística, los fondeos sobre hábitats sensibles, la artificialización del litoral o los impactos derivados de nuevas actividades en el medio marino. El resultado es un deterioro generalizado de los ecosistemas, la pérdida progresiva de biodiversidad y de la capacidad de los océanos para sostener funciones ecológicas esenciales.

Esto no constituye únicamente un problema ambiental. El océano y sus ecosistemas proporcionan alimentos, regulan el clima, almacenan carbono y sostienen actividades económicas y culturales fundamentales para numerosas comunidades costeras. En el Estado español millones de personas dependen directa o indirectamente de la buena salud del mar, especialmente la pesca costera, estrechamente vinculada al estado de conservación de los ecosistemas litorales.

Sin embargo, el deterioro de nuestros mares no es inevitable. Durante los últimos años se han multiplicado las iniciativas que demuestran que es posible compatibilizar la actividad humana con la recuperación de los ecosistemas marinos. Experiencias impulsadas desde el ámbito científico, el sector pesquero, las administraciones públicas y las organizaciones sociales han mostrado que la reducción de presiones y la mejora de la gestión pueden favorecer una recuperación significativa de especies y hábitats. En el Estado español existen ejemplos que apuntan en esa dirección: iniciativas de cogestión pesquera, procesos impulsados por el propio sector pesquero para mejorar la sostenibilidad y viabilidad de su actividad, reservas marinas que han demostrado su eficacia para recuperar poblaciones de especies y hábitats o avances en la ampliación de la superficie marina protegida.

En este sentido, el Estado español ha asumido el compromiso de proteger al menos el 30 % de sus aguas marinas para 2030, incluyendo un 10 % de las mismas bajo figuras de protección estricta. Esto significa que esas zonas designadas deberán permanecer intactas, libres de actividades y presiones humanas que puedan afectar a la biodiversidad con el fin de favorecer su recuperación y/o conservación. No obstante, persisten importantes desafíos. Buena parte de la protección existente carece todavía de una gestión eficaz, de recursos suficientes para su seguimiento y de vigilancia o medidas capaces de garantizar la recuperación de los ecosistemas más degradados. Del mismo modo, el estado actual de la protección estricta en el Estado español continúa muy lejos de los objetivos numéricos asumidos por el Gobierno.

Los avances en conservación han sido fundamentales para frenar parte de la pérdida de biodiversidad marina, pero la magnitud de la degradación acumulada obliga a plantear un reto adicional. Allí donde los ecosistemas han perdido especies, funcionalidad ecológica o capacidad de recuperación, proteger ya no es suficiente: resulta necesario impulsar su recuperación. Es en este contexto donde cobra especial relevancia la restauración ecológica, definida como el proceso de ayudar a la recuperación de ecosistemas degradados, dañados o destruidos (SER, 2019). Lejos de pretender reconstruir una imagen estática del pasado, la restauración busca recuperar las funciones ecológicas, la biodiversidad y la capacidad de adaptación de los ecosistemas para que puedan responder a los cambios ambientales presentes y futuros.

Esta recuperación puede abordarse mediante actuaciones de restauración activa que implican intervenciones directas sobre hábitats o especies, o mediante estrategias de restauración pasiva basadas en la eliminación de las presiones que impiden la regeneración natural de los ecosistemas. En el medio marino, donde los costes de intervención son más elevados y numerosos hábitats muestran una notable capacidad de recuperación una vez cesan las perturbaciones, esta última aproximación, la restauración pasiva, adquiere una relevancia especial. En muchos casos, reducir o eliminar los factores de degradación constituye una de las herramientas más eficaces para favorecer la recuperación de los ecosistemas a gran escala y, al mismo tiempo, la alternativa que suele requerir una menor inversión económica.

La restauración marina se enfrenta además a desafíos específicos. Persisten importantes lagunas de conocimiento sobre el estado de conservación de numerosos hábitats y especies, así como carencias significativas en la cartografía de amplias zonas del medio marino. Estas limitaciones dificultan la identificación de prioridades, el diseño de actuaciones y la evaluación de su eficacia, poniendo de manifiesto la necesidad de reforzar la investigación, el seguimiento y la generación de conocimiento aplicado a la restauración.

En este contexto, el Reglamento (UE) 2024/1991 sobre la Restauración de la Naturaleza (en adelante, el Reglamento), en vigor desde agosto de 2024, supone un punto de inflexión para las políticas ambientales europeas. Por primera vez, la Unión Europea (UE) establece objetivos jurídicamente vinculantes para restaurar ecosistemas degradados, incluidos los marinos (ver Cuadro 1) y obliga a los Estados miembros a elaborar Planes Nacionales de Restauración que definan las medidas necesarias para alcanzarlos.

El Reglamento no surge de manera aislada. Se apoya en décadas de desarrollo de políticas de conservación de la naturaleza, desde las Directivas Hábitats y Aves, la Directiva Marco del Agua y hasta la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina, las Estrategias Marinas, los Planes de Ordenación Espacial Marina (POEM), la creación de espacios marinos protegidos o los compromisos adquiridos en el marco de la Estrategia Europea de Biodiversidad para 2030. Sin embargo, incorpora una novedad fundamental: junto a la protección de los ecosistemas mejor conservados, introduce la obligación de recuperar aquellos que ya han sido degradados. La restauración ecológica pasa así a ocupar un lugar central en las políticas públicas, complementando las medidas de conservación mediante la incorporación de objetivos de restauración cuantificados, calendarios de actuación y el principio de no deterioro, evitando que los ecosistemas restaurados o los que ya se encuentran en buen estado vuelvan a degradarse.

Para el Estado español, uno de los países con mayor superficie marina de la UE y una extraordinaria diversidad de ecosistemas costeros y marinos, este nuevo escenario representa una oportunidad histórica, pero también un importante desafío. La aplicación efectiva del Reglamento exigirá mejorar el conocimiento disponible, identificar prioridades de actuación, fortalecer la participación social y desarrollar herramientas técnicas y de gobernanza capaces de trasladar los objetivos normativos a actuaciones concretas sobre el territorio.

Principales objetivos y obligaciones del Reglamento (UE) 2024/1991 sobre la Restauración de la Naturaleza para los ecosistemas marinos

Restauración de los ecosistemas marinos en el Reglamento (UE) 2024/1991 sobre la Restauración de la Naturaleza

Persigue que la gran mayoría de los hábitats marinos degradados recuperen una buena condición ecológica, que los hábitats desaparecidos vuelvan a ocupar una superficie suficiente para garantizar su viabilidad y que las especies marinas protegidas dispongan de hábitats adecuados para su conservación y recuperación.

Antecedentes. ¿Cuáles son los hábitats a restaurar? Los Estados miembros establecerán las medidas de restauración necesarias para mejorar, hasta que se encuentren en buena condición, las zonas de los tipos de hábitats enumerados en el anexo II que no se encuentren en buena condición. El Anexo II del Reglamento de Restauración de la Naturaleza clasifica los hábitats marinos en los siguientes 7 grupos:

  • Grupo 1: Lechos de vegetación marina
  • Grupo 2: Bosques de macroalgas
  • Grupo 3: Bancos de mariscos
  • Grupo 4: Mantos de rodolitos
  • Grupo 5: Campos de esponjas, corales y coralígenos
  • Grupo 6: Respiraderos y rezumaderos
  • Grupo 7: Sedimentos arenosos (que no superen los mil metros de profundidad)

Restaurar hábitats marinos degradados [art. 5 (1)]

  • Grupos 1 a 6: para 2030: restaurar al menos el 30 % de su superficie en mal estado; para 2040: restaurar al menos el 60 %; para 2050: restaurar al menos el 90 %.
  • Grupo 7: para 2040: restaurar al menos dos tercios del porcentaje que se fije para 2050. Para 2050: restaurar el porcentaje que se determine después (suficiente para garantizar el buen estado ambiental).

Recuperar la distribución histórica de los hábitats [art. 5 (2),(3),(4)]

Recuperar aquellos hábitats (de los grupos 1 a 6) que han desaparecido de zonas donde históricamente estaban presentes, hasta alcanzar su “área favorable de referencia”. Para 2030: crear al menos el 30 % de la superficie adicional necesaria; para 2040: crear al menos el 60 %; para 2050: crear el 100 % (o entre el 90 % y el 100 % si se justifica).

Restaurar los hábitats de especies protegidas [art. 5 (5)(8)]

Los Estados miembros deberán mejorar la calidad, cantidad y conectividad de los hábitats utilizados por especies protegidas, incluyendo especies recogidas en el Anexo III de este Reglamento, especies de los Anexos II, IV y V de la Directiva Hábitats y aves marinas de la Directiva de Aves.

Mejorar el conocimiento sobre los ecosistemas marinos [art. 5 (6),(7)]

El Reglamento reconoce que existen importantes lagunas de información sobre el estado de los ecosistemas marinos y fija objetivos específicos para reducirlas: para 2030 conocer el estado de al menos el 50 % de la superficie (grupos 1 a 6); para 2040: conocer el 100 % (grupos 1 a 6) y al menos el 50 % (grupo 7); para 2050: conocer el 100 % (grupo 7).

No deterioro [art. 5 (9),(10),(11),(12),(13),(14)]

Los Estados miembros deberán evitar el deterioro significativo de las zonas restauradas, de los hábitats en buen estado y de las áreas necesarias para alcanzar los objetivos de restauración. El Reglamento prevé excepciones limitadas en casos de fuerza mayor, efectos inevitables del cambio climático o proyectos de interés público superior debidamente justificados.

Coordinación de las medidas de restauración en los ecosistemas marinos [art.18]

Las medidas de restauración marina que afecten a la gestión pesquera deberán coordinarse a través de los mecanismos de la Política Pesquera Común (PPC). Para ello, los Estados miembros deberán colaborar con otros países afectados y con los consejos consultivos regionales, elaborando recomendaciones conjuntas que permitan integrar los objetivos de restauración en la gestión pesquera.

Revisión y adaptación de los planes [art. 19]

Los Planes Nacionales de Restauración deberán revisarse periódicamente para incorporar nuevos conocimientos científicos, evaluar los avances alcanzados y adaptar las medidas a los cambios ambientales y climáticos. Además, si el seguimiento muestra que las actuaciones previstas son insuficientes para cumplir los objetivos del Reglamento, los Estados miembros estarán obligados a reforzar sus planes con medidas adicionales.

Con este informe, Ecologistas en Acción pretende contribuir a ese proceso. Esta publicación nace con el objetivo de reunir y sistematizar el conocimiento disponible sobre restauración marina en el Estado español, analizar las experiencias desarrolladas hasta la fecha e identificar las principales oportunidades y desafíos para su desarrollo futuro. A partir de este análisis, se proponen criterios para priorizar ecosistemas marinos a restaurar, incorporando tanto la dimensión ecológica como la social, y la participación de los actores vinculados al medio marino. Todo ello con una vocación claramente práctica: aportar conocimiento útil para la aplicación del Reglamento de Restauración de la Naturaleza y contribuir a la elaboración e implementación del futuro Plan Nacional de Restauración en el ámbito marino.

La restauración ecológica representa una oportunidad para avanzar hacia mares biodiversos, resilientes y capaces de sostener el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Aprovechar esta oportunidad requerirá combinar conocimiento científico, participación social, voluntad política y una actuación decidida sobre las causas que han provocado la degradación del medio marino. Este informe pretende contribuir humildemente a ese esfuerzo colectivo.

 

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El informe ‘Banderas negras 2026’ pone el acento en la restauración ecológica de los espacios costeros para hacer frente a la degradación y urbanización del litoral

30 Junio 2026 at 11:45
Por: Mar
  • Ecologistas en Acción ha presentado ‘Banderas negras 2026’, un informe con el que saca a la luz los casos más significativos de contaminación y mala gestión ambiental de las costas del Estado español.
  • Como cada año desde 2005, se han otorgado un total de 48 banderas, dos por provincia y/o ciudad autónoma.
  • Este año se identifican problemas recurrentes como la regresión de playas, la destrucción de humedales y sistemas dunares, la contaminación marina, la pérdida de biodiversidad o el aumento de la vulnerabilidad frente a temporales e inundaciones.
  • Como novedad, la organización ecologista, bajo el convencimiento de que hay que trabajar por futuros deseables y un planeta habitable, en esta edición ha puesto el acento en las soluciones y ha explicado cómo la restauración ecológica de algunos puntos detectados puede contribuir a que se revierta la situación de degradación.  
  • El informe incluye 20 propuestas de restauración en marismas degradadas, dunas, playas, desembocaduras de ríos, entornos portuarios y otros ecosistemas altamente degradados. 

Un año más, tras un análisis de los aproximadamente 8.000 kilómetros de las costas del Estado español, Ecologistas en Acción ha presentado su informe Banderas Negras. Se trata de un estudio que recopila las 48 banderas que la organización ecologista otorga a puntos concretos del litoral español, dos por provincia y por ciudad autónoma. En cada uno de estos lugares se otorga una bandera negra por contaminación y otra por mala gestión. Se trata de ejemplos ilustrativos de los problemas que padece el litoral, aunque no sea un listado completo de la totalidad de casos que se podrían denunciar.

El número de banderas negras otorgadas en función de su naturaleza, son los siguientes:

  • Urbanización de la costa e invasión del dominio público marítimo-terrestre: 8 banderas.
  • Vertidos, deficiencias en los sistemas de saneamiento y graves problemas de depuración: 14 banderas.
  • Afecciones a la biodiversidad: 9 banderas.
  • Acumulación de basuras, plásticos y microplásticos en la costa: 2 banderas.
  • Obras portuarias o de defensa costera innecesarias o mal gestionadas: 3 banderas.
  • Contaminación química: 7 banderas.
  • Daños al patrimonio histórico y cultural en DMPT: 1 bandera.
  • Degradación ambiental derivada de la turistificación y masificación: 4 banderas.

Tal y como recoge el informe, buena parte de las costas han sido y siguen siendo objeto de un proceso continuado de degradación. La regresión de playas, la destrucción de humedales y sistemas dunares, la contaminación marina, la pérdida de biodiversidad y el aumento de la vulnerabilidad frente a temporales e inundaciones son algunas de las consecuencias más visibles de un modelo que pone el litoral al servicio de intereses económicos.

Sin embargo, y con el objetivo de defender y trabajar para que otros futuros sean posibles, en esta edición la organización ecologista ha puesto el foco en las soluciones y para ello, ha presentado la restauración ecológica de la naturaleza como eje central del informe.

La restauración ecológica consiste en ayudar a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido. Puede llevarse a cabo de forma activa, mediante intervenciones destinadas a restablecer funciones naturales, o de forma pasiva, permitiendo que los ecosistemas se recuperen por sí mismos, una vez eliminadas las presiones.

El Reglamento sobre la Restauración de la Naturaleza, en vigor desde agosto de 2024, incluye objetivos vinculantes de restauración de hábitats y especies costeras, estableciendo metas para recuperar progresivamente los ecosistemas terrestres, costeros y marinos degradados, con el objetivo de mejorar su estado de conservación en las próximas décadas.

Dentro de este marco, el Estado español debe remitir a la Comisión Europea su Plan Nacional de Restauración antes del 1 de septiembre de 2026, un instrumento que marcará qué, cómo, dónde y con qué recursos se va a restaurar la naturaleza en las próximas décadas. Ecologistas en Acción defiende que este proceso representa una oportunidad histórica para corregir errores del pasado y comenzar a devolver espacio a la naturaleza, en el litoral.

De una bandera negra a un proceso de restauración ecológica

En el informe se proponen actuaciones específicas sobre algunos lugares del litoral que han recibido una bandera negra y donde, si se interviene en ellos mediante la restauración, sería posible revertir, en cierta medida, la pérdida de biodiversidad, aumentar la adaptación frente a los impactos del cambio climático y mejorar la calidad ambiental de los territorios.

En total se proponen 20 actuaciones de restauración ecológica a lo largo del litoral español, clasificadas en diferentes tipologías. Estos son algunos de ellos:

  • Restauración de marismas degradadas. Es el caso de la marisma de Maqua en la ría de Avilés, una de las más antropizadas de la costa cantábrica y la más alterada del territorio asturiano. Restaurar este ecosistema tendría el fin de revertir el proceso de desecación que ha sufrido y recuperar su condición original de marisma intermareal. También se propone restaurar la marisma de Lamiako en Bizkaia, para recuperar el antiguo humedal intermareal de la ría del Nervión; y el humedal de Motondo en Gipuzkoa, para restaurar su régimen hidrológico natural y eliminar especies invasoras.
  • Restauración de dunas. Un ejemplo de ello es la propuesta de restaurar el cordón dunar de la Playa Central de Isla Cristina en Huelva, mediante la reordenación del frente litoral y la retirada progresiva de infraestructuras que lo fragmentan, especialmente el paseo marítimo, para recuperar su función natural de protección frente a temporales. Además se incluyen las dunas de Marbella, prácticamente desaparecidas por la urbanización, o el sistema dunar de Punta Entinas en Almería.
  • Restauración de desembocaduras de ríos. Un caso ilustrativo es el río de Oro en Melilla, que se encuentra degradado por la interrupción de su dinámica natural, la pérdida de conexión con el mar, el estancamiento de aguas en su desembocadura y la consiguiente descomposición del agua con malos olores.
  • Restauración de entornos portuarios. El informe señala el caso de la costa emergida y sumergida en los entornos del Puerto de Sagunto y del Puerto de València, donde la extracción de materiales y los rellenos asociados a la ampliación portuaria han alterado la dinámica sedimentaria, incrementado la turbidez y afectado el estado de conservación de hábitats marinos y costeros, especialmente las praderas de Posidonia oceanica.
  • Restauración de hábitats gravemente contaminados. El informe denuncia tres casos de contaminación que, aunque distintos en su origen (minero, nuclear y químico), comparten la necesidad de una intervención urgente para recuperar ecosistemas gravemente degradados. El vertido de metales pesados del Grupo Minero Monte Neme en la ZEPA Costa da Morte exige la eliminación de lodos tóxicos y la restauración de sus cauces y costa; los suelos radiactivos de Palomares, con plutonio y americio desde 1966, han de ser descontaminados de una vez por todas; y las marismas del Tinto, en la ría de Huelva, requieren la recuperación progresiva de sus ecosistemas marismeños, altamente degradados por la actividad industrial y el depósito de más de cien millones de toneladas de residuos peligrosos, conocidos como las balsas de fosfoyesos.
  • Restauración de playas y entornos litorales. En Santa Cruz de Tenerife se propone la restauración de dos espacios. Por un lado, el Puertito de Adeje, afectado por el macroproyecto turístico Cuna del Alma, que conllevaría la paralización de las obras y la restauración del espacio a su estado previo, recuperando el patrimonio natural, geológico, arqueológico y etnográfico asociado. Por otro lado, la playa de Las Teresitas, que sufre deterioro por vertidos de residuos urbanos, ocupación de espacios públicos y falta de infraestructuras. Además, se incluye la restauración del entorno de la playa de As Catedrais en Lugo, degradada por la masificación turística y la falta de control; y la restauración de la playa del litoral de San Adrià en Barcelona, que, pese a su descontaminación en 2023, podría presentar contaminación marina persistente.

Tal y como recoge el informe, existen experiencias que demuestran que, cuando existe voluntad política y se permite a la naturaleza recuperar su espacio, esta responde positivamente. “No es solo teoría, también lo vemos en ejemplos reales. Es el caso de La Pletera, en la Costa Brava (Girona), donde recientemente se ha llevado a cabo un proceso de desurbanización para recuperar el sistema de lagunas litorales y dunas, restaurando ecosistemas y funciones ecológicas que parecían perdidos y poniendo a disposición y para el disfrute de la población local un espacio natural de gran valor”, ha declarado Lucas Barrero, portavoz de Ecologistas en Acción.

La elaboración de este informe ha sido posible gracias a la coordinación de la red de voluntarias y voluntarios de Ecologistas en Acción. Cecilia del Castillo Moro, también portavoz de la organización ecologista, ha añadido: “Como cada año, el informe Banderas negras ha sido posible gracias al trabajo articulado de los diferentes grupos locales de Ecologistas en Acción en las provincias costeras. También gracias a otros colectivos, como GOB Menorca y Arrels Marines. Queremos agradecer a todas las personas que han colaborado de manera desinteresada en la elaboración de este informe. Personas activistas y voluntarias de los grupos locales de Ecologistas en Acción o de organizaciones amigas que, gracias a su trabajo, han hecho posible que el informe de Banderas negras salga a la luz un año más”.

 

Galería multimedia con fotografías y vídeos de los territorios a los que se les han otorgado banderas negras.

 

 

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Informe: Banderas negras 2026

30 Junio 2026 at 11:30
Por: Mar

Un año más, después de la inspección de los más de 8.000 kilómetros de nuestras costas, Ecologistas en Acción presenta el informe Banderas Negras 2026.

Desde 2005, se realiza este informe Banderas Negras por el cual se señalan un total de 48 desastres o amenazas ambientales. Dos por provincia y/o ciudad autónoma, con dos motivos distintos: una bandera negra por contaminación y otra por mala gestión ambiental de nuestras costas.

Además de este formato informe, también se pueden visualizar las localizaciones de las banderas mediante un mapeo virtual.

 

El informe Banderas Negras 2026, como años anteriores, recoge las afecciones  ambientales más graves en el litoral español, pero no todas, por desgracia podrían ser muchas más las banderas que otorgamos año a año. De las 48 banderas negras concedidas este año encontramos:

  • Urbanización de la costa e invasión del dominio público marítimo-terrestre: 8 banderas.
  • Vertidos, deficiencias en los sistemas de saneamiento y graves problemas de depuración: 14 banderas.
  • Afecciones a la biodiversidad: 9 banderas.
  • Acumulación de basuras, plásticos y microplásticos en la costa: 2 banderas.
  • Obras portuarias o de defensa costera innecesarias o mal gestionadas: 3 banderas.
  • Contaminación química: 7 banderas.
  • Daños al patrimonio histórico y cultural en DMPT: 1 bandera.
  • Degradación ambiental derivada de la turistificación y masificación: 4 banderas.

Tabla: Banderas negras 2026 por tipología

Como recoge el informe de este año, y anteriores, buena parte de las costas han sido y siguen siendo objeto de un proceso continuado de degradación. La regresión de playas, la destrucción de humedales y sistemas dunares, la contaminación marina, la pérdida de biodiversidad y el aumento de la vulnerabilidad frente a temporales e inundaciones son algunas de las consecuencias más visibles de un modelo que pone el litoral al servicio de intereses económicos. No obstante, en Ecologistas en Acción, defendemos (y trabajamos para) que otros futuros sean posibles. Por eso, en esta edición hemos escogido la restauración de la naturaleza como eje central de este informe.

La restauración ecológica consiste en ayudar a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido. Puede llevarse a cabo de forma activa, mediante intervenciones destinadas a restablecer funciones naturales o de forma pasiva, permitiendo que los ecosistemas se recuperen por sí mismos una vez eliminadas las presiones. El Reglamento sobre la Restauración de la Naturaleza, en vigor desde agosto de 2024, incluye objetivos vinculantes de restauración de hábitats y especies costeras, estableciendo metas para recuperar progresivamente los ecosistemas terrestres, costeros y marinos degradados y mejorar su estado de conservación en las próximas décadas. Ahora, España debe remitir a la Comisión Europea su Plan Nacional de Restauración antes del 1 de septiembre de 2026, un instrumento que marcará qué, cómo, dónde y con qué recursos se va a restaurar la naturaleza en las próximas décadas.

Desde Ecologistas en Acción consideramos que este proceso representa una oportunidad histórica para corregir errores del pasado y comenzar a devolver espacio a la naturaleza en nuestras costas. Por eso, aunque las Banderas Negras que presentamos en esta edición muestran una vez más numerosos ejemplos de problemas que continúan afectando al litoral, también queremos poner el foco en las soluciones. En este sentido, proponemos actuaciones de restauración para devolver la vida a nuestras costas, que esperamos puedan ser incluidas en el Plan Nacional de Restauración.

Existen experiencias que demuestran que, cuando existe voluntad política y se permite a la naturaleza recuperar su espacio, esta responde positivamente. Un ejemplo emblemático es el de La Pletera, en la Costa Brava (Girona), donde recientemente se ha llevado a cabo un proceso de des-urbanización para recuperar el sistema de lagunas litorales y dunas, restaurando ecosistemas y funciones ecológicas que parecían perdidos y poniendo a disposición y para el disfrute de la población local un espacio natural de gran valor. Casos como este demuestran que restaurar es posible y que la recuperación de los ecosistemas costeros contribuye a frenar la pérdida de biodiversidad, aumentar la adaptación frente a los impactos del cambio climático y mejorar la calidad ambiental de nuestros territorios.

Porque, frente a la destrucción del litoral que denunciamos cada año en este informe, la restauración de la naturaleza debe convertirse en parte de la respuesta.

Tabla: Banderas negras 2026 con propuestas de restauración

Por último, queremos agradecer a todas las personas que han colaborado de manera desinteresada en la elaboración de este informe. Personas activistas y voluntarias de los grupos locales de Ecologistas en Acción que, gracias a su trabajo, han hecho posible que el informe de Banderas Negras salga a la luz un año más.

 

 

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