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Lo que nadie quiere cerca de su casa acaba en los pueblos menos combativos

Protestas ecologistas con éxitoLa lucha ecoanimalista tiene grandes y pequeños éxitos, buenas noticias que surgen constantemente y por las que debemos alegrarnos. Estos logros no suelen surgir de forma espontánea, sino que son fruto de un trabajo, a veces muy ingrato y duro, sostenido en el tiempo.

Por ejemplo, seis años duró la lucha de un puñado de personas por salvar Vega Mestanza, en Málaga, de una depuradora en una zona inundable que hubiera acabado con centenares de frutales. El PP de Málaga y de la Junta de Andalucía no pudieron convencer al juez de una insensatez tan evidente.

Otro ejemplo lo tenemos en los pueblos de Guadalajara que han frenado tres proyectos mineros. Las amenazas sobre la España vaciada se resuelven con pueblos unidos y combativos. Pero esto no es una victoria absoluta. Volverán con nuevos proyectos mineros, macrogranjas, plantas de biogás, macroparques de renovables o cualquier infraestructura que les permita hacer caja a costa del territorio. Tenemos que preguntarnos: ¿dónde va el grueso de los beneficios y dónde se quedan los costes socioambientales? En los destinos turísticos la respuesta suele ser tan reveladora como simple.

En Galicia encontramos otro caso en el que la apuesta del PP por una industria papelera resultó un fracaso debido a la enorme oposición social, así como a problemas de suministro energético. Gracias a esta contestación social, Galicia se ha librado de la contaminación de Altri.

También en Galicia, el Tribunal Supremo confirmó en una sentencia histórica que la Xunta y la Confederación Hidrográfica Miño-Sil no habían hecho nada por impedir la contaminación del embalse de As Conchas y de la cuenca del río Limia, vulnerando los derechos fundamentales de la población. Ahora, las macrogranjas y la Xunta tienen que restaurar el destrozo ambiental ocasionado durante años de contaminación sistemática.

En Soria hubo un éxito en este sector: la macrovaquería de Noviercas recibió el varapalo judicial definitivo. No serán esclavizadas 23.500 vacas lecheras (por cierto, descubre seis razones por las que los lácteos no son éticos ni sostenibles). Para Ecologistas en Acción, lo ocurrido en Soria debe avergonzar a los dirigentes provinciales del PSOE y del PP.

La lucha estrictamente animalista también recibe buenas noticias de forma constante. Por ejemplo, los coches de caballos que se están prohibiendo cada vez en más ciudades (como en Málaga), los zoológicos o delfinarios que cierran, los cazadores que ya no renuevan sus licencias, las plazas de toros que cierran o que reciben otros usos, los avances en el bienestar animal, las limitaciones a las granjas peleteras y un montón de otros temas que podrían incluirse aquí.

Ejemplos de estas victorias los encontramos por toda España, por toda Europa y por todo el planeta. Es verdad que no con tanta frecuencia como nos gustaría; y también sabemos que hay muchos otros casos de ecocidios, más o menos evidentes, que quedan impunes.

Sin embargo, lo que se demuestra es que cuando un pueblo se une por una causa justa, el éxito está siempre al alcance de la mano. Y aunque a veces las fuerzas sean escasas, basta con descansar un poco para volver con más ganas. No hace falta ser nadie especial ni tener dones excepcionales: ni para resistir, ni para escribir, ni para entender las leyes o la burocracia.

Cada uno, desde sus posibilidades puede marcar una gran diferencia: desde difundir noticias entre sus contactos, hasta asistir a manifestaciones, interpelar a las administraciones, escribir a las empresas, asociarse a algunas ONG aportando una cuota o tejer amistades en grupos de voluntariado. Todo suma; y desde aquí quiero lanzar un enorme GRACIAS a todas las personas que hacen algo, por poco que crean que es. Como firmaría Hessel, la historia no la cambian los resignados, sino los indignados.

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Protestas ecologistas con éxito

Lo que nadie quiere cerca de su casa acaba en los pueblos menos combativos

Protestas ecologistas con éxitoLa lucha ecoanimalista tiene grandes y pequeños éxitos, buenas noticias que surgen constantemente y por las que debemos alegrarnos. Estos logros no suelen surgir de forma espontánea, sino que son fruto de un trabajo, a veces muy ingrato y duro, sostenido en el tiempo.

Por ejemplo, seis años duró la lucha de un puñado de personas por salvar Vega Mestanza, en Málaga, de una depuradora en una zona inundable que hubiera acabado con centenares de frutales. El PP de Málaga y de la Junta de Andalucía no pudieron convencer al juez de una insensatez tan evidente.

Otro ejemplo lo tenemos en los pueblos de Guadalajara que han frenado tres proyectos mineros. Las amenazas sobre la España vaciada se resuelven con pueblos unidos y combativos. Pero esto no es una victoria absoluta. Volverán con nuevos proyectos mineros, macrogranjas, plantas de biogás, macroparques de renovables o cualquier infraestructura que les permita hacer caja a costa del territorio. Tenemos que preguntarnos: ¿dónde va el grueso de los beneficios y dónde se quedan los costes socioambientales? En los destinos turísticos la respuesta suele ser tan reveladora como simple.

En Galicia encontramos otro caso en el que la apuesta del PP por una industria papelera resultó un fracaso debido a la enorme oposición social, así como a problemas de suministro energético. Gracias a esta contestación social, Galicia se ha librado de la contaminación de Altri.

También en Galicia, el Tribunal Supremo confirmó en una sentencia histórica que la Xunta y la Confederación Hidrográfica Miño-Sil no habían hecho nada por impedir la contaminación del embalse de As Conchas y de la cuenca del río Limia, vulnerando los derechos fundamentales de la población. Ahora, las macrogranjas y la Xunta tienen que restaurar el destrozo ambiental ocasionado durante años de contaminación sistemática.

En Soria hubo un éxito en este sector: la macrovaquería de Noviercas recibió el varapalo judicial definitivo. No serán esclavizadas 23.500 vacas lecheras (por cierto, descubre seis razones por las que los lácteos no son éticos ni sostenibles). Para Ecologistas en Acción, lo ocurrido en Soria debe avergonzar a los dirigentes provinciales del PSOE y del PP.

La lucha estrictamente animalista también recibe buenas noticias de forma constante. Por ejemplo, los coches de caballos que se están prohibiendo cada vez en más ciudades (como en Málaga), los zoológicos o delfinarios que cierran, los cazadores que ya no renuevan sus licencias, las plazas de toros que cierran o que reciben otros usos, los avances en el bienestar animal, las limitaciones a las granjas peleteras y un montón de otros temas que podrían incluirse aquí.

Ejemplos de estas victorias los encontramos por toda España, por toda Europa y por todo el planeta. Es verdad que no con tanta frecuencia como nos gustaría; y también sabemos que hay muchos otros casos de ecocidios, más o menos evidentes, que quedan impunes.

Sin embargo, lo que se demuestra es que cuando un pueblo se une por una causa justa, el éxito está siempre al alcance de la mano. Y aunque a veces las fuerzas sean escasas, basta con descansar un poco para volver con más ganas. No hace falta ser nadie especial ni tener dones excepcionales: ni para resistir, ni para escribir, ni para entender las leyes o la burocracia.

Cada uno, desde sus posibilidades puede marcar una gran diferencia: desde difundir noticias entre sus contactos, hasta asistir a manifestaciones, interpelar a las administraciones, escribir a las empresas, asociarse a algunas ONG aportando una cuota o tejer amistades en grupos de voluntariado. Todo suma; y desde aquí quiero lanzar un enorme GRACIAS a todas las personas que hacen algo, por poco que crean que es. Como firmaría Hessel, la historia no la cambian los resignados, sino los indignados.

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Caracteres psicológicos comunes en los ecologistas activos

Uno de los artículos más visitados de blogSOStenible trata de responder a la pregunta sobre QUÉ ES SER ECOLOGISTA. En síntesis, el auténtico ecologista (el que siente el ecologismo de verdad) es el que no para de cuestionarse cómo mejorar nuestra relación  con los demás y con lo demás, modificando y refinando su actitud hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO, examinando hasta donde sea posible de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos y las implicaciones que tiene que cada cosa pase por nuestras manos. No dejes de ver el genial y breve documental «La Historia de las Cosas» (te encantará si estás leyendo esto y aún no lo conoces). Esa eco-tarea no es simple pues hay intereses en que no veamos más de lo que sale en la publicidad, y requiere un trabajo personal de investigación que es continuo en este grupo de gente, que intenta ver más allá de lo que la publicidad esconde, o del precio de las cosas, y por eso los llamaremos Ecologistas Activos.

Si bien es cierto que no basta “reciclar” para ser ecologista, tampoco hace falta, por supuesto, ser un activista de GreenPeace (subirse a las centrales nucleares, o encaramarse a la fachada del Ministerio de Medio Ambiente para protestar). Ni siquiera hace falta ser socio o voluntario de ninguna de las variadas ONGs ambientales (Greenpeace, Ecologistas en accion, WWF, SEO/BirdLife, Amigos de la Tierra, Oceana…). Por supuesto, no es raro que los que llamamos Ecologistas Activos decidan unir esfuerzos y apuntarse a algún grupo de voluntarios ambientales, o simplemente ser socio de alguna ONG ambiental, para colaborar al menos económicamente a la realización de campañas ambientales y denuncias, que tanta falta hacen en nuestra sociedad.

Entre estos Ecologistas Activos encontramos al menos unas cuantas características psicológicas bastante comunes:

  • Son idealistas, en el sentido de que “viven por los ideales, aun en perjuicio de consideraciones prácticas” en sentido global, no local (cfr. WordReference). Desean alcanzar un ideal y trabajan por ello, aunque sepan a priori que su objetivo es inalcanzable o, lo que es peor, que ni siquiera puede medirse si hay un avance o retroceso. ♦Ejemplo: Se hacen veganos, vegetarianos o flexitarianos (casi vegetarianos), o reducen su consumo de ciertos pescados por convicción, pero sabiendo que su influencia personal puede ser poco apreciable o apreciada.
  • Son prácticos, porque aunque difundan datos científicos, al final actúan en su vida cotidiana. Su lema suele ser pensar globalmente, pero actuar localmente.
  • Son obstinados (cabezotas), manteniendo su decisión y empeño por encima de argumentos razonables o de las dificultades que se presenten, pero también son flexibles ante opiniones ajenas que tengan algo de razonable. Trabajan por ese “ideal” aunque tengan argumentos que lleven al pesimismo, o tengan claras las dificultades que impedirán alcanzarlo. ♦Ejemplo: Viendo el rumbo de la humanidad, hay muchos datos para el pesimismo y pocos para el optimismo, pero eso no les amedranta y, de hecho, el sentimiento ecologista parece estar creciendo, lo cual es un dato para el optimismo.
  • Son optimistas, y aunque haya argumentos para el pesimismo, se contentan con objetivos más modestos y con la tranquilidad de conciencia de, al menos, haberlo intentado.
  • Son sensibles, y sufren ante la problemática ambiental y social, pues el auténtico ecologismo es humanista y el auténtico humanismo ha de ser ecologista. No es cuestión de anteponer la Naturaleza al ser humano, sino de entender que el hombre necesita la Naturaleza. ♦Ejemplo: Ante las corridas de toros no pueden ver una mera diversión o tradición, sino el sufrimiento de un animal y así, cualquier argumento falsamente ecologista, como la conservación de las dehesas para los toros, además de ser falso carece de valor ante tanta crueldad (y mucho menos otros argumentos más vanos como ser cultura o arte). Las corridas de toros son un problema ético, no ecológico, pero es complicado encontrar un ecologista que no sufra ante este problema.

Entre otros caracteres que posiblemente también son comunes podemos encontrar el ser exigentes consigo mismo (y a veces con los demás), o el tener inteligencia divergente, perciben de manera múltiple la realidad y detectan problemas que se salen del campo de visión normal, proponiendo soluciones también divergentes u originales, que pueden causar extrañeza en sus convecinos y, en demasiadas ocasiones, también rechazo.

Dentro de los ecologistas activos, como en todos los colectivos, hay distintos grados de compromiso (o radicalidad), pero ante un grifo que gotea ninguno verá solo unas míseras gotas de agua, sino la injusticia de desperdiciar agua en un mundo donde escasea, junto con el enorme gasto en energía e infraestructuras que se requiere para conseguir que un grifo pueda “gotear”.

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Sabiduría del agua: lo que las primeras civilizaciones sabían (y nosotros hemos olvidado)

Cuando hablamos de civilización y tecnología, solemos pensar en el presente: satélites, inteligencia artificial, rascacielos de cristal, embalses colosales… y sin embargo, cada vez que excavamos el pasado, algo nos hace detenernos.

Una y otra vez, las primeras civilizaciones de la humanidad nos dan una lección de sabiduría que resulta más moderna y más urgente que muchos avances de hoy. Especialmente en algo esencial y sagrado: el agua.

¿Quiénes son los verdaderamente avanzados?

Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.Observamos las antiguas civilizaciones de Caral, Sumeria, Egipto, Harappa, los Olmecas, los Anasazi, los Celtas o los Minoicos y nos enfrentamos a un espejo incómodo pero revelador: fueron pueblos que vivieron en profunda armonía con la naturaleza, frente a una civilización moderna que ha hecho del desequilibrio su norma.

Estas culturas, a pesar de haber surgido en entornos climáticos difíciles (desiertos, selvas, montañas, islas volcánicas…), no impusieron su voluntad sobre la Tierra, sino que aprendieron a escucharla, leerla y fluir con ella.

  • Su gestión del agua no era extractiva, sino ritual y cooperativa: desde los canales sagrados de Caral hasta las cisternas de Dholavira o los pozos urbanos de Harappa, el agua era vista como fuente de vida y equilibrio, no como recurso ilimitado para explotar.
  • Su agricultura era regenerativa, local y sabia: sin monocultivos, sin pesticidas, sin devastación masiva del suelo. Cultivaban con la luna, rotaban los cultivos, respetaban el descanso de la tierra. La productividad no se medía en toneladas, sino en sostenibilidad multigeneracional.
  • Sus construcciones estaban integradas en el paisaje: ciudades de adobe que respiraban con el clima, terrazas que evitaban la erosión, palacios con ventilación natural, drenajes que imitaban el curso del agua. La arquitectura no se alzaba contra la naturaleza, sino que se tejía con ella.

En cambio, la civilización actual es tecnológicamente brillante pero espiritualmente desarraigada; ha olvidado esa danza antigua con el entorno. Nuestra relación con la naturaleza se ha vuelto instrumental, industrial y destructiva:

  • Construimos megaciudades que devoran suelo fértil.
  • Contaminamos ríos y construimos represas sin alma.
  • Industrializamos la agricultura hasta el punto de envenenar la tierra que nos da de comer.
  • Hemos sustituido el calendario solar por el de las bolsas de valores.

¿A qué precio? Todo esto se paga con crisis hídrica, colapso de suelos, pérdida de biodiversidad, enfermedades crónicas, ansiedad colectiva, cambio climático, etc.

Y, sin embargo, esas culturas del pasado —que llamamos «primitivas»— nos dejaron un mapa diferente. Un mapa basado en el equilibrio, la observación, la reverencia y la reciprocidad.

Ellos no hablaron de «desarrollo sostenible». Vivieron sosteniblemente. No necesitaban salvar el planeta, porque nunca lo pusieron en peligro.

El agua: de diosa a mercancía

Para las culturas ancestrales, el agua no era simplemente un recurso. Era vida, madre, deidad, ritmo del mundo.

Desde el Nilo en Egipto hasta los canales de la civilización Caral en Perú, pasando por los pozos de Harappa y los acueductos subterráneos de los Nazca, el agua se entendía como algo que se respeta, se honra y se distribuye con sabiduría.

En cambio, el mundo moderno ha convertido el agua en una mercancía: se compra, se desperdicia, se contamina y se sobreexplota. Hoy, el agua fluye al ritmo del dinero, no del ciclo natural.

¿Más antiguos o más avanzados?

Las culturas de la antigüedad desarrollaron sistemas hidráulicos tan ingeniosos y sostenibles que, muchas veces, superan en eficiencia ecológica a los de nuestra era.
A continuación, veamos algunos de los logros hidráulicos más sorprendentes de la historia antigua.

Egipcios (Egipto, ~3000 a.C.)

  • No represaban el Nilo. Lo seguían, lo escuchaban.
  • Usaban nilómetros para medir las crecidas y planificar cosechas.
  • Sus canales de irrigación respetaban el cauce natural del río.

La ingeniería iba de la mano del cosmos, no en contra de él.

Harappa y Dholavira (India, ~2600 a.C.)

  • Diseñaron ciudades enteras con sistemas de drenaje pluvial subterráneos.
  • Cada casa tenía su propio pozo de agua limpia.
  • Construyeron depósitos escalonados para recolectar agua de lluvia.

¿Moderno? Sí. ¿Contaminante? No. Más de 4000 años antes que los sistemas urbanos actuales.

Minoicos (Creta, ~2000 a.C.)

  • Tenían tuberías presurizadas de cerámica, baños con desagüe y agua corriente.
  • Colectaban agua de lluvia desde los techos hacia cisternas internas.

Su sistema de plomería era más higiénico y ecológico que el de muchas ciudades del siglo XXI.

Nazca (Perú, ~500 d.C.)

  • Crearon los puquios, acueductos en espiral que traían agua subterránea del desierto.
  • No necesitaban bombas ni motores. Solo gravedad, piedra, aire y precisión.

A día de hoy, varios puquios siguen funcionando. ¿Cuánto duran nuestras infraestructuras modernas sin mantenimiento?

Anasazi (EE.UU., ~1000 d.C.)

  • Vivían en el desierto y captaban agua de lluvia en cisternas.
  • Usaban diques de piedra y zanjas para evitar la erosión.
  • Practicaban agricultura de secano sin agotar el suelo.

Con técnicas que hoy llamamos «resiliencia hídrica», vivieron siglos sin colapsar su ecosistema.

¿Qué hacemos hoy? Comparemos

♦ Civilizaciones antiguas:

  • Uso del agua: moderado y cíclico.
  • Infraestructura: adaptada al entorno.
  • Contaminación: casi inexistente.
  • Relación con el agua: sagrada/espiritual.
  • Durabilidad de sistemas: algunos siguen funcionando hoy.
  • Agricultura: rotación, policultivo, respeto a la tierra y su biodiversidad.

♦ Civilización actual:

  • Uso del agua: excesivo y lineal.
  • Infraestructura: invasiva, cara y contaminante.
  • Contaminación: masiva, industrial y continua.
  • Relación con el agua: técnica y comercial.
  • Durabilidad de sistemas: requieren mantenimiento constante.
  • Agricultura: monocultivos con agroquímicos y sobreexplotación de recursos.

La ecología como legado, no como moda

Como decíamos, estas culturas no hablaban de «sostenibilidad». La vivían. No necesitaban tratados climáticos ni cumbres de emergencia, porque sabían —de forma orgánica y colectiva— que si destruyes la fuente, no hay futuro que salvar.

Hoy, a pesar de nuestra tecnología, inteligencia artificial y satélites, hemos olvidado lo más básico:

El agua no se domina, se comprende.
La tierra no se explota, se honra.
El entorno no es recurso, es hogar.

Las civilizaciones antiguas, lejos de ser primitivas, fueron profundamente sofisticadas en su relación con el planeta. Y en ese espejo, vemos más que el pasado: vemos una guía hacia el futuro.

¿Y si el verdadero avance… es volver a recordar?

Quizás no necesitamos inventar tanto como creemos. Tal vez solo debamos escuchar lo que ya sabían los sabios del agua: que el conocimiento verdadero no destruye. Cultiva. Conecta. Cuida.

Margarita Arnal Moscardó
Escritora y novelista espiritual

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Panorámica de las ruinas de Mesa Verde, en el parque nacional del mismo nombre, Colorado, EEUU.

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