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Las elecciones andaluzas en nueve claves (y ninguna buena)

18 Mayo 2026 at 13:34

1. El resumen

Resumen de urgencia de la jornada electoral de ayer: Andalucía mete en un lío, victorioso pero lío, a Juan Manuel Moreno; hiere de gravedad a Antonio Maíllo y de muerte a María Jesús Montero; amplía el santoral de la izquierda alternativa con el nombre de San José Ignacio García y devuelve a Santiago Abascal el mango de la sartén que la mayoría absoluta del PP le había arrebatado en 2022.

La de 2026 será una legislatura interesante, que para un político es lo peor que puede ser una legislatura, como bien sabe Pedro Sánchez, que lleva ya ocho años en los que ni un solo de sus mandatos ha dejado de ser interesante. Pero como lo que es malo para los políticos es bueno para los periodistas, será una legislatura muy periodística. Demasiado seguramente. Santiago Abascal cabalga de nuevo por la marisma a lomos de un potro salvaje, aunque quizá no tanto como su jinete.

2. El castigo

Al Partido Popular de Juan Manuel Moreno lo ha castigado el Señor: ha perdido la mayoría absoluta a manos de Adelante Andalucía, el mismo partido al que, creyéndose muy astuto, benefició en 2023 incrementándole arbitrariamente la financiación a costa de Por Andalucía. De los 200.000 euros que, por consenso de todos los grupos, iba a recibir la coalición de Izquierda Unida, Podemos y Más País, el PP impuso en la Mesa del Parlamento el criterio de detraer injustificadamente 50.000 euros para asignarlos a la formación liderada entonces por Teresa Rodríguez, mejorando así muy sustancialmente la financiación que le correspondía por sus dos diputados. Hoy, aquellos dos escaños se han multiplicado por cuatro: un incremento explosivo cuyo damnificado casi único ha sido el Partido Popular, que ha perdido los diputados que le daban mayoría absoluta justamente en las provincias donde Adelante los ha ganado. 

Obviamente, Adelante ha triunfado por méritos propios, no ha subido lo que ha subido porque el PP decidiera ‘doparlo’ a costa de sus enemigos íntimos de Por Andalucía, pero no por ello deja de ser cierto que el PP creyó estar haciendo un gran negocio político al ahondar la discordia en el seno de la llamada izquierda alternativa. La astucia ventajista y marrullera de ayer se le ha vuelto en contra hoy. Castigo del Señor. 

3. La paradoja

Presume, y no sin razón, Adelante Andalucía de haber arrebatado al PP la mayoría absoluta. Fue lo primero que dijo José Ignacio García anoche: “De momento no hemos echado a las derechas y somos muy conscientes, pero hoy se han puesto las bases para echar mañana a las derechas de Andalucía. Aún no lo hemos conseguido, pero hoy podemos decir que Adelante Andalucia le ha quitado la mayoría absoluta al PP”.

Si García hubiera continuado el razonamiento habría tenido que concluir amargamente: “Hemos conseguido que Vox sea decisivo en Andalucía; nuestros votos debilitan al PP, pero abren las puertas de Andalucía a la ‘prioridad nacional’ que enarbola la extrema derecha”. Escalofriante paradoja de la que, obviamente, Adelante no tiene la culpa, pero que tampoco, no menos obviamente, puede negar; si acaso, matizar: su matiz, en verdad mucho más que un matiz, es que para los dirigentes de Adelante el PP y Vox son lo mismo. Y cuando se embalan, también el PSOE. 

4. El sartenazo

Lo primero que hará Santiago Abascal con esa sartén –que, como en Extremadura, Aragón y Castilla y León, en Andalucía vuelve a tener por el mango– será probablemente golpear con ella la cabeza de Juanma Moreno. El sartenazo no será mortal, pero ya se ocuparán Abascal y los suyos de que la sacudida se oiga nítidamente en toda España. ¿Conque Vox es ‘el lío’? Vale, Juanma Moreno, vale. Para cuando tenga un encuentro con el presidente de la Junta, el líder ultra ya debe tener memorizada la frase de la profesora Lydia Grant en la serie Fama: “Tienes muchos sueños, Juanma Moreno, buscas el poder, pero el poder cuesta y aquí es donde vas a empezar a pagar, con sudor”. No lo llames sudor, llámalo prioridad nacional.  

Vox se sintió estafado por el PP en la legislatura de 2018, cuando hizo presidente a Moreno a cambio de migajas: unas migajas que el PP estuvo mareando como si fueran una perdiz mientras los hambrientos polluelos de Vox en vano mantenían abiertas sus boquitas, esperando el alimento comprometido en los pactos de investidura. Los cándidos polluelos son ahora resabiadas rapaces. Esta vez la investidura no será a cambio de menudencias; esta vez la legislatura no va a salirle a precio de saldo al suavón Moreno. ¿Conque quieres el poder? Pues aquí es donde vas a empezar a pagar.  

5. Platero y ella

Juan Manuel Moreno Bonilla está, en efecto, en un lío. Lleva años posando de moderado, haciendo lo que suelen hacer las derechas cuando se les presenta la disyuntiva sanidad pública/sanidad privada o educación pública/educación privada, pero viene haciéndolo con sigilo, con educación, con buenos modales, sin perder la sonrisa. Juanma es como el Platero de Juan Ramón, “tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”. ¿Quiere decirse que lo único que diferencia a Moreno de Ayuso es simplemente el barniz, las formas, refinadas en uno y montaraces en la otra? Sí y no. Ambos están en la derecha, sí, pero no están en ella de la misma forma. Y en política la forma es muchas veces tan importante como en literatura. Los medios lo presentan como la encarnación de la derecha transversal, moderada y llorica, antítesis de la derecha faltona, semianalfabeta y mendaz que encarna Isabel Díaz Ayuso, pero esa caracterización guay puede quedar hecha añicos cuando Abascal amenace a Moreno con esa sartén que tan firmemente tiene sujeta por el mango. Juanma necesitaba no necesitar a Vox para seguir siendo Juanma, pero la jugada no le ha salido bien. Lo sucedido el 17-M es malo para él, pero malo también para Andalucía.

6. El caballo

El destino aciago ha reunido en la misma cuneta de los vencidos a María Jesús Montero y Antonio Maíllo. Aunque el PSOE cosecha el peor resultado de su historia –pasando de los escuálidos 30 escaños de 2022 a los raquíticos 28 de ayer– y Por Andalucía se queda como estaba, con los cinco diputados que tenía, la amargura no es mayor en el uno que en el otro. Los 28 del PSOE y los 5 de Por Andalucía saben a polvo, a ceniza. Ambos partidos son los grandes derrotados del 17-M: el PSOE por haber bajado y Por Andalucía por no haber subido. El PSOE por verse goleado por el PP y Por Andalucía por verse humillada por Adelante. Ni María Jesús ni Antonio eran necesariamente malos jinetes, de ninguno de los dos puede decirse que hiciera una mala carrera, pero ambos estaban equivocados: creían montar briosos corceles cuando en realidad montaban exhaustos jamelgos.

7. El hostión  

Estas elecciones andaluzas han pulverizado algunos lugares comunes del análisis político y demoscópico. Uno de ellos sostenía que el PSOE era siempre el gran beneficiario de un aumento significativo de la participación. Esta vez no ha sido así: la participación pasó del 56% de 2022 a casi el 65 de ayer, pero el principal agraciado no fue el PSOE sino la otra izquierda, Adelante Andalucía. Al filo de las seis de la tarde de ayer, el exdiputado y excandidato a las primarias del PSOE andaluz Luis Ángel Hierro publicaba en redes un mensaje esperanzado a la vista de la alta participación que estaban registrando las urnas: “Esto marcha”, escribía. Esta mañana el mensaje era otro: “¿Alguien sabe que nos han dado el mayor hostión electoral de nuestra historia? ¿Alguien piensa asumir responsabilidades?”. La respuesta a la primera pregunta es sí porque es imposible que pueda ser no y la respuesta a la segunda es no porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Imposible asumir responsabilidades en el PSOE porque el verdadero responsable es Pedro Sánchez, al que aún le queda una última carta por jugar: la del año que viene en las generales.

8. La esperanza

Si el PSOE hace lo que tiene que hacer –lo malo es que no es nada fácil saber qué tiene que hacer ni, sobre todo, cómo hacerlo teniendo como tiene las manos atadas en el Congreso– en las cruciales legislativas del año que viene podría captar una buena porción de los 665.347 votos sumados por Adelante Andalucía y Por Andalucía en las autonómicas de ayer. En las andaluzas del 17-M lo que estaba en juego no era si ganaba la izquierda o ganaba la derecha, sino si ganaba la derecha en solitario o en compañía de otros: como se sabe, ha ocurrido lo segundo, y todos los observadores coinciden en que ha sido gracias a Adelante Andalucía. Sin embargo, en las generales de 2027 lo que estará en juego es si gana la derecha o si gana la izquierda, y en ese escenario puede funcionar el voto útil en favor del PSOE, si no para ganar, al menos para no perder como acaba de perder en Andalucía.

9. El pacto

Cuando a algún socialista se le pregunta si no sería deseable propiciar con la abstención de su partido la investidura de Moreno, suele replicar lo que el célebre empresario y extravagante concejal cordobés Rafael Gómez Sandokán cuando un periodista le preguntaba si pensaba dimitir. “¿Dimitir? ¿Dimitir yo? ¡Dimite tú!”. ¿Pactar nosotros con ese, con esos? En efecto, imposible. Un escenario así sería imaginable si las relaciones entre el PP y el PSOE fueran no ya cordiales sino simplemente normales, correctas, civilizadas. Ni lo son ni probablemente lo serán en mucho tiempo: por muchas razones, pero sobre todo por la absoluta, indisimulada falta de deportividad del Partido Popular en la derrota. El PP suele saber ganar, pero le cuesta horrores saber perder, y sin esa condición es imposible todo entendimiento, ni siquiera un entendimiento meramente funcional, urdido para que Vox dejara de tener la sartén por el mango. “¿Pactar? ¿Pactar yo? ¡Pacta tú!”.

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Que es la pasta mi bandera, que es mi dios el capital

8 Mayo 2026 at 07:00

1. La canción de los piratas

Que es mi pasta mi bandera,/ que es mi dios el capital,/ mi ley el oro y la plata,/ mi única patria ganar. O mandar. O las dos cosas: mandar para así ganar más dinero o ganar más dinero para así poder mandar más. Disculpe el desocupado lector o lectora que nos hayamos atrevido a saquear sin previo aviso la Canción del pirata del gran Espronceda, pero la culpa es del diputado Gabriel Rufián, a quien cobardemente nos apresuramos a acusar de incitación al plagio por haber dramatizado brillantemente desde la tribuna del Congreso la idea de que el dinero y solo el dinero es la verdadera patria de las derechas, sean estas españolas o catalanas. 

2. Banderita, tú eres linda

Su intervención la semana pasada en el Congreso quizá no sobreviva en los anales del parlamentarismo, pero al menos elevó un poco el ánimo de las decaídas izquierdas ibéricas. Dirigiéndose a los diputados de Junts, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya afeó a quienes en otro tiempo fueran compañeros de viaje a la independencia su voto contrario al decreto de prórroga de los alquileres: “¿Van a votar en contra de esto? ¿Comparten bandera con esta gente? ¿No? ¿O sí? ¿Saben cuál es su bandera? La tengo aquí, es pequeñita pero muy efectiva. 50 pavos. Pudiera ser más. Esta es su bandera, la que comparten con PP y Vox para fastidiar a casi tres millones de personas”. 

3. Todo mentira, salvo alguna cosa

Ciertamente, el ingenio político de Gabriel Rufián bebe en las aguas, más turbias que cristalinas, del populismo. ¿Demagogia en estado puro el numerito del billete? ¿Todo exageración? ¿Todo mentira? No, todo no, aunque sí bastante. Lo bueno del populismo es que suele contener ciertas dosis de verdad; lo malo, que mucha gente toma esas pocas dosis como La Verdad. El populismo es un brebaje altamente azucarado que sabe muy bien en el momento en que se ingiere, pero que tomado asiduamente provoca serios daños en el metabolismo, que se torna incapaz de sintetizar debidamente las muchas otras sustancias amargas que la vida nos obliga a ingerir. 

4. El oro desencadenado

Se dice que, al contrario que los ricos, los pobres siempre están pensando en el dinero, pero es justo al revés: quienes no dejan de pensar en él son los ricos, no porque sean codiciosos por naturaleza sino porque el dinero, el mucho dinero es codicioso, nunca es bastante, como suele suceder con la droga. O con el poder. Hemos sabido cómo ponerle límites al poder político, cómo atarlo en corto. Y supimos también cómo poner límites al dinero, cómo atarlo en corto: fue durante los 30 gloriosos años que van del final de la II Guerra Mundial a los últimos setenta, la edad dorada en que hasta los mismísimos partidos de derechas eran un poco de izquierdas.

Luego vino el llamado Consenso de Washington, a raíz del cual hasta los mismísimos partidos de izquierdas se hicieron un poco de derechas, deslumbrados por el oro que prometía la globalización: los gobiernos dejaron libre de toda atadura al dinero y, naturalmente, el dinero hizo de las suyas, la más sonada de todas en 2008, provocando una crisis que quebró Estados, arrasó servicios, destruyó empleos y devastó las expectativas de generaciones enteras. Por eso, mejor que los bancos ganen dinero, porque cuando se arruinan, sus números rojos los cubrimos nosotros. 

5. Banderas secundarias

¿El dinero, bandera de las derechas? Sí, pero no la única; sí la principal, pero no solo ella. La derecha también cree en otras cosas: cree en la lástima, en la compasión, cree incluso en la igualdad, aunque solo un poco y siempre que ninguna de estas banderas secundarias pretenda imponerse a la bandera mayor del dinero, cuyos derechos son inalienables para la derecha, pues no en vano opina que el dinero es la energía que verdaderamente mueve el mundo: la derecha está persuadida de que del dinero es capaz de transformar el mundo, pero jamás de destruirlo porque es un dios lo bastante sabio para saber que destruir el mundo equivaldría a destruirse a sí mismo. Ante la disyuntiva de cambio climático o dinero, la derecha no duda, ni siquiera pestañea: ¡dinero, por supuesto!; ante la disyuntiva de inquilinos o caseros, ¡caseros, por supuesto!; ante la disyuntiva de modestos caseros con un solo piso o fondos buitre con cientos de ellos: ¡fondos buitre, por supuesto!

6. Ernest y Scotty hablan de dinero

En todo caso, este país nunca resolverá el problema de la vivienda si la izquierda intenta legislar como si los caseros no existieran, y menos todavía si la derecha hace lo mismo pero al revés, legislar como si los inquilinos no existieran. En esta guerra de la vivienda, ¿los caseros son los malos y los inquilinos los buenos? No, no necesariamente: habrá de todo en un colectivo y otro. No es un problema de moralidad, sino de economía. Lo que los diferencia es que unos tienen más dinero que los otros, y más dinero es más poder: y el dinero y el poder, por definición, son bienes cuya posesión y disfrute sus beneficiarios no suelen estar dispuestos a compartirlos.

Los caseros se identifican con el Hemingway de quien su amigo Scott Fitzgerald dijo: “Ernest habla con la autoridad que le da el éxito”; los inquilinos se alinean más bien con el pobre Scotty cuando replicaba con amargura: “Yo hablo con la autoridad que me da el fracaso”. Otro intercambio epistolar entre ambos gigantes parece dar también la razón a Rufián. Se dice que Scott Fitzgerald le comentó en cierta ocasión a Hemingway: “Ernest, los ricos son diferentes a ti y a mí”, a lo que el autor de Las nieves del Kilimanjaro respondió: “En efecto, Scotty, tienen más dinero”. El populismo no lo ha inventado Rufián; las verdades que esconde, tampoco.

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La Iglesia española prefiere ser poderosa antes que santa

27 Abril 2026 at 10:05

La Iglesia ha gestionado la pederastia como lo haría cualquier partido. Sus templos se vacían por haber olvidado que nació para la santidad, no para el poder.

1. La última

Por delante de ella se sitúan, como es bien sabido, las Iglesias católicas de Estados Unidos, Irlanda, Francia, Alemania, Australia, Países Bajos… La Iglesia española ocupa el último lugar en el ranking de reconocimiento institucional de culpas y de cooperación con las víctimas y con el Estado para investigar, esclarecer y reparar los miles de casos de abusos sexuales habidos en su seno.

2. Papel mojado

La jerarquía eclesiástica española apenas ha mostrado arrepentimiento y menos aún propósito de enmienda, aunque sí gran disposición al perdón de los pecados… cometidos por sus rijosos ministros. Si no se investiga lo sucedido y además se protege a los culpables, las muestras verbales de arrepentimiento y propósito de enmienda son sombra, polvo, niebla, nada: son papel mojado, papel debidamente bendecido, pero mojado. Recuérdese que el número de víctimas, según la proyección que hizo el Defensor del Pueblo, asciende a 440.000 personas de acuerdo a la encuesta que encargó a la consultora de Narciso Michavila, GAD3.

3. Como un partido

La Conferencia Episcopal Española ha reaccionado ante los casos de pederastia de la misma forma que suelen hacerlo los partidos ante sus casos de corrupción o de abusos machistas; cierto que unos partidos más que otros, pues la izquierda es más proclive a la autocrítica que la derecha, pero en todos los partidos opera la inercia del poder, ese implacable automatismo según el cual reconocer faltas o admitir delitos los hará más débiles, siendo la debilidad el mayor pecado que pueden cometer aquellos cuyo destino y vocación es alcanzar el poder. Admitir la propia culpa y obrar en consecuencia es un rasgo de santidad, y la santidad es lo último que suele permitirse quien persigue el poder.

4. Como un ejército

Pero que un partido se comporte como un partido, es decir, como un ejército en guerra incruenta pero perpetua con sus adversarios, no es un hecho excepcional. Un ejército es eficaz y diligente fusilando a sus traidores, pero no a sus asesinos: un alto mando que espíe para el enemigo o deserte de sus filas es castigado de modo fulminante si es descubierto; en cambio, un alto mando acusado de ser un criminal de guerra cuyos crímenes propiciaron la victoria de su ejército difícilmente será investigado y mucho menos castigado. No es que los partidos no aspiren a la santidad, pero la buscan solo después de alcanzar el poder, nunca antes. Cada uno a su manera, los partidos quieren hacer cosas buenas para la sociedad, pero consideran que tales cosas solo pueden hacerse desde el poder, y la bondad es la peor de las consejeras para alcanzarlo.

5. Apóstatas y delincuentes

Y así es como se está comportando la Iglesia española, como un partido, castigando a sus apóstatas pero exculpando a sus delincuentes. Ante las denuncias de pederastia la Conferencia Episcopal ha reaccionado siguiendo la lógica del poder y no –como sería su deber, pues así lo prescriben sus textos fundacionales– por la lógica de la caridad, de la santidad, de la bondad. Todo ello nos lleva a la pregunta nuclear que deberían hacerse cada día los obispos: ¿la Iglesia es poderosa porque es santa o, por el contrario, es santa porque es poderosa? Vista su conducta, la jerarquía española cree lo segundo, no lo primero: como cualquier líder político, los obispos creen que cuanto más poderosa sea la Iglesia, más instrumentos y herramientas tendrá para hacer el bien, más opciones para ser santa pero también más resortes para hacer creer a la gente en su santidad. Si tengo periódicos, emisoras, dinero, si protejo a mis delincuentes, si cierro filas ante las acusaciones foráneas, si persigo a mis herejes pero defiendo a muerte a mis soldados y oficiales, que me han sido fieles aunque hayan cometido algún que otro crimen, entonces seré más fuerte, tendré más seguidores, más influencia social, y ese poder me permitirá después practicar la santidad a la que aspiro.

6. El templo vacío

La Iglesia española es un partido más. Sus templos se vacían por muchos motivos, y uno de ellos es haber olvidado que nació para la santidad, no para el poder. Los obispos españoles no parecen haber entendido que lo único que puede hacer de verdad poderosa a la Iglesia es la caridad, esa virtud teologal que tanto, que tantísimo le está costando practicar con las pobres víctimas de la concupiscencia, de la lujuria, del crimen.

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Juan Carlos en la Maestranza: ¡torero, torero!

9 Abril 2026 at 18:17

Con este fervor monárquico relataba la prensa conservadora de Sevilla –en realidad, no hay otra– el sublime acontecimiento : “La tarde de este Domingo de Resurrección en Sevilla ha estado marcada por una de esas imágenes que trascienden lo puramente taurino. La entrada del rey emérito Juan Carlos I en la Real Maestranza ha provocado una inmensa ovación del público que abarrotaba los tendidos en esta tarde de Domingo de Resurrección». Rememoraban también las intensas crónicas la vinculación de los Caballeros Maestrantes con la corona, materializada para la eternidad en la estatua ecuestre de la madre de don Juan Carlos, Doña María de las Mercedes, cuya figura a caballo se alza sobre una hinchada peana a las puertas de la plaza de toros, un lugar tan abusivamente privilegiado del Paseo Colón que no hay viandante, por muy republicano que sea, capaz de esquivarla; la obra fue perpetrada por el escultor sevillano Miguel García Delgado, de quien en su día no llegó a dictarse orden de busca y captura y por tanto sigue en libertad.

El respetable no llegó, ciertamente, a proferir enardecido el ¡torero, torero! propio de las tardes gloriosas del coso hispalense, pero tampoco era necesario: la devoción unánime con que el público aplaudió al emérito ya fue homenaje bastante para el hombre al que las crónicas más zalameras identifican como ‘el gigante de la Transición’, aunque absteniéndose, eso sí, de mencionar por qué el gigante de ayer para casi todos los españoles ha devenido en el canijo de hoy para la mayoría de ellos.

Lo sucedido el Domingo de Resurrección en la Maestranza trascendió, en efecto, lo puramente taurino para adentrarse en el territorio de lo inequívocamente bochornoso, pues bochornoso, además de escasamente patriótico, es aplaudir a un jefe de Estado cuyas andanzas fiscales lo abocaron al dorado exilio que hoy disfruta en una monarquía del Golfo Pérsico de la que, para disgusto de su hijo el rey Felipe, regresa de vez en cuando a la patria para participar en alguna regata, ver alguna corrida o ser agasajado, como sucedió esta vez en Sevilla, por una escogida corte de amigos y pelotas entre los que no faltó el presidente de la Junta de Andalucia, Juan Manuel Moreno Bonilla, a quien el anfitrión de la cena, el comunicador nada comunista Carlos Herrera, sentó junto al monarca. 

No se ha difundido, sin embargo, imagen alguna del encuentro, puede que contra los deseos del emérito pero probablemente por exigencia de los estrategas electorales de San Telmo, sabedores sin duda de que una fotografía del presidente con un jefe de Estado con estas peculiaridades, amén de rijoso, no es la mejor carta de presentación en estos tiempos. Así pues, monárquicos pero con cautela, solidaridad con el desterrado pero dentro de un orden: comprendedlo, Majestad, cena sí pero fotos no

Las derechas ibéricas llevan mal lo del exilio voluntario del rey emérito. Están dispuestas a defenderlo donde haga falta, pero no a fotografiarse con él. Hasta ellas, a las que tanto les disgusta pagar impuestos, son conscientes de que no puede ser buen rey quien es un mal contribuyente. Por eso no se hacen fotos con él. Hoy, con las elecciones a pocas semanas, la imagen de un Moreno Bonilla departiendo amigablemente en una cena privada con Juan Carlos sería no menos deletérea de lo que todavía sigue siendo la foto de Feijóo con el narco Marcial Dorado.

Por lo demás, los aplausos parece que unánimes de la Maestranza sugieren que la inmensa mayoría del público taurino es de derechas. También es monárquico, claro, pero gran parte de la izquierda, incluso de la izquierda antitaurina, lo es igualmente. La derecha prefiere creer que los españoles de izquierdas siguen siendo todos ellos bastante republicanotes y por eso, por ser rey, no perdonan a Juan Carlos. Se equivocan, si no lo perdonamos no es por rey: es por sinvergüenza. La derecha también sabe que lo es, no puede no saberlo, pero dirá lo que siempre ha dicho en estos trances: es un sinvergüenza, sí, pero es nuestro sinvergüenza. Por eso lo aplaudimos. ¡Torero, torero!

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Pregoneros sin piedad

25 Marzo 2026 at 14:38

Como hace el gran Manuel Vicent publicando cada vez que llegan las fiestas de San Isidro un artículo ferozmente antitaurino, desde hace ya algunos años procuro, mal que bien, seguir los pasos del maestro haciendo lo mismo con los pregones y pregoneros de la Semana Santa de Sevilla. En las corridas de San Isidro, la víctima es el toro; en los pregones de la Semana Santa sevillana suele serlo la literatura: taurinos y pregoneros tienen en común su escalofriante falta de piedad, de compasión, de empatía, unos con los pobres astados y otros con la malhadada poesía, de la que Sevilla ha dado al mundo nombres de un talento tal que veo a los pobres poetas del pasado revolviéndose en sus tumbas cada vez que el Consejo de Hermandades y Cofradías anuncia, inconmovible, el siguiente pregón de Pasión.

Y no solo la poesía: tampoco la teología más severa suele salir bien parada en estos lances a la vista del mal disimulado y más bien herético politeísmo que, coincidiendo con el sentir popular, despliegan los pregoneros, pues para un auténtico cofrade sevillano el dogma central de su fe no es ni mucho menos, pongamos por caso, la Santísima Trinidad, como pretende la teología oficial, sino, por supuesto, la Esperanza de Triana, la Virgen de la Iniesta, el Gran Poder o El Cachorro, ¿estamos o no estamos?

Imagen del Infierno

Imagino el Infierno, improbable lector, como un tenebroso teatro donde, bien amarrado a la butaca y sin posibilidad alguna de escapar, el único espectador soy yo mientras sobre las tablas van desfilando uno a uno, con su gavilla criminal de folios bien sujeta bajo el sobaco, los ochenta y tantos pregoneros que ha tenido Sevilla desde el año fatídico de 1937 en que se inventó esta entrañable tradición, seguramente para reafirmar los valores de la nueva España en cuyo nombre habían sido sido pasados por las armas miles de sevillanos, no pocos de ellos por cierto tan cofrades como sus asesinos.  

Empezando por el primero, que fue el escritor José María Pemán, y acabando por el último, que ha sido el periodista José Antonio Rodríguez, la rueda infernal de pregoneros saldría al escenario a declamar histriónicamente sus textos trufados de ripios y de no menos de una hora y media de duración ninguno de ellos. A la primera ronda de pregones le seguiría otra y luego otra y otra más, y así hasta que el condenado, entre amargas lágrimas de arrepentimiento y golpes de pecho retumbando por la platea, pidiera perdón por los artículos publicados en vida haciendo burla de los santos varones que se estrujaron la mollera para destilar aquellas interminables tiradas de octosílabos que tanto los autores como los cronistas consideraron en su día poco menos que inmortales. 

Y decimos bien al decir varones, pues solo ha habido una mujer pregonera, en 2019. Sin dejar de ver en tan llamativa ausencia una muestra más de discriminación machista, me consuela pensar que quizá se deba también a que hay más sentido común y menos fastidioso narcisismo en las mujeres, sean o no cofrades, que en los hombres.

Impúdicos elogios

Huelga, por lo demás, recordar los desmedidos elogios con que la prensa local suele reseñar cada año el pregón. Leyendo esas crónicas tan impúdicamente zalameras, cualquiera diría que Sevilla está de Premios Nobel de Literatura a reventar. ¿Es sincero tanto ditirambo? Seguramente sí, mas sepa el paciente lector que el hecho de que tales crónicas sean tan invariablemente encomiásticas da pábulo a la sospecha, bastante generalizada entre la Sevilla descreída, de que el sueño secreto, y aun no tan secreto, de todo periodista cofrade es ser algún día designado él mismo pregonero, un anhelo sin duda acrecentado por lo sucedido este año, en que al pregonero lo sacaron, literal, ¡¡¡a hombros de la Maestranza!!! (del teatro, no de la plaza, aunque pudiera haber sido al revés). Como diría José Mota: no digo que me lo mejores, solo iguálamelo.

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Papá, ¿por qué te hiciste político?

13 Marzo 2026 at 09:14

Uno. El clima

Muchos lectores recordarán el anuncio o habrán oído hablar de él. Ante sus horas más bajas, el Atlético de Madrid puso en circulación a principios de la década de 2000 un ingenioso spot en el que se veía a un niño y su padre circulando por unas calles de Madrid atestadas de madridistas celebrando los triunfos de su equipo mientras los colchoneros acababan de hundirse en el pozo de la Segunda División. El anuncio terminaba con el niño formulando esta pregunta, mitad enternecedora, mitad letal: “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”

Viendo el envenenado clima político del país y escuchando las cosas tremendas que los políticos, aunque ciertamente unos mucho más que otros, se dicen entre sí, cabe imaginar a ese mismo niño yendo en el coche con su padre alcalde, concejal, consejero o ministro; concluido el noticiario radiofónico que ambos acaban de escuchar, el hijo del alto cargo preguntaría lo mismo que el hijo del colchonero: “Papá, ¿por qué te hiciste político?”. 

Dos. Cretino, capullo, mentiroso

Los medios de izquierdas contabilizaron en su día los siguientes insultos proferidos desde las derechas contra Pedro Sánchez desde que es presidente del Gobierno: inmoral, irresponsable, cretino, capullo, hijo de puta, indecente, traidor, tirano, populista, corrupto, déspota, caudillista, ególatra, felón y sectario. Y ahí va ahora la relación de epítetos proferidos desde la izquierda contra Alberto Núñez Feijóo que recopilaron los medios de derechas: vago, mentiroso, populista, incompetente, extremista, cínico, insolvente y extremista. 

Es obvio que la derecha insulta más y mejor que la izquierda, aunque huelga decir que, para ser verdaderamente exhaustivas, ambas recopilaciones deberían haber incluido los dicterios, injurias y ofensas contra esos mismos políticos que eran cosecha exclusiva de los propios medios. Al fin y al cabo, políticos y periodistas son los dos principales colectivos que administran el espacio público: si, como viene sucediendo, tal espacio se envilece hasta el punto en que lo está ahora, la responsabilidad no puede ser exclusiva, como solemos pretender los periodistas, únicamente de los políticos. 

Tres. Piedras en el tejado

La política es el único oficio donde es costumbre, cuando no obligación inexcusable, tirar incesantemente piedras contra su propio tejado, contra el tejado mismo de la política, compartido por apedreadores y apedreados. No es raro, sin embargo, que suceda así: el modelo de organización y conducta en que se inspira la política es la guerra, y los políticos son vistos por sus adversarios no como ciudadanos particulares, personas de carne y hueso con hijos, padres, esposas, maridos, sino como combatientes uniformados de un ejército enemigo o, en el mejor de los casos, como estereotipados especímenes de un colectivo odiado, detestado o simplemente menospreciado.

Cuatro. Si nos pincháis, ¿no sangramos?

Bien pensado, los profesionales de la política, tan vilipendiados en general, deberían en no pocas ocasiones despertarnos más compasión que ira, más indulgencia que severidad. Recuerdan un poco a aquel Sylock que se lamentaba de que sus vecinos venecianos lo vieran como un maldito judío y no como un hombre con manos, órganos, cuerpo, sentimientos, afectos, pasiones, calentado por el mismo sol y enfriado por el mismo invierno que ellos. Si mañana Sánchez, Feijóo, Abascal, sí, sí, ¿por qué no Abascal? salieran a escena interpelando a sus adversarios con las preguntas, enternecedoras y letales, del pobre Sylock, –si nos pincháis, ¿no sangramos?; si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?; si nos envenenáis, ¿acaso no nos morimos?– serían el hazmerreír de sus oponentes, la vergüenza de sus correligionarios, el blanco predilecto de las impías mofas de la prensa.

Cinco. Respuesta correcta pero parcial

“Papá, ¿por qué te hiciste político?”. A la pregunta de su hijo, recién terminado el boletín de noticias, el alcalde, el concejal, el ministro le darían la respuesta políticamente correcta, no necesariamente falsa pero sí parcial: “¿Que por qué estoy en política? Para hacer una sociedad más justa, naturalmente, para hacer progresar el país y mejorar la vida de la gente, hijo mío”. Como el pequeño atlético del anuncio, el niño se quedaría dudoso, pensativo, intentando en vano cohonestar en su mente atónita las remotas proclamas de fraternidad y los insultos del noticiario todavía resonando en sus oídos, las promesas de justicia y la práctica incesante de la mezquindad y la doblez. Un minuto después, los altos cargos más íntegros y sinceros, vagamente compungidos, secretamente avergonzados, quizá añadirían para sí mismos: “Y también por fatuidad, por egolatría, por jactancia, por una buena nómina, también por todo eso, hijo mío”.  

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