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AnteayerNoticias

Manifestación contra la guerra imperialista

19 Mayo 2026 at 06:48
Por: editor

Este miércoles, 20 de mayo, se ha convocado una manifestación contra la guerra imperialista en Burgos. La movilización, que viene impulsada desde el colectivo Burgos contra el imperialismo y pretende protestar contra la reciente ofensiva bélica por parte de las potencias imperialistas, dará comienzo a partir de las 20:00 horas desde la plaza del Cid y recorrerá las principales calles del centro histórico de la ciudad.

Hacia una economía global de guerra

6 Mayo 2026 at 14:06
Por: pegasus

El crecimiento sostenido del gasto militar global, la concentración del mismo en un puñado de potencias, la expansión récord de la industria armamentística y la integración creciente entre economía civil y militar muestran que el capitalismo contemporáneo avanza hacia una forma de economía de guerra permanente, donde la destrucción y su metódica preparación se convierten en mecanismos de reproducción del sistema.

Guerra

La guerra, el fascismo y la lucha de clases

La guerra y el fascismo no son un accidente provocado por líderes enloquecidos e ideologías insolidarias y crueles, sino el producto inevitable del curso histórico del capitalismo. La guerra es la expresión más auténtica de la naturaleza obsoleta, irracional y criminal del capitalismo actual.

El poder político no es de individuos como Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, sino de las gigantescas concentraciones industriales y financieras del capital, que dirigen, controlan y manipulan los distintos aparatos estatales.

La Segunda Guerra Mundial no se produjo porque Hitler estuviera loco, sino porque el nazismo y el fascismo, pero también las democracias y la Unión Soviética, intentaron solucionar el paro masivo y la depresión económica mediante inversiones públicas y en industria bélica. Quien estaba enloquecido era el sistema capitalista, sumido en los años treinta en una fortísima depresión, sin más salida que una economía de guerra global: como hoy.

Hoy, esta dinámica se expresa en una tendencia cada vez más clara hacia una economía de guerra global. El gasto militar mundial ha alcanzado aproximadamente 2,8 billones de dólares anuales, el nivel más alto jamás registrado, tras más de una década de crecimiento continuo. Este gasto representa ya en torno al 2,5 % del PIB mundial, con más de la mitad concentrada en unas pocas potencias.

Los principales presupuestos militares ilustran esta concentración del capital armado: Estados Unidos supera los 900.000 millones de dólares anuales, China los 330.000 millones, Rusia ronda los 190.000 millones, mientras potencias como Alemania e India superan ampliamente los 90.000–100.000 millones. No se trata de cifras aisladas, sino de la expresión de una reorganización estructural de la economía mundial en torno a la guerra.

El aumento de los precios del petróleo dentro de ciertos límites beneficia a las distintas burguesías nacionales: a la estadounidense, convertida en uno de los principales productores y exportadores mundiales; a la rusa; y también a la iraní, que continúa colocando su crudo en el mercado mundial incluso en condiciones de conflicto.

El aumento de la inflación, ligado al encarecimiento energético, no daña esencialmente a las grandes empresas, que trasladan los costes a los precios. Golpea, en cambio, a los proletarios, cuyos salarios reales se reducen. De este modo, la inflación se convierte en un mecanismo indirecto de redistribución favorable al capital.

La guerra no solo responde a intereses geopolíticos, sino que alimenta directamente al aparato industrial y tecnológico. Las 100 mayores empresas armamentísticas del mundo generan ya cerca de 700.000 millones de dólares en ventas anuales, en crecimiento constante. La destrucción y la producción de medios de destrucción se convierten así en un sector clave para la acumulación. Y abre perspectivas para futuros planes de reconstrucción de lo destruido.

Europa ofrece un ejemplo particularmente claro: el gasto militar ha crecido a ritmos de dos dígitos, superando niveles que no se veían desde la Guerra Fría. Las industrias civiles se reconvierten, los planes de rearme se multiplican y los Estados canalizan recursos públicos hacia el complejo militar-industrial. Alemania resuelve la crisis de producción de su industria automovilística, convirtiéndola en industria bélica.

Esta tendencia confirma que la guerra no es una anomalía, sino un componente estructural del capitalismo en su fase actual. La preparación permanente para la guerra, la militarización de la economía y la integración entre Estado e industria bélica configuran una economía de guerra global, donde la producción y la destrucción forman parte del mismo ciclo de valorización del capital.

El incremento de los presupuestos de defensa implica siempre. y en todas partes,  el recorte de los presupuestos de educación, sanidad, servicios sociales y pensiones. Es el conocido dilema entre mantequilla o cañones.

Y esa economía, enferma y criminal, sólo puede conducir  a la guerra; una guerra considerada como motor y fin en sí misma. Orwell ya lo avanzó en su novela 1984.

El entrelazamiento de intereses entre potencias rivales demuestra que las contradicciones entre Estados no son absolutas. Las burguesías compiten, pero también cooperan, comercian y se benefician mutuamente incluso en contextos de conflicto. La rivalidad fundamental y última es la existente entre los capitalismos de Estado chino y estadounidense.

Lo que cuenta para la burguesía internacional no es tanto quién vence, sino que la guerra exista, que destruya excedentes, reactive la producción y discipline a la clase trabajadora. La guerra imperialista es, en última instancia, una guerra contra el proletariado mundial.

Las declaraciones en defensa de la democracia o del antiimperialismo encubren esta realidad. Bajo la máscara democrática, lo que impera es la dictadura del capital. Las libertades se conceden solo en la medida en que no obstaculizan la acumulación; en tiempos de crisis y guerra, son recortadas hasta la caricatura o eliminadas.

Los partidos de la izquierda liberal, al limitarse a gestionar el capitalismo, desarman políticamente a los trabajadores. Incapaces de ofrecer una alternativa real, dejan el terreno abonado para el avance del fascismo, que canaliza el descontento hacia salidas autoritarias y reaccionarias.

La Segunda Guerra Mundial sumó unos ochenta millones de muertos y desaparecidos. Por primera vez en la historia de la humanidad HOY está en riesgo la continuidad de la especie. La revolución no es una utopía, ni una idea quimérica o imposible: es una necesidad material urgente.

Así, pues, la humanidad se enfrenta a una disyuntiva histórica: no entre democracia y fascismo, sino entre guerra o revolución. La única alternativa real es la existente entre revolución o barbarie. Basta con conectar la tele o la radio para comprender que la barbarie ya está aquí: en Gaza, Cisjordania, Líbano, Irán, Ucrania, Minneapolis…

¡Contra la guerra entre los Estados, mediante la lucha de clases!

¡Guerra a la guerra!

Agustín Guillamón

Barcelona, mayo de 2026

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No a la militarización de Europa

4 Mayo 2026 at 12:05

Está en la cabecera de todos los medios de comunicación. La decisión de la Administración estadounidense de retirar una parte de las tropas desplegadas en Europa –cuando escribo estas líneas está todavía pendiente el alcance de esta decisión–, empezando por una parte, todavía relativamente reducida, de las situadas en Alemania.

¡Todas las alarmas se activan ante la situación de «desprotección» en que quedaría Europa ante la retirada estratégica del «amigo americano»!

Y como cabía esperar, en esta encrucijada resuenan con más fuerza si cabe –ya disponían de altavoces muy potentes– las voces que, ante la necesidad de enfrentar un entorno geopolítico hostil y crecientemente amenazante (empezando, según este relato, por Rusia), reclaman reforzar el gasto militar europeo: dicho gasto se presenta, pues, como la piedra angular de la supervivencia y de la influencia del denominado «proyecto europeo». Quienes dan esto por descontado, por evidente, sitúan el debate en la dimensión de este gasto militar, dado que, aunque ha aumentado con intensidad en los últimos años, en este escenario, sería claramente insuficiente, y en si debe realizarlo cada gobierno o la Unión Europea; los más «europeístas» se alinean claramente por esta segunda alternativa.

En realidad, nada nuevo bajo el sol. Con el diagnóstico de que esa amenaza, la retirada estratégica de Estados Unidos, es real y creciente, los principales responsables comunitarios y la mayor parte de los gobiernos europeos (también el nuestro) ya están tomando decisiones en la dirección de reforzar el rearme. Con estos mimbres, encargados por la Comisión Europea, se han elaborado los informes Draghi y Letta; en ambos, el gasto militar debería convertirse en un engranaje clave del proyecto de reestructuración y modernización de las economías europeas. En consecuencia, no estaría sólo vinculado ni determinado por la existencia de una amenaza externa. Un planteamiento de gran calado que abre las puertas de par en par a la militarización de las economías europeas y a la justificación de la misma en nombre de más y mejor Europa.

Estamos ante un debate que, sin duda alguna, resulta crucial para el presente y el futuro de la ciudadanía europea (no sólo presenta una dimensión institucional) y que los enunciados que acabo de describir de manera sucinta lo meten en una (interesada) camisa de fuerza… que en modo alguno la gente de izquierdas podemos dar por buena.

Porque, esta es la idea fundamental que quiero trasladar en estas breves notas, ese debate no se puede abordar al margen de las necesidades sociales, productivas y medioambientales existentes, que hay que dimensionar y acometer con urgencia. Porque, reconozcámoslo, no sigamos mareando la perdiz, lejos de los discursos autocomplacientes del estilo «la economía va como un tiro», en realidad, aunque haya mejorado en algunas dimensiones, no va bien en aspectos fundamentales para las clases populares y especialmente para los colectivos situados en las condiciones más precarias: vivienda inaccesible, salarios estancados o en retroceso, indicadores de degradación climática disparados, concentración extrema de la renta y la riqueza, deuda externa imposible de abordar, oligopolización de las estructuras empresariales… y ahora, fuerte aumento de la tasa de inflación, que impactará negativamente sobre las condiciones de vida de la mayor parte de la población y que, como siempre, proporcionará un plus de beneficio a unos pocos.

Si no se cuantifican estas necesidades, si no se diseñan políticas audaces en la dirección de abordarlas y corregirlas, si no se moviliza a las clases populares, si se presupone, erróneamente, que esa agenda es compatible con la estrategia militarista que todo lo contamina (la realidad es que es claramente incompatible)… recorreremos el camino equivocado, el que favorece al complejo militar-industrial y a las corporaciones y oligarquías que se benefician del mismo; estaremos renunciando, de hecho, a la implementación de políticas comprometidas con la igualdad y la lucha contra el cambio climático, que quedarán reducidas a pura palabrería… y, tengámoslo muy en cuenta, abriremos el camino a la extrema derecha y a las derechas extremas.

La entrada No a la militarización de Europa se publicó primero en lamarea.com.

Jornadas antimilitarismo anarquista

3 Mayo 2026 at 17:42
Por: editor

La Biblioteca La Maldita organiza unas jornadas de antimilitarismo anarquista que se desarrollarán a lo largo del presente mes de mayo y las que se incluyen charlas-debates y presentaciones de libros a cargo de varios ponentes.

Las jornadas darán comienzo el sábado, 9 de mayo, con sesión doble ya que a las 12:00 horas está programada la charla-debate La Guerra está aquí que será dinamizada por el colectivo Prometeo Ediciones a partir del contenido del libro La transición a la guerra en casa y, a partir de las 18:00 horas la Coordinadora Anarquista en Defensa de la Tierra planteará un debate que, bajo el título Guerras y extractivismo, reflexionara acerca de la potencialidad del antimilitarismo de sentido anarquista.

Por último, el sábado 23 de mayo, a las 19:00 horas, se presentará el libro Contra la guerra, contra la paz que correrá a cargo de la editorial Afilando nuestras vidas, y en el que se aborda el actual guerra entre Rusia y Ucrania como un conflicto que beneficia al sistema capitalista y a las clases dominantes de ambos territorios enfrentados.

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