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Ayer — 5 Junio 2026Noticias

Países Bajos acelera su blindaje: Thales Australia entrega Bushmaster sin revelar cifras ni costes

5 Junio 2026 at 01:19
Por: A. Pereda

La compañía Thales Australia está acelerando las entregas de vehículos blindados Bushmaster al Ejército de los Países Bajos, en un movimiento que refuerza la capacidad de las fuerzas holandesas ante el entorno de amenazas actual. Así lo anunció la empresa el 5 de junio de 2026, sin precisar el número de unidades ni el valor del contrato. Los vehículos se suministrarán con la configuración más reciente, equipada con sistemas mejorados para satisfacer las necesidades del Ejército neerlandés.

Refuerzo de la capacidad operativa holandesa

El blindado Bushmaster, diseñado originalmente para el Ejército australiano, ha sido exportado a varios países y se ha convertido en un referente en protección contra minas y emboscadas. La aceleración de las entregas responde, según fuentes del sector, a la creciente demanda de vehículos blindados en el marco de la OTAN, que busca reforzar sus capacidades en el flanco oriental de Europa. Países Bajos, miembro fundador de la Alianza, ha incrementado su gasto en defensa en los últimos años, en línea con los compromisos adquiridos tras la invasión rusa de Ucrania.

Thales Australia, filial del grupo francés Thales, mantiene una línea de producción activa y ha acumulado pedidos de varios países. El contrato con Países Bajos, firmado en ejercicios anteriores, se beneficia ahora de un ritmo de producción intensificado para cubrir los plazos acordados. Aunque no se han revelado cifras exactas, la medida subraya la urgencia con que los aliados europeos están modernizando sus arsenales blindados.

El Bushmaster está diseñado para transportar hasta diez soldados y ofrece una protección probada en conflictos como Afganistán e Irak. Con esta entrega acelerada, Países Bajos se suma a la tendencia europea de sustituir vehículos de la era soviética o diseños más antiguos por blindados de última generación, ante la percepción de que la guerra de alta intensidad ha vuelto al continente.

AnteayerNoticias

Australia cede a la urgencia y comprará submarinos nucleares usados a EE.UU. para acelerar AUKUS

4 Junio 2026 at 01:04
Por: A. Pita

El Gobierno australiano ha anunciado un cambio significativo en el programa AUKUS de submarinos nucleares: en lugar del diseño mixto original, Canberra adquirirá tres unidades de segunda mano de la Armada estadounidense. La decisión, comunicada el 4 de junio de 2026, busca acelerar la capacidad operativa de la Real Marina de Australia (RAN) en el Indo-Pacífico y reducir los riesgos industriales y de plazo asociados a un desarrollo propio.

El acuerdo, alcanzado con los socios AUKUS (Estados Unidos y Reino Unido), mantiene el número inicial de tres submarinos previstos, pero modifica sustancialmente su perfil. En lugar de un modelo de diseño compartido entre los tres países, la primera fase de la flota estará compuesta íntegramente por unidades de la Marina de los Estados Unidos ya construidas.

Un giro para ganar tiempo

La decisión supone un reconocimiento implícito de las dificultades técnicas y los plazos dilatados que implicaba el plan original. Según fuentes oficiales australianas, la opción de comprar submarinos usados permite a la RAN acortar en varios años la entrada en servicio de la capacidad de propulsión nuclear, clave para la disuasión en el Indo-Pacífico. El Gobierno de Canberra no ha detallado el coste de la operación ni el estado concreto de las unidades seleccionadas.

El cambio de estrategia también afecta a la industria de defensa australiana, que había comenzado a prepararse para la fabricación de componentes del diseño mixto. Ahora, el foco industrial se desplaza hacia el mantenimiento y la adaptación de los submarinos de segunda mano, así como a la formación de tripulaciones.

El giro del programa AUKUS ha sido recibido con reacciones diversas. Mientras algunos analistas lo ven como un paso pragmático ante la urgencia estratégica en el Pacífico, otros advierten de que la dependencia tecnológica de EE.UU. limita la soberanía industrial de Australia en un área crítica de defensa. El anuncio se produce en un contexto de creciente tensión en la región, con China expandiendo su presencia naval.

El retorno de Tsipras en Grecia: un nuevo partido para una izquierda pragmática

3 Junio 2026 at 10:39

El pasado 27 de mayo, Alexis Tsipras presentó en Atenas su nuevo partido, la Alianza de la Izquierda Griega (ELAS), con el que se propone desafiar al conservador Kyriakos Mitsotakis de cara a las elecciones de 2027. Tsipras vuelve. Y con su vuelta regresa, inevitablemente, el fantasma que lo define: la Troika, el consorcio de poder tecnocrático –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional– que en el verano de 2015 le dobló el brazo ante las cámaras de todo el mundo y convirtió un referéndum democrático en papel mojado. Entender el retorno de Tsipras exige volver, una vez más, a aquel julio. Lo que ocurrió entonces fue el golpe final del neoliberalismo en Europa en el corazón mismo del continente que vio nacer la democracia más de dos milenios atrás.

El laboratorio griego

Para comprender la brutalidad del ajuste que se le impuso a Grecia hay que recordar el punto de partida. Desde 2010, el país se había convertido en el conejillo de indias del neoliberalismo europeo. Los rescates financieros –en realidad, rescates a los bancos acreedores alemanes y franceses disfrazados de ayuda a Atenas– llegaron cargados de condiciones: recortes masivos en el gasto público, subidas de impuestos, desmantelamiento de derechos laborales y privatizaciones en cadena.

El Estado griego puso en subasta aeropuertos, puertos, ferrocarriles, hoteles, playas, sedes olímpicas e incluso centros arqueológicos. Un inventario de lo colectivo entregado al capital privado. El desempleo llegó a rozar el 27% de la población activa y superó el 50% entre los jóvenes. Mientras Bruselas celebraba el cumplimiento de los objetivos fiscales, la realidad social era otra. Un estudio publicado en The Lancet detectó un aumento del 47% en las personas que no podían acceder a la atención médica que necesitaban, mientras alrededor de 800.000 griegos quedaron sin cobertura sanitaria vinculada al empleo.

La deuda, lejos de reducirse con los recortes, escaló por encima del 180% del PIB: la austeridad no saneaba las cuentas, las destruía.

En enero de 2015, hastiada de años de sufrimiento, la sociedad griega eligió a Syriza. Un partido político que se convirtió rápidamente en algo más que la esperanza de la población griega. Se convirtió en un símbolo de la izquierda internacional. El partido de Tsipras llevó la coalición del 4% al 36%, sobre la promesa de poner fin a los memorandos y recuperar la soberanía del país y durante unos meses, el gobierno de izquierdas desafió abiertamente a la Troika: frenó privatizaciones, recontratró empleados públicos, intentó restaurar pensiones. Y luego convocó un referéndum para preguntarle al pueblo si debían aceptar las condiciones draconianas de la Troika. El 5 de julio de 2015, el 61,5% de los griegos votó oxi, «no» a las nuevas condiciones de ajuste impuestas por los acreedores. Fue un grito de dignidad que estremeció Europa. Duró una semana.

El golpe de Schäuble

El 13 de julio de 2015, Tsipras firmó un tercer memorando que contenía condiciones aún más duras que las rechazadas en las urnas. El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, había sido el arquitecto principal de la presión. Su estrategia fue brutal: amenazar con el corte de liquidez al sistema bancario griego, imponer el corralito financiero y agitar el fantasma del Grexit, la expulsión de Grecia del euro. La capitulación de Tsipras incluyó un fondo de privatizaciones de 50.000 millones de euros, nuevas reformas de pensiones, aumentos del IVA hasta en alimentos básicos y el compromiso de generar superávits fiscales primarios durante años. El propio ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, prefirió dimitir antes que firmar.

Lo que Schäuble hizo aquel verano poco tenía que ver con la economía. Fue un ejercicio de demostración de fuerza con mensaje incorporado: ningún gobierno elegido democráticamente, por más que acumule mandato popular, puede escapar de la disciplina de los mercados y de los grandes acreedores si estos deciden apretar. El referéndum no valía nada. La voluntad popular era papel mojado frente a la arquitectura financiera de la eurozona. Syriza, que había llegado al gobierno como símbolo de una izquierda radical capaz de gobernar, terminó aplicando políticas que los propios partidos de la casta griega –el socialdemócrata PASOK y el conservador Nueva Democracia– habían considerado inaplicables. Subió impuestos a los más pobres, bajó pensiones un 9% de media y ejecutó el mayor programa de privatizaciones de la historia reciente del país.

El mensaje político era tan nítido como perverso: podéis votar lo que queráis, pero gobernaréis como nosotros digamos. La democracia, dentro del euro, tiene límites. Y esos límites los marcan Fráncfort, Berlín y el FMI.

La ironía de los nuevos derrochadores

Aquí entra la segunda parte de esta historia, que tiene la estructura de una farsa si no fuera porque las consecuencias para millones de personas han sido perfectamente reales. Los mismos países que lideraron el estrangulamiento de Grecia en nombre de la ortodoxia fiscal llevan años redescubriendo las virtudes del gasto público.

Francia lleva desde 2023 sometida a un procedimiento de déficit excesivo por la Unión Europea, con un déficit que superó el 6% del PIB. No es que París haya aplicado medidas de estímulo keynesianas por convicción: es que simplemente no puede cuadrar sus cuentas bajo las reglas que contribuyó a imponer al sur de Europa. Alemania, por su parte, ha protagonizado la reconversión más espectacular. El país del Schwarze Null –el dogma del presupuesto cero que Schäuble convirtió en obsesión ideológica– modificó en marzo de 2025 su propia regla constitucional del freno de la deuda, vigente desde 2009, para financiar un plan de inversión de 500.000 millones de euros en infraestructuras y comprometerse a elevar el gasto en defensa hasta el 3,5% del PIB. Berlín, que se negó a cualquier quita de la deuda griega y exigió austeridad con mano de hierro, se dispone ahora a impulsar un déficit próximo al 4% del PIB. La deuda pública alemana podría alcanzar el 74% del PIB en 2030.

No se trata solo de hipocresía. Se trata de confirmar lo que los economistas heterodoxos y los gobiernos del sur europeo llevaban años denunciando: que las reglas de austeridad no eran principios universales de buena gestión económica, sino instrumentos de disciplina selectiva. Funcionaban cuando se aplicaban a los débiles. Cuando los fuertes las necesitaban, se reformaban o se ignoraban. Grecia fue el laboratorio donde se experimentó con ellas en su versión más cruel.

Los griegos pagaron la deuda con recesión, pobreza y emigración masiva. Ahora, quienes diseñaron ese laboratorio se permiten el lujo de abandonar sus propias recetas sin que nadie les pida cuentas.

Tsipras contra su propia criatura

Y, sin embargo, aquí está Tsipras. De vuelta. Con un nuevo partido, un nuevo nombre y el mismo carisma envejecido frente a las ruinas de su propio legado. Los números de las encuestas son por ahora alentadores. ELAS, un partido que literalmente acaba de nacer, aparece ya como segunda fuerza política con el 12,8% de intención de voto, por delante del PASOK (la familia socialdemócrata) y muy por encima de su antiguo partido.

Porque la otra gran historia de este regreso es la que ocurre por la izquierda: Syriza, el partido que Tsipras construyó desde el 4% hasta el gobierno, el partido que fue símbolo de una izquierda europea capaz de desafiar a la Troika, aparece hoy pulverizado en las encuestas y no conseguiría estar representado en el Parlamento. El partido que lo hizo y lo deshizo, y del que se marchó en 2023 tras dos derrotas consecutivas, ha acabado convertido en un residuo electoral irrelevante. Tsipras no vuelve a liderar la izquierda griega: vuelve a competir contra ella, a devorar los restos de un partido que no pudo recuperarse después de lo ocurrido.

Pero hay algo más que merece atención en el discurso. El Tsipras de 2015 llegó al gobierno con un programa de ruptura explícita con la austeridad: renegociar la deuda, revertir los memorandos, devolver al Estado su función redistributiva. El ELAS de 2026 mantiene referencias a los salarios dignos, a la vivienda y la sanidad como derechos y no como privilegios –el lenguaje de la izquierda sigue presente–, pero el eje central del proyecto ha desplazado su centro de gravedad. Es comprensible. El contexto ya no es el mismo.

Donde antes había una narrativa de confrontación con los poderes financieros europeos, ahora hay sobre todo una denuncia de la corrupción interna: que el Estado griego ha caído en manos de una élite que lo usa como botín, que la justicia se ha degradado y la democracia se ha vaciado. Son acusaciones legítimas, pues el gobierno de Mitsotakis acumula escándalos varios, tanto por –supuestamente– espiar a políticos y periodistas como por una presunta trama de corrupción con fondos europeos.

En ese sentido, el adversario ya no es la Troika ni la arquitectura financiera de la eurozona: es la corrupción doméstica de la derecha griega. Y el propio Tsipras lo ha explicitado: quiere una «izquierda que gobierne», centrada en «soluciones prácticas». El oxi del referéndum de 2015 fue un acto de soberanía popular que duró exactamente siete días. Once años más tarde, el hombre que fue derrotado vuelve a intentarlo una vez más. Las elecciones, justo dentro de un año, en junio 2027.

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La Fiscalía centroafricana investiga a dos ministros por un complot golpista contra Touadéra

3 Junio 2026 at 08:28

La justicia de la República Centroafricana investiga un presunto complot golpista contra el presidente Faustin-Archange Touadéra, según informaron fuentes judiciales este miércoles en Bangui. El caso afecta a dos ministros del Gobierno centrafricano y a otras personas del entorno presidencial, en una trama que revela las luchas de influencia en el seno del poder.

Investigación en curso

La Fiscalía de Bangui se ha hecho cargo de las acusaciones de conspiración, que apuntan a un intento de desestabilización del Ejecutivo de Touadéra, en el poder desde 2016 y reelegido en 2020 en medio de una grave crisis de seguridad. El proceso judicial se encuentra en fase preliminar, sin que se hayan realizado detenciones hasta el momento, según precisaron fuentes próximas a la investigación.

El caso ha generado una fuerte conmoción en la capital centroafricana, donde el control del presidente sobre las facciones armadas y los actores políticos sigue siendo frágil. Touadéra ha sobrevivido a varios intentos de golpe desde su llegada al poder, el último de ellos en enero de 2021, cuando una coalición de grupos rebeldes avanzó sobre Bangui y fue repelida con la ayuda de fuerzas ruandesas y rusas.

Luchas internas en el poder

La revelación del supuesto complot pone de relieve las tensiones internas dentro del círculo de poder de Touadéra. En los últimos meses, diversas fuentes diplomáticas habían señalado la existencia de divisiones entre distintas facciones del Ejecutivo, en un contexto de creciente influencia de actores extranjeros —especialmente Rusia y Ruanda— en la seguridad y la economía del país.

La República Centroafricana, uno de los países más pobres del mundo a pesar de sus recursos minerales (diamantes, oro y uranio), vive sumida en un conflicto armado desde 2013. La presencia de asesores rusos, conocidos como instructores, y de la misión de la ONU (MINUSCA) ha sido clave para la supervivencia del régimen de Touadéra. Sin embargo, la influencia rusa ha generado recelos entre algunos sectores políticos y en la comunidad internacional.

De confirmarse las acusaciones, el caso podría agravar la inestabilidad en un país que sigue luchando por consolidar sus instituciones democráticas. La Presidencia centrafricana no ha emitido ningún comunicado oficial sobre la investigación.

Último minuto: Estados Unidos cede a Australia submarinos nucleares usados para frenar a China en el Pacífico

1 Junio 2026 at 09:49
Por: A. Pita

Estados Unidos ha decidido que Australia recibirá únicamente submarinos nucleares usados en el marco del acuerdo de defensa AUKUS, una medida que, según fuentes oficiales, busca simplificar y agilizar la transferencia de capacidad submarina a su aliado en la región del Indo-Pacífico. El anuncio, realizado el 1 de junio de 2026, supone un giro respecto a los planes iniciales del pacto trilateral, que incluía también a Reino Unido.

Un pacto estratégico en el Indo-Pacífico

El acuerdo AUKUS, firmado en 2021 por Estados Unidos, Reino Unido y Australia, contemplaba originalmente la entrega de submarinos de propulsión nuclear de nueva construcción a Canberra. Sin embargo, las dificultades técnicas y los plazos de fabricación han llevado a Washington a optar por una solución más inmediata: ceder unidades de su propia flota, ya operativas, según confirmó el Departamento de Defensa estadounidense en un comunicado.

La decisión reduce el tiempo de espera de Australia, que ahora podría recibir los primeros submarinos nucleares en menos de una década, frente a los más de quince años que habría requerido la construcción desde cero. No obstante, fuentes del Pentágono señalaron que los submarinos cedidos serán modelos de la clase Virginia, ya en servicio, y que se someterán a revisiones y actualizaciones antes de su traslado.

Implicaciones geopolíticas y reacción de China

El pacto AUKUS ha sido visto por Pekín como un desafío directo a su influencia en el Indo-Pacífico. La entrega de submarinos nucleares a Australia, incluso usados, refuerza la capacidad de disuasión de la alianza en la región. El Ministerio de Asuntos Exteriores chino ya había advertido anteriormente que dicha cooperación militar aumenta la tensión regional y podría desencadenar una carrera armamentística.

A pesar de la simplificación del acuerdo, el coste total del programa sigue sin desvelarse oficialmente. Analistas militares estiman que la operación podría ascender a miles de millones de dólares, incluyendo la formación de tripulaciones australianas y las infraestructuras portuarias necesarias para albergar los submarinos de propulsión nuclear.

La medida, en todo caso, consolida la alianza estratégica entre Washington y Canberra, en un momento en que la competición con China por la hegemonía en el Pacífico se intensifica. Australia se convertirá así en el segundo país, tras Reino Unido, en operar submarinos nucleares de diseño estadounidense fuera de la propia Armada de Estados Unidos.

EE.UU., Reino Unido y Australia desarrollarán armas para drones submarinos para contrarrestar a China en el Pacífico

30 Mayo 2026 at 17:26

El secretario de Defensa del Reino Unido, John Healey, anunció este sábado que Reino Unido, Estados Unidos y Australia desarrollarán conjuntamente armas avanzadas para drones submarinos, como parte del segundo pilar del pacto de defensa AUKUS. El anuncio, realizado el 30 de mayo de 2026, marca un nuevo paso en la alianza estratégica del Indo-Pacífico, concebida como contrapeso a la creciente influencia china en la región.

Segundo pilar de AUKUS

El programa, enmarcado en la segunda fase del acuerdo, se centra en la integración de capacidades submarinas no tripuladas. Según declaró Healey en una rueda de prensa, los tres países colaborarán en el diseño y fabricación de sistemas de armamento específicos para estos vehículos, con el objetivo de reforzar la disuasión en el ámbito marítimo. El primer pilar de AUKUS, anunciado en 2021, se centraba en la adquisición de submarinos nucleares de propulsión convencional para Australia.

El desarrollo de estos armamentos se inscribe dentro de una estrategia más amplia de modernización militar conjunta. Aunque no se han proporcionado cifras concretas sobre el presupuesto ni plazos de entrega, fuentes del Ministerio de Defensa británico indicaron que el proyecto se encuentra en fase inicial de definición técnica.

Implicaciones geoestratégicas

La alianza AUKUS ha sido vista por Pekín como una provocación directa, al tiempo que Washington busca contener la expansión naval china. La apuesta por drones submarinos armados podría alterar el equilibrio de poder en el Pacífico, donde Beijing ha multiplicado sus patrullas y bases militares en los últimos años. Analistas militares señalan que los nuevos sistemas podrían emplearse para vigilancia y misiones de ataque en aguas profundas, representando un desafío tecnológico para las defensas chinas.

El secretario de Defensa subrayó que la cooperación bajo AUKUS sigue firme y que se informará al Parlamento británico en las próximas semanas sobre los detalles del programa. El anuncio coincide con un incremento de la tensión en el estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional, donde Washington y sus aliados realizan maniobras navales periódicas.

Gala de Clausura de FFICAB 2026

29 Mayo 2026 at 09:14

 

FFICAB 2026

Viernes 29 de mayo, 20:00 h

Cine Capitol

Entradas: 3€

 

 

Gala de Clausura, entrega de premios y los acordes de Noe Vargas


Los salarios bajos son el problema, no la solución

19 Mayo 2026 at 07:05

Si continúa y se intensifica el aumento de los precios –este es el escenario más probable– ganará relevancia el debate sobre las políticas a implementar para contener y revertir la deriva inflacionista. Aunque la misma nada tiene que ver con los salarios –cuyo avance en los últimos años ha sido, si acaso, muy moderado–, los defensores a ultranza de la austeridad salarial intentarán situarla en el centro de la discusión y de las políticas económicas a implementar. Por esa razón, conviene tener muy presente lo siguiente:

  1. Lo primero a retener es que cuando hablamos de las retribuciones de los trabajadores asalariados estamos poniendo sobre la mesa las condiciones de vida de una parte importante de la población cuya principal o única fuente de ingresos es la venta de su capacidad de trabajo en el mercado a cambio de un salario. Es importante considerar esta perspectiva porque no hacemos referencia a un precio como cualquier otro, ni a un mercado más, equivalente a otros espacios donde se compran y venden mercancías, sino a la existencia misma de los trabajadores. Por ello, en el debate sobre la fijación de los salarios es vital pensarlos en clave de derechos humanos, dignidad y democracia.

  2. En segundo lugar, hay que ser plenamente conscientes de que en el centro de las políticas de contención salarial se oculta una estrategia, cada vez más evidente, que no es otra que debilitar y deslegitimar a las izquierdas políticas y sindicales, cuya razón de ser, cuya legitimación debería residir precisamente en la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores.

  3. En tercer lugar, poner el foco de la lucha contra la inflación, del fortalecimiento de la competitividad de las empresas y, más en general, de la reestructuración de las economías en la presión salarial contribuye de manera decisiva a consolidar una cultura empresarial depredadora y conservadora, que, por cierto, cada vez está más extendida en el universo de los negocios. Esa cultura es un poderoso lastre a la hora de acometer la reestructuración de las economías en clave de equidad y sostenibilidad.

  4. En cuarto lugar, si tomamos como referencia un período amplio –por ejemplo, desde 2019 hasta la actualidad– podemos comprobar que la mayor parte de los trabajadores asalariados han perdido capacidad adquisitiva; esto es, los precios de los bienes y servicios que consumen han aumentado bastante más que sus retribuciones; en paralelo, los beneficios de las empresas, convertidos en dividendos para los accionistas e ingresos para las cúpulas empresariales, han aumentado de manera sustancial. El resultado de tan dispar evolución ha sido la intensificación de la desigualdad, seña de identidad del capitalismo realmente existente.

  5. En quinto lugar, considerar los salarios como una magnitud homogénea es un error de gran calado, pues presupone que el dato agregado ofrece información suficiente y relevante. Lo cierto, sin embargo, es que las disparidades distributivas (por factores que tienen que ver con el tipo de empresa, tamaño, sector y espacio en el que opera, la profundidad y alcance de la negociación colectiva, los niveles de cualificación…) en el colectivo que denominamos trabajadores asalariados son muy pronunciadas. De hecho, en este ámbito esas disparidades han aumentado con fuerza contribuyendo al aumento general de la desigualdad.

  6. En sexto lugar, la supuesta relación de causalidad entre costes laborales y precios y la derivada de esa premisa –la moderación de los salarios es la clave para contener la inflación–, cuando se pretende convertir en un principio general, debe ser asimismo cuestionada. En un buen número de empresas los costes laborales representan una parte relativamente reducida de los costes totales, siendo los no laborales –como el precio de los combustibles, las materias primas, la electricidad, los alquileres o los costes financieros– notablemente más relevantes. Desde esta perspectiva, situar la austeridad salarial en el centro de la política antiinflacionista es un error de planteamiento: lleva a implementar medidas con un marcado sesgo que, además, son ineficaces.

  7. En séptimo lugar, las estrategias competitivas sostenidas en la contención de los salarios –además de ser injustas, pues dejan intactos los beneficios empresariales– también se sostienen en un diagnóstico equivocado, pues presuponen, contra toda evidencia empírica, que la presencia en los mercados globales, en los más dinámicos especialmente, es mayor en el caso de los países de bajos salarios o de las empresas que practican políticas retributivas más estrictas.

  8. En octavo lugar, se ha convertido en uno de los mantras preferidos en el discurso conservador relacionar salarios e inflación, en el sentido de que la intensa creación de puestos de trabajo abre la puerta al crecimiento de las retribuciones de los trabajadores y, por esa vía, a la intensificación de las tensiones inflacionistas. Un planteamiento que, en mi opinión, también debe ser cuestionado. De hecho, el rápido aumento de la categoría de trabajadores pobres o su mantenimiento en niveles muy elevados nos presenta una realidad donde, como sucede en la economía española, los altos niveles de ocupación son compatibles con la generalización de los bajos salarios, a los que, en modo alguno, cabe responsabilizar de las tensiones inflacionistas.

  9. En noveno y último lugar, hay que ser conscientes, las izquierdas políticas y sindicales deberían serlo si se quieren reconocer como tales, de que la irrupción y ascenso del fascismo y de la extrema derecha tiene mucho que ver con la degradación de las condiciones salariales, que explicaría, al menos en parte, la importante base social con la que cuentan entre las clases trabajadoras.

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