Vivimos en un mundo que nos presiona constantemente para decir «sí». Sí a los Términos del servicio que no leímos. Sí a la aplicación que todo el mundo utiliza. Sí a la cómoda y brillante jaula que ofrece el software privativo.

Nos dicen que el compromiso es una virtud. Escucho argumentos como: «Solo uso este programa privativo para el trabajo» o «Lo necesito para hablar con mis amigos.» Se siente pragmático.
Pero en la lucha por la libertad del usuario, «No» es la palabra más poderosa de nuestro vocabulario.
Negarse a usar software privativo no es simplemente una elección personal de estilo de vida o una preferencia técnica.
Es una forma de resistencia no violenta. Es una acción directa que fortalece el movimiento del software libre de maneras que ningún acuerdo podría lograr.
Cada vez que decimos «sí» a software no libre, no solo estamos instalando un programa; Estamos validando un sistema de subyugación. Cada vez que dices «sí» a un programa privativo, estás enviando una señal al desarrollador: «Tu modelo funciona. Estoy dispuesto a cambiar mi libertad por esto.» Estás validando su poder para controlarte.
El software privativo depende de nuestro cumplimiento. Necesita que aceptemos que no somos dueños de nuestros ordenadores, que no tenemos derecho a ver el código, y que debemos renunciar a compartir y al espíritu de comunidad y cooperación como precio de entrada a la vida moderna.
Cuando te niegas a instalar un programa que falta el respeto a tu libertad —incluso cuando es incómodo, y especialmente cuando lo es— estás declarando que tus derechos no están a la venta. Estás demostrando que el software privativo no es la única manera de hacer las cosas.
La razón más práctica para rechazar el software privativo es que la necesidad es la madre de la invención. Cuando te niegas a usar software privativo, estás creando espacio para que los programas libres respiren y crezcan. Te obligas a ti mismo, y a tu comunidad, a buscar —o construir— software libre que respete tus derechos.
El movimiento del software libre crece más fuerte donde trazamos líneas firmes. Consideremos los primeros días del Proyecto GNU. Richard Stallman empezó diciendo «no» a la cultura de acuerdos de confidencialidad y propiedad que asfixiaba el laboratorio donde trabajaba. Ese «no» fue la base sobre la que se construyó todo el movimiento del software libre. Sin esa negativa inicial a capitular, el software libre del que dependemos hoy podría no existir.
Rechazar el software privativo también es un acto de solidaridad. Cuando usas un programa privativo para comunicarte o colaborar, a menudo obligas a otros a hacer lo mismo. Te conviertes en un nodo en su red de control, arrastrando a tus amigos, familia y colegas a la misma trampa a través del efecto de red.
Quizá tus amigos, familia y compañeros ya estén allí. En ese caso, su uso es aplicar el efecto de red a ti: la idea de que debes unirte porque todos los demás están ahí. Es una situación de rehenes donde tus amigos y familia son la palanca.
Al decir «no», vas desgastando ese muro. No es fácil, sí. Puede que te pierdas algunas conversaciones. Puede que tengas que esforzarte más para colaborar. Pero también te conviertes en un faro. Muestras a otros que es posible existir fuera del jardín amurallado.
Al decir «no», rompes esa cadena. Puede que seas la persona «difícil» que insiste en utilizar Jitsi Meet en vez de Zoom. Esa fricción es buena. Esa fricción es necesaria. Obliga a la conversación. Hace que las cadenas invisibles del software privativo sean visibles.
Recuerda a la gente que tiene una elección, aunque esa elección requiera esfuerzo. Cuando dices, «No, no puedo usar eso porque requiere que ejecute software no libre. Aquí tienes un enlace a un programa libre que podemos usar en su lugar: «Estás haciendo el trabajo duro de la educación y la defensa. Estás plantando una semilla.
El software privativo está diseñado para hacernos sentir impotentes, como si no pudiéramos funcionar sin él. Decir «no» recupera tu dignidad. Es una declaración de que tu libertad no está en venta y que tus derechos no son negociables.
Finalmente, el poder del «no» reside en la integridad. Un movimiento basado en «mayormente libre» es un movimiento construido sobre arena. Si aceptamos pequeñas injusticias por conveniencia, perdemos la autoridad moral para exigir libertad total.
Rechazar el software privativo fortalece nuestra determinación colectiva. Nos recuerda que no estamos suplicando mejores características; Somos ciudadanos de una sociedad digital que exige nuestros derechos.
No es un camino fácil. Requiere sacrificio. Podrías perderte ciertos juegos, servicios de streaming específicos o la «comodidad» de un sistema diseñado para atraparte.
Pero como puedes leer en el artículo Fueling the Marathon, estamos en una lucha generacional contra el poder arraigado. Cada vez que dices «no» a un software que niega tu libertad, estás votando por un futuro en el que el software sirva al usuario.Estás fortaleciendo el movimiento al demostrar que es posible vivir, trabajar y prosperar sin someterse a los mandamases digitales.
Así que, la próxima vez que te presenten una app nueva y brillante que te obligue a renunciar a tus derechos, recuerda el poder que tienes.
Di «No.»
Es el primer paso hacia un mundo donde todos podamos decir «Sí» a la libertad.
De nuevo traigo hasta el blog, una traducción de un artículo en inglés que me gustó escrito por Jason Self aka jxself y publicado en su blog bajo una licencia GNU GPL que puedes leer en este enlace:
El texto lo he tenido traducido en borradores desde hace semanas sin dedicirme a publicarlo. Hasta que hoy he leido en un artículo una frase de un desarrollador que me hizo volver al borrador, pulirlo y publicarlo.
La frase en cuestión es esta: «Silence is consent; Resistance is not futile» algo así como: «El silencio es consentimiento; La resistencia no es inútil» que podéis leer en este artículo respecto a los planes de Google a cerrar aún más Android y de obligar a los desarrolladores a ciertos acuerdos abusivos. Tenéis más información al respecto en este enlace:
Me he visto muchas veces en ese paso de tener que decidir, y aunque tratamos de ser coherentes y consecuentes no siempre lo logramos, pero debe ser una meta a la que llegar y un trabajo de colmena que ir conquistando poco a poco.
Es incómodo enfrentarse a nuestras propias incongruencias y acallaremos la voz interna que nos dice que está mal con excusas para evitar el conflicto. Pero sin necesidad de caer en la paranoia constante, sí está bien plantearse ciertas cosas e ir investigando alternativas para ofrecer cuando el momento «eureka» nos llegue y nos plantemos en algo ese cambio ahora ya sí madurado e irrevocable.
Puede ser el uso cada vez más «truñificado» de hardware que creemos indispensable: televisión, teléfono, etc. Puede ser el uso de software que creemos esencial: comunicación, diseño, sistema, trabajo… Cada ámbito y persona será único.
Dejo este eco de las palabras y ese poso de las ideas de este artículo de Jason Self para que vaya aposentándose en tu cabeza. No te diré qué tienes que hacer, como persona pensante y crítica que eres, descubre por tí misma qué es lo que debes hacer y actúa en consecuencia, basándote en la lógica y la ética de respeto a ti misma y a otras personas.
Si has llegado hasta aquí, después de tantas palabras y conceptos muchas gracias, sigues haciendo que escribir sea una tarea gratificante que moldea cerebros y auna afinidades.
Miniglosario de términos
Software privativo: ¿A qué se refiere el artículo cuando se refiere a ese término?
Software privativo, también llamado «software que no es libre», se refiere al software que no respeta la libertad de los usuarios ni a su comunidad. Un programa privativo coloca a su desarrollador o propietario en una posición de poder sobre sus usuarios. Tal poder es en sí mismo una injusticia.
Vs.
Software libre: El antónimo del concepto anterior sería el concepto de software libre:
«Software libre» es el software que respeta la libertad de los usuarios y la comunidad. A grandes rasgos, significa que los usuarios tienen la libertad de ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, modificar y mejorar el software. Es decir, el «software libre» es una cuestión de libertad, no de precio. Para entender el concepto, piense en «libre» como en «libertad de expresión»

victorhck
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Imagen de una radiografía de una cabeza en la que se ven dos cámaras de seguridad dentro y un texto que dice: Think while it's still legal
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Mano sujetando un martillo golpeando sobre un hierro al rojo vivo sobre un yunque
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