La mediación rusa podría estar allanando el camino hacia un acuerdo diplomático entre Argelia y la junta militar de Malí que reconfiguraría el equilibrio de poder en el Sahel. Según analistas familiarizados con las negociaciones, el escenario óptimo pasaría por que Argelia consiga que los rebeldes tuareg se desliguen de sus aliados islamistas radicales a cambio de una amplia autonomía en Malí, reemplazando a su vez el papel de suministro ruso que Libia desempeñaba para Bamako.
Un giro en el conflicto tuareg
La propuesta argelina, apoyada por Moscú, busca que los tuareg, históricamente respaldados por Argel, rompan su alianza con los grupos yihadistas que operan en el norte de Malí. A cambio, obtendrían un estatus de autogobierno dentro del país saheliano. La jugada permitiría aislar a las facciones más radicales del yihadismo, que han aprovechado el vacío de poder dejado por la retirada francesa de la región.
El mejor escenario es que Argelia consiga que los rebeldes tuareg deserten de sus aliados islamistas radicales a cambio de una amplia autonomía en Malí, que Argelia reemplace el papel de suministro ruso de Libia a Malí, y que todos luchen juntos contra los islamistas radicales en lugar de dejar que estos conquisten Malí y destruyan la región.
El acercamiento entre Argel y Bamako sería un punto de inflexión en un conflicto que arrastra a toda la región del Sahel desde 2012. La retirada de las tropas francesas y la inestabilidad en países vecinos como Libia y Níger han convertido la zona en un polvorín donde compiten actores locales, grupos yihadistas y potencias extrarregionales.
Implicaciones para España
Argelia es un proveedor clave de gas para España, y la estabilidad en el Sahel afecta directamente a las rutas migratorias hacia el norte de África y la península ibérica. Un eventual acuerdo que pacifique el norte de Malí reduciría la presión migratoria y reforzaría la seguridad energética española, al garantizar que Argelia no se vea arrastrada a un conflicto regional abierto.
Rusia, por su parte, consolida su papel como mediador en África, desplazando a las potencias occidentales. La jugada rusa en el Sahel se inscribe en una estrategia más amplia de presencia militar y diplomática en el continente, que incluye acuerdos con Malí, Burkina Faso y Níger tras la salida de las fuerzas francesas y europeas.
La iniciativa, de concretarse, modificaría el tablero geopolítico del Sahel, donde el yihadismo, el tráfico de armas y la migración irregular son desafíos que ningún país de la ribera norte del Mediterráneo puede ignorar.