La escasez de combustibles ha desatado una oleada de protestas masivas en Bolivia, con más de 50 bloqueos activos en distintos puntos del país. La crisis social, política y económica no encuentra hasta el momento un cauce para resolver las demandas de las poblaciones que mantienen las movilizaciones, según informó desde La Paz el enviado especial de France 24, Héctor Estepa.
La crisis se agravó durante el mes de mayo, cuando la falta de diésel y gasolina paralizó sectores clave como el transporte y la agricultura. Las protestas, que comenzaron como reclamos puntuales, se han extendido a nivel nacional y han derivado en enfrentamientos esporádicos con las fuerzas de seguridad.
Una crisis de fondo
La crisis de combustibles es solo la punta del iceberg de una situación económica y política que arrastra Bolivia desde hace meses. La inflación, la devaluación del boliviano y la caída de las reservas de divisas han limitado la capacidad del Gobierno para importar combustibles subsidiados, lo que generó desabastecimiento.
El Ejecutivo de Luis Arce ha tratado de calmar las protestas con medidas como la liberación de divisas para importadores y la promesa de garantizar el suministro, pero las movilizaciones continúan. Organizaciones sociales, transportistas y gremios exigen soluciones estructurales y denuncian falta de voluntad política.
La inestabilidad en Bolivia tiene implicaciones regionales. El país andino es un productor de gas natural, pero su capacidad de refino es limitada, lo que lo obliga a importar carburantes. La crisis actual recuerda a episodios similares de 2019, cuando las protestas por la subida de combustibles contribuyeron a la caída del entonces presidente Evo Morales.