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Rayo Vallecano: derrota sentida, orgullo intacto

28 Mayo 2026 at 00:58

«No conocí mayor victoria que contigo en una derrota». Una pancarta con este lema cruzaba el fondo ocupado por los Bukaneros en la final de la Conference League. El Rayo Vallecano cayó ante el Crystal Palace en un partido que funcionó casi como una metáfora del turbocapitalismo que domina el fútbol actual. El equipo inglés invirtió esta temporada en fichajes más de 150 millones de euros. Más que el Rayo en toda su historia (este año gastó apenas 7 millones). Y ganó, sí, pero por la mínima (1-0) y encerrado en su campo ante el ímpetu vallecano. Este empuje, por desgracia, llegó demasiado tarde. Durante la mayor parte del partido, el Rayo perdió casi todos los duelos, llegaba tarde a los cruces y manejó el balón con desasosiego, sin duda abrumado por la responsabilidad de representar a un barrio que vivía su primera final con una ilusión desbordante. Las emociones experimentadas durante todo el día de ayer por las 12.000 personas que viajaron a Alemania perdurarán en el recuerdo de la familia rayista durante generaciones. Ahora duele la derrota, pero dentro de unos días se entenderá de verdad la proeza que supone quedar subcampeón en su segunda participación en una competición europea.

La primera vez que el Rayo pisó los campos de Europa ocurrió en el ya lejano año 2000. Lo hizo por invitación de la UEFA, tras entrar en un sorteo con los equipos que menos patadas habían dado en sus respectivas ligas. Una imagen quedó para la historia de aquella aventura. Tras ganar al Girondins de Burdeos por 4-1, los futbolistas Bolic, Quevedo y Ballesteros posaron abrazados ante una pancarta en la que se podía leer un mensaje muy significativo: Working class. La foto fue portada de L’Équipe.

«Estábamos en Europa y era una buena oportunidad para hacer algo en inglés. Dijimos Working class, que es lo único que sabemos decir en ese idioma: nuestra clase social», explican los Bukaneros en el imprescindible No es fiera para domar, de Ignacio Pato. Una enorme bandera con el mismo lema ondeaba anoche en la primera final que han disputado en sus 102 años de historia popular.

Tardaron un cuarto de siglo en volver a Europa, pero lo hicieron a lo grande. No pudieron traerse el paragüero de Legazpi (tan castizamente bautizaron al trofeo de la Conference League y, por paronimia, a la ciudad que albergó la final: Leipzig), pero dejaron más imágenes para la posteridad. La de un equipo de barrio que se sobrepuso a su propio miedo y acabó poniendo en dificultades a la élite. La de un presupuesto modestísimo echándole un pulso a la millonaria Premier League. Y, sobre todo, la de una afición especial: en los estadios españoles no es fácil ver banderas palestinas, republicanas y antifascistas; en Vallecas, y anoche en Alemania, sí. Sus lágrimas al acabar el partido, más que de frustración, hablaban de un sueño que estuvo a punto de hacerse realidad.

Lo maravilloso del asunto es que se colaron en una fiesta a la que no estaban invitados. Por muchas razones, no les correspondía estar allí. Primero, por presupuesto. Y luego por la propia idiosincrasia de su lugar de procedencia: un distrito obrero, con la menor renta de la capital y marcado por la inmigración, primero procedente de otros puntos de España y hoy de todos los lugares del mundo. Cabe recordar que Vox llamó a Vallecas «estercolero multicultural». Es curioso cómo un pretendido insulto puede, en el fondo, generar tanto orgullo.

Hace unos meses nuestro compañero Antonio Maestre entrevistaba a Yusuf, un joven refugiado somalí que cayó perdidamente enamorado de Vallecas y de su equipo. Como menor no acompañado, conocía el desprecio con el que la mayoría de los españoles trata a los chicos como él. Pero no vivió eso en Vallecas. Cuando aterrizó por allí hizo un curso de cocina en el Alto del Arenal y le sorprendió el afecto que desprendía el vecindario. «Cuando salíamos del curso se ponían en la plaza a hablar con nosotros. Las señoras mayores nos preguntaban y se preocupaban por nosotros», le explicaba a Maestre. Así es Vallecas.

Hay otro equipo madrileño al que le cantan eso de «cómo no te voy a querer…». Pero ese cántico, seamos justos, con trofeos o sin ellos, nadie lo merece más que el Rayo.

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