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AnteayerSalida Principal

Miremos al ser humano desde fuera del ser humano: ¿Merecemos ser perdonados?

Lo que proponemos es imposible. Lo sabemos. Pero solo intentarlo nos hará mejores seres humanos. Más humanos. Miremos al ser humano como si no fuéramos miembros de esa especie.

En su libro Ecoanimal, Marta Tafalla sostiene que, a grandes rasgos, la gente suele estar orgullosa de lo que la humanidad ha hecho gracias a la “inteligencia”. Somos violentos, generamos guerras y cometemos genocidios y extinción masiva de especies, pero en cambio, muchos opinan que nos salvamos porque existieron grandes genios como Shakespeare, Cervantes, Miguel Ángel, Mozart, Beethoven o Frida Kahlo.

Tafalla se refería principalmente a la realización estética o artística, pero podríamos también meter aquí a los avances científicos gracias a personajes como Galileo, Newton, Descartes, Pascal, Marie Curie, Einstein, Severo Ochoa, Ramón y Cajal o Margarita Salas, por ejemplo.

Según Tafalla, “no importa cuánto daño causemos, seguimos enamorados de nosotros mismos”. Sin embargo, respecto a la creación artística y científica hay al menos tres razones por las que debemos cuestionar la capacidad del ser humano de crear de forma inteligente, justa y sostenible:

  1. El desastre climático es por culpa del ser humano.La naturaleza es arrasada. Eso demuestra que solo apreciamos lo que nosotros creamos, o bien, que no valoramos la naturaleza de forma general (ni siquiera superficialmente). Los avances científicos y tecnológicos suelen usarse para consumir más y destrozar todo tipo de ecosistemas. Para la ciencia, en general, la naturaleza es más algo a doblegar que algo a conocer. Por eso se modifican genes para que las especies se comporten como nosotros queremos. Por eso se prueban medicamentos y cosméticos en animales generando sufrimientos indecibles. Por eso la tecnología no cesa de investigar cómo exprimir más los recursos naturales para, como dijo De Jouvenel, ser más y más ricos.
  2. Buena parte del arte, al igual que la filosofía o la ciencia, “han servido para legitimar una civilización radicalmente injusta”. En todas las épocas ha habido gente que ha luchado contra las injusticias de todo tipo (esclavitud, racismo, machismo, homofobia, especismo…), pero sus obras no tuvieron la misma repercusión que las obras de los más sumisos. Tafalla denuncia que “un caso paradigmático es la manera como el mundo del arte ha vetado tradicionalmente la creación artística realizada por mujeres” o por artistas de culturas no occidentales. Algo similar puede decirse en la ciencia: ha discriminado a la mujer y, más aún, a los animales. En nombre de un hipotético avance científico se torturan todo tipo de animales, sin compasión. Todo el daño producido a todos los animales en nombre de la ciencia parece ser legítimo por las ventajas para una única especie que se atribuye a sí mismo una superioridad moral inexistente.
  3. No hay interés en una valoración objetiva y ética: El ser humano también destruye o aísla el arte cuando no encaja con sus gustos o cuando el arte critica a los poderosos. Por otra parte, tenemos que denunciar, como hace Harari, que hoy la ciencia está al servicio de quien paga: empresas que buscan su propio beneficio, o gobiernos que valoran los proyectos científicos de forma sesgada por intereses meramente políticos o económicos. No es que la valoración ética sea difícil, es que no hay interés en que se haga (ni en ciencia, ni en tecnología, ni en industrias… ni en eso que se está llamando como nuevas entidades).

¿Puede salvarse a la humanidad de las críticas que nos acusan de destrozar el planeta?¿Deberían salvarse de la crítica los grandes artistas y los mejores científicos? La respuesta es, en general, negativa. Primero, porque muchos artistas y científicos son fichas manipuladas que simplemente han perpetuado los errores. Podrían salvarse de la crítica aquellas personas que han advertido o advierten de los peligros de ciertas obras (artísticas, científicas o de cualquier otra índole). También podrían salvarse de la crítica los pocos que han levantado su voz contra los errores y las injusticias del mundo de su tiempo.

Para Tafalla, es necesario y urgente “dejar de mirarnos tanto el ombligo de nuestras creaciones” y “practicar la humildad. (…) Apreciar la belleza natural exige precisamente renunciar a dominar y poseer”. Así por ejemplo, la caza es un acto principalmente destructivo, porque acaba con el placer de observar un animal vivo, se roba una vida, se genera sufrimiento y se reduce “la riqueza estética de ese animal” y, de hecho, de todo el planeta.

Libro de lectura rápida para entender qué está causando la terrible crisis ambiental global y cómo podemos remediarla.
Libro de lectura rápida para entender qué está causando la terrible crisis ambiental global y cómo podemos remediarla.

Miremos a la humanidad desde fuera de la humanidad: ¿Perdonaría un extraterrestre a la humanidad tras ver sus actos? ¿Perdonaría un cerdo de granja, una vaca lechera o un ratón de laboratorio a la humanidad?

Es hora de pedir perdón y de afrontar cambios sustanciales.

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Lo que Comemos y su Influencia

Leyendo el artículo de Boix Bornay sobre Fukushima, se afirma que al final los ecologistas acaban teniendo razón, y los que afirmaban que las centrales nucleares eran seguras se quedan sin argumentos, lamentando que un terremoto les deje por simples mentirosos o ignorantes (por no hablar de los problemas de la minería del uranio). Y es que, cuando alguien afirma algo hay que mirar lo que dice, sus argumentos, y también SUS INTERESES. ¿Es fiable el Consejo de Seguridad Nuclear?, nos preguntamos muchos ciudadanos. Pero ahora no vamos a hablar aquí más sobre centrales nucleares, de las que ya hablamos no hace mucho, sino de algo más importante, la comida. Lo preocupante es que… puede que los ecologistas vuelvan a tener razón… también en esto.

La comida, y la agricultura, son temas básicos en cualquier “temario” sobre ecologismo, sostenibilidad o Ciencias Ambientales. Ya en 1999, los científicos Nebel y Wright afirmaban que: «la causa fundamental del hambre es la pobreza. Nuestro planeta produce suficientes alimentos para todos los seres humanos de la actualidad. La gente que sufre de hambre o desnutrición carece de dinero para comprar comida, o de tierras adecuadas para cultivar. Si por algún milagro la producción mundial de alimentos se duplicara el próximo año, la situación de casi todos los que padecen de hambre y extrema pobreza no cambiaría (…), [porque] los alimentos (…) fluyen en la dirección de la demanda, no de las necesidades nutricionales». Además, afirmaban que «no hacen falta ciencias ni tecnologías nuevas para aliviar el hambre y al mismo tiempo promover la sostenibilidad cuando cultivamos nuestro sustento». Un problema radica en que existe una globalización económica desigual por la que los países ricos venden libremente sus productos, mientras los países pobres tienen problemas para vender sus productos, ya que los países ricos imponen aranceles o subvencionan sus propios productos.

Los ecologistas llevan mucho tiempo diciendo que la agricultura intensiva es nefasta para el planeta y para el CC (el mayor problema de la humanidad): Producir abonos nitrogenados consume muchísima energía (consumen más de la mitad de la energía de los cultivos según un informe del IDAE), y la agricultura intensiva es la fuente principal de gases de efecto invernadero¡más que el transporte!. Pero también lo dicen algunos economistas sensatos como el genial De Jouvenel, Herman E. Daly, o Georgescu-Roegen y su BioEconomía, asegurando este último que el tamaño deseable de la población es aquel que pueda ser alimentado únicamente a través de la agricultura orgánica (ecológica), lo cual alerta también del problema de la superpoblación.

El hambre en el mundo tiene también otras causas: malas cosechas por el cambio climático, incremento del precio del petróleo, aumento en el consumo de carne, especulación con los productos agrarios, cultivos transgénicos, o el incremento en la demanda de agrocombustibles (mal llamados biocombustibles, porque el petróleo también es un biocombustible, aunque sea fósil). Y de aquí surgen algunas preguntas clave:

Las respuestas de los ecologistas son claras y simples, y SUS INTERESES no son económicos. Entonces… ¿A ver si los ecologistas van también a tener razón en esto, como con las nucleares, y no fomentar una agricultura ecológica resulta ser tan suicida como apostar por una energía nuclear que sale muy cara, tarde o temprano? Los japoneses (y gente no japonesa) están pagando con Fukushima su osadía, pero en esto de la agricultura, los osados somos todos los países del mundo…

Para saber más… recomendamos el documental “Nosotros Alimentamos al Mundo” (2005):

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