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Organizaciones sindicales y sociales de Madrid presentan la ‘Confluencia de luchas’

29 Mayo 2026 at 07:00

Después de varios años de trabajo conjunto, CGT, CNT-Comarcal Sur, Ecologistas en Acción de Madrid, Sindicato de Manteros y Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid han decidido constituir la «Confluencia de luchas», una propuesta que busca reforzar la articulación entre los distintos movimientos sociales y sindicales de la ciudad en un escenario marcado por la crisis ecosistémica, la precarización laboral, la crisis de vivienda o el endurecimiento de las políticas migratorias. En este momento, los miembros de este frente común consideran imprescindible generar espacios compartidos que permitan construir respuestas colectivas.

La iniciativa, que se presenta públicamente el próximo sábado en Orcasur, barrio madrileño con una importante tradición popular y de asociacionismo vecinal, es el resultado de más de dos años de trabajo conjunto, así lo explica Julia Tabernero, integrante del Sindicato de Inquilinas y una de las impulsoras del proyecto: «El proceso lleva armándose casi tres cursos y surge entre organizaciones que ya nos conocíamos y habíamos colaborado en algunas ocasiones, pero necesitábamos de un análisis compartido del contexto. Y, sobre todo, de respuestas coordinadas».

El objetivo de esta suma, según nos cuenta Gonzalo Maestro, de CNT, es el de construir un espacio de encuentro, coordinación y acción, pero también «un proceso político orientado con la idea de construir estructuras militantes y organizativas sólidas, con identidad propia, con capacidad de fortalecer las distintas luchas desde un horizonte político compartido, y ganas de hacer frente a las diferentes formas de dominación del capitalismo contemporáneo».

Estas organizaciones unen fuerzas para proponer alternativas con un componente fundamental de clase: «Entendemos que las luchas de los diferentes colectivos que conforman la confluencia pueden ser diferentes, pero en este momento de policrisis y avance de la extrema derecha, hemos decidido aparcar lo que nos separa y dar el paso a organizarnos desde abajo y desde la izquierda», expone Luis Rico, de Ecologistas en Acción.

«Buscamos romper contradicciones históricas en las que nos ha sumido el capitalismo, las típicas entre sindicalismo y ecologismo, por ejemplo, y así trabajamos en cómo cerrar fábricas contaminantes o de armamento; en plantear un modelo industrial totalmente diferente que también beneficie a la clase trabajadora. Lo mismo decimos del movimiento de inquilinas e inquilinos, con el que coincidimos en que la vivienda debe ser un bien de uso y no para la especulación. Y con los migrantes nos une la solidaridad de clase: entendemos que todo el mundo tiene derecho a vivir aquí, a tener las mismas garantías y mismos derechos. Eso sí, a quienes no queremos aquí es a los capitales especulativos internacionales y a los fondos de inversión», concluye Rico.

Coincide en esa visión Mario Rísquez, integrante de CGT: «La confluencia de organizaciones que desarrollan su actividad en ámbitos aparentemente distintos nace de la lectura que hacemos de la crisis ecosocial en la que estamos inmersos: no podemos entender la precariedad en el trabajo y los bajos salarios de manera desligada del problema habitacional y los precios de la vivienda. Ponemos el foco en las condiciones de vida, del empleo, de la vivienda, del racismo y las políticas migratorias, del cambio climático, etc., todas ellas interrelacionadas. Y para afrontarlas debemos construir diagnósticos comunes, estrategias alineadas y unidad de acción».

Son las mismas razones que han llevado al sindicato de manteros a unirse a la confluencia, tal y como nos cuenta Serigne Mbayé: «Aquí hay personas con papeles, sin papeles y nativas, pero siempre trabajamos desde el apoyo mutuo. Nuestra lucha busca derribar fronteras, tanto las visibles como las invisibles, y romper esa discriminación que sufrimos como migrantes, pero también como clase trabajadora. Somos personas que estamos a pie de calle y luchamos por la igualdad de las personas, por un mundo mejor y más decente, contra las guerras y la explotación, por los servicios públicos… Todo eso nos afecta. No queremos que nos dividan, nuestra lucha es contra el destrozo del medioambiente, contra la especulación con la vivienda… somos los primeros que también sufrimos esto. Por eso es importante dar ese paso: si el sistema pretende dividirnos, nosotros sumamos fuerzas».

El proceso de confluencia ha sido largo y, según nos explican desde las organizaciones que la componen, desde el comienzo se hizo un esfuerzo en la autoformación: «Lo primero fue realizar una serie de encuentros de aprendizaje e intercambio de experiencias, en los que contar también con otras voces que nos parecían interesantes. Por ahí pasaron personas como Pastora Filigrana, Yayo Herrero, Amaia Pérez Orozco… Es decir, se trataba de establecer una serie de encuentros estratégicos con los que ir estructurando propuestas concretas». Estos encuentros de debate han finalizado este curso 2025-2026 en la denominada Escuela de Luchas, en la que han participado cerca de 30 ponentes y varios centenares de asistentes a las sesiones que se han llevado a cabo en la Fundación Anselmo Lorenzo.

Para Julia Tabernero, la escuela «ha sido una experiencia que hemos construido entre todas, un espacio de formación política y social para personas que conocían a alguna de las organizaciones o que estaban cercanas a los movimientos sociales y organizativos, pero que todavía no estaban participando. Y también para esa gente joven a la que le apetecería tener su primera experiencia militante. Los resultados han sido tan interesantes y fructíferos que la intención es volver a repetirla».

La Confluencia de Luchas se presenta ahora en Madrid, pero tiene la vocación de ser un espacio abierto a la incorporación de otros colectivos y organizaciones, sindicales, de vivienda, feministas, antirracistas, ecologistas»“que compartan prácticas políticas similares basadas en el sindicalismo, la generación de contrapoder y la institucionalidad popular como palancas para la transformación social y la transición poscapitalista».

Y de hecho, ya están trabajando para sacar la experiencia de la ciudad, e incluso extenderla fuera de la Comunidad de Madrid, respetando «la autonomía, las dinámicas y las alianzas de las organizaciones en los distintos territorios». Eso sí, «las organizaciones que ahora conformamos la confluencia de luchas compartimos una serie de principios organizativos y estratégicos, como la autonomía frente a partidos políticos y apuestas electorales, la organización de base y asamblearia, o la desobediencia y la acción directa», finaliza Rísquez.

Confluencia de luchas
Cartel con las actividades que tendrán lugar el próximo sábado en torno a la confluencia de luchas.

De momento la Confluencia de Luchas se presenta este sábado con el evento I Encuentro Primavera de Luchas, que contará con charlas y mesas de debate sobre la internacional reaccionaria y los retos del antifascismo, la policrisis y el sujeto de la lucha, y la militancia de base y las organizaciones de masas en el siglo XXI. Contará con la participación de periodistas, historiadores y activistas como Mark Bray, Miquel Ramos, Nuria Alabao, Rubén Martínez, Helena Maleno, Josefa Sánchez Contreras y Constanza Cisneros, además de con una programación infantil simultánea durante todo el día, gracias a los colectivos Tartamuda y Ecobloco. La jornada finalizará con las actuaciones del coro de mujeres Malvaloca y las bandas Tremenda Jauría y Biznaga.

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No hay transición ecosocial sin ecofeminismos

5 Marzo 2026 at 20:50

Un artículo conjunto de las áreas de Ecofeminismos de Ecologistas en Acción y Greenpeace España.

Hechos que creíamos ya asumidos por el grueso de la población, como la existencia de una crisis climática; demandas que parecían ampliamente respaldadas, como las reivindicaciones feministas; normativas internacionales que se suponían de consenso o valores que pensábamos formaban ya parte del sentido común, como los derechos humanos, están siendo contestados por una parte inesperada de la población. No sólo por los sujetos privilegiados sino también por personas en situación de precariedad. Las reacciones de perplejidad, la incomprensión, el enfado o la descalificación han ocupado parte de nuestras conversaciones y han puesto en riesgo nuestra confianza en el activismo y en la fuerza de los movimientos emancipatorios.

Tras varias décadas de políticas neoliberales, de despojo intenso de los sures, vivimos un entretejido de crisis materiales, políticas y culturales y el desmoronamiento de los sistemas de protección allí donde existían. La tierra ya no es lo que era; el futuro tampoco. Nos hemos percatado abruptamente de las falsas promesas del desarrollo. Este difícil contexto genera las condiciones oportunas para que se dé una tormenta perfecta del ascenso de los autoritarismos.

En un marco de precariedad y desigualdad crecientes se hacen hueco fácilmente dinámicas que reorientan la frustración hacia la búsqueda de culpables. Y señalan no hacia arriba, hacia las grandes fortunas, sino a aquellos colectivos más vulnerabilizados y próximos como las personas migrantes, las mujeres o las personas en situación de pobreza. Incluso las políticas de protección ambiental llegar a ser identificadas como enemigos

Un orden político sumiso a los poderes económicos, que necesita contener el desorden social que podría desatar esta frustración, aprovecha esta situación y hace soñar con el regreso a un pasado que nunca existió, donde “cada cosa estaba en su sitio”, y plantea la falsa promesa de poder cumplir nuestras más deseadas aspiraciones. Un mundo en el que las mujeres ocupaban amablemente su lugar en la casa, las disidencias sexuales debían esconderse de puertas hacia dentro, se explotaban los recursos naturales sin limitaciones o las personas extranjeras eran turistas exóticos. Una imagen que esconde la realidad y el futuro que las propuestas fascistas preparan para los colectivos que consideran subalternos.

Pero esa ficción a la que se entrega una parte de la población precaria esconde miedos, dolores, necesidades y deseos. Y es desde ahí donde debemos intentar hacer camino. Nos toca ahora respirar hondo y tratar de comprender, para reorganizar nuestra rabia y nuestra acción. Nos toca escuchar, repensar y reaprender para comprender qué queremos cambiar realmente. Los ecofeminismos integran propuestas que necesitamos para responder a la complejidad de conexiones, opresiones e imaginarios que se entrelazan en el contexto en el que nos encontramos. Parten del reconocimiento de la vulnerabilidad de los seres vivos y de la tierra, pero también de la capacidad de los vínculos para construir y sostener vida. Reconocen los miedos, las dificultades, la fragilidad, y desde ellos construyen mundos posibles.

No se trata solo de luchar contra el autoritarismo, el imperialismo o el individualismo patriarcales, de desmontar argumentos o desenmascarar mentiras. Se trata de construir pedazos de mundos habitables que respondan a otras reglas, aquellas que priorizan el respeto a todas las vidas. Son las pautas que sostienen muchas comunidades campesinas, edificios comunitarios, cooperativas de trabajo, asociaciones en defensa de la salud o grupos de vecinas en los barrios.

Se trata por lo tanto de politizar la frustración, de convertirla en fuerza de cambio real. Tenemos que hablar menos (menos es menos, no es dejar de hablar de) de emisiones de dióxido de carbono, mixes eléctricos o curvas de extracción de combustibles y más de alimentación, de hogar, de dignidad, de vecindad, de tierra, de igualdad. De los elementos que conforman condiciones para que las vidas se puedan desarrollar en plenitud.

Se trata de recentrar el conflicto, deconstruir al enemigo cercano y señalar con claridad a los grandes proyectos del capital como promotores de este proceso de destrucción que cada vez deja fuera a más personas y a más territorios vivos. Se trata de atender, en palabras de Yayo Herrero, todas las urgencias polisémicas, la climática y también la de Gaza y tantas otras.

Se trata –no es fácil– de llegar a ese motor del deseo y de las aspiraciones para construir imaginarios y expectativas compatibles con un mundo vivo y justo. Se trata de crear vínculos y alianzas.

Una de las claves ecofeministas de mayor potencia es la de entender la transición ecosocial no como un punto de llegada, sino un camino a recorrer, como un horizonte de sentidos comunes contrahegemónicos que dé vida a presentes que permitan imaginar mejores futuros. En ocasiones nos embarga el desánimo por el desequilibrio existente entre poderes y nos cuesta poner el foco en esas acciones transformadoras que ya se están llevando a cabo. Ejemplos como el Foro Social Más Allá del Crecimiento o la Asamblea Catalana per la Transició Ecosocial nos muestran la importancia de llevar a cabo la gran conversación y de seguir generando espacios de poder colectivo que sean capaces de cambiar las cosas, como Altri Non o como la paralización del Guggenheim en Urdaibai, por nombrar dos grandes victorias recientes.

Dice Flora Partenio que es momento de sostener presencia, resistir y reconstruir. Este 8 de marzo nos encontraremos en las calles, y después, en los infinitos espacios colectivos que sostenemos e inventamos cada día para hacer propuestas de transición ecosocial justa, para todas las personas. Nos va la vida en la construcción de opciones antifascistas. Sacamos fuerza de la alegría de vivir y de estar juntas. Somos muchas, somos más.

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