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Humor Ecologista: El Cambio Climático es Gracioso

Humor y Medio Ambiente: Cambio Climático y Vida no inteligenteSe puede bromear hasta de lo más serio. Y a veces también se debe. Porque el sentido del humor demuestra amor (salvo que se rían de ti), y calor, sobre todo hablando de Cambio Climático.

Dicen que el clima está loco, pero lo que está loco es el ser humano. Los humanos están de acuerdo en que habría que hacer algo, pero no hacen nada. Aunque, aún hay quien quiere dudar del cambio climático (el primo de Rajoy es el más famoso). En ciertas zonas hace mucho frío o más frío, y no creen en el cambio climático. En otras hace menos frío y les gusta un clima más cálido. Y en las que hace calor asfixiante ya estaban acostumbrados, por lo que tampoco es para tanto, un poco de CO2, y un poco de metano (CH4). Es cuestión de acostumbrarse. El vino de Rioja se debe reconvertir a dátiles de Rioja. El vino será escocés, y el whisky se puede fabricar en Islandia. Las aves, que vuelen donde quieran.

Preocupados por el CO2 que emitimos, los ecologistas podemos respirar un poco menos cada día. Y para reducir las emisiones de CH4 (flatulencias) hay gente que ya no come legumbres, ni carne de vaca, pues estos rumiantes son los mayores contaminantes ambientales del dichoso CH4. Esto último no es un chiste, además las vacas se están comiendo la Amazonía y otros bosques.

Todos los años nos ponen una cumbre para hablar del clima, ¿o es para que los políticos hagan turismo y se diviertan con sus cenas? ¿Por qué les llaman gastos en “dietas” si deben ser comilonas, a juzgar por lo que valen? En todo caso, no queda bien que a una cumbre sobre cambio climático, los políticos vayan en avión. La bici la dejan para las campañas electorales, y poco. Podrían usar videoconferencia para sus inútiles cumbres. Pero así no pueden comer, ni les podemos tirar tomates. A ver si inventan el e-Tomate, con extra de jugo.

Mucha gente se pregunta por qué los políticos no hacen nada, aparte de hablar y comer. Y yo les digo que no tenemos empatía. Digamos, por ejemplo, que va a caer un meteorito en el Congreso, y que los políticos están encerrados y no pueden salir. Podríamos ir a ayudarles, pero seguramente la gente preferiría hacer cumbres sobre meteoritos, y sobre lo fantástico que sería hacer algo para ayudarles a salvar su vida. Podríamos firmar protocolos en Kioto para acercarnos un poco todos los días a ese objetivo de salvar a los políticos encerrados en el Congreso, pero… ¿Quién honestamente se animaría a ir, subir las escaleras, y abrirles las puertas sin firmar antes varios protocolos? Sinceramente, da pereza. Y eso hay que entenderlo.

¿No se ponen de acuerdo los políticos? Mentira. Están todos de acuerdo en que hay cambio climático, y en lo que habría que hacer. Pero también están de acuerdo en hacer muchas “cumbres climáticas”. Y al final de cada una, también están de acuerdo en no hacer nada. Todos quieren que Madrid tenga playa… ¡Qué pillines! Lo van a conseguir.

Al final, la solución es tan simple como hacer una copia de seguridad del planeta, por si el experimento sale mal. Pero es que están empeñados en no hacer nada de nada. Ni eso.

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