Con la tercera ola de calor del verano, la contaminación del aire por ozono acumula desde el pasado sábado 18 de julio en la ciudad de Valladolid cinco días consecutivos de superación del valor objetivo para la protección de la salud, establecido por la normativa vigente en 120 microgramos de ozono por metro cúbico de aire.
En lo que llevamos de verano se trata del tercer episodio de este contaminante, que en el año 2023 ocasionó en la provincia de Valladolid hasta 110 muertes prematuras, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), cebándose en la población infantil y anciana, las mujeres embarazadas y las personas con enfermedades cardiorrespiratorias crónicas.
Pese a anticipar esta emergencia desde el pasado fin de semana, el Ayuntamiento de Valladolid ha demorado hasta el martes la activación de la Situación 2 de su Plan de Acción en Situaciones de Alerta por Contaminación del Aire Urbano, ciñendo en esta ocasión las medidas de restricción del tráfico ordenadas a la reducción de la velocidad a 30 kilómetros por hora, en unas calles del casco histórico ya limitadas a la misma de forma ordinaria.
En opinión de Ecologistas en Acción, esta medida es una burla para las miles de personas afectadas por la contaminación del aire en nuestra ciudad, que son así abandonadas a su suerte por las autoridades municipales. Por ello, la organización ambiental ha solicitado al Alcalde de Valladolid que sin más dilación ordene hoy la restricción completa del tráfico en el interior de la Zona de Bajas Emisiones de Valladolid, bajo su directa y personal responsabilidad
Al mismo tiempo, dada la profusión de episodios de contaminación por ozono y la escasa eficacia de las medidas adoptadas en los dos episodios anteriores de este verano, Ecologistas en Acción ha pedido al Alcalde que ponga en marcha la revisión de las medidas del Plan de Acción en Situaciones de Alerta por Contaminación del Aire Urbano, solicitándole una reunión para analizar la aplicación del Plan y su necesaria mejora.
En concreto, la organización ambiental considera necesaria la extensión del ámbito de la Zona de Bajas Emisiones hasta la ronda interior de Valladolid, para filtrar todo el tráfico metropolitano de entrada a la ciudad y extender sus beneficios ambientales y sanitarios a los barrios, siguiendo el modelo de ciudades como Barcelona, Madrid o Pontevedra, con zonas de bajas emisiones que abarcan la mayor parte de dichas urbes, para reducir su tráfico interno.
Esta medida debería acompañarse del refuerzo del transporte público eléctrico, en especial mediante la creación de un verdadero transporte metropolitano que podría procurar Auvasa, con la adecuada financiación por parte de la Junta de Castilla y León y el Gobierno de España. La liberación de espacio público por la menor circulación de automóviles potenciaría asimismo la movilidad activa peatonal y ciclista, reduciendo el ruido y la siniestralidad.
Otras medidas necesarias para reducir el ozono durante los episodios de alta contaminación en Valladolid y su entorno pasan por limitar el uso de disolventes orgánicos en actividades industriales y usos domésticos, evitar el suministro de combustibles en las horas centrales del día, reducir la velocidad máxima en las rondas de circunvalación y las autovías que confluyen en la ciudad o limitar el acceso motorizado a un gran centro comercial como Río Shopping.
El ozono troposférico, también conocido como ozono “malo” por contraposición al de la estratosfera, es un contaminante secundario producido por la reacción entre la luz solar y el dióxido de nitrógeno y los hidrocarburos emitidos por los automóviles y algunas industrias. Por inhalación, provoca un incremento del riesgo de enfermedades respiratorias agudas y reducción de la función pulmonar, así como el agravamiento de patologías cardiovasculares.
En episodios de contaminación por ozono situaciones como el que estamos viviendo en esta semana con la ola de calor, las personas más vulnerables deben evitar exponerse a este contaminante en el exterior de sus viviendas, evitando esfuerzos desacostumbrados al aire libre. El ozono, además de para las personas, es también tóxico para la vegetación, dañando el arbolado urbano, los parques y los bosques, y reduciendo la productividad de los cultivos.
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