La Iglesia Católica en Bolivia celebró este jueves la Solemnidad de Corpus Christi con un llamado unificado al cese de la violencia y a la búsqueda de la paz en el país. Desde distintos puntos del territorio, obispos y fieles elevaron un mensaje de unidad en medio de un clima de inestabilidad social.
Basta ya de violencia, es el momento de la paz y la reconciliación entre los bolivianos, dijeron los representantes eclesiásticos durante las celebraciones.
La festividad religiosa, una de las más importantes del calendario católico, sirvió de escenario para que la Iglesia reiterara su papel como mediadora en el conflicto. En varias homilías, los sacerdotes instaron a las autoridades y a la ciudadanía a deponer las actitudes confrontativas y a priorizar el diálogo.
El país atraviesa meses de tensiones políticas y sociales que han derivado en episodios de violencia en distintas regiones. La Conferencia Episcopal Boliviana ha manifestado en repetidas ocasiones su preocupación por el deterioro del clima social y ha ofrecido su intermediación para alcanzar acuerdos que garanticen la gobernabilidad.
Un mensaje de unidad en la festividad religiosa
Las misas y procesiones de Corpus Christi, que congregaron a miles de fieles, se convirtieron en un espacio de oración por la paz. Los obispos recordaron que la violencia no es el camino y que solo a través del respeto mutuo y la justicia se puede construir una sociedad más estable.
El llamado de la Iglesia llega en un momento clave para Bolivia, donde las demandas de diferentes sectores sociales han generado un escenario de confrontación. Aunque no se proporcionaron datos concretos sobre los incidentes, la jerarquía eclesiástica advirtió del riesgo de una escalada si no se retoma el diálogo.
Habrá un Mundial que aspirará, como siempre, a recibir miradas planetarias, pero que no podrá evitar que entre ellas se cuenten las de cada vez más ojos nuevos, adultos y valientes.
La escasa presencia de música urbana, proyectos femeninos o propuestas vanguardistas en las salas de conciertos no responde solo a decisiones artísticas. Tiene que ver con una infraestructura sostenida casi en exclusiva por la hostelería y con un modelo de ocio heredado del desarrollismo turístico tardofranquista que los macrofestivales consolidaron en el siglo XXI. Hoy, ese esquema condiciona qué conciertos pueden ser viables y qué propuestas quedan fuera.