El presidente ruso, Vladímir Putin, intervino este viernes en la sesión plenaria del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF), la cita anual que desde 2006 sirve como principal escaparate de la política económica rusa y que este año celebra su vigésima edición. El discurso, pronunciado ante un auditorio de líderes empresariales y políticos, abordó las tendencias económicas globales y la cooperación internacional, en un contexto marcado por las sanciones occidentales y el creciente protagonismo del Sur Global.
Un foro blindado por las sanciones
El SPIEF, conocido coloquialmente como el ‘Davos ruso’, ha sido tradicionalmente la plataforma desde la que el Kremlin proyecta su estrategia de atracción de inversiones. En los últimos años, la afluencia de delegados occidentales se ha reducido drásticamente debido a las restricciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. En contraste, larepresentación de países de Asia, África y Oriente Próximo ha aumentado, reflejando el giro estratégico de Moscú hacia alianzas alternativas.
Putin no ofreció en esta ocasión anuncios de calado inmediato, pero su sola presencia —la número veinte en este foro— subraya la continuidad del discurso oficial ruso. En ediciones anteriores, el mandatario ha utilizado el SPIEF para presentar megaproyectos energéticos, defender la soberanía económica frente a las sanciones y lanzar críticas directas a lo que califica de ‘hegemonía occidental’.
Inversiones y energía como pilares
Según fuentes de la organización, el foro ha generado en sus dos décadas de existencia acuerdos por valor de miles de millones de dólares en sectores como la energía, la infraestructura y la tecnología. Este año, el programa incluye sesiones sobre seguridad alimentaria, cooperación tecnológica con el Sudeste Asiático y el papel del rublo en el comercio internacional, temas que reflejan la agenda de desacoplamiento de los circuitos financieros controlados por Occidente.
La intervención de Putin se produce en un momento en que la economía rusa muestra signos de resistencia. El Fondo Monetario Internacional prevé para 2026 un crecimiento del 2,3%, impulsado por el gasto militar y el comercio con China e India. Sin embargo, la inflación y la escasez de mano de obra cualificada siguen siendo desafíos estructurales que el Kremlin busca mitigar con estímulos sectoriales.
El SPIEF de 2026 acaba de comenzar, y los próximos días podrían deparar anuncios concretos en materia de acuerdos energéticos o de nuevas rutas comerciales que confirmen la deriva multipolar de la economía rusa.