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Palestinian Sound Archive: música contra el borrado de la cultura palestina

Por: Carlos Madrid

“Preservar los recuerdos palestinos y todas sus formas artísticas, ya que eso significa mantener viva nuestra identidad cultural”. Esa es la máxima con la que el artista y músico Mo’min Swaitat creó Palestinian Sound Archive, un archivo con más de 10.000 discos que busca conservar la cultura palestina ante el borrado que está sufriendo por parte del Estado de Israel.

La idea, según cuenta a La Marea, surgió tras su vuelta de Londres a Palestina en 2020. Él se encontraba en la capital británica para estudiar mimo y teatro físico, pero en febrero de ese año regresó a su país para empezar un proyecto sobre Juliano Khamis, un actor y figura clave del teatro palestino que fue asesinado el 4 de abril de 2011. Los planes, obviamente, se trastocaron cuando llegó la pandemia y se cerraron las fronteras. Fue entonces cuando se convirtió en archivero.

Antes ya lo había sido, pero esta circunstancia hizo que lo tomara más en serio. “Empecé a pensar en mi amigo Tariq, que tenía una tienda de casetes a la que solía ir de niño en el campo de refugiados de Jenin, donde vivía la familia de mi madre. Me preguntaba si seguiría por allí y, de ser así, si aún conservaría alguna cinta”, explica tras su paso por la sala Clamores de Madrid el pasado junio.

Cuando consiguió localizarlo, Tariq lo llevó a la tienda para que viera su colección. “Sabía que había encontrado algo realmente especial”, cuenta Mo’min Swaitat. Y añade: “Muchos de los álbumes eran bandas sonoras de la Primera y la Segunda Intifada, los levantamientos que habían marcado (y siguen marcando) nuestras vidas como palestinos”.

Acabar con la memoria y la narrativa palestinas

Desde entonces, Mo’min Swaitat comenzó a coleccionar toda esa memoria cultural palestina para que no sea borrada. Porque, como comenta, tanto la identidad cultural como la comunicación palestinas han sido objeto de “ataques deliberados por parte de las organizaciones sionistas». «No solo en la Palestina histórica ocupada, sino también en el mundo occidental –prosigue–. Los israelíes han atacado el sistema nervioso palestino mediante la instauración del terrorismo en toda la sociedad. Algo que llevan haciendo más de 100 años”.

¿Y por qué hacerlo a través de la música? Porque proviene de una larga estirpe de músicos beduinos palestinos. “Toda la parte más hermosa de mis recuerdos personales y del archivo de mi infancia en Jenin proviene de asistir a conciertos y bodas con mi familia y mis parientes, ya que todos ellos son músicos. Recuerdo una grabación familiar en la que yo estaba presente cuando se hizo. Esa cinta me ayudó a desbloquear recuerdos que siempre me ha encantado volver a rememorar. Lo que yo llamo la parte bonita de mi archivo”, dice.

Aparte de esa, también tiene otra memoria y archivos que están llenos “de escenas miserables vividas bajo el yugo del Estado militar colonialista». «Es decir, llenos de asesinatos, detenciones, palizas y una libertad de elección y de movimiento limitada, por lo que no ha sido agradable recordar todo esto después de mudarme a Londres. Todo ello, ligado a mi infancia en Palestina, en Cisjordania, concretamente en el campo de Jenin”, cuenta.

Mantener viva la identidad palestina

Todos los pueblos deben tener derecho a acceder a sus recuerdos. A ellos y a todas las formas artísticas que mantienen viva su identidad cultural. Sin embargo, algo que parece tan obvio, a los palestinos se les está negando. Como denuncia Mo’min Swaitat, la violencia israelí, entre muchas otras facetas, ha atacado a la propiedad intelectual y a los derechos de autores de las obras de arte palestinas.

“Hay obras que fueron robadas por los israelíes y que se han ocultado bajo el título de ‘archivo militar israelí’. Los únicos que tienen acceso a ella son los artistas israelíes, que a menudo las exponen sin el consentimiento de los artistas originales, los artistas palestinos. Creo que preservar la narrativa palestina no es una contranarrativa, sino la narrativa original”, cuenta.

Y añade: “El sionismo ha intentado destruir nuestra identidad cultural, deteniendo y asesinando a artistas e impidiéndonos acceder a nuestra música, nuestro cine, nuestra fotografía, nuestra pintura y mucho más. Una de las cosas de vivir bajo un Estado colonial militarista es que ha habido una urgencia por comunicar nuestra lucha, nuestras vidas, nuestros sueños y esperanzas, nuestro dolor y nuestra alegría, nuestros amores y pérdidas, a través de la música y la palabra hablada, en bodas y funerales”. 

Un archivo palestino vivo

Junto a Mo’min Swaitat hay un pequeño equipo que se encarga de digitalizar toda la música. Una idea que busca no solo que esta esté disponible online, sino también crear “un archivo palestino vivo para que la gente pueda tener el objeto físico, los álbumes, en sus propios hogares”.

Un acercamiento que también sucede en sus conciertos. Como el que ofreció hace unos días en Madrid. Espectáculos y sesiones que, según explica, ayudan a la gente a comprender mejor la realidad de Palestina gracias a la música y al proyecto ligado al archivo: “Estamos dando a conocer este archivo en persona siempre que podemos, ya que sentimos la responsabilidad de contar nuestras propias historias”.

Y finaliza: “Mi sueño es llevar este archivo de vuelta a casa y crear nuestro propio espacio físico donde pueda perdurar, y donde los palestinos puedan acudir para interactuar con él y sumergirse en sus propios y hermosos recuerdos”.

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Silvia Bezos: “La vida laboral de la clase trabajadora es muy repetitiva y claustrofóbica”

Por: Carlos Madrid

Los trayectos en Metro, aunque muchas veces asfixiantes, pueden ser un lugar perfecto para la reflexión. Más si el tema sobre el que se da vueltas tiene que ver con la clase. Silvia Bezos eligió este transporte para que la protagonista de Manos de pobre, cómic que se hizo con el Premio PANG de la editorial Aristas Martínez, meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.

Unas reflexiones que la autora contrasta con ilustraciones muy coloridas, referencias pop y mucho humor para que, según la propia Silvia Bezos, no la acusen de “intensita”. Hablamos con ella sobre todas estas ideas y sobre por qué, después de hacer el cómic, ha llegado a la conclusión de que no quiere cambiar de clase.

¿Las manos de pobre, por más que queramos, siempre van a ser reconocibles?

Una conclusión a la que he llegado después de hacer el cómic es que cuando intentamos disimular, tener ese passing de clase media, podemos lograrlo en algún aspecto. Algunos podrán conseguir una casa mejor, otros vestirán como la clase alta y otros pondrán todo su empeño en el plano intelectual, pero en otros sentidos se les va a notar. Al final siempre se vislumbra. Creo que es imposible en todos los puntos llegar al mismo lugar.

Sobre todo si se trabaja seis días a la semana, como le pasa a la protagonista. ¿Se pueden tener otras manos con esta realidad?

El esfuerzo que tiene que hacer una persona que trabaja tanto para alcanzar los mismos lugares que una que viene de lugares privilegiados es enorme. Algo que acaba llevando a una serie de consecuencias tanto físicas como mentales o en el tiempo que le queda para no hacer nada. Esto lo vemos en las personas que estudian mientras trabajan: ¿Cuánto esfuerzo le supone aprobar en comparación con su compañero que no tiene otra cosa que hacer?

Quizá donde más reconocible sea encontrar esas manos es en el Metro. ¿Por eso decidiste ubicar la obra allí?

El Metro es un lugar muy de clase obrera. Que haya gente que no lo ha cogido en su vida es algo que a las personas de a pie nos deja locas. También porque es muy repetitivo y claustrofóbico, como la vida laboral de las personas de clase trabajadora. 

La novela gráfica es una especie de ensayo en el que muestras cómo la clase nos atraviesa en todos los ámbitos de nuestra vida. Incluso en el modo en que nos comportamos o en cómo nos expresamos.

Esto depende un poco de cuáles sean tus ambiciones. Pero algo que parece obvio, es decir, que una persona que venga de clase obrera se vaya a expresar peor, Brigitte Vasallo lo desmonta en su libro de Lenguaje exclusivo y exclusión de clase. Ella dice que las personas que vienen de clase baja, cuando están en público o en lugares de gente de estratos más altos, sobreproducen el lenguaje. Entonces tienes los dos extremos: los que se expresan peor y los que tienden a hacerlo con muchísima complejidad. Esto último, aunque no lo parezca, también señala de dónde vienes.

Podemos pensar que la clase tiene que ver sobre todo con la riqueza, pero hay otros muchos capitales que influyen. Como el cultural.

A mí esto fue lo primero que me obsesionó, porque es lo que más me importa. El resto de cosas que acompañan el venir de estratos sociales altos me dan más igual. Pero yo recuerdo pensar de pequeña: ¿Por qué una compañera sabía ciertas cosas si no las habíamos dado en clase? Ese capital cultural en mi opinión es el más difícil de alcanzar. Tanto, que en este punto nos llevan mucha ventaja y tienes que poner mucho empeño para alcanzarlo. 

En el cómic esto lo muestro a través una carrera de relevos generacional. Algo que estoy viviendo ahora con mi hija. Pienso en cómo educarla en este aspecto porque no he tenido referentes. Y me pregunto qué hacen estas personas para que a sus hijos de 18 años sean cultísimos. Algo que creo que no depende del colegio al que se va, sino de lo que pasa en casa. El problema es que es más fácil copiar las conductas exteriores que las domésticas. La clase tiene que ver mucho con cómo te comportas ahí. Y con lo cultural pasa mucho eso.

¿Por ello es tan complicado cambiar de estatus social?

Uno de los motivos por los que nos intentan convencer de que sí se puede es por esto: porque es casi imposible. Hubo un momento en el que el ascensor social sí que funcionaba más, pero ahora está muy estropeado. Para vivir medianamente bien tenemos que hacer esfuerzos muy grandes y, aun así, mucha gente ni siquiera mejora. Ellos nos venden que es posible de manera individual, pero es al revés: solo lo conseguiremos de manera colectiva.

«Si nos intentan convencer de que se puede cambiar de clase es porque es casi imposible»

Una serie de reflexiones casi ensayísticas que entran en contraste con las ilustraciones coloridas y pop. ¿Por qué quisiste hacerlo así?

Siempre he tenido miedo de que me acusen de intensa en la vida, por eso me he adaptado así al miedo. Compenso la intensidad con el chiste y el colorido. No ha sido nada meditado.

También hay mucho humor. Aquí hasta los perros reflexionan con la protagonista.

Tenía muchas ganas de hacer un cómic, pero a la vez me daba miedo. Me apunté en 2020 a un curso de novela gráfica que fue genial y me animó un montón. En él, uno de los consejos que me dieron fue que tenía que intentar que el lector no acabara odiando a la protagonista. Me pareció interesante introducir personajes que apuntillaran o expresaran lo que ella no dice, para que no fuera la protagonista la que cargara con todo el discurso. Y si podían ser graciosos, como un perro, mejor.

En la contraportada de Manos de pobre la protagonista deja la conclusión de que en la obra ha encontrado todas las excusas para explicar por qué no está forrada a su edad.

Una cosa que hace este cómic más llevadero es que se ríe bastante de la protagonista. No es un discurso súper aleccionador, sino que se mofa de ella y de todos los que tenemos pensamientos del estilo. Yo, después de hacer le cómic, he llegado a la conclusión de que no quiero cambiar de clase. Lo que quiero es vivir con dignidad, tener tiempo libre, salud y educación a mi alcance. 

Igualmente, en la obra hago la reflexión de que esta gente está fatal. Ellos tienen problemas de salud mental –diferentes de los de la clase trabajadora– que tienen que ver con una excesiva contención en la vida. Si eso es a lo que aspiramos, yo paso. También pierden capacidad de empatía y contacto con la realidad y lo humano. Yo solamente quiero y deseo dignidad para la gente. Se me ha pasado la idealización de los privilegios de clase durante todas estas reflexiones.

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Javier Ferrara, de Parquesvr: “Siempre me han atraído más los que pierden que los que ganan: viven cosas más interesantes e intensas”

Por: Carlos Madrid

Parquesvr se dio a conocer hace unos años gracias a sus letras y ritmos cargados de ironía y sarcasmo. Unas canciones cuyo contenido explícito, disco a disco, han ido matizando. Ahora, regresan con Mitos y leyendas, un cuarto álbum en el que afilan más su cinismo con letras y melodías más cuidadas. Un trabajo partido en dos en el que se diferencian, en la primera mitad, canciones dedicadas a las diferentes fases de una pérdida y, en la segunda, mucha crítica social. Entre otros temas, la reconocible voz de Javier Ferrara, cantante del grupo, denuncia el genocidio que está sufriendo Gaza, la crisis de vivienda actual o cómo nos están robando las ciudades.

Aunque se puede seguir intuyendo la esencia de Parquesvr, ha habido un cambio. ¿Por qué dejar de lado ese humor e ironía explícitos que os caracterizaban?

Esto es algo que hemos hecho muy conscientemente. Llevamos la mochila de grupo humorístico encima y ya desde el segundo y el tercer disco nos lo intentamos quitar un poco. No porque no estemos cómodos, sino porque ya existe una parte del repertorio con esas temáticas. Nos gustaba la idea de hacer un álbum sin tener que tirar de humor de forma tan clara.

Aun así, se sigue filtrando mucha acidez, humor y mala leche.

Al final es la forma con la que yo me relaciono con el mundo, es decir, a través del cinismo. A cualquier cosa que me pasa le pongo ese filtro, por lo que es irremediable que se cuele en las canciones.

Un cambio que toma dos direcciones. La primera el desamor.

Siempre me han atraído más los que pierden que los que ganan. Para mí viven cosas más interesantes e intensas. Los momentos que más tengo grabados son los de pérdidas. Además, creo que todas las canciones que se hacen sobre el desamor se hacen desde un mismo lado. Por ello, he intentado plasmar diferentes estados desde los que enfocar esa pérdida. 

Y de crítica política: hay incluso una canción que habla del genocidio de Gaza.

Updah, el título de la canción, significa nudo en árabe palestino: tanto de forma literal como emocional. Me gustó mucho ese concepto. El acercamiento a esa canción fue muy complicado porque no la veíamos como single, luego intentamos colaborar con otros artistas porque tenía mucho miedo con mi voz no llegar, etc. Nos daba mucho miedo porque no queríamos quedar de oportunistas. Es decir, el mayor reto era hablar de lo que está pasando en Gaza sin ponernos una medalla. Yo tenía muchas cosas escritas sobre ello, pero nada me convencía. Hasta que navegando por internet, en un especial sobre poetas palestinos, me encontré con el verso que inicia la canción. Eso fue lo que me permitió desarrollarla. Para mí, además de la catástrofe humanitaria y todo el horror que supone, lo que me llama la atención es la paradoja de la historia: es decir, cómo un pueblo que ha sido históricamente perseguido se vuelve verdugo de otro. Afrontarlo desde ahí era lo que más me interesaba. Y que no fuese a través de mis palabras.

Aparte de esto, hay muchos más temas políticos en el disco. La crisis de vivienda o en qué se están convirtiendo nuestras ciudades son algunos de ellos.

El problema de vivienda si no es el mayor es uno de ellos en la actualidad. El acceso a ella es terrible. Aparte de ello, también quería plasmar cómo las ciudades se están transformando y cómo estamos pasando de ser vecinos a figurantes. Nos han arrebatado las grandes ciudades, y es muy triste contemplar que algo que yo he querido mucho como es Madrid está en manos de gente que no la quiere.

¿Intentáis que vuestras letras vayan acompasadas con el tiempo que vivimos?

Totalmente. Yo intento que sean hijas de su tiempo, que sean letras que cuando la gente, si lo hace, escucha Mitos y leyendas en 2040, pueda descubrir aquí las cuestiones que importaban a la sociedad en este momento.

¿La escena independiente debería mojarse más políticamente?

Yo no soy de darle moralinas a nadie. Yo escribo sobre lo que me sale de dentro y para mí es respetable que cada uno hable de lo que quiera. Pero sí que echo en falta dentro de la música, tanto del mainstream como la independiente, esto. Todos nos congratulamos cuando Rosalía escribió en Twitter Fuck Vox o cuando Bad Gyal habla abiertamente de que no es una cuestión política que en Gaza se esté cometiendo un genocidio. Sin embargo, a día de hoy Rosalía ha optado por otro mensaje y no sabemos a quién vota C. Tangana. Y luego nos volvemos locos cuando Bad Bunny en la Super Bowl hace apología sobre Puerto Rico y los migrantes. Creo que es interesante que los artistas mayoritarios también se posicionen.

También hay letras para los tontos. Los de cualquier pelaje.

Con esa canción intentaba ser una ametralladora que disparase en todas direcciones, pero los que se han quejado son siempre mayoritariamente de un mismo lado. Yo intentaba radiografiar lo que nosotros entendemos que hay en la sociedad. Evidentemente, para ellos nosotros seremos tontísimos.

Y su contrapartida: vuestra peña.

De ahí nace el nombre del disco. Nuestra gente para nosotros es lo más importante y tenemos la enorme suerte de que estén a nuestro lado. Son nuestros mitos y leyendas.

Un cambio que también habéis llevado a cabo a nivel musical: ya no hay tanta variedad de estilos y el disco es mucho más melódico.

Las dos cosas que comentas están hechas a propósito y de forma muy consciente. Nos dimos cuenta de que en anteriores discos o en singles habíamos probado diferentes estilos y en general con menos atino del que nos hubiera gustado. No nos quedaba del todo bien o no estábamos del todo satisfechos. Por ello, en este disco nos hemos centrado en los que nos sentimos más cómodos y seguros en vez de experimentar y probar. Pero la evolución viene sobre todo respecto a las melodías. Lo que va a ser un reto va a ser el directo, es decir, yo cantándolas. (Risas).

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