El Gobierno iraní ha acusado a Estados Unidos de incumplir el alto el fuego vigente y ha calificado los ataques lanzados durante el fin de semana como «actos de mala fe». Según Teherán, el Ejército estadounidense y la Guardia Revolucionaria intercambiaron golpes mientras las negociaciones diplomáticas aún estaban en curso, lo que supone una violación de la tregua que amenaza con avivar el conflicto directo en la región.
Una escalada que tensa el Golfo
La acusación iraní se produce después de que las fuerzas de la Guardia Revolucionaria y el Ejército de EE.UU. mantuvieran intercambios de fuego durante el pasado fin de semana, a pesar de que ambas partes continúan las conversaciones para estabilizar la situación. El régimen de los ayatolás ha interpretado estas acciones como un gesto de mala fe por parte de Washington, que no respeta los acuerdos alcanzados. El presidente estadounidense, Donald Trump, por su parte, restó importancia a la denuncia e instó a Irán a «sentarse y relajarse», en un tono que no favorece la distensión.
La tensión en el Golfo Pérsico tiene consecuencias directas para la seguridad energética global. La región es una de las principales rutas de tránsito de hidrocarburos y minerales críticos, de los que España es altamente dependiente. Un eventual conflicto abierto podría disparar los precios del petróleo y el gas, así como interrumpir las cadenas de suministro de materias primas estratégicas, según alertan fuentes del sector energético consultadas por este periódico.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní declaró que su país «no tolerará más violaciones de la tregua» y advirtió de que «cualquier nuevo ataque será respondido con contundencia». Por ahora, las negociaciones continúan, pero la desconfianza mutua crece y la comunidad internacional observa con preocupación el posible deslizamiento hacia un conflicto de mayor escala.