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León XIV llega a España para unir a una sociedad fracturada: migración y polarización marcan su agenda

Por: D. Cañellas

El papa León XIV iniciará el próximo junio su primer gran viaje a Europa con una visita oficial a España, un país de tradición católica pero marcado por una fuerte secularización. La agenda del pontífice, que incluye paradas en Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, abordará temas clave como la migración, la paz y la creciente polarización política, según ha confirmado la Santa Sede.

Una agenda con impacto social y político

El viaje, que se enmarca en los primeros meses de su pontificado, llega en un momento de intenso debate en España sobre las políticas migratorias y la fractura social. León XIV tiene previsto reunirse con los sectores más vulnerables de la sociedad, así como mantener encuentros con representantes de la Iglesia local y del Gobierno español.

El acto central será la inauguración de la nueva torre de la Sagrada Familia en Barcelona, un evento que se espera convoque a miles de fieles. Además, el papa pronunciará un discurso ante el Congreso de los Diputados, una intervención inédita que subraya la relevancia que la Santa Sede otorga al diálogo institucional en un clima de polarización.

Migración en el foco canario

La visita a las Islas Canarias, puerta de entrada de miles de migrantes africanos que llegan en pateras y cayucos, sitúa la cuestión migratoria en el centro de la agenda papal. León XIV ha mostrado desde su elección una preocupación constante por la crisis migratoria y el drama humanitario en el Mediterráneo. En Canarias, previsiblemente, el papa se reunirá con organizaciones que atienden a los recién llegados y con las propias comunidades de migrantes.

Fuentes del Vaticano indican que la elección de España como primer destino europeo responde a la voluntad del pontífice de enviar un mensaje de unidad y solidaridad en un momento en que el continente afronta desafíos comunes.

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Polarización en Colombia: la camiseta de la selección se convierte en arma electoral a dos días de las presidenciales

Por: S. Bárcena

El candidato oficialista a la Presidencia de Colombia, Iván Cepeda, ha criticado duramente a su rival de extrema derecha, Abelardo de la Espriella, por utilizar la camiseta de la selección colombiana de fútbol como parte de su campaña electoral. Según Cepeda, se trata de un «oportunismo político» que desvirtúa un símbolo nacional.

La polémica surgió cuando De la Espriella apareció en actos de campaña luciendo una camiseta de la selección con una variación: un tigre estampado, animal que emplea como emblema personal. Para Cepeda, esta acción «convierte la camiseta de todos los colombianos en un símbolo político de una sola campaña».

Los seguidores de De la Espriella rechazaron las acusaciones y defendieron que la prenda representa el orgullo patrio y no pertenece a ninguna fuerza política. La consultora en comunicación política Alicia Peñaranda explicó en France 24 que el uso de símbolos nacionalistas por parte de candidatos de derecha es una estrategia recurrente para apelar al sentimiento patriótico del electorado.

Polarización creciente

Este episodio se enmarca en una campaña electoral marcada por la polarización. Cepeda, que encabeza la coalición oficialista, ha denunciado en varias ocasiones el «giro autoritario» de su adversario, mientras que De la Espriella acusa al oficialismo de querer «silenciar el patriotismo».

Analistas señalan que la disputa refleja un fenómeno extendido en América Latina: la instrumentalización de símbolos patrios con fines electorales. «La camiseta de la selección es un ícono de unidad, pero en campaña se convierte en arma política», afirmó Peñaranda.

Las elecciones presidenciales colombianas se celebrarán en la primera vuelta del próximo domingo, con Cepeda y De la Espriella como principales favoritos según los sondeos.

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Colombia elige entre el heredero de Petro y un ultraderechista: el centro político queda fuera en segunda vuelta

Por: N. Esteller

Colombia se encamina a una segunda vuelta presidencial que enfrenta a dos visiones antagónicas. El izquierdista Iván Cepeda, del oficialista Pacto Histórico, y el ultraderechista Abelardo de la Espriella, un outsider que se ha definido como antisistema, serán los candidatos en el balotaje del 15 de junio de 2026, según anunciaron las autoridades electorales tras el escrutinio de los comicios del 31 de mayo.

La polarización vuelve a ser protagonista en el país andino, donde el centro político ha quedado relegado en favor de opciones extremas. Cepeda, heredero político del presidente saliente Gustavo Petro, promete continuar las reformas sociales y económicas iniciadas por su mentor, aunque con matices propios. De la Espriella, por su parte, propone un giro radical hacia la derecha, con un discurso que cuestiona el establishment y promete mano dura contra la inseguridad y la corrupción.

El peso de Petro sobre Cepeda

El candidato del Pacto Histórico arrastra tanto los apoyos como los rechazos que genera la figura de Petro. Según el politólogo Alejandro Chala, investigador de la Fundación Pares, «Cepeda busca diferenciarse sin romper con el legado petrista, pero el electorado aún debate si es un continuista o un líder con agenda propia». La sombra del presidente saliente será determinante en una campaña que se prevé intensa.

De la Esprilla: «Soy el único que puede enfrentar al establishment y devolverle el poder a la gente»

Por su parte, De la Espriella ha capitalizado el descontento de amplios sectores con la gestión de Petro, especialmente en zonas urbanas y rurales afectadas por la inseguridad y la inflación. Su perfil de outsider, similar al de otros líderes ultraderechistas en la región, le ha permitido conectar con votantes que consideran que las élites tradicionales han fracasado.

Relevancia para España

Colombia es un socio estratégico de España en Iberoamérica, con fuertes lazos comerciales y una comunidad de casi 500.000 colombianos residentes en el país europeo. El resultado del balotaje tendrá implicaciones directas en las relaciones bilaterales y en los acuerdos de cooperación, especialmente en materia de comercio, inversión y lucha contra el narcotráfico.

«España observa con atención la contienda colombiana, ya que un giro radical en Bogotá podría afectar los intereses de empresas españolas presentes en sectores como la energía, las infraestructuras y las telecomunicaciones», señalan fuentes diplomáticas consultadas.

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Colombia decide su rumbo: ¿regreso al "equipo de Trump" con De la Espriella?

Por: D. Cañellas

Los colombianos acuden este domingo 31 de mayo a las urnas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, unos comicios que se prevén muy reñidos en un clima de fuerte polarización. Los principales candidatos son Iván Cepeda, del partido de gobierno, y el abogado conservador Abelardo de la Espriella, quien ha capitalizado el descontento con un discurso de «mano dura» y críticas a la izquierda. También compite Paloma Valencia, del Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe.

Ningún candidato supera el 50% de intención de voto, por lo que se espera una segunda vuelta el 21 de junio de 2026. La jornada transcurre con alta participación, según los primeros reportes. La Misión de Observación Electoral (MOE) ha registrado 565 actos de violencia política desde enero de 2025, lo que añade tensión al proceso.

Un posible giro hacia Washington

El resultado de las elecciones podría redefinir las relaciones de Colombia con Estados Unidos. Mientras Cepeda representa la continuidad del actual gobierno, De la Espriella ha mostrado sintonía con el expresidente estadounidense Donald Trump, lo que supondría un realineamiento geopolítico en la región. Según analistas estadounidenses, Colombia podría volver al «equipo de Trump».

Colombia llega a las elecciones con un clima de polarización que ha politizado la vida de los habitantes que habitualmente no participaban de los comicios, señalaron expertos a Sputnik.

La polarización ha sido una constante en la campaña, con enfrentamientos verbales entre los aspirantes y una sociedad dividida. El candidato de derecha De la Espriella ha aprovechado el desgaste del oficialismo y promete mano dura contra la inseguridad y la guerrilla.

La comunidad internacional sigue de cerca los comicios, que se celebran en un contexto de inestabilidad regional. El recuento de votos comenzará al cierre de las mesas electorales, y se esperan resultados preliminares en las próximas horas.

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Papá, ¿por qué te hiciste político?

Por: Antonio Avendaño

Uno. El clima

Muchos lectores recordarán el anuncio o habrán oído hablar de él. Ante sus horas más bajas, el Atlético de Madrid puso en circulación a principios de la década de 2000 un ingenioso spot en el que se veía a un niño y su padre circulando por unas calles de Madrid atestadas de madridistas celebrando los triunfos de su equipo mientras los colchoneros acababan de hundirse en el pozo de la Segunda División. El anuncio terminaba con el niño formulando esta pregunta, mitad enternecedora, mitad letal: “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”

Viendo el envenenado clima político del país y escuchando las cosas tremendas que los políticos, aunque ciertamente unos mucho más que otros, se dicen entre sí, cabe imaginar a ese mismo niño yendo en el coche con su padre alcalde, concejal, consejero o ministro; concluido el noticiario radiofónico que ambos acaban de escuchar, el hijo del alto cargo preguntaría lo mismo que el hijo del colchonero: “Papá, ¿por qué te hiciste político?”. 

Dos. Cretino, capullo, mentiroso

Los medios de izquierdas contabilizaron en su día los siguientes insultos proferidos desde las derechas contra Pedro Sánchez desde que es presidente del Gobierno: inmoral, irresponsable, cretino, capullo, hijo de puta, indecente, traidor, tirano, populista, corrupto, déspota, caudillista, ególatra, felón y sectario. Y ahí va ahora la relación de epítetos proferidos desde la izquierda contra Alberto Núñez Feijóo que recopilaron los medios de derechas: vago, mentiroso, populista, incompetente, extremista, cínico, insolvente y extremista. 

Es obvio que la derecha insulta más y mejor que la izquierda, aunque huelga decir que, para ser verdaderamente exhaustivas, ambas recopilaciones deberían haber incluido los dicterios, injurias y ofensas contra esos mismos políticos que eran cosecha exclusiva de los propios medios. Al fin y al cabo, políticos y periodistas son los dos principales colectivos que administran el espacio público: si, como viene sucediendo, tal espacio se envilece hasta el punto en que lo está ahora, la responsabilidad no puede ser exclusiva, como solemos pretender los periodistas, únicamente de los políticos. 

Tres. Piedras en el tejado

La política es el único oficio donde es costumbre, cuando no obligación inexcusable, tirar incesantemente piedras contra su propio tejado, contra el tejado mismo de la política, compartido por apedreadores y apedreados. No es raro, sin embargo, que suceda así: el modelo de organización y conducta en que se inspira la política es la guerra, y los políticos son vistos por sus adversarios no como ciudadanos particulares, personas de carne y hueso con hijos, padres, esposas, maridos, sino como combatientes uniformados de un ejército enemigo o, en el mejor de los casos, como estereotipados especímenes de un colectivo odiado, detestado o simplemente menospreciado.

Cuatro. Si nos pincháis, ¿no sangramos?

Bien pensado, los profesionales de la política, tan vilipendiados en general, deberían en no pocas ocasiones despertarnos más compasión que ira, más indulgencia que severidad. Recuerdan un poco a aquel Sylock que se lamentaba de que sus vecinos venecianos lo vieran como un maldito judío y no como un hombre con manos, órganos, cuerpo, sentimientos, afectos, pasiones, calentado por el mismo sol y enfriado por el mismo invierno que ellos. Si mañana Sánchez, Feijóo, Abascal, sí, sí, ¿por qué no Abascal? salieran a escena interpelando a sus adversarios con las preguntas, enternecedoras y letales, del pobre Sylock, –si nos pincháis, ¿no sangramos?; si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?; si nos envenenáis, ¿acaso no nos morimos?– serían el hazmerreír de sus oponentes, la vergüenza de sus correligionarios, el blanco predilecto de las impías mofas de la prensa.

Cinco. Respuesta correcta pero parcial

“Papá, ¿por qué te hiciste político?”. A la pregunta de su hijo, recién terminado el boletín de noticias, el alcalde, el concejal, el ministro le darían la respuesta políticamente correcta, no necesariamente falsa pero sí parcial: “¿Que por qué estoy en política? Para hacer una sociedad más justa, naturalmente, para hacer progresar el país y mejorar la vida de la gente, hijo mío”. Como el pequeño atlético del anuncio, el niño se quedaría dudoso, pensativo, intentando en vano cohonestar en su mente atónita las remotas proclamas de fraternidad y los insultos del noticiario todavía resonando en sus oídos, las promesas de justicia y la práctica incesante de la mezquindad y la doblez. Un minuto después, los altos cargos más íntegros y sinceros, vagamente compungidos, secretamente avergonzados, quizá añadirían para sí mismos: “Y también por fatuidad, por egolatría, por jactancia, por una buena nómina, también por todo eso, hijo mío”.  

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