El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha estimado este martes en 37.500 millones de dólares el coste total de la guerra en Irán para Washington, proyectado hasta finales de septiembre. La cifra, revelada ante una comisión del Senado, supone un incremento de casi el 30% respecto a la última estimación de 29.000 millones, según informó el Pentágono.
El aumento refleja el impacto fiscal y estratégico del conflicto, que afecta a los aliados de la OTAN, entre ellos España, tanto por su participación en operaciones aliadas como por la exposición energética a las rutas del Golfo. Hegseth no detalló los conceptos concretos que componen la nueva estimación, pero fuentes del Departamento de Defensa apuntan a un mayor gasto en munición de precisión, reposición de material y despliegue de fuerzas en la región.
Implicaciones para la Alianza Atlántica
El conflicto con Irán ha supuesto un desafío logístico y presupuestario sin precedentes para el Pentágono desde el inicio de la campaña. La estimación de 37.500 millones de dólares supera con creces las proyecciones iniciales y sitúa el coste final del ejercicio muy por encima de lo previsto en los presupuestos de defensa aprobados por el Congreso. La Casa Blanca ha remitido una solicitud de fondos suplementarios al Congreso para cubrir el desfase, aunque sin garantías de aprobación inmediata en un clima político dividido.
La guerra en Irán ha tensado las alianzas tradicionales de Washington. Varios miembros europeos de la OTAN, incluido España, han mostrado reticencias a escalar su implicación militar, mientras que otros, como Reino Unido y Francia, han mantenido un apoyo logístico y de inteligencia. La factura presentada por Hegseth podría endurecer el debate interno en la Alianza sobre la distribución de cargas y la estrategia de salida del conflicto.
Repercusión en los mercados energéticos
El encarecimiento del conflicto también ha tenido un impacto directo en los precios del petróleo, que en las últimas semanas han registrado volatilidad ante la incertidumbre sobre la estabilidad de las rutas de suministro en el golfo Pérsico. España, como importador neto de crudo, se ha visto afectada por el alza, aunque el Gobierno ha evitado hasta ahora un traslado masivo a los precios de los carburantes mediante la rebaja de impuestos especiales. La prolongación del conflicto más allá del horizonte fiscal de septiembre podría obligar a Madrid a revisar sus previsiones económicas para el segundo semestre.