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Un profesor de Melilla escribe un libro para corregir los 'equívocos' de sus alumnos musulmanes sobre el cristianismo

Por: P. Aguirre Larrañaga

Antonio Jesús Molina Burgos, profesor de instituto en Melilla, ha publicado el libro «Gotas de cristianismo para mis amigos musulmanes», una obra que busca aclarar conceptos erróneos sobre la fe cristiana en un contexto de mayoría musulmana. La ciudad autónoma, fronteriza con Marruecos, alberga una elevada población musulmana, lo que hace del diálogo interreligioso una realidad cotidiana en las aulas.

El docente, que imparte clase en un instituto de secundaria, ha constatado a lo largo de su carrera que muchos de sus alumnos musulmanes desconocen aspectos fundamentales del cristianismo o arrastran equívocos heredados. «Hay una gran confusión sobre quién es Jesús para los cristianos, el papel de la Virgen María o la Trinidad», explica Molina en la presentación del libro. La obra, publicada con el sello de Ediciones Cristiandad, pretende ofrecer respuestas claras desde la doctrina católica, pero con un tono pedagógico y respetuoso.

Molina Burgos no es nuevo en estas lides. Lleva años organizando charlas voluntarias sobre cristianismo en horario extraescolar, a las que asisten tanto cristianos como musulmanes interesados. «Al principio algunos padres mostraban desconfianza, pero al ver que no se trata de proselitismo agresivo, sino de explicar la propia fe, la aceptación ha sido buena», señala.

El libro, de 160 páginas, se estructura en breves capítulos que abordan las cuestiones más recurrentes que el profesor ha detectado en sus alumnos: la figura de Jesús como Hijo de Dios, la autenticidad de los Evangelios, la Cruz y la Resurrección, y las diferencias con el islam en la concepción de Dios. «No pretendo convertir a nadie, sino que entiendan qué creemos los cristianos y por qué», afirma.

La iniciativa ha sido acogida con interés por la comunidad educativa de Melilla. Algunos docentes de otras confesiones han mostrado su disposición a colaborar en futuros proyectos de diálogo interreligioso. El obispado de la ciudad ha respaldado la publicación, que ya está disponible en librerías locales y plataformas digitales.

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La moda islámica mueve 433.000 millones de dólares: jóvenes musulmanas impulsan el sector

Por: P. Aguirre Larrañaga

El mercado global de la modest fashion —ropa modesta que cumple con los preceptos islámicos de recato— vive una expansión acelerada. Según el informe State of the Global Islamic Economy, publicado en 2026, el gasto de los consumidores musulmanes en vestimenta alcanzará los 433.000 millones de dólares en 2028, una cifra que refleja la confluencia entre religiosidad, identidad cultural y consumo global.

El crecimiento, de doble dígito interanual, está impulsado por dos factores principales: el aumento demográfico de las poblaciones musulmanas (que representan cerca del 25% de la población mundial) y la irrupción de una nueva generación de consumidoras jóvenes, con estudios superiores y plenamente integradas en las dinámicas de la moda contemporánea. Estas mujeres demandan prendas que combinen el mandato religioso del recato —cubrir el cuerpo excepto rostro y manos, según la interpretación mayoritaria— con el diseño, la calidad y la tendencia.

El informe, encargado por entidades económicas de países de mayoría musulmana, subraya que la modest fashion ya no es un nicho marginal, sino un sector que mueve miles de millones y que cuenta con firmas especializadas, pasarelas específicas (como la Dubai Modest Fashion Week) y un creciente interés de las grandes marcas internacionales, que han lanzado líneas hijab y colecciones ramadán. Gigantes como Uniqlo, H&M o Zara compiten por un público que valora tanto la ética como la estética.

Identidad islámica y consumo global

Detrás de las cifras se encuentra un fenómeno sociológico de calado: la modest fashion actúa como un vector de visibilidad pública de la identidad musulmana en sociedades cada vez más diversas. Para muchas mujeres, llevar velo y ropa holgada no es un signo de opresión, sino una elección consciente que articula fe, autonomía y estilo. Este cambio de percepción ha sido capitalizado por diseñadoras y empresarias musulmanas, que han creado marcas propias con proyección internacional, como la indonesia Buttonscarves o la estadounidense Haute Hijab.

El informe destaca también el papel de la diáspora musulmana en Europa y América como motor de la tendencia. Marcas con sede en Londres, París o Nueva York producen prendas que conectan con las raíces culturales de sus clientas sin renunciar a las exigencias del fast fashion occidental. La cifra de 433.000 millones sitúa a este segmento como uno de los de mayor crecimiento en el comercio textil mundial, por encima de otros mercados emergentes.

Desafíos y futuro del sector

A pesar del dinamismo, el sector enfrenta retos. La falta de estandarización en los criterios de lo que constituye una prenda «modesta» según el islam —que varía entre escuelas jurídicas y culturas— complica la producción global. Además, persisten tensiones entre la comercialización de la fe y el temor a una trivialización de los preceptos religiosos. Algunos sectores conservadores critican que la moda islámica se pliegue demasiado a las lógicas del capitalismo de consumo, diluyendo su significado espiritual.

Pese a ello, las proyecciones del informe indican que el mercado seguirá expandiéndose al ritmo del crecimiento demográfico musulmán y de la creciente integración de las mujeres en la economía y la educación. El State of the Global Islamic Economy concluye que la modest fashion se ha consolidado como una industria transversal, donde la oferta y la demanda se retroalimentan en un bucle que refuerza tanto la identidad religiosa como el poder de compra de las consumidoras musulmanas.

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Kirguistán quintuplica su banca islámica en un año y escala al 2% del PIB: el islam financiero irrumpe en Asia Central

Por: P. Aguirre Larrañaga

La banca islámica ha experimentado un crecimiento exponencial en Kirguistán durante los últimos años, hasta dejar de ser un nicho para convertirse en un segmento significativo del sistema financiero del país centroasiático. Según datos del Banco Central de Kirguistán, el volumen de financiación basada en principios islámicos alcanzó los 21.100 millones de soms (unos 225 millones de euros), lo que representa un incremento de casi seis veces respecto al periodo anterior.

Este auge se inscribe en un contexto de creciente demanda de productos financieros compatibles con la sharia, que prohíbe el cobro de intereses y las inversiones en sectores como el alcohol o el juego. Las autoridades kirguisas han impulsado un marco regulatorio favorable para atraer capital de países del Golfo, tradicionales impulsores de las finanzas islámicas en Asia Central.

Un mercado en expansión

El crecimiento de la banca islámica en Kirguistán contrasta con la situación en otras repúblicas de la región, donde su implantación es aún incipiente. Uzbekistán, Kazajistán y Tayikistán han mostrado interés en desarrollar productos similares, pero ninguno ha alcanzado un volumen comparable. El Banco Central de Kirguistán ha señalado que las entidades que operan bajo principios islámicos han multiplicado su cartera de créditos y depósitos.

Entre los factores que explican este auge se encuentra la expansión de las remesas desde trabajadores emigrados a países musulmanes y la creciente oferta de sukuk (bonos islámicos) en el mercado interno. Además, la proximidad geográfica con China y la Ruta de la Seda ha facilitado la llegada de inversores de Emiratos Árabes Unidos y Catar.

El volumen total de financiación islámica en Kirguistán representa ya cerca del 2% del PIB del país, una cifra modesta en términos absolutos pero significativa en un sector que prácticamente no existía hace una década. Expertos consultados por fuentes locales advierten, no obstante, de que el desafío principal sigue siendo la liquidez, ya que los bancos islámicos no pueden recurrir a instrumentos de deuda convencionales para gestionar sus excedentes.

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COVID-19 ¿De qué nos hablan cuando dicen ‘economía’?

Por: Radio Topo

En el programa de este domingo nos rendimos de nuevo ante la actualidad y volvimos a hablar de la pandemia que arremete con virulencia el hemisferio norte del planeta. Lo hacemos centrándonos en el dilema que trae de cabeza a la mayor parte de los Estados ricos del planeta. La elección entre salud y economía. […]

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✇lamarea.com

Sophie Bessis: “Los occidentales consideran Israel como una parte de ellos mismos y eso les lleva a eximirle de toda crítica”

Por: María D. Valderrama

BURDEOS // Al final de La civilización judeocristiana. Historia de una impostura (publicado por Gatopardo Ediciones), Sophie Bessis (Túnez, 1947) explica que su libro es un intento de reanudar los lazos «frente a las exclusiones mortíferas que proponen a sus pueblos los líderes identitarios del Norte y del Sur». Mucha de esa luz trasciende en las aproximadamente cien páginas de este breve ensayo que pone en perspectiva el uso aprovechado de un término que, a fuerza de repetirse, ha quedado integrado en el discurso político y en parte de la opinión pública como una realidad más.

Bessis, que ha dedicado toda su vida a estudiar las relaciones entre las naciones del norte y las del sur, además de a la historia de las mujeres, con varios libros claves sobre el mundo árabe y el feminismo, desmonta ahora el mito que ha servido a causas antagónicas para recordar cuál es el fin último de los nacionalismos: «Este término responde a una voluntad de cierre, y todos los nacionalismos tienen como paradigma esencial el rechazo de la alteridad», defiende la autora en una entrevista con La Marea.

Usted nació en Túnez en el seno de una familia judía. ¿Hasta qué punto ha influido esa experiencia personal en la decisión de escribir este libro?

Mi origen tiene sin duda su importancia. Me interesaron desde hace mucho tiempo las cuestiones ligadas a la tragedia palestina, al conflicto israelo-palestino y al lugar del judaísmo en el imaginario occidental. Ya había abordado la cuestión de lo judeocristiano en un libro que escribí hace 25 años, Occidente y los otros: Historia de una supremacía. Ahora he vuelto sobre el tema de forma detallada. Dicho esto, no todo lo que escribo está directamente vinculado a mis orígenes.

El subtítulo del libro denuncia la impostura del término «civilización judeocristiana». ¿Por qué hablar de impostura?

El término «judeocristiano» existe desde hace mucho tiempo en el ámbito teológico y en los estudios académicos, y tiene sentido: el cristianismo surge del judaísmo. Lo que yo cuestiono es su salto al lenguaje corriente y la fórmula «civilización judeocristiana». No creo en la existencia de una civilización judeocristiana, y eso es lo que me parece una impostura. Existe una civilización europea, eso es evidente, y dentro de ella hay judaísmo y cristianismo, pero hay tantas otras cosas que reducirla a lo judeocristiano es un error total. Cuando los dirigentes occidentales usan hoy esa expresión, es simplemente otro nombre que le dan a la civilización occidental. Ahí reside la impostura.

¿En qué momento se produjo ese salto al discurso popular?

Lo dato en torno a principios de los años ochenta, aunque nunca hay fechas exactas. En esa época asistimos al fracaso del gran mesianismo laico que fue el comunismo, que se traduce a principios de los noventa en la desaparición de la Unión Soviética. Y también, en los tres monoteísmos, a un retorno de lo religioso en sus formas más extremistas: el islam político y yihadista, los movimientos evangélicos en el cristianismo y el extremismo religioso en el judaísmo. El lenguaje político abandona progresivamente sus referentes laicos para adoptar referentes religiosos, y la irrupción del término «civilización judeocristiana» se sitúa en ese contexto.

Lo curioso es la facilidad con la que fue asimilado por la opinión pública como una evidencia. En el libro habla de cómo esa idea deforma las relaciones históricas entre cristianismo, judaísmo e islam, ocultando el papel del islam en la cultura europea.

Lo que cuestiono son tres usos de esta fórmula. El primero: si uno es judeocristiano, no puede ser antisemita, con lo cual la expresión oculta casi 2.000 años de antijudaísmo cristiano y de antisemitismo moderno en Europa. Ese antijudaísmo fue el hilo conductor de la Iglesia durante siglos, y el antisemitismo racista del siglo XIX desembocó en el genocidio de los judíos de Europa. Europa tiene muchas ganas de olvidarlo.

El segundo uso es lo que llamo la negación de Oriente por parte de Europa. La fórmula hace que Europa se apropie del judaísmo, como si este hubiera nacido en Occidente. Pero el judaísmo es una religión oriental en su origen, como el cristianismo y como el islam. Los tres monoteísmos nacieron en Oriente, ninguno en Occidente.

Y la tercera función es relegar al islam a una alteridad total que es falsa. El monoteísmo abrahámico tiene tres ramas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Situar al islam fuera de esa tradición es un error histórico. Y quizás España sea el mejor ejemplo: en este país existió una civilización judeo-musulmana de la que nunca se habla. Está totalmente excluida del vocabulario europeo.

Usted habla de cómo el término ha sido aprovechado tanto por el sionismo como por el nacionalismo árabe. ¿Cómo puede un mismo término servir a causas antagónicas?

Porque todo el mundo lo usa, por eso es útil. Este término responde a una voluntad de cierre, y todos los nacionalismos tienen como paradigma esencial el rechazo de la alteridad. Es el eje de cualquier nacionalismo, y por eso los nacionalismos desembocan generalmente en su versión última, que es el fascismo. Lo vemos en todas partes hoy: en Europa, en Israel, en todas partes.

Hasta la década de 1950, incluso un poco más tarde, en el mundo árabo-musulmán había en torno a un millón de judíos. Hoy solo quedan unas cuantas decenas de miles. La mayoría ha abandonado esta vasta región en la que el judaísmo estaba implantado desde hace siglos, sufriendo una persecución mucho menor que la que sufrieron en Europa. El nacionalismo árabe, como cualquier nacionalismo, tiene pánico a la diferencia, por lo que los judíos han ido siendo considerados poco a poco como «los otros». Por eso acogieron muy positivamente un término forjado en Occidente: si la civilización occidental es judeocristiana, dijeron, nosotros no tenemos nada que ver con los judíos. Y eso les permitió emprender un trabajo de ocultación de la presencia judía en la historia del mundo árabe. La creación del Estado de Israel en 1948 no ayudó en nada, en la medida en que Israel se concibe a sí mismo como un Estado occidental en el corazón de Oriente. Y para gran desgracia de los judíos, hoy la doxa tiende a confundir judíos e israelíes.

¿Cree que esa percepción puede cambiar después de lo que está ocurriendo en Gaza?

Una de las razones del apoyo casi incondicional de los Estados occidentales a lo que ha ocurrido en Gaza, cuya dimensión genocida es evidente, es que los occidentales consideran Israel como una parte de ellos mismos. Y eso les lleva a eximirle de toda crítica. No he escuchado ni una sola voz oficial criticar la reciente ley aprobada por el Parlamento israelí que restablece la pena de muerte y la reserva únicamente para los palestinos. Es una ley de apartheid, y ningún dirigente europeo ha dicho ni una palabra sobre ella.

El problema es que la política israelí de hoy facilita el antisemitismo, precisamente porque se tiende a confundir a israelíes y judíos. Por eso, desde el estallido de la guerra en Gaza, numerosos movimientos judíos dicen: «No en nuestro nombre. Esta guerra no se hace en nuestro nombre». El militarismo israelí, el hecho de que Israel se conciba únicamente como un Estado guerrero, tiene una incidencia muy desafortunada en la percepción que las mayorías tienen de los judíos.

La semana que viene la Asamblea Nacional francesa examinará el proyecto de la «ley Yadan», que busca, según sus promotores, frenar los nuevos tipos de antisemitismo. ¿Cómo analiza esta medida?

Es escandalosa. Asimila toda crítica a la política israelí con el antisemitismo e introduce una restricción evidente a la libertad de expresión. Si esta ley fuera adoptada, Hannah Arendt tendría que ir a la cárcel: era partidaria de un Estado binacional, era favorable a un hogar judío, pero contraria a un Estado judío, y militó por la convivencia. Si estuviera viva hoy, sería objeto de sanción según esta ley.

No creo que sea adoptada. Hay una movilización real en contra: la petición ante la Asamblea Nacional ha superado las 500.000 firmas y el Partido Socialista ha anunciado que no la votará. La extrema derecha probablemente sí lo haga, y también una parte de la derecha. Lo cual ilustra muy bien el oxímoron político al que asistimos hoy: el sionismo antisemita.

¿Hay una puerta de salida a esta retórica del choque de civilizaciones?

Me gustaría poder responderle, pero no puedo. No tengo recetas. Lo único que sé es que esta retórica es mortal, y que la única forma de combatirla es denunciarla. Que haya movimientos, que haya gente dispuesta a hacerlo. Es lo que, desde mi posición, he intentado hacer con este libro. Pero, de momento, una fórmula para salir del choque de civilizaciones, lamentablemente, no existe.

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¿La minifalda es subversiva?

Por: Teresa Villaverde

Llevar minifalda puede leerse diferente dependiendo del contexto, como pasa con otras prendas de ropa. En este vídeo rescatamos un poco de historia de la minifalda para hablar de la importancia de lo cultural.

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1584. Islamofobia

Por: Listo Entertainment

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