El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el ministro de Defensa han ordenado nuevos ataques contra objetivos terroristas de Hezbolá en los suburbios de Beirut, según confirmaron fuentes oficiales israelíes este 1 de junio. La ofensiva se produce a pesar del alto el fuego acordado en abril y eleva la tensión en la frontera libanesa, donde el Ejército israelí ha avanzado hasta la ciudadela de Beaufort.
Una ofensiva que complica la vía diplomática
Expertos consultados por la prensa internacional advierten de que la escalada militar dificulta las negociaciones para una solución política. «La ofensiva aleja cualquier posibilidad de acuerdo inmediato», señalan las fuentes, que subrayan el riesgo de que el conflicto se extienda a otras regiones.
La decisión de Netanyahu de intensificar los bombardeos aéreos y el avance terrestre en el sur del Líbano se enmarca en su estrategia de aumentar la presión sobre Hezbolá. Sin embargo, los analistas insisten en que «la vía militar por sí sola no bastará para doblegar al grupo chií».
Implicaciones regionales y europeas
La escalada en Líbano amenaza con desestabilizar una región ya de por sí volátil. Países mediterráneos como España, que participan en misiones de la UE y la OTAN en la zona, siguen con preocupación los acontecimientos. «Un conflicto abierto entre Israel y Hezbolá podría tener consecuencias directas para la seguridad europea», advierten fuentes diplomáticas.
Mientras tanto, el alto el fuego de abril queda en entredicho y la comunidad internacional observa con cautela los movimientos de ambos bandos. La ONU aún no ha emitido una declaración oficial, pero fuentes internas señalan que «la situación es extremadamente grave».