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La sombra de la trampa de deuda: críticos alertan que la energía verde china en Pakistán repite el patrón del carbón

Por: C. Vasallo

Caminar por cualquier fábrica mediana de Lahore, Pakistán, en una tarde de verano implica escuchar el mismo sonido: generadores diésel de respaldo funcionando a pleno rendimiento porque la red eléctrica ha caído. Para los trabajadores y propietarios, el zumbido constante del generador es un recordatorio audible de horas perdidas y beneficios evaporados. Pakistán lleva una década lidiando con cortes de electricidad que lastran su industria y su economía.

En este contexto, la segunda fase del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC 2.0) se presenta como una posible solución. Tras una primera etapa centrada en infraestructuras de transporte y energía fósil, Pekín ha anunciado un giro hacia proyectos de energía verde, con especial énfasis en la solar y la eólica. La promesa oficial es que CPEC 2.0 reducirá el déficit eléctrico de Pakistán sin aumentar su dependencia de los combustibles importados.

El debate entre oportunidad y riesgo

Sin embargo, analistas y voces críticas en Pakistán advierten de que el nuevo enfoque podría reproducir el esquema que muchos califican de «trampa de deuda»: préstamos con condiciones opacas que acaban hipotecando la soberanía económica del país receptor. Durante la primera fase, Pakistán acumuló una deuda significativa con China para financiar centrales de carbón y carreteras, y ahora algunos temen que los nuevos proyectos verdes sigan el mismo patrón.

El riesgo es que Pakistán termine pagando más por la energía renovable china de lo que pagaría en el mercado abierto, y que los términos del préstamo incluyan cláusulas que limiten la capacidad de renegociación, según advierten economistas pakistaníes.

Por otro lado, defensores del CPEC 2.0, tanto en Islamabad como en Pekín, sostienen que la inversión en renovables es la única vía para estabilizar el suministro eléctrico a largo plazo y atraer inversión extranjera. Señalan que los cortes de luz actuales ya cuestan a Pakistán hasta un 2% del PIB anual en pérdidas de productividad.

Un dilema geopolítico con implicaciones globales

El debate sobre CPEC 2.0 no es solo técnico ni local; forma parte de la pugna geopolítica más amplia por la influencia en el Sur Global. China presenta su Franja y la Ruta como un modelo de desarrollo alternativo al de las instituciones de Bretton Woods, mientras que los críticos denuncian que las condiciones de los préstamos chinos generan dependencia. Pakistán, por su parte, se encuentra en una posición delicada: necesita la inversión extranjera con urgencia, pero también debe evitar acumular una deuda insostenible.

El futuro del CPEC 2.0 dependerá de la transparencia de los contratos y de la capacidad de Pakistán para negociar condiciones favorables. Por ahora, el zumbido de los generadores diésel en Lahore sigue siendo la banda sonora de un país que espera que la energía verde china no sea, esta vez, una promesa vacía.

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