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La Iglesia colombiana pone un alto al fuego verbal entre Cepeda y De la Espriella

Por: P. Aguirre Larrañaga

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) ha emitido un comunicado este 3 de junio de 2026 en el que insta a los candidatos presidenciales Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella a detener la violencia verbal que ha marcado la campaña electoral. Los obispos expresaron su preocupación por el tono agresivo de los debates y pidieron a los aspirantes que centren sus intervenciones en propuestas y eviten las descalificaciones mutuas.

El texto de la CEC señala que la ciudadanía espera de los candidatos un debate de altura que aborde los problemas del país, como la seguridad, la economía o la salud, en lugar de ataques personales que deterioran la convivencia. La Iglesia colombiana actúa como mediadora en un proceso electoral que, según fuentes eclesiásticas, ha generado una creciente polarización en el electorado.

La CEC no respalda a ningún candidato en particular, pero subraya que la confrontación verbal constante dificulta el diálogo democrático y puede exacerbar las divisiones sociales. Colombia se enfrenta a una contienda electoral reñida, y la intervención de la Iglesia busca promover un clima de respeto que permita a los ciudadanos votar con información y sin presiones.

Los candidatos aún no han respondido públicamente al comunicado, aunque fuentes de ambos equipos de campaña han indicado a medios locales que valoran la preocupación de los obispos y se comprometen a moderar el tono en los próximos días. La CEC, en su rol de mediadora, ha reiterado su disposición a facilitar encuentros entre los aspirantes para fomentar un diálogo constructivo.

La campaña electoral colombiana ha estado marcada por fuertes críticas entre los dos principales candidatos, lo que ha generado alarma en diversos sectores de la sociedad. La Iglesia, con su influencia moral, busca contener la escalada verbal y recordar a los políticos la importancia de la unidad nacional.

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Polonia desafía a la UE: la Iglesia defiende el matrimonio tradicional ante el fallo del TJUE

Por: P. Aguirre Larrañaga

La Conferencia Episcopal Polaca ha defendido este 29 de mayo de 2026 el significado constitucional del matrimonio, afirmando que esta postura «no atenta contra la dignidad de nadie». Los prelados reaccionan así a la decisión de varias ciudades polacas de registrar a parejas del mismo sexo, tras un fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

En un comunicado, los obispos subrayan que «defender el matrimonio como unión entre hombre y mujer no implica actuar contra nadie ni menoscabar la dignidad de nadie». La declaración se enmarca en la creciente presión europea para redefinir la institución matrimonial, lo que ha generado un intenso debate en Polonia, país de fuerte tradición católica.

Reacción al fallo del TJUE

El pasado mes de abril, el TJUE dictaminó que los Estados miembros de la UE deben reconocer, a efectos de residencia, las uniones entre personas del mismo sexo celebradas legalmente en otros países del bloque. Desde entonces, varias administraciones locales polacas han comenzado a inscribir estas uniones, lo que ha provocado la reacción de la jerarquía católica.

La postura de la Iglesia no es contra nadie, sino a favor de una visión del matrimonio arraigada en la Constitución y en la tradición polaca.

La Conferencia Episcopal recuerda que la Constitución polaca define el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, y advierte de que «cualquier reinterpretación que se aparte de este fundamento constitucional debe ser objeto de un debate social profundo y no puede imponerse por vía judicial».

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La Iglesia española prefiere ser poderosa antes que santa

Por: Antonio Avendaño

La Iglesia ha gestionado la pederastia como lo haría cualquier partido. Sus templos se vacían por haber olvidado que nació para la santidad, no para el poder.

1. La última

Por delante de ella se sitúan, como es bien sabido, las Iglesias católicas de Estados Unidos, Irlanda, Francia, Alemania, Australia, Países Bajos… La Iglesia española ocupa el último lugar en el ranking de reconocimiento institucional de culpas y de cooperación con las víctimas y con el Estado para investigar, esclarecer y reparar los miles de casos de abusos sexuales habidos en su seno.

2. Papel mojado

La jerarquía eclesiástica española apenas ha mostrado arrepentimiento y menos aún propósito de enmienda, aunque sí gran disposición al perdón de los pecados… cometidos por sus rijosos ministros. Si no se investiga lo sucedido y además se protege a los culpables, las muestras verbales de arrepentimiento y propósito de enmienda son sombra, polvo, niebla, nada: son papel mojado, papel debidamente bendecido, pero mojado. Recuérdese que el número de víctimas, según la proyección que hizo el Defensor del Pueblo, asciende a 440.000 personas de acuerdo a la encuesta que encargó a la consultora de Narciso Michavila, GAD3.

3. Como un partido

La Conferencia Episcopal Española ha reaccionado ante los casos de pederastia de la misma forma que suelen hacerlo los partidos ante sus casos de corrupción o de abusos machistas; cierto que unos partidos más que otros, pues la izquierda es más proclive a la autocrítica que la derecha, pero en todos los partidos opera la inercia del poder, ese implacable automatismo según el cual reconocer faltas o admitir delitos los hará más débiles, siendo la debilidad el mayor pecado que pueden cometer aquellos cuyo destino y vocación es alcanzar el poder. Admitir la propia culpa y obrar en consecuencia es un rasgo de santidad, y la santidad es lo último que suele permitirse quien persigue el poder.

4. Como un ejército

Pero que un partido se comporte como un partido, es decir, como un ejército en guerra incruenta pero perpetua con sus adversarios, no es un hecho excepcional. Un ejército es eficaz y diligente fusilando a sus traidores, pero no a sus asesinos: un alto mando que espíe para el enemigo o deserte de sus filas es castigado de modo fulminante si es descubierto; en cambio, un alto mando acusado de ser un criminal de guerra cuyos crímenes propiciaron la victoria de su ejército difícilmente será investigado y mucho menos castigado. No es que los partidos no aspiren a la santidad, pero la buscan solo después de alcanzar el poder, nunca antes. Cada uno a su manera, los partidos quieren hacer cosas buenas para la sociedad, pero consideran que tales cosas solo pueden hacerse desde el poder, y la bondad es la peor de las consejeras para alcanzarlo.

5. Apóstatas y delincuentes

Y así es como se está comportando la Iglesia española, como un partido, castigando a sus apóstatas pero exculpando a sus delincuentes. Ante las denuncias de pederastia la Conferencia Episcopal ha reaccionado siguiendo la lógica del poder y no –como sería su deber, pues así lo prescriben sus textos fundacionales– por la lógica de la caridad, de la santidad, de la bondad. Todo ello nos lleva a la pregunta nuclear que deberían hacerse cada día los obispos: ¿la Iglesia es poderosa porque es santa o, por el contrario, es santa porque es poderosa? Vista su conducta, la jerarquía española cree lo segundo, no lo primero: como cualquier líder político, los obispos creen que cuanto más poderosa sea la Iglesia, más instrumentos y herramientas tendrá para hacer el bien, más opciones para ser santa pero también más resortes para hacer creer a la gente en su santidad. Si tengo periódicos, emisoras, dinero, si protejo a mis delincuentes, si cierro filas ante las acusaciones foráneas, si persigo a mis herejes pero defiendo a muerte a mis soldados y oficiales, que me han sido fieles aunque hayan cometido algún que otro crimen, entonces seré más fuerte, tendré más seguidores, más influencia social, y ese poder me permitirá después practicar la santidad a la que aspiro.

6. El templo vacío

La Iglesia española es un partido más. Sus templos se vacían por muchos motivos, y uno de ellos es haber olvidado que nació para la santidad, no para el poder. Los obispos españoles no parecen haber entendido que lo único que puede hacer de verdad poderosa a la Iglesia es la caridad, esa virtud teologal que tanto, que tantísimo le está costando practicar con las pobres víctimas de la concupiscencia, de la lujuria, del crimen.

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