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✇Ecologistas en Acción

Las organizaciones ecologistas reclaman un gran acuerdo político y social contra la emergencia climática

Por: soporte Ecologistas en Acción
  • Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF efectúan un llamamiento a todas las fuerzas políticas, administraciones públicas, agentes sociales, sectores económicos y ciudadanía para alcanzar dicho acuerdo.
  • Los incendios de estos días están alcanzando cifras nunca vistas, con más de 170.000 hectáreas calcinadas en lo que va de año y más de 100.000 personas afectadas actualmente por los incendios de Madrid, Ávila y Castellón.
  • La nueva ola de calor anunciada para este miércoles puede incrementar de forma dramática los riesgos asociados a nuevos incendios.

Las organizaciones expresan su solidaridad con las personas afectadas por los grandes incendios forestales que están castigando distintas zonas de España, así como con quienes trabajan para proteger a la población y combatir el fuego. Recuerdan también el enorme impacto que estos fenómenos tienen sobre la economía local y sobre recursos naturales como el suelo, el agua o la biodiversidad, alterando el funcionamiento de los ecosistemas y provocando impactos en los modos de vida del medio rural

Según las entidades, aunque cada incendio tenga causas inmediatas diferentes, el cambio climático está intensificando las condiciones que favorecen su propagación y virulencia, con temperaturas más elevadas, sequías más prolongadas y una vegetación sometida a un creciente estrés hídrico.

Las organizaciones destacan que la sociedad española demuestra una gran capacidad de solidaridad durante las catástrofes, pero advierten de que esa unidad no puede limitarse a los momentos de crisis y consideran necesario transformar esa respuesta colectiva en un compromiso político y social permanente que permita anticiparse a los riesgos, reducir sus impactos y proteger especialmente a las personas más vulnerables.

Subrayan además que la emergencia climática ya está teniendo consecuencias directas sobre la salud. En 2025 se estimaron 3.832 muertes asociadas al exceso de temperatura en España, mientras que entre 2015 y 2025 la cifra acumulada, según el Ministerio de Sanidad, alcanzó las 27.564 personas fallecidas.

Las organizaciones ecologistas valoran positivamente la propuesta de Pacto de Estado, algo que vienen reclamando varias legislaturas. Al mismo tiempo, insisten en que estarán vigilantes para que el pacto se traduzca en compromisos concretos: objetivos verificables, calendarios de aplicación, financiación suficiente, coordinación entre administraciones, evaluación periódica de resultados y mecanismos estables de participación pública.

También celebran el anuncio de la creación de un Panel Científico de Acción frente a la Emergencia Climática, destinado a anticipar riesgos, evaluar políticas públicas y aportar conocimiento independiente para la toma de decisiones. Consideran imprescindible que este órgano actúe con plena autonomía y permita desarrollar de forma efectiva el Comité de Personas Expertas de Cambio Climático y Transición Energética previsto en la Ley de Cambio Climático, garantizando una evaluación rigurosa y periódica de las políticas climáticas. Es necesario que este organismo se coordine con el Observatorio de Salud y Cambio Climático, ya creado, y evitar la proliferación de nuevos organismos sin presupuesto.

Las organizaciones ecologistas recuerdan que la emergencia climática no puede abordarse de forma aislada, ya que está estrechamente vinculada con la pérdida de biodiversidad y la contaminación, y defienden que proteger y restaurar bosques, ríos, humedales, costas y suelos aumenta la capacidad del territorio para resistir olas de calor, inundaciones, sequías e incendios. Por ello, reclaman políticas integradas que impulsen la restauración ecológica, reduzcan la dependencia de los combustibles fósiles, reviertan el abandono rural y aceleren una transición energética justa y respetuosa con la naturaleza.

Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF instan a todas las instituciones y actores sociales a participar de forma constructiva en el diseño y puesta en marcha de planes contra el impacto del cambio climático que permitan limitar las condiciones para la propagación de grandes incendios forestales.

Las organizaciones ecologistas sostienen que España necesita un acuerdo global capaz de trascender gobiernos, legislaturas y diferencias políticas para ofrecer una respuesta estable a una crisis que afecta a todo el territorio. Cada décima de grado de calentamiento evitada, cada ecosistema restaurado y cada medida de prevención puesta en marcha contribuyen a proteger vidas, reducir riesgos y reforzar la seguridad colectiva.

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✇lamarea.com

Incendios y cambio climático: aquí hay leña para todos

Por: La Marea

Si echamos un vistazo a los periódicos, al panorama mediático en general, podemos visualizarnos estos días de terribles incendios como en un partido de tenis, mirando de un lado a otro cómo unos y otros golpean la pelota, algunos en nombre de la ciencia y otros casi alardeando de negacionismo. Podríamos personificar estas dos posturas en dos dirigentes políticos muy concretos, que seguramente ya hayan reconocido: Pedro Sánchez a un lado e Isabel Díaz Ayuso a otro. «Hacedle caso a la gente que ahora a lo que está es a ayudar a apagar fuegos, a salvar vidas y a dar información útil», escribe Andreu Escrivà en un artículo publicado en Climática que te recomendamos desde La Marea.

El divulgador, doctor en Biodiversidad y autor de libros como Y ahora yo qué hago, ha formado parte de dos paneles asesores sobre cambio climático y en su análisis deja claro que no hay una única solución: «Quien venda panaceas al por mayor miente. Quien diga que la tenemos delante de nuestras narices pero no la usamos miente. Las soluciones, si es que pueden llamarse así, son múltiples –a veces complementarias, a veces excluyentes–, dependen de cada territorio y de factores tanto humanos como ambientales, cambian con el tiempo y necesitan una adaptación no solo territorial, sino también temporal. De poco sirve presentar un determinado tipo de gestión forestal, reintroducción de especies, política demográfica, incentivo a la descarbonización, medida socioeconómica, regulación agroganadera, práctica silvopastoral o estrategia de protección de la naturaleza como LA clave para evitar el fuego».

Citando al ecólogo Francisco M. Azcárate, Escrivà intenta concienciar sobre el peligro de la simplicación, que es, desde su punto de vista, donde se ha instalado el debate político: la hipersimplificación de la realidad. «Tiene razón Isabel Díaz Ayuso cuando afirma que culpar del fuego a la emergencia climática es ‘brocha gorda’. No, no todo es culpa del innegable y muy real cambio climático. Se despeña, sin embargo, cuando trata de abordar las causas del fuego, señalando a esa bestia negra conocida como la ‘falta de limpieza de los montes’, invocando a la ‘gente del campo’ y marcándose un estrepitoso autogol criticando la gestión de competencias que son exclusivas de su gobierno. En el PP estatal han ido más allá, sacando a relucir el falso argumento de los cambios cíclicos del clima para poner en cuestión la excepcionalidad del calentamiento actual. Qué triste que hayamos retrocedido a 2007, cuando tuvo lugar la famosa chanza del primo de Rajoy; el expresidente ya admitió en 2015 que se había equivocado al dudar del cambio climático».

Pero –prosigue Escrivà–, no es solo el PP el que «retuerce la evidencia sobre el cambio climático» para adaptarlo a sus necesidades discursivas: «Este gobierno en general y su presidente en particular banalizan a diario el calentamiento global. Simplifican hasta el absurdo, utilizándolo como ariete partidista revestido de la irrompible «ciencia» con la que tanto se les llena la boca, con el único objetivo de avivar la polarización y sacar rédito electoral, haciendo por desplazar a la derecha parlamentaria hacia posiciones que –esperan– la ciudadanía perciba como indefendibles y castigue como tales. Por si alguien tiene dudas, no les está funcionando. Como era previsible».

Puedes leer el artículo completo en ‘Climática’, el primer medio en español especializado en crisis climática y de biodiversidad

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✇LibreRed

Argelia sufre incendios de sexta generación en todas sus provincias costeras desde el 8 de julio

Por: D. Cañellas

Argelia se enfrenta desde el pasado 8 de julio de 2026 a una oleada de incendios forestales calificados como de sexta generación, una categoría que designa fuegos de rápida propagación y difícil control, asociados a condiciones meteorológicas extremas. Las autoridades argelinas han confirmado que todas las provincias costeras del norte del país se han visto afectadas por las llamas y la ola de calor que las acompaña.

Según los servicios de protección civil argelinos, la magnitud de los incendios es inédita tanto por su extensión geográfica como por su duración. Hasta la fecha, no se han divulgado cifras oficiales de hectáreas quemadas ni de víctimas mortales. Los cuerpos de bomberos trabajan sin descanso para contener los focos, que se reactivan con facilidad debido a las altas temperaturas persistentes.

¿Qué son los incendios de sexta generación?

La clasificación de sexta generación se utiliza para describir fuegos que generan su propia dinámica atmosférica, con columnas de humo que alcanzan gran altura y provocan tormentas de fuego. Este tipo de incendio es especialmente peligroso porque avanza a gran velocidad, supera la capacidad de extinción convencional y puede saltar barreras naturales como carreteras o ríos. Su aparición en el Mediterráneo occidental se relaciona directamente con el cambio climático y las olas de calor extremo, que secan la vegetación y crean el combustible perfecto para las llamas.

Argelia no es el único país afectado. En las últimas semanas, otros países ribereños del Mediterráneo también han registrado incendios de características similares, lo que subraya la vulnerabilidad de la región ante eventos meteorológicos extremos. La situación en Argelia, vecina de España, es seguida de cerca por las autoridades europeas, aunque no se ha informado de solicitudes de ayuda internacional por el momento.

✇LibreRed

Europa solicita a Argelia el suministro urgente de aparatos de aire acondicionado ante la ola de calor

Por: D. Cañellas

Europa descubre los atractivos industriales de Argelia impulsada por la crisis climática y la inestabilidad en Oriente Medio. Las centrales de compra de al menos varios países europeos han comenzado a solicitar a Argelia el suministro de climatizadores para hacer frente a la ola de calor que azota el continente, donde las infraestructuras de refrigeración no están preparadas para temperaturas extremas, según informa la prensa argelina.

El artículo titulado «Canicule et crise au Moyen-Orient : l’Europe découvre les atouts industriels de l’Algérie» sostiene que «los planetas se alinean para la economía argelina». Tras el papel clave de Argelia como proveedor de gas a Europa en el contexto de los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, ahora la industria del país magrebí se perfila como un socio estratégico para cubrir las necesidades urgentes del Viejo Continente.

Una oportunidad industrial en plena ola de calor

La canicule que sufre Europa no solo dispara la demanda de electricidad y gas para climatización, sino que también expone la dependencia europea de productos de refrigeración fabricados en el extranjero. Argelia, con su base industrial y su proximidad geográfica, se presenta como una alternativa para acortar las cadenas de suministro y reducir la vulnerabilidad frente a los vaivenes geopolíticos.

La crisis en Oriente Medio, que afecta a las rutas marítimas y al comercio internacional, refuerza aún más el interés europeo por diversificar sus socios industriales. En este contexto, Argelia aparece como un polo de estabilidad y cercanía capaz de asumir pedidos urgentes de equipos de aire acondicionado y otros bienes.

El análisis argelino subraya que la convergencia de la crisis climática y la inestabilidad en la región oriental ofrece una ventana de oportunidad para la economía argelina, que ya ha demostrado su fiabilidad en el suministro energético. Las autoridades del país magrebí ven con buenos ojos esta demanda europea, que podría significar un impulso para su sector manufacturero y una mayor integración económica con el norte del Mediterráneo.

✇lamarea.com

El incendio de Los Gallardos: una tragedia humana a la que se suma el impacto del calor extremo

Por: Eduardo Robaina

El incendio forestal desatado en el municipio de Los Gallardos (Almería) ya ha sido estabilizado. El fuego, que trascendió la categoría de desastre medioambiental para erigirse como una devastadora tragedia humana, ha calcinado 7.000 hectáreas. Sus consencuencias son las más graves registradas hasta la fecha en Andalucía. Según las actualizaciones del Gobierno andaluz, al menos 13 personas han perdido la vida y 23 continuaban «ilocalizadas» el domingo, 12 de julio, por la noche.

La virulencia de las llamas y la extrema rapidez de su avance dibujó un escenario caótico en las primeras horas de la emergencia. Según Antonio Sanz, vicepresidente de la Junta de Andalucía y consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, la pérdida de vidas humanas se concentró en dos escenarios distintos, marcados por lo que ha calificado como una decisión «trampa». Ante la proximidad del fuego, las víctimas optaron de manera tardía por buscar vías de evacuación alternativas a través de una rambla, alejadas de las rutas oficiales coordinadas por las autoridades.

En un primer punto, los servicios de emergencia hallaron los cuerpos sin vida de cuatro personas en el interior de un vehículo. El hecho de que el automóvil tuviera el volante situado a la derecha apunta a que los ocupantes eran de nacionalidad británica. En un segundo escenario se localizó a otras siete víctimas mortales. Estas formaban parte de un grupo de nueve personas que se desplazaban a pie tras abandonar sus vehículos y buscar una salida desesperada. Los equipos de rescate lograron salvar a dos integrantes de este grupo. Entre los fallecidos confirmados se encuentra un ciudadano de nacionalidad española, mientras que el resto serían turistas o residentes extranjeros de la zona, a la espera de su identificación oficial. 

Evacuaciones y atención a los heridos

El fuego ha dejado a su paso ocho personas heridas, cuatro de ellas en estado grave por diversas tipologías de quemaduras. Se prevé que estos pacientes más críticos sean trasladados en helicóptero al hospital Virgen del Rocío de Sevilla desde el complejo hospitalario Torrecárdenas. Otras cuatro personas han recibido asistencia sobre el terreno por patologías respiratorias y quemaduras leves.

La magnitud del incendio ha obligado a desplegar un operativo de evacuación que ha afectado a más de 600 vecinos. Las llamas forzaron el desalojo de las barriadas de Almocáizar, Fuente del Albarico, Los Pinos y La Serena, así como de las viviendas de la zona del Pinar en la localidad vecina de Bédar. Del total de evacuados, cerca de doscientas personas permanecen realojadas en albergues provisionales. En concreto, 54 damnificados están recibiendo asistencia en el Centro de Artes Escénicas.

Para ofrecer apoyo en estos momentos de desolación, el Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) ha habilitado un teléfono de atención e información para los familiares de los afectados: 677 904 624.

Un origen bajo investigación

Todos los indicios apuntan a que el incendio se inició tras la caída de un poste de tendido eléctrico. Así lo ha adelantado el presidente andaluz, Juanma Moreno, quien ha subrayado que este hecho derivará inexorablemente en la exigencia de «responsabilidades hacia el mantenimiento» de dicha instalación. El incendio, avivado por vientos muy fuertes, ha sido descrito por las autoridades como «muy complejo» y «de cuneta». Las labores de extinción se enfrentan a enormes dificultades añadidas por la complicada orografía y la abundante presencia de viviendas diseminadas, donde, en palabras del consejero Sanz, «hay casas por todos los sitios».

A este cóctel catastrófico originado por el viento y el estado del tendido eléctrico, hay que sumar un factor estructural ineludible para entender el comportamiento de las llamas: el calor extremo, que también ha sido señalado por Moreno. Durante las últimas semanas, la región ha estado sometida a un estrés térmico brutal tras el paso consecutivo de dos intensas olas de calor, un escenario cada vez más recurrente debido a la crisis climática. Estas altísimas temperaturas, sumadas a la sequía crónica, han deshidratado por completo la masa forestal, que ha actuado como el combustible perfecto.

Actualmente, el flanco derecho es el que presenta mayor actividad, acercándose peligrosamente a zonas de cultivo anexas a la carretera principal, mientras que en la zona norte se trabaja con maquinaria pesada. Un posible cambio en la dirección del viento podría revertir por completo el comportamiento del fuego.

Para hacer frente a este incendio, se ha desplegado un contingente técnico y humano colosal. Cerca de 500 profesionales trabajan en el operativo, integrando a retenes del INFOCA, efectivos del Ministerio para la Transición Ecológica, Protección Civil y Fuerzas de Seguridad del Estado. A ellos se suman unidades de la Unidad Militar de Emergencias (UME), operando con el apoyo de más de 120 vehículos terrestres y una veintena de medios aéreos.

Sin embargo, la magnitud de este despliegue de emergencia contrasta con la preocupante merma de efectivos especializados al inicio de esta campaña de alto riesgo. Según ha denunciado Antonio Maestre en LaSexta, el Gobierno andaluz presidido por Juanma Moreno ha reducido un 14% la plantilla de agentes de medio ambiente, un cuerpo de funcionarios clave en la prevención y extinción de los incendios forestales. En menos de un año, la región ha pasado de contar con 698 de estos profesionales a solo 602 (96 agentes menos), un recorte que la Junta justifica por el elevado número de jubilaciones y la imposibilidad de ejecutar la tasa de reposición al no haberse aprobado los presupuestos de 2026. 

Luto institucional y llamadas a la prudencia

El impacto de la catástrofe ha provocado una cascada de reacciones institucionales. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha expresado su «enorme tristeza y desolación» trasladando sus condolencias a las familias y su solidaridad a los vecinos. Por su parte, Juanma Moreno ha manifestado estar «consternado» ante lo que Antonio Sanz no ha dudado en definir como una «tragedia sin precedentes», asegurando que «hoy el corazón de todos los andaluces está de luto».

También ha querido dejar un mensaje de pesar la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: “Todo nuestro apoyo a España y a los valientes bomberos y socorristas que están haciendo frente a esta emergencia”, ha escrito en Twitter (X).

Las autoridades insisten en la necesidad vital de evitar las zonas afectadas y de no tomar vías de escape al margen del guiado explícito de los profesionales. En medio del desastre, la prioridad del dispositivo sigue siendo perimetrar el fuego y evitar, a toda costa, más pérdidas humanas.

Actualización: 13 julio.

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✇ATTAC España

La deuda climática de los ultrarricos: el coste de la riqueza extrema

Por: Nuria

la deuda climática de los ultraricosla deuda climática de los ultraricos


Artículo original publicado en greenpeace.org

Greenpeace

Resumen ejecutivo de Greenpeace. Investigación realizada por Forum Ökologisch-Soziale Marktwirtschaft (FÖS).

Índice

Introducción

El cambio climático está generando pérdidas económicas y daños sociales cada vez mayores en todo el mundo. Estos daños son acumulativos y reflejan décadas de emisiones profundamente desiguales asociadas a la concentración de la riqueza y a un crecimiento económico intensivo en combustibles fósiles. Sin embargo, la responsabilidad de estos daños se distribuye de forma extremadamente desigual. Un pequeño grupo de personas muy ricas es responsable de una parte desproporcionada de las emisiones mundiales, no solo a través de un consumo con altas emisiones de carbono, sino también a través de la propiedad de activos de capital y de inversiones vinculadas a actividades económicas altamente contaminantes. Las conclusiones de este informe muestran que la crisis climática es, cada vez más, también una crisis de concentración de la riqueza, en la que la propiedad profundamente desigual de estructuras de inversión y de capital intensivas en carbono genera una enorme disparidad en las responsabilidades sobre los impactos climáticos.

Este informe amplía el concepto de «deuda climática» a las personas con un patrimonio neto alto (HNWIs, por sus siglas en inglés). Basándose en el principio de «quien contamina, paga», en el principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas y capacidades respectivas (CBDR-RC) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), y en las investigaciones existentes sobre la desigualdad del carbono, el informe estima una «deuda climática» o los daños climáticos monetizados asociados a las emisiones que superan una cuota per cápita equitativa del presupuesto de carbono restante compatible con una trayectoria de 1,5°C.

Históricamente, la deuda climática y la responsabilidad climática diferenciada se han abordado principalmente a nivel de los Estados, en particular a través de las obligaciones internacionales de financiación climática y del principio CBDR-RC bajo la CMNUCC. Sin embargo, cada vez hay más pruebas del papel que desempeñan la propiedad de capital asociado a los combustibles fósiles e industrias intensivas en carbono, así como el consumo de alto impacto (por ejemplo, el uso de yates y jets privados), en el aumento de las emisiones vinculadas a las personas de patrimonio neto alto.

Los resultados del informe muestran:

  • La deuda climática está sumamente concentrada en la cúspide de la distribución de la riqueza mundial. A medida que aumenta la concentración de la riqueza, también lo hace la escala de la deuda climática asociada.
  • Las emisiones basadas en la propiedad -aquellas vinculadas a las carteras de inversión y las participaciones de capital- están considerablemente más concentradas entre los grupos más ricos que las emisiones basadas en el consumo, lo que destaca el papel creciente de las estructuras de inversión y de la propiedad del capital como motores de una responsabilidad climática muy desigual.
  • La responsabilidad climática basada en la propiedad y la concentración extrema de la riqueza se acumulan en algunas jurisdicciones, mientras que los países que se enfrentan a la mayor vulnerabilidad climática, daños climáticos o necesidades de financiación climática suelen encontrarse en otras regiones.

Las conclusiones de este informe sugieren que las políticas climáticas y fiscales actuales deberían abordar de forma más directa el papel de la extrema concentración de la riqueza y sus impactos a través de las estructuras de propiedad y las inversiones intensivas en carbono como motores de la emergencia climática. Mientras que el principio de «quien contamina, paga» se ha aplicado históricamente sobre todo a las emisiones basadas en la producción o en el consumo (por ejemplo, mediante el comercio de derechos de emisión de CO2 o de impuestos), este informe demuestra que una parte muy significativa de las emisiones procede de las estructuras de propiedad y de las decisiones de inversión de las personas con un patrimonio neto alto.

Por tanto, las conclusiones plantean reflexiones sobre cuáles deberían ser las respuestas políticas adecuadas ante la extrema concentración de la riqueza, la responsabilidad individual y el grado en que las políticas climáticas y fiscales actuales abordan esta realidad. En particular, se cuestiona si aplican suficientemente el principio de «quien contamina, paga» a las emisiones por propiedad y a las inversiones intensivas en carbono de las personas con un patrimonio neto ultra alto, ya sea mediante impuestos sobre el patrimonio u otro tipo de gravámenes. Esto resulta especialmente relevante en el contexto de unos mercados financieros globalizados, la propiedad transfronteriza de activos y el papel creciente de las carteras de inversión y la propiedad de capital en el impulso de las emisiones asociadas a los combustibles fósiles, la industria pesada, la aviación y otros sectores intensivos en carbono.

El informe destaca la necesidad de incorporar al marco de las políticas climáticas y fiscales dos objetivos:

  • Integrar con mayor énfasis los principios de «quien contamina, paga» y de progresividad, reflejando tanto los impactos climáticos desproporcionados causados por la extrema concentración de la riqueza como la capacidad significativamente mayor de las personas de altos patrimonios para contribuir a las medidas climáticas y a los esfuerzos de redistribución.
  • Considerar cómo los ingresos generados a través de instrumentos fiscales progresivos relacionados con el clima podrían también distribuirse internacionalmente, con el fin de contribuir de forma justa y transparente a la cooperación y financiación climática internacional. De esta forma, se resolvería la divergencia entre el lugar donde residen las personas de patrimonio neto alto y con mayor deuda climática y las regiones más expuestas a la vulnerabilidad climática y a las mayores necesidades de financiación.

Principales conclusiones

Recuadro 1: La deuda climática en cifras

Sobre la base del enfoque metodológico utilizado, podemos estimar lo siguiente:

La deuda climática anual basada en la propiedad del 0,01% más rico del planeta alcanzó aproximadamente los 992.000 millones de dólares en 2022 (se trata de personas con un patrimonio neto muy alto, de más de 38 millones de dólares)1.

Aunque esta cantidad no puede entenderse literalmente como una base imponible, vale la pena ilustrar la magnitud de este valor, que equivaldría a:

  • >> Las necesidades de financiación climática pública en los países en desarrollo para mitigación, adaptación y pérdidas y daños, que se estiman en al menos 1 billón de dólares anuales2.
  • >> Más del doble de las estimaciones más conservadoras de las necesidades de financiación anual para pérdidas y daños en los países en desarrollo, estimadas en, al menos, 400.000 millones de dólares al año.
  • >> A nivel español, esta deuda climática corresponde aproximadamente a la ganancia acumulada de 1 millón de personas trabajadoras durante toda su vida laboral3.

Al observar los patrones generales que muestran estas estimaciones, observamos que:

  • La deuda climática per cápita basada en el enfoque de propiedad del 0,01% más rico del mundo es más de 130 veces superior a la del 10% más rico del planeta, señalando una concentración exponencial por arriba.
  • Las emisiones basadas en el enfoque de propiedad están sustancialmente más concentradas que las del enfoque basado en el consumo: el 1% con más riqueza de la población acumuló aproximadamente el 41% de las emisiones basadas en la propiedad en 2022, frente al 16,5% de las emisiones basadas en el consumo del 1% con mayores ingresos. Esto significa que la responsabilidad climática en la cúspide de la pirámide está especialmente condicionada por la asignación del capital y a la propiedad de activos.

Al observar las estimaciones históricas y las proyecciones futuras, concluimos que:

  • Mientras que la deuda climática anual basada en el enfoque de propiedad del 0,1% más rico del mundo alcanzó aproximadamente los 1,82 billones de dólares en 2022 (son personas con patrimonio de entre 7 y 38 millones de dólares), la deuda climática acumulada (histórica) de ese grupo y según el mismo enfoque alcanzó unos 27,2 billones de dólares durante el periodo 1990-2022.
  • Incluso bajo un escenario de bajas emisiones con justicia económica, la deuda climática total proyectada del 0,1% más rico del mundo bajo el enfoque de propiedad superaría los 81 billones de dólares durante el periodo 2023-2050.

Al observar las propuestas fiscales propuestas en los debates multilaterales, vemos que:

  • Incluso combinaciones ambiciosas de gravámenes al consumo de lujo de los altos patrimonios como impuestos globales a los vuelos VIP – e inversiones contaminantes como un impuesto global a beneficios de la industria fósil – cubrirían solo una cuarta parte (23%) de la deuda basada en el consumo y menos de la mitad (42%) respectivamente de la deuda climática anual basada en la propiedad del 0,01% más rico del planeta.

Esto indica una brecha entre los niveles actuales de ambición política para desarrollar soluciones adecuadas y la escala de la deuda climática asociada a la extrema concentración de la riqueza.

2. ¿Qué es la «deuda climática» de los más ricos?

Tradicionalmente, la «deuda climática» describe la responsabilidad histórica y desigual de algunos Estados en relación al cambio climático, y ha fundamentado las reclamaciones de compensación financiera del Sur Global frente al Norte Global bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR-RC). Este informe extiende dicho análisis a los individuos con un patrimonio neto altos, basándose en los principios de «quien contamina, paga» y la capacidad de pago. El informe aclara que la deuda climática no es una obligación fiscal directa ni prescribe tipos impositivos concretos. Su propósito es servir de referencia para un futuro marco normativo que refleje los daños vinculados a las emisiones excesivas de los más ricos, abriendo así el debate sobre la necesidad de una fiscalidad más justa.

Este enfoque plantea algunas ventajas:

  1. Reconoce que los Estados no son homogéneos y que la responsabilidad y la capacidad de respuesta varían enormemente según los ingresos y la riqueza dentro de un mismo país.
  2. Permite conectar directamente la responsabilidad de emitir con la capacidad financiera para mitigar, adaptarse y financiar pérdidas y daños.
  3. Facilita el diseño de herramientas específicas (como impuestos sobre la riqueza vinculada al carbono o gravámenes climáticos progresivos) para frenar la acumulación de deuda en la cúspide de la distribución (igual o superior a 0,01%), ayudando a los Estados a recaudar fondos para reforzar las soluciones climáticas y cumplir sus compromisos internacionales.
  4. No anula la responsabilidad de los Estados ni el marco de la CMNUCC. Al contrario, refuerza su papel como intermediarios para implementar mecanismos de redistribución basados en la responsabilidad individual real y la capacidad fiscal.

En el informe, la deuda climática de las personas de alto patrimonio neto se define como las emisiones que exceden una cuota per cápita equitativa compatible con el límite de calentamiento de 1,5°C5. Para calcular el valor monetario de este impacto, el exceso de emisiones se multiplica por el coste social del carbono (CSC)6, que estima el daño económico causado por cada tonelada adicional de CO27.

3. La contabilidad de las emisiones

Un elemento central para calcular la deuda climática de las personas de alto patrimonio neto es la atribución de las emisiones a los grupos de mayores ingresos y riqueza. Para entender quién es responsable de las emisiones de CO2 o de gases de efecto invernadero (GEI), la literatura científica reciente identifica tres métodos principales, cada uno con sus propias fortalezas y limitaciones:

  • Contabilidad de emisiones basada en la producción: Este método asigna las emisiones al país donde se producen físicamente, sin importar quién consuma finalmente esos bienes o servicios. Aunque se utiliza mucho en política normativa, suele provocar una asignación distorsionada de la responsabilidad -como señalan el Stockholm Environment Institute (SEI) y Oxfam-. Esto se debe a que las emisiones de los productos fabricados en países de bajos ingresos se consumen a menudo en otros lugares y el comercio internacional refleja este enfoque.
  • Contabilidad de emisiones basada en el consumo: Es la base de gran parte del debate público sobre la desigualdad climática. Atribuye las emisiones a las personas según sus hábitos de vida y consumo de bienes y servicios (incluidas las emisiones incorporadas en los productos importados). Diversos estudios (SEI, Oxfam, Gössling y Humpe) que aplican este enfoque demuestran profundas disparidades en las huellas de carbono tanto dentro de los países como entre ellos.
  • Contabilidad de emisiones basada en la propiedad: Este enfoque más reciente (introducido por Chancel y Rehm) atribuye las emisiones a las personas en función de su propiedad de activos de capital, como acciones o participaciones en empresas privadas (por ejemplo, compañías de combustibles fósiles), independientemente de su consumo personal. Este método revela una concentración de emisiones aún mayor que el enfoque del consumo. Es fundamental para el diseño de políticas climáticas, ya que traslada la responsabilidad hacia quienes se benefician financieramente de actividades contaminantes.

Cabe señalar que los tres enfoques se basan en el mismo conjunto de emisiones, pero asignan la responsabilidad de éstas de manera diferente. Por lo tanto, no se pueden sumar, sino que ofrecen distintas perspectivas sobre un mismo problema. El análisis de Greenpeace se basa en varios conjuntos de datos y estudios existentes (tabla 1), seleccionados en función de su relevancia para la contabilidad de emisiones, lo que permite rastrear la responsabilidad ecológica tanto del consumo directo como de las decisiones de inversión y la propiedad de capital de los sectores con mayores ingresos y riqueza.

Tabla 1. Datos disponibles para la atribución de emisiones a grupos económicos

Grupos de ingresos/riqueza Enfoque basado en el consumo Enfoque basado en la propiedad
10% superior Ghosh et al. (2021); Oxfam (2024) (grupos de ingresos) Chancel y Rehm (2025b) (grupos de riqueza)
1% superior (millonarios) Ghosh et al. (2021); Oxfam (2024) (grupos de ingresos) Chancel y Rehm (2025b) (grupos de riqueza)
0,1% superior Ghosh et al. (2021) (grupos de ingresos) Imputados a partir de datos de Chancel y Rehm (2025b) y Chancel (2022) (grupos de riqueza)
0,01% superior Imputados a partir de datos del SEI (2026) y Chancel (2022) (grupos de ingresos) Imputados a partir de datos de Chancel y Rehm (2025b) y Chancel (2022) (grupos de riqueza)
0,001% superior (centimillonarios) No disponible No disponible
0,0001% superior (milmillonarios)9 No disponible No disponible
308 milmillonarios Not available Oxfam (2025)
50 milmillonarios Oxfam (2024) (emisiones de aviones privados y yates) Oxfam (2024)

Recuadro 2: Cómo estima este informe la deuda climática

Este informe estima la deuda climática como el daño monetizado asociado a las emisiones que superan una cuota per cápita equitativa de un presupuesto de carbono compatible con un límite de 1.5°C. El cálculo sigue cinco pasos:

  1. Define los grupos analizados: El informe analiza los grupos de ingresos y riqueza correspondientes al 10%, 1%, 0,1% y 0,01% más ricos a nivel mundial. De estos grupos, el principal interés analítico reside en el 0,1% y, especialmente, el 0,01%, donde la deuda climática aumenta de manera más pronunciada.
  2. Atribuye las emisiones a estos grupos: Para el enfoque basado en el consumo, el informe utiliza conjuntos de datos sobre desigualdad de emisiones desarrollados por el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo (SEI) y el World Inequality Lab, que atribuyen las emisiones globales a los grupos de ingresos en función de los patrones de consumo observados, incluidas las emisiones incorporadas en los bienes y servicios comercializados. Para las emisiones basadas en la propiedad, el informe se apoya en el marco desarrollado por Lucas Chancel y Yannic Rehm (2025b), que atribuye las emisiones asociadas a las empresas y al capital productivo a los grupos de riqueza según los patrones de propiedad de acciones, empresas privadas, activos de pensiones, carteras de inversión y estructuras de propiedad internacional.
  3. Estima los valores faltantes cuando es necesario: Cuando no se dispone de datos estadísticos directos para los grupos de la cúspide más alta, el informe imputa valores utilizando los datos de distribución de emisiones disponibles y los patrones de concentración observados entre los grupos de ingresos y riqueza. Por lo tanto, estas estimaciones se basan en grupos y son indicativas, no constituyen cuentas de emisiones a nivel individual.
  4. Define un punto de referencia de emisiones equitativo: El informe calcula una cuota de emisiones per cápita igualitaria y compatible con una trayectoria de 1.5°C. Las emisiones que superan este punto se tratan como «emisiones en exceso».
  5. Monetiza las emisiones en exceso: Las emisiones en exceso se multiplican por un coste social del carbono (SCC, por sus siglas en inglés) de 283 dólares por tonelada de CO2 en precios de 2020, basado en Moore y otros (2024). Para las estimaciones históricas, el coste social del carbono se ajusta a lo largo del tiempo; para las proyecciones, se aplica la misma lógica a las trayectorias de emisiones futuras.

El informe presenta tres tipos de estimaciones de la deuda climática:

  • La deuda climática anual para 2022,
  • La deuda climática acumulada para 1990-2022, y
  • La deuda climática proyectada para 2023-2050 bajo diferentes escenarios de emisiones y desigualdad.

Las estimaciones basadas en el consumo y basadas en la propiedad no son acumulativas: representan dos enfoques alternativos de atribución para evaluar la totalidad de los daños climáticos estimados asociados a las emisiones. Por lo tanto, los resultados no deben combinarse, y cualquier instrumento político futuro que se base en estos enfoques deberá considerar cuidadosamente los solapamientos entre los diferentes marcos de contabilidad de emisiones y las medidas fiscales existentes relacionadas con el clima. Las estimaciones deben interpretarse como indicadores a nivel de grupo basados en escenarios que muestran la escala y la concentración de la responsabilidad climática, más que como prescripciones fiscales o políticas directas.

4. Extrema concentración de la riqueza y la deuda climática

Sobre la base de la metodología utilizada en el informe8, la deuda climática anual estimada con un enfoque de propiedad del grupo del 0,01% más rico de la población mundial ascendió a unos 992.000 millones de dólares en 2022 (personas con un patrimonio neto ultra alto de más de 38 millones de dólares). Para el 0,1% más rico del mundo, la deuda climática anual estimada basada en la propiedad alcanzó aproximadamente 1,82 billones de dólares en 2022 (personas con patrimonio entre 7 y 38 millones de dólares).

[Gráfico 1. Distribución de la riqueza global10 omitido visualmente, datos descritos en texto contiguo]

El análisis de las emisiones derivadas de la propiedad muestra cómo estas están sustancialmente más concentradas que las originadas por el consumo: en 2022, el 1% más rico de la población por riqueza representó aproximadamente el 41% de las emisiones basadas en la propiedad frente al 16,5% de las emisiones basadas en el consumo del 1%. Esto implica que la responsabilidad climática en el nivel más alto no está sólo vinculada a estilos de vida con altas emisiones, sino que se dispara especialmente con la propiedad de activos y las decisiones de asignación de capital.

[Gráfico 2. Deuda climática total estimada por grupo económico, 2022 / Gráfico 3. Deuda climática per cápita estimada por grupo económico, 2022 omitidos visualmente]

La deuda climática per cápita atribuible a las mayores fortunas del mundo alcanza niveles extraordinarios y aumenta de manera exponencial a medida que nos acercamos a la cúspide de la pirámide de riqueza. De esta forma, la deuda climática media per cápita basada en la propiedad del grupo del 0,01% más rico fue más de 130 veces superior a la del grupo del 10% más rico del planeta en 2022.

En 2022, las estimaciones medias de la deuda climática anual del 0,01% ascendió a aproximadamente 506.783 dólares por persona utilizando las emisiones basadas en el consumo y a aproximadamente 1,24 millones de dólares por persona utilizando las emisiones basadas en la propiedad.

Las estimaciones históricas ilustran toda la dimensión de la responsabilidad climática concentrada en los millonarios: la deuda climática acumulada basada en la propiedad del 0,1% más rico del mundo alcanzó aproximadamente los 27,2 billones de dólares durante el periodo 1990-2022. Esto sugiere que la concentración de la riqueza y las emisiones derivadas de la propiedad se refuerzan mutuamente a lo largo del tiempo.

Asimismo, a la hora de hacer proyecciones, incluso bajo escenarios de mitigación comparativamente ambiciosos4, la deuda climática permanece altamente concentrada entre los grupos más ricos. Bajo el escenario de bajas emisiones SSP1, se proyecta que la deuda climática per cápita basada en la propiedad del 0,1% más rico del mundo alcance aproximadamente los 8,8 millones de dólares durante el periodo 2023-2050, en comparación con los aproximadamente 660.000 dólares de deuda climática per cápita para una persona promedio dentro del 10% más rico global. Si se toma como referencia al grupo del 0,1% en su conjunto, se prevé que su deuda climática basada en la propiedad supere los 81 billones de dólares durante ese mismo periodo.

[Gráfico 4. Deuda climática p.c. proyectada por grupo económico y emisiones 2023–2050 omitido visualmente]

Esto sugiere que el patrón actual de trayectorias de reducción de emisiones globales no resuelven automáticamente el problema de la extrema concentración de la responsabilidad climática asociada a la riqueza por la propiedad de activos y de estructuras de inversión. Incluso en futuros escenarios con menores emisiones, los activos y el capital intensivo en carbono seguirán produciendo una deuda climática extremadamente desigual y atribuible a la cúspide de la distribución de la riqueza mundial.

5. Las emisiones vinculadas a la propiedad, un enorme punto ciego en la política climática actual

A nivel general, los marcos de la política climática y fiscal existentes no abordan de manera adecuada las emisiones vinculadas a la propiedad de la riqueza y las actividades de inversión intensivas en carbono.

A su vez, las políticas climáticas y los instrumentos fiscales asociados se dirigen principalmente a las emisiones basadas en la producción y el consumo11, mientras que las emisiones basadas en la propiedad vinculadas a las carteras de inversión (propiedad corporativa, activos empresariales e inversiones en acciones) permanecen comparativamente menos gravadas.

Algunas propuestas de gravámenes e impuestos debatidas en foros multilaterales, pese a no estar diseñadas específicamente para las emisiones de la propiedad, afectan parcialmente a las estructuras de propiedad e inversiones intensivas en carbono. Su análisis resulta útil para ilustrar la gran responsabilidad climática vinculada a la propiedad que este informe pone de relieve. En este sentido, el informe compara la deuda climática anual basada en la propiedad del grupo del 0,01% más rico del mundo —unos 992.000 millones de dólares en 2022— con los cálculos de potenciales ingresos de algunas propuestas fiscales existentes como:

  • Las estimaciones del Grupo de Trabajo sobre Gravámenes de Solidaridad Global (2025) sobre un conjunto de gravámenes internacionales progresivos sobre la aviación VIP, que generararían unos 93,7 mil millones de dólares al año, una cifra equivalente al 23 % de la deuda climática anual basada en el consumo del 0,01 % más rico de la población, estimada en 404,73 mil millones de dólares (2022).
  • Un impuesto extraordinario sobre los beneficios de los combustibles fósiles o un gravamen verde sobre las transacciones financieras12. Incluso bajo supuestos de potencial de recaudación ambicioso, ambas propuestas generarían conjuntamente unos 420 mil millones de dólares anuales, cubriendo en torno al 42% de la deuda climática anual estimada basada en la propiedad del 0,01% más rico.

Mientras que estos instrumentos se dirigen exclusivamente a sectores y flujos financieros específicos, las emisiones basadas en la propiedad reflejan un conjunto amplio de emisiones asociadas a la propiedad de capital, carteras de inversión, activos productivos y estructuras de riqueza intensivas en carbono a lo largo de la economía. Por lo tanto, esta comparación ilustra que las propuestas fiscales a debate son solo el punto de partida para abordar las emisiones ligadas a la riqueza y al capital intensivo en carbono. No obstante, para abordar de manera adecuada las responsabilidades diferenciadas ante la emergencia climática, es imprescindible implementar herramientas fiscales mucho más precisas.

Tabla 2: Deuda climática por consumo vs. tasas de solidaridad

Enfoque: Emisiones vinculadas al estilo de vida y consumo de lujo (aviación privada, etc.).

Concepto Cifras y propuestas (2022)
Deuda Climática Anual 404,73 mil millones US$
Total coverage gap: Tasas a la aviación:
– Queroseno de jets privados
– Tasa por viajero frecuente
7 mil millones US$
86,7 mil millones US$
Total Recaudado (Est.) ~93,7 mil millones US$
Déficit (Brecha) 311,03 mil millones US$ (Solo se cubre el 23 %)

Tabla 3: Deuda climática por propiedad vs. impuestos corporativos y de patrimonio

Enfoque: Emisiones vinculadas a inversiones, carteras de activos y decisiones de capital.

Concepto Cifras y propuestas (2022)
Deuda Climática Anual 992,5 mil millones US$
Propuestas de Recaudación Impuestos al capital/corporativos:
– Recargo sobre beneficios fósiles
– Tasa verde a transacciones financieras
(236 mil millones)
(184 mil millones)
Total Recaudado (Est.) 420 mil millones US$ (en escenario ambicioso)
Déficit (Brecha) 572,5 mil millones US$ (solo se cubre el 42 %)

6. Divergencia geográfica entre la deuda climática y las necesidades de financiación

Los países que concentran la mayor riqueza privada y las emisiones ligadas a la propiedad rara vez coinciden con aquellos que sufren la mayor vulnerabilidad o presentan las necesidades de financiación climática más urgentes13.

Como ilustra el mapa a continuación, un grupo reducido de jurisdicciones, especialmente en Europa y América del Norte, concentran una cuota desproporcionadamente alta de la riqueza privada mundial, al tiempo que presentan, por lo general, una menor vulnerabilidad y una mayor capacidad de adaptación. Por lo tanto, son territorios clave en el debate sobre la deuda climática y disponen de mayor potencial para implementar instrumentos fiscales dirigidos a los capitales y las actividades de inversión intensivas en carbono.

Por otro lado, los indicadores de vulnerabilidad climática apuntan en la dirección geográfica opuesta. Países con una proporción pequeña de la riqueza privada mundial —África, el sur de Asia y otras regiones altamente vulnerables— y que enfrentan niveles comparativamente elevados de impacto climático con capacidad más limitada de adaptación.

Este desajuste resalta la importancia de la coordinación internacional en materia de política fiscal relacionada con el clima, incluyendo los debates en curso en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Fiscal Internacional (Convención Fiscal de la ONU), así como las negociaciones internacionales sobre financiación climática bajo la CMNUCC.

También responde al hecho de que cualquier enfoque para abordar fiscalmente la deuda climática de las personas con alto patrimonio neto debe considerar cómo se pueden movilizar y asignar los ingresos de manera efectiva, justa y transparente. Esto implica determinar cómo contribuyen los ingresos a reforzar los compromisos nacionales y globales existentes de transición y restauración climática y ecológica a una escala proporcional a las necesidades. Un elemento central para la legitimidad de cualquier política es la distribución internacional de estos fondos, dado que la riqueza está fuertemente concentrada en un pequeño número de países, mientras que los impactos climáticos de esa riqueza afectan mayoritariamente a las comunidades más vulnerables del Sur Global.

7. Implicaciones para la política climática y fiscal

A modo de conclusión, el análisis de «La deuda climática de los ultrarricos: el coste de la riqueza extrema» muestra que:

  • La deuda climática está altamente concentrada en la cúspide de la distribución de la riqueza mundial. A medida que aumenta la concentración de la riqueza, también lo hace la escala de la deuda climática asociada.
  • Las emisiones basadas en la propiedad —aquellas vinculadas a carteras de inversión y tenencias de capital— están considerablemente más concentradas entre los grupos más ricos que las emisiones basadas en el consumo, lo que destaca el papel creciente de la propiedad de capital y las estructuras de inversión como motores de una responsabilidad climática profundamente desigual.
  • La responsabilidad climática basada en la propiedad y la concentración extrema de la riqueza están fuertemente concentradas entre los grupos más ricos y algunas jurisdicciones, mientras que los países que enfrentan la mayor vulnerabilidad climática, daños climáticos o necesidades de financiación climática a menudo se encuentran en otros lugares.

A raíz de estas conclusiones, el informe identifica tres grandes implicaciones para la política climática y fiscal:

  1. Más allá de la equidad social y fiscal: el análisis muestra que la concentración extrema de la riqueza no solo agrava la desigualdad socioeconómica, sino que genera una brecha climática, en la que los grupos más opulentos son responsables de un volumen de emisiones desproporcionado. Por ello, las conclusiones sugieren que las medidas contra la concentración de la riqueza deben ser cada vez más progresivas. Asimismo, junto a los objetivos tradicionales de redistribución, es necesario aplicar el principio de “quien contamina paga” a los patrimonios derivados de inversiones y activos intensivos en carbono.
  2. Más allá del consumo y la producción: las emisiones derivadas de la propiedad de capital representan una de las dimensiones menos abordadas de la desigualdad del carbono. Las políticas climáticas y fiscales vigentes siguen centrándose en la producción y el consumo, dejando las inversiones intensivas en carbono comparativamente menos gravadas. Este desequilibrio no solo reduce la eficacia para incentivar una transición ecológica justa, sino que alimenta la percepción de que las cargas recaen desproporcionadamente en los hogares de ingresos medios y bajos, ignorando el impacto de los altos patrimonios. En consecuencia, los resultados sugieren la necesidad de incorporar la fiscalidad de la propiedad al marco climático actual. Esto incluye la aplicación de un tratamiento diferenciado a las estructuras de propiedad y activos intensivos en carbono con herramientas como sistemas de bonus/malus u otros mecanismos fiscales y regulatorios que desalienten las inversiones con altas emisiones y reorienten el capital hacia vías sostenibles.
  3. Más allá de la solidaridad nacional: la deuda climática plantea un reto de redistribución internacional debido a la profunda divergencia geográfica entre la acumulación de la riqueza en unos pocos países y la vulnerabilidad ambiental y escasez de recursos en el resto. Este desequilibrio señala la urgencia de garantizar una financiación climática internacional significativamente mayor, predecible y justa. En este sentido, los ingresos derivados de una fiscalidad climática progresiva deberían contribuir a una transición justa, acelerar la inversión en energías renovables e infraestructuras bajas en carbono, y fortalecer la adaptación, las respuestas a pérdidas y daños y el apoyo directo a los países y comunidades más afectados por el cambio climático. Por tanto, el diseño de las políticas futuras deberían incluir una redistribución global de estos fondos teniendo en cuenta la alta movilidad del capital entre las jurisdicciones.

Se necesitan nuevas herramientas de política fiscal

Las conclusiones de este informe destacan la necesidad urgente de diseñar instrumentos fiscales que aborden, simultáneamente, la desigualdad económica y el impacto climático y ecológico de las grandes fortunas. Esto exige poner el foco tanto en el origen de estos capitales como en las consecuencias de las inversiones y estructuras de propiedad intensivas en carbono. En este sentido, la aplicación coherente del principio de «quien contamina, paga» en todos los niveles es fundamental para construir sistemas fiscales, nacionales e internacionales, verdaderamente equitativos y alineados con los objetivos globales de desarrollo sostenible.

Diferentes instrumentos fiscales pueden abordar distintas dimensiones de la deuda climática según su objetivo temporal:

  • Para la responsabilidad histórica: se pueden aplicar contribuciones de pago único orientadas a movilizar recursos inmediatos para la mitigación y adaptación, tanto a nivel nacional como internacional.
  • Para las emisiones futuras: se pueden diseñar tipos impositivos permanentes y más elevados sobre los grandes patrimonios con huella climática y ecológica desproporcionada.

Esta distinción es clave para garantizar la justicia y la proporcionalidad de las políticas climáticas. Las emisiones ligadas a la propiedad y la inversión requieren enfoques muy distintos a las del consumo, ya que cada actor económico debe ser abordado según su nivel de responsabilidad y su capacidad de influencia. En última instancia, el objetivo es desalentar las estructuras de capital contaminantes mediante incentivos fiscales que reorienten el comportamiento de mercado y los flujos de inversión.

Finalmente, la aplicación efectiva de estas políticas fiscales depende de un entorno propicio basado en la cooperación internacional, la transparencia y la disponibilidad de datos. Identificar y valorar las grandes fortunas —especialmente a nivel transfronterizo— exige reforzar los registros de activos, clarificar la titularidad real y consolidar el intercambio internacional de información fiscal. Sin este ecosistema global de transparencia y cooperación, la capacidad de los gobiernos para diseñar e implementar medidas fiscales eficientes seguirá siendo muy limitada.

El escenario actual exige una gobernanza global que defina normas fiscales mínimas, luche contra la elusión fiscal y los flujos ilícitos, asegure la asignación de derechos impositivos y la distribución equitativa de ingresos entre países, aspectos todos ellos que deben abordarse adecuadamente en el marco de procesos como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre la Cooperación Fiscal Internacional.

Bibliografía

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  • Climate Action Network (CAN) (2024): Climate Action Network (CAN) Submission on the New Collective Quantified Goal (NCQG).
  • Chancel, L. (2022): Global Carbon Inequality Over 1990–2019. Nature Sustainability, 5(11), 931–938.
  • Chancel, L. and Mohren, J. (2025): Climate Inequality Report 2025: Climate Change, a Capital Challenge – Why Climate Policy Must Tackle Ownership. World Inequality Lab.
  • Chancel, L. and Rehm, Y. (2025a): Accounting for the Carbon Footprint of Capital Ownership Advances the Understanding of Emission Inequality. Climatic Change, 178(11), 211.
  • Chancel, L. and Rehm, Y. (2025b): Global Inequalities in Ownership-Based Carbon Footprints Over 2010–2022. World Inequality Lab Working Paper 2025/19.
  • Ghosh, E., Nazareth, A., Wang, G., Kartha, S., and Kemp-Benedict, E. (2021): Emissions Inequality Dashboard. Stockholm Environment Institute (SEI).
  • Kartha, S., Kemp-Benedict, E., Ghosh, E., Nazareth, A., and Gore, T. (2020): The Carbon Inequality Era: An Assessment of the Global Distribution of Consumption Emissions Among Individuals From 1990 to 2015 and Beyond.
  • Moore, F. C., Drupp, M. A., Rising, J., Dietz, S., Rudik, I., and Wagner, G. (2024): Synthesis of Evidence Yields High Social Cost of Carbon Due to Structural Model Variation and Uncertainties. Proceedings of the National Academy of Sciences.
  • O’Neill, B. C., Kriegler, E., Ebi, K. L., Kemp-Benedict, E., Riahi, K., Rothman, D. S., van Ruijven, B. J., van Vuuren, D. P., Birkmann, J., Kok, K., Levy, M., and Solecki, W. (2017): The Roads Ahead: Narratives for Shared Socioeconomic Pathways Describing World Futures in the 21st Century.
  • Oxfam (2023): Climate Finance Shadow Report 2023: Assessing the Delivery of the $100 Billion Commitment.
  • Oxfam (2024): Carbon Inequality Kills: Why Curbing the Excessive Emissions of an Elite Few Can Create a Sustainable Planet for All.
  • Oxfam (2025): Climate Plunder: How a Powerful Few Europeans Are Locking the World Into a Climate Disaster.
  • Tavoni, M., Andreoni, P., Calcaterra, M., Calliari, E., Deubelli-Hwang, T., Mechler, R., Hochrainer Stigler, S., and Wenz, L. (2024): Economic Quantification of Loss and Damage Funding Needs.
  • United Nations Department of Economic and Social Affairs (UN DESA) (2025): Intergovernmental Negotiations for UN Framework Convention on International Tax Cooperation.
  • United Nations Environment Programme (UNEP) (2021): Emissions Gap Report 2021.
  • United Nations Environment Programme (UNEP) (2025): Adaptation Gap Report 2025: Running on Empty.
  • United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC) (1992): United Nations Framework Convention on Climate Change.
  • University of Notre Dame (2025): Country Index. Notre Dame Global Adaptation Initiative (ND-GAIN).

 

1    Este umbral de riqueza ilustrativo para el 0,01 % se utiliza en el Informe Mundial sobre la Desigualdad y se basa en la población adulta mundial, no en la población mundial total. Las cifras de deuda climática que se calculan en el informe se basan en la población mundial; sin embargo, como no se encontró una fuente para el umbral de riqueza para poblaciones enteras, se optó por usar los umbrales de este informe como una descripción adicional del 0,01 %.
2    Climate Action Network (CAN, 2024) estima que las necesidades de financiación climática en los países en desarrollo son de al menos 1 billón de dólares anuales en financiación pública para mitigación, adaptación y pérdidas y daños.
3    Según el INE para 2024, el salario anual medio (mediana) fue de 24.497,17 €. Suponiendo una vida laboral de 40 años, esto equivale a unos ingresos vitales de aproximadamente 980.000 € por trabajador. Al dividir 918.000 millones de euros entre 980.000 €, el resultado es de aproximadamente 937.000 vidas laborales.
5    Un análisis reciente de Oxfam (2026), basado en datos del Panel de Desigualdad de Emisiones del Stockholm Environment Institute (Ghosh et al., 2021), muestra que las emisiones del 1% más rico son tan elevadas que agotarían en cuestión de días un presupuesto anual equitativo de carbono compatible con un calentamiento de 1,5 °C.
6    La fórmula general es: Deuda climática = Exceso de emisiones x Coste social del carbono (CSC). Más detalle sobre el cálculo realizado en el anexo 1 del informe completo. Se utiliza el coste social del carbono del metaestudio realizado por Moore et al. (2024) sobre 147 investigaciones y que asciende a 283 US$ por tCO2 (dólares de 2020).
7    Los enfoques que asignan valores monetarios a las emisiones a través de la fijación del precio del carbono o de un CSC pueden suscitar controversias en relación a la mercantilización del daño climático, la posible sobrecarga a los hogares de bajos ingresos y el que eclipse la responsabilidad histórica. En este análisis, sin embargo, el CSC no se utiliza para dar a entender que los daños climáticos puedan compensarse, sino como una herramienta analítica para ilustrar la escala y la concentración de la deuda climática.
9    Es importante señalar que no existen datos estadísticos de emisiones para los centimillonarios o milmillonarios, que corresponden aproximadamente al 0,001% y al 0,0001% más alto.
8    Para consultar la metodología completa, véanse los capítulos 1 y 2 y los anexos del informe principal.
10    El Informe sobre la Desigualdad Global 2026 (Chancel et al., 2026) muestra que el umbral de riqueza del 10% superior de la población adulta mundial es de 265.600 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo (PPA). El umbral de riqueza para el 1% se sitúa en 2 millones de dólares PPA; para el 0,1%, el umbral se encuentra en 7 millones de dólares PPA, y para el 0,01%, en 38 millones de dólares PPA. Los milmillonarios constituyen, aproximadamente, el 0,0001% de la población adulta.
4    Es el denominado escenario RCP1.9 combinado con el SSP1. La combinación de RCP1.9 con SSP1 se refiere a una trayectoria de mitigación compatible con el límite de 1,5 °C, combinada con un escenario de desarrollo socioeconómico orientado a la sostenibilidad.
11    Este es el caso de los instrumentos de política pública habituales, tales como la fijación del precio del carbono, los impuestos sobre los combustibles, los sistemas de comercio de derechos de emisión, las normas de eficiencia y las medidas conductuales orientadas al consumidor, generalmente se dirigen a las emisiones allí donde estas se producen o se consumen.
12    Trilling (2025) (tasa extraordinaria a la industria de los combustibles fósiles) y Capelle-Blancard (2025) (tasa verde a las transacciones financieras).
13    Dado que los datos disponibles no permiten asignar directamente las estimaciones de la deuda climática basada en la propiedad a jurisdicciones individuales, los datos de la riqueza de los hogares a nivel nacional se utilizan aquí únicamente como una aproximación (proxy) indicativa de la concentración geográfica de la riqueza privada y de la responsabilidad climática asociada a su propiedad. Esto no debe interpretarse como una equiparación de la riqueza privada con la riqueza estatal, ni implica que las emisiones basadas en la propiedad se localicen territorialmente allí donde residen los titulares de dicha riqueza.

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Incapaces de avanzar en Bonn: dos semanas de negociaciones sin resultados en mitigación y adaptación

Por: Clima
  • La SB64 concluye en un clima de bloqueo generalizado, marcado por el conflicto geopolítico, la presión de los países productores de combustibles fósiles y la falta de ambición del Norte global para asumir sus responsabilidades históricas.
  • De los cuatro paquetes mandatados, solo el de transición justa logra cerrar con conclusiones, y a un precio alto: cesiones que debilitan la vinculación del programa con otros compromisos climáticos. Mitigación, adaptación y financiación climática quedan sin avances que obligan a reiniciar de cero los debates en la COP31.
  • La sociedad civil, mermada por recortes de financiación, restricciones de visados y una presencia mediática mínima, ha empujado la ambición desde los márgenes de unas negociaciones que han ignorado la urgencia que se vive fuera de las salas.

Ecologistas en Acción en la cumbre de Bonn. Foto de Kiara Worth.

Tras dos semanas de negociaciones concluyen en Bonn el encuentro intersesional climático, en el que se esperaban importantes avances en la lucha climática o, al menos, los textos de negociación de la próxima COP31 en Antalya. Sin embargo, las tensiones de última hora hacen caer los mínimos avances alcanzados, una situación tristemente excepcional que sitúa este encuentro como uno de los más catastróficos de los últimos años. Mostrando además cómo el giro a la ultraderecha de muchos países ha tenido como consecuencia un cuestionamiento de la ciencia y del cumplimiento del objetivo de 1,5 C pactado en el Acuerdo de París, en palabras de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS en sus siglas en inglés): “Observamos con preocupación los ataques a la integridad de la ciencia […] el objetivo de 1,5 C es una línea roja para nuestra supervivencia”.

Adaptación

La adaptación a la crisis climática ha sido uno de los temas de especial interés a lo largo de esta intersesional, debido a que en los dos años entre la cumbre de Belém (COP30) y la de Addis Ababa (COP32) debería llevarse a cabo un proceso para que al finalizar esta última la Meta Global de Adaptación (GGA) esté operativa, contando con el marco de los 59 indicadores adoptados en Belém y el grupo de trabajo ad hoc. La UE y otros actores del Norte global, por su parte, insisten en mantener el trabajo en manos de expertos técnicos y, durante la mayor parte de la SB64, han rechazado tratar temas de financiación en las salas de negociación del GGA, incluso las menciones a la triplicación de la financiación que al final aceptaron en aras del acuerdo. Mientras que los países agrupados en el G77+China exigen que el grupo de trabajo esté liderado por las Partes y no por agencias de la ONU o expertos externos, y reclaman que el texto incluya mayores compromiso en financiación para adaptación, sin la cual consideran que la implementación de la GGA es inviable. Estos frentes de discusión (la composición del grupo de trabajo y el texto sobre financiación en GGA) alargaron las discusiones hasta entrada la noche y finalmente llevaron a un bloqueo, quedando eliminados todos los avances realizados y obligando a repetir los debates en la COP31.

Mitigación

Este ha sido uno de los elementos que menos han avanzado. Tras más de semana y media de negociación parecía que se iban a alcanzar exclusivamente conclusiones procedimentales de cómo seguir el debate, aunque finalmente la cumbre es incapaz de avanzar en ello. El programa de trabajo de mitigación es en estos momentos el único elemento que tiene la diplomacia internacional para recoger avances en la reducción de las emisiones, y este ha sido constantemente atacado por los países LMDCs que han bloqueado cualquier medida para poner fin a los combustibles fósiles e incluso la adopción de las conclusiones científicas. Este programa debería de recibir un nuevo mandato en la COP31 para poder poner en marcha el apoyo internacional a la reducción de las emisiones, un objetivo del que está más lejos cada día.

Transición justa

En la pasada cumbre de Belém se pactó la creación de un mecanismo capaz de poner en marcha las conclusiones de los distintos diálogos sobre transición justa. El objetivo principal de este encuentro era ir avanzando en la creación del mecanismo dotándolo de competencias, estructuras y medios para actuar. Las negociaciones se han visto atascadas por el debate sobre cuestiones relacionadas con la evaluación de los trabajos previos y los principios y sectores sobre los que avanzar. Sin embargo, no se ha avanzado en la necesaria definición del mecanismo que es de vital importancia para hacer reales estos debates. Cabe destacar como se han repetido en las salas los bloqueos por parte de los países del grupo de Like-Minded Developing Countries, LMDCs (Arabia Saudi, Qatar, India…) de eliminar cualquier referencia a la relación de este programa con la reducción de las emisiones. Del mismo modo, las reticencias del Norte global de incorporar menciones específicas a su obligación de asegurar una provisión de fondos y mejorar el acceso de los proyectos a esta financiación. Tras una última y tensa negociación, la UE cede en las pretensiones de los LMDCs de rebajar la ambición en la integración de menciones específicas sobre la coherencia e integridad de la transición justa, logrando con esas concesiones cerrar el único paquete de los cuatro mandatados que alcanza conclusiones en estas sesiones de Bonn.

Financiación

La financiación tampoco ha avanzado al ritmo requerido. La cumbre se iniciaba con la crítica a la bajada de todos los fondos para la acción climática y la cooperación internacional. Una reducción marcada por el descenso de financiación del Norte global, que pone en riesgo la confianza en el multilateralismo y en el cumplimiento de la provisión de fondos y medidas de respuesta para los países más vulnerables. Aunque han sido muchos los países que han pedido la inclusión de un punto permanente para debatir sobre esa provisión de fondos del Norte al Sur global, los países desarrollados han hecho todo lo posible por evitar que esto sucediera. La realidad es que nada ayudan a recuperar la confianza en el proceso las respuestas a la defensiva del bloque europeo, apelando a su posición como mayor contribuyente en lugar de mostrar un plan claro para escalar esa financiación. Ecologistas en Acción ya señaló que esta financiación está lejos de lo necesario, y es necesario avanzar en mecanismos adicionales como la reforma de los bancos multilaterales, las estructuras de deuda o la desaparición de la financiación fósil y militar. Unos elementos que están lejos de producirse, tanto a nivel internacional como doméstico, como sucede en el caso de España, que no ha avanzado en cuestiones como la aplicación del principio de “quien contamina, paga” o de un impuesto específico a las grandes rentas y capitales.

El papel de la sociedad civil

A lo largo de las dos semanas de la cumbre, las organizaciones ambientales, feministas y juveniles en el espacio de Naciones Unidas han empujado mediante sus acciones y protestas, como es habitual, la ambición de las negociaciones. Sin embargo, varios factores han influido negativamente en el impacto del activismo en el espacio. Primero, ha habido un gran aumento en la cantidad de activistas que han dejado de recibir financiación para acudir a las negociaciones, especialmente aquellas delegaciones provenientes del Sur global. Segundo, estas mismas delegaciones, en los escasos casos en los que todavía disponían de financiación, se han encontrado además con una política de visados para la entrada en Alemania especialmente dura, sobre todo desde países de África y América Latina. Por último, la falta de periodistas cubriendo las negociaciones ha supuesto un claro obstáculo para aquellos que buscan un proceso más ambicioso, justo y transparente. Siendo la prensa acreditada menos de la mitad que el año anterior, las voces que menos se suelen escuchar en estas cumbres no han sido recogidas en prácticamente ningún medio, como reflexionaba recientemente Javier Andaluz, responsable de Clima y Energía de Ecologistas en Acción.

Declaraciones

Javier Andaluz Prieto (responsable de Clima y Energía y Ecologistas en Acción): “Lejos de aprender de las consecuencias de depender de los fósiles, como nos ha mostrado Ormuz,  el mundo sigue atrapado entre los distintos intereses de los países. Es vergonzosa la actitud de los gobiernos que bloquean los acuerdos, y enormemente peligrosos los conflictos entre los países climáticamente ambiciosos y los que no lo son, entre quien necesita apoyo y aquellos que son incapaces de afrontar sus responsabilidades y no están dispuestos a proveer de una financiación urgente. Mientras tanto, la temperatura global continúa aumentando y superamos el 1,5ºC. La única respuesta posible y realista es una mayor ambición en todos los paquetes de negociación, reconociendo que la responsabilidad climática es común pero diferenciada. Las consecuencias del calentamiento global que ya estamos sufriendo muestran que ya no hay tiempo para retrasar las medidas de mitigación, adaptación y respuesta a las pérdidas y daños”.

Irene Rubiera de Felipe (activista del Área Jurídica de Ecologistas en Acción): “En la primera cumbre tras la histórica opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, los países del mundo han vuelto a demostrar no estar a la altura del reto. Habiendo visto en Santa Marta que existe un gran grupo de Estados que quiere avanzar de forma justa y decidida contra la crisis climática, resulta casi inexplicable que se siga sosteniendo el recurrente bloqueo de las negociaciones del clima, pero debemos recordar que si la ultraderecha internacional se esfuerza tanto en bloquear este espacio y en oprimir por todos los medios la lucha climática es porque sabe el poder que tenemos juntas todas las personas que buscamos un mundo más justo”.

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Mini serie documental: Impacto ambiental de actividades industriales

Por: Pepe Galindo

Lista con los 10 vídeos de la serie documental sobre el impacto ambiental de actividades industriales.Las actividades industriales generan un impacto ambiental profundo y generalizado. Es algo bien conocido, incluso por ese ente abstracto llamado «el gran público».

Podríamos preguntarnos por qué nadie actúa, pero sería una pregunta incorrecta. Hay muchas personas implicadas y trabajando, con algunas acciones de gran valor e influencia. El problema es que son demasiados los que no hacen nada, los que apenas saben nada, los que no quieren saber y los que son arrastrados por una publicidad científicamente diseñada para manipular nuestras mentes sin que nos demos cuenta.

Una forma de evitar la desinformación es ofrecer herramientas de educación ambiental como esta mini serie documental en la que se abordan diez asuntos clave en la industria actual. Si visualizamos y difundimos este material, avanzaremos hacia un mundo más consciente y crítico.

La serie está formada por diez episodios gratuitos, realizados por José Antonio Marín Gallego como parte de su TFG en la Universidad de Málaga y puede verse en el canal de YouTube de Blogsostenible. Cada vídeo dispone de una descripción donde, de forma esquemática, se enumeran todos sus contenidos. Sin ánimo de copiar esa descripción, aquí vamos a resumirla para dar una idea de los contenidos más relevantes:

Vídeo 1. Impacto ambiental del vehículo eléctrico

  • Ventajas de este tipo de vehículos: menor mantenimiento, menor contaminación por humo, mayor aceleración y acceso a las ZBE.
  • Antecedentes históricos como el de Robert Anderson.
  • Tipos de baterías y su impacto ambiental.
  • Minería necesaria: aluminio, níquel, cobalto, cobre…
  • Peso y desgaste de neumáticos (uno de los mayores problemas de todo tipo de automóviles, más grave aún que las emisiones de CO2).
  • Uso del “mix” eléctrico como fuente de energía.
  • Rentabilidad, ahorro anual y coste por kilómetro.
  • Dificultad y coste del reciclaje de baterías.
  • Otros inconvenientes: autonomía, tiempo de recarga, precio y problemas de las ZBE.
  • Medidas de mitigación: descarbonización, reciclaje, materiales más sostenibles, reducir tamaño de los vehículos, reducir velocidad máxima, así como fomentar el autoconsumo y el transporte público.

Vídeo 2. Impacto ambiental del transporte marítimo

  • Importancia para el comercio mundial: capacidad de carga y eficiencia y cómo mitigar los efectos negativos.
  • Efectos producidos por las emisiones (óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono…).
  • Impacto sobre el medio acuático: derrames de petróleo, ruido, daños a la flora marina y cambios en la dinámica costera.
  • Pesca comercial y transporte marítimo: pesca de arrastre.
  • Cruceros y su impacto ambiental.

Vídeo 3. Impacto ambiental de las carreteras durante su ciclo de vida

  • Breve repaso histórico y curiosidades sobre las carreteras.
  • Impacto sobre la biodiversidad y pérdida de áreas naturales.
  • Efecto barrera: el único impacto con solución fácil y directa.
  • Impactos en la fase de construcción y durante el uso y mantenimiento.
  • Las autopistas: auténticas devoradoras de materiales y territorio, lo que nos llevó a proponer destruir algunas o ponerles peajes.
  • Generación de microplásticos, nanoplásticos y otras partículas por culpa de los neumáticos.
  • Diez medidas de mitigación: uso de materiales de fabricación local, empleo de maquinaria electrificada, establecer controles de polvo, ruido y emisiones, construir pasos de fauna, restauración de zonas afectadas, límites de velocidad más eficientes, empleo de neumáticos de alta durabilidad y baja abrasión, priorizar el mantenimiento preventivo y, sobre todo, desincentivar el vehículo privado.

Vídeo 4. Impacto ambiental de la aviación comercial

  • Las aerolíneas más contaminantes son low cost.
  • ¿Cuánto contamina cada km realizado en avión? (Véase también este análisis).
  • Consecuencias de la contaminación y de las estelas de condensación.
  • Ruido, iluminación y efectos sobre la fauna.
  • Cambio climático y aviación, un círculo de retroalimentación mutua.
  • Medidas de mitigación: dejar de volar cuando sea viable, prohibir ciertos usos del avión, eliminar las subvenciones, imponer elevadas tasas al queroseno y penalizar al viajero frecuente.

Vídeo 5. Impacto ambiental del transporte ferroviario

  • Impacto ambiental en la construcción de infraestructuras ferroviarias: pérdida de vegetación, hidrología, efecto barrera, un ejemplo de fragmentación de hábitats, ruido, vibraciones, riesgo de incendios, atropellos de fauna, riesgo de electrocución y daños al paisaje.
  • Datos cuantitativos sobre emisiones en la construcción de diferentes líneas ferroviarias.
  • Importancia del mix energético en la contaminación.
  • Comparativa con otros medios de transporte: ¿Es el ferrocarril la mejor opción?
  • Trenes herbicidas.
  • Medidas de mitigación: electrificación progresiva, reducción del ruido, pasos de fauna, vallado selectivo, mejora de la seguridad, sustitución de herbicidas, espantar aves y fomentar el ferrocarril frente a otros medios.

Vídeo 6. Impacto ambiental de la industria del acero

  • Ventajas e inconvenientes del acero.
  • Producción de acero: elevadas temperaturas que se requieren y procedimientos que abaratan el proceso.
  • Uso de acero por sectores: un material de vital importancia en el sector alimentario.
  • Impacto de la minería del hierro: eliminación de la cubierta vegetal, modificación del relieve y pérdida de biodiversidad.
  • Emisiones de polvo y partículas.
  • Contaminación de aguas: posiblemente el mayor impacto.
  • Consumo de carbón.
  • Efectos sobre la vegetación, consumo de agua y residuos de esta industria.
  • Medidas de mitigación: sustitución de los combustibles fósiles, mejora del aislamiento térmico y recuperación del calor, mejorar la legislación y, sobre todo, reducir el uso de acero.

Vídeo 7. Impacto ambiental del almacenamiento digital masivo y de la IA

  • Crecimiento en la demanda de almacenamiento de datos.
  • Pérdida de puestos de trabajo (y pago de impuestos por usar IA).
  • ¿Qué es la datasfera?
  • Impacto ambiental de actividades cotidianas: mandar un correo electrónico y ver un vídeo en YouTube.
  • ¿Cuánta energía consume Internet?
  • El problema de los residuos digitales.
  • La IA desde el punto de vista ético.
  • Medidas de mitigación: fomentar energías renovables, aumentar la eficiencia del hardware, optimizar sistemas de refrigeración, promover almacenamiento responsable y controlar errores de la IA.

Vídeo 8: Impacto ambiental en paneles solares FV y aerogeneradores

  • Evolución histórica de los paneles solares fotovoltaicos y de los aerogeneradores.
  • ¿De qué parámetros depende la potencia generada por un panel y por un aerogenerador?
  • Contribución de ambas fuentes al mix energético español.
  • Inconvenientes e impacto ambiental de ambas fuentes de energía: ocupación del suelo, dificultad del reciclaje, corta vida útil, ruido, afecciones a la fauna y al paisaje.
  • Comparativa de emisiones: energía eólica terrestre, energía eólica marina y energía solar fotovoltaica.
  • Medidas de mitigación: detener molinos ante posibles riesgos y en periodos de migración, pintar una de las palas, alejarse de los núcleos urbanos, soterrar las líneas eléctricas, investigar para mejorar la eficiencia y mejorar las leyes para incentivar el autoconsumo.

Vídeo 9. Impacto ambiental de la industria cementera

  • El cemento es el segundo material más consumido en el mundo después del agua.
  • Emisiones por tonelada de cemento producida: ¿por qué han aumentado?
  • Etapas en la producción de cemento: ¿cuáles son las fases críticas?
  • El cemento es uno de los principales emisores de dióxido de carbono en el mundo.
  • Ejemplo representativo: la cementera de La Araña (Málaga).
  • Dificultad para filtrar metales pesados volátiles.
  • Emisiones de óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y COV en España.
  • Autorizaciones demasiado permisivas para la quema de residuos.
  • Derechos de emisión: qué son y por qué han sido objeto de crítica.
  • El problema del agua: en 2050 el 75 % de la producción se concentrará en zonas de escasez hídrica.
  • Medidas de mitigación: fomento de soluciones constructivas alternativas, uso de materiales locales, endurecimiento de la normativa, incremento de la monitorización del aire, instalación de plantas móviles de reciclaje, fomento del transporte ferroviario en grandes volúmenes y de la rehabilitación frente a la demolición, revisión de los sistemas de asignación de derechos de emisiones y empleo del cemento cero emisiones.

Vídeo 10. Impacto ambiental de la agricultura moderna

  • Emisiones del sector agropecuario: uno de los más contaminantes.
  • Crecimiento de la población y el reto que supone.
  • Aumento de la preocupación por el impacto ambiental de la agricultura: recursos naturales, suelo, agua, energía (fertilizantes nitrogenados), recursos biológicos y minerales.
  • Reducción en la variedad de alimentos: ¿Por qué ocurre esto?
  • Impacto ambiental en la producción de alimentos cárnicos.
  • Emisiones de metano y óxido nitroso: uno de los grandes problemas del sector.
  • Impacto ambiental de plaguicidas y pesticidas: efectos sobre las especies no objetivo, sobre la salud humana, sobre el suelo, el agua y el aire. El glifosato, uno de los más utilizados, es probablemente cancerígeno.
  • Medidas de mitigación: selección de cultivos adaptados al clima local, evitar nuevos invernaderos o cultivos en zonas con estrés hídrico, diversificación de cultivos, aportar materia orgánica para favorecer la actividad biológica, reducir el uso de pesticidas y mejorar las técnicas de aplicación (agricultura regenerativa).

El autor de este trabajo, en la parte de agradecimientos, después de citar a su tutor, a su familia y a los profesionales cuyas publicaciones han sido utilizadas como fuentes de información, también agradece la existencia del sistema educativo español. Es justo subrayar que, para que un estudiante universitario termine sus estudios, han sido necesarias numerosas personas e instituciones a lo largo de su vida.

Para ver la serie completa, solo tienes que reservarte un par de horas. Si prefieres ver los capítulos de forma independiente, resultan también comprensibles. Aquí tienes la serie completa publicada en el canal de Blogsostenible.

♥ Más sobre educación e impacto ambiental:

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Lista con los 10 vídeos de la serie documental sobre el impacto ambiental de actividades industriales.

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Mini serie documental: Impacto ambiental de actividades industriales

Por: Pepe Galindo

Lista con los 10 vídeos de la serie documental sobre el impacto ambiental de actividades industriales.Las actividades industriales generan un impacto ambiental profundo y generalizado. Es algo bien conocido, incluso por ese ente abstracto llamado «el gran público».

Podríamos preguntarnos por qué nadie actúa, pero sería una pregunta incorrecta. Hay muchas personas implicadas y trabajando, con algunas acciones de gran valor e influencia. El problema es que son demasiados los que no hacen nada, los que apenas saben nada, los que no quieren saber y los que son arrastrados por una publicidad científicamente diseñada para manipular nuestras mentes sin que nos demos cuenta.

Una forma de evitar la desinformación es ofrecer herramientas de educación ambiental como esta mini serie documental en la que se abordan diez asuntos clave en la industria actual. Si visualizamos y difundimos este material, avanzaremos hacia un mundo más consciente y crítico.

La serie está formada por diez episodios gratuitos, realizados por José Antonio Marín Gallego como parte de su TFG en la Universidad de Málaga y puede verse en el canal de YouTube de Blogsostenible. Cada vídeo dispone de una descripción donde, de forma esquemática, se enumeran todos sus contenidos. Sin ánimo de copiar esa descripción, aquí vamos a resumirla para dar una idea de los contenidos más relevantes:

Vídeo 1. Impacto ambiental del vehículo eléctrico

  • Ventajas de este tipo de vehículos: menor mantenimiento, menor contaminación por humo, mayor aceleración y acceso a las ZBE.
  • Antecedentes históricos como el de Robert Anderson.
  • Tipos de baterías y su impacto ambiental.
  • Minería necesaria: aluminio, níquel, cobalto, cobre…
  • Peso y desgaste de neumáticos (uno de los mayores problemas de todo tipo de automóviles, más grave aún que las emisiones de CO2).
  • Uso del “mix” eléctrico como fuente de energía.
  • Rentabilidad, ahorro anual y coste por kilómetro.
  • Dificultad y coste del reciclaje de baterías.
  • Otros inconvenientes: autonomía, tiempo de recarga, precio y problemas de las ZBE.
  • Medidas de mitigación: descarbonización, reciclaje, materiales más sostenibles, reducir tamaño de los vehículos, reducir velocidad máxima, así como fomentar el autoconsumo y el transporte público.

Vídeo 2. Impacto ambiental del transporte marítimo

  • Importancia para el comercio mundial: capacidad de carga y eficiencia y cómo mitigar los efectos negativos.
  • Efectos producidos por las emisiones (óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono…).
  • Impacto sobre el medio acuático: derrames de petróleo, ruido, daños a la flora marina y cambios en la dinámica costera.
  • Pesca comercial y transporte marítimo: pesca de arrastre.
  • Cruceros y su impacto ambiental.

Vídeo 3. Impacto ambiental de las carreteras durante su ciclo de vida

  • Breve repaso histórico y curiosidades sobre las carreteras.
  • Impacto sobre la biodiversidad y pérdida de áreas naturales.
  • Efecto barrera: el único impacto con solución fácil y directa.
  • Impactos en la fase de construcción y durante el uso y mantenimiento.
  • Las autopistas: auténticas devoradoras de materiales y territorio, lo que nos llevó a proponer destruir algunas o ponerles peajes.
  • Generación de microplásticos, nanoplásticos y otras partículas por culpa de los neumáticos.
  • Diez medidas de mitigación: uso de materiales de fabricación local, empleo de maquinaria electrificada, establecer controles de polvo, ruido y emisiones, construir pasos de fauna, restauración de zonas afectadas, límites de velocidad más eficientes, empleo de neumáticos de alta durabilidad y baja abrasión, priorizar el mantenimiento preventivo y, sobre todo, desincentivar el vehículo privado.

Vídeo 4. Impacto ambiental de la aviación comercial

  • Las aerolíneas más contaminantes son low cost.
  • ¿Cuánto contamina cada km realizado en avión? (Véase también este análisis).
  • Consecuencias de la contaminación y de las estelas de condensación.
  • Ruido, iluminación y efectos sobre la fauna.
  • Cambio climático y aviación, un círculo de retroalimentación mutua.
  • Medidas de mitigación: dejar de volar cuando sea viable, prohibir ciertos usos del avión, eliminar las subvenciones, imponer elevadas tasas al queroseno y penalizar al viajero frecuente.

Vídeo 5. Impacto ambiental del transporte ferroviario

  • Impacto ambiental en la construcción de infraestructuras ferroviarias: pérdida de vegetación, hidrología, efecto barrera, un ejemplo de fragmentación de hábitats, ruido, vibraciones, riesgo de incendios, atropellos de fauna, riesgo de electrocución y daños al paisaje.
  • Datos cuantitativos sobre emisiones en la construcción de diferentes líneas ferroviarias.
  • Importancia del mix energético en la contaminación.
  • Comparativa con otros medios de transporte: ¿Es el ferrocarril la mejor opción?
  • Trenes herbicidas.
  • Medidas de mitigación: electrificación progresiva, reducción del ruido, pasos de fauna, vallado selectivo, mejora de la seguridad, sustitución de herbicidas, espantar aves y fomentar el ferrocarril frente a otros medios.

Vídeo 6. Impacto ambiental de la industria del acero

  • Ventajas e inconvenientes del acero.
  • Producción de acero: elevadas temperaturas que se requieren y procedimientos que abaratan el proceso.
  • Uso de acero por sectores: un material de vital importancia en el sector alimentario.
  • Impacto de la minería del hierro: eliminación de la cubierta vegetal, modificación del relieve y pérdida de biodiversidad.
  • Emisiones de polvo y partículas.
  • Contaminación de aguas: posiblemente el mayor impacto.
  • Consumo de carbón.
  • Efectos sobre la vegetación, consumo de agua y residuos de esta industria.
  • Medidas de mitigación: sustitución de los combustibles fósiles, mejora del aislamiento térmico y recuperación del calor, mejorar la legislación y, sobre todo, reducir el uso de acero.

Vídeo 7. Impacto ambiental del almacenamiento digital masivo y de la IA

  • Crecimiento en la demanda de almacenamiento de datos.
  • Pérdida de puestos de trabajo (y pago de impuestos por usar IA).
  • ¿Qué es la datasfera?
  • Impacto ambiental de actividades cotidianas: mandar un correo electrónico y ver un vídeo en YouTube.
  • ¿Cuánta energía consume Internet?
  • El problema de los residuos digitales.
  • La IA desde el punto de vista ético.
  • Medidas de mitigación: fomentar energías renovables, aumentar la eficiencia del hardware, optimizar sistemas de refrigeración, promover almacenamiento responsable y controlar errores de la IA.

Vídeo 8: Impacto ambiental en paneles solares FV y aerogeneradores

  • Evolución histórica de los paneles solares fotovoltaicos y de los aerogeneradores.
  • ¿De qué parámetros depende la potencia generada por un panel y por un aerogenerador?
  • Contribución de ambas fuentes al mix energético español.
  • Inconvenientes e impacto ambiental de ambas fuentes de energía: ocupación del suelo, dificultad del reciclaje, corta vida útil, ruido, afecciones a la fauna y al paisaje.
  • Comparativa de emisiones: energía eólica terrestre, energía eólica marina y energía solar fotovoltaica.
  • Medidas de mitigación: detener molinos ante posibles riesgos y en periodos de migración, pintar una de las palas, alejarse de los núcleos urbanos, soterrar las líneas eléctricas, investigar para mejorar la eficiencia y mejorar las leyes para incentivar el autoconsumo.

Vídeo 9. Impacto ambiental de la industria cementera

  • El cemento es el segundo material más consumido en el mundo después del agua.
  • Emisiones por tonelada de cemento producida: ¿por qué han aumentado?
  • Etapas en la producción de cemento: ¿cuáles son las fases críticas?
  • El cemento es uno de los principales emisores de dióxido de carbono en el mundo.
  • Ejemplo representativo: la cementera de La Araña (Málaga).
  • Dificultad para filtrar metales pesados volátiles.
  • Emisiones de óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y COV en España.
  • Autorizaciones demasiado permisivas para la quema de residuos.
  • Derechos de emisión: qué son y por qué han sido objeto de crítica.
  • El problema del agua: en 2050 el 75 % de la producción se concentrará en zonas de escasez hídrica.
  • Medidas de mitigación: fomento de soluciones constructivas alternativas, uso de materiales locales, endurecimiento de la normativa, incremento de la monitorización del aire, instalación de plantas móviles de reciclaje, fomento del transporte ferroviario en grandes volúmenes y de la rehabilitación frente a la demolición, revisión de los sistemas de asignación de derechos de emisiones y empleo del cemento cero emisiones.

Vídeo 10. Impacto ambiental de la agricultura moderna

  • Emisiones del sector agropecuario: uno de los más contaminantes.
  • Crecimiento de la población y el reto que supone.
  • Aumento de la preocupación por el impacto ambiental de la agricultura: recursos naturales, suelo, agua, energía (fertilizantes nitrogenados), recursos biológicos y minerales.
  • Reducción en la variedad de alimentos: ¿Por qué ocurre esto?
  • Impacto ambiental en la producción de alimentos cárnicos.
  • Emisiones de metano y óxido nitroso: uno de los grandes problemas del sector.
  • Impacto ambiental de plaguicidas y pesticidas: efectos sobre las especies no objetivo, sobre la salud humana, sobre el suelo, el agua y el aire. El glifosato, uno de los más utilizados, es probablemente cancerígeno.
  • Medidas de mitigación: selección de cultivos adaptados al clima local, evitar nuevos invernaderos o cultivos en zonas con estrés hídrico, diversificación de cultivos, aportar materia orgánica para favorecer la actividad biológica, reducir el uso de pesticidas y mejorar las técnicas de aplicación (agricultura regenerativa).

El autor de este trabajo, en la parte de agradecimientos, después de citar a su tutor, a su familia y a los profesionales cuyas publicaciones han sido utilizadas como fuentes de información, también agradece la existencia del sistema educativo español. Es justo subrayar que, para que un estudiante universitario termine sus estudios, han sido necesarias numerosas personas e instituciones a lo largo de su vida.

Para ver la serie completa, solo tienes que reservarte un par de horas. Si prefieres ver los capítulos de forma independiente, resultan también comprensibles. Aquí tienes la serie completa publicada en el canal de Blogsostenible.

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Multas y sin cárcel: la justicia condena a cuatro activistas climáticos por arrojar pintura al Congreso

Por: Climática

La jueza ha condenado a 12 meses de multa a los cuatro activistas climáticos que arrojaron pintura contra el Congreso en marzo de 2023 y ha absuelto a cinco participantes. La sentencia descarta la petición de la Fiscalía, que solicitaba un año y nueve meses de cárcel como castigo ejemplarizante. La magistrada opta por la pena mínima para este delito de daños al patrimonio porque los condenados carecen de antecedentes penales y usaron pintura diluida con la intención de minimizar los desperfectos.

El fallo judicial, al que ha tenido acceso Climática, advierte que la libertad de expresión no ampara causar daños a un edificio histórico protegido. Aunque la defensa sostenía que el material era inofensivo, la sentencia revela que la pintura penetró en la piedra porosa y se adhirió al barniz de uno de los leones de bronce. Esta situación obligó a contratar a técnicos restauradores, lo que elevó la factura de limpieza a 5.863 euros, una cantidad que los activistas ya habían depositado en los juzgados en concepto de fianza.

Desde la defensa de los activistas valoran la resolución judicial con un sabor «agridulce»: celebran haber evitado la prisión, pero insisten en que la acción no superó el «umbral de molestias» amparado por el derecho a la protesta. Este caso marca un precedente de cara al próximo otoño, cuando una quincena de integrantes de Rebelión Científica se sentará en el banquillo por una acción similar en la misma escalinata.

Puedes leer el análisis completo de la sentencia y todas sus claves en Climática.

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Cátedras universitarias vendidas a sucios intereses empresariales: otra forma de greenwashing

Por: Pepe Galindo

La palabra cátedra deriva del latín y nombra el asiento en que se sienta el obispo, o alguien ilustre para divulgar su supuesta sabiduría. Algunas cátedras son tan inútiles como algunas sillas.Tras desvelar las vergüenzas de algunos museos, ahora toca visibilizar escándalos en algunas universidades y sus cátedras de “investigación” (entre comillas).

¿Debemos fiarnos siempre de la ciencia? Por desgracia, hay muchos casos en los que se llama ciencia a algo vendido a intereses particulares. Un caso muy conocido lo vemos en el sector farmacéutico. Por encima de los nombres de los autores de cada estudio científico debería ponerse, en letra grande, quién lo ha pagado. Investigar esas relaciones de intereses meramente económicos es, en general, complicado. Sin embargo, hay evidencias imposibles de negar: las cátedras universitarias pagadas por empresas privadas, no para investigar, sino para hacer estudios a medida de sus intereses. A veces es tan descarado que sorprende que empresas y universidades estrechen lazos tan ruines, solo por dinero, aparcando el interés científico sincero y el servicio a la sociedad.

Por supuesto que no estamos diciendo que las empresas no deben apoyar la investigación. De hecho, lo ideal es que lo hagan. Lo que no es admisible es que los resultados de esa investigación estén condicionados por quien los paga, incluso aunque solo haya una duda razonable. Por dejarlo claro: que no vengan los terroristas a hablarnos de amor fraternal, aunque sea con su mejor intención. La universidad no solo debe ser objetiva en sus estudios, sino también parecerlo.

Universidades sin vergüenza

Desgraciadamente, no nos podemos fiar de un estudio por el mero hecho de llevar el logotipo de cierta universidad. Eso queda demostrado con esta sucinta selección de universidades sospechosamente vendidas a intereses privados:

  • Universidad de Castilla-La Mancha: Sin pudor ninguno, una empresa cárnica paga la Cátedra Incarlopsa para que se ensalcen las “propiedades nutritivas y saludables” de la carne. Los resultados están fijados antes de investigar. La objetividad científica queda masacrada y ninguneada. La misma universidad tiene también la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa pagada por el Banco Santander, un banco muy criticado entre otras cosas por financiar la industria armamentística y todo tipo de empresas altamente contaminantes. ¿Qué tipo de responsabilidad es la que investigan? Señora Botín, aplique la RSC a su banco antes de intentar dar lecciones.
  • Universidad Politécnica de Madrid: Una empresa que gestiona los residuos de forma escandalosa paga la Cátedra Ecoembes que siempre concluye que el trabajo de Ecoembes es impecable. Ecoembes también paga, sin rubor, a periódicos y periodistas para que la prensa no sea ingrata con los mayores contaminadores del plástico. Desde esa cátedra se beca a profesionales especializados en preservar el modelo de usar y tirar y, para el mismo objetivo, se involucran a investigadores en otras universidades (Universidad de Alicante, Universidad de las Palmas de Gran Canaria y Universidad de Alcalá), como denuncian Alberto Vizcaíno y Liliane Spendeler. Atentos también porque en el mismo domicilio de la Cátedra Ecoembes está Ecotextil, que pretende hacer con la ropa lo mismo que con los envases: promover el modelo de usar y tirar. Lo raro es que Inditex no participe en ello (que sepamos). Y en la misma UPM encontramos también la Cátedra Iberdrola para los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la que, suponemos que se investiga cómo incumplir tales objetivos sin que se note demasiado.
  • Universidad Pompeu Fabra: Mantiene la Cátedra Mercadona de “Economía Circular”. Las empresas que más plástico de usar y tirar venden son los supermercados y uno de los de más éxito pretende dar lecciones de Economía Circular. Serían más coherentes si la cátedra Mercadona fuera de “Economía hacia el Colapso”. En esta misma universidad, otra cátedra distinta sigue la estela de la UPM para generar titulares a la medida de las empresas que se lucran con los envases de usar y tirar. El problema es que esta cátedra no está financiada directamente por una empresa, sino por la ONU. Es la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático que, curiosamente tiene programas financiados por Ecoembes, Ecovidrio y Tetra-Pak, que son los grandes magnates en España de los envases de usar y tirar de plástico, vidrio y tetrabrik, respectivamente.
  • Universidad de Sevilla: Una empresa de productos químicos financia una cátedra sobre sostenibilidad, olvidando el detalle de que sus productos químicos son la principal causa de insostenibilidad y de pérdida de biodiversidad por la agricultura. La misma universidad tiene otra cátedra sobre “Comunicación y Tauromaquia”, que obviamente desprestigia a esta universidad sin necesidad de dar grandes argumentos.
  • Universidad de La Coruña: Acoge la Cátedra Inditex de Sostenibilidad, sin tener en cuenta que la industria textil low cost se lucra gracias a reducir costes y producir un alto impacto social y ambiental. Inditex está entre las empresas del sector de mayor impacto ambiental y social (malos salarios, abuso de trabajadoras, esclavitud infantil, artimañas financieras en paraísos fiscales…).
  • Universidad de Vigo: Acepta cobijar la Cátedra Naturgy de Energía y Desarrollo Sostenible. Una empresa de combustibles fósiles no es un buen interlocutor para hablar de nada que tenga que ver con sostenibilidad, pero el caso de Naturgy es más grave pues es una empresa sin escrúpulos hacia la naturaleza. También encontramos la Cátedra ENCE, una empresa altamente contaminante del mar y culpable de la desaparición de los bosques gallegos, investiga la gestión forestal.
  • Universidad Politécnica de Cartagena: FECOAM, federación agraria y ganadera, financia una cátedra para la Agricultura Sostenible en el Campo de Cartagena. Durante años hemos visto que la agricultura sostenible no es el objetivo principal de los agricultores y ganaderos de Murcia y por si hay dudas, mirad el caso del mar Menor un desastre ambiental a la altura del Prestige o de Aznalcóllar. La empresa ya citada ICL financia también en esta universidad otra cátedra sobre sostenibilidad en la agricultura. Otra cátedra se encarga de estudiar la “sostenibilidad de los regadíos”, financiada por los regantes del trasvase Tajo-Segura (SCRATS) un trasvase claramente insostenible.
  • Universidad Politécnica de Valencia: Tiene la Cátedra Bayer en la que presumen de investigar en agricultura sostenible, pero la empresa Bayer es una de las empresas que más trabaja por la agricultura industrial, insostenible.

Hay bastantes más cátedras financiadas por empresas poco éticas, tales como Endesa, Iberdrola o Cepsa, pero al menos no dicen claramente que su objetivo sea la sostenibilidad, por lo que nos ahorramos la crítica, por el momento. No es ético que los terroristas investiguen en explosivos, pero al menos es coherente.

Fíate de la ciencia, pero no de toda la ciencia

La ciencia lleva años diciendo cosas muy desagradables sobre nuestro insostenible modo de vida y sobre cómo mejorar. En teoría, esto se acepta con desgana, pero en la práctica se rechaza con nuestros actos cotidianos. Nuestra sociedad confía en la ciencia, salvo que diga lo que no queremos oír. Tal vez por eso no genera el escándalo que debería que las universidades se plieguen a intereses particulares. Permitir que nos engañen con lo que otros quieren que oigamos siempre debería abrasarnos la piel.

Harari advirtió que la investigación está condicionada por el dinero y se debe a intereses políticos, económicos o religiosos, pero casos tan exagerados como los expuestos deberían ruborizarnos a todos. No solo se influye sobre las prioridades de investigación, sino que con dudosos estudios científicos se manipula a la sociedad para que el dinero fluya hacia los que pagan esas cátedras. Escandaloso.

♦ Notas:

♦ Más temas interesantes:

🙆🏻La Universidad de Málaga vende su prestigio para lavar la imagen de una de las industrias más contaminantes de España
🙆🏻Crean una Cátedra sobre Cambio Climático
🙆🏻¿Lo siguiente será una Cátedra sobre salud patrocinada por Coca-cola?https://t.co/snJrzwAnTK via @_ElObservador_

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) November 6, 2020

✇lamarea.com

El evento climático El Niño es inminente y calentará aún más un planeta ya en ebullición

Por: Climática

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha lanzado una advertencia inminente: existe un 80% de probabilidades de que el fenómeno de El Niño se consolide entre junio y agosto de este año, alcanzando casi un 90% hacia noviembre. Impulsado por un calentamiento anómalo en el océano Pacífico, este evento climático natural amenaza con disparar de nuevo los termómetros globales y exacerbar los impactos de una crisis climática ya de por sí crítica.

Naciones Unidas ha pedido que esta previsión se trate con la máxima urgencia, ya que la llegada de El Niño actuará como un poderoso amplificador del calentamiento global provocado por los combustibles fósiles. Las previsiones de la OMM anticipan un aumento generalizado del riesgo de olas de calor severas, recordando el papel clave que jugó el último episodio intenso de 2023-2024 para pulverizar los récords históricos de temperatura mundial.

A nivel global, este nuevo ciclo alterará profundamente los patrones de precipitaciones y la temporada de huracanes. Mientras que regiones como el Cuerno de África, Asia central o el sur de Estados Unidos se enfrentarán a un mayor riesgo de lluvias torrenciales e inundaciones, millones de personas en Centroamérica, el Caribe, Australia o el sur de Asia sufrirán condiciones mucho más secas y cálidas de lo habitual.

Tienes más información en Climática.

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«La transformación energética es una batalla para cambiar el modelo y una apuesta antifascista»

Por: Nuria

El filósofo Eudald Espluga, que publica 'Imagina el fin'El filósofo Eudald Espluga, que publica 'Imagina el fin'

Fotografía: El filósofo Eudald Espluga, que publica ‘Imagina el fin’.M. Font

Artículo original publicado en publico.es por Marc Font

Hablamos con el filósofo, que publica el ensayo ‘Imaginar el fin’, donde cuestiona la idea del colapso inevitable y defiende las narrativas apocalípticas como una herramienta para la «ruptura y transformación» hacia «futuros posibles».

Imaginar el fin. Pensamiento apocalíptico para un futuro potstcapitalista (editado por Paidós en castellano y por Raig Verd en catalán) es el documentadísimo ensayo del filósofo Eudald Espluga (Girona, 1990) que cuestiona la idea de que vamos hacia a un colapso inevitable, fruto de la expansión de unos relatos colapsistas que, entre otros elementos, dificultan la movilización y la acción colectiva para avanzar hacia otros escenarios.

Nos reunimos con Espluga en la sede de la editorial Raig Verd  para conversar sobre una obra en la que defiende la necesidad de cambiar los relatos y, por tanto, los marcos de debate y discusión para plantear lo que considera unos “futuros posibles” con soluciones que ya existen. Que, a grandes rasgos, suponen realizar una transición hacia una sociedad postcapitalista.

Sin negar la evidencia de unos datos científicos que constatan que «estamos en un momento de cambio de época», el filósofo apuesta por los relatos apocalípticos como herramienta emancipadora que, a diferencia del colapso, nos puede llevar a la movilización colectiva, a las alianzas entre diferentes sectores y a una «transformación radical».

P. Sin negar que estamos en un momento de policrisis global -climática, geopolítica, energética o económica-, ‘Imaginar el fin’ cuestiona la idea de que el colapso sea inevitable. De entrada, ¿por qué cree que aparentemente esta idea parece haberse hecho hegemónica?

R. Porque en los últimos años, tanto en los medios de comunicación como en los medios audiovisuales, ha habido una proliferación de discursos y de proyecciones, a través de películas, series o relatos, de toda clase de representaciones de este fin del mundo que están muy encaradas a mostrar esta policrisis. Los datos son los que son, pero lo que quería cuestionar es que de estos datos no surge un relato cultural hegemónico de por sí, sino que de los datos a las representaciones sociales y políticas que nos hacemos de este fin del mundo o de la posibilidad del colapso hay una codificación cultural y social.

Las fantasías del colapso me parecen una forma muy estrecha de representar esta realidad que amenaza nuestra forma de existencia

Quería cuestionar cómo tanto las visiones más hegemónicas, y podemos pensar en películas o en series, sean de zombis o tipo The Last of Us, hasta determinados relatos políticos que enfocan que podemos hacer frente a la emergencia climática, la falta de recursos energéticos o la situación bélica actual también derivada de la cuestión económica, siempre están filtradas por lo que llamo fantasías del colapso. Y me parece una forma muy estrecha de representar antropológicamente, éticamente, políticamente e, incluso, ontológicamente los modos posibles de navegar esos datos y esa realidad que amenaza nuestra forma de existencia.

P. Supongo que un factor que lo puede explicar es que imaginar un mundo que se acaba no deja de ser una narrativa muy efectista, ¿no?

R. Sí, evidentemente todas son efectistas, pero la dimensión de sentir que estamos en el tiempo del fin creo la podemos tener en una narrativa colapsista o en una narrativa más de imaginación apocalíptica. Para mí, lo definitorio no es el efectismo de este «estamos en el fin de los tiempos», que por datos estamos en un momento no sé si del fin de los tiempos en los términos que lo conceptualizamos, pero sí en un momento de transformación brutal. A mí me gusta mucho lo que plantea Lizzie Wade, que parte desde una perspectiva arqueológica y dice que para que haya un apocalipsis no basta con una gran catástrofe, no basta con la destrucción de ciudades, de formas de vida y de más, sino que esta destrucción tiene que ser relativamente rápida y tiene que provocar una transformación simbólica en la autopercepción de una comunidad sobre sus formas de vida.

Hay una destrucción y cambios bastante rápidos para que simbólicamente nos planteemos que nos encontramos en una situación de fin de los tiempos

Creo que sí que nos encontramos en una situación apocalíptica en el sentido que la describe Wade, es decir, está habiendo una destrucción y cambios suficientemente rápidos para que simbólicamente todo el mundo hoy nos planteemos que nos encontramos en esta situación de fin de los tiempos o de cambio de época. Para mí lo importante es ver que en estas fantasías colapsistas esto está asociado a esta dimensión más antropológica, que es lo que lo hace muy atractivo para las series, las películas o los relatos. Caer en un pesimismo antropológico y pensar que a la mínima que haya una falla en la cadena de distribución de alimentos y que no haya papel de váter en los supermercados habrá una guerra de todos contra todos y una lucha. Esta idea de cómo que a la mínima que fallen las instituciones sociales y las dinámicas de mercados a las que estamos acostumbrados habrá una guerra brutal en la que se impondrá el egoísmo de todos contra los demás.

Creo que sí que nos encontramos en una situación apocalíptica en el sentido que la describe Wade, es decir, está habiendo una destrucción y cambios suficientemente rápidos para que simbólicamente todo el mundo hoy nos planteemos que nos encontramos en esta situación de fin de los tiempos o de cambio de época. Para mí lo importante es ver que en estas fantasías colapsistas esto está asociado a esta dimensión más antropológica, que es lo que lo hace muy atractivo para las series, las películas o los relatos. Caer en un pesimismo antropológico y pensar que a la mínima que haya una falla en la cadena de distribución de alimentos y que no haya papel de váter en los supermercados habrá una guerra de todos contra todos y una lucha. Esta idea de cómo que a la mínima que fallen las instituciones sociales y las dinámicas de mercados a las que estamos acostumbrados habrá una guerra brutal en la que se impondrá el egoísmo de todos contra los demás.

Creo que sí que nos encontramos en una situación apocalíptica en el sentido que la describe Wade, es decir, está habiendo una destrucción y cambios suficientemente rápidos para que simbólicamente todo el mundo hoy nos planteemos que nos encontramos en esta situación de fin de los tiempos o de cambio de época. Para mí lo importante es ver que en estas fantasías colapsistas esto está asociado a esta dimensión más antropológica, que es lo que lo hace muy atractivo para las series, las películas o los relatos. Caer en un pesimismo antropológico y pensar que a la mínima que haya una falla en la cadena de distribución de alimentos y que no haya papel de váter en los supermercados habrá una guerra de todos contra todos y una lucha. Esta idea de cómo que a la mínima que fallen las instituciones sociales y las dinámicas de mercados a las que estamos acostumbrados habrá una guerra brutal en la que se impondrá el egoísmo de todos contra los demás.

P. Unos relatos, por otra parte, que benefician mucho a las tesis de la extrema derecha.

R. Efectivamente, porque básicamente lo que esto acaba propiciando es que si antropológicamente asumimos que somos egoístas por naturaleza y que el hombre es un lobo para el hombre, la consecuencia es que si el colapso o cualquier forma de crisis ecosocial se tiene que transformar en esta guerra, lo que tenemos que hacer es empezar a prepararnos para el momento del colapso. Y aquí es donde entran las tesis de la extrema derecha y donde vemos estas narrativas survivalistas o preparacionistas, con las que consideran que te tienes que entrenar mucho físicamente, en plan cryptobro, también está la parte de criptomonedas, que es como ante una posible caída de los mercados y de las instituciones tradicionales tenemos que ir a las cadenas propias, y también el hecho de llevar esas mochilas de 70 litros con las navajas, el DNI plastificado, la tienda de campaña y todo lo que necesitarás para sobrevivir en caso de que haya un gran apagón o una falta de recursos.

​Para mí esto es muy grave porque estas cuestiones ligadas a una narrativa preparacionista ya no son tan de nicho y, por ejemplo, cada vez ves más estas mochilas y, casi siempre, los que las llevan van con símbolos fascistas. Me parece muy interesante que haya esta unión casi entre el preparacionismo y la extrema derecha porque esto se traslada a políticas públicas a través de los partidos de extrema derecha y los que no lo son. Este imaginario colapsista va más allá de ellos, y hace un año o poco más la Unió Europea recomendaba que hiciéramos kits de supervivencia.

El discurso de refuerzo de fronteras tanto en Europa como en los Estados Unidos es una política preparacionista

Haciendo un análisis un poco a lo basto de la situación geopolítica que tenemos ahora, con los bombardeos en Irán y todo lo que está haciendo de política exterior Estados Unidos, se puede entender en esta clave de la nación que debe prepararse para asegurarse los recursos en un mundo en el que habrá escasez de petróleo y habrá una escasez energética fuerte. E, incluso, esta protección se traslada en tesis de defensa de de la población blanca en clave supremacista. Todo el discurso de refuerzo de fronteras tanto en Europa como en Estados Unidos, allí con las actuaciones de la ICE y las deportaciones masivas, también es una política preparacionista de si vamos hacia un mundo que colapsa, necesitamos vivir en esta fortaleza, en este Estado búnker para defendernos de los invasores.

P. Seguramente los casos más extremos de este preparacionismo serían los proyectos de búnkeres para megamillonarios o las huidas hacia el espacio también de este colectivo, que al final numéricamente son muy pocos y, en buena parte, responsables directos de las crisis sistémicas que sufrimos.

R. Sí, sí, totalmente. Me parece muy interesante lo que dice un autor como Ben Ware, que plantea que ante estos relatos colapsistas se genera una doble actitud, que he intentado reseguir en el libro. Si el miedo que tienes es que en dos días o en quince fallen todas las cadenas de distribución y al final no te acabe llegando agua potable a casa, no haya medicamentos en los hospitales, etc, y que todo el mundo esté compitiendo por ello, es decir, si has comprado el relato del colapso o acabas con la pasividad nihilista y, por tanto, como el mundo se tiene que ir a la mierda pues hedonismo puro y nos entregamos a lo que quede y venga a quemar fósiles hasta que no quede mañana; o acabas con la hiperactividad narcisista, que es la que encontramos en esta doble vía de los escapistas. Ya sea o nos vamos a un búnker o todas las ideas de Elon Musk y compañía con esta voluntad de ir a construir a Marte lo que no has querido en la Tierra.

Si has comprado el relato del colapso, acabas con la pasividad nihilista o con la hiperactividad narcisista

P. En un momento escribe que «el cierre imaginativo en torno al colapso ha limitado salvajemente las maneras de acercarnos al futuro». Es decir, que ensanchar este imaginario de futuro es un paso imprescindible para actuar y para generar unas respuestas colectivas a la situación actual.

R. Sí, completamente, por eso el título del libro. Y por eso vuelvo a esta frase tan repetida y tan pesada de «es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo». Pero al final, Fredric Jameson, en el origen la cita, no defiende la frase, sino que tras analizarla y dar muchas vueltas lo que dice es que quizás lo que tenemos que hacer es plantearnos cómo llegar al fin del capitalismo a través del relato sobre el fin del mundo. Y es aquí donde le interesa la lógica apocalíptica porque tiene ese juego dialéctico entre una destrucción o un cambio de un modelo social. Y a mí me interesaba ver como sin renunciar a este horizonte escatológico y sin dejar de pensar estas problemáticas reales de la policrisis [que tenemos], se podían empezar a generar relatos que no solo fueran esperanzados, sino que aprovecharan este momento de transición y de complejidad.

P. Ligado a esto, en un momento del libro cita a Rebecca Solnit que defiende que la acción está determinada por la visión. Es decir, que nuestra manera de ver el mundo determina lo que podemos hacer y, por tanto, si no ofreces un relato esperanzador que plantee un futuro diferente difícilmente actuarás.

R. Totalmente, pero es verdad que después de que Mark Fisher publicara el libro Realismo capitalista y se empezara a discutir sobre ello, han empezado a aparecer muchos pensadores en los últimos 10-15 años que sí hacen un ejercicio de imaginación proyectiva de cómo pueden ser estos escenarios diferentes. Por ejemplo, es muy interesante la propuesta del comunismo de lujo completamente automatizado. Es un poco una locura porque parte de asumir la base más radical del pensamiento capitalista de un Elon Musk y asumir que por la ley de Moore habrá un crecimiento exponencial en el desarrollo de las tecnologías y eso nos permitirá en el lapso de 15 o 20 años llegar a un estado de abundancia total. Hasta el punto de que podremos crear carne sintética y, por tanto, podremos dejar de matar animales y seguir comiendo toda la carne que queramos, o que podremos tener un sistema energético 100% renovable y seguir gastando y consumiendo la misma cuota de energía habiendo renunciado a las energías fósiles. Es una propuesta muy interesante y muy discutible, pero que al mismo tiempo nos confronta con esa necesaria imaginación de futuros que no se rijan por las lógicas del presente.

O lo mismo, por ejemplo, con el socialismo de medio planeta, que propone que se necesita renaturalizar medio planeta y, por tanto, los humanos tenemos que habitar sólo en la mitad del planeta. Y que en esa mitad haya una reducción muy grande del consumo de energía, que se repartirá por cuotas y será sólo de origen renovable, que toda la sociedad adoptará una dieta vegana, y a partir de ahí habrá un sistema de planificación socialista que repartirá los trabajos. Para mí, estas eran como las primeras propuestas para salir un poco de los debates que estaban ya un poco entroncados sobre el decrecimiento y muy encarados en la idea de colapso.

Solnit nos invita a transformar nuestra visión sobre el presente y darnos cuenta de que hay cosas que ya están cambiando

R. Estas propuestas encajarían perfectamente en la idea de cambiar la visión para cambiar la acción, pero en la medida que eran proyecciones utópicas de una transformación tan total lo que me parece interesante de Solnit es que en su libro no mira como utopías de transformación a muy largo plazo, sino que nos invita a transformar nuestra visión sobre el presente y darnos cuenta de que hay cosas que ya están cambiando. Mirando los movimientos sociales, desde los años 70 hasta la actualidad, lo que hace es ver cosas que en su momento percibimos, dice ella, como un éxito sin victoria. Como, por ejemplo, que no hemos conseguido acabar con el cambio climático construyendo un huerto urbano, pero de golpe lo que podía parecer solo para una pequeña comunidad autogestionada empieza a ser una política urbana adoptada por ayuntamientos y por instituciones más amplias. Podríamos pensar lo mismo con los refugios climáticos. O podemos ir escalándolo en propuestas más generales, por ejemplo, a mí la de superilla me parece muy clara, porque en Barcelona la tenemos muy presente, pero lo mismo se ha estado haciendo en parte en Nueva York, y en parte pasó con la ciudad de los 15 minutos en Francia.

Y la reticencia y el rechazo que ha habido por parte de sectores de la derecha y de la extrema derecha a estas políticas, con el argumento de que puedas ir donde quieras con tu vehículo privado de gasolina, no es solo una batalla urbanística o de ciudad, es una batalla por el modelo. Porque cuestionas la esencia misma de la cosmovisión de la extrema derecha según la cual tú tienes derecho a tus cosas, a tu propiedad, a tu acceso,… El modelo de las transformaciones urbanísticas me parece muy evidente, pero hay muchos otros que se han propuesto, por ejemplo, en el campo de la vivienda.

P. Seguramente mucha gente que lea el libro se sorprenderá de que la tesis que defiende es que el apocalipsis «no es la narración cataclísmica de una destrucción total, sino una historia de transformación radical». Por lo tanto un «tiempo de ruptura, una puerta abierta al cielo que nos narra otros futuros posibles». ¿Por dónde pasarían estos futuros?

R. Primero, las cosas que ya tenemos sobre la mesa o que ya se están haciendo y que se pueden hacer a una escala mucho mayor. Y después transformaciones en clave de la vivienda o, por ejemplo, este momento geopolítico que nos encontramos con la subida del precio del petróleo, hace que de golpe tengas otra mirada hacia la transición energética y que esté mucho más politizada de lo que lo había sido antes. Para mí, de golpe, la transformación energética ya no pasa a ser solo cambiar tu coche por un Tesla, por así decirlo, y esa idea de la descarbonización sin intentar cambiar la sociedad, sin que cambie nada, sino entender que la batalla por la transformación energética es una transformación por el modelo. Y que la apuesta por las renovables y por las energías limpias es una apuesta antifascista de una forma muy evidente.

​En la vivienda, propuestas como las que ya estamos viendo de cooperativas de viviendas me parecen muy interesante. Pero autoras como Helen Hester van más allá, y en el libro Contra el realismo doméstico, plantea que empecemos a reflexionar sobre las nuevas formas de construcción de viviendas y, por ejemplo, si tiene sentido que en un edificio de ocho plantas y cuatro pisos por planta todo el mundo tenga una cocina o tenga una lavadora. ¿Por qué no vamos hacia cantinas públicas o hacia supermercados públicos donde la distribución de los alimentos sea de productos de proximidad?

De repente, la transformación energética es una batalla para cambiar el modelo y una apuesta antifascista

Creo que esta transformación, esta transición hacia la sociedad postcapitalista, debe darse en estas instituciones que estén a medio camino entre lo que hasta ahora ha sido el mercado y lo que entendemos por espacio público. Un nuevo modelo que no debemos imaginar como este comunismo completamente automatizado, sino como una idea de lujo público que no sea una idea tan futurista, sino que esté mucho más arraigado. El ejemplo más evidente de lujo público que tenemos y al que nos hemos acostumbrado y no reflexionamos mucho sobre ello son las bibliotecas. Tienes acceso a prácticamente todo, puedes estar en ellas sin que nadie te diga nada, es de las instituciones que mejor refleja la diversidad social, es un lugar de estancia, de juego,… Si el modelo de las bibliotecas de lujo público lo podemos trasladar a supermercados públicos, a cantinas públicas, a lavaderos, a otros modelos de organizar los cuidados y el trabajo productivo y reproductivo, creo que aquí hay un poco esta clave de transformación urbana e, incluso, de la relación entre lo urbano y lo no urbano donde para mí pasa la imaginación de estos nuevos futuros.

P. Estos futuros tienen un vínculo con los relatos colapsistas hechos desde las tesis del decrecimiento, en el sentido de defender la necesidad de romper con el actual modelo económico.

R. Para mí es clave. Cuando cuestiono los relatos colapsistas no es porque no exista la necesidad de ese cambio, sino precisamente porque creo que lo que debe hacer el cambio de relato es marcar las formas de creación de esa agencia colectiva o esa agencia política. Si partimos de un relato completamente colapsista es mucho más fácil que tendamos hacia soluciones hiperindividualistas o preparacionistas como decíamos. O, incluso, hacia propuestas como el comunismo del desastre, a partir de modelos de decrecimiento basados en el colapso. O la idea casi pseudoanarquista de pensar que una vez caigan las instituciones solo en comunidades pequeñas y ruralizadas podremos encontrar la solución a este momento de colapso.

Si partimos de un relato completamente colapsista es mucho más fácil que tendamos hacia soluciones hiperindividualistas o preparacionistas

Y, por ejemplo, una de las cosas que puede ser más problemáticas de la tesis del libro es que creo que la solución debe ser urbana o en gran parte debe pasar por lo urbano, que es donde vive la mayoría de la población. Si no queremos acabar adoptando las teorías problemáticas que si la gran sustitución o las tesis lamarckistas y eugenésicas, creo que nos tenemos que replantear cómo vivimos en estas ciudades, cómo consumimos y cómo nos organizamos en general a nivel de transporte público.

P. ¿Entiendo que con el planteamiento de soluciones ya existentes y, por tanto, que se ven posibles, también quiere buscar que el relato sea más atractivo para gran parte de la población, lo que facilitaría la movilización?

R. Bueno, es que justamente creo que, además de atractivo, tiene que dar motivos y tiene que facilitar esta movilización. Por eso cuando vuelvo al apocalipsis bíblico lo hago no solo por una cierta fascinación, sino porque, aunque no lo hayamos leído, todos tenemos en la cabeza unas imágenes que movilizan una imaginación y lo que busco es despertar un poco esa imaginación, llevándolo mucho a lo que fue durante tiempo su lectura. No tanto en el momento de su escritura, cuando era muy difícil que por sí solas aquellas iglesias cristianas se rebelaran contra el imperio, pero sí en movimientos que van desde el siglo V hasta el XV. Lejos de lo que pensamos hoy por los memes tipo «el milenarismo va a llegar», los movimientos milenaristas no son sectas de locos, sino que utilizan el carácter profético o las promesas de este mundo mejor [del apocalipsis], no como una forma de abandonar la acción, porque ya llegará en otra en otra vida, sino para movilizarse y buscar alianzas entre sectores depauperados ante la injusticia presente.

La extrema derecha ve los relatos apocalípticos como un peligro porque son capaces de generar movilización y alianzas entre diferentes sectores

Hay muchos movimientos que terminan en grandes revueltas campesinas y en un cuestionamiento muy fuerte de las autoridades feudales o de una burguesía incipiente. Y son movimientos que, de hecho, llegan hasta el siglo XVIII-XIX con movimientos anticoloniales. Y justamente la extrema derecha ve los relatos apocalípticos como un peligro porque son capaces de generar esta movilización, esta concentración de las agencias colectivas. Porque percibir el fin del mundo como una posibilidad real pero al mismo tiempo como la posibilidad de un mundo mejor, es lo que puede acabar generando estas alianzas entre diferentes sectores, de clases bajas, clases depauperadas, sectores industriales, etc.

P. En cierto modo esta defensa de la organización y la necesidad de una respuesta colectiva une, o así lo interpreto yo, Imaginar el fin, con su anterior libro, No seas tú mismo, cuando apostaba por buscar soluciones políticas y, por tanto, colectivas a los malestares generalizados de la sociedad.

R. Sí, para mí es claramente como esta evolución, incluso en la idea del doomer que también es una línea que conecta bastante. Al final, No seas tú mismo cuestionaba un poco que los problemas que sufrían los jóvenes hoy fueran generacionales. De lo que hablaba era de la emergencia de unos nuevos problemas, como por ejemplo el relacionado con el capitalismo de plataformas, que de acuerdo lo vemos muy acentuado en los millenials y un poco en los zetas, pero eso no quiere decir que esa misma cancelación del futuro que vemos no afecte a las otras generaciones o que el capitalismo de plataformas no afecte a todo el mundo. Si miramos Airbnb y lo que está generando en la ciudad pues sí, los jóvenes tenemos problemas de vivienda, pero es una afectación muy intergeneracional.

​Lo que hago ahora es ir un poco más allá y ver como muchos de estos problemas en la situación presente han rebasado incluso las estructuras políticas clásicas y, por tanto, los problemas ya no se pueden enmarcar solo en el contexto más o menos estrecho de este neoliberalismo. Sino que muchas de las tesis que ya se han convertido en una realidad política evidente, como las de la ilustración oscura que han influido muchísimo en políticos como J.D. Vance y la administración Trump o en tecnomillonarios tipo Elon Musk o Peter Thiel, van directamente en contra de la democracia. Buscan la imposición de unos dictadores CEO que rijan los Estados como si fueran empresas, gobiernos corporativistas que en la práctica ya los estamos viendo. Cuando los servicios de defensa se hacen a través de los programas de Peter Thiel y Palantir pues estamos viendo como ya se está produciendo esto.

​Por lo tanto, creo que el tipo de amenaza que tenemos hoy es tan grande o es sustantivamente capaz de amenazar la situación existencial del presente que me parecía importante volver a pensar la relación entre política y escatología. Al igual que en el pasado había sucedido, por ejemplo, con la cuestión nuclear, y que había llevado a Susan Sontag o a Günther Anders considerar durante la época de la Guerra Fría que había como una transformación filosófica de las herramientas políticas mediante las cuales teníamos que enfrentar los problemas que vivíamos.

P. Es decir, ¿hay una especie de salto de escala en los objetivos de esta tecnomillonarios que van más allá de los meramente económicos?

R. Creo que con el crecimiento de la inteligencia artificial estamos en un momento de toda una transformación tecnológica de este capitalismo de plataformas, que ha ido más allá. Ya no se rige por esta falsa idea del libre mercado y del neoliberalismo, con la libre competencia de empresas, si no que estamos en un escenario monopólico. Y, además, lo que hace es pensar al Estado como una de las armas principales para transformar el mundo y asegurar la emergencia de un mundo diferente en clave neoconservadora. De hecho, Ben Tarnoff y Quin Slobodian acaban de publicar un libro que se llama Muskism, donde dicen que olvidémonos de decir que son neoliberales o que son anarcocapitalistas. Tienen una lógica de totalitarismo tecnológico a través del Estado, que es también lo que plantea Donatella Di Cesare en su libro Tecnofascismo.

Los tecnomillonarios como Elon Musk tienen una lógica de totalitarismo tecnológico a través del Estado

Me parece muy interesante dejar de pensar en ellos como millonarios capitalistas que lo que hacen es querer ganar dinero, que sí lo quieren ganar, pero que el modelo que tienen detrás es una ideología de Estado totalitario. Por lo tanto, ya no es solo pensar el capitalismo de plataformas por cómo genera esta individualidad, sino que tenemos que ir a mirar las empresas y cómo funcionan estas plataformas y las soluciones políticas que tenemos que traer no son «yo me desconecto, me borro las redes sociales y vivo offline». Cuando Palantir está armando el ejército de Estados Unidos, da igual que tú no tengas Meta o Instagram.

P. Ya para terminar, a pesar del contexto de policrisis, o precisamente por eso, no sé si a la vez tiene la sensación de que hay un embrión de una cierta revuelta ciudadana a través de la movilización popular, sobre todo en el ámbito de la vivienda, en el que no sólo se cuestiona el modelo dominante, sino que también se plantean alternativas y horizontes diferentes.

R. Sí y me parece fundamental porque, además, creo que una de las grandes victorias del Sindicat de Llogateres ha sido precisamente la de transformación del relato, porque los problemas de la vivienda a día de hoy son sensiblemente diferentes de los que había post crisis del ladrillo en 2008. Desde el principio, el Sindicat de Llogateres ha sido capaz de trazar mediáticamente y explicar también socialmente a todo el mundo que hay la emergencia de una nueva clase rentista. Y que se trata de un problema que va más allá de las decisiones individuales que hacemos nosotros al comprarnos una casa o al asumir un alquiler más o menos caro, sino que los desahucios que se están produciendo responden a unas lógicas que son completamente especulativas y que no tienen que ver con la relación que debe tener supuestamente una vivienda para asegurar un derecho, sino que se acaban convirtiendo en bienes de consumo. Y, por tanto, puede generar esta movilización social porque el relato que marca dirige mucho hacia dónde va la acción.

Una de las grandes victorias del Sindicat de Llogateres ha sido la de transformación del relato sobre vivienda

Si defiendo algo en el libro es que debemos cambiar los relatos para que en otras luchas que son prioritarias para nuestra supervivencia, como la emergencia climática, la defensa de un modelo de ciudad, de un modelo de instituciones públicas muy concreto o de un modelo de transición de energías renovables, entre otras, también se produzcan cambios de marcos que sean capaces de generar esas agencias colectivas que vayan destinadas a una confrontación política amplia. Y no a una lógica que puede acabar muchas veces en una división más dentro de la propia izquierda, de si tenemos que tender más hacia un modelo de decrecimiento, cuando menos renovables, si las tenemos que poner aquí o allá. Debemos tender más hacia esta repolitización de las propias herramientas para hacer un frente amplio.

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Científicos cuestionan el dogma del capitalismo: es posible «un alto grado de bienestar» sin crecimiento económico

Por: Arturo

Reproducción de grafitii de Banksy. Estamos todos en el mismo boteReproducción de grafitii de Banksy. Estamos todos en el mismo bote

Fotografía: Reproducción de grafiti de Banksy. Estamos todos en el mismo bote.

Adhik Arrilucea. Publicado originalmente en Público

Un estudio liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona muestra que el desarrollo perpetuo no es necesario si se prioriza la redistribución de la riqueza y la producción de los recursos esenciales.

El crecimiento económico y el desarrollo sostenible son el compás de las sociedades occidentales que buscan mantener sus tendencias al alza de acumulación de recursos y riqueza. Pero este no es el único paradigma que existe. De un tiempo a esta parte, se han popularizado nuevas formas de imaginar otros mundos posibles. Así, los movimientos sociales, la ciencia y la filosofía han desplegado la investigación sobre el decrecimiento. Al contrario de las políticas actuales, este enfoque atiende a los límites del planeta y defiende que, mediante una redistribución justa, es posible vivir de manera digna y con todas nuestras necesidades cubiertas sin incrementar la producción.

Estas teorías y enfoques no son nuevas. En noviembre de 2023, la propia Letizia Ortiz llegó a citar a ecólogos como el científico del CSIC Antonio Turiel. Así, reconoció el desarrollo de ideas, según las cuales «desarrollo y sostenible ya no pueden ser algo [que vayan juntos]». Lo hizo durante el XVI Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, al que le acompañaba, entre otras figuras, el entonces ministro para la Transformación DigitalJosé Luis Escrivá. Este replicó, no obstante, que los postulados decrecentistas «parecen de una debilidad de fundamentos extrema». No obstante, los expertos han continuado el desarrollo de un andamiaje teórico en esta línea capaz de analizar la realidad de la crisis climática en todas sus vertientes.

Un nuevo estudio liderado por científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) plantea cómo alcanzar «un alto bienestar» y un clima seguro sin crecimiento económico. El trabajo, publicado en Nature Climate Change, es una perspectiva. Es decir, no se trata de un caso de estudio al uso, donde se investiga una cuestión específica –a la que se aplica una metodología para obtener unos resultados de los que extraen unas conclusiones–. No obstante, pasa por el mismo mecanismo de revisión que los artículos habituales.

¿Qué es el decrecimiento?

Esta perspectiva establece los principios para modelizar escenarios de poscrecimiento. «El poscrecimiento es un término paraguas que engloba un conjunto de enfoques que priorizan la sostenibilidad ambiental, la equidad social y el bienestar humano por encima de la búsqueda perpetua del crecimiento económico», define en declaraciones a Público Aljoša Slameršak, autor principal del estudio e investigador del ICTA-UAB. Dentro de dicho paraguas, incluye el concepto del decrecimiento. Este «se refiere a la reducción planificada y equitativa de aquellas actividades económicas que son ecológicamente destructivas o que no contribuyen al bienestar humano».

La investigación argumenta que «el crecimiento incrementa la demanda de energía, tierra y uso de materiales. Esto resulta particularmente problemático en el caso de las economías de altos ingresos y las personas adineradas, que ya tienen niveles de uso de energía y materiales muy superiores a los necesarios para el bienestar«. Por el contrario, Slameršak apunta que el decrecimiento busca «disminuir la presión ecológica y liberar recursos actualmente destinados para el consumo excesivo, para garantizar condiciones de vida dignas para todos«.

La investigación identifica cinco principios fundamentales del poscrecimiento: bienestar, suficiencia, reducción de las desigualdades, reorientación de la economía y convergencia norte-sur. Según el autor principal, todos estos criterios vertebradores son indisociables entre ellos. «No se puede, por ejemplo, tener una economía que proporcione altos niveles de bienestar mientras se mantienen la sobreproducción y el despilfarro entre los ricos, ya que esto inevitablemente llevará a superar los límites planetarios». En la misma línea, sospecha de las «perspectivas de una vida buena para la mayoría mientras persistan las enormes desigualdades dentro de las sociedades y las relaciones económicas imperiales entre los países del norte y el sur global».

El artículo identifica varios mecanismos clave de la transición al poscrecimiento. «El poscrecimiento implica redistribuir y reestructurar la economía para proporcionar lo esencial, que garantice un nivel de vida digno para todas las personas, manteniendo el consumo adicional no esencial dentro de niveles compatibles con los límites planetarios. Esto exige reducir sustancialmente las desigualdades actuales», comenta en un comunicado el coautor Joel Millward-Hopkins, de la Universidad de Lausana.

¿Un escenario realmente posible?

Los científicos señalan que el incremento de la producción y el consumo hace más difícil la mitigación del cambio climático. No obstante, no es este un esquema mental extendido en la población, ni tampoco en el propio Gobierno, que defiende el desarrollo sostenible. Durante la primera sesión del G20 el pasado noviembre, Pedro Sánchez declaró que «el desarrollo inclusivo y sostenible es imposible sin paz«. Unos meses antes, en junio, aseveró en la apertura del Business Forum que «no es posible el desarrollo sostenible sin una participación mucho más decidida de las empresas». No obstante, ¿es posible cambiar las políticas actuales hacia el decrecimiento? ¿De veras se puede vivir bien sin este crecimiento?

Slameršak cuestiona la premisa de este planteamiento. «No creo que todas las clases sociales hayan tenido la misma experiencia de crecimiento económico», valora. Menciona que el profesorado catalán, por ejemplo «ha perdido efectivamente un 25% de su poder adquisitivo en la última década«. Si bien reconoce que ha habido un desarrollo económico desde la crisis financiera de 2008, «este crecimiento no ha seguido el ‘efecto goteo’ hacia todas las clases sociales. De hecho, gran parte del crecimiento que vemos hoy en día se sostiene, podría argumentarse, mediante la presión sobre las clases pobres y medias por parte de las clases rentistas y los ricos», abunda.

El investigador del ICTA-UAB considera «crucial» poner en cuestionamiento «la idea de que la calidad de vida depende del crecimiento». Indica así que esta noción se aleja del «sentido común» de la mayoría de las sociedades a lo largo de la historia, que tenían otros modos de producción y de organizar la vida. «Lo que se necesita para una vida buena, desde el punto de vista económico, es la satisfacción de las necesidades materiales básicas», defiende. «No es necesario ampliar el tamaño del piso sin fin, comer más alimentos o trabajar más horas cada año para ser feliz».

Una redistribución basada en la justicia social

El cuestionamiento al efecto goteo del crecimiento económico no es baladí, ni tampoco solo una opinión. El periodista de Público Jorge Otero recordaba un informe de la ONG Oxfam Intermón publicado en eneroEste denunciaba la «concentración extrema de la riqueza en el mundo». En su informe anual sobre el reparto de la riqueza, la ONG señaló que 2025 fue «un año histórico para el capital». De acuerdo con sus datos, un reducido grupo de 3.000 personas en todo el mundo acapara casi 18,3 billones de euros mientras «la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza con menos de 8,3 dólares al día».

El pasado mes de febrero The Wall Streel Journal publicaba un artículo titulado El gran dinero de la economía actual va al capital, no al trabajoLa pieza demuestra que la brecha de la desigualdad entre trabajadores y empresarios se ensancha año tras año. De acuerdo con los datos aportados por el diario económico, los salarios de la clase trabajadora en todo el mundo han pasado de representar el 58% de la riqueza global en 1980 a algo más del 51% ahora. En cambio, las empresas se quedan con una parte cada vez mayor de esa riqueza: ha pasado del 7 al 12%. 

El estudio publicado en Nature Climate Change señala que los escenarios actuales de poscrecimiento y decrecimiento no aplican de manera coherente los principios fundamentales de una transición al poscrecimiento, lo que deja sin explorar buena parte de su potencial. En muchos casos, estos escenarios actuales se limitan a proyectar un estancamiento o una caída del PIB, sin transformar la producción ni la distribución.

¿A qué debemos renunciar?

«Nuestra investigación muestra que la mayoría de los países de altos ingresos, y en este grupo incluyo el estado español, en términos agregados, ya poseen y producen lo suficiente para proporcionar una vida digna a todos sus ciudadanos. El problema es que el acceso a estos recursos está mediado por una propiedad y un poder adquisitivo escandalosamente desiguales«, expresa el científico del ICTA-UAB. ¿Significa eso que no debemos renunciar a nada? Para el autor principal, lo principal de lo que nos debemos deshacer es «la posibilidad de acumulación ilimitada de poder y recursos por parte de una minoría».

Las clases medias y bajas no deberán renunciar «al acceso a bienes y servicios económicos esenciales». «A lo que debemos renunciar colectivamente es a un sistema económico construido sobre la extracción, la desigualdad y el desperdicio«, insiste. De este modo, el autor espera su estudio sirva para crear «imaginarios esperanzadores» en un contexto donde las ideas del crecimiento sostenible están tan arraigadas. «Al desarrollar escenarios rigurosos y demostrar que un futuro con alto bienestar y bajo crecimiento es materialmente posible, podemos ayudar a contrarrestar la narrativa de que «no hay alternativa» al modelo actual».

Adhik Arrilucea

Periodista de ciencia y medio ambiente en ‘Público’. Investigador predoctoral en la UC3M, está especializado en Teoría y Crítica de la Cultura. Con formación en Periodismo, Humanidades y Ciencias Políticas, cuenta con experiencia en comunicación científica en la Agencia SINC e institucional en el Ministerio de Industria. Es autor de una investigación académica sobre la cobertura mediática de los movimientos ecologistas y la crisis climática.

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Libro El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie (resumen)

Por: Pepe Galindo

Un libro escrito por una científica y divulgadora de la Universidad de Oxford que tiene por bandera el optimismo y los datos (Anagrama, 2025). Se aleja del catastrofismo ecologista casi tanto como del negacionismo climático; y afirma que «aceptar la derrota ante el cambio climático es una postura indefendiblemente egoísta».

Hannah Ritchie aclara que su optimismo es «condicional» (i.e., condicionado a actuar adecuadamente); que es diferente a un «optimismo ciego» que confía sin promover la acción organizada. Su objetivo es conseguir que seamos la primera generación que logre alcanzar la sostenibilidad completa en los dos sentidos que recoge la definición de la ONU: satisfacer las necesidades de las generaciones actuales; y hacerlo sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Con respecto al primer aspecto, Ritchie opina que falta mucho por hacer aunque, al menos, se ha avanzado una barbaridad en aspectos tales como: la mortalidad infantil y materna, la esperanza de vida, el hambre y la malnutrición, el acceso a recursos básicos (agua, energía…), la educación y la pobreza extrema.

Por supuesto, estos avances en la calidad de vida global también «han tenido un enorme coste medioambiental», lo cual ha empeorado de forma colosal el segundo requisito de la sostenibilidad. Para equilibrar la situación, el libro examina en detalle siete problemas medioambientales y sus interconexiones entre sí.

Antes de examinar esos siete problemas, Ritchie se distancia de dos soluciones típicas del ecologismo: despoblación y decrecimiento. La primera consiste en reducir el tamaño de la población y Ritchie afirma que realmente esa no es una alternativa, primero porque la población ya se está frenando a nivel mundial y, segundo, porque es muy complicado hacerlo de forma ética. Apunta a que más impacto que la superpoblación lo generan los estilos de vida (especialmente de los millonarios), lo cual podría estar afectado por la segunda solución que Ritchie rechaza, el decrecimiento, entendido como un retroceso o empobrecimiento. Para ella, la pobreza no implica mayor sostenibilidad, por supuesto, si consideramos los dos pilares de la sostenibilidad anteriormente indicados. En el libro, ella matiza que es cuestionable el crecimiento en los países ricos, pero que para acabar con la pobreza se necesita un crecimiento económico global. Para ella, no vale cualquier crecimiento y afirma —igual que cualquier decrecentista— que sería necesario crecer en algunos sectores y tecnologías y decrecer en otras. Tal vez, la promesa más impactante del libro es que dice demostrar que podemos reducir el impacto ambiental y, a la vez, mejorar la situación económica.

1. Contaminación atmosférica

Aunque no se suela decir, la contaminación atmosférica es «una de las principales causas de mortalidad en el mundo». Las cifras de fallecidos por esta causa son similares a las muertes por tabaquismo; seis o siete veces mayores que los muertos en accidentes de tráfico; y superan en cientos de veces la cifra de vidas perdidas por terrorismo o por guerras. Cada año, la mala calidad del aire suele ser quinientas veces más mortífera que todas las catástrofes «naturales» juntas.

La buena noticia es que se está reduciendo este tipo de contaminación, especialmente en las ciudades, lo cual baja las tasas de mortalidad. Es preciso tomar medidas locales y globales. Usemos como inspiración el Protocolo de Montreal para eliminar las sustancias químicas que degradaban la capa de ozono, un problema de cuya gravedad advirtió incluso Carl Sagan. En 1987 fue firmado por 43 países; y en 2009 se convirtió en el primer convenio internacional que logró la ratificación universal de todos los países del mundo. Un ejemplo que demuestra que hacer caso a la ciencia tiene resultados positivos.

A escala global, la mayor fuente de contaminación es quemar madera o carbón, incluyendo aquí las quemas agrícolas. Luego está la polución por actividades agropecuarias, principalmente por culpa de la ganadería y por los fertilizantes. Después viene la quema de combustibles fósiles para producir electricidad. Luego, diversas industrias (textiles, químicas, metalúrgicas…), seguidas del transporte de personas y mercancías.

Resumen del libro "21 lecciones para el siglo XXI" de Harari. En nuestro blog también encontrarás el resumen de su libro "Sapiens"
Lee también un resumen de este libro de Yuval N. Harari.

♦ Las soluciones propuestas pueden parecer caras, pero son muy baratas si las comparamos con los cientos de millones en gastos por no solucionar el problema:

  1. Lo más urgente es «dejar de quemar cosas» y, cuando no sea posible, capturar las partículas de la combustión.
  2. Detener las quemas agrícolas por ser una inmensa fuente de contaminación estacional fácil de evitar haciendo compost, triturando, etc.
  3. Conseguir combustibles limpios para cocinar y calentarse. La leña puede ser muy natural, pero es la forma más contaminante de conseguir calor. Provoca múltiples enfermedades por respirar el humo.
  4. Eliminar el azufre de los combustibles fósiles. Es tan simple como poner filtros en las chimeneas.
  5. Transporte más limpio. Los vehículos eléctricos contaminan menos, pero no son parte de la solución porque siguen siendo origen de multitud de emisiones. Por supuesto, la aviación es muchísimo peor.
  6. Transporte sostenible: caminar, ir en bicicleta o en transporte público.
  7. Abandonar combustibles fósiles, en favor de las renovables y de la energía nuclear. Ritchie es contraria a debatir entre renovables y nuclear porque, para ella, lo importante es que son energías con bajas emisiones de CO2. No tiene en cuenta el problema de los residuos radiactivos, ni el riesgo de atentados terroristas, ni el hecho de que las nucleares no sean rentables sin subvenciones de dinero público.

2. Cambio Climático

«Un mundo 6 ºC más caliente que el actual sería devastador», nos advierte la autora. Tras comentar algunas de las consecuencias del calentamiento global, afirma que «si cada país cumpliera realmente sus compromisos climáticos, llegaríamos a los 2,1 ºC en 2100», lo cual sería una gran noticia, aunque podría ser mejor.

Hannah Ritchie asegura que «las tecnologías bajas en carbono resultan cada vez más competitivas» y «los líderes mundiales se han vuelto más optimistas». Ahora tenemos infraestructuras mejor preparadas, podemos predecir eventos climáticos extremos, organizar evacuaciones, existen redes internacionales de apoyo, etc. En definitiva, estamos mejor preparados que en el pasado y sabemos cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono, porque hay solo dos fuentes principales: «la quema de combustibles fósiles y el cambio en el uso de la tierra» (deforestación).

La situación actual es que «las emisiones totales siguen aumentando, pero las emisiones per cápita han tocado techo». Ese dato es utilizado por la autora para ser optimista y esperar a que la contaminación empiece a declinar, al menos en los países ricos, porque dice que está demostrado que «los avances tecnológicos hacen que hoy consumamos mucha menos energía que en el pasado». Como ejemplo, afirma que en Suecia se vive con igual nivel que en Estados Unidos y, sin embargo, se emite solo una cuarta parte. Según sus datos, el crecimiento económico y la reducción de emisiones son compatibles. El problema es que mira datos de países ricos que ya son exageradamente insostenibles. En tales casos, ¿es correcto celebrar una pequeña reducción en su contaminación?

En su análisis, asegura que «las soluciones que pasan por reducir el consumo de energía a niveles muy bajos no son buenas», porque la energía es fundamental para mantener o aumentar la calidad de vida. Tampoco ve adecuado que se avergüencen los que viajan en avión, porque para ella volar es un gran invento y las ventajas son suficientes para olvidar sus serios inconvenientes. ¿Será una excusa para justificar su gusto por volar?

♦ Soluciones que propone:

  1. Transición hacia la energía renovable por todas sus ventajas. El inconveniente del espacio que requieren se resuelve buscando lugares adecuados: tejados, agrovoltaica, etc.
  2. Electrificar la demanda de energía donde sea posible y aumentar el almacenamiento (baterías…). Ritchie está convencida de que esta transición requerirá menos actividad minera que con combustibles fósiles.
  3. Replantear el transporte a larga distancia.
  4. Alimentación. Aunque sostiene que no es preciso ser veganos, deja claro que cualquier cambio a dietas más vegetales tiene una enorme influencia en el clima, como por ejemplo elegir hamburguesas de pollo en lugar de ternera (que es la carne con más huella de carbono). Con datos muy fiables confirma que «la carne con emisiones de carbono más bajas supera las de la proteína vegetal con emisiones más altas». Y no importa demasiado si son alimentos ecológicos, de proximidad o en extensivo. La autora afirma que adoptando las siguientes medidas se liberaría suficiente tierra como para compensar las emisiones del sistema alimentario resultante:
    • Comer menos carne.
    • Adoptar las mejores prácticas agrarias.
    • Reducir el consumo excesivo y el desperdicio alimentario.
  5. Reducir las emisiones por la construcción, básicamente eliminando el cemento, un material muy contaminante en su fabricación. Propone usar otros materiales y, aunque no lo cita, una opción es el cemento Sublime.
  6. Poner precio al carbono para que los productos de altas emisiones sean más caros y menos accesibles. Como todos sabemos, los precios no reflejan los costos de los productos, y mucho menos los costos ambientales. El peligro de esta medida —y Ritchie lo subraya— es que haga que las familias pobres sean aún más pobres. Para evitarlo se deben incluir ayudas y conseguir que sean los ricos los que más paguen, porque son, de hecho, los que más carbono emiten.
  7. Sacar a la población de la pobreza es otra medida para adaptarnos al cambio climático, porque son los pobres los más vulnerables.
  8. Mejorar la resiliencia de los cultivos ante los efectos del cambio climático.
  9. Adaptarnos ante el aumento de temperaturas.
  10. No caer en la trampa psicológica de la «autoconcesión moral». Esto ocurre cuando nos permitimos algo negativo porque creemos que lo compensamos con un sacrificio en otro aspecto. Por ejemplo, comernos un filete porque reciclamos el envoltorio de plástico; o caer en las trampas del greenwashing. Para ello, es importante tener muy presente qué cosas a nivel individual tienen más y menos impacto.

Un problema de la forma de comunicar de Ritchie es que quita importancia a aspectos que, aunque no sean principales, tienen suficiente peso como para no ser despreciados. Es como si olvidara el efecto sinérgico de juntar varias fuerzas. Sumar muchos pocos hace un mucho. A veces, este tipo de contradicción se hace patente en una misma explicación. Por ejemplo, cuando literalmente escribe: «Cambiar nuestra alimentación no va a resolver el cambio climático: para ello tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles. Pero arreglar únicamente nuestros sistemas energéticos, ignorando la alimentación, tampoco nos llevará a esa meta».

3. Deforestación

La tierra ha perdido un tercio de todos sus bosques desde el final de la última glaciación. En el último siglo, también se ha perdido mucha superficie forestal, casi toda debida a la expansión de la agricultura. Las zonas incendiadas se regeneran si se las deja. Al perder bosques se emite carbono, pero Ritchie considera que eso es secundario en comparación con la pérdida de biodiversidad.

También resalta cómo la pérdida de hábitats se puede frenar con medidas políticas. Por ejemplo, «Brasil logró reducir la deforestación en un 80 % en solo siete años bajo la presidencia de Lula da Silva».

Con respecto al aceite de palma, no considera que su consumo sea preocupante, porque no se sabe con certeza la deforestación que causa de forma directa. Opina que no sería justo culpar a ciertos campos de palmeras de la deforestación de esas áreas si los bosques fueron talados con anterioridad. Es decir, no tiene en cuenta que esas zonas podrían volver a ser bosques. Además, sostiene que usar otros tipos de aceites podría ser incluso peor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que evitar el aceite de palma no obliga a optar por otro aceite, sino que se puede optar por no consumir productos con aceite de palma (bollería, alimentos ultraprocesados, etc.) sin sustituirlos por nada con otros aceites. En cualquier caso, apoya el uso de aceite de palma certificado como sostenible (RSPO) y deja claro que «el biodiésel de aceite de palma produce más emisiones de carbono que la gasolina o el gasóleo».

«La tala de bosques para dejar espacio al ganado bovino es responsable de más del 40 % de la deforestación mundial». El siguiente factor de pérdida de bosques es la palma y la soja y, en tercer lugar, la silvicultura (papel/celulosa). Así, pues, la mejor forma de frenar la deforestación es reducir el consumo de carne de cordero y de vacuno. En tercer lugar, se situaría el queso y los lácteos de vaca. Ritchie apoya esta opción, incluso aunque sean productos de ganadería extensiva en tierras no aptas para la agricultura, porque en estos casos considera que la mejor opción sería dejar que esas tierras se conviertan en bosques u otros espacios naturales.

Otras opciones que propone son: que los países ricos paguen a los más pobres por conservar sus bosques; y que se compensen las emisiones mediante reforestaciones (aunque esto tiene un peligro muy evidente).

Para acabar este apartado, Ritchie sostiene que no es buena idea volver de la ciudad a zonas rurales (revitalizar pueblos), ya que la principal causa de deforestación es cómo producimos nuestros alimentos y no dónde vivimos. Y también alerta de los que piensan que la alimentación vegana contribuye a la deforestación por los cultivos de soja. Los datos son muy evidentes: el 76 % de la soja se utiliza para alimentar animales y «solo el 7 % se destina a los productos veganos» (tofu, tempeh y leche vegetal).

4. Alimentación para no comerse el planeta

«La demanda humana de alimentos representa la mayor amenaza para los animales del globo». Así de contundente se manifiesta Hannah Ritchie. Afortunadamente, no es cierto que haya una fecha límite en los suelos agrícolas del mundo. Unos se están degradando y otros están mejorando, aunque en general, el suelo agrícola está siendo maltratado (y no solo por la erosión).

Una persona necesita entre 2.000 y 2.500 calorías diarias. Si dividimos la producción mundial de alimentos a partes iguales entre todos, cada uno de nosotros podría consumir unas 5.000 calorías diarias (más del doble de lo necesario). El hambre en el mundo no es un problema de falta de alimentos, sino de mala distribución (también lo apuntaron Nebel y Wrigth). Este dato sirve a Ritchie para confirmar que, en realidad, no somos demasiados humanos. El problema es que los millones que habitamos el planeta Tierra no nos contentamos solo con comer, sino que aspiramos a un consumo cada vez mayor (casas, teléfonos, aviones, IA…).

La superproducción agraria se debe principalmente a dos inventos: el de Fritz Haber y Carl Bosch (para convertir el nitrógeno del aire en amoníaco, fertilizante); y el de Norman Borlaug (para mejorar el cultivo de trigo en México). Estos logros para aumentar la producción han evitado muchas muertes, pero también han hecho que no podamos volver atrás. Es decir, «el planeta no puede limitarse a consumir solo alimentos ecológicos» (porque hay demasiadas personas a las que alimentar). Por tanto, a nivel colectivo dependemos de los fertilizantes para sobrevivir, y fabricarlos requiere grandes cantidades de energía, lo cual explica por qué los países pobres los usan poco, aunque tengan que utilizar mayor superficie agraria.

Vivimos en un mundo con grandes desigualdades, en el que algunos sufren de obesidad y otros de desnutrición; el alimento que podría saciar el hambre de millones de personas se dedica a alimentar ganado o a producir agrocombustibles para nuestros coches. Menos de la mitad de los cereales que se producen se dedican a la alimentación humana directa. Todo un 41 % se lo come el ganado, lo cual nos hace ver que comer animales es una forma muy ineficiente de conseguir proteínas. «Los animales más pequeños son más eficientes en términos calóricos», aunque surge el «dilema moral» de que hay que matar una mayor cantidad de animales pequeños para conseguir la misma cantidad de carne.

Ritchie pone un ejemplo que sirve para visualizar bien lo que implica comer animales muertos: «¿Se imagina que comprara una barra de pan, cortara una rebanada y tirara el resto —más del 90 %— a la basura? Pues bien: en términos de calorías, eso es más o menos lo que hacemos con la carne». El ganado también es ineficiente convirtiendo proteínas. Lo bueno es que son proteínas «completas» (incorporan aminoácidos importantes), lo cual se puede conseguir con dietas vegetales comiendo legumbres y cereales. La carne también tiene otros nutrientes importantes, pero el único que no existe en los vegetales es la vitamina B12 (asunto que ya se zanjó aquí).

Para entender la magnitud del problema, afirma que tres cuartas partes de la superficie agraria tienen como fin último criar ganado, y todo eso solo sirve para producir el 18 % de las calorías y el 37 % de las proteínas que consumimos. Debemos «reducir al máximo la cantidad de tierra que destinamos a la actividad agraria», lo cual mejoraría también otros problemas: deforestación, contaminación atmosférica, de aguas, de tierras, maltrato animal, etc.

♦ Soluciones que propone:

  1. Mejorar los rendimientos agrícolas en todo el mundo, especialmente en África.
  2. Comer menos carne, sobre todo de vacuno y cordero, las carnes con mayor impacto (en emisiones, consumo y contaminación de agua, eutroficación, uso de tierra, etc.). Ritchie expone que no funciona instar a la ciudadanía a convertirse al veganismo, sino que es mejor invitar a hacer cambios paulatinos: poner un día a la semana sin carne, reducir las dosis, aumentar el consumo de legumbres, etc. Solo eliminando la carne de ternera y la de cordero se reduciría a la mitad nuestra necesidad de tierras de cultivo en todo el globo. Debemos entender que la dieta vegana es la más ecológica, pero no es necesario ser veganos estrictos: «El ahorro en comparación con una dieta con algo de pollo, o algo de pescado y huevos, no es tan significativo», aclara la autora del libro. Ella quiere derribar el mito de que si fuésemos veganos no habría tierra para cultivar porque, como ya se ha indicado, lo que ocurriría sería todo lo contrario: una dieta vegana requiere menos tierra de cultivo.
  3. Invertir en sustitutos de la carne. Para Ritchie, es importante que las carnes vegetales cumplan cuatro requisitos: ser sabrosas, baratas, fáciles de encontrar y fáciles de incorporar a las dietas habituales. Ella afirma que ha probado multitud de productos vegetales y que hay algunos realmente asombrosos que, incluso, pueden llegar a gustar tanto o más que los productos cárnicos que imitan. Optar por estos productos no solo reduce la huella de carbono, sino que contribuye a bajar el precio para el resto de la humanidad.
  4. Las hamburguesas híbridas también reducen la huella ecológica (usar carne de pollo total o parcialmente, introducir legumbres…).
  5. Sustituir los productos lácteos por alternativas vegetales. En la UE, los productos lácteos son la causa de un mínimo de una cuarta parte de la huella de carbono. Cualquier bebida vegetal tiene una huella ecológica menor que la leche animal. Ritchie recuerda aquí también la importancia de seguir una dieta variada, para evitar carencias nutricionales.
  6. Desperdiciar menos comida. Por ejemplo, resalta la importancia de cambiar los sacos de recogida de productos agrarios por cajas rígidas que protejan de golpes. También es importante saber que si un producto supera su fecha de «consumo preferente», no indica que no se pueda consumir.
  7. No depender de la agricultura de interior. Aunque minimiza el espacio ocupado (agricultura en vertical), sus necesidades energéticas son tan inmensas que no compensan las ventajas, ni empleando solo energía renovable.
  8. No centrarse en los alimentos de proximidad. Aunque el transporte es importante, supone solo el 5 % de las emisiones de GEI de la comida. El resto se debe a los procesos de producción, empaquetado y conservación. Lo más contaminante es el transporte aéreo (50 veces más que por barco), pero apenas se usa porque es caro. Por su parte, el transporte marítimo es barato, por lo que casi toda la contaminación del transporte de alimentos se produce en la carretera. En definitiva, Ritchie quiere dejar claro que está bien comer alimentos de proximidad, pero que las frutas y verduras producidas muy lejos tienen menos huella ecológica que la carne producida muy cerca.
  9. Los alimentos ecológicos tienen menos pesticidas, pero requieren más extensión. Abonar con estiércol también puede contaminar acuíferos. Respecto al clima, no hay consenso si es mejor o peor porque depende de múltiples factores. Ritchie dice que se fija más en el contenido de los envases que en las certificaciones ecológicas.
  10. Eliminar el plástico aumentaría el desperdicio alimentario. En la huella ecológica de los alimentos solo el 4 % de las emisiones procede de los envases. Nos advierte de que en ciertos alimentos es fácil de eliminar, pero en otros no. En todo caso, aquellos alimentos en los que el plástico es importante tal vez no sean esenciales en nuestra dieta y podemos prescindir totalmente del plástico y del alimento.

5. Pérdida de biodiversidad. Proteger la vida silvestre

«No cabe duda de que muchos animales están experimentando un preocupante y acelerado declive. Pero, si profundizamos un poco más, descubrimos que también hay algunos a los que les va bien». Lo que no debemos olvidar es que nuestra vida depende de la biodiversidad, aunque «no esté claro qué especies necesitemos y cuáles no». Recomendamos aquí leer el relato de La vida del doctor Biología. Lo cierto es que a veces prestamos más atención a ciertas especies, bonitas o más visibles, y olvidamos a las realmente importantes, como los gusanos y las bacterias.

El ser humano ha atacado a las demás especies desde sus orígenes, como bien explica Yuval N. Harari en su magnífico Sapiens. Ritchie declara que «antes de la aparición de la agricultura, hace unos diez mil años, la mayor amenaza para los animales era nuestra caza directa: una vez iniciada la actividad agraria, pasó a ser la destrucción de sus hábitats» y «en la última centuria, el ritmo de disminución ha sido aún más rápido». Un dato más: «Los vertebrados se han extinguido entre cien y mil veces más rápido de lo que cabría esperar».

Actualmente, los humanos y nuestro ganado constituimos la inmensa mayoría de los mamíferos del planeta. Estos son los datos del porcentaje de la biomasa actual y en 1900:

  1. Mamíferos salvajes: 2 % (17 % en 1900).
  2. Humanos: 35 % (23 %).
  3. Ganado: 63 % (60 %).

Esta desproporción también ocurre en las aves: «la biomasa de nuestros pollos duplica la de las aves silvestres». Hay multitud de datos que llevan a poder proclamar que «nos dirigimos hacia una sexta extinción masiva». La buena noticia es que podemos frenarla.

♦ Soluciones que propone:

  1. Reducir al mínimo la superficie cultivada.
  2. Utilizar fertilizantes y pesticidas de forma más prudente y eficaz.
  3. Emplear los métodos de la UE con los que ha conseguido frenar el declive de multitud de especies: reducir el uso de tierras agrícolas, recuperar hábitats naturales, prohibición total de la caza, implementación de cuotas cinegéticas, mecanismos para detener a los cazadores furtivos, proteger zonas por ley (incluyendo también el rewilding), sistemas de compensación para reproducir determinadas especies y programas de cría y reintroducción.
  4. Comer menos carne, porque esto reduciría la cantidad de tierra destinada a la agricultura, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
  5. Detener la deforestación, lo cual implicaría reducir la pérdida de hábitats y las emisiones de GEI.
  6. Proteger los parajes con mayor biodiversidad. El objetivo de la ONU de proteger para 2030 el 30 % de la superficie terrestre es poco ambicioso; y no son pocas las voces que piden proteger al menos el 50 % para 2050.
  7. Frenar el cambio climático.
  8. Detener los vertidos de plásticos en el mar.

6. Plásticos marinos

«El 44 % de todo el plástico del planeta se emplea en la fabricación de envases». Es ahí donde está el núcleo del problema de los plásticos. La autora critica el documental Seaspiracy por algunos de sus datos, pero está conforme con que el 80 % del plástico de las islas oceánicas procede de la industria pesquera. Solo el 20 % restante tiene su origen en tierra. Sin embargo, si miramos el plástico en zonas costeras, los datos podrían indicar justo lo contrario.

Ritchie dice que no hay aún evidencias de los auténticos peligros de los plásticos en el cuerpo humano, y que le parece más preocupante el daño que se causa a la fauna marina (enredos, atragantamientos…).

♦ Soluciones:

  1. Dejar de utilizar envases de plástico de un solo uso.
  2. Invertir más en gestión de residuos: sistemas de recogida, centros de reciclaje, vertederos adecuados (que capturen el metano de la materia orgánica), etc. Es importante reciclar todo lo que se pueda. El problema es que no siempre se puede. El reciclado mecánico permite que los plásticos se reciclen una o dos veces. El reciclado químico es mejor, pero es «tremendamente costoso» y no compensa hacerlo en ningún caso. Tal vez sería útil un SDDR para vidrio reutilizable y, en paralelo, imponer impuestos crecientes al plástico de un solo uso.
  3. Obligar a las industrias a un diseño más inteligente, que utilice solo plásticos reciclables y permita separarlos de forma cómoda.
  4. Prohibir el comercio de plástico usado para que los países ricos no usen a otros como sus vertederos. La proporción de plástico que circula por esta vía no es elevada, pero muchas veces acaba en el mar. Hablamos de 1,6 millones de toneladas en 2020.
  5. Trabajar con la industria pesquera para que no abandone su basura en el mar (redes, anzuelos, etc.). Podría castigarse a los barcos que no traigan de vuelta los aparejos con los que salieron y/o premiarse a quienes traigan basura encontrada en el mar.
  6. Poner interceptores en los ríos. Son aparatos o líneas de burbujas que sirven para capturar los plásticos evitando que lleguen al mar. Otra solución que no contempla es poner grandes bolsas de red a la salida de los desagües pluviales o residuales de las ciudades. Dado que esas aguas arrastran multitud de basura, esas redes la capturarían.
  7. Limpiar las playas es una forma mucho más barata de reducir el plástico en los océanos que recogerlo mar adentro.

7. Sobrepesca. Poner fin al expolio de los océanos

Esto está muy relacionado con la pérdida de biodiversidad. Según Ritchie, los animales marinos son discriminados con respecto a los terrestres. De alguna forma, su sufrimiento parece importar menos a los humanos, a pesar de las evidencias que existen de que los peces son capaces de sentir sufrimiento.

El incremento en potencia y tecnología aplicada al sector pesquero ha hecho que muchas pesquerías hayan entrado en declive o en grave colapso. Ante esto, hay dos formas de actuar. La primera es proponer «capturar muy pocos peces, por no decir ninguno». La segunda es «capturar tantos peces como sea posible, año tras año, pero sin mermar más sus poblaciones». Normalmente, se opta por la segunda opción, aunque sabemos que en demasiadas ocasiones no se cumple.

Una tercera vía (con un enorme crecimiento) ha sido la cría de pescados y mariscos: acuicultura o piscicultura. Actualmente, se crían más peces y mariscos de los que se pescan en estado salvaje. Para Ritchie es una buena noticia porque, según ella, esto reduce presión sobre los peces salvajes. No obstante, reconoce que parte de la comida de los peces de piscifactoría es, precisamente, peces salvajes, pero que, para algunas especies, se ha logrado una proporción de 0,3 (es decir, que hacen falta 0,3 peces salvajes para criar uno de forma artificial). El resto de comida lo forman, por ejemplo, piensos vegetales. La autora deja claro que «las normas de bienestar animal que rigen en las piscifactorías suelen ser bastante deficientes» (léase esto para más datos). Ella no habla de otros problemas presentes en las piscifactorías, como la contaminación que producen.

Con respecto a los atúnidos, Ritchie dice que su situación es mala, aunque algunas especies están mejorando sus poblaciones. Particularmente, alerta de la situación de los atunes en el océano Índico, donde se está sobrepescando sin control (España con la famosa operación Atalanta). El libro no habla de la amenaza del mercurio en los atúnidos.

Otro problema es la muerte generalizada de los corales. La autora demuestra ser una apasionada de estos animales y no le faltan motivos. La solución urgente a este problema es frenar el calentamiento global, evitando quemar combustibles fósiles. Si quieres enamorarte de los corales, te animamos a leer el relato de Lord Howe.

♦ Soluciones:

  1. Comer menos pescado, siempre que sea posible. Tal vez unos quieran no comer nada de pescado (lo cual evita el dilema del sufrimiento animal), mientras que otros opten por reducir este tipo de alimento.
  2. Elegir bien la especie a consumir. El problema de esta opción es que requiere el esfuerzo de investigar y puede variar en el tiempo y dependiendo de la región. Escogiendo bien, podemos comer pescado con poca huella de carbono (casi todos ellos son mejores que el pollo). Ella recomienda evitar los lenguados y mariscos caros, y optar por pescados pequeños y salvajes, como arenques o sardinas.
  3. Acabar con la sobrepesca aplicando cuotas de pesca estrictas. En la UE han mejorado algunas poblaciones de peces, pero otras siguen estando mal. En general, es preferible ser estrictos y que haya pesca suficiente, que ser demasiado permisivos y provocar la crisis de todo un sector.
  4. Reglamentos estrictos para capturas incidentales y descartes. El objetivo es reducir el número de peces que se pescan sin querer y que se tiran al mar (descartes), donde siempre mueren (si no lo están ya). Algunos países han prohibido los descartes y obligan a sus barcos de pesca a desembarcar todo lo que capturen, sea comercial o no.
  5. Prohibir la pesca de arrastre. Es el arte más perjudicial: normalmente se descarta entre el 30 y el 50 % de todo lo capturado (a veces es el 10 %), a lo que hay que sumar el destrozo del fondo marino que ocasionan, entre otros inconvenientes.
  6. Las áreas marinas protegidas evitan ciertas actuaciones humanas dentro de ellas. Son una buena solución, aunque a veces lo que provocan es que el impacto se traslade a otro lugar.

Propuestas finales de Hannah Ritchie

El libro de Ritchie es un canto de optimismo lleno de datos realistas. Algunas de sus opiniones pueden ser controvertidas, pero la mayoría están basadas en evidencias. Es cierto que estamos avanzando en muchos aspectos, aunque no sea tan rápido como nos gustaría. También es cierto que las opciones sostenibles se están volviendo más baratas. Y, en muchos casos, el pueblo está despertando.

Hannah se siente una traidora cuando no usa las opciones más ecológicas, aunque sí sean las opciones con menor huella de carbono, como usar el microondas o consumir alimentos que no sean de proximidad. Pero alerta que, aunque los cambios individuales sean importantes, es necesario un «cambio sistémico», es decir, una acción política que lleve a aprobar leyes que nos hagan avanzar en todas las soluciones que se han propuesto más arriba. Para ello, es necesario «votar a líderes que favorezcan medidas sostenibles» (partidos verdes y ecofeministas) y también sugiere importantes aportaciones individuales como estas:

  1. «Votar con la cartera», que quiere decir que cuando compramos estamos enviando una señal clara de nuestros intereses al mercado (a las empresas).
  2. Donar dinero a causas ecohumanistas (proyectos, organizaciones, etc.). Ritchie —conforme con lo que propuso Peter Singer— dice que dona al menos el 10 % de sus ingresos.
  3. Dedicar más tiempo a las cosas importantes (colaborar con ONG, por ejemplo) y menos a discusiones secundarias. Es decir, aunemos esfuerzos en la dirección correcta, aunque no opinemos todos exactamente lo mismo.
  4. También es muy importante elegir una trayectoria profesional que nos llene y en la que podamos empujar en la dirección que deseemos.

♦ Información relacionada:

  1. Otros libros resumidos para captar su esencia en poco tiempo:
  2. Quemar rastrojos o leña es tóxico para la salud, además de muy contaminante.
  3. La mejor solución a los incendios forestales: educar sí; quemar biomasa no.
  4. La agricultura de hoy debería ser como la de mañana.
  5. Los científicos vuelven a avisar del colapso que vendrá si seguimos sin reaccionar.
  6. Sin comer por el clima, las macrogranjas, los combustibles fósiles…
  7. Algunos libros del editor de Blogsostenible y de Historias Incontables.
  8. Una imagen del libro de Hannah Ritchie:
✇Radio Topo

Ha nevau. Tierra de barrenaus 11×07

Por: Radio Topo

Los Punsetes cantaban ixo de “Que no pase un día sin que des la tuya opinión de mierda”. A los negacionistas d’o cambio climatico, les podríanos cantar “Que no caiga un nevazo si que contrimuestres la tuya ignorancia”. Y ye que con los primers flocos de nieu arriban los tuits d’o facherío creyendo que ixe […]

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Repensar nuestra relación con la naturaleza

Por: invitadoespecial

El modelo actual de “sostenibilidad” es insuficiente. Durante las últimas décadas se ha producido un avance indudable en la conciencia ambiental. Hoy hablamos de biodiversidad, de cambio climático, de límites planetarios, de huella ecológica y de economía circular con una naturalidad impensable hace cincuenta años. Este esfuerzo colectivo ha tenido un mérito enorme: ha conseguido que la destrucción del planeta deje de ser invisible.

Sin embargo, ese mismo éxito ha traído consigo una paradoja inquietante: cuanto más hablamos de sostenibilidad, más se intensifica la degradación de la Tierra. La crisis ecológica no se ha frenado. La pérdida de especies continúa. Los ecosistemas siguen fragmentándose. Y el consumo global no deja de crecer.

Esto obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿Estamos cambiando de verdad o solo estamos maquillando el mismo modelo?

El problema no es solo técnico; es cultural y ético

La mayor parte de los discursos ambientales actuales se centran en cómo producir mejor: energías renovables, eficiencia, reutilización, reciclaje, productos “eco”, neutralidad de carbono, compensaciones, certificaciones verdes… Todo esto es necesario, pero no suficiente, porque el núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en la mirada con la que entendemos el mundo natural.

Seguimos viendo a la Tierra como un conjunto de recursos que deben gestionarse bien para que el sistema continúe funcionando. Seguimos preguntándonos cómo crecer sin destruir demasiado. Seguimos colocando al ser humano en el centro (antropocentrismo) y al resto de la vida como soporte de ese centro (especismo). Este enfoque, por muy verde que se pinte, mantiene intacta la lógica que nos ha traído hasta aquí.

La naturaleza no es un “servicio”, es una comunidad viva

Cuando decimos que los bosques “producen oxígeno”, que los ríos “prestan servicios ecosistémicos” o que los animales “tienen valor ambiental”, en realidad estamos traduciendo la vida a un lenguaje económico. Lo  hacemos, por ejemplo, con el lobo. Esto es útil para convencer, pero peligroso como visión de fondo. Porque así la naturaleza solo merece protección cuando es rentable, provechosa o funcional para nosotros. Y todo lo que no encaja en esa utilidad queda en riesgo.

Un humedal no es valioso porque filtre agua. Un lobo no es importante porque regule poblaciones. Un ave no merece vivir porque polinice. Son valiosos por sí mismos, porque forman parte de una comunidad viva de la que dependemos y a la que pertenecemos. Cuando olvidamos esto, la sostenibilidad se convierte en una herramienta para optimizar la explotación, no para transformar nuestra relación con la Tierra.

Crecimiento “sostenible”: una contradicción incómoda

En un planeta finito, el crecimiento infinito es imposible. No es una opinión ideológica, es una realidad física. Sin embargo, seguimos hablando de “crecimiento verde” como si bastara con cambiar la fuente de energía para que todo pueda seguir aumentando sin consecuencias.

Más producción implica más materiales. Más infraestructuras implican más suelo ocupado. Más consumo implica más extracción, más residuos y más presión sobre los ecosistemas. Podemos hacer ese crecimiento menos destructivo, pero no inocuo.

Aceptar los límites no es pesimismo, es madurez ecológica. Significa reconocer que el bienestar humano depende de respetar los ritmos y la integridad de la biosfera, no de forzarla indefinidamente.

La verdadera transición es un cambio de lugar, no solo de tecnología

La transición ecológica no consiste solo en sustituir combustibles fósiles por renovables. Consiste en recolocarnos dentro del sistema vivo del que formamos parte. Esto implica, por ejemplo:

  • Reducir de verdad el consumo material, no solo hacerlo “más eficiente”.
  • Priorizar economías locales y circulares (sin greenwashing) frente a cadenas globales hipertensivas (o multinacionales de alto riesgo).
  • Reparar, reutilizar y alargar la vida de los objetos en lugar de reemplazarlos constantemente por otros nuevos.
  • Defender la biodiversidad; no como un lujo, sino como la base de toda estabilidad futura.
  • Potenciar una educación ambiental completa y continuada.
  • Y, sobre todo, aceptar que no todo lo que es técnicamente posible es ecológicamente deseable.

Conclusión: Proteger la Tierra es cambiar nuestra forma de estar en ella

No basta con hacer sostenible el modelo actual. Hay que transformarlo desde la raíz. Esto no significa renunciar al bienestar humano, sino entender que nuestro bienestar depende de la salud del conjunto del planeta.

La Tierra no es una fábrica que debamos optimizar; es una comunidad viva de la que somos una pequeña parte. Cuando comprendamos esto de verdad, la sostenibilidad dejará de ser un eslogan y empezará a ser una forma honesta de habitar el mundo.

David Orgaz Barreno
Bloguero en El rincón ecocéntrico

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invitadoespecial

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Repensar nuestra relación con la naturaleza

Por: invitadoespecial

El modelo actual de “sostenibilidad” es insuficiente. Durante las últimas décadas se ha producido un avance indudable en la conciencia ambiental. Hoy hablamos de biodiversidad, de cambio climático, de límites planetarios, de huella ecológica y de economía circular con una naturalidad impensable hace cincuenta años. Este esfuerzo colectivo ha tenido un mérito enorme: ha conseguido que la destrucción del planeta deje de ser invisible.

Sin embargo, ese mismo éxito ha traído consigo una paradoja inquietante: cuanto más hablamos de sostenibilidad, más se intensifica la degradación de la Tierra. La crisis ecológica no se ha frenado. La pérdida de especies continúa. Los ecosistemas siguen fragmentándose. Y el consumo global no deja de crecer.

Esto obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿Estamos cambiando de verdad o solo estamos maquillando el mismo modelo?

El problema no es solo técnico; es cultural y ético

La mayor parte de los discursos ambientales actuales se centran en cómo producir mejor: energías renovables, eficiencia, reutilización, reciclaje, productos “eco”, neutralidad de carbono, compensaciones, certificaciones verdes… Todo esto es necesario, pero no suficiente, porque el núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en la mirada con la que entendemos el mundo natural.

Seguimos viendo a la Tierra como un conjunto de recursos que deben gestionarse bien para que el sistema continúe funcionando. Seguimos preguntándonos cómo crecer sin destruir demasiado. Seguimos colocando al ser humano en el centro (antropocentrismo) y al resto de la vida como soporte de ese centro (especismo). Este enfoque, por muy verde que se pinte, mantiene intacta la lógica que nos ha traído hasta aquí.

La naturaleza no es un “servicio”, es una comunidad viva

Cuando decimos que los bosques “producen oxígeno”, que los ríos “prestan servicios ecosistémicos” o que los animales “tienen valor ambiental”, en realidad estamos traduciendo la vida a un lenguaje económico. Lo  hacemos, por ejemplo, con el lobo. Esto es útil para convencer, pero peligroso como visión de fondo. Porque así la naturaleza solo merece protección cuando es rentable, provechosa o funcional para nosotros. Y todo lo que no encaja en esa utilidad queda en riesgo.

Un humedal no es valioso porque filtre agua. Un lobo no es importante porque regule poblaciones. Un ave no merece vivir porque polinice. Son valiosos por sí mismos, porque forman parte de una comunidad viva de la que dependemos y a la que pertenecemos. Cuando olvidamos esto, la sostenibilidad se convierte en una herramienta para optimizar la explotación, no para transformar nuestra relación con la Tierra.

Crecimiento “sostenible”: una contradicción incómoda

En un planeta finito, el crecimiento infinito es imposible. No es una opinión ideológica, es una realidad física. Sin embargo, seguimos hablando de “crecimiento verde” como si bastara con cambiar la fuente de energía para que todo pueda seguir aumentando sin consecuencias.

Más producción implica más materiales. Más infraestructuras implican más suelo ocupado. Más consumo implica más extracción, más residuos y más presión sobre los ecosistemas. Podemos hacer ese crecimiento menos destructivo, pero no inocuo.

Aceptar los límites no es pesimismo, es madurez ecológica. Significa reconocer que el bienestar humano depende de respetar los ritmos y la integridad de la biosfera, no de forzarla indefinidamente.

La verdadera transición es un cambio de lugar, no solo de tecnología

La transición ecológica no consiste solo en sustituir combustibles fósiles por renovables. Consiste en recolocarnos dentro del sistema vivo del que formamos parte. Esto implica, por ejemplo:

  • Reducir de verdad el consumo material, no solo hacerlo “más eficiente”.
  • Priorizar economías locales y circulares (sin greenwashing) frente a cadenas globales hipertensivas (o multinacionales de alto riesgo).
  • Reparar, reutilizar y alargar la vida de los objetos en lugar de reemplazarlos constantemente por otros nuevos.
  • Defender la biodiversidad; no como un lujo, sino como la base de toda estabilidad futura.
  • Potenciar una educación ambiental completa y continuada.
  • Y, sobre todo, aceptar que no todo lo que es técnicamente posible es ecológicamente deseable.

Conclusión: Proteger la Tierra es cambiar nuestra forma de estar en ella

No basta con hacer sostenible el modelo actual. Hay que transformarlo desde la raíz. Esto no significa renunciar al bienestar humano, sino entender que nuestro bienestar depende de la salud del conjunto del planeta.

La Tierra no es una fábrica que debamos optimizar; es una comunidad viva de la que somos una pequeña parte. Cuando comprendamos esto de verdad, la sostenibilidad dejará de ser un eslogan y empezará a ser una forma honesta de habitar el mundo.

David Orgaz Barreno
Bloguero en El rincón ecocéntrico

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✇Todo Por Hacer

Obstrucción climática: cuando el sabotaje va mucho más allá de negar la ciencia

Por: Todo Por Hacer

Por Andrés Actis. Extraído de El Salto

¿Por qué si la quema de combustibles fósiles provoca el cambio climático, un hecho científico evidente desde hace décadas, y un 89% de la población mundial exige mayor acción climática a sus gobernantes, las políticas para mitigar el calentamiento global no avanzan al ritmo necesario para evitar una catástrofe planetaria que ya está en puerta? Con ese interrogante de fondo, más de 100 científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima de la Universidad de Brown (Estados Unidos) empezaron a destripar la exasperante inacción climática que parece enquistada en todos los continentes. El resultado de este análisis acaba de publicarse, tal vez, en el libro más comprensivo y sistemático hasta la fecha sobre el entorpecimiento organizado a la lucha climática. La conclusión es que la obstrucción no es un actor, sino un sofisticado ecosistema que tiene como finalidad sabotear un mundo descarbonizado.

El libro se llama Climate Obstruction: A Global Assessment y se puede descargar de forma gratuita. A partir de documentos internos, investigaciones académicas y estudios de caso, los autores sentencian que el mundo no fracasa en la acción climática por falta de conocimiento científico, ni por ausencia de apoyo público, sino por la acción deliberada de actores económicos y políticos que obstaculizan las dos transiciones en marcha, la ecológica y la energética.

Si bien combatir el cambio climático “nunca iba a ser fácil, se ha vuelto exponencialmente más difícil debido a diversas formas de obstrucción”, advierten en la introducción de la publicación. ¿Qué es la obstrucción climática? Es más que negar la ciencia, aclaran: son tácticas dilatorias como advertir sobre calamidades económicas, o el lavado de imagen verde que intenta reposicionar a las grandes petroleras como “un actor legítimo en la solución del cambio climático” en lugar de “un enemigo”, o teorías conspirativas descabelladas sobre un nuevo orden mundial o el “comunismo global”.

¿Cómo cultivan estas incredulidades? “Desvirtuando la integridad científica. Es decir, empleando las cinco técnicas de negación científica: falsos expertos, falacias lógicas, expectativas imposibles, selección de datos y teorías conspirativas”

Y no se trata solo de las grandes petroleras, sino de un “gran enjambre” de actores: empresas que dependen de la economía fósil, como las compañías de servicios, así como las asociaciones comerciales detrás de las cuales se esconden; los centros de estudios que financian; las empresas de relaciones públicas que las hacen quedar bien; y las grandes empresas tecnológicas que difunden sus falsas afirmaciones. Los gobiernos y políticos cierran el círculo.

“La investigación muestra cómo las grandes petroleras, la agroindustria, los servicios, los conglomerados de transporte y sus redes de think tanks, lobistas y agencias de relaciones públicas despliegan un repertorio coordinado para evitar regulaciones que afecten sus modelos de negocios. La idea fuerza es demoledora: la obstrucción no es un actor, sino un sistema”, explica Federico Merke, doctor en Ciencias Sociales y profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés (Argentina).

Merke, quien también estudia el cruce entre la política internacional y el cambio climático, autor del libro ¿Por qué no queremos salvar al mundo?, celebra el esfuerzo de sus colegas por demostrar que no estamos frente a un “negacionismo clásico”, sino frente a una “constelación mucho más sofisticada”: tácticas de demora, falsas soluciones, campañas de miedo económico, captura regulatoria, manipulación mediática, litigios estratégicos, greenwashing e infiltración en procesos multilaterales.

En el caso de la industria fósil (petróleo y gas), el entorpecimiento pivota todo el tiempo sobre “negar, retrasar y diluir”.

En este contexto, la derecha radical, en auge en casi todo el planeta, aparece hoy como “multiplicador del problema”. El libro reconstruye cómo la ultraderecha, desde el movimiento antiambientalista “Wise Use” hasta los think tanks del Atlas Network, erosionan los propios marcos de cooperación internacional, atacando la diplomacia multilateral, las instituciones ambientales y la idea misma de gobernanza global. “En lugar de debates técnicos, predominan conspiraciones sobre la “Gran sustitución” y un uso instrumental del clima para movilizar identidades culturales agraviadas”, señala Merke.

El libro, coordinado por Timmons Roberts, Carlos Milani, Jennifer Jacquet y Christian Downie, también indaga en el papel de los medios de comunicación y de las plataformas digitales. El ecosistema mediático es un “vector clave” en la amplificación de la desinformación, tanto por “falsos equilibrios” periodísticos —otorgarle el mismo espacio y entidad a un científico que a un lobbista, por ejemplo— como por la arquitectura algorítmica de las grandes tecnológicas —Meta, Google, X y TikTok—. Para Merke, el libro exhibe un “mecanismo inquietante”: muchas de estas plataformas no solo permiten la desinformación, también ganan dinero con ella a través de publicidad dirigida de compañías fósiles.

Lo primero: qué es la obstrucción climática

Los autores la definen como las acciones intencionales y los esfuerzos para frenar o bloquear políticas sobre el cambio climático, medidas respaldadas por el consenso científico respecto a la necesidad de dejar de quemar combustibles fósiles y de destruir los ecosistemas naturales.

Ante cada política climática puesta sobre la mesa, las grandes petroleras, junto con sus aliados de la agricultura, la tecnología, los medios de comunicación y sus facilitadores en el sector de las relaciones públicas, utilizan sus “ganancias y poder” para impedirlas o debilitarlas. “Un ecosistema interconectado de individuos y organizaciones”, resumen este grupo de investigadores.

En diferentes contextos políticos, la obstrucción adopta formas propias. No hay un método único, se explica. Pero el objetivo sí es común: sabotear acciones significativas para abordar la crisis climática. En el caso de la industria fósil (petróleo y gas), el entorpecimiento pivota todo el tiempo sobre “negar, retrasar y diluir”.

La norma periodística de “los dos lados”, dar voz a todas las partes,  “ha sido explotada por la industria de los combustibles fósiles y su maquinaria de obstrucción”.

Tras realizar una revisión exhaustiva de la literatura académica y de los documentos internos de la industria, los autores revelan la estrategia de “tres pasos” de la industria de los combustibles fósiles para mantenerse con vida: negar la ciencia que muestra que los combustibles fósiles causan un cambio climático peligroso; retrasar soluciones políticas y regulaciones que podrían reducir la contaminación; y diluir o cooptar esas políticas una vez que se aprueban. El ejemplo más reciente: el adiós el veto a los coches de combustión en 2035.

“Si bien la clásica negación climática de la industria de fines del siglo XX aún se arrastra a través de los mitos zombis que ha difundido y el lenguaje tipo ‘engaño’ sigue siendo relevante —dice el libro—, una forma de obstrucción más frecuente y complicada es el uso de tácticas de miedo económico como parte de los esfuerzos de lobby para retrasar o debilitar la acción política mediante el alarmismo con afirmaciones extravagantes e inexactas de que la política climática arruinará la economía”.

Esta industria, cuando ya no puede evitar el debate político, se vende “como parte de la solución al cambio climático”. Los ejemplos sobran. En España, Repsol se erige como un actor clave de la transición verde, pero solo el 1,28% de toda la energía que produce es renovable. Con esta técnica, señala el libro, “la industria de los combustibles fósiles está cooptando el discurso de las soluciones climáticas para impedir la legislación y mantener el modelo de negocios del petróleo y el gas”.

“Con demasiada frecuencia transmiten el encuadre preferido de la industria, haciendo que la responsabilidad del cambio recaiga sobre los consumidores en lugar de las corporaciones, lo que permite a estas últimas evitar la rendición de cuentas”, señalan los autores

Las técnicas de obstrucción se sustentan, por lo general, en algunas de estas narrativas: historias aterradoras sobre el “colapso industrial” y otras consecuencias negativas (imaginarias) de la política climática; falsas soluciones como la captura de carbono para reducir la necesidad de reducir el uso de combustibles fósiles; o la afirmación de que los combustibles fósiles son la mejor y única manera para que las economías emergentes generen la electricidad necesaria para el desarrollo económico.

La industria de la agricultura animal, señala el libro, es “otro importante contaminante climático”, por su exitoso esfuerzo de mantener alta la demanda pública de carne a pesar de los costes climáticos y de salud que tienen sus productos. Para los autores, esta obstrucción cuenta con el beneplácito de los medios de comunicación, que “constantemente caen en la trampa”: “Con demasiada frecuencia transmiten el encuadre preferido de la industria, haciendo que la responsabilidad del cambio recaiga sobre los consumidores en lugar de las corporaciones, lo que permite a estas últimas evitar la rendición de cuentas”.

Como resultado, se agrega, la cobertura sobre agricultura y cambio climático se suele centrar en el consumo de carne y el veganismo como opciones dietéticas individuales, “mientras que rara vez aborda las contribuciones de las empresas ganaderas al cambio climático y el papel de las políticas gubernamentales —impuestos y subsidios agrícolas— en la promoción o el impedimento de la producción y el consumo sostenibles.

El chivo expiatorio del multiculturalismo

En el capítulo dedicado a la ultraderecha, el libro rastrea una estrategia de obstrucción común en todos los países: la amenaza de una sociedad multicultural y multirracial como chivo expiatorio para conseguir el apoyo de los partidos nacionalistas. Se presentan como las únicas fuerzas políticas que buscan combatir el “Gran Reemplazo” por parte de organizaciones cosmopolitas, como la ONU.

Ante esto, los partidos conservadores tradicionales, siempre dubitativos para adoptar medidas para combatir el cambio climático, empiezan a sumarse al rechazo científico y a todas las nociones de diplomacia multilateral y cooperación internacional que son fundamentales para resolver el desafío climático global.

Que este chivo expiatorio —como tantos otros— cale en los imaginarios colectivos mucho tienen que ver los medios de comunicación, dicen estos expertos. La norma periodística de “los dos lados” —dar voz a todas las partes— “ha sido explotada por la industria de los combustibles fósiles y su maquinaria de obstrucción”.

Los autores definen al big tech como “actores cómplices” de la obstrucción, ya que “la desinformación es ahora un subproducto garantizado, si no una parte central, de los modelos de negocio de las empresas de redes sociales”

Si esto se suma a la habitual venta de servicios a la industria de los combustibles fósiles con fines publicitarios, el rol de los medios tradicionales —televisión, periódicos y radio— es de relevancia dentro de esta maquinaria. El contenido comprado por las empresas parece “información objetiva” cuando, en realidad, está plagado de intereses anticlima.

Ni hablar del papel de las grandes empresas tecnológicas, principales contribuyentes a la desinformación climática. Los autores definen al big tech como “actores cómplices” de la obstrucción, ya que “la desinformación es ahora un subproducto garantizado, si no una parte central, de los modelos de negocio de las empresas de redes sociales”. A juicio de los autores del libro, los algoritmos que premian la desinformación climática son un ejemplo de que la obstrucción no se explica solo por un “gasto financiero masivo”, sino también por “la explotación de rasgos psicológicos humanos comunes”.

A las cinco creencias que sustentan la acción climática —el cambio climático es real, es de origen humano, tiene consenso científico, es perjudicial y existe la esperanza de que podamos evitar los peores escenarios—, el “contramovimiento climático” instala “descreencias” que, como poco, contaminan las evidencias: el calentamiento global no es real, no es de origen humano, los impactos climáticos no son malos, las soluciones climáticas no funcionan, y los expertos no son nada fiables. ¿Cómo cultivan estas incredulidades? “Desvirtuando la integridad científica. Es decir, empleando las cinco técnicas de negación científica: falsos expertos, falacias lógicas, expectativas imposibles, selección de datos y teorías conspirativas”.

El Sur global: entre impacto y dependencia

Para Merke, una de las contribuciones más valiosas de todo el libro es el análisis del Sur global. Los autores muestran que, aunque los países en desarrollo sufren más las consecuencias del cambio climático, también reproducen lógicas de obstrucción cuando sus élites políticas y empresariales dependen de sectores fósiles o agroexportadores. La obstrucción, advierten, no es monopolio del norte, aunque el norte tiene una responsabilidad histórica desproporcionada.

Se pone el ejemplo de la expansión del ferrocarril brasileño para conectar puertos costeros, anunciada como una alternativa más limpia por la política y las grandes empresas, que terminó provocando una “deforestación más extensa” y fortaleciendo la lógica extractivista que impulsa el Norte global en esta región.

En Brasil y Argentina, por ejemplo, las administraciones reciben regalías por la extracción petrolera, “lo que los convierte en opositores naturales a las políticas climáticas”

Los Estados, que están en condiciones de impulsar la acción nacional y subvertir los regímenes hostiles al clima global ejerciendo su propia autoridad, terminan formando parte de este ecosistema tóxico. En Brasil y Argentina, por ejemplo, las administraciones reciben regalías por la extracción petrolera, “lo que los convierte en opositores naturales a las políticas climáticas”. Estos “beneficios económicos” se utilizan para identificar a las políticas de descarbonización como “hostiles a los trabajadores y a las finanzas estatales”.

En general, “la dependencia de la industria de los combustibles fósiles representa un obstáculo para políticas más eficaces y ambiciosas que buscan diversificar las fuentes de energía y crear un modelo de desarrollo económico menos centrado en el petróleo”. Encima, en toda América Latina, el activismo climático se reprime mediante violencia física, lo que “sugiere que los actores subnacionales se sienten cómodos generando miedo cuando ello sirve a sus intereses, incluso si genera indignación pública”.

Las soluciones

El libro no se limita al diagnóstico. Detalla una serie de mecanismos emergentes para contrarrestar la obstrucción, como los litigios climáticos basados en publicidad engañosa y responsabilidad civil; las regulaciones contra el greenwashing; la transparencia obligatoria para el lobby empresarial; las reformas en los procesos del IPCC y la COP que limiten el poder de los obstructores; y las campañas de naming and shaming (nombrar y avergonzar) para revocar licencias sociales.

Para los autores, estos cinco mecanismos son “cruciales” para frenar la obstrucción climática. No apuntan solo a los daños causados por la contaminación, sino también al “greenwashing y otros discursos y comportamientos corporativos engañosos que se rigen por las leyes de protección al consumidor”.

Merke: “No basta con diseñar buenas políticas climáticas; es preciso desmantelar la arquitectura que las bloquea”

En los Países Bajos, la Autoridad de Consumidores y Mercados declaró lavado verde al “ecodiseño” de H&M, lo que ha provocado una “atención pública negativa” por las conductas contaminantes de esta marca. Aunque si bien “la humillación pública genera presión social”, los litigios crean un incentivo aún más directo para que las corporaciones dejen de obstruir la acción climática, explica el libro. Los autores han recopilado más de 2.000 juicios en todo el mundo. Se espera que la cifra crezca con fuerza en los próximos años. “Estos casos representan una gran amenaza para la industria, con un rango de responsabilidad potencial que alcanza billones de dólares o más”, explican.

La otra buena noticia es que los grupos de la sociedad civil han comenzado a “contrarrestar la infraestructura que frena la acción climática”. Cada vez hay más organizaciones que están monitoreando la desinformación en las plataformas de redes sociales y realizando campañas de concienciación. “Mediante esfuerzos como estos, los científicos del clima, los defensores y los formuladores de políticas están empezando a desarmar y desmantelar estratégicamente la operación de obstrucción industrial que está saboteando la acción climática”, concluyen los investigadores.

Merke se queda con la contundencia del diagnóstico de esta investigación: la lucha contra la obstrucción es hoy tan importante como la reducción de emisiones. “No basta con diseñar buenas políticas climáticas; es preciso desmantelar la arquitectura que las bloquea”.

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