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¿Podría el estrecho de Ormuz acelerar el fin del dólar como moneda hegemónica?

Por: M. Quílez

Hace setenta años, en el verano de 1956, Gamal Abdel Nasser anunciaba la nacionalización del Canal de Suez. La decisión desencadenó la invasión de Egipto por una fuerza conjunta de tropas británicas, francesas e israelíes. Aunque la operación militar fue un éxito, resultó un desastre diplomático. Liderada por Estados Unidos, la condena internacional forzó la retirada de los invasores y marcó un punto de inflexión en la hegemonía occidental.

Siete décadas después, analistas geopolíticos se preguntan si el Estrecho de Ormuz podría desempeñar un papel similar como catalizador del declive del dólar estadounidense. El estrecho, por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, es un punto estratégico clave en las tensiones entre Irán y Occidente. La pregunta que subyace en el análisis es si un hipotético bloqueo o nacionalización en Ormuz podría replicar el efecto del Canal de Suez: acelerar la transición hacia un orden multipolar y, en particular, hacia una desdolarización del comercio energético.

El paralelismo histórico

La nacionalización de Suez no solo desafió el control colonial, sino que demostró la vulnerabilidad de las rutas energéticas. En la década de 1950, el canal era vital para el suministro de petróleo a Europa. Su cierre, aunque breve, evidenció la dependencia occidental de puntos de estrangulamiento. Hoy, Ormuz es el estrecho más importante del mundo para el transporte de crudo, y Teherán ha amenazado en repetidas ocasiones con cerrarlo en caso de conflicto.

Según fuentes de la industria energética, un cierre de Ormuz dispararía los precios del petróleo y obligaría a los importadores a buscar alternativas, lo que podría acelerar los acuerdos en monedas distintas al dólar. China, por ejemplo, ya ha comenzado a pagar parte de sus importaciones energéticas en yuanes. Si un evento como la nacionalización iraní del estrecho forzara una reconfiguración de los flujos comerciales, el dólar podría perder su papel hegemónico en el mercado petrolero.

El contexto geopolítico actual

El análisis subraya que, aunque las circunstancias son diferentes, la dinámica de poder es similar: un país en desarrollo (Egipto entonces, Irán ahora) desafía el orden establecido utilizando un recurso estratégico. Sin embargo, a diferencia de 1956, el mundo es multipolar, y potencias como China y Rusia ofrecen alternativas diplomáticas y económicas. El estrecho de Ormuz, por tanto, no solo es un punto de estrangulamiento físico, sino también un símbolo de la resistencia contra la hegemonía del dólar.

La cuestión que queda abierta es si Ormuz puede ser el detonante que lleve a una desdolarización acelerada, replicando el impacto que Suez tuvo en el fin del colonialismo.

Por ahora, la comunidad internacional observa las tensiones en el Golfo Pérsico, consciente de que cualquier chispa podría tener consecuencias globales. El estrecho de Ormuz, como Suez en su día, podría ser el escenario de un punto de inflexión geopolítico clave para el siglo XXI.

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