El Banco Africano de Desarrollo (BAD) ha clasificado a Marruecos como el primer país industrializado de África, un reconocimiento que el reino alauí ha presentado como un hito de su estrategia de desarrollo. Sin embargo, el análisis de medios argelinos como TSA desvela que esta etiqueta responde más a una campaña de marca nacional que a una realidad industrial sólida.
Una industria dependiente y de capital extranjero
Según TSA, la industria marroquí sigue profundamente dependiente de Europa, tanto en términos de mercado como de capital. El tejido productivo local está dominado por empresas extranjeras que trasladan sus beneficios fuera del país, y la creación de valor añadido en territorio marroquí es limitada. Esta estructura dificulta un desarrollo endógeno y sostenible, lo que lleva a los analistas a calificar la potencia industrial marroquí como un trompe-l’œil, un espejismo que oculta debilidades estructurales.
Además, las cifras de empleo industrial no reflejan una mejora significativa en la situación social interna. La dependencia de cadenas de suministro europeas expone al país a las fluctuaciones económicas del continente, sin que se haya logrado una autonomía industrial genuina.
Le Maroc présente comme un événement majeur son classement comme premier pays industrialisé d’Afrique.
La narrativa marroquí choca con estos datos y ha sido interpretada como un intento de posicionamiento geopolítico, especialmente en un contexto de competencia con España por la influencia en el norte de África. Mientras Rabat impulsa su imagen de hub industrial ante foros internacionales, las críticas de la prensa argelina plantean dudas sobre la solidez de ese modelo.