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Duele Venezuela

Por: Arantxa Tirado

El pasado 24 de junio, Venezuela padeció dos terremotos simultáneos de gran magnitud, 7,2 y 7,5 en la escala Richter, que provocaron graves daños, especialmente en La Guaira y en los Palos Grandes, en el municipio Chacao de Caracas, así como un número todavía indeterminado de víctimas mortales. Hasta la fecha, las cifras oficiales reportan 1.943 personas fallecidas, 10.571 heridas y 6.461 rescatadas con vida de los escombros. Habida cuenta del colapso de 189 edificios, muchos de ellos de gran altura, es previsible que el número de muertos se multiplique exponencialmente cuando finalicen los rescates.

Los sismos han ocurrido en un país que estaba viviendo una situación excepcional después de que el 3 de enero pasado fuerzas especiales de los EE. UU. secuestraran al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, actualmente presos en Nueva York y pendientes de juicio. Ese hecho marcó un punto de inflexión en las relaciones entre EE. UU. y Venezuela, que han pasado de la guerra multifactorial abierta y encubierta al marco de una sui géneris negociación diplomática. El resultado, fuera de todo eufemismo, es que Venezuela es hoy un país tutelado de facto por las autoridades estadounidenses, quienes hacen alarde de ello anunciando, además, un plan de tres fases para poner fin a la Revolución Bolivariana: estabilización, recuperación y transición.

Muchas cosas han cambiado en la política entre EE. UU. y Venezuela en los últimos meses, pero ni siquiera estos cambios han puesto fin al sesgo y el prejuicio con el que se informa sobre cualquier cosa que acontece en el país suramericano. Quienes pensábamos que el nuevo momento de la política venezolana iba a ahorrarnos el antiperiodismo, como lo definió Fernando Casado, que se ha ejercido contra la Venezuela bolivariana desde que en 1999 Hugo Chávez llegó a la Presidencia y el país inició un proceso de transformación revolucionaria, estábamos equivocadas. 

No sin estupefacción, y ciertas dosis de indignación agravadas por el dolor profundo ante la tragedia colectiva que se está viviendo todavía en estos momentos, observamos cómo los medios españoles, sea prensa, televisión o radio, se están cubriendo de gloria una vez más al tratar el impacto de los terremotos en Venezuela. De repente, lo que no pasaría de ser un comentario secundario en la información sobre un fenómeno devastador en cualquier otro país, es decir, la capacidad de un Estado, y de sus autoridades gubernamentales, para responder a una catástrofe de tal calibre, adopta una categoría central cuando se trata de Venezuela

Los terremotos como excusa para enjuiciar al chavismo

Rescatar todas las noticias, artículos de opinión, editoriales, comentarios o preguntas insidiosas que nos han regalado nuestros medios en una semana sería inabarcable, pero como muestra destacaré sólo algunos ejemplos con los que me he topado, sin haber realizado una búsqueda sistemática, en los últimos días: “Cuando lo que tiembla es el Estado” (editorial del ABC, viernes 26 de junio), “La solidaridad suple las carencias del Estado en Venezuela” (portada de La Vanguardia, 29 junio), “Los venezolanos esperan que el Gobierno les pueda realojar lo que parece una utopía teniendo en cuenta el debilitamiento crónico de las estructuras venezolanas” (voz en off en el programa “La Hora de La 1” de RTVE), “¿Usted cree que estos terremotos acabarán con un cambio de régimen en Venezuela?” (pregunta a un invitado venezolano en el programa Més Nit de TV3).

En las mesas de opinión, tertulianos convertidos en especialistas en política venezolana se dedican no sólo a cuestionar al Estado sino al Gobierno encargado, a los gobiernos chavistas previos, y, sobre todo, al proceso político en su conjunto. Salvo contadas excepciones en las que el opinador de turno trata de mantenerse en un estado de prudencia, a riesgo de ser tachado de defensor de una “dictadura”, el chavismo es llevado a los tribunales mediáticos con la excusa de los terremotos: “El país está deteriorado después de 20 años de un régimen corrupto, podrido, que ha abandonado a sus propios ciudadanos”; “Yo creo que el chavismo ha sido absolutamente devastador para Venezuela”; “Todos aquí somos perfectamente conscientes de lo que ha sido el régimen chavista”. 

Estas frases se dijeron en 10 minutos de tertulia de un programa matutino de RTVE a pesar de que la televisión pública española está bajo control de un Gobierno supuestamente bolivariano según la (ultra)derecha de este país. El nivel de desubicación llegó al punto de que un venezolano presente, parte de una asociación civil de venezolanos en España, tuvo que poner sentido común llamando a dejar las valoraciones políticas y a centrar el debate en el tema de los terremotos.

Además del juicio sumario al proyecto bolivariano, todavía más desenfrenado, si cabe, en las tertulias de los medios privados, la opinión se ha mezclado con afirmaciones directamente falsas que se han hecho pasar por información: “No hay políticas públicas en Venezuela”; “El Gobierno ni siquiera puede recoger escombros”; “Los edificios caídos fueron construidos por el Gobierno como parte de la Misión Vivienda”; “El Ejército venezolano no está interviniendo”; “El Gobierno está bloqueando el acceso a La Guaira porque quiere impedir que llegue la ayuda” (obviando la necesidad de poner orden ante la avalancha de población voluntaria que trancaba la única vía de acceso a la zona más afectada); y, el remate: “El Gobierno venezolano carece de empatía”. Y así en un no parar de afirmaciones, algunas de las cuales son desmentidas por las propias imágenes que se presentan en dichos programas o tomándose la molestia de informarse por vías alternativas. 

Para dimensionar el nivel de sesgo existente en cómo se está presentando la información sobre la gestión de los terremotos en Venezuela, invito a quien me lea a realizar el ejercicio de pensar qué se dijo sobre la diligencia de las autoridades, o el sistema político mexicano, cuando se produjo el terremoto de 7,1 que padeció México en septiembre de 2017. ¿Alguien en España recuerda quién gobernaba en México entonces? ¿Qué modelo político y económico tuvo en las décadas precedentes? ¿Alguna crítica a las políticas neoliberales? ¿Alguien relacionó los edificios caídos en el epicentro del terremoto, en el Estado de Puebla, con la responsabilidad de su gobernador, la acción de su partido político o la ausencia de políticas públicas? La respuesta a estas preguntas permite entender que Venezuela es objeto, una vez más, de una campaña de deslegitimación y descrédito que parece operar a escala mundial, pues los mismos argumentos los encontramos en otros medios internacionales. 

Cuando la oposición venezolana entra en escena

Con Venezuela todo se “politiza” en el peor sentido del término. Evidentemente, la visión política es importante y debe estar siempre presente. Nadie niega la política que existe en toda actividad o respuesta humana a problemas colectivos. También en la gestión de crisis hay política, y la desidia, la falta de medios o la acción insuficiente por las autoridades, del país que sea, nunca deben ser ocultadas pero sí hay que realizar un ejercicio de transparencia que parta de análisis dimensionados y contextualizados, además de informados, algo que no sucede cuando se trata de valorar cualquier cosa que haya pasado en territorio venezolano. 

A nadie que conozca Venezuela se le escapa que, desde antes de la llegada del chavismo, el país ha adolecido de problemas de gestión, organización y planificación pública seguramente vinculados a una cultura política impregnada de la lógica cortoplacista que otorga la opulencia petrolera. Sin partir de esta verdad, cualquier análisis que ponga un punto de partida problemático en el chavismo carece de honestidad.

En el caso de Venezuela, es prácticamente imposible realizar una evaluación ecuánime porque el debate sobre las limitaciones estatales acaba repitiendo los gastados mantras de cuestionamiento de la soberanía venezolana. De tal manera que el foco sobre lo humanitario, que debería ser prioritario en estos momentos, se desplaza a los intereses partidistas para acabar situando en primer lugar una agenda política que pervierte el debate y pulveriza cualquier atisbo de buenas intenciones. Como resultado, entrevistas a Leopoldo López, tribunas a María Corina Machado o Edmundo González Urrutia se combinan con entrevistas a otros venezolanos de oposición de perfil más bajo sin el contrapeso de análisis con un enfoque distinto.

Desde el momento en que se da voz exclusiva a la oposición venezolana para que sitúe su agenda política, de manera oportunista e irresponsable en medio de la tragedia, sin aportar el testimonio de autoridades venezolanas a un mismo nivel, que puedan desmentir algunas de las mentiras que de manera interesada vierten estas personas, se está tomando un partido que no debería ser propio de una prensa que hace alarde de pluralidad, imparcialidad e independencia

Todo lo que estamos viviendo no es nuevo, es un episodio más de la muerte del periodismo cuando se trata de Venezuela. Periodistas que filtran la información a través de sus prejuicios ideológicos y que son incapaces de esconder su animadversión manifiesta hacia un proceso político soberano y legítimo. Un mal que afecta a todo el espectro ideológico de la profesión periodística, en mayor o menor medida, desde la progresía hasta las posiciones más reaccionarias.

Sólo los rescatistas en el terreno y las voces más técnicas están realizando este ejercicio de evaluación situado, sin prejuicios ideológicos previos, destacando los límites que impone una catástrofe dantesca, imprescindibles para dimensionar las posibilidades de respuesta de cualquier Estado, con independencia de lo eficiente o ineficiente que haya sido con anterioridad. Como lo decía el jefe de la expendición de los Bomberos de la Generalitat de Catalunya el otro día, “Ningún Estado está preparado para una situación de una magnitud como esta, es imposible que el país la pueda atender sin ayuda”.

Conocimiento histórico, análisis geopolítico y defensa de la soberanía venezolana

La realidad de los países se ha de contextualizar históricamente y, también, geopolíticamente. Pero eso está ausente en toda información interesada que quiere aprovechar este momento para seguir atacando al chavismo en Venezuela. Las más de 1.000 medidas coercitivas unilaterales impuestas por EE. UU. que provocaron, en gran parte, la caída del PIB venezolano casi un 80% entre 2012 y 2020, están fuera de la mayoría de los análisis que destacan las limitaciones del Estado venezolano, pero no se preguntan el porqué. 

Evidentemente, tal ofensiva ha tenido como objetivo la asfixia económica y financiera del país, evitar su autonomía e impedir que Venezuela pudiera acceder con libertad a los mercados internacionales, con todo lo que ello conlleva. Conviene recordar, además, que EE. UU. y otros países tienen congelados más de 30.000 millones de dólares del Estado venezolano y que, ahora mismo, es precisamente EE. UU. quien gestiona los ingresos petroleros del país. No estamos hablando de datos menores ni de información irrelevante. Estamos destacando las coordenadas políticas en las que han tenido que actuar los gobiernos chavistas precedentes y con las que tendrá que lidiar el actual Gobierno, ahora con la problemática adicional de necesitar esos recursos para suplir las pérdidas calculadas en 6.700 millones de dólares, en un escenario de poca autonomía política. 

En conclusión, destacar las limitaciones del Estado para atender a una crisis de esta magnitud sin poner en el centro el impacto que ha tenido en el propio Estado el despliegue de una ofensiva bélica en el ámbito económico por parte de la principal súper potencia mundial durante décadas, en cómo EE. UU. está limitando ahora mismo, además, que Venezuela pueda disponer de sus ingresos petroleros y sus reservas, en cómo ni siquiera es capaz de levantar sus restricciones unilaterales –salvo licencias muy puntuales que son funcionales a sus empresas y bancos–, es un ejercicio de deshonestidad. Una deshonestidad todavía más grave porque se da en un contexto en que EE. UU., junto con continuar desangrando a Venezuela, puede aprovechar la crisis para profundizar en su agenda de cambio de régimen, ahora queriendo controlar también el pingüe negocio de la reconstrucción.

Dejemos a Venezuela trabajar en conjunto, desde su Estado, su Gobierno, los numerosos voluntarios, su protección civil, sus bomberos, los rescatistas de las más de 51 delegaciones internacionales, los perros de rescate que tanto ayudan a salvar vidas y todas las personas que, en estos momentos, están preocupadas por lo más urgente e importante: la vida humana. Y, sobre todo, seamos conscientes de que la mejor manera de ayudar a largo plazo es abogar por que el sistema internacional del futuro sea un orden en que Venezuela, y cualquier otro país del mundo, tenga o no recursos petroleros, pueda tener un desarrollo soberano, aunque sea en contra de los intereses de los EE. UU. Este sería el primer paso para respaldar a Venezuela. Quizás algunos lleguen tarde, pero, como dice el refrán, más vale tarde que nunca.

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✇BlogSOStenible··· – – – ··· – – – ··· – – – ··· – – – ··· «Otras» noticias, y «otra» forma de pensar…

El fin de la violencia

Por: Pepe Galindo

Una noticia reciente: El Gobierno lleva a la Fiscalía los discursos de odio contra meteorólogos y divulgadores climáticos. Una vez más, vemos que la polarización y el negacionismo trabajan para ciertos intereses (destructivos).

Para corregir un error, lo primero es admitirlo. Reconozcamos que algunos de los pilares de nuestra sociedad están construidos sobre la violencia.

  • El patriarcado se reconoce cuando vemos la agresividad contra las mujeres y los niños.
  • El antropocentrismo —decía Marta Tafalla— nos ha llevado a que se pierdan especies a un ritmo insólito.
  • El ecocidio es una forma de brutalidad contra toda la biosfera, humanos incluidos (especialmente mujeres, niños y personas pobres).
  • El racismo —disfraz común de la aporofobia— necesita violencia sobre la que articularse.
  • Los paraísos fiscales, el turismo depredador o los impuestos regresivos (el IVA, por ejemplo) son una forma legal de promover una desigualdad que salpica violencia contra los más pobres, a los que expulsa fuera de los márgenes para luego culparlos por buscarse la vida donde a las élites no les interesa.

Afirmar que la violencia es intrínseca al ser humano es negarse a comprender que detrás de cada misil, de cada bala y de cada puñetazo hay una mano gobernada por una mente humana. La violencia —como la paz— se puede enseñar, se puede aprender y también se puede desaprender.

La paz como camino

El camino de la no violencia (ahimsa) no es el de la resignación ni el de la indiferencia. Implicarse en la paz exige coherencia en los gestos cotidianos: en lo que consumimos, en lo que toleramos y en lo que legitimamos. Nuestro voto democrático y nuestras exigencias políticas influyen e importan, incluso aunque nuestra opción no consiga ni un escaño. Cada día es un reto para educar (y educarnos) en pacifismo, feminismo, ecoanimalismo, etc.

En este sentido, deberíamos rechazar productos o eventos que apoyen actos de violencia. Por ejemplo, productos procedentes de países que ejercen violencia desmedida (Israel, Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudí, Marruecos…), pero también películas, publicidad o videojuegos, contenidos que normalizan la violencia. Por supuesto, la gran mayoría de adolescentes sabe distinguir entre disparar en un videojuego y disparar en la vida real, pero acostumbrarse a hacerlo —de jóvenes— en el mundo virtual, facilita dar el salto a hacerlo en el mundo real.

Lo saben bien los cazadores y los taurinos. Si no enseñas a los niños este tipo de agresividad, será más difícil que de mayores quieran disparar a un ciervo o disfrutar del sufrimiento de un toro sangrando. Una mente educada en la paz jamás disfrutará de la violencia. Lo que deja de parecernos aceptable termina dejando de practicarse.

Tiempos turbios como el petróleo

Corren tiempos extraños en los que un presidente de Estados Unidos insulta, promueve la rebelión, ataca, bombardea, justifica un genocidio, exige un aumento del gasto militar…, y acto seguido pide para sí mismo el Premio Nobel de la Paz. La contradicción ya no escandaliza: se ha normalizado. Resulta igualmente revelador que la ganadora del premio en 2025 —la venezolana María Corina Machado— quisiera compartirlo con Donald Trump por el mérito de haber secuestrado —mediante bombas y crueldad— al presidente de Venezuela. Por muy indigno presidente que fuera Nicolás Maduro, usar la violencia contra él jamás debería ser el argumento para merecer un premio pacifista.

Ante el petróleo robado, han surgido empresas-vampiro como Repsol, que se han arrodillado ante Trump para conseguir un trozo de la sangre venezolana. Repsol se hundiría en ventas y en bolsa, si la España de hoy fuera la misma que la España del «No a la guerra» contra Aznar (2003) o la España del 15-M (2011). ¿Quién quiere repostar en una empresa que roba a un país hermano?

España estalló contra la guerra de Irak en la que nos metió el presidente Aznar. ¿Qué protestas hay en Estados Unidos contra el robo de petróleo a otros países? ¿Qué protestas hay en Israel contra el genocidio de sus vecinos palestinos? Apenas las hay; en parte porque ha existido una educación comprensiva o que justifica cierta violencia.

Sumar gestos para la paz

No hace falta gritar en las calles. Basta con boicotear todo lo que provenga de empresas o países violentos o que se aprovechen de la violencia de otros. Cada gesto —también en redes sociales— suma o resta. No es lo mismo presumir de unos pendientes de oro que posar con una kufiya palestina. Consumir es más poderoso que votar.

La no violencia —especialmente hacia los animales— es un arma muy poderosa que, además, se contagia por vía oral. Hay mil ejemplos, desde Gandhi hasta casos más recientes, que muestran que la resistencia no violenta puede erosionar sistemas aparentemente inamovibles. La fuerza de la no violencia no reside en la pasividad, sino en su capacidad de deslegitimar la violencia sin reproducirla. Palestina ha encontrado más éxito y más apoyo internacional ejerciendo la no violencia que con atentados terroristas. La Flotilla de la Libertad es solo un ejemplo vivo que nace para frenar a una potencia violenta, para desacreditarla y para complicarle la existencia sin derramar nada de sangre.

Un buen punto para comenzar a construir una sociedad pacífica sería acercarnos al veganismo. Si conseguimos una sociedad sensible al sufrimiento de un pez o de una gamba, habremos caminado en paz más de la mitad del camino.

♦ Sobre pacifismo:

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La lucha por nosotrxs

Por: Todo Por Hacer

Cuando me recuerdan que tenía que haber entregado este artículo hace dos semanas, me encuentro leyendo el libro La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto 1898-1937, de Chris Ealham. Un libro increíble, que me está gustando muchísimo. De momento, en el primer cuarto del libro, y supongo que en el resto, desarrolla cómo se crea la comunidad proletaria que asalta las instituciones políticas, sociales y económicas de la época, cómo en los barrios se construye una identidad colectiva que fragua unidad, solidaridad, reconocimiento de los intereses comunes, socialización de los conflictos particulares, etc., que posibilita la lucha por la mejora de sus condiciones materiales de existencia:

“Este sentido de clase era más emocional que político: representaba una cultura poderosa de identidad local, un esprit de quartier (espíritu de barrio), resultado de los extensos vínculos afectivos que generaban los rituales de apoyo, la solidaridad y las relaciones sociales directas de la vida de barrio”.

Otra cuestión, que no es eje principal del libro pero me dió que pensar, es que una de las razones de la radicalidad del movimiento obrero en España, en el primer tercio del siglo XX, es la miopía de las clases dirigentes que al negarse a reconocer reivindicación alguna, por muy básica que ésta fuera, al negarse a considerar a las instituciones obreras como interlocutores legítimos y al aplicar una feroz represión, es decir, al cerrar ellos mismos la vía de la reforma, de la integración de las organizaciones de los trabajadores en el Estado, además de llenar de sangre las calles, empujan a nuestra clase por una vía de sentido único, la vía de la impugnación total del Sistema, que justo coincide con el corpus desarrollado y aprendido en tantos artículos de la prensa obrera, mítines, asambleas, obras literarias, etc. La clase trabajadora organizada del país tenía claro que dentro del Estado liberal y el régimen capitalista no había solución posible a su miseria cotidiana, pero, es que, además, la clase dirigente se lo confirmó; la burguesía no tuvo intención alguna de ceder ni un milímetro en su posición ni de integrar a parte del proletariado.

Esto podría encontrar cierta correspondencia con escenarios presentes.

Respecto a la vivienda, ni el disponer de un presunto gobierno progresista ni la crítica situación han hecho que, en estos últimos 6-7 años, se haya tomado medida alguna que tenga un efecto real, que disminuya un ápice los ingentes ingresos de rentistas y especuladores. De hecho, la situación es desoladora, nadie considera que se vaya a revertir sino que, en este 2026, sabemos que irá a peor. El Estado es incapaz de asumir hasta la necesidad de implantar un mínimo control de los precios y se ha instalado un pesimismo que corre por nuestras venas como un veneno paralizante. Lo mismo tiene lugar con la situación brutal de exterminio de la población palestina agravada en estos dos últimos años y la imposibilidad de conseguir que, como mínimo, como punto de partida, el Estado español y el sector económico rompan relaciones políticas y comerciales con la maquinaria estatal sionista, ya no hablemos de crear un frente que acabe con el proyecto colonial.

El problema actual es que no disponemos de la comunidad social compartida que permita construir la comunidad de lucha necesaria para abordar dichas cuestiones, pero, es que, además, la mayoría de veces, cuando nos embarcamos en esta tarea, intentamos empezar la casa por el tejado, lanzándonos a una batalla sin los mínimos cimientos necesarios para aguantar más de un embiste.

En esta línea, un vecino y compañero siempre repite que hay que dejarse de la reacción directa, estéril, que versa sobre un tema en cada semana, que tiene más que ver con nuestra necesidad personal de sentir que algo estamos haciendo, con un sentimiento visceral loable, que con la disposición real de afrontar dicha pelea. Aparcar parte de estas reacciones momentáneas para asumir la tarea de la reconstrucción del mínimo común en nuestro entorno, desde un equipo deportivo a un club de lectura, pasando por prácticas cotidianas de solidaridad, es una tarea que tenemos que afrontar más pronto que tarde.

De esto sabe muy bien el pueblo irlandés, que, tras el genocidio sufrido en el siglo XIX, con las hambrunas, ocupación militar británica y procesos migratorios, comienzan el nuevo siglo con sus comunidades destrozadas. En este contexto, lo primero que reconstruyen son las instituciones deportivas y culturales gaelicas, recuperando así una identidad nacional compartida y unos lazos sociales generados en estos espacios comunes, algo diferente al ejemplo planteado por Ealham pero relevante en un contexto de ocupación imperialista. Son los jóvenes que practican estos deportes, forman parte de los grupos de «boys scouts» republicanos o acuden a clases de gaelico, quienes conformarán las estructuras que plantarán cara a los ingleses durante más de 70 años.

Pero cómo compaginar este planteamiento con las urgencias presentes. No podemos decirles a nuestras hermanas palestinas que eviten ser extinguidas que aún estamos reconstruyendo nuestras comunidades de lucha. Hay batallas que hay que librar aquí y ahora, por ello, debemos intentar afrontarlas de la manera más efectiva con las herramientas presentes y, sobre todo, aunque suframos derrotas, que el camino recorrido nos coloque en una posición más favorable de cara a la próxima pelea.

Es complicado decir algo sobre Palestina que no se haya dicho ya. Es complicado reflejar por escrito la impotencia, rabia, dolor, odio y pena, que nos ha desolado y sigue desolando en estos casi 800 días de ofensiva. Es complicado dejar de sentirse uno cómplice con lo ocurrido, pues por muchos panfletos repartidos, manifestaciones, boicots individuales, etc., el sentimiento de que algo más se puede hacer está siempre presente. Pero qué ha fallado, qué ha ocurrido para que no se haya producido la reacción necesaria para poner contra las cuerdas al ente sionista y a sus cómplices.

Son múltiples los análisis ya presentes y, desde aquí no tenemos la capacidad para realizar una contribución realmente diferencial. Pero, reflexionando sobre la lucha en nuestro ámbito local, esperamos que estos apuntes pueden ser de utilidad teniendo presentes los dos ejes que han estado presentes en dicho texto hasta ahora, el fortalecimiento de nuestras comunidades y las victorias frente a nuestros enemigos. Casi nada.

Los resultados más relevantes se han producido cuando se ha delimitado un objetivo concreto y, aunque difícil, viable. En muchas ocasiones las manifestaciones o acciones de protesta suponían un canto difuso contra lo que estaba teniendo lugar, sin un aterrizaje local, pero, cuando ha existido un fin específico, por ejemplo, el que no deba celebrarse la Vuelta ciclista mientras siga siendo cómplice de la campaña de normalización del ente sionista, se han conseguido victorias, esto ha hecho activar redes locales de militantes por todo el Estado y empoderarlas en base a la posibilidad de conseguir un impacto palpable, aquí y ahora. La campaña contra la Vuelta ha tenido una repercusión internacional relevante, extendiendo una práctica de boicot a los satélites deportivos sionistas, una pequeña alegría en este páramo, algo muy importante, pues estas alegrías son gasolina para siguientes retos.

Al igual que se planteó este objetivo, cabe la posibilidad de fijar otros en el dominio local que puedan ser asumidos no sólo por las redes de activistas ya existentes por esta cuestión sino por múltiples personas simpatizantes y organizaciones de otra naturaleza. En nuestros barrios y entornos, por ejemplo, hay entidades accesibles y cercanas asociadas al régimen israelí, ya fuera porque se encuentran presentes en territorios ocupados, como la conocida cadena de supermercados francesa, o porque autorizan la venta de armamento que será usado contra la población palestina. ¿Os imagináis a un número relevante de las personas que han acudido a las masivas manifestaciones bloqueando la entrada de clientes en los supermercados que andan desperdigados por nuestros barrios? Debemos romper la inercia de nuestros rituales de protesta, poner en práctica formas de conflicto directo que supongan la apertura de brechas en el escenario de la normalidad democrática donde tan bien suelen encajar nuestras manifestaciones.

Por otro lado, en este tiempo, se ha centralizado la iniciativa en las mismas organizaciones y espacios de lucha, la mayoría preexistentes antes de octubre de 2023, y, sin desmerecer todo el trabajo realizado, todo el contrario, han conseguido mantener el pulso en la calle durante todo este tiempo, la mayoría de personas hemos tenido un papel más pasivo, respondiendo a las convocatorias que nos llegaban por parte de estos grupos, y que, en las ciudades grandes, se han concentrado en sus centros turísticos y comerciales. No hemos conseguido esparcir por todo el territorio nacional, barrios y pueblos, estructuras más pegadas a lo local que pudieran desarrollar un trabajo de propaganda, denuncia y disputa, que pudieran haber posibilitado el contacto, encuentro y establecimiento de redes que desbordaran también a otras problemáticas.

El fijar objetivos concretos que nos permitieran conseguir pequeñas victorias que al ir escalándolas nos hubieran posibilitado hacer avanzar el conflicto con el Estado y el Capital cómplice con el régimen sionista, y, además, el establecimiento de comités locales que recogieran la indignación popular presente en tantas manifestaciones y acciones, son dos pequeñas aportaciones que, de forma escueta, realizamos en estas páginas.

Para terminar, Palestina ha sido un laboratorio de pruebas para conocer el límite de las dinámicas imperialistas y prácticas de exterminio, y, una vez comprobado que no existe límite alguno, lo sucedido durante estos primeros días del año en Venezuela no es más que los primeros metros recorridos por parte de una maquinaria bestial que, ante la crítica situación planetaria, está dispuesta a sacrificarnos a todas con tal de salvarse a sí misma. Por ello, en esta lucha por la vida, como nos señala el libro reseñado, recuperemos una celebración radical del nosotros, reconstruyamos comunidades de lucha por la impugnación total. Aún está todo por hacer.

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«Un mundo gobernado por la fuerza». El ataque a Venezuela y los conflictos que se avecinan

Por: Todo Por Hacer

El 3 de enero de 2026 nos despertamos con el bombardeo estadounidense sobre Caracas y el sibsiguiente secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores. Se trata de la detención más cara de la historia, para la cual se movilizaron 150 cazas, otros tanto helicópteros y 200 soldados de los Delta Force. Entre 80 y 100 venezolanos y cubanos fueron asesinados y la hasta entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido el mando del país.

Pese a que la operación viola el Derecho Internacional de forma flagrante, Trump insiste en que está por encima de estas normas y que su único límite es su «moralidad» (de la cual sabemos que anda muy justito). Esto y el hecho de que no haya ocultado que detrás de esta operación está su voluntad de apoderarse del petróleo venezolano constatan que nos encontramos ante la «ley del más fuerte».

«Vivimos en un mundo gobernado por la fuerza, por el poder», afirmó Stephen Miller en la CNN el 5 de enero de 2026, mientras exponía su programa fascista y justificaba la toma de Groenlandia por la fuerza. «Estas son las leyes de hierro que rigen el mundo desde el principio de los tiempos».

En la madrugada del 3 de enero, la Administración Trump llevó a cabo una incursión televisada en Venezuela, bombardeando al menos siete objetivos en Caracas y secuestrando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Esta operación culminaba una campaña de presión de un año de duración, durante la cual la administración calificó a los inmigrantes venezolanos en Estados Unidos como «narcoterroristas», intentó aplicar la Ley de Enemigos Extranjeros, bombardeó supuestos «barcos de drogas», confiscó petroleros y desplegó la Marina estadounidense para bloquear Venezuela.

El régimen de Trump acusó inicialmente a Maduro de dirigir el llamado «Cártel de los Soles», una invención tan ficticia como la designación de una supuesta organización denominada «Antifa» —es decir, la totalidad del movimiento antifascista— como organización terrorista. Aunque dos días después revisaron esta acusación para articular un caso legal algo menos endeble, este proceder es característico de su método: comenzar con una narrativa falsa y buscar después los medios para imponerla a la realidad.

Uno de los principales objetivos de Donald Trump era difundir una fotografía de Nicolás Maduro encadenado, evocando las imágenes que las agencias federales han publicado de personas secuestradas por el ICE. En lugar de ofrecer mejoras reales en las condiciones de vida de la población, Trump ofrece a sus seguidores la satisfacción vicaria de identificarse con carceleros y torturadores. Su objetivo es deshumanizar a sus adversarios y desensibilizar al conjunto de la sociedad ante la violencia que será necesaria para sostener su dominio y el propio capitalismo en una era de beneficios decrecientes.

Los grandes medios de comunicación corporativos están desempeñando su papel habitual de oposición leal: cuestionan la legalidad de la operación mientras demonizan a Maduro y ensalzan a su rival derechista, María Corina Machado. Para quienes aspiran a oponerse al imperialismo —anarquistas y otros movimientos— resulta imprescindible situar el ataque contra Venezuela en un contexto más amplio, reflexionar sobre qué forma podría adoptar una oposición eficaz e identificar cómo responder.

El manual

El Gobierno de Estados Unidos tiene una larga trayectoria de intervenciones imperialistas en América Latina, que abarca más de un siglo de operaciones contra Cuba, el sangriento golpe militar en Chile en 1973 o la invasión de Panamá ordenada por George Bush padre en 1989. El ataque contra Venezuela se inscribe en la continuidad de iniciativas más recientes: desde las invasiones de Afganistán e Irak bajo George W. Bush en 2002 y 2003, hasta el desmantelamiento, por parte de Joe Biden, del llamado «orden internacional basado en normas» para permitir que Benjamin Netanyahu lleve a cabo un genocidio en Palestina a partir de 2023.

Al mismo tiempo, el programa de la administración Trump supone una ruptura con las formas anteriores. Al apostar por la extracción de recursos mediante la fuerza bruta, sin siquiera la pretensión de una agenda ideológica alternativa, Trump se alinea con Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu en la inauguración de una era de rapiña abierta y desacomplejada.

Aunque los subordinados de Trump han invocado las elecciones amañadas celebradas en Venezuela en 2024 para justificar el ataque, no existe ninguna intención real de promover elecciones libres ni «democracia» en el país. Algunas fuentes sostienen que la oposición liderada por María Corina Machado cuenta con el apoyo de cerca del 80 % de la población venezolana, pero Trump afirma que no dispone del respaldo suficiente para gobernar; presumiblemente, se refiere a la falta de apoyo de las Fuerzas Armadas. Trump preferiría tratar con un régimen autocrático que le fuera directamente leal. Al fin y al cabo, tampoco desea rendir cuentas ante las urnas, ni en Venezuela ni en Estados Unidos.

Trump está recurriendo a la guerra para esquivar una crisis interna. Aunque él mismo y un sector del Partido Republicano llevan tiempo impulsando un cambio de régimen y un refuerzo de la presencia naval en el Caribe, este golpe se ha diseñado para copar la atención mediática y desviar el foco del deterioro de las encuestas y de una serie de reveses judiciales relacionados con sus intentos de desplegar la Guardia Nacional. Paralelamente, las pruebas de su implicación en la red de abusos sexuales y violaciones vinculada a Jeffrey Epstein están empezando a resquebrajar su base de apoyo.

A medida que los autócratas ven amenazado su control del poder, se vuelven más peligrosos e imprevisibles. Las maniobras de Netanyahu para mantenerse a flote frente a sus escándalos de corrupción —incluida su disposición a sacrificar rehenes para prolongar el genocidio— son ilustrativas. Cuando la crisis se cierne sobre ellos, estos gobernantes generan nuevas crisis para distraer a la población. Toda oposición eficaz debe esforzarse por mantener la atención sobre aquello que Trump intenta ocultar. Eso es, precisamente, lo que más teme.

Entendido como una operación mediática, el ataque contra Venezuela es un ataque contra todas nosotras: un intento de intimidar a cualquiera que pudiera resistirse al régimen de Trump, de hacernos aceptar que la violencia estatal seguirá intensificándose hagamos lo que hagamos, de convencernos de que no somos protagonistas de nuestro propio tiempo.

Como ya señalamos en 2025, Trump ha copiado buena parte de su estrategia de líderes autoritarios como Vladimir Putin. Cuando Putin fue nombrado primer ministro en agosto de 1999, sus índices de aprobación eran incluso más bajos que los de Trump hoy. Resolvió ese problema mediante la segunda guerra de Chechenia, que disparó su popularidad. Desde entonces, cada vez que su apoyo se ha desplomado, ha recurrido al mismo patrón: Georgia en 2008, Crimea y el Donbás en 2014, Ucrania en 2022, consolidando progresivamente el control de la sociedad rusa hasta poder enviar a cientos de miles de personas al matadero de la guerra.

Putin ha utilizado la guerra en Ucrania como instrumento de control interno, y en Rusia este control va mucho más allá de la represión de protestas. A medida que empeoran las condiciones económicas, necesita proyectar fuerza y brutalidad constantes, al tiempo que gestiona una población cada vez más inquieta y desesperada. Reclutar a jóvenes de familias empobrecidas del interior para enviarlos al frente sirve para mantenerlos ocupados; si decenas de miles no regresan, tanto mejor: no engrosarán las cifras del desempleo ni protagonizarán protestas. El servicio militar obligatorio también ha empujado al exilio a miles de personas que podrían haber encabezado una revuelta. Es una estrategia que veremos reproducirse en otros lugares a medida que se profundice la crisis global del capitalismo.

La diferencia fundamental es que, aunque Estados Unidos es mucho más poderoso que Rusia, el control de Trump sobre el poder es mucho más frágil que el de Putin. Además, tras las desastrosas ocupaciones de Afganistán e Irak, el electorado estadounidense es hoy mucho menos tolerante con operaciones que pongan en riesgo la vida de soldados estadounidenses.

Trump no es un estratega disciplinado ni coherente. Recurre sistemáticamente a la amenaza y la intimidación, explotando la cobardía y la debilidad de sus interlocutores. Confía en que esa intimidación baste para someter a los gobiernos latinoamericanos sin necesidad de nuevas intervenciones militares. Si fracasa, probablemente recurrirá a tecnología militar, mercenarios privados y otros mecanismos para ejercer la fuerza sin desplegar tropas en el terreno. Pero la guerra, una vez iniciada, impone su propia lógica. Si la administración Trump persiste en este camino, las fuerzas estadounidenses podrían verse arrastradas a un conflicto abierto.

Tras el ataque a Venezuela, Trump y su entorno han amenazado con actuar de forma similar contra México, Cuba, Colombia, Dinamarca y otros países. Sin duda lo harán si creen actuar desde una posición de fuerza; pero incluso si las cosas se tuercen, Trump puede intentar utilizar estas maniobras como cortina de humo para ocultar su debilidad.

El regreso del saqueo

El capitalismo nació al calor del saqueo colonial y, a medida que los márgenes de beneficio se reducen en la economía mundial, los gobiernos están retomando esa vieja estrategia de acumulación.

Esto explica tanto la apropiación territorial de Putin en Ucrania como el intento de Netanyahu de utilizar el genocidio como herramienta de gentrificación, o la última aventura de Trump en Venezuela.

En un documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, publicado en noviembre de 2025, la administración Trump asumió explícitamente un «Corolario Trump» de la Doctrina Monroe, cuyo objetivo es «restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental» para «negar a competidores extrahemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio».

Trump ha bautizado esta estrategia como «Doctrina Donroe», proclamando que «el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado». Se trata, sin duda, del petróleo —Venezuela alberga alrededor del 17 % de las reservas mundiales—, pero también de una pugna geopolítica con China, principal inversor e importador del petróleo venezolano, que adquiere cerca del 80 % de sus exportaciones y ha concedido más de 60.000 millones de dólares en préstamos desde 2007. Esta orientación es anterior a Trump: la revitalización de la Doctrina Monroe, enfocada a competir con China y Rusia en el Sur Global, ya era un eje central de la Comisión 2024 sobre Estrategia de Seguridad Nacional creada bajo la administración Biden. Dicha comisión reclamaba explícitamente disputar a China y Rusia la influencia en América Latina en materia de explotación de recursos naturales y capacidades de proyección de poder. Trump representa el giro autoritario; la lógica económica y geopolítica ya estaba ahí.

En otras palabras, la brutalidad de Trump ofrece a la clase dominante una respuesta a un problema estructural del capitalismo contemporáneo: la evaporación de oportunidades rentables.

El plan de entregar la extracción de recursos venezolanos a empresas petroleras estadounidenses forma parte de una nueva fase de saqueo colonial, caracterizada por la apropiación directa de activos ajenos. Hay que entenderlo en el contexto del estancamiento económico y la financiarización. Históricamente, recuerda a periodos de «caos sistémico», cuando la caída de los beneficios empujó al capital hacia la especulación financiera y el sistema mundial solo logró recomponerse mediante una violencia masiva. El ejemplo más cercano es el periodo 1914-1945, que incluyó las dos guerras mundiales.

No se trata solo del petróleo, sino de reforzar las condiciones que permiten la especulación capitalista en general, y de anticipar una violencia de mayor escala. Estamos entrando en una fase de relaciones basadas en la fuerza desnuda, no en el «imperio de la ley» ni en la diplomacia. Este ataque, como la propia presidencia de Trump, es un síntoma, no la causa.

A diferencia del imperialismo populista del pasado, que redistribuía parte del botín para sostener el consenso interno, el ataque de Trump está diseñado para beneficiar a un grupo cada vez más reducido de capitalistas. La clase media y la clase trabajadora blanca han dejado de ser «socios menores» del proyecto colonial y tienen cada vez menos razones para identificarse con él.

La cuestión del liderazgo

En un primer momento, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez adoptó un tono desafiante, pero pronto dio un giro hacia una retórica más conciliadora. Esto ha alimentado especulaciones sobre una posible disposición a cooperar con el régimen de Trump, o incluso sobre negociaciones ya en marcha.

Existen múltiples escenarios posibles y resulta difícil discernir cuál es el real. Tal vez Estados Unidos haya colocado a Rodríguez ante una situación extrema que esté afrontando con valentía; tal vez existan acuerdos secretos; tal vez ocurra algo distinto. En cualquier caso, la vulnerabilidad del chavismo ante el secuestro de su líder —y la posibilidad de que sectores del gobierno venezolano se conviertan en cómplices del plan de Trump para apropiarse de los recursos del país— pone de manifiesto que toda jerarquía constituye un punto débil para los procesos de liberación.

La historia reciente ofrece ejemplos claros: antiguos gobiernos revolucionarios, como el de Daniel Ortega en Nicaragua, acabaron integrándose forzosamente en el neoliberalismo y aplicando políticas de austeridad y control estatal. Ante estas derrotas, algunas corrientes concluyen que la única soberanía posible pasa por alinearse con Estados fuertes y armados nuclearmente, lo que sustenta el llamado «campismo».

Sin embargo, Rusia y China operan bajo la misma lógica autoritaria y capitalista que Estados Unidos, y quienes las apoyen no tendrán mayor capacidad de influir en sus decisiones. El resultado es la defensa impotente de autócratas genocidas. La alternativa real no es elegir un bando estatal, sino construir una resistencia internacional desde abajo, capaz de trascender fronteras.

Para que esa alternativa sea viable, la población estadounidense deberá desarrollar la capacidad de impedir que su propio gobierno bombardee y saquee otros países.

Qué esperar, cómo prepararse

El ataque contra Venezuela marca una escalada en una guerra indirecta con China. Reconducir la base industrial —incluida la industria tecnológica— hacia la industria bélica es una forma de afrontar el estancamiento económico, pero solo será viable si la administración Trump logra reavivar el «espíritu nacional» y el patriotismo. En este sentido, puede sostenerse que la prisa por asegurar la financiación y expandir la inteligencia artificial busca, en última instancia, moldear una población más dócil, crédula y fácil de controlar.

A corto plazo, cabe esperar que la administración Trump intente de nuevo recurrir a la Ley de Enemigos Extranjeros contra la población venezolana y otros colectivos. El intento anterior de Trump y Miller fue rechazado por los tribunales porque, en aquel momento, Estados Unidos no se encontraba formalmente en guerra. Ahora que han fabricado una guerra, la utilizarán para declarar nuevas emergencias y justificar una escalada represiva. También es previsible un aumento de la violencia racista contra personas latinoamericanas y chinas, así como represalias contra la política exterior estadounidense por parte de actores no estatales o intermediarios, que la administración Trump tratará de instrumentalizar para reforzar su agenda.

Las elecciones de mitad de mandato están previstas para noviembre de 2026. Trump y el Partido Republicano no parten como favoritos, pero el expresidente ha cruzado tantas líneas rojas que no puede permitirse ninguna amenaza a su poder. Ya sea mediante interferencias electorales, fraude o —más probablemente— la creación de crisis que legitimen un estado de excepción, todo apunta a que estas elecciones serán las menos «democráticas» de los últimos tiempos. Confiar únicamente en las urnas no bastará para salir de esta situación.

A medida que Trump se vea acorralado por crisis, escándalos y obstáculos crecientes, su comportamiento será cada vez más violento, errático y peligroso. Esto es una señal de debilidad, pero se trata de una debilidad respaldada por toda la potencia del aparato militar estadounidense. Debemos anticipar enfrentamientos militares de mayor envergadura antes de octubre de este mismo año, incluidos nuevos despliegues de la Guardia Nacional y, quizá, incluso la imposición de la ley marcial.

Las guerras impopulares y carentes de un mandato claro, especialmente aquellas que implican bajas estadounidenses u otros sacrificios internos, pueden precipitar la caída de un régimen. Nuestra tarea consiste en convertir esta guerra —junto con los demás errores de Trump y los conflictos que se avecinan— en una carga insoportable para toda la clase dominante. Hará falta una fuerza popular enorme para desalojar a Trump del poder, por lo que debemos impulsar propuestas igual de ambiciosas y no limitarnos a reclamar un regreso a un statu quo centrista que ya es profundamente impopular. Las personas revolucionarias deben prepararse para superar las maniobras centristas destinadas a estabilizar el Estado sin transformarlo. Aunque ahora pueda parecer difícil de imaginar, los levantamientos y las revoluciones se desarrollan con rapidez: a lo largo de 2024, las revoluciones protagonizadas por la llamada «Generación Z» derribaron regímenes en distintas partes del mundo.

En todo Estados Unidos se han repetido consignas como «No más sangre por petróleo». Sin embargo, Trump ha llegado a la conclusión de que su base social desea ambas cosas: petróleo y sangre. Los movimientos contra la guerra tienden a adoptar un enfoque conservador, centrado en presionar a las instituciones estatales; pero, como ya hicieron administraciones anteriores, el régimen de Trump ha dejado claro que no se siente condicionado por la oposición. En lugar de limitarse a protestas simbólicas y a la formulación de demandas, es necesario construir movimientos horizontales capaces de responder a las necesidades reales mediante la acción directa. Estos movimientos deben centrarse en las condiciones compartidas por la gente común, desde Caracas hasta Minneapolis: pobreza, austeridad, expolio de recursos básicos, control ejercido por mercenarios violentos y gobiernos de magnates que no rinden cuentas. En este sentido, la resistencia contra la Oficina de Inmigración y Aduanas en distintos puntos de Estados Unidos constituye un paso prometedor.

Si, como sugiere Stephen Miller, los gobiernos no representan ni los deseos ni la voluntad de quienes gobiernan; si —como ya debería resultar evidente— no actúan en defensa de nuestros intereses, sino únicamente para acaparar la mayor cantidad de riqueza posible, entonces nadie está moralmente obligado a obedecerlos. La única cuestión es cómo acumular la fuerza colectiva suficiente —el poder popular, el poder horizontal— para derrotarlos.

Apéndice: lecturas adicionales

Como punto de partida, se recomienda consultar «Denunciamos la ofensiva imperialista contra Venezuela», una declaración internacional de organizaciones anarquistas latinoamericanas publicada en diciembre de 2025.

Para profundizar en la situación venezolana, las personas lectoras hispanohablantes pueden acudir al archivo de la ya desaparecida publicación anarquista venezolana El Libertario. Allí se encuentran, entre otros materiales, una evaluación crítica de las organizaciones sociales bolivarianas de 2006 y una recopilación de textos sobre el papel de la industria petrolera en la represión de los movimientos populares de base y su integración en la economía global. Por ejemplo:

«Venezuela forma parte de un proceso de construcción de nuevas formas de gobernanza en la región, que han desmovilizado a los movimientos sociales surgidos en respuesta a las políticas de ajuste estructural de la década de 1990, relegitimando tanto al Estado como a la democracia representativa para cumplir con las cuotas de exportación de recursos naturales hacia los principales mercados mundiales» — Ley Habilitante: dictadura para el capital energético, en El Libertario, nº 62, marzo-abril de 2011.

Desde esta perspectiva, el ataque de Trump contra Venezuela puede entenderse como una continuación contemporánea de ese mismo «proceso de construcción de nuevas formas de gobernanza en la región».

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Crónica de un ataque a Venezuela, un país escindido hasta en el desconcierto

Por: Todo Por Hacer

Por Yadira Márquez. Extraído de Zona de Estrategia

Son cerca de las dos de la madrugada del sábado 3 de enero cuando los habitantes de Caracas despiertan con un estruendo espantoso; son bombas y misiles que caen en distintos puntos de la ciudad. Tres explosiones destruyen parte del aeropuerto de La Carlota, ubicada en una zona poblada del este de la ciudad. La onda expansiva hace retumbar casas y edificios a kilómetros a la redonda. El Fuerte Tiuna, zona ubicada en el sur, donde se concentra el poder militar (el ministerio de la defensa, la sede de las FFAA) y residencia de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, es atacado brutalmente por unos diez helicópteros militares estadounidenses. Caen las bombas y las instalaciones arden. Las familias de militares residentes en la zona huyen. Buena parte de la ciudad se queda sin energía eléctrica ni internet. Al tiempo, son bombardeadas otras instalaciones militares y de comunicación en otros puntos del país.

El pánico se apodera de la gente y poco a poco va dando paso al desconcierto. Para la mayoría de los venezolanos, aunque la invasión haya sido anunciada por Donald Trump durante meses, ser bombardeados por naves militares yankees era una distopía, algo absolutamente irreal o un delirio del gobierno.

Mientras, distintos puntos de Caracas, el estado Vargas, Aragua y Miranda arden y la gente que habita a sus alrededores sale a las calles despavorida, los medios oficiales guardan silencio. Por las redes del chavismo circula el llamado a la calma, el discurso de que se trata de pequeños ataques, e incluso, que se trata de naves venezolanas, es decir, lo de siempre; menospreciar o tapar lo que está pasando, aunque el gobierno pueda estar cayendo. En Venezolana de Televisión (el canal del Estado), una reportera apostada en una calle vacía hablaba de la normalidad y control de la situación.

La gente se vuelca a las redes para conseguir algo de información, para entender lo que pasa, para administrar la angustia. Van circulando videos de las explosiones, los ataques, los incendios. Vemos helicópteros enormes atravesando el cielo de la ciudad entre la oscuridad. Imágenes inconexas, sueltas, sin un hilo que vaya generando un sentido. Esas dos horas se hacen eternas por la magnitud de la violencia y el terror que siembra.

Solo pasadas las cuatro de la mañana se conocen las declaraciones de Donald Trump, que anuncia que las fuerzas de seguridad norteamericanas han secuestrado al presidente Maduro y a Cilia Flores y que los llevan a Estados Unidos para ser juzgados por crímenes como narcotráfico, posesión de armas de guerra y cualquier otra cosa.

Casi dos horas después de los bombardeos aparece el Ministro de la Defensa, solo, en un video grabado, denunciando de que se trata de una agresión imperial. Ninguna explicación de qué pasó, de por qué la defensa falló y mucho menos reconociendo su responsabilidad en esa falla. El canal del Estado anuncia que se ha decretado “Estado de Conmoción Externa”, lo que implica excepcionalidad y restricción de garantías constitucionales, de nuevo sin detalle ni explicación alguna. Hay un silencio hermético que aumenta el desasosiego y la incertidumbre, primero, y luego, la sospecha.

En su alocución posterior, un Donald Trump emocionado habla del éxito de la “operación”. “Fue perfecta”, “la vi en directo como si fuera una película”, “si ustedes hubieran visto la velocidad, la violencia”, “solo nosotros podíamos hacerlo” dice, con una excitación casi obscena. Es poder regocijándose sobre sí mismo, celebrando su propia barbarie, narcisista, delirante.

Dos días después de la invasión en Venezuela hay un ambiente de incredulidad por lo sucedido, de conmoción por la agresión y por la soberbia que la rodea, pero también de incertidumbre por lo que vendrá. Los medios de comunicación, controlados por el gobierno, mezclan documentales de animales con lectura de comunicados oficiales llenos de consignas y nada más. Tampoco encontramos información en otros medios públicos como Telesur que fue creada para combatir el cerco mediático. Las pocas alocuciones oficiales, después de los discursos  antimperialistas de rigor, han llamado a la calma y a la normalidad. No hay información. No hay datos, no hay cifras de heridos y fallecidos, no hay registro de las zonas destruidas, no hay análisis de lo qué ocurrió y de cómo ocurrió. Posiblemente porque explicar cómo penetraron el sistema de defensa sin bajas visibles en el equipamiento o personal militar estadounidense, o mejor dicho, explicar por qué los sistemas de defensa no se activaron, aunque la invasión había sido anunciada durante meses, es bastante comprometedor para quien controla los medios y detenta hasta ahora el poder.

La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, es designada presidenta “encargada” gracias a la maniobra legal del Tribunal Supremo de Justicia, que decreta ausencia temporal del presidente (y no la ausencia definitiva) y así evita la obligación de convocar a elecciones en 30 días. En su intervención del sábado por la tarde lanza las consignas antiimperialistas de rigor, pero el domingo invita al gobierno de Estados Unidos a construir una agenda de colaboración y dice que su prioridad es un vínculo armónico con ese país.

Por su parte, las declaraciones de Marco Rubio hacen que todas las narrativas creadas para justificar la agresión se desmoronen. No hay ninguna alusión a cómo desmantelaran el supuesto “cartel de los soles”, no se habla de elecciones, de derechos humanos, ni se menciona el destino de los más de 800 presos políticos encerrados en condiciones inhumanas.

Entre la gravedad de los hechos y el vacío de información las venezolanas, quedamos atrapadas en la incertidumbre y la necesidad de hallar sentido. Los opositores seguidores de María Corina Machado, hacen malabarismos retóricos para tratar de explicar cómo es que, a pesar de ser promotores de la invasión, los dejaron por fuera de la negociación. Los seguidores del gobierno tratan de hacer conciliar la indignación por la agresión imperial con los llamados a la normalidad. Es un país escindido hasta en el desconcierto.

Quienes no comulgamos ni con la oposición clasista y antidemocrática (y su ingenuo relato de salvación), ni con el gobierno impopular que se está resquebrajando, optamos por atar los retazos de información de aquí y de allá. La ausencia de un relato coherente que hile un suceso tan atroz, con el llamado a la calma y a la normalidad produce un vacío de sentido. La gente no sabe muy bien cómo describir lo que se siente, hay un estado general de conmoción y a la vez de pasividad general.

Es difícil no pensar en negociaciones para entregar a Maduro (o no resistir al secuestro, que es casi lo mismo). En especial, después de que los portavoces del gobierno estadounidense hayan dicho que esto se viene preparando con participación interna desde hace meses. Y, menos aún, después de que Marco Rubio declarara que ha estado en conversaciones con Delcy Rodríguez quien se ha mostrado siempre “dispuesta a colaborar”. Sabemos que el principal interés del gobierno estadounidense (además del geopolítico) es la riqueza petrolera venezolana. Ya Donald Trump anunció que va a invertir en la infraestructura petrolera para recuperarla y que genere riqueza para el país –¿el suyo?–. También dijo que para eso necesita en el poder a quien le garantice un mínimo de gobernabilidad y estabilidad.

Mientras tanto, queda la sensación de que nunca sabremos exactamente cómo se fraguó y ejecutó la agresión. Pero la incertidumbre hacia el futuro inmediato es muy grande para detenernos a pensar en ello. Las preguntas sobre lo que puede pasar se multiplican. En ese escenario, la idea de que el gobierno bolivariano se convierta en el nuevo administrador de las petroleras gringas se nos aparece como una imagen bizarra, como el más triste final de lo que alguna vez fue un sueño revolucionario.

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La geopolítica de la campaña estratégica de Trump contra Venezuela

Por: Todo Por Hacer

Por John Feffer, autor de la novela distópica Splinterlands y director de Foreign Policy In Focus en el Institute for Policy Studies. 

Traducido por Sinfo Fernández para ‘Voces del Mundo’

Extraído de Lo Que Somos

Donald Trump tiene sin duda ambiciones globales. Está utilizando los aranceles para remodelar la economía mundial. Está retirando a Estados Unidos del mayor número posible de organizaciones y acuerdos multinacionales con el fin de destruir el orden internacional liberal. Y ha alternado entre enfrentarse a adversarios (como Irán) y negociar un alto el fuego (como el de Gaza).

Pero también tiene objetivos hemisféricos: consolidar la hegemonía estadounidense en el “patio trasero” de América Latina y el Caribe. En cierto modo, estos objetivos no son más que una versión a pequeña escala de sus ambiciones globales. Aquí también está imponiendo aranceles tanto a aliados como a adversarios. Ha amenazado con retirar a Estados Unidos de pactos multinacionales como la Organización de Estados Americanos. Ha apoyado a amigos autocráticos —Nayib Bukele de El Salvador, Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador— y ha tratado de castigar a cualquiera que se le haya enfrentado, incluidos Lula en Brasil y Gustavo Petro en Colombia.

En este contexto, su política hacia Venezuela parece apartarse de su enfoque habitual hacia los adversarios de Estados Unidos, que suele consistir en negociaciones transaccionales (como con Corea del Norte y Bielorrusia) o, más frecuentemente, en amenazas y acciones no militares (como con China y Rusia). En los últimos meses, por el contrario, la administración Trump ha atacado a casi dos docenas de embarcaciones en el Caribe y el océano Pacífico oriental, y ha matado a más de 80 personas, a la mayoría de las cuales la administración ha intentado vincular con Venezuela. Estados Unidos ha puesto precio (50 millones de dólares) a la cabeza del líder venezolano Nicolás Maduro. Ha enviado una considerable potencia de fuego a la región, incluyendo aviones F-35, ocho buques de guerra de la Armada, un buque de operaciones especiales, un submarino de ataque de propulsión nuclear y el portaaviones USS Gerald R. Ford, junto con aproximadamente 10.000 soldados estadounidenses y 6.000 marineros. Por si fuera poco, la administración también ha anunciado el envío de una misión de la CIA a Venezuela.

Esta fuerza militar es suficiente para llevar a cabo una guerra aérea sostenida contra Venezuela. Sin embargo, un asalto anfibio o una invasión terrestre requerirían de al menos 50.000 soldados, según el CSIS, por lo que aún no parece estar en el horizonte. Trump ha sugerido que la guerra es improbable, pero rara vez revela sus planes con antelación. Por el momento, esta demostración de fuerza parece diseñada para intimidar a Maduro y obligarlo a dimitir o para envalentonar a la oposición o a elementos del ejército para que tomen el poder.

En otros países, su gobierno no ha dudado en amenazar con acciones militares (como en Groenlandia) o incluso usar la fuerza (como en Irán). Pero la campaña contra Venezuela es de una magnitud mucho mayor. La declaración de “guerra” contra los “narcoterroristas” proporciona a ese gobierno una justificación casi ilimitada para matar a cualquiera que se considere una amenaza para los intereses nacionales de Estados Unidos. Trump ha criticado periódicamente a gobiernos anteriores por su participación en “guerras eternas”, un mensaje populista que caló hondo en muchos votantes. Sin embargo, esta nueva versión de la guerra eterna contra las drogas, con objetivos imprecisos y sin un cronograma claro, no ha suscitado muchas críticas por parte de los partidarios republicanos de Trump. Una votación en el Senado para invocar la Ley de Poderes de Guerra fracasó por un estrecho margen, al obtener sólo dos votos republicanos.

A primera vista, la estrategia de Trump para señalar a Venezuela parece más oportunista que estratégica. El gobierno venezolano, especialmente después de que las elecciones presidenciales de 2024 revelaran un descontento generalizado con el régimen, es relativamente débil. La economía venezolana sufre la tasa de inflación más alta del mundo y una grave erosión del nivel de vida. De la misma manera en que Trump bombardeó Irán sólo después de que Israel hubiera hecho que dicha misión estuviera prácticamente libre de riesgos, está presionando a Venezuela porque su modesto tamaño, debilidad militar y gobierno impopular la convierten en un blanco fácil.

Pero Cuba también sufre desafíos internos similares y (aún) no ha merecido una campaña de presión estadounidense a gran escala. Venezuela ha suministrado petróleo a Cuba durante las últimas dos décadas, evitando que su economía colapsara. Sin embargo, ese comercio ha disminuido sustancialmente, de 56.000 barriles diarios a tan sólo 8.000 en junio de 2025. Actores clave de la administración Trump, en particular el secretario de Estado Marco Rubio, llevan mucho tiempo abogando por un cambio de régimen en Cuba. Por lo tanto, una posible explicación de la campaña contra Venezuela es su capacidad para aislar aún más a Cuba y posiblemente desencadenar un cambio de régimen allí como parte de una nueva teoría del efecto dominó sostenida por algunos sectores de la administración.

Sin embargo, el equipo de Trump no está del todo unificado en su enfoque hacia Venezuela. Un ala neoaislacionista ha estado presionando contra las estrategias de cambio de régimen. Hasta hace poco, el enviado de Trump a Venezuela, Richard Grinnell, impulsaba esta postura, y Maduro se mostró más que receptivo a una solución diplomática. Según The New York Times, Maduro “ofreció abrir todos los proyectos petroleros y auríferos existentes y futuros a empresas estadounidenses, otorgar contratos preferenciales a empresas estadounidenses, revertir el flujo de exportaciones petroleras venezolanas de China a Estados Unidos y recortar drásticamente los contratos energéticos y mineros de su país con empresas chinas, iraníes y rusas”. Ni siquiera esta generosa oferta, que rozaba lo servil, logró convencer a Trump.

El oportunismo no explica del todo la magnitud de los esfuerzos de Trump en Venezuela y sus alrededores. Tampoco lo hace la conocida animadversión hacia Maduro que se remonta a su primer mandato. Aunque los instintos de Trump son generalmente transaccionales, de vez en cuando realiza cálculos geopolíticos. En este caso, Venezuela atrae su atención porque, a diferencia de Cuba, se encuentra en la encrucijada de varias obsesiones: la inmigración, las drogas, los combustibles fósiles y China.

Expulsar a China del hemisferio

China es ahora el principal socio comercial de Sudamérica y el segundo de América Latina en su conjunto. La región envía a China materias primas como soja, cobre y petróleo a cambio de productos manufacturados. La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China ha canalizado inversiones considerables hacia proyectos de minería, agricultura e infraestructura en toda América Latina. Pekín también ha abierto múltiples líneas de crédito para los países de la región. Venezuela es el mayor prestatario, con una deuda de 60.000 millones de dólares con China, el doble de la del siguiente mayor receptor, Brasil.

La administración Trump se centra en desvincular la economía estadounidense de la china. Su mayor ambición es desvincular todo el hemisferio, empezando por América del Norte. Su estrategia hasta el momento en las negociaciones con Canadá y México, que se llevarán a cabo de forma bilateral o trilateral mediante la renegociación del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, ha sido cerrar el acceso de China a los mercados norteamericanos mediante el bloqueo del transbordo de productos terminados chinos, la reducción de la cantidad de piezas y componentes chinos en la cadena de suministro y la restricción de la inversión china en plantas de fabricación que luego exportan a Estados Unidos. Trump está obsesionado con los intentos chinos de entrar al mercado norteamericano a través de estas puertas traseras, aunque el uso chino de estas estrategias es bastante modesto. Los negociadores comerciales estadounidenses han estado presionando a sus homólogos mexicanos y canadienses para que bloqueen estos puntos de entrada al mercado estadounidense.

Trump está ejerciendo presiones similares sobre otros líderes latinoamericanos. Comenzó presionando a Panamá para que se retirara de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Más recientemente, ha centrado su atención en Argentina, que es el segundo socio comercial más importante de China en la región después de Brasil. China ha invertido en varios proyectos importantes de infraestructura en Argentina, incluyendo dos represas hidroeléctricas, un observatorio espacial y la construcción de otra central nuclear. Trump, mientras tanto, ha otorgado un paquete de rescate de 20.000 millones de dólares a Milei para prevenir una crisis económica, dejando clara su preferencia por que Argentina degrade su relación con China.

Se ha hablado mucho de que Trump recurra a una estrategia geopolítica de “esferas de influencia”, por la que China se centra en Asia, Rusia en sus “países circundantes” y Estados Unidos en América. Esta división del mundo quizás se alinee con la preferencia de Trump por considerar la geopolítica como un negocio por otros medios, con diferentes regiones funcionando como territorio corporativo.

Pero Trump no está retirando a Estados Unidos del resto del mundo. Ha asegurado derechos mineros en Ucrania, ha negociado la participación estadounidense en un corredor de transporte entre Armenia y Azerbaiyán, y ha establecido acuerdos sobre minerales con el “club de naciones” (Australia, Camboya, Japón, Malasia y Tailandia). Y su administración está redoblando sus esfuerzos para contener a China mediante alianzas, la expansión de bases en el Pacífico y un mayor gasto del Pentágono.

Mientras tanto, la estrategia de Trump hacia las Américas se enfrenta a una considerable resistencia. México ha afirmado su soberanía respecto a su relación económica con China y su rechazo a la intervención militar estadounidense contra el narcotráfico. El gobierno brasileño se ha negado a dar marcha atrás en el procesamiento del expresidente Jair Bolsonaro ante el aumento de los aranceles estadounidenses. Incluso Ecuador, donde el presidente Daniel Noboa tiene una fuerte afinidad ideológica con Trump, no puede permitirse poner en peligro su relación con China, que ha implicado un considerable volumen de comercio, inversiones en infraestructuras y 11.000 millones de dólares en préstamos.

El esfuerzo de Trump por reducir la influencia económica china en la región tiene menos que ver con una estrategia geopolítica de “esferas de influencia” que con el deseo del presidente de reducir la dependencia de Estados Unidos —y, por extensión, la dependencia hemisférica— de Pekín. Quiere que las corporaciones, los bienes y el capital estadounidenses ocupen el primer lugar en América Latina, no en el sentido de una producción globalizada, sino en un sistema radial donde todas las decisiones clave y la fabricación se realicen en Estados Unidos.

Otros factores que impulsan la política trumpista hacia Venezuela

Donald Trump ganó la reelección en gran medida gracias a su enfoque en asuntos internos, especialmente en inmigración, drogas y política energética. Minimizó deliberadamente los asuntos internacionales, salvo para prometer el fin de varias guerras que le costaban dinero y armas a Estados Unidos.

Sin embargo, Venezuela reúne muchos de los objetivos nacionales de Trump. Si bien el país no es la principal fuente de cocaína ni fentanilo que entra en Estados Unidos, Trump ha caracterizado la operación criminal venezolana Tren de Aragua y al gobierno de Maduro como responsables clave de asesinatos de estadounidenses a través de las drogas. También ha utilizado el Tren de Aragua para vilipendiar a inmigrantes y ha hecho un gran alarde de la deportación de venezolanos presuntamente vinculados con la pandilla a una prisión de alta peligrosidad en El Salvador (pocos, si es que alguno, de los deportados tenían tales conexiones). La orden del gobierno que canceló el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para aproximadamente 300.000 venezolanos residentes en Estados Unidos mencionaba repetidamente el Tren de Aragua.

Venezuela posee las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo, cinco veces más que las de Estados Unidos. Las compañías petroleras estadounidenses, principalmente Chevron, han colaborado con la petrolera estatal venezolana para producir y transportar petróleo. Trump inicialmente rompió esa relación, pero la restableció discretamente en julio. Simultáneamente, la administración Trump impuso un arancel adicional a los países importadores de petróleo venezolano. Sin embargo, las exportaciones petroleras venezolanas alcanzaron recientemente su máximo en cinco años, impulsadas principalmente por las ventas a China y favorecidas por la participación de Chevron en la producción.

Trump, por su parte, ha impulsado la expansión de sus intereses en combustibles fósiles en Estados Unidos, abriendo nuevas áreas de perforación, ofreciendo incentivos fiscales a las compañías de gas y petróleo, reduciendo la supervisión regulatoria y debilitando la competencia en energías limpias. Sin embargo, cualquier reorientación a largo plazo de la economía estadounidense hacia el petróleo requerirá acceso a otras fuentes. Rusia está fuera de la ecuación por el momento. Oriente Medio es impredecible. Venezuela es problemática si su gobierno decide restringir el acceso de Chevron o dar un trato preferencial a China o a algún otro cliente. Así pues, independientemente de lo conciliador que pueda ser Maduro en este momento, la administración Trump quiere garantizar un acceso seguro a los depósitos de Venezuela durante mucho tiempo en el futuro.

La administración Trump ha enmarcado su afán por asegurar materias primas críticas como el litio, las tierras raras y el petróleo como parte de su competencia con China. Sin embargo, China ha anticipado desde hace tiempo la centralidad de minerales clave —por ejemplo, al asumir el procesamiento de tierras raras de Estados Unidos hace algunas décadas— y se está alejando rápidamente de su propia dependencia de los combustibles fósiles. Por lo tanto, la administración Trump llega demasiado tarde y se centra demasiado en el objetivo equivocado.

Venezuela tampoco es el socio más importante de China en América Latina. Pero la administración Trump podría estar atacando a Maduro por ser el eslabón más débil. Según el adagio chino, hay que matar al pollo para asustar a los monos más poderosos. La creciente presión sobre Venezuela es una señal para que China y otros actores poderosos reduzcan sus inversiones en el hemisferio y, más aún, una advertencia para otros Estados latinoamericanos de que es mejor que sigan la línea de la administración Trump, o de lo contrario…

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La derecha venezolana no incluyó el caso de Maikelys en sus medios de prensa, TV o redes sociales

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✇Anarkismo

Taller de Estudios Anarquistas: La experiencia de los paros nacionales en Colombia

Por: ViaLibre
Taller de Estudios Anarquistas:
La experiencia de los paros nacionales en Colombia

Del 14 de septiembre al 5 de octubre
Jueves 600 pm
La Redada Miscelánea Cultural (Calle 17 #2-51)
Bogotá

Primera sesión: Introducción y primeras experiencias (1944-1957) 14 de septiembre
Segunda sesión: Auge y crisis (1963-1990) 28 de septiembre
Tercera sesión: Recomposición y estallido (1999-2021) 5 de octubre

Entrada libre
Grupo Libertario Vía Libre

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✇El Libertario: Anarquismo y movimientos sociales autónomos

La farsa judicial de la dictadura contra Rodney Álvarez ya no puede ser más grotesca

Por: periodicoellibertario

José Rivas (Correo del Caroní)
 
El abogado defensor del ferrominero Rodney Álvarez, Luis Aguilera, no pudo entrar a la audiencia de juicio de este martes 13 de marzo, luego que le impidieran el acceso al Palacio de Justicia por órdenes del presidente del Circuito Judicial Penal del área metropolitana de Caracas.

Armando Guerra, uno de los activistas que ha denunciado el caso de Álvarez, denuncia que la medida busca que el ferrominero acepte un defensor público que lo inste a admitir los delitos por los que se le acusa.

El ferrominero Rodney Álvarez está preso desde hace casi 10 años, luego de ser acusado de asesinar con arma de fuego al obrero Renny Rojas, en el momento que trabajadores realizaban una asamblea en los portones de Ferrominera Orinoco.

Desde el incidente, trabajadores presentes ese día han señalado a Héctor Maicán, representante de la Federación Bolivariana de Trabajadores (FBT) y cercano, para aquél entonces, al exgobernador de Bolívar, Francisco Rangel Gómez, como el autor de los disparos. Sin embargo y aunque durante los más de 9 años de juicio no han podido comprobar la culpabilidad de Álvarez, el afectado sigue preso.

En este tiempo Álvarez ha sufrido retardos procesales, cambios de jueces en etapas finales de juicios y nulas garantías de un proceso verdaderamente justo. “Vemos reiterada la conducta del sistema de injusticia de maltratar a Rodney”, recriminó Guerra.

En noviembre de 2020 el juicio fue detenido luego de que cambiaran la jueza cuando estaban cercanos de declarar la decisión del caso y se reinició el 4 de febrero de 2021, desde cero y por novena vez el juicio.

Señaló que esta medida solo busca desgastar física y anímicamente al trabajador y es una forma de retaliación ante las denuncias planteadas sobre el caso del ferrominero en instancias internacionales.
Siguen desconociendo a la OIT

En 2019, la Comisión de Encuestas, el órgano de investigación más importante, de la Organización Internacional del Trabajo recomendó que el ferrominero fuera liberado, acción que todavía no ha sido cumplida por el gobierno.

Rubén González, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera Orinoco y uno de los primeros trabajadores que culpó a Maicán por el asesinato, señaló que el régimen no quiere cumplir las recomendaciones de la OIT, donde se pide la liberación de Álvarez.

Asimismo insistió que el gobierno ha intervenido en cualquier decisión que pudiese tomar algún juez para la liberación de Álvarez y con esta medida “lo que quieren es poner un defensor público para que se culpe”.

En un audio difundido por redes sociales, el abogado Luis Aguilera señaló que, al no poder ingresar al Palacio de Justicia, desconocía si se había hecho la audiencia y para cuándo quedaría pautada la otra sesión. Resaltó que se busca coaccionar a Álvarez para que acepte una defensa pública y los cargos.

“Quiero denunciar que esta es una nueva táctica dilatoria del Gobierno nacional para continuar retardando el proceso judicial (…) pero también es un acto de retaliación contra mi persona por cuanto he venido denunciando sistemáticamente la violación de derechos humanos de Rodney ante la Comisión Interamericana”, sostuvo Aguilera.

En dicho audio insistió que continuará asistiendo al Palacio de Justicia, pidiendo que se le deje entrar al tribunal y que escribirá una carta para entregarla en la OIT.

[Tomado de https://www.correodelcaroni.com/laboral-economia/nuevas-trabas-judiciales-vulneran-derecho-a-la-defensa-del-ferrominero-rodney-alvarez/.]

 

 

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En Venezuela profesores universitarios pasan hambre (y no son los únicos)

Por: periodicoellibertario

Efecto Cocuyo
 
Dedicaron su vida a la docencia y la investigación, a la producción de conocimiento, pero hoy cientos de profesores universitarios en Venezuela enfrentan dificultades para satisfacer sus necesidades básicas, incluyendo la alimentación.

“Me llegan tres casos de profesores que están pidiendo apoyo para comprar comida. Uno, jubilado ‘vive’ de su salario, la otra toda la familia cayó con COVID-19 y su esposo está hospitalizado, la tercera jubilada que medio la ayuda una ahijada. Si alguno puede colaborar, escríbame”, compartió en Twitter el 14 de abril la licenciada Nashla Báez.

Historias similares se conocen cada vez con más frecuencia en el gremio, aseguró el gerente de Protección Social del Instituto de Previsión del Profesor de la Universidad Central de Venezuela (IPP-UCV), Manuel García. “Es sumamente doloroso y cruel”, dijo a Efecto Cocuyo sobre las condiciones en las que viven muchos docentes universitarios. Estimó que, de unos 6.900 profesores de la UCV, “el 10 % se encuentra en una situación precaria” y añadió: “nos estamos encontrando casos de profesores con desnutrición severa”.

Refirió que, durante los años 60, 70, 80 y 90, no era común que los profesores tuviesen otra fuente de ingreso fuera de la academia, porque podían tener calidad de vida con sus salarios. Principalmente enfocaban su tiempo en cumplir con los requisitos necesarios para escalar dentro de la academia, incluyendo la realización de múltiples investigaciones en sus campos y los estudios de maestrías y doctorados. Las jubilaciones, por aquella época, también permitían tener una vejez digna.

En la actualidad, el salario mensual de un profesor titular a dedicación exclusiva en la administración pública (el máximo escalafón) es de unos 5 dólares, monto equivalente al costo de un kilo de carne en Caracas.

Dificultad de nuevo empleo

García explicó que, alrededor del 55 % de los docentes universitarios de la UCV tienen entre 65 y 90 años de edad; es decir, son personas de la tercera edad a las que se les dificulta más conseguir otro empleo para subsistir.

Durante la pandemia del COVID-19, dijo el gerente, ha sido más complejo hacer seguimiento a las dificultades que enfrentan en el gremio, “tenemos muchísimo tiempo que no vemos a los compañeros, aun así, te vas enterando…un profesor cuenta que conoce a otro que tiene más de dos días sin comer… que no tiene para comprar sus medicamentos, que no tiene para pagar un pasaje”.

A muchos, aun cuando pasan necesidad, les cuesta pedir ayuda. “Cuando llegaron a tener un nivel socioeconómico alto, a muchos les cuesta trabajo reconocer que se han empobrecido”, agregó García. Muchos han quedado solos en el país producto del fenómeno migratorio, pero no todos reciben remesas. Aun así, señaló, el gremio se ha fortalecido y se han creado redes de ayudas.

El gerente de Protección Social del IPP-UCV está convencido de que la precarización de los salarios de los docentes es parte de un plan orquestado por la administración de Nicolás Maduro para acabar con la academia: “le llamamos el holocausto universitario… porque tú sabes que con un salario de 5 dólares no sobrevive ningún venezolano”.

Sin seguridad social

El profesor Samuel Pérez, integrante de la junta directiva de la Asociación de Profesores de la UCV (Apucv), coincidió en señalar que el gremio se encuentra desasistido: “ve golpeados sus ingresos salariales y desaparecida su seguridad social y no tiene alternativa en el sistema de salud público”. Calculó que hay día en los que pueden recibir unas 20 llamadas diarias de colegas que piden apoyo, incluyendo aquellos a los que no los aceptaron en servicios de salud porque la cobertura del seguro médico no es suficiente. La póliza actual es de unos 350 dólares, según indicó el IPP. Pérez recordó que, además, este viernes 16 de abril se cumplen tres quincenas desde que el Ejecutivo nacional decidió ejecutar el pago de los trabajadores universitarios del país a través del sistema patria, lo que se traduce en que “la universidad perdió la gobernabilidad en la gestión de sus recursos”.

El seguimiento que ha realizado la Apucv del proceso reveló que se han presentado varias irregularidades en cuanto a los pagos, “estamos documentando muchos casos de gente que no está recibiendo lo que deberían recibir, primas que no se están pagando, se están violando las actas convenio”. Por otro lado, el profesor señaló que se cumple un año desde que las autoridades universitarias de la UCV han dejado de enviar al IPP los recursos que les corresponden como contribución el patrono al sistema de seguridad social de los trabajadores.

Proyecto piloto

Ante estas carencias, desde el IPP-UCV y junto a un grupo de profesores, ha surgido la idea de replicar algunos elementos de las iniciativas conocidas como “bancos de alimentos”, para que la institución pueda triangular ayudas a los agremiados que más la necesiten. Para ello, explicaron García y Pérez, se prevé que en las próximas semanas el Instituto realice una encuesta en línea que permita caracterizar y mapear las condiciones en las que se encuentran los docentes universitarios de la UCV. En paralelo han comenzado gestiones con algunas empresas privadas que se mostraron dispuestas a colaborar con la iniciativa de crear y sostener una red de distribución de ayuda solidaria.

[Tomado de https://efectococuyo.com/la-humanidad/es-doloroso-y-cruel-profesores-universitarios-piden-apoyo-para-alimentarse/.]


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Sistema educativo venezolano no aguanta otro año de clases a distancia

Por: periodicoellibertario

Diario El Nacional (Caracas)
 
La pandemia del Covid-19 agravó la crisis ya existente en el sector educativo. Persiste el bajo rendimiento, la deserción y las fallas de conexión. No todos los maestros y estudiantes tienen acceso a herramientas tecnológicas. Docentes de educación básica y media intentan continuar, como pueden, con el cronograma escolar. Pese a sus esfuerzos, no existe la certeza de que los alumnos estén aprendiendo

El año escolar 2020-2021 comenzó como se esperaba: a distancia y con muchas dificultades para alumnos y docentes, quienes en las condiciones más adversas se las han ingeniado durante más de un año para continuar, para bien o mal, con el cronograma de clases. Pero hay que aclarar: las deficiencias del sistema educativo venezolano solo se han hecho más evidentes desde que el régimen decretó el confinamiento para evitar la propagación del Covid-19 en marzo de 2020. La crisis en el sector, sobre todo en la educación pública, se ha agudizado.

Fallas en los servicios públicos, falta de recursos, daños en la infraestructura de las instituciones y salarios insuficientes son algunos de los problemas que los maestros han denunciado en los últimos años. Con la llegada de la pandemia y la educación a distancia, se evidenció que el sistema educativo no está preparado para trabajar bajo la modalidad de clases a distancia: no todos tienen acceso a herramientas tecnológicas ni Internet, y la capacitación del personal docente no ha sido la suficiente.

Para algunos maestros este nuevo curso ha sido más complicado que el anterior: la falta de recursos -económicos y tecnológicos- y la prolongación de las semanas de confinamiento radical han dificultado que los estudiantes puedan cumplir con las asignaciones. “Los representantes no tienen recursos para comprar teléfonos inteligentes y como ahora hay menos semanas de flexibilización ya no pueden ir a las escuelas a buscar las tareas. ¿Cómo hacen? Este año ha sido terrible y los niños saldrán peor preparados que el anterior”, dice una docente de la Escuela República Bolivariana de Venezuela, en Coche, que prefirió no revelar su nombre.

Clases a distancia

Desde que comenzó el confinamiento el año pasado cuenta que se ha mantenido en contacto con los representantes de sus alumnos a través de Whatsapp, mensajes de texto o llamadas; sin embargo, hay algunos que no han aparecido. “No todos tienen teléfonos o Internet. En las semanas de flexibilización, cuando se asignan las actividades en el colegio, hay papás que ni se acercan. Es un desastre”, se lamenta.

En enero de este año, el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) realizó consulta en 12 ciudades del país sobre las fallas en Internet y encontró que solo 34,2% de los encuestados tiene acceso al servicio en sus hogares, y de ese porcentaje 54,8% reportó padecer fallas diarias en la navegación.

A diferencia de las instituciones públicas, los maestros de educación privada sí han podido mantener constante comunicación con padres y representantes. “Todos cumplen y envían sus tareas por correo, y si no pueden me avisan o buscan otra alternativa para mandar sus asignaciones”, comenta una docente del Colegio Fray Luis de León, en la avenida Fuerzas Armadas, que también pidió no revelar su nombre.

Aunque el colegio dio algunos lineamientos a los maestros para continuar con las actividades a distancia, cada uno tiene libertad para escoger el canal de comunicación o la plataforma con el fin de impartir las lecciones. “En el área de matemática, específicamente, trabajamos con Zoom. Todo lo demás lo manejamos por correo electrónico, por donde envío las tareas, y por Whatsapp, donde conversamos sobre las inquietudes”, explica.

Crecen los reprobados

Recuerda Fausto Romeo, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones de Educación Privada (Andiep), que en el pasado había una diferencia considerable entre la educación privada y la pública porque en la primera los alumnos contaban con más recursos y herramientas; pero desde que comenzó el año escolar 2020-2021 las fallas constantes en el servicio de Internet han hecho que los estudiantes que pagan por educarse no estén cumpliendo con los objetivos propuestos.

Romeo aseguró que aunque comenzaron el año escolar con optimismo, en noviembre detectaron que el rendimiento de muchos estudiantes había bajado. “Vimos que alumnos de 19 y 20 bajaron a 13 y 14, y los de 13 y 14, reprobaban. El crecimiento de reprobados en el primer lapso escolar fue muy alto, incluso la asistencia ya no fue la misma de antes”, precisa.

Clases a distancia

El presidente de Andiep afirma que las deficiencias de la educación pública están llegando a la privada. “¿Por qué está pasando esto? Porque no se ha cumplido con lo que hemos pedido al Ministerio de Educación: ampliar el ancho de banda porque el que tenemos no es suficiente. Yo puedo tener las mejores herramientas tecnológicas, pero si tengo un Internet deficiente, básico, no puedo hacer nada”, señala.

La educación a distancia: un modelo fracasado en Venezuela

Aunque reconoce que la educación a distancia ha llegado para quedarse, jamás podrá sustituir a la presencial. Por eso, Romeo destaca la necesidad de regresar a las aulas lo más pronto posible, tomando todas las medidas de bioseguridad necesarias. “Venezuela tiene que dar un paso adelante y permitirnos regresar a las escuelas, tomando todas las precauciones. Pero debe ser un regreso descentralizado, que cada escuela pueda implementar su protocolo y evaluarlo con padres y representantes, porque no todas las escuelas tienen las mismas necesidades”.

Romeo destaca que el sector educativo privado ha hecho un enorme esfuerzo para continuar con sus actividades, y lo ha hecho sin apoyo del Estado en medio de la pandemia. “Sabemos que si se destruye lo poco bueno que queda, que es el sector educativo privado, no tendremos país para el futuro”.

Maestros huérfanos

La educación a distancia tomó por sorpresa y sin herramientas a los maestros, dice Luisa Pernalete, profesora del Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín, de Fe y Alegría. Por eso insiste en que el acompañamiento a los docentes es primordial en este momento.

Pernalete señala que, en el caso de Fe y Alegría, se han dedicado a brindar apoyo y acompañamiento a los docentes para enseñarles estrategias que pueden implementar en clase. “Todos los meses hacemos actividades formativas como forochats para atender a los maestros y se les envían guías instructivas por correo. Hemos estado ayudando a los docentes con herramientas para que no tengan que hacerlo todo”, explica. Pero insiste: “Los maestros de educación pública están muy huérfanos”.

Clases a distancia

Comenta sobre una encuesta que se realizó a un grupo de maestros en la que se les preguntó qué esperaban del nuevo año académico. Mejoras salarios, servicios públicos y equipos tecnológicos fueron las respuestas. Pero cuando se les pidió que comentaran qué había sido lo que más los había ayudado en este año de educación a distancia, respondieron: el acompañamiento del equipo directivo. “¿A esos maestros de educación pública quién los está acompañando? Yo no tengo ningún dato, pero me temo que están en total orfandad y creo que esa es una de las grandes diferencias que hay con la educación privada”, indica Pernalete.

En el caso de Fe y Alegría, dice que cada escuela mantiene contacto con sus estudiantes a través de los maestros para conocer la situación de cada estudiante y buscar la manera de que el alumno continúe con sus clases. “Un liceo nuestro en Antímano tiene 451 alumnos y allí han tenido contacto prácticamente con todos sus estudiantes, menos con 5. A 1 lo retiraron, 4 han flojeado mucho y a otros 30 les pondrán trabajos de compensación. Yo quisiera que esos datos los dieran en todas las escuelas”.

¿Se está aprendiendo?

Comenta Fausto Romeo que en este momento, tanto en el sector público como el privado, es difícil saber cuánto están aprendiendo los estudiantes porque los maestros solo están evaluando resultados. “Yo mando la tarea y recibo el resultado: 2+2=4. Listo. Tiene 20. No se está evaluando el procedimiento”, dice.

En las escuelas públicas no se realizan pruebas para medir la calidad y el impacto de la educación desde hace 10 años, indica Luisa Pernalete. “¿Dónde está la medición para saber cómo están rindiendo nuestros muchachos? No sabemos si estamos avanzando o nos estamos atrasando”, asegura.

La educadora afirma que cuando hay un paro o vacaciones muy largas los niños desaprenden porque no ponen en práctica sus habilidades. Entonces, en el caso de las clases a distancia, en las que muchas veces los maestros no tienen control absoluto, no hay forma de saber si los niños están aprendiendo. “Nosotros trabajamos con estrategias multimodales para tratar de que todos los niños tengan acceso a la educación. Pero no creo que sea la manera como se está trabajando en todos los colegios”.

Un aspecto no menos importante es el tema de la alimentación: antes de la pandemia muchos estudiantes asistían a las escuelas porque recibían desayuno o almuerzo. Ahora que están cerradas, la ingesta alimenticia de niños y adolescentes no es la misma. En algunas instituciones, comenta Pernalete, distribuyen alimentos entre las madres para que preparen comida en casa. “Antes de la cuarentena en liceos públicos, cuando se daba el almuerzo, subía la matrícula. La letra con hambre no entra. Tener las escuelas cerradas hace que ese factor de protección de la alimentación se vea restringido”.

Tanto Fausto Romeo como Luisa Pernalete consideran que el sistema educativo venezolano no podría resistir un año más de educación a distancia. “No podríamos avalar un siguiente año escolar en estas condiciones. La calidad educativa no es un cliché. Yo puedo decir ‘yo imparto calidad educativa’, pero se nos está acabando”, afirma el presidente de Andiep.

La pandemia dejará un gran aprendizaje en el sector educativo venezolano y hará que tanto padres como estudiantes valoren más el esfuerzo que hacen los docentes, considera Romeo. “La educación a distancia llegó para quedarse, pero nunca para sustituir al maestro”, asegura.

Cuando se pueda regresar a las aulas, bajo una modalidad semipresencial, Pernalete considera que se necesita implementar un plan que permita recuperar los conocimientos y habilidades que no se pudieron desarrollar durante las clases a distancia. “No podemos volver al pasado. En lo que sea que vayamos a tener es necesario que haya la voluntad política y decir las verdades: qué es lo que funciona, buscar a la gente que sabe. No puede ser por la franela. Este país tiene buenos profesionales y estoy segura que ninguno se va a negar a cooperar si ve que la intención es salvar el sistema educativo. También es necesario ver qué están haciendo otros países, no podemos aislarnos”.

[Tomado de https://www.costadelsolfm.net/2021/04/15/el-sistema-educativo-venezolano-no-aguanta-otro-ano-de-clases-a-distancia.]


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Edo. Zulia: En la Guajira cuerpos represivos compiten en demostrar quién extorsiona más

Por: periodicoellibertario

Radio Fe y Alegría Noticias
 
Los usuarios que utilizan la Troncal del Caribe para ir al municipio de Maicao, Colombia, en busca de alimentos y medicinas denunciaron a Radio Fe y Alegría Noticias que pagan hasta 10 dólares por cada alcabala. Desde la ciudad de Maracaibo hasta la frontera de Paraguachón hay 22 puntos de controles entre Guardia Nacional, Ejército, Policía Regional, Policía Nacional Bolivariana y Policía Municipal.

Durante la semana flexible en los municipios Mara y Guajira se observa la presencia de funcionarios de los cuerpos de seguridad en la carretera binacional teniendo en cuenta que el gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, informó sobre la eliminación de las alcabalas improvisadas.

En el caso del municipio Guajira los funcionarios colocan alcabalas improvisadas en el poblado de Paraguaipoa y Los Filuos con el objetivo de “matraquear” a los ciudadanos que transitan por esta tierra zuliana. Denuncia una usuaria.

“Desde que salimos de bomba Caribe hasta Nueva Lucha, nos pararon como cinco veces y todos querían dinero. Los guardias y los policías están locos por los dólares y pesos”, denunció una usuaria que pidió el anonimato para evitar represalias en su contra.

Ante este panorama los usuarios y habitantes de este municipio fronterizo hacen el llamado al gobernador a tomar cartas en el asunto porque los funcionarios alegan que están cumpliendo con su deber. Situación que genera molestia en las personas que en medio de la pandemia del Coronavirus buscan la manera de sobrevivir.

Mientras los funcionarios se despliegan por la Troncal del Caribe en las comunidades de la Guajira aumentan los atracos, donde los delincuentes roban a plena luz del día a viajeros y transeúntes despojándolos de sus pertenecías.

[Tomadso de https://www.radiofeyalegrianoticias.com/aumenta-el-matraqueo-durante-la-semana-flexible-en-guajira.]


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Manifiesto para el 1º de Mayo 2021

Por: periodicoellibertario

Global Mayday / Primero de Mayo Global
 
A nivel mundial, nosotros, los trabajadores  asalariados,  nos vemos obligados a una competición para incrementar cada vez más el valor adicional obtenido de la cadena de producción. Independientemente  de  nuestrolugar  de  residencia,  de  nuestro  género/sexo, nacionalidad, lo queramos o no, estamos implicados en la misma lucha.

Los  recortes  presupuestarios  en los servicios sociales, la subcontratación, los salarios cada vez más exiguos,  privatizaciones,  incremento del  coste  de  la  vida,  así  como  las tasas de las matrículas para las y los estudiantes y la destrucción de los ecosistemas naturales, son solo algunos de los síntomas del sistema económico global.

Un sistema que está basado en la explotación y en la competición, conduce a una mercantilización de todos los aspectos de nuestra vida. Padecemos una presión creciente para obtener resultados, así como la alienación de nuestras necesidades y de las personas con las que trabajamos y convivimos. Esto ocurre tanto en el trabajo, como en la universidad, y cada vez más incluso en la infancia y la juventud.

La lógica del mercado y las estructuras correspondientes de los estados exigen la adaptación a los dictados de la competitividad y la productividadpor encima del desarrollo de las propias capacidades de emancipación de cada persona.

La introducción de una Renta Básica Universal a un nivel global puede ser un primer paso para sobreponerse a las relaciones existentes en el mercado laboral. No tenemos la intención de simplemente interrumpir; pretendemos imponernos.

Dada la naturaleza transnacional del sistema capitalista, para las y los trabajadores también es necesario conectar a un nivel global. Conectando a través de las fronteras, las interconexiones globales que dan forma a nuestras condiciones locales pueden hacerse visibles. Es  más,  de  esta  manera  se  abren nuevas potencialidades y ámbitos de acción dentro de la lucha contra la explotación y las condiciones de vida y de trabajo precarios. La capacidad de negociación de los y las trabajadoras se incrementaría enormemente, si nos uniéramos dentro de la misma cadena de producción. Especialmente en tiempos de nacionalismo y racismo, queremos una lucha común, y nos negamos a ser enfrentadas las unas y unos con otrxs.

¡Por una vida mejor para todos ytodas sin fronteras!

        Nota sobre la epidemia del coronavirus

El mundo está atravesando una grave epidemia, la covid-19. Como en todas las crisis, las personas más pobres son las más afectadas.

Muchas  empresas  están  obligando a su plantilla a continuar trabajando, eliminando su derecho a una cuarentena. Muchos trabajadores y trabajadoras están siendo despedidas, muchos y muchas  autónomas,  vendedores  y vendedoras ambulantes y otras personas, no disponen de ingresos. Las personas en campos de refugiados y las personas que carecen de un hogar, no tienen acceso a unas condiciones sanitarias mínimas.

Nosotras luchamos por:
° Que todo el mundo tenga satisfechas unas necesidades básicas
° Unas condiciones sanitarias decentes para todas las y los trabajadores
° Acceso libre y gratuito a las vacunas  de  la  COVID-19  para  todo  el mundon
° La inmediata supresión de las facturas de agua, electricidad, gas, teléfono e internet
° La inmediata suspensión de los alquileres

¡Que los ricos paguen la crisis!

[Publicado en el periódico Rojo y Negro # 355, Madrid, abril 2021. Número completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/rojoynegro%20355%20abril.pdf.]


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2021, rumbo a otro año de hiperinflación: 155,3 % inflación acumulada los primeros tres meses

Por: periodicoellibertario

Agencias
 
La inflación acumulada este año en Venezuela llegó al 155,3 %, luego de que el indicador marcara los 9,1 puntos en marzo pasado, informó este miércoles el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF).

“La menor tasa de crecimiento de la liquidez fue de 18 % respecto a febrero y una moderada devaluación del tipo de cambio de 6 %, debida al pago de impuestos, dieron como resultado que la tasa de inflación en marzo de 9,1 % sea la más baja desde que hacemos esta medición“, explicó la entidad.

En opinión de la oposición, “esto ratifica que el principal componente de la inflación es la irresponsabilidad del Gobierno y la utilización del Banco Central de Venezuela (BCV) como mecanismo para financiar el déficit fiscal”.

Estos datos ubican la inflación interanual (de marzo de 2020 a marzo de 2021) en 3.867 %, según precisó el exdiputado opositor Alfonso Marquina al presentar los números.

Tasa más baja desde 2017

La tasa de inflación mensual de 9,1 % “es la más baja” desde que la oposición comenzara a hacer los reportes del indicador a finales de 2017, en vista del silencio informativo del BCV.

Sin embargo, el OVF, que reportó tasas de inflación superiores al 50 % en los meses de enero y febrero pasados, dijo que prevé que el indicador se acelere a partir de este mes.

“Esta es una desaceleración de los precios que con alta probabilidad es circunstancial. Pensamos que los precios se van a acelerar en abril nuevamente y seguir la senda hiperinflacionaria -por la que la oposición asegura que el país atraviesa desde 2017-, ya que los fundamentos que la generaron aún se mantienen”, agregó Marquina.

De manera particular, el sector que mayor alza experimentó el pasado mes fue el sanitario, con un 36,3 %, debido al “colapso del sistema de salud en Venezuela y el repunte de la covid-19”, dijo Marquina.

Además, el opositor alertó que, pese a que la inflación no superó los 10 puntos en marzo, la canasta alimentaria para una familia de 5 miembros alcanzó “un máximo histórico” de 289 dólares, un monto que la hace inasequible para la mayoría de los venezolanos.

[Tomado de https://efectococuyo.com/economia/inflacion-acumulada-en-venezuela-llega-al-1553-segun-observatorio-de-finanzas.]


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