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La moda islámica mueve 433.000 millones de dólares: jóvenes musulmanas impulsan el sector

Por: P. Aguirre Larrañaga

El mercado global de la modest fashion —ropa modesta que cumple con los preceptos islámicos de recato— vive una expansión acelerada. Según el informe State of the Global Islamic Economy, publicado en 2026, el gasto de los consumidores musulmanes en vestimenta alcanzará los 433.000 millones de dólares en 2028, una cifra que refleja la confluencia entre religiosidad, identidad cultural y consumo global.

El crecimiento, de doble dígito interanual, está impulsado por dos factores principales: el aumento demográfico de las poblaciones musulmanas (que representan cerca del 25% de la población mundial) y la irrupción de una nueva generación de consumidoras jóvenes, con estudios superiores y plenamente integradas en las dinámicas de la moda contemporánea. Estas mujeres demandan prendas que combinen el mandato religioso del recato —cubrir el cuerpo excepto rostro y manos, según la interpretación mayoritaria— con el diseño, la calidad y la tendencia.

El informe, encargado por entidades económicas de países de mayoría musulmana, subraya que la modest fashion ya no es un nicho marginal, sino un sector que mueve miles de millones y que cuenta con firmas especializadas, pasarelas específicas (como la Dubai Modest Fashion Week) y un creciente interés de las grandes marcas internacionales, que han lanzado líneas hijab y colecciones ramadán. Gigantes como Uniqlo, H&M o Zara compiten por un público que valora tanto la ética como la estética.

Identidad islámica y consumo global

Detrás de las cifras se encuentra un fenómeno sociológico de calado: la modest fashion actúa como un vector de visibilidad pública de la identidad musulmana en sociedades cada vez más diversas. Para muchas mujeres, llevar velo y ropa holgada no es un signo de opresión, sino una elección consciente que articula fe, autonomía y estilo. Este cambio de percepción ha sido capitalizado por diseñadoras y empresarias musulmanas, que han creado marcas propias con proyección internacional, como la indonesia Buttonscarves o la estadounidense Haute Hijab.

El informe destaca también el papel de la diáspora musulmana en Europa y América como motor de la tendencia. Marcas con sede en Londres, París o Nueva York producen prendas que conectan con las raíces culturales de sus clientas sin renunciar a las exigencias del fast fashion occidental. La cifra de 433.000 millones sitúa a este segmento como uno de los de mayor crecimiento en el comercio textil mundial, por encima de otros mercados emergentes.

Desafíos y futuro del sector

A pesar del dinamismo, el sector enfrenta retos. La falta de estandarización en los criterios de lo que constituye una prenda «modesta» según el islam —que varía entre escuelas jurídicas y culturas— complica la producción global. Además, persisten tensiones entre la comercialización de la fe y el temor a una trivialización de los preceptos religiosos. Algunos sectores conservadores critican que la moda islámica se pliegue demasiado a las lógicas del capitalismo de consumo, diluyendo su significado espiritual.

Pese a ello, las proyecciones del informe indican que el mercado seguirá expandiéndose al ritmo del crecimiento demográfico musulmán y de la creciente integración de las mujeres en la economía y la educación. El State of the Global Islamic Economy concluye que la modest fashion se ha consolidado como una industria transversal, donde la oferta y la demanda se retroalimentan en un bucle que refuerza tanto la identidad religiosa como el poder de compra de las consumidoras musulmanas.

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TikTok se llena de influencers negros falsos creados con IA para vender ropa de Shein

Por: R. Tordesillas

Una nueva modalidad de fraude comercial en TikTok utiliza inteligencia artificial generativa para crear imágenes y vídeos de personas negras falsas que promocionan productos de la marca de moda rápida Shein. Según ha documentado la prensa tecnológica internacional, vendedores afiliados a la plataforma generan identidades ficticias —con nombres, biografías y apariencia física inventada— para publicar contenido patrocinado que parece auténtico, pero que en realidad es fruto de herramientas de IA como Stable Diffusion o Midjourney.

Los perfiles falsos suelen mostrar a mujeres jóvenes negras con ropa de Shein, hablando directamente a cámara o posando con los productos. En algunos casos, los vídeos incluyen discursos emotivos —como el de una supuesta artesana que llora al pedir apoyo— que buscan generar empatía y aumentar las ventas a través del enlace de afiliado que Shein ofrece a sus socios, que cobran una comisión por cada compra.

Explotación de sesgos raciales y algoritmos

La práctica, bautizada como griefing con IA por algunos analistas, explota tanto los sesgos raciales como la credulidad de los usuarios. Al generar imágenes de personas negras —un grupo históricamente infrarrepresentado en la publicidad digital— los estafadores buscan eludir los filtros de detección de contenido generado por máquina, que suelen estar entrenados con conjuntos mayoritariamente blancos. Además, el algoritmo de TikTok tiende a priorizar contenido emocional y visualmente atractivo, lo que facilita la difusión de estos vídeos falsos.

Shein, con sede en Singapur y valorada en 64.000 millones de dólares en su última ronda de financiación, ha sido objeto de críticas previas por prácticas laborales y de propiedad intelectual. La compañía no se ha pronunciado oficialmente sobre esta nueva modalidad de fraude, pero su programa de afiliados permite que cualquier usuario se registre y obtenga enlaces personalizados para promocionar sus productos a cambio de una comisión de entre el 10% y el 20%.

La IA generativa ha democratizado la creación de contenido falso a una escala sin precedentes. Ahora cualquiera puede fabricar un influencer desde cero sin necesidad de habilidades técnicas avanzadas.

El negocio de la falsificación automatizada

El fenómeno no es exclusivo de Shein ni de TikTok. En los últimos meses se han detectado casos similares en plataformas como Instagram y YouTube, donde cuentas generadas por IA promocionan desde suplementos alimenticios hasta cursos de trading. Sin embargo, la combinación de moda rápida —donde los márgenes son altos y la rotación de productos constante— con un algoritmo viral como el de TikTok ha convertido a este binomio en el caldo de cultivo perfecto para la estafa.

Los expertos en desinformación advierten de que estas prácticas no solo engañan a los consumidores, sino que también erosionan la confianza en el contenido generado por usuarios reales. Además, al explotar la apariencia de personas negras, los estafadores se apropian de una identidad racial para fines comerciales, lo que añade una dimensión ética al problema.

Por el momento, TikTok no ha confirmado medidas específicas contra este tipo de cuentas, aunque su política de contenido generado por IA exige que los vídeos sintéticos lleven una etiqueta de advertencia. La plataforma, propiedad de la china ByteDance, se enfrenta al reto de equilibrar la libertad creativa con la protección del usuario frente a fraudes cada vez más sofisticados.

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¿La minifalda es subversiva?

Por: Teresa Villaverde

Llevar minifalda puede leerse diferente dependiendo del contexto, como pasa con otras prendas de ropa. En este vídeo rescatamos un poco de historia de la minifalda para hablar de la importancia de lo cultural.

La entrada ¿La minifalda es subversiva? se publicó primero en Pikara Magazine.

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Por: Listo Entertainment

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