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Israel ataca a tropas libanesas desplegadas en zona piloto acordada con EE.UU.

Por: A. Pita

Las fuerzas israelíes atacaron este martes a tropas libanesas desplegadas en la localidad de Zawtar al-Gharbiyeh, en el sur de Líbano, como parte del programa de «zona piloto» acordado con Estados Unidos e Israel. El programa, que busca que el Ejército libanés asuma el control de varios municipios previamente ocupados por Israel, sufrió un grave revés cuando las tropas libanesas quedaron bajo fuego israelí poco después de su entrada en la zona.

El acuerdo de zona piloto se enmarca en los esfuerzos por estabilizar la frontera sur del Líbano, donde la guerrilla de Hezbolá mantiene una presencia relevante. La acción militar israelí supone una violación del alto el fuego en la región, según fuentes libanesas.

Gaza: un bombardeo mata a seis civiles mientras dormían

En Gaza, un bombardeo israelí alcanzó una vivienda en el barrio de Sabra, en la ciudad de Gaza, causando la muerte de seis miembros de la familia al-Masri, entre ellos dos adultos y cuatro niños, según informaron fuentes médicas a la cadena Al Jazeera. La acción se produce en plenas violaciones constantes del alto el fuego respaldado por Estados Unidos.

El ataque israelí mató a Firas al-Masri, su esposa y sus cuatro hijos mientras dormían, según declararon los servicios de salud gazatíes.

Smotrich: «La situación actual es la mejor» para Israel

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, afirmó el martes que es «mejor» para Israel mantenerse al margen del actual conflicto entre Estados Unidos e Irán. «La situación actual es la mejor», declaró Smotrich, mientras Estados Unidos continúa bombardeando la República Islámica y los misiles y drones iraníes alcanzan bases estadounidenses en la región, pero hasta ahora han perdonado a Israel.

Trump anuncia bombardeos «muy intensos» contra Irán

El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que las fuerzas estadounidenses atacarán «muy intensamente» el monte Kuh-e Kolang Gaz La, también conocido como Pickaxe Mountain, en Irán. El anuncio se produce en medio de la escalada bélica que comenzó con bombardeos mutuos entre Estados Unidos e Irán.

La guerra, que dura ya 144 días, ha implicado también a los hutíes de Yemen, que amenazan con una implicación más directa, mientras mediadores internacionales proponen nuevos ceses del fuego que hasta ahora no han fructificado.

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Israel bombardea el sur de Líbano y destruye viviendas civiles en una nueva escalada

Por: A. Pereda

El ejército israelí ha bombardeado este martes varias áreas del sur de Líbano, destruyendo viviendas e infraestructura civil, según confirmó una fuente militar libanesa a la agencia Sputnik. La ofensiva, enmarcada en las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contra objetivos de Hezbolá, se produce en un contexto de escalada bélica que afecta no solo a la zona fronteriza, sino a todo el Mediterráneo oriental.

La fuente libanesa, que habló bajo condición de anonimato, precisó que los ataques se centraron en localidades del sur del país, aunque no detalló el número exacto de impactos ni las bajas registradas. La artillería y la aviación israelíes participaron en la operación, que ha provocado nuevos desplazamientos de civiles en una región ya castigada por meses de hostilidades.

El gobierno libanés no ha emitido por el momento un comunicado oficial, pero fuentes del Ejército libanés confirmaron a Sputnik que los bombardeos israelíes alcanzaron casas y vías de comunicación, agravando la crisis humanitaria en una zona donde decenas de miles de personas ya han abandonado sus hogares desde el inicio de la ofensiva israelí contra la milicia chií.

La comunidad internacional sigue con preocupación la escalada, que en las últimas semanas ha incluido intercambios de fuego transfronterizos y ataques contra infraestructuras estratégicas tanto en Líbano como en el norte de Israel. Hasta el momento, no se ha confirmado una respuesta inmediata de Hezbolá a los bombardeos de este martes.

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Washington anuncia operativa la primera zona piloto en Líbano, pero los testigos locales lo niegan

Por: J. Solórzano

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha anunciado que la primera de las zonas piloto en el sur de Líbano —aldeas fronterizas de las que Israel debe retirarse y ceder el control al Ejército libanés— ya está operativa. Sin embargo, los residentes locales niegan que las tropas israelíes hayan abandonado la zona, lo que pone en entredicho la implementación del acuerdo.

El anuncio estadounidense se produce tras semanas de negociaciones intermitentes sobre las llamadas «zonas piloto», un mecanismo acordado para facilitar una retirada gradual de Israel en el marco de los arreglos de seguridad fronteriza. Según el Departamento de Estado, las aldeas designadas ya habrían pasado a manos del Ejército libanés, pero fuentes sobre el terreno consultadas por medios locales aseguran que los soldados israelíes todavía permanecen en las posiciones que ocupaban antes del supuesto traspaso.

Una disputa que amenaza la estabilidad regional

Esta discrepancia entre la versión oficial de Washington y la realidad sobre el terreno se produce en un contexto de alta tensión en la frontera israelo-libanesa, donde la presencia de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL) y los intereses de España y otros países europeos en la misión de paz añaden una dimensión estratégica al contencioso. La falta de avances verificables en la retirada israelí podría reabrir debates en el Consejo de Seguridad sobre el cumplimiento de las resoluciones internacionales.

Ni el Gobierno israelí ni el libanés han emitido declaraciones oficiales sobre el estado de las zonas piloto. La embajada de Israel en Washington no respondió a las preguntas de los periodistas, mientras que en Beirut el Ejecutivo se ha limitado a reiterar su exigencia de una retirada total e incondicional de las fuerzas israelíes de todo el territorio libanés.

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Voces del desplazamiento en el Líbano: “Ni siquiera entiendes lo que está pasando. Simplemente te vas”

Por: Acción contra el Hambre

En la madrugada del sábado 28 de febrero de 2026, una serie de ataques «preventivos» lanzados por Israel y Estados Unidos contra Irán desencadenaron una escalada regional que ha vuelto a situar al Líbano en el centro del tablero de la guerra. A mediados de abril, los esfuerzos diplomáticos lograron el anuncio de un alto el fuego temporal de 10 días entre Líbano e Israel; sin embargo, la situación desde entonces sigue siendo extremadamente volátil y el riesgo de una nueva ruptura de las hostilidades persiste en todos los frentes.

En todo el sur del Líbano, el desplazamiento en 2026 no se ha producido como un momento único de huida, sino como un movimiento repetido marcado por los bombardeos, la incertidumbre, los refugios superpoblados y el acceso limitado a los servicios esenciales. A pesar del alto el fuego, las hostilidades continúan y las restricciones al retorno siguen vigentes en decenas de pueblos del sur. Muchas familias se desplazan de un lugar temporal a otro sin saber cuándo, o si, volverán a casa.

Estas seis historias, recopiladas por los equipos de Acción contra el Hambre en el Líbano, reflejan el impacto humano de una crisis multifacética marcada por el conflicto, las dificultades económicas y la inestabilidad prolongada.

«Durante tres días estuvimos en la carretera, en coches, al aire libre, desplazándonos de un lugar a otro»

Esta es la segunda vez que Ahmad huye del distrito de Tiro con su mujer y sus dos hijos, de 10 y 12 años. Durante la escalada de 2024, la familia ya había buscado refugio en el mismo centro de acogida colectiva en el que se alojan ahora de nuevo.

«El año pasado también estuvimos aquí», dice. «La gente nos ayudó mucho».

Esta vez, sin embargo, la magnitud del desplazamiento parece mayor y más caótica. Tras abandonar su hogar, la familia se desplazó repetidamente entre Beirut y el Monte Líbano en busca de refugio. Cuando finalmente llegaron a un refugio escolar en el distrito de Aley, se habían distribuido colchones y mantas gracias al apoyo de voluntarios y organizaciones humanitarias, pero las condiciones seguían siendo difíciles. La calefacción, la electricidad y el agua caliente eran limitadas.

«Nos las arreglamos», dice. «Pero hace frío», explica Ahmad, para quien la asistencia sanitaria es la principal preocupación, especialmente para los niños desplazados. «Si un niño está enfermo, necesitamos una atención adecuada. Esa es la prioridad».

«Si yo me derrumbo, ¿qué les quedará a ellos?»

Para Hanan, el desplazamiento se ha vuelto inseparable del miedo que sienten sus hijos.

Hanan, una enfermera del distrito de Bint Jbeil, huyó tras ver las carreteras abarrotadas de familias que escapaban del sur del Líbano. «Vimos las carreteras llenas. La gente se marchaba. Así que nosotros también nos fuimos».

Su familia pasó días desplazándose de un lugar temporal a otro hasta llegar finalmente a un refugio colectivo en el distrito de Aley. En un momento dado, tras esperar horas dentro de otro refugio escolar, les dijeron que no había espacio disponible.

«Fueron los voluntarios quienes nos ayudaron a encontrar un lugar», dice.

Dentro del refugio, las bajas temperaturas y el suministro eléctrico inestable siguen afectando a la vida cotidiana. Pero la mayor preocupación de Hanan es el impacto psicológico en sus hijos: «Mis hijos eran los mejores de su clase. Ahora mira lo que les está haciendo esto».

Su hijo ahora reacciona con intensidad ante los ruidos fuertes y el estrés.

«Si encuentro un lugar donde no oigan nada, me iré», dice. «Aunque tenga que vivir en la calle».

«Te vas de repente. Ni siquiera entiendes lo que está pasando. Simplemente te vas»

Rana y su familia huyeron del distrito de Tiro sin hacer las maletas, mientras los bombardeos se intensificaban en su zona.

El viaje hacia el Monte Líbano duró casi tres días. Cuando llegaron a un refugio colectivo en el distrito de Aley, nueve miembros de la familia de varias generaciones, incluidos sus hijos de 6 y 8 años y sus parientes mayores, compartían el suelo de una sola aula.

«Los primeros días dormíamos en el suelo. No había nada».

Voces del desplazamiento en el Líbano: «Ni siquiera entiendes lo que está pasando. Simplemente te vas»
La familia de Rana huyó apresuradamente de Tiro tras el inicio repentino de los bombardeos. Nueve miembros de su familia compartían suelo en un refugio escolar en Aley. KAMILA LAKKIS / ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE

Con el tiempo, los voluntarios y las organizaciones humanitarias distribuyeron colchones, comida y suministros básicos, pero la incertidumbre sigue siendo constante.

«Antes, la gente solía acogernos», explica. «Esta vez, no había sitio».

Dentro del refugio, las aulas se han convertido en espacios habitables donde la privacidad ha desaparecido, y la vida cotidiana gira en torno a adaptarse a la escasez. Para la anciana de la familia, esta situación no era desconocida. El desplazamiento ya formaba parte de su experiencia vital, explica: «Confiamos en Dios. Eso es todo».

«No sabíamos adónde íbamos»

Saed salió del distrito de Bint Jbeil a medianoche con su mujer y sus tres hijos adolescentes. A última hora de la tarde del día siguiente, seguían desplazándose entre carreteras y pueblos sin un destino claro.

La familia cambió de rumbo repetidamente dependiendo de qué carreteras seguían siendo accesibles y dónde aún podría haber refugio disponible. Al igual que muchas familias desplazadas que huían del sur del Líbano, se desplazaban sin saber con certeza dónde pasarían la noche. «No nos fue fácil encontrar un sitio», confiesa.

Saed, que tiene unos 50 años y vive con una discapacidad, también necesita medicación regular para la diabetes y otras afecciones de salud. En el desplazamiento, el acceso al tratamiento se ha vuelto irregular y depende de la disponibilidad. La presión económica ha añadido otra capa de dificultades. Incluso los artículos básicos para el hogar se han vuelto inasequibles.

«Intenté comprar una sartén», dice su esposa. «Cuesta 15 dólares. No disponemos de esa cantidad».

La familia depende ahora en gran medida de la ayuda de familiares, vecinos y redes comunitarias mientras permanece en un refugio temporal. «Dependemos de la bondad de la gente», dice él. Por ahora, sus días siguen marcados por la incertidumbre, los recursos limitados y la ausencia de un plazo claro para el regreso.

«Dormí en el coche con mi hijo mayor porque no teníamos su silla de ruedas con nosotros»

Cuando las órdenes de desalojo llegaron a Borj Chimali, cerca de Tiro, Salman huyó con su esposa, sus cinco hijos y su anciano suegro. Tres de sus hijos padecen parálisis cerebral y tienen graves limitaciones de movilidad. Dos dependen por completo de sillas de ruedas, mientras que otro también padece epilepsia.

La familia pasó casi 15 horas en la carretera antes de llegar a un refugio colectivo en Saida.

Hoy, él y su familia se encuentran en la planta baja de un edificio de la Universidad de Saida, en la ciudad de Sidón. Una vez que por fin estuvieron a salvo, Salman regresó a Tiro para recoger las dos sillas de ruedas y las mantas de su casa. Dentro del refugio, la vida cotidiana se ve marcada por los retos de accesibilidad. Los aseos y el desplazamiento por los espacios compartidos siguen siendo difíciles para los niños, mientras que los suministros médicos y de higiene son limitados.

«El suelo es un problema. El frío hace que los niños se pongan enfermos. No paran de toser»

Zeina y su familia extensa abandonaron Deir al-Zahrani una hora después de que comenzara el bombardeo. «Nos fuimos inmediatamente», dice. «Llevábamos a los niños con nosotros».

Voces del desplazamiento en el Líbano: «Ni siquiera entiendes lo que está pasando. Simplemente te vas»
Zeina y su familia huyeron de Deir al-Zahrani, en el sur del Líbano, apenas comenzó el bombardeo. Ya conocían el refugio escolar de Aley por experiencias previas de desplazamiento. KAMILA LAKKIS / ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE

El grupo de 13 personas huyó hacia el distrito de Aley, donde ya habían buscado refugio durante la anterior escalada de violencia en 2024. Llegar pronto no significaba que las condiciones estuvieran preparadas. «Ahora hay cosas disponibles», dice. «Pero seguimos sin tener almohadas ni colchonetas». Los niños del refugio siguen durmiendo al frío, mientras que el suministro eléctrico sigue siendo irregular.


A pesar de sus diferentes trayectorias, las familias comparten la misma realidad: desplazamientos repetidos, refugios superpoblados, atención interrumpida e incertidumbre sobre lo que les depara el futuro.


Texto y testimonios: Kamila Lakkis, especialista en Comunicación e Incidencia de Acción contra el Hambre en el Líbano

Actualmente, Acción contra el Hambre en el Líbano presta apoyo en 284 refugios colectivos y ha ofrecido asistencia (alimentos, agua, saneamiento y atención sanitaria) a más de 70 000 personas en el país.

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La agonía de un pájaro

Por: José Ovejero

22 de abril

Un gorrión se estrella contra el cristal de una de nuestras ventanas. Habíamos pegado siluetas de rapaces para evitar que sucediese –antes era un accidente frecuente–, pero este pobre despistado ha ignorado las señales. Me vuelvo al oír el impacto y lo veo de pie en el suelo, inmóvil salvo por un leve jadeo, apoyado con las puntas de las alas abiertas contra la baldosa. Poco a poco se le va venciendo la cabeza, muy despacio las alas se cierran, pero no del todo. Ya toca el suelo con el pico, aún de pie. Me gustaría salir y recogerlo del suelo, darle el calor de mi mano y mi presencia, pero sería un consuelo solo para mí, a él lo aterrarían aún más –¿siente miedo ahora, sabe que va a morir?– mis manazas de monstruo y el ruido de mis pasos. Lo contemplo desde el otro lado del cristal. Sigue en pie, ahora solo apoyado en las patas y el pico; ha plegado casi por completo las alas. Hace varios minutos que no se mueve. Salgo. Tiene los ojos cerrados. Está vivo. Los latidos se transmiten a todo su cuerpo. Me siento cerca de él. Al cabo de un rato acaricio despacio su cabeza sin que se inmute. De pronto abre los ojos y da dos breves saltos laterales como sorprendido. No parece que mi presencia lo sobresalte más que eso. Nos quedamos quietos los dos. Vuelve a cerrar los ojos. Indeciso, me marcho de nuevo, pero sigo observándolo a través de la ventana. Trabajo un rato sin perderle de vista. Salgo de nuevo y me siento a su lado. Está vivo pero inmóvil, con los ojos cerrados, uno de ellos algo hinchado. Los abre y me mira; en efecto, no puede abrir bien uno de sus ojillos. Nos quedamos mirándonos, ahora respiramos despacio los dos. Acerco una mano y la dejo cerca de él, abierta sobre el suelo. Después de unos segundos, salta al travesaño de una silla y desde ahí echa a volar.


Mientras estoy asistiendo a las consecuencias del impacto del gorrión contra el cristal, leo la noticia de que soldados israelíes han asesinado a la periodista libanesa Amal Khalil tras disparar contra los equipos de rescate que acudieron en su ayuda. ¿Cómo es posible que el destino de un pájaro haya ocupado más tiempo de mi vida que el enésimo asesinato de periodistas –o de cualquier persona– cometido por el ejército de quien no ha dejado de ser nuestro socio comercial y, aunque no se diga, aliado? Si pensara que soy el único que actúa así, buscaría la respuesta en el campo psicológico. Pero está claro que eso nos sucede a muchos: quizá porque la acumulación de violencias impunes es tal, que nos sentimos abrumados, tampoco sabemos cómo actuar y nuestra impotencia nos lleva a la inacción en la práctica, salvo en campos que son casi simbólicos: escribir sobre ello, manifestarnos.

También la lejanía física y mental de la desgracia –el Líbano no deja de ser un espacio con el que no tengo ninguna relación y que apenas conozco por las noticias– puede tener que que ver con la intensidad de nuestra respuesta afectiva, potencialmente mayor cuanto más concreto es lo que la motiva.


24 de abril

En Bluesky sigo a @auschwitzmemorial, que postea con frecuencia breves semblanzas de personas asesinadas en los campos de concentración. También ahí tengo la tentación de pasar rápidamente a otro post, casi sin mirar, aunque en este caso quizá se deba a que resulta doloroso y aterrador poner rostro a cada víctima y recordar cada crimen. Me fuerzo a dedicar un momento a cada uno de esosdestinos individuales. No sirve de nada, ya lo sé, salvo como inútil homenaje, como señal privada de respeto, y como recordatorio de que criminales capaces de enviar a un niño a una cámara de gas, no, a un niño, no; a ese niño, con ese rostro, con esa edad, con esa sonrisa, surgen una y otra vez entre nosotros. Y los verdugos también hoy serían gente cercana, conocidos, familiares, quizá incluso amigos.


27 de abril

Acabo de ver +10K, de Gala Hernández López. Es el tercer documental que veo de ella; antes había visto las excelentes La mecánica de los fluidos y For here am I, sitting in a tin can far above the world –sí, una cita de Space Oddity, de David Bowie–. +10K no me ha interesado tanto como las otras dos, quizá porque el personaje principal, un joven fascinado por el mundo crypto, me resultó tan insulso como repetitivo. Quizá lo más llamativo de él sea que una y otra vez habla de perseguir sus sueños –de hecho, a menudo se expresa como si cortase y pegase clichés de libros de autoayuda y superación personal–. Pero sus sueños parecen carecer por completo de contenido. Quiero decir que a lo que aspira no es tanto a «hacer» algo, a tener una actividad que le satisfaga, a ser autor de algún tipo de transformación de la realidad, como a obtener mucho dinero: poseer un Lamborghini, una impresionante casa con piscina, estar rodeado de lujo. Tiene un ideal de sí mismo que no consiste en ser, sino en tener.

No diré que yo no quiera tener, pero si fantaseo un ideal de mí mismo –que puede ser tan irreal como el que construye este chico para sí– claramente está centrado en lo que podría hacer y crear. ¿Habrá aquí una brecha generacional? ¿Será frecuente encontrar entre los jóvenes actuales a muchos que no digan quiero ser astronauta, o médico o escritor, o quiero investigar sobre el cáncer o inventar una energía limpia, sino que afirmen sencillamente: de mayor quiero ser rico?

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