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Netanyahu y Trump se reúnen por octava vez en plena guerra con Irán: pausa en ataques pero amenaza a energía iraní

Por: F. Olázaran

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantuvieron este 28 de julio su octava reunión desde que Trump regresó a la Casa Blanca. El encuentro se produce en el contexto de la guerra con Irán, que cumple 151 días, y en el que ambas partes evalúan los próximos pasos militares.

Continuidad de la pausa y nuevas amenazas

Según fuentes del entorno de la reunión, la pausa en los ataques se mantiene, pero Trump ha lanzado una advertencia contra Pickaxe Mountain, una ubicación que no ha sido identificada oficialmente pero que podría tratarse de un enclave estratégico iraní. Por su parte, el ministro de Defensa de Israel ha señalado su interés en atacar los objetivos energéticos de Irán, lo que supondría una escalada significativa en el conflicto.

La reunión, la octava en apenas dos años y medio de mandato de Trump, subraya la estrecha coordinación entre ambos aliados en la campaña militar contra Teherán. Hasta ahora, los ataques israelíes y estadounidenses se han centrado en instalaciones militares y de la Guardia Revolucionaria iraní, pero el posible golpe a la infraestructura energética podría alterar el equilibrio regional.

Implicaciones geopolíticas

La insistencia en mantener contactos al más alto nivel refleja la complejidad de la estrategia aliada en Oriente Próximo. Mientras Washington y Tel Aviv discuten los próximos movimientos, la comunidad internacional observa con atención el desarrollo de una guerra que ya se ha cobrado miles de víctimas y ha disparado el precio del petróleo. La amenaza a la energía iraní, si se materializa, podría provocar una crisis energética global.

No se han filtrado detalles concretos sobre los acuerdos alcanzados en la reunión, pero todo apunta a que la pausa en los bombardeos se prolongará mientras se prepara una nueva ofensiva de mayor calado. La Casa Blanca no ha emitido declaraciones oficiales tras el encuentro.

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Los hutíes atacan un petrolero saudí en el Mar Rojo y amenazan el suministro energético global

Por: D. Cañellas

Los rebeldes hutíes de Yemen han atacado un petrolero de bandera saudí en el Mar Rojo, en el marco de la escalada del conflicto entre Irán y Estados Unidos. El ataque, que tuvo lugar el 23 de julio de 2026, supone un nuevo desafío a la seguridad del tráfico marítimo en una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo.

La milicia chií yemení, aliada de Teherán, busca aumentar la presión sobre Occidente y afectar al suministro energético global en el contexto del actual enfrentamiento entre la República Islámica y Washington. El ataque se produce sin que se hayan reportado víctimas ni daños cuantificados, según las primeras informaciones.

Implicaciones para la seguridad energética

El Mar Rojo es una vía clave para el transporte de crudo hacia Europa y Asia, y cualquier interrupción afecta directamente a los precios del petróleo. España, como consumidor de petróleo y aliado de Arabia Saudí en la coalición internacional, podría verse afectada si la inestabilidad persiste. El Gobierno saudí no ha emitido aún una declaración oficial, mientras los hutíes han reivindicado la acción como parte de su apoyo a Irán en el conflicto regional.

Los hutíes han demostrado su capacidad para golpear infraestructuras energéticas saudíes en el pasado, y este ataque subraya el riesgo para la seguridad energética global en un momento de alta tensión geopolítica.

El ataque se enmarca en la estrategia hutí de desgaste contra Arabia Saudí, principal potencia suní de la región y respaldada por Estados Unidos. La comunidad internacional, incluyendo la Unión Europea, ha condenado la acción y reclama moderación para evitar una escalada mayor.

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Bulgaria autoriza a EE.UU. el uso de su base aérea de Graf Ignatievo en operaciones contra Irán

Por: J. Solórzano

Un comité parlamentario búlgaro ha aprobado la solicitud de Estados Unidos para que sus fuerzas armadas puedan utilizar una base aérea en el país en apoyo a las operaciones militares contra Irán, según ha informado el Parlamento búlgaro este miércoles. La decisión supone un paso significativo en la cooperación con Washington, pese a las advertencias de Teherán sobre posibles represalias contra quienes colaboren en la campaña.

La medida, adoptada por el comité de defensa del Parlamento, autoriza el despliegue de efectivos y material estadounidense en la base aérea de Graf Ignatievo, situada en el centro del país. Aunque aún requiere el visto bueno del pleno de la Cámara, fuentes parlamentarias han indicado que la aprobación final se dará por descontada dada la mayoría gubernamental.

Riesgo de escalada en los Balcanes

La decisión búlgara llega en un contexto de creciente tensión en Oriente Próximo, donde Estados Unidos mantiene una ofensiva aérea y naval contra instalaciones militares iraníes. Irán ha amenazado repetidamente con atacar bases o países que presten apoyo logístico a las fuerzas estadounidenses, lo que sitúa a Bulgaria en una posición vulnerable dentro del flanco oriental de la OTAN.

El Gobierno de Sofía ha justificado la medida en el marco de sus obligaciones como aliado de la Alianza Atlántica. Bulgaria, que ingresó en la OTAN en 2004, ya ha albergado anteriormente rotaciones de tropas y ejercicios conjuntos con Washington. Sin embargo, la autorización para operaciones activas de combate desde su territorio supone un salto cualitativo sin precedentes desde la guerra de Irak en 2003.

Un comité parlamentario búlgaro ha aprobado la solicitud de EE.UU. para que las fuerzas estadounidenses utilicen una base aérea local en apoyo de la guerra contra Irán.

La base de Graf Ignatievo alberga cazas MiG-29 y Su-25 de la Fuerza Aérea búlgara, y cuenta con pistas e infraestructura suficientes para acoger aviones de combate estadounidenses, así como aeronaves de reabastecimiento y vigilancia. Aunque no se han detallado los efectivos concretos que podrían desplegarse, fuentes militares apuntan a que podrían incluir cazas F-16 y F-35.

La decisión ha provocado reacciones divididas en la sociedad búlgara. Mientras el Gobierno y la mayoría parlamentaria defienden la lealtad aliada y la necesidad de disuadir a Irán, sectores de la oposición y organizaciones pacifistas han advertido del riesgo de convertir al país en un objetivo militar legítimo. Teherán ha calificado la medida de «provocación hostil» y ha prometido una respuesta proporcionada, según informaron medios estatales iraníes.

Para Estados Unidos, el acceso a bases en los Balcanes resulta estratégico ante la saturación de las instalaciones en Oriente Próximo y la necesidad de mantener rutas de suministro y escalas logísticas alejadas del alcance de los misiles iraníes. Bulgaria se suma así a otros países de la región como Grecia o Rumanía que ya han facilitado sus bases para la operación.

La ampliación del conflicto a Europa del sur introduce un factor de riesgo adicional para la seguridad mediterránea, que afecta también a los intereses estratégicos de España, en particular en lo relativo a la protección de las rutas marítimas y la estabilidad en el flanco sur de la OTAN.

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Irán amenaza con represalias masivas si EE.UU. ataca sus instalaciones nucleares

Por: D. Cañellas

El cuartel general central de Jatam al Anbiya, brazo militar del régimen iraní, ha amenazado este miércoles con represalias masivas si Estados Unidos ataca las instalaciones nucleares del país persa. Según un comunicado difundido por la agencia Sputnik, Teherán atacará «todos los intereses» de Washington y sus aliados en la región.

La advertencia llega en medio del aumento de las tensiones por el programa nuclear iraní y las especulaciones sobre un posible ataque preventivo estadounidense. El portavoz de Exteriores iraní también ha lanzado una advertencia a Bulgaria, exigiendo que no permita el uso de su territorio para operaciones militares estadounidenses contra Irán.

Atacará todos los intereses de Washington y sus aliados.

Las declaraciones se producen el mismo día en que fuentes de seguridad regionales han informado de movimientos de buques de guerra y aviones no tripulados de la OTAN en el Mediterráneo oriental, lo que ha disparado la alerta en Teherán. Irán ha intensificado su retórica en las últimas semanas, mientras que las potencias occidentales denuncian el enriquecimiento de uranio más allá de los límites del acuerdo nuclear de 2015.

Bulgaria, miembro de la OTAN y con una importante presencia militar aliada en su territorio, se ha convertido en el nuevo foco de la presión diplomática iraní. El régimen de los ayatolás teme que Estados Unidos utilice las bases búlgaras para lanzar ataques aéreos contra sus instalaciones nucleares de Natanz o Fordow. Por el momento, Sofía no ha respondido oficialmente a la advertencia.

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EE.UU. eleva a 37.500 millones el coste de la guerra en Irán, un 30% más de lo previsto

Por: A. Goikoetxea

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha estimado este martes en 37.500 millones de dólares el coste total de la guerra en Irán para Washington, proyectado hasta finales de septiembre. La cifra, revelada ante una comisión del Senado, supone un incremento de casi el 30% respecto a la última estimación de 29.000 millones, según informó el Pentágono.

El aumento refleja el impacto fiscal y estratégico del conflicto, que afecta a los aliados de la OTAN, entre ellos España, tanto por su participación en operaciones aliadas como por la exposición energética a las rutas del Golfo. Hegseth no detalló los conceptos concretos que componen la nueva estimación, pero fuentes del Departamento de Defensa apuntan a un mayor gasto en munición de precisión, reposición de material y despliegue de fuerzas en la región.

Implicaciones para la Alianza Atlántica

El conflicto con Irán ha supuesto un desafío logístico y presupuestario sin precedentes para el Pentágono desde el inicio de la campaña. La estimación de 37.500 millones de dólares supera con creces las proyecciones iniciales y sitúa el coste final del ejercicio muy por encima de lo previsto en los presupuestos de defensa aprobados por el Congreso. La Casa Blanca ha remitido una solicitud de fondos suplementarios al Congreso para cubrir el desfase, aunque sin garantías de aprobación inmediata en un clima político dividido.

La guerra en Irán ha tensado las alianzas tradicionales de Washington. Varios miembros europeos de la OTAN, incluido España, han mostrado reticencias a escalar su implicación militar, mientras que otros, como Reino Unido y Francia, han mantenido un apoyo logístico y de inteligencia. La factura presentada por Hegseth podría endurecer el debate interno en la Alianza sobre la distribución de cargas y la estrategia de salida del conflicto.

Repercusión en los mercados energéticos

El encarecimiento del conflicto también ha tenido un impacto directo en los precios del petróleo, que en las últimas semanas han registrado volatilidad ante la incertidumbre sobre la estabilidad de las rutas de suministro en el golfo Pérsico. España, como importador neto de crudo, se ha visto afectada por el alza, aunque el Gobierno ha evitado hasta ahora un traslado masivo a los precios de los carburantes mediante la rebaja de impuestos especiales. La prolongación del conflicto más allá del horizonte fiscal de septiembre podría obligar a Madrid a revisar sus previsiones económicas para el segundo semestre.

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EE.UU. estudia fabricar misiles Patriot en Ucrania y cifra en 37.500 millones ciertos aspectos de una guerra con Irán

Por: B. Ovejero

Las empresas estadounidenses Lockheed Martin y RTX (antigua Raytheon) mantienen conversaciones iniciales con el Gobierno de Estados Unidos para fabricar sistemas de defensa antiaérea Patriot directamente en Ucrania, según han revelado ejecutivos de la compañía. El objetivo sería reforzar la capacidad de defensa aérea ucraniana ante los continuos ataques rusos, aunque aún no se ha determinado la viabilidad técnica ni el alcance del proyecto.

«Trabajando con el Gobierno de Estados Unidos, estamos evaluando qué es factible y qué es lo mejor para Ucrania», declaró Tom Laliberty, ejecutivo de RTX, en declaraciones recogidas por la prensa especializada. La producción local de los sistemas Patriot supondría un salto cualitativo en la autonomía militar de Kiev, al permitir un suministro más rápido y directo de los misiles interceptores.

La estimación presupuestaria para un conflicto con Irán

En paralelo, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, ofreció este martes en una audiencia en Washington una estimación de 37.500 millones de dólares para cubrir «ciertos aspectos» de una eventual guerra con Irán. La cifra forma parte de una solicitud de casi 90.000 millones de dólares en fondos suplementarios que la administración Trump considera urgentes para hacer frente a los costes derivados del conflicto en Oriente Próximo.

La sesión, calificada por algunos medios como «tensa», reflejó las divisiones en el Congreso respecto al gasto militar. Hegseth defendió que la partida es necesaria para garantizar la preparación de las fuerzas estadounidenses y de sus aliados de la OTAN, especialmente en el flanco sur de la Alianza, que quedaría expuesto en caso de una escalada bélica con Teherán.

Ambas iniciativas —la producción de Patriot en Ucrania y la previsión presupuestaria para Irán— evidencian la estrategia de Washington de reforzar simultáneamente los frentes europeo y de Oriente Próximo, en un momento de tensión máxima con Rusia y con la República Islámica. Para España, como miembro de la OTAN, las implicaciones son directas: un conflicto con Irán afectaría la seguridad del Mediterráneo oriental y el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, mientras que el fortalecimiento de las defensas ucranianas alivia la presión sobre el flanco este de la Alianza.

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Israel ataca a tropas libanesas desplegadas en zona piloto acordada con EE.UU.

Por: A. Pita

Las fuerzas israelíes atacaron este martes a tropas libanesas desplegadas en la localidad de Zawtar al-Gharbiyeh, en el sur de Líbano, como parte del programa de «zona piloto» acordado con Estados Unidos e Israel. El programa, que busca que el Ejército libanés asuma el control de varios municipios previamente ocupados por Israel, sufrió un grave revés cuando las tropas libanesas quedaron bajo fuego israelí poco después de su entrada en la zona.

El acuerdo de zona piloto se enmarca en los esfuerzos por estabilizar la frontera sur del Líbano, donde la guerrilla de Hezbolá mantiene una presencia relevante. La acción militar israelí supone una violación del alto el fuego en la región, según fuentes libanesas.

Gaza: un bombardeo mata a seis civiles mientras dormían

En Gaza, un bombardeo israelí alcanzó una vivienda en el barrio de Sabra, en la ciudad de Gaza, causando la muerte de seis miembros de la familia al-Masri, entre ellos dos adultos y cuatro niños, según informaron fuentes médicas a la cadena Al Jazeera. La acción se produce en plenas violaciones constantes del alto el fuego respaldado por Estados Unidos.

El ataque israelí mató a Firas al-Masri, su esposa y sus cuatro hijos mientras dormían, según declararon los servicios de salud gazatíes.

Smotrich: «La situación actual es la mejor» para Israel

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, afirmó el martes que es «mejor» para Israel mantenerse al margen del actual conflicto entre Estados Unidos e Irán. «La situación actual es la mejor», declaró Smotrich, mientras Estados Unidos continúa bombardeando la República Islámica y los misiles y drones iraníes alcanzan bases estadounidenses en la región, pero hasta ahora han perdonado a Israel.

Trump anuncia bombardeos «muy intensos» contra Irán

El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que las fuerzas estadounidenses atacarán «muy intensamente» el monte Kuh-e Kolang Gaz La, también conocido como Pickaxe Mountain, en Irán. El anuncio se produce en medio de la escalada bélica que comenzó con bombardeos mutuos entre Estados Unidos e Irán.

La guerra, que dura ya 144 días, ha implicado también a los hutíes de Yemen, que amenazan con una implicación más directa, mientras mediadores internacionales proponen nuevos ceses del fuego que hasta ahora no han fructificado.

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Un sargento estadounidense muere al manipular los explosivos de un dron iraní derribado

Por: M. Quílez

El Pentágono ha identificado al sargento Michael Emmanuel Swinton, de 30 años, como el soldado fallecido el sábado 18 de julio durante una operación de detonación controlada de munición no explosionada procedente de un dron iraní derribado. El incidente, que tuvo lugar en una zona no especificada de Oriente Medio, pone de relieve los riesgos asociados a la gestión de los restos de los drones de ataque unidireccional utilizados por Teherán en la región.

Según el comunicado oficial del Departamento de Defensa, la muerte se produjo durante la manipulación de los explosivos del dron, un tipo de artefacto que Irán ha empleado en múltiples ataques contra fuerzas estadounidenses y aliadas en los últimos meses. El sargento Swinton, con base en una unidad no detallada del Ejército de Tierra, estaba a cargo de la neutralización de la carga explosiva cuando ocurrió la deflagración.

Un goteo de bajas que no cesa

La muerte del sargento Swinton es la última de una serie de bajas estadounidenses en operaciones relacionadas con la presencia de drones iraníes en la zona. Aunque Washington no ha especificado el lugar exacto del suceso, fuentes militares citadas por la prensa estadounidense apuntan a que podría tratarse de una base en Irak o Siria, donde las fuerzas de la coalición internacional realizan labores de desactivación de explosivos de forma rutinaria.

Irán ha intensificado el uso de drones de ataque unidireccional desde 2023, especialmente contra objetivos vinculados a Israel y Estados Unidos en la región. La tecnología empleada por estos artefactos, a menudo cargados con explosivos de alto poder, plantea un desafío creciente para los equipos de desactivación, que deben operar con protocolos de seguridad extremos.

Estamos profundamente entristecidos por la pérdida del sargento Swinton, un soldado dedicado que dio su vida en el cumplimiento del deber, declaró un portavoz del Pentágono en un comunicado difundido el lunes.

El sargento Swinton tenía 30 años y había sido desplegado en Oriente Medio en el marco de la Operación Inherent Resolve, la misión estadounidense contra el Estado Islámico, que en los últimos años ha visto expandirse su radio de acción para incluir la interceptación de drones enemigos. Las circunstancias exactas del accidente están siendo investigadas por el Ejército, que revisa los protocolos de detonación controlada para evitar que episodios como este se repitan.

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Irán recibe ofertas de mediación mientras EE.UU. identifica a sus dos soldados muertos en Jordania

Por: D. Cañellas

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaíl Baghaei, ha confirmado este lunes que Teherán ha recibido propuestas de mediadores para rebajar las tensiones con Estados Unidos, en un momento en que el conflicto entre ambos países escala tras un ataque con misiles balísticos y drones iraníes en Jordania. El Pentágono ha identificado a los dos militares estadounidenses fallecidos en el ataque: el teniente primero Tyler James Feehan, de 25 años, y la soldado raso Isabella Gonzales, de 19 años.

Baghaei, además, prometió que Irán exigirá responsabilidades a Washington por lo que calificó de crímenes de guerra, sin precisar los cauces legales que empleará. Mientras tanto, expertos en seguridad regional advierten de que una escalada militar total contra Irán tendría límites claros.

La capacidad militar estadounidense ante Irán

El veterano corresponsal de guerra Elijah J. Magnier, en declaraciones a la agencia Sputnik, ha subrayado que, aunque Estados Unidos retiene una enorme capacidad ofensiva que le permite lanzar oleadas de ataques intensos contra instalaciones iraníes, «no tiene lo que hace falta para destruir Irán». Según Magnier, cualquier ofensiva generalizada solo lograría debilitar temporalmente al país persa, sin eliminar su capacidad de respuesta.

Las declaraciones se producen en un contexto de máxima tensión, con mediadores —cuya identidad no ha sido revelada— tratando de evitar una conflagración regional. La comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos, mientras el Pentágono refuerza su presencia en Oriente Próximo tras la muerte de los dos soldados. El ataque en Jordania, atribuido por Washington a Irán, ha elevado el riesgo de una represalia estadounidense de gran escala.

Por su parte, el régimen de Teherán se muestra abierto al diálogo, pero sin renunciar a su retórica de confrontación. La oferta de mediación, según analistas, podría ser una vía para evitar que el conflicto derive en una guerra abierta que ninguno de los dos actores parece dispuesto a asumir en su totalidad.

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El Brent supera los 90 dólares por la escalada militar entre EE.UU. e Irán

Por: S. Bárcena

Los precios del petróleo han registrado una subida significativa este lunes, con el barril de Brent de la North Sea superando el umbral de los 90 dólares durante las primeras horas de negociación en los mercados asiáticos. La escalada militar entre Estados Unidos e Irán, centrada en la región del golfo Pérsico, ha disparado la preocupación de los inversores ante una posible interrupción del suministro.

El temor a que el conflicto afecte al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del crudo mundial, está presionando al alza los futuros del crudo. El Brent ha alcanzado los 90 dólares el barril, un nivel que no se veía desde el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, según operadores del mercado.

La cotización del petróleo afecta directamente a la economía española, que depende en gran medida de las importaciones de crudo. Un encarecimiento del barril se traduce en un aumento del precio de los combustibles y, por extensión, de la electricidad y el transporte, lo que eleva la inflación y reduce el poder adquisitivo de los hogares.

El detonante inmediato de la escalada ha sido el intercambio de ataques entre fuerzas estadounidenses y milicias respaldadas por Irán en Irak y Siria, así como las amenazas de Teherán de bloquear el estrecho de Ormuz. Por el momento, no se ha confirmado ninguna interrupción real del suministro. El Brent cotiza en máximos de cuatro años, y todo apunta a que la volatilidad se mantendrá mientras no se despeje el horizonte diplomático.

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EE.UU. bombardea por primera vez una central nuclear iraní en Darkhovin, Juzestán

Por: N. Esteller

Las fuerzas estadounidenses han atacado el reactor nuclear de Darkhovin, en el suroeste de Irán, un paso que amplía el alcance de la guerra energética en el Golfo Pérsico. El bombardeo, del que no se han precisado aún los daños concretos, supone la primera vez que Washington golpea directamente una instalación nuclear iraní desde el inicio de la escalada regional.

Un objetivo estratégico en el conflicto energético

La central de Darkhovin, situada en la provincia de Juzestán, es una de las infraestructuras clave del programa nuclear civil iraní. Su destrucción o inhabilitación debilitaría la capacidad energética del país en un momento en que Teherán utiliza sus recursos como herramienta de presión en el conflicto del Golfo, según fuentes de inteligencia citadas por la prensa internacional.

El ataque representa una escalada cualitativa respecto a los bombardeos anteriores contra refinerías y plataformas petrolíferas iraníes, que hasta ahora habían mantenido un techo por debajo del umbral nuclear. La decisión de cruzar esa línea expone la creciente fragilidad de las infraestructuras energéticas regionales y el riesgo de una desestabilización aún mayor en los mercados de crudo.

Reacción de Teherán y perspectivas

Irán no ha confirmado oficialmente el alcance de los daños, pero medios estatales han denunciado el bombardeo como una violación del derecho internacional y han advertido de represalias. La comunidad internacional sigue con atención los movimientos de la flota estadounidense en el golfo Pérsico, donde se concentran portaaviones y destructores con capacidad de ataque.

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Irán golpea instalaciones militares de EE.UU. en Kuwait mientras Washington completa nueve jornadas de ataques

Por: M. Espluga

El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) ha lanzado ataques contra sistemas de radar, almacenes de equipos y un hangar de vehículos aéreos no tripulados (UAV) estadounidenses en Kuwait, según informaron fuentes oficiales iraníes este lunes. La acción se produce en el marco de la novena jornada consecutiva de bombardeos de Estados Unidos contra objetivos en Irán, que este domingo incluyó un ataque contra la planta nuclear de Darkhovin, en el suroeste del país.

El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) detalló que sus fuerzas llevaron a cabo ataques contra centros de mando militares iraníes, sistemas de defensa aérea, instalaciones de vigilancia costera, capacidades marítimas, plataformas de lanzamiento de misiles y drones, así como redes de comunicación. La ofensiva contra la central de Darkhovin, aún en construcción, ha sido calificada por Teherán como una escalada especialmente grave.

Advertencia de represalias

El viceministro de Relaciones Exteriores de Irán, Kazem Gharibabadi, calificó el ataque como «una peligrosa agresión» contra la infraestructura pacífica del país y advirtió que Irán actuará en respuesta. Las declaraciones, recogidas por medios locales, no especificaron el alcance ni el momento de las posibles represalias, pero aumentan la tensión en una región ya crispada por el pulso entre ambas potencias.

El bombardeo sobre Kuwait, donde Estados Unidos mantiene bases militares clave, supone un salto cualitativo en el conflicto, al extenderse a un tercer país. El IRGC reivindicó haber alcanzado sistemas de radar, un hangar de UAV y almacenes de equipamiento militar, aunque no se han reportado víctimas ni daños confirmados de forma independiente.

Impacto regional y global

La escalada entre Washington y Teherán, que dura ya nueve días consecutivos de ataques, amenaza con desestabilizar aún más Oriente Próximo y disparar los precios energéticos globales. Kuwait, aliado de Estados Unidos y miembro de la OPEP, se ve directamente implicado en las hostilidades, lo que podría tener consecuencias para el suministro de crudo. España, como socio de la UE y la OTAN, sigue con atención el desarrollo de los acontecimientos, que podrían afectar a la seguridad europea y a los mercados de energía.

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Irán ataca helicópteros Black Hawk en Jordania con dos muertos y escala el conflicto a Bahréin y Kuwait

Por: D. Cañellas

Irán ha atacado helicópteros estadounidenses Black Hawk en bases aéreas de Jordania, causando dos militares muertos y varios heridos, según informó este domingo la prensa estadounidense. El ataque se produce en plena escalada del conflicto directo entre ambas potencias, que ya acumula ocho noches consecutivas de bombardeos de Estados Unidos sobre territorio iraní.

Los Black Hawk atacados sufrieron daños materiales, además de las bajas humanas. Medios estadounidenses atribuyen estas pérdidas a la mejorada capacidad de las fuerzas iraníes para alcanzar objetivos considerados seguros hasta ahora.

El intercambio de ataques se produce en el contexto del día 142 del conflicto abierto. Las fuerzas iraníes también han atacado posiciones estadounidenses en Bahréin y Kuwait. Por su parte, la aviación estadounidense mantiene su campaña de bombardeos sobre Irán por octava noche consecutiva.

Una escalada que se regionaliza

La secuencia de ataques se enmarca en la respuesta iraní a la muerte de dos militares estadounidenses en un ataque previo en Jordania, que llevó a Washington a lanzar una ofensiva aérea masiva contra Irán. Los golpes iraníes contra las bases aéreas estadounidenses en Jordania no solo causaron muertos y heridos, sino que también dañaron varios helicópteros Black Hawk, según la prensa estadounidense.

El conflicto directo entre Irán y Estados Unidos, que durante años se libró mediante intermediarios y ciberataques, se ha convertido en una guerra abierta con implicaciones globales. La ampliación del teatro de operaciones a Jordania, Bahréin y Kuwait apunta a una regionalización del conflicto que varios analistas ya anticipaban.

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Irán advierte de que ningún petrolero cruzará Ormuz sin permiso tras incidentes en el golfo Pérsico

Por: B. Ovejero

El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán ha advertido este domingo de que ningún petrolero podrá atravesar el estrecho de Ormuz sin permiso, después de incidentes con dos buques a los que ha calificado de «infractores». La amenaza, lanzada el 19 de julio de 2026, supone un nuevo desafío a la libertad de navegación en una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo, por donde transita cerca del 20% del crudo global.

Incidentes en aguas del golfo Pérsico

Según informó el CGRI, los incidentes ocurrieron durante el fin de semana en la zona del estrecho, sin que se hayan precisado las circunstancias exactas ni la identidad de los barcos implicados. La fuerza naval iraní ha intensificado en los últimos meses las inspecciones y operaciones de disuasión en la región, en el marco de las tensiones con Estados Unidos y sus aliados por el programa nuclear iraní y las sanciones internacionales.

La advertencia iraní afecta directamente a los buques petroleros y metaneros que atraviesan el estrecho de Ormuz, una vía que conecta los productores de Oriente Próximo —Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar— con los mercados asiáticos, europeos y americanos. Cualquier interrupción o restricción del paso podría disparar los precios del crudo y del gas licuado (LNG), con graves consecuencias para la economía global.

Reacción internacional y precedentes

El gobierno iraní no ha emitido hasta el momento un comunicado oficial más allá de la declaración del CGRI, aunque fuentes de la República Islámica han señalado en el pasado que el control del estrecho responde a su derecho a garantizar la seguridad marítima y a proteger sus intereses nacionales. La comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, mantiene una presencia naval en la zona para asegurar la libre navegación, en virtud del derecho internacional.

Este tipo de amenazas no son nuevas: en 2019, Irán llegó a interceptar varios petroleros en el estrecho de Ormuz en represalia por las sanciones estadounidenses, lo que provocó un aumento temporal de la tensión militar. La situación actual se produce en un contexto de ausencia de avances en las negociaciones nucleares y de endurecimiento de las sanciones occidentales contra Teherán.

El estrecho de Ormuz, de solo 39 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, es considerado un punto crítico para la seguridad energética mundial. La advertencia del CGRI, de materializarse, podría derivar en un bloqueo de facto que obligaría a los países consumidores a buscar rutas alternativas o a recurrir a sus reservas estratégicas.

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EE.UU. lanza bombardeos contra Irán tras la muerte de dos soldados y Teherán promete represalias

Por: D. Cañellas

Estados Unidos ha lanzado bombardeos nocturnos contra territorio iraní después de que dos soldados estadounidenses murieran por fuego iraní. La represalia, calificada por el Pentágono como una operación de castigo, amenaza con desencadenar una espiral de escalada en Oriente Próximo, en un contexto en el que ambas partes han declarado que ya no se sienten vinculadas por el acuerdo marco bilateral.

Los hechos se produjeron el 19 de julio de 2026, después de que dos militares estadounidenses perdieran la vida en un ataque atribuido a fuerzas iraníes. Según fuentes del Departamento de Defensa, la respuesta militar se ejecutó durante la madrugada, aunque no se han especificado los objetivos exactos ni el alcance de los bombardeos. El Ministerio de Defensa iraní aún no ha emitido un balance oficial de víctimas o daños materiales, pero medios estatales han condenado la agresión y prometido represalias.

La crisis actual marca un punto de inflexión en las relaciones bilaterales, que ya venían deteriorándose desde la retirada estadounidense del acuerdo nuclear de 2015. El portavoz de la Casa Blanca confirmó que la operación fue aprobada por el presidente tras valorar el ataque del lunes como una violación directa de los límites establecidos por Washington. Analistas consultados indican que la escalada puede afectar a la estabilidad del golfo Pérsico, clave para el tránsito energético mundial, y que España, como socio de la OTAN y país con intereses en la región, sigue con preocupación los acontecimientos.

En paralelo, Teherán ha elevado el tono diplomático. El ministro de Asuntos Exteriores iraní declaró esta mañana que su país responderá «con toda su fuerza» a lo que considera una agresión injustificada, y advirtió que las rutas de navegación del estrecho de Ormuz podrían verse afectadas si continúan las hostilidades. La comunidad internacional, encabezada por la ONU, ha hecho un llamamiento a la moderación, mientras que el Consejo de Seguridad podría reunirse de urgencia en las próximas horas.

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Matar a la velocidad de la máquina

Por: Marco Dalla Stella

Este reportaje se publicó originalmente en La Marea 111. Puedes conseguir la revista y suscribirte en nuestro kiosco.


La mañana del 28 de febrero, decenas de niñas y docentes ingresaron a la escuela primaria Shajareh Tayyebeh de Minab, una ciudad de más de 70.000 habitantes en el sur de Irán. Era sábado, el primer día de la semana laboral en ese país. También el primer día de la operación «Furia Épica», como denominó el Pentágono a la ofensiva que lanzó contra Irán junto a Israel (Tel Aviv, por su parte, la llamó «Rugido del León»).

Alrededor de las 10.30 hora local, un misil Tomahawk impactó en la escuela, perforando el techo y colapsando la estructura. Análisis forenses de imágenes satelitales revelaron que, poco después, otro misil impactó en el patio, seguido por un tercero que completó el ataque. Según las autoridades iraníes, al menos 168 personas, en su mayoría niñas de entre siete y 12 años, fallecieron en el ataque. No se trató de un fallo técnico.

Los misiles Tomahawk no son cualquier misil. Pueden cubrir más de 2.000 kilómetros de forma autónoma, a velocidades cercanas a los 880 km/h, e impactar en su objetivo con un margen de error de pocos metros.

La escuela estaba ubicada en un edificio que hace una década fue separado de una base de las fuerzas navales del Cuerpo de Guardianes mediante un muro. Dicha base también fue golpeada en los ataques del 28 de febrero. Por ello, es probable que EE. UU. identificara esa base como objetivo militar pero que los mapas utilizados para esa identificación no estuvieran actualizados. Pero ¿quién es responsable de ese error en una guerra en la que se combate esencialmente con inteligencia artificial?

La cadena de muerte

En términos militares, con kill chain (literalmente, ‘cadena de muerte’) nos referimos a la secuencia de acciones que ocurre entre la identificación de un objetivo, la decisión de atacar y el despliegue del ataque. Durante casi un siglo, los ejércitos han intentado comprimir la kill chain todo lo posible, algo que permitiría atacar al enemigo de forma más rápida y eficaz.

Este deseo se convirtió en necesidad por primera vez durante la Guerra del Golfo del año 1991, cuando los iraquíes emplearon lanzadores móviles de misiles capaces de desplazarse varios kilómetros antes de que los estadounidenses pudieran coordinar una respuesta. Las viejas técnicas analógicas, en las que los analistas tenían que revisar manualmente mapas, grabaciones y otros datos, no servían. Se necesitaban máquinas capaces de volar tan bajo como para esquivar los radares, identificar un objetivo y eliminarlo en minutos. En pocas palabras, drones armados: vehículos capaces de volar (y atacar) sin tripulación a bordo.

El primer ejemplo llegó en 2001, cuando el capitán de la Fuerza Aérea de EE. UU. Scott Swanson y el sargento mayor Jeff A. Gunny Guay intentaron matar, sin éxito, al mulá Omar, líder de los talibanes y aliado de Osama Bin Laden, mientras controlaban un dron armado Predator desde Langley (Virginia), a miles de kilómetros de distancia. A pesar de que la misión no obtuvo los resultados esperados, los drones Predator y el más pesado Reaper en poco tiempo se convirtieron en instrumentos claves de las misiones militares tanto de EE. UU. como de Israel. Su uso se amplió enormemente durante la presidencia de Barack Obama, llegando incluso a ser considerados por algunos más «humanos» que otro tipo de ataques.

«La pregunta es si los drones nos tentarán a hacer cosas incorrectas. Pero no parece que sea así, porque tenemos casos en los que los drones se usaron de manera justa, y parece que, en realidad, mejoran nuestra capacidad de actuar con justicia», dijo en 2012 a The Guardian Bradley Strawser, filósofo y por entonces profesor en la Universidad Naval de Monterrey. «Literalmente cada acción que realizan queda registrada. Ante una decisión difícil, los operadores pueden incluso tomarse su tiempo y llamar a otras personas a la sala. Hay más margen para los controles y la supervisión», argumentó.

Pero con el aumento de los datos, poco a poco los controles y supervisión se volvieron cada vez más complejos. «En un futuro no muy lejano, vamos a encontrarnos nadando en sensores y ahogándonos en datos», aventuró en 2010 un alto cargo de inteligencia de la Fuerza Aérea estadounidense. Y eso fue lo que pasó. La difusión de redes sociales, drones y tecnologías de vigilancia masiva aumentaron enormemente la disponibilidad de datos en manos de los ejércitos para identificar y rastrear objetivos. Eso llevó a un cuello de botella. ¿Quién podía analizar tanta información? La inteligencia artificial trajo la respuesta.

Guerra sin piloto

«El objetivo de los sistemas de IA es liberar al ser humano del procesamiento cognitivo; hacer las cosas más rápidas y eficientes», comenta a La Marea Elke Schwarz, profesora de Teoría Política en la Universidad Queen Mary de Londres y autora del libro Death Machines: The Ethics of Violent Technologies (2018). Schwarz lleva años estudiando las consecuencias reales y potenciales del empeño humano por automatizar al máximo la práctica de matarse unos a otros.

Su investigación comenzó a principios de la década de 2010, años antes de la invasión rusa de Ucrania, una guerra que se ha convertido en un campo de experimentación para el uso de algoritmos e inteligencia artificial en batalla. «Muchas empresas emergentes llevaron sus nuevas tecnologías al conflicto», señala Schwarz.

Muy pronto, la asimetría del conflicto en Ucrania trajo el uso masivo de drones teledirigidos. A diferencia de los complejos y costosos sistemas Predator, estos eran instrumentos baratos que, con una inversión de apenas 500 dólares y comandados de forma remota, eran capaces de destruir tanques. No obstante, se revelaron vulnerables ante la guerra electrónica, es decir, ataques que interrumpen la comunicación entre el dron y su piloto. Esto propició que se impulsara el desarrollo de aeronaves con capacidades autónomas de vuelo y ataque.

Los drones autónomos están dotados de software capaz de transportar explosivos a lo largo de cientos de kilómetros y localizar objetivos. Otro tipo de drones, de cuatro hélices, se dotaron de inteligencia artificial para atacar a soldados rusos sin intervención humana cuando las comunicaciones fallaran. El siguiente paso fueron los enjambres de drones, capaces de perpetrar ataques masivos sin necesidad de contar con decenas de operadores.

Entre las innovaciones desplegadas en Ucrania, destaca el envío, en febrero de 2026, de dos robots humanoides Phantom MK-1 para cumplir funciones descritas oficialmente como «de apoyo» y no de combate. Según la startup californiana Foundation que los ha creado, este modelo sería el primer autómata diseñado específicamente para zonas de conflicto armado. «Lo que estamos viendo ahora es el primer intento torpe de cómo los robots van a librar nuestras guerras», declaró a la revista Time Mike LeBlanc, cofundador de la empresa y veterano de los Marines con experiencia en Irak y Afganistán. «Pero, en realidad, solo están esperando a que empiece el espectáculo», añadió.

Al margen del posible desarrollo de estos robots, en la actualidad las decisiones bélicas ya pasan por las principales empresas de inteligencia artificial, las mismas que diseñan los chatbots (asistentes conversacionales de IA) que cada día usan millones de personas para corregir correos electrónicos.

Decisiones de algoritmos

El libro The Making of the Atomic Bomb, de Richard Rhodes, publicado en 1986 y ganador del premio Pulitzer, se ha convertido en una de las lecturas más populares en las oficinas de Anthropic, la empresa creadora del chatbot Claude. Como escribía Charlie Warzel en 2023 en el medio The Atlantic, la obra se ha convertido en una suerte de texto fundacional para cierto tipo de investigadores en IA: los que creen que sus creaciones podrían tener el poder de matarnos a todos.

En febrero de este año, el secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth exigió a Anthropic acceso sin restricciones a sus sistemas de inteligencia artificial para cualquier uso militar. La respuesta del consejero delegado, Dario Amodei, fue una negativa pública: «En conciencia, no podemos aceptar su petición». Hegseth contestó designando a Anthropic como «riesgo para la cadena de suministro», una calificación reservada habitualmente a empresas vinculadas con gobiernos adversarios, como la china Huawei o la rusa Kaspersky.

En respuesta, Anthropic demandó al Gobierno, que por su cuenta comenzó el proceso de reemplazar Claude con los modelos de empresas que supuestamente aceptaron sus condiciones, como ChatGPT, de OpenAI, y Gemini, de Google. Hasta ese momento, la colaboración entre esta empresa –fundada por exmiembros de OpenAI– y el Departamento de Defensa había sido estrecha.

El Mando Central de EE. UU. (CENTCOM) habría utilizado una versión clasificada de Claude para asistir en evaluaciones de inteligencia, identificación de objetivos y simulación de escenarios de combate durante operaciones militares en Irán. Según reveló The Wall Street Journal, Claude también habría sido empleado en la operación militar estadounidense que condujo a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de este año.

Además, Anthropic ya se había asociado con Palantir Technologies, el gigante de análisis de datos cofundado por Peter Thiel y uno de los principales contratistas tecnológicos del Pentágono. En particular, Claude sería clave para el funcionamiento del sistema Maven Smart, diseñado por Palantir y supuestamente utilizado por el Ejército de EE. UU. en su guerra en Irán. Maven es capaz de procesar volúmenes enormes de datos clasificados procedentes de satélites, vigilancia y otras fuentes de inteligencia, y generar a partir de ellos información operativa. Según Hegseth, durante las primeras 24 horas de su ofensiva, EE. UU. atacó más de mil objetivos.

Matar a la velocidad de la máquina
Protesta ante la sede de Palantir, en Nueva York, por su colaboración con el ICE. MADISON SWART / REUTERS

«Sugieren miles de objetivos y luego tienes un equipo reducido de personas para comprobarlos o validarlos, pero tienen que hacerlo a toda velocidad», subraya Schwarz a La Marea. «Ocurre tan rápido que tenemos que preguntarnos si puede haber una supervisión significativa o si el humano simplemente va diciendo “sí, no, sí, no”, absorbido por la lógica funcional del sistema de IA, por la lógica de la máquina».

Según una investigación publicada en el año 2024 por la revista israelí-palestina +972 Magazine, Israel empleó el sistema Lavender en Gaza para analizar datos de vigilancia masiva de casi la totalidad de los 2,3 millones de habitantes de la Franja. El sistema asigna a cada individuo una puntuación del 1 al 100 según su probabilidad de ser miliciano. La investigación indica que la supervisión humana se reducía con frecuencia a una validación pro forma de aproximadamente 20 segundos por objetivo, tratando en la práctica la sugerencia de la máquina como una decisión firme.

Al comprobarse que Lavender supuestamente alcanzaba un 90% de precisión en la identificación de afiliaciones con Hamás, el Ejército autorizó su uso generalizado. A partir de ese momento, según las fuentes de +972 Magazine, si Lavender determinaba que un individuo era miliciano, los operadores debían tratar esa decisión como una orden, sin necesidad de verificar de forma independiente el razonamiento algorítmico ni examinar los datos en los que se basaba.

«Para hacer posible la violencia de masas es necesario deshumanizar al enemigo», concluye Schwarz. Y para eso, la inteligencia artificial ofrece grandes oportunidades. «Cuanto mayor es la distancia entre la aplicación de la fuerza y sus efectos, mayor es también la distancia emocional y moral que se genera».

A diferencia de los sistemas de armas convencionales, fabricados por empresas como Lockheed Martin y sujetos a marcos regulatorios, el uso militar de la inteligencia artificial carece de regulación.

Frenar la máquina

En uno de los muchos cafés de moda que hay en Brooklyn, frente a un capuccino, Peter Asaro admite que negociar un tratado para regular las armas con altos niveles de automatización es una tarea titánica en el laberíntico sistema de la ONU. Este filósofo de la ciencia, la tecnología y los medios digitales, ya atendió a La Marea en octubre de 2023 en la sede de Naciones Unidas.

Hoy, Asaro, vicepresidente del Comité Internacional para el Control de Armas Robóticas (ICRAC) y portavoz de la campaña Stop Killer Robots, se muestra esperanzado con el estado actual del borrador para negociar un marco legal común en las Naciones Unidas que permita ejercer control sobre las armas con altos niveles de automatización.

Tras varios intentos fallidos de prohibir por completo el uso de armas autónomas, el estado actual de las negociaciones se centra en regular su empleo y definir en qué contextos son aceptables. Es el caso, por ejemplo, de los sistemas de defensa antimisiles, que deben operar con inmediatez para neutralizar amenazas masivas. El debate de fondo radica en hasta qué punto es imprescindible mantener a un humano en el proceso y qué nivel de intervención se considera «significativo». Por ello, las discusiones se centran en la definición de un «control humano apropiado al contexto».

«La idea es que “apropiado” no sea un término vacío», matiza Asaro. «Exige algún tipo de valoración humana contextual que confirme que el sistema opera en un entorno conocido y que es capaz de hacerlo correctamente».

Estos esfuerzos regulatorios chocan con la oposición de potencias muy activas en el desarrollo armamentístico, convencidas de que la IA les otorgará una ventaja táctica decisiva. Países como Estados Unidos, Rusia, China, Israel, Corea del Sur y Turquía prefieren sustituir un tratado vinculante por meras «directrices» o «mejores prácticas».

Se espera que en noviembre de 2026 las Naciones Unidas voten el inicio oficial de las negociaciones. De ser así, el tratado formal podría ver la luz en 2027, seguido de un arduo proceso de ratificación global que seguramente intentarán torpedear los países detractores. Sin embargo, Asaro recuerda que no es una situación inédita y que la historia demuestra que el progreso es posible frente a la resistencia de las grandes potencias.

En el caso de las armas nucleares, un tratado de prohibición ha logrado establecer normas claras. Aunque las potencias nucleares no lo firmaron, el respaldo de la mayor parte del mundo consolidó una norma internacional que declara estas armas «inmorales e ilegales». Del mismo modo, aunque Siria nunca firmó el tratado sobre armas químicas, la comunidad internacional la hizo responsable de su uso. «Esperamos lograr algo similar. Como mínimo que podamos restringir el uso de estos sistemas y alejar la IA de las aplicaciones bélicas más peligrosas que podamos imaginar», concluye Asaro.

Así, al menos, la responsabilidad de las muertes de civiles podrá seguir siendo identificable y no quedar sepultada tras algoritmos indescifrables.

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Irán: Un levantamiento asediado desde dentro y desde fuera

Por: Todo Por Hacer

A partir del 28 de diciembre de 2025, una nueva ola de protestas estalló en todo Irán, provocada por las dificultades económicas y que se intensificó hasta pedir el derrocamiento del Gobierno. Se trata, como mínimo, del quinto movimiento de este tipo en una década, que se suma a las anteriores oleadas de disturbios laborales y resistencia feminista. Sin embargo, dentro de este levantamiento, los movimientos de base se enfrentan a monárquicos reaccionarios, en su mayoría radicados fuera de Irán, que buscan el apoyo de Estados Unidos e Israel para hacerse con el poder.

Todo ello en medio de una situación geopolítica tumultuosa. El Gobierno israelí ha intensificado los bombardeos sobre Gaza y el Líbano y la apropiación de tierras en Gaza, el Líbano y Siria; se está preparando para construir un asentamiento que dividirá Cisjordania en dos, con el fin de imposibilitar la creación de un Estado palestino. Estados Unidos acaba de secuestrar al presidente de Venezuela y a su esposa para apoderarse del petróleo venezolano, lo que demuestra su determinación de llegar a cualquier extremo para dominar a los pueblos tanto dentro como fuera de sus fronteras.

En el otoño de 2025, los manifestantes de Nepal y otros lugares demostraron que todavía es posible que los movimientos sociales derroquen gobiernos. Una revolución exitosa en Irán podría desencadenar una ola de cambios en todo el mundo. Pero si esa revolución fuera secuestrada por fuerzas reaccionarias, podría retrasar los movimientos de liberación otra generación o más.

Hay mucho en juego. Le debemos a los movimientos populares de Irán informarnos sobre ellos y apoyarles, tanto porque se enfrentan a una situación desesperada como para asegurarnos de que no llegue al poder un régimen títere al servicio de Israel y Estados Unidos. 

A continuación, presentamos tres perspectivas sobre el levantamiento de la última semana y media, extraídas del medio de comunicación Crimethinc.

Informe sobre la actual ola de protestas en Irán

Este texto ha sido aportado por unx anarquista residente en Irán que está documentando e informando activamente sobre la situación actual. Debido a graves motivos de seguridad, prefiere permanecer en el anonimato.

Durante casi una década, la sociedad iraní ha sido testigo repetidamente de oleadas de protestas callejeras dirigidas contra el sistema político gobernante, la República Islámica. Si bien estas protestas han surgido como consecuencia de diferentes desencadenantes inmediatos, todas ellas tienen su origen en profundas crisis estructurales sin resolver —económicas, políticas y sociales— que siguen configurando la vida cotidiana en Irán.

A lo largo de estos años, la principal respuesta del Estado a la disidencia pública ha sido la represión sistemática. Los movimientos de protesta se han enfrentado sistemáticamente a la fuerza letal, detenciones masivas, encarcelamientos e intimidación generalizada. Lejos de resolver los problemas subyacentes, este enfoque ha contribuido a la acumulación de la ira pública y a un creciente sentimiento de injusticia en toda la sociedad.

Las protestas más recientes se desencadenaron inicialmente por el dramático colapso de la moneda nacional iraní y el grave deterioro de las condiciones de vida. La rápida devaluación del rial, combinada con la inflación galopante y la pobreza generalizada, ha empujado a amplios sectores de la población al límite de la supervivencia económica. Estas condiciones han llevado a muchos a concluir que la crisis no es temporal ni reformable, sino estructural e inseparable del sistema de poder existente.

A diferencia de episodios anteriores, las protestas actuales reflejan un nivel más amplio de conciencia colectiva. Las manifestaciones ya no se limitan a ciudades o grupos sociales específicos, sino que se han extendido simultáneamente por múltiples regiones, involucrando a diversos segmentos de la sociedad. Las reivindicaciones económicas se han transformado rápidamente en demandas explícitamente políticas, con manifestantes que piden abiertamente el fin del régimen autoritario y el desmantelamiento de la República Islámica.

Al mismo tiempo, parte de la oposición —sobre todo los grupos monárquicos— está intentando sacar partido del movimiento de protesta. A través de los medios de comunicación satélites y las plataformas sociales, estos actores tratan de presentarse como alternativas políticas viables, recurriendo a narrativas nostálgicas de la era prerrevolucionaria e intentando redirigir la ira popular hacia sus propios proyectos de poder.

Mientras tanto, la represión estatal se ha intensificado significativamente. Los informes indican que más de diez manifestantes han sido asesinados y cientos detenidos en los últimos días, aunque es probable que las cifras reales sean más elevadas. Las fuerzas de seguridad han ampliado el uso de la violencia, la vigilancia y las detenciones arbitrarias, lo que ha ejercido una enorme presión sobre los manifestantes y la población en general.

En general, la situación actual en Irán representa mucho más que un estallido espontáneo de descontento. Es señal de una profunda crisis de legitimidad, del colapso de la confianza pública en las instituciones gubernamentales y de una fase crítica en la confrontación entre la sociedad y el orden dominante. La trayectoria de este momento dependerá del equilibrio entre la resistencia social, la represión estatal y la capacidad de la población para organizarse de forma independiente, al margen tanto del poder estatal como de las fuerzas de oposición de la élite.


Protestas en Irán en pleno asedio de enemigos internos y externos: informe sobre el reciente levantamiento popular

El siguiente análisis es una contribución de Roja, un colectivo feminista independiente y de izquierdas con sede en París. Roja nació tras el feminicidio de Jina (Mahsa) Amini, coincidiendo con el inicio del levantamiento «Jin, Jiyan, Azadi» en septiembre de 2022. El colectivo está compuesto por activistas políticos de diversas nacionalidades y geografías políticas dentro de Irán, incluyendo kurdos, hazara, persas y otros. Las actividades de Roja no solo están relacionadas con los movimientos sociales en Irán y Oriente Medio, sino también con las luchas locales en París, en sintonía con las luchas internacionalistas, incluyendo el apoyo a Palestina. El nombre «Roja» se inspira en la resonancia de varias palabras en diferentes idiomas: en español, roja es el «rojo»; en kurdo, roj significa «luz» y «día»; en mazandarani, roja significa «estrella de la mañana» o «Venus», considerada el cuerpo celeste más brillante de la noche.

I. El quinto levantamiento desde 2017

Desde el 28 de diciembre de 2025, Irán ha vuelto a arder en la fiebre de las protestas generalizadas. Los cánticos de «Muerte al dictador» y «Muerte a Jamenei» han resonado en las calles de al menos 222 localidades de 78 ciudades en 26 provincias. Las protestas no solo son contra la pobreza, el alza de los precios, la inflación y el despojo, sino contra todo un sistema político podrido hasta la médula. La vida se ha vuelto insostenible para la mayoría, especialmente para la clase trabajadora, las mujeres, las personas lgbttqi+ y las minorías étnicas no persas. Esto se debe no solo a la caída libre de la moneda iraní tras la guerra de los doce días, sino también al colapso de los servicios sociales básicos, incluidos los repetidos cortes de electricidad; a la agudización de la crisis medioambiental (contaminación atmosférica, sequía, deforestación y mala gestión de los recursos hídricos); y a las ejecuciones masivas (al menos 2063 personas en 2025), todo lo cual se ha combinado para empeorar las condiciones de vida.

La crisis de reproducción social es el punto central de las protestas actuales, y su horizonte último es la reivindicación de la vida.

Este levantamiento es la quinta ola de una cadena de protestas que comenzó en diciembre de 2017 con el levantamiento conocido como la «Revuelta del Pan». Continuó con el sangriento levantamiento de noviembre de 2019, una explosión de ira pública contra la subida del precio del combustible y la injusticia. La revuelta de 2021 se conoció como el «levantamiento de los sedientos», iniciado y liderado por las minorías étnicas árabes. Esta ola alcanzó su punto álgido con el levantamiento «Mujer, Vida, Libertad» en 2022, que puso de relieve las luchas por la liberación de las mujeres y las luchas anticoloniales de naciones oprimidas como los kurdos y los baluchis, abriendo nuevos horizontes. El levantamiento actual vuelve a centrarse en la crisis de la reproducción social, esta vez en un terreno más radical y posbélico. Las protestas, que comienzan con reivindicaciones relacionadas con los medios de vida, pero con una rapidez sorprendente, se dirigen contra las estructuras de poder y la oligarquía gobernante corrupta.

II. Un levantamiento asediado por amenazas externas e internas

Las protestas que se están produciendo en Irán se ven asediadas por todas partes por amenazas tanto externas como internas. Solo un día antes del ataque imperialista de Estados Unidos contra Venezuela, Donald Trump, enarbolando el lenguaje del «apoyo a los manifestantes», lanzó una advertencia: si el Gobierno iraní «mata a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, los Estados Unidos de América acudirán en su rescate. Estamos preparados y listos para actuar». Este es el guion más antiguo del imperialismo, que utiliza la retórica de «salvar vidas» para legitimar la guerra, ya sea en Irak o en Libia. Estados Unidos sigue hoy ese guion: solo en 2025, lanzó ataques militares directos contra siete países.

El genocida Gobierno israelí, que anteriormente había lanzado su asalto de doce días contra Irán bajo el slogan «Mujer, vida, libertad», ahora escribe en persa en las redes sociales: «Estamos con vosotros, manifestantes». Los monárquicos, como brazo local del sionismo, que asumieron la mancha y la vergüenza de apoyar a Israel durante la Guerra de los Doce Días, ahora intentan presentarse ante sus amos occidentales como la única alternativa. Lo han hecho mediante una representación selectiva y la manipulación de la realidad, lanzando una campaña online para apropiarse de las protestas, fabricar, distorsionar y alterar el sonido de las consignas callejeras a favor del monarquismo. Esto revela su engaño, sus ambiciones monopólicas, su poder mediático y, lo que es más importante, su debilidad dentro del país, ya que carecen de poder material en Irán. Con el eslogan «Make Iran Great Again» (Hagamos grande de nuevo a Irán), este grupo acogió con satisfacción la operación imperialista de Trump en Venezuela y ahora espera el secuestro de los líderes de la República Islámica por parte de sicarios estadounidenses e israelíes.

Y, por supuesto, están los campistas pseudoprogresistas —los autodenominados «antiimperialistas»— que maquillan la dictadura de la República Islámica proyectando una máscara antiimperialista sobre su fachada. Ponen en duda la legitimidad de las protestas actuales repitiendo la trillada acusación de que «un levantamiento en estas condiciones no es más que jugar en el campo del imperialismo», porque solo pueden leer a Irán a través del lente del conflicto geopolítico, como si toda revuelta fuera simplemente un proyecto estadounidense-israelí disfrazado. Al hacerlo, niegan la subjetividad política del pueblo iraní y otorgan a la República Islámica inmunidad discursiva y política mientras masacra y reprime a su propia población.

«Enojados con el imperialismo» pero «temerosos de la revolución» —por recordar la formulación fundacional de Amir Parviz Puyan—, su postura es una forma de antirreacción reaccionaria. Incluso se nos dice que no escribamos sobre las recientes protestas, asesinatos y represión en Irán en ningún idioma que no sea el persa en los foros internacionales, para no dar a los imperialistas un «pretexto», como si, más allá del persa, no hubiera personas en la región o en el mundo capaces de compartir destinos, experiencias, conexión y solidaridad en la lucha. Para los campistas, no hay otro sujeto que los gobiernos occidentales, ni otra realidad social que la geopolítica.

En oposición a estos enemigos, insistimos en la legitimidad de estas protestas, en la intersección de las opresiones y en el destino compartido de las luchas. La corriente monárquica reaccionaria se está expandiendo dentro de la oposición de extrema derecha iraní, y la amenaza imperialista contra el pueblo de Irán, incluido el peligro de una intervención extranjera, es real. Pero también lo es la furia del pueblo, forjada a lo largo de cuatro décadas de brutal represión, explotación y «colonialismo interno» del Estado contra las comunidades no persas.

No tenemos más remedio que afrontar estas contradicciones tal y como son. Lo que vemos hoy es una fuerza insurgente brotando de las profundidades del infierno social de Irán: personas que arriesgan sus vidas para sobrevivir, enfrentándose de lleno a la maquinaria de la represión.

No tenemos derecho a utilizar el pretexto de una amenaza externa para negar la violencia infligida a millones de personas en Irán, ni para negar el derecho a sublevarse contra ella.

Quienes salen a las calles están cansados de análisis abstractos, simplistas y condescendientes. Luchan desde dentro de las contradicciones: viven bajo sanciones y, al mismo tiempo, sufren el saqueo de una oligarquía nacional. Temen la guerra y temen la dictadura interna. Pero no se paralizan por el miedo. Insisten en ser sujetos activos de su propio destino y, al menos desde diciembre de 2017, su horizonte ya no es la reforma, sino la caída de la República Islámica.

III. La propagación de la revuelta

Las protestas se desencadenaron por la caída libre del rial, que estalló primero entre los comerciantes de la capital, especialmente en los mercados de teléfonos móviles y ordenadores, pero rápidamente se convirtieron en un levantamiento amplio y heterogéneo que atrajo a trabajadores asalariados, vendedores ambulantes, porteadores y trabajadores del sector servicios de toda la economía comerciante de Teherán. La revuelta pasó rápidamente de las calles de Teherán a las universidades y a otras ciudades, sobre todo a las más pequeñas, que se han convertido en el epicentro de esta ola de protestas.

Desde el primer momento, las consignas se dirigieron contra la República Islámica en su conjunto. Hoy en día, la revuelta está siendo impulsada sobre todo por los pobres y los desposeídos: jóvenes, desempleados, las poblaciones excedentarias, trabajadores precarios y los estudiantes.

Algunos han desestimado las protestas porque comenzaron en el Bazar (la economía comercial de Teherán), que a menudo se percibe como aliado del régimen y un símbolo del capitalismo comercial. Han tildado las protestas de «pequeñoburguesas» o «vinculadas al régimen». Este reflejo recuerda las primeras reacciones al movimiento de los chalecos amarillos de Francia en 2018: debido a que la revuelta surgió fuera de la clase trabajadora «tradicional» y de las redes de izquierda reconocidas, y debido a que llevaba consignas contradictorias, muchos se apresuraron a declararla condenada a ser reaccionaria.

Pero dónde comienza un levantamiento no determina hacia dónde se dirige. Su punto de partida no predetermina su trayectoria. Las actuales protestas en Irán podrían haber sido reavivadas por cualquier chispa, no solo por el Bazar. También en este caso, lo que comenzó en el Bazar se extendió rápidamente a los barrios pobres de las ciudades de todo el país.

IV. La geografía de la revuelta

Si el corazón palpitante de «Jin, Jiyan, Azadi» en 2022 latía en las regiones marginadas —Kurdistán y Baluchistán—, hoy en día las ciudades más pequeñas del oeste y el suroeste se han convertido en los núcleos centrales de las revueltas: Hamedan, Lorestán, Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, Kermanshah e Ilam. Las minorías lor, bakhtiari y lak de estas regiones están siendo doblemente aplastadas por las crisis superpuestas de la República Islámica: la presión de las sanciones y la sombra de la guerra, la represión y la explotación étnicas, y la destrucción ecológica que amenaza sus vidas, especialmente en Zagros. Se trata de la misma región en la que Mojahid Korkor (un manifestante Lor durante el levantamiento de Jina/Mahsa Amini) fue ejecutado por la República Islámica un día antes del ataque de Israel, y en la que Kian Pirfalak, un niño de nueve años, fue asesinado por balas reales disparadas por las fuerzas de seguridad durante el levantamiento de 2022.

Sin embargo, a diferencia del levantamiento de Jina, que desde el principio se expandió conscientemente a lo largo de líneas divisorias de género/sexualidad y etnia, el antagonismo de clase ha sido más explícito en las recientes protestas y, hasta ahora, su propagación ha seguido una lógica más basada en las masas.

Entre el 28 de diciembre y el 4 de enero de 2025, al menos 17 personas fueron asesinadas por las fuerzas represivas de la República Islámica con munición real y balas de goma, la mayoría de ellas lor (en sentido amplio, especialmente en Lorestán y Chaharmahal y Bakhtiari) y kurdas (especialmente en Ilam y Kermanshah). Cientos de personas han sido detenidas (al menos 580, entre ellas un mínimo de 70 menores) y decenas han resultado heridas. A medida que avanzan las protestas, la violencia policial se intensifica: en el séptimo día en Ilam, las fuerzas de seguridad irrumpieron en el hospital Imam-Khomeini para detener a los heridos; en Birjand, atacaron una residencia de estudiantes femenina. El número de muertos sigue aumentando a medida que se intensifica el levantamiento, y las cifras reales son sin duda superiores a las anunciadas.

La distribución de esta violencia es desigual, por supuesto: la represión es más dura en las ciudades más pequeñas, especialmente en las comunidades marginadas y minoritarias que han sido empujadas a la periferia. Las sangrientas matanzas de Malekshahi en Ilam y Jafarabad en Kermanshah son testimonio de esta disparidad estructural en la opresión y la represión.

En el cuarto día de protestas, el Gobierno, en coordinación con todas las instituciones, anunció cierres generalizados en 23 provincias con el pretexto del «frío» o la «escasez de energía». En realidad, se trataba de un intento de romper los circuitos a través de los cuales se propaga la revuelta: el Bazar, la universidad, la calle. Paralelamente, las universidades pasaron cada vez más a impartir las clases en línea para cortar los vínculos horizontales entre los espacios de resistencia.

V. El impacto de la Guerra de los Doce Días

Tras la Guerra de los Doce Días, el poder gobernante de Irán, en un intento por compensar el colapso de su autoridad, ha recurrido de forma más abierta a la violencia. Los ataques de Israel contra instalaciones militares y civiles iraníes han militarizado y securitizado aún más el espacio político y social, especialmente a través de la campaña racista de deportación masiva de inmigrantes afganos. Y mientras el Estado habla sin descanso en nombre de la «seguridad nacional», se ha convertido en sí mismo en un productor central de inseguridad: una inseguridad de vida intensificada a través de un aumento sin precedentes de las ejecuciones, el maltrato sistémico de los presos y una inseguridad económica intensificada a través de la brutal reducción de los medios de vida de la población.

La Guerra de los Doce Días, seguida de la intensificación de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea y la activación del mecanismo de restablecimiento de sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentó la presión sobre los ingresos petroleros, la banca y el sector financiero, ahogando la entrada de divisas y agravando la crisis presupuestaria.

Desde el 24 de junio de 2025, cuando terminó la guerra, hasta la noche en que estallaron las primeras protestas en el Bazar de Teherán el 18 de diciembre, el rial perdió alrededor del 40 % de su valor. No se trató de una fluctuación «natural» del mercado. Fue el resultado combinado de la escalada de sanciones y el esfuerzo deliberado de la República Islámica por trasladar los efectos de la crisis de arriba hacia abajo mediante la devaluación controlada de la moneda nacional.

Las sanciones deben condenarse incondicionalmente. Sin embargo, en el Irán actual, también funcionan como un instrumento interno de poder de clase. Las divisas extranjeras se concentran cada vez más en manos de una oligarquía militar y de seguridad que se beneficia de la evasión de sanciones y del opaco comercio petrolero. Los ingresos por exportaciones están efectivamente secuestrados y solo se liberan en la economía formal en momentos seleccionados y a tipos manipulados. Incluso cuando aumentan las ventas de petróleo, los ingresos circulan dentro de instituciones cuasi estatales y un «Estado paralelo» (sobre todo el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica), en lugar de entrar en la vida cotidiana de la población.

Para cubrir el déficit producido por la caída de los ingresos y el bloqueo de los rendimientos, el Estado recurre a la eliminación de subsidios y a la austeridad. En este marco, la repentina caída del rial se convierte en una herramienta fiscal: obliga a la moneda «secuestrada» a volver a circular en los términos del Estado y amplía rápidamente los recursos en riales del Gobierno, ya que el propio Estado es uno de los mayores poseedores de dólares. El resultado es una extracción directa de los ingresos de las clases bajas y medias, y la transferencia de los beneficios de la elusión de las sanciones y la renta monetaria a una minoría reducida, profundizando la división de clases, la inestabilidad de los medios de vida y la ira social. En otras palabras, los costes de las sanciones los pagan directamente las clases bajas y la clase media, cada vez más reducida.

Así, el colapso de la moneda nacional debe entenderse como un saqueo organizado por el Estado en una economía devastada por la guerra y estrangulada por las sanciones: una manipulación deliberada del tipo de cambio en favor de las redes de intermediación vinculadas a la oligarquía gobernante, al servicio de un Estado que ha convertido la liberalización neoliberal de los precios en una doctrina sagrada.

Los campistas de pseudoizquierda reducen la crisis a las sanciones estadounidenses y la hegemonía del dólar, borrando el papel de la clase dominante de la República Islámica como agente activo del despojo y la acumulación financiarizada. Los campistas de derecha, generalmente alineados con el imperialismo occidental, culpan únicamente a la República Islámica y consideran irrelevantes las sanciones. Estas posiciones se espejan entre sí, y cada bando tiene claros intereses en adoptarlas. En contra de ambos, insistimos en reconocer el entrelazamiento del saqueo y la explotación global y local. Sí, las sanciones devastan la vida de las personas —a través de la escasez de medicamentos, la falta de piezas industriales, el desempleo y la erosión psicológica—, pero la carga se socializa sobre el pueblo, no sobre la oligarquía militar-securitaria que amasa una enorme riqueza controlando los circuitos informales de la moneda y el petróleo.

VI. Las contradicciones

En las calles se escuchan consignas contradictorias, desde llamamientos a derrocar la República Islámica hasta nostálgicos llamamientos a la monarquía. Al mismo tiempo, los estudiantes corean consignas dirigidas tanto contra el despotismo de la República Islámica como contra la autocracia monárquica. Las consignas a favor del Sha y de Pahlavi reflejan contradicciones reales sobre el terreno, pero también se amplifican y se fabrican a través de las distorsiones de los medios de comunicación derechistas, incluida la vergonzosa sustitución de la voz de los manifestantes por consignas monárquicas. El principal responsable de la manipulación mediática es Iran International, que se ha convertido en un megáfono de la propaganda sionista y monárquica. Según se informa, su presupuesto anual ronda los 250 millones de dólares, financiados por personas e instituciones vinculadas a los gobiernos de Arabia Saudí e Israel.

Durante la última década, la geografía de Irán se ha convertido en un campo de tensión entre dos horizontes sociopolíticos, mediados por dos modelos diferentes de organización contra la República Islámica. Por un lado, se encuentra la organización social concreta e integrada a lo largo de las líneas divisorias de clase, género/sexualidad y etnia, que se manifiesta de forma más vívida en las redes interconectadas forjadas durante el levantamiento de Jina en 2022, que se extienden desde la prisión de Evin hasta la diáspora y producen una unidad sin precedentes entre diversas fuerzas, desde las mujeres hasta las minorías étnicas kurdas y baluchis, que se oponen a la dictadura al tiempo que plantean horizontes feministas y anticolonialistas. Por otro lado, se encuentra una movilización populista presentada como una «revolución nacional», cuyo objetivo es producir una masa homogénea de individuos atomizados a través de las cadenas de televisión satelital. Respaldado por Israel y Arabia Saudí, este proyecto busca reunir un cuerpo cuya «cabeza» —el hijo del derrocado Sha— pueda ser posteriormente insertada desde fuera, con una intervención respaldada por potencias extranjeras, e implantada en él. Durante la última década, los monárquicos, armados con un enorme poder mediático, han empujado a la opinión pública hacia un nacionalismo extremo y racista, profundizando las divisiones étnicas y fragmentando la imaginación política de los pueblos de Irán.

El crecimiento de esta corriente en los últimos años no es un signo del «atraso» político del pueblo, sino el resultado de la falta de una amplia organización de izquierda y de poder mediático para producir un discurso alternativo contrahegemónico, una ausencia y debilidad producidas en parte por la represión y la asfixia, que abrieron espacio para este populismo reaccionario. En ausencia de una narrativa poderosa por parte de las fuerzas de izquierda, democráticas y no nacionalistas, incluso consignas e ideales universales como la libertad, la justicia y los derechos de las mujeres pueden ser fácilmente apropiados por los monárquicos y vendidos al pueblo bajo una apariencia progresista que esconde un núcleo autoritario. En algunos casos, esto se presenta incluso con un vocabulario socialista: es precisamente aquí donde la extrema derecha también devora el terreno de la economía política.

Al mismo tiempo, a medida que se intensifica el antagonismo con la República Islámica, también se han intensificado las tensiones entre estos dos horizontes y modelos; hoy en día, esta división se puede ver en la distribución geográfica de las consignas de protesta. Dado que el proyecto del «regreso de Pahlavi» representa un horizonte patriarcal basado en el etnonacionalismo persa y una orientación profundamente derechista, en los lugares donde ha surgido la organización popular de trabajadores y feministas —en las universidades y en las regiones kurda, árabe, baluchi, turcomana, árabe y turca— los eslóganes a favor de la monarquía están en gran medida ausentes y a menudo provocan reacciones negativas. Esta situación contradictoria ha dado lugar a diversas formas de malentendidos sobre el reciente levantamiento.

VII. El horizonte

Irán se encuentra en un momento histórico decisivo. La República Islámica se encuentra en una de sus posiciones más débiles de la historia: a nivel internacional, tras el 7 de octubre de 2023 y el debilitamiento del llamado «Eje de la Resistencia», y a nivel interno, tras años de repetidas insurgencias y levantamientos. El futuro de esta nueva ola sigue siendo incierto, pero la magnitud de la crisis y la profundidad del descontento popular garantizan que en cualquier momento pueda estallar otra oleada de protestas. Aunque se reprima el levantamiento actual, volverá a producirse. En esta coyuntura, cualquier intervención militar o imperial sólo puede debilitar la lucha desde abajo y reforzar la mano de la República Islámica para llevar a cabo la represión.

Durante la última década, la sociedad iraní ha estado reinventando la acción política colectiva desde abajo. Desde Baluchistán y Kurdistán en el levantamiento de Jina hasta ciudades más pequeñas en Lorestán e Isfahán en la actual ola de protestas, la agencia política —sin ninguna representación oficial desde arriba— se ha trasladado a las calles, a los comités de huelga y a las redes locales e informales. A pesar de la brutal represión, estas capacidades y conexiones siguen vivas dentro de la sociedad; su habilidad para volver y cristalizarse en poder político persiste. Pero la acumulación de ira no es lo único que determinará su continuidad y dirección. La posibilidad de construir un horizonte político independiente y una alternativa real también resultará decisiva.

Este horizonte se enfrenta a dos amenazas paralelas. Por un lado, puede ser apropiado o marginado por fuerzas de derecha con sede fuera del país, fuerzas que instrumentalizan el sufrimiento de la población para justificar sanciones, guerras o intervenciones militares. Por otro lado, algunos segmentos de la clase dominante —ya sean facciones militares y de seguridad o corrientes reformistas— están trabajando entre bastidores para promocionarse ante Occidente como una opción «más racional», «más barata» y «más confiable»: una alternativa interna desde dentro de la República Islámica, no para romper con el orden de dominación existente, sino para reconfigurarlo bajo una cara diferente. (Donald Trump pretende hacer algo similar en Venezuela, doblando a elementos del gobierno gobernante a su voluntad en lugar de provocar un cambio de gobierno). Se trata de un frío cálculo de gestión de crisis: contener la ira social, recalibrar las tensiones con las potencias mundiales y reproducir un orden en el que se niega a los pueblos la autodeterminación.

Frente a estas dos corrientes, el resurgimiento de una política internacionalista de liberación es más necesario que nunca. No se trata de una «tercera vía» abstracta, sino del compromiso de situar las luchas populares en el centro del análisis y la acción: la organización desde abajo en lugar de los guiones escritos desde arriba por líderes autoproclamados, en lugar de falsas oposiciones fabricadas desde fuera. Hoy en día, el internacionalismo significa mantener unidos el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la obligación de luchar contra todas las formas de dominación, tanto internas como externas. Un verdadero bloque internacionalista debe construirse a partir de la experiencia vivida, las solidaridades concretas y las facultades independientes.

Esto requiere la participación activa de las fuerzas de izquierda, feministas, anticolonialistas, ecologistas y democráticas en la construcción de una organización amplia y clasista dentro de la ola de protestas, tanto para recuperar la vida como para abrir horizontes alternativos de reproducción social. Al mismo tiempo, esta organización debe situarse en continuidad con el horizonte liberador de luchas anteriores, y específicamente con el movimiento «Jin, Jiyan, Azadi», cuya energía aún tiene el potencial de desbaratar, de un solo golpe, los discursos de la República Islámica, los monárquicos, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y aquellos antiguos reformistas que ahora sueñan con una transición controlada y la reintegración en los ciclos de acumulación estadounidense-israelíes en la región.

Este es también un momento decisivo para la diáspora iraní: puede ayudar a redefinir una política de liberación o puede reproducir la agotada dicotomía entre «despotismo interno» e «intervención extranjera» y, con ello, prolongar el callejón sin salida político. En este contexto, es necesario que las fuerzas de la diáspora den pasos hacia la formación de un verdadero bloque político internacionalista, que marque líneas claras contra el despotismo interno y la dominación imperialista. Esta postura vincula la oposición a la intervención imperialista con una ruptura explícita con la República Islámica, rechazando cualquier justificación de la represión en nombre de la lucha contra un enemigo externo.


La mirada desde Siria

Este es un extracto de una declaración de internacionalistas anarquistas en el territorio en el norte de Siria.

Irán es un actor importante en la geopolítica de Oriente Medio. Su influencia también tuvo un fuerte impacto en Siria durante la era de Assad. Las rutas de contrabando y otras rutas de transporte pasaban por Siria, abasteciendo a Hezbolá. Tras la caída del régimen de Assad, Irán fue expulsado de Siria y, en general, ha perdido su antiguo poder en la región. Los daños sufridos durante los ataques israelíes en junio de 2025 se convirtieron en otro factor que afectó a la situación de la República Islámica.

Las protestas han estallado regularmente en Irán. Las protestas de 2022 bajo el lema «Mujer, vida, libertad» son famosas en todo el mundo. Al igual que entonces, las protestas se extendieron por todo el país. El descontento de la población se extendió debido a factores económicos —la inflación, el aumento de los precios y la pobreza—, pero finalmente llegó a pedir el derrocamiento del régimen. Los manifestantes se enfrentan a la policía en las calles y algunos han resultado muertos y heridos.

Durante la escalada entre Israel e Irán en 2025, un detalle interesante a destacar fueron las declaraciones de Netanyahu y Trump sobre la desestabilización intencionada de Irán con el objetivo del cambio de régimen. Se trata de un enfoque bastante habitual de Estados Unidos hacia los gobiernos «inconvenientes» en las regiones de su interés: allanar el camino para políticos más colaboradores, como intentaron hacer en Afganistán. Durante la última escalada de la guerra entre Israel e Irán, corrieron rumores de que ya existía una figura gobernante «democrática» provisional, respaldada y preparada por Estados Unidos. Aunque esta información no se ha confirmado, podemos imaginar que podría ser cierta, teniendo en cuenta los métodos de Estados Unidos en otros casos (por ejemplo, el reciente secuestro del presidente venezolano). En este contexto, queda claro el significado de la intención declarada de Trump de acudir en ayuda de los manifestantes iraníes si Irán «mata cruelmente a los manifestantes pacíficos, como suele hacer».

El Kurdistán iraní, Rojhilat, es una de las regiones rebeldes de Irán. Sus intentos de declarar la autonomía no han tenido éxito durante décadas, pero la lucha guerrillera en el territorio de Irán continúa. El PJAK (Partido de la Vida Libre del Kurdistán) ha apoyado a los manifestantes y ha condenado de nuevo al régimen actual.

El movimiento de liberación kurdo lucha por la libertad no solo en Siria o Turquía. Las noticias de Rojhilat ocupan los titulares con menos frecuencia, pero la situación en Irán es especialmente difícil para la lucha de liberación. Las fuerzas del PJAK incluyen un ala armada femenina, lo que es especialmente importante en el contexto de una dictadura que ejerce una «policía de la moral» sobre la población y, como es habitual, perjudica a los grupos más vulnerables, incluidas las mujeres.

La inestabilidad en Teherán podría ser beneficiosa para la región kurda y debilitar las alianzas imperialistas del eje Rusia-Irán-China. Sin embargo, un gobierno títere instalado por Estados Unidos, Israel o cualquier otro país no resolverá la cuestión kurda en Irán. Además, abordar la cuestión kurda en un marco imperialista neoliberal no puede proporcionar una solución verdadera para un Oriente Medio multiétnico y multirreligioso. El confederalismo democrático, que ya está siendo aplicado en el noreste de Siria por el Partido de la Unión Democrática (Partiya Yekîtiya Demokrat, PYD) y defendido por el PJAK en Rojhilat, ofrece una opción mucho más prometedora para lograr la paz.


Apéndice: Lecturas recomendadas

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