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Periodismo seguro para la incidencia

Por: Radios Libres

Dos guías de DW Akademie para defender los territorios empleando el periodismo de investigación desde el abordaje de la Acción Sin Daño. Ambos tienen una licencia Creative Commons BY-NC-ND.

“Un periodismo al servicio de las comunidades que construye audiencias con ellas. Los medios comunitarios y algunos locales son los últimos bastiones de un periodismo directamente vinculado a sus territorios. Desde estos ecosistemas se puede realizar un ejercicio comunicativo relevante para la sociedad, que tenga impacto y que apunte a una posible incidencia en lo social-político”.

Con estas palabras, Rodrigo Villarzú, director del departamento de América Latina y el Caribe de DW Akademie, introduce la guía “Periodismo comunitario y local en defensa de la Amazonía: hoja de ruta para medios y organizaciones en la cocreación de estrategias comunicativas de impacto e incidencia”. Esta guía práctica sistematiza aprendizajes y metodologías desarrolladas entre 2022 y 2025 junto a Agenda Propia (Colombia), CORAPE (Ecuador) y Servindi (Perú).

El núcleo metodológico propone ocho pasos que van desde la planificación estratégica y el mapeo de actores y riesgos, hasta la investigación periodística, la difusión participativa y la evaluación de resultados. La guía incluye herramientas prácticas pensadas para fortalecer capacidades y facilitar procesos colaborativos entre periodistas, comunicadores comunitarios y organizaciones indígenas, entre otros actores clave.

“La publicación demuestra que el periodismo local y comunitario, cuando está arraigado en los territorios y conectado con sus audiencias, puede cerrar brechas de información, fortalecer la participación ciudadana y contribuir a transformaciones sociales y ambientales. La guía invita, en definitiva, a repensar el periodismo como una práctica colectiva, útil y necesaria para la defensa de la Amazonía y para comunidades mejor informadas, críticas y articuladas.”

Este primer texto se complementa con “Protección para un periodismo comunitario y local en la Amazonía: guía para investigaciones con enfoque de Acción Sin Daño en Colombia, Ecuador y Perú”, que aborda la seguridad integral de periodistas, fuentes y comunidades en contextos de alta conflictividad socioambiental, profundizando sobre el diseño de protocolos que mitiguen los riesgos del trabajo periodístico y de quienes defienden el medio ambiente, promoviendo una cultura de la seguridad desde la Acción Sin Daño.

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Alternativas a Spotify

Por: Miguel Guardado / Comuna Digital

Spotify se está ganando cada vez más nuestro descontento. El esquema de partida es ya conflictivo: monopolio del consumo de música, enriquecimiento a costa de pagar una miseria a les artistas, algoritmos que orientan lo que escuchamos…

A esto se añade la inversión de su fundador y director, el multimillonario Daniel Ek, en Helsing, una empresa que desarrolla drones para uso militar y la connivencia de Spotify con las políticas de Israel. Parte de la respuesta es que cientos de artistas han ido retirando su catálogo de la plataforma, en un goteo constante. «No queremos que nuestra música mate gente. No queremos que nuestro éxito esté ligado a la tecnología de combate de la IA», expresaba la banda Deerhoof.

Cada vez más gente está buscando alternativas. Quizá no exista realmente una plataforma alternativa concreta que sea muy parecida a Spotify. Y quizá convenga decir «afortunadamente». Lo que sí hay son herramientas para distintas funciones y, sobre todo, prácticas alternativas. Aquí va una serie de propuestas. No dudes en compartirlas si te parecen interesantes.

Si lo que quieres es escuchar música en línea:

  • FunkWhale es lo más parecido al concepto de Spotify, pero en versión descentralizada y con tecnología libre. De hecho, es parte del Fediverso (la red de redes sociales libres e interoperables). No obstante, tiene muy poco contenido de momento. El servidor «bandera» o iniciador es https://open.audio/.
  • Jamendo es una plataforma llena de música, toda con licencia libre. Está bien para descubrir muchos talentos poco conocidos que publican su arte en modo libre.
  • BandCamp no está alineada con la cultura libre en sí, pero sí paga a los artistas mejor que Spotify y permite que estos vendan su música de manera algo más justa para todo el mundo. Aquí encontrarás música no necesariamente con licencia libre, pero sí de una gran variedad de artistas, la mayoría del mundo independiente. Incluso algunos pesos pesados, como Radiohead.
  • OpenTune es una aplicación libre para el teléfono. Nos permite explorar casi todo lo que está publicado, pero en realidad es una mera interfaz para YouTube Music, por lo que depende de Google. La ventaja frente a Spotify o YouTube es que no tiene publicidad, ni rastreo de nuestro comportamiento…

Por supuesto, hay muchas otras plataformas dentro del modelo comercial, más parecidas a Spotify: Deezer, Qobuz… Pero probablemente no sea lo que quieres si lo que buscas son modelos alternativos.

¿Por qué no escuchar de manera local?


Para mucha gente, la mejor opción es hacerse una misma su colección de música, pelis, etc., para no tener que depender de plataformas (corporativas o no). Entre otras ventajas, dejaremos de estar a merced de algoritmos, notificaciones y otros mecanismos destinados a desviar nuestra atención de donde realmente queremos estar. Además, al escuchar música directamente en nuestro dispositivo (en vez de en línea) reducimos enormemente el consumo de energía y agua o las emisiones de carbono que van ligadas a los centros de datos, ya que descargamos los archivos una sola vez, «
para siempre». Parece ser una buena opción ecológica que no nos conviene perder.

Hay muchas formas de compartir archivos entre usuarixs (Torrents, EMule…). Una muy buena es SoulSeek, donde hay una comunidad viva que comparte y mantiene accesible un importante patrimonio digital (música, libros, películas…). Naturalmente, esto no nos impide contribuir económicamente con aquellos proyectos que creamos conveniente. Una vez descargada la música, la podemos escuchar fácilmente desde nuestra computadora e incluso poner algunos álbumes o canciones en nuestro teléfono u otros dispositivos con un simple cable USB, por ejemplo.

Si lo que quieres es escuchar podcasts

  • AntennaPod, una aplicación libre para el teléfono. Ahí puedes escuchar podcasts de diferentes plataformas comerciales, descargarlos para escucharlos sin conexión, administrar tus listas, etc.
  • VLC, que puedes usar en la computadora. Además de ser probablemente el reproductor multimedia más completo, en su apartado de podcasts puedes agregar los enlaces de RSS de tus favoritos para recibir cada nuevo episodio.

Nota original publicada en la cuenta de Comuna Digital en Friendica

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Tecnologías para el mundo que queremos construir

Por: Radios Libres

Radios, TIC y derecho a la comunicación. Compartimos el artículo que escribimos para el libro Lo ancestral funciona, una reflexión para intentar responder una pregunta clave en esta época: ¿Podemos resignificar las actuales tecnologías de información y comunicación?

Todo desarrollo tecnológico es hijo de su época y nace condicionado por el sistema económico, político y cultural del que surge. Los valores y creencias de quienes lo inventan lo moldean de igual manera. Las personas que posteriormente usen dichas tecnologías se las apropiarán de múltiples formas. Agregarán a la ecuación sus propios valores personales y sociales, transformando o resignificando los usos imaginados por los desarrolladores. Esos ajustes, sin embargo, siempre estarán limitados por los sesgos preexistentes en la concepción y posterior diseño del artefacto.

Por ejemplo, las tecnologías de telecomunicación que emergieron durante el siglo XIX –como el telégrafo, el teléfono y las radiocomunicaciones– nacieron en plena expansión del capitalismo financiero que genera riqueza a través de la especulación, algo que condicionó enormemente su modelo de desarrollo futuro. Los grandes magnates del ferrocarril que invirtieron enormes cantidades de dinero en instalaciones telegráficas, lo hicieron en beneficio propio y no para ofrecer un medio de comunicación a la sociedad. De hecho, aquellas familias adineradas –J.P. Morgan, Rockefeller, Vanderbilt o Gould– continúan, al día de hoy, interviniendo en el mundo de las finanzas. La prensa de aquel tiempo los bautizó como los “barones ladrones” por sus prácticas despóticas e ilegales para obtener ganancias que incluían la estafa y la coacción. Algo similar sucedió con distintas tecnologías de radiocomunicación. La mayoría de sus inventores –como Reginald Fessenden, inventor del primer transmisor que permitió emitir voz, o Lee de Forest, creador del audión, un pequeño amplificador de gran potencia que minimizó el tamaño de estos equipos– terminaron perdiendo sus propias empresas a manos de los socios inversionistas que solo se preocupaban por la rentabilidad del negocio.

“Los protectores de nuestras industrias”. Caricatura de Puck Magazine (1883). Muestra a los magnates del ferrocarril Cyrus West Field, Jay Gould, Cornelius Vanderbilt y Russell Sage sentados sobre bolsas de dinero a hombros de sus trabajadores. Imagen en Dominio Público.

Con este afán de lucro desmedido como objetivo principal de los desarrollos tecnológicos de la época, se originaron eternos litigios de patentes y disputas sobre su autoría. Se ignoraba, así, el carácter colectivo de todos estos avances, originados a partir de descubrimientos previos de otros científicos. Guglielmo Marconi nunca hubiera podido inventar su equipo de radiocomunicación sin las ecuaciones que formuló James Maxwell o los experimentos de Heinrich Hertz.

¿Qué hubiera sucedido con estas tecnologías si el modelo de desarrollo elegido hubiera estado abocado a garantizar derechos en vez de enfocarse en su rentabilidad?, ¿a dónde habríamos llegado si en vez del proteccionismo de las patentes los inventores hubieran contribuido abiertamente entre ellos?, ¿y si los Estados hubieran mantenido cierto control sobre su despliegue e implementación?, ¿o si en vez de hombres del Norte Global hubieran participado más mujeres y científicos del Sur?.

Preguntas como estas nos invitan a cuestionar el tan extendido paradigma de la neutralidad tecnológica. El debate no es si las tijeras sirven para hacer el bien o para asesinar a alguien, sino preguntarnos que sesgos transmiten o perpetúan. Algo que entienden perfectamente las personas zurdas que tienen que usar tijeras diseñadas para diestros.

El argentino Enrique Chaparro, miembro de Fundación Vía Libre, resumió este planteamiento en 2009 de la siguiente manera:1

Las tecnologías, en tanto producto de un sistema económico-político hegemónico, no solo están teñidas de ideología sino que además son vectores de ella. […] Es cierto que podemos subvertir algunos artificios tecnológicos, pero no podemos desprendernos de la ideología subyacente en el propio concepto del artificio.

Chaparro propone abordar el uso de la tecnología con una “visión crítica y razonable escepticismo”, desechando el estéril debate sobre los usos buenos o malos y las acusaciones cruzadas entre ciberutópicos y apocalípticos. De esta forma, se puede evaluar y cuestionar la veracidad de las promesas de progreso y modernidad que han acompañado el despliegue de cada tecnología de información y comunicación (TIC). Una invitación a situarnos como actores propositivos en la discusión sobre los modelos de desarrollo posibles y no como meras usuarias o consumidores fascinados por el último gadget o plataforma con la que el mercado nos pretende seducir.

Una actitud crítica que, históricamente, mantuvieron las radios populares, comunitarias y alternativas de América Latina y el Caribe, quienes concibieron la radiodifusión como un soporte tecnológico para promover el derecho a la comunicación. Un derecho éste, articulador y habilitador de otros derechos. A lo largo de todo el continente, estas emisoras hackearon la unidireccionalidad original del medio radiofónico, implementando una comunicación participativa de doble vía, como estrategia de democratización de la palabra. Eligieron el ámbito de la comunicación como un territorio en el que disputar la hegemonía a quienes tenían el monopolio en la creación de sentidos e imaginarios. Plantearon la discusión desde el plano político e ideológico, no meramente desde el tecnológico.

Estas radios, que se autodenominaron de formas muy diversas,2 constituyeron redes nacionales de coordinación y organizaciones regionales como la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular (ALER) y la oficina para América Latina y el Caribe de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC-ALC). Junto a otros colectivos vinculados a la comunicación, como la World Association for Christian Communication (WACC) o la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), ALER y AMARC-ALC elaboraron propuestas legislativas para garantizar el derecho de la ciudadanía a acceder a los medios de comunicación. Sus demandas –respaldadas en reiteradas ocasiones por organismos internacionales como la Unesco o la Corte Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA– se podrían resumir en los siguientes puntos: entender la comunicación como un derecho antes que una mercancía; limitar la concentración de la propiedad evitando monopolios y oligopolios; fomentar el acceso equitativo a las frecuencias de radio y televisión para configurar un mapa mediático más plural y diverso; y disputar el poder dominante para que la ciudadanía participe ampliamente en el debate público.

Creemos que estos ejes de reivindicación y análisis no han perdido vigencia y son igualmente válidos para ayudarnos a entender y a transformar el sistema infocomunicacional contemporáneo.

¿Podemos resignificar las actuales tecnologías de información y comunicación?

Los medios populares y comunitarios han demostrado históricamente una notable capacidad para apropiarse y resignificar las TIC y ponerlas al servicio de sus fines políticos y comunicacionales. Sin embargo, sería importante analizar las estructuras y relaciones de poder actuales para evaluar las posibilidades de lograrlo en este nuevo escenario.

La propuesta es realizar este análisis desde tres abordajes complementarios: sirviéndonos de la economía política de la comunicación para entender la estructura de concentración de la propiedad de las TIC; observando los cambios que esta estructura híperconcentrada han provocado en las lógicas de producción y distribución de las industrias culturales; y por último, analizando cómo estas transformaciones están cuestionando la identidad de los medios populares y comunitarios.

1. Concentración del poder en favor de la restricción de derechos

A inicios de la década de los 90, las TIC comenzaron a llegar a las radios populares y comunitarias de la región. Computadoras, editores de audio digitales o receptores satelitales se integraron al trabajo diario de las emisoras. Incluso, había organizaciones sociales como Chasque, en Uruguay, Nicarao, en Nicaragua, o Ecuanex, en Ecuador, que ofrecían acceso a internet ante el desinterés de los Estados o empresas privadas por aquellas “nuevas tecnologías”.3

Con ese internet incipiente, en 1996, al equipo de AMARC-ALC se le ocurrió fundar Pulsar, una agencia de noticias que enviaba boletines por correo electrónico. Al año siguiente, ALER inauguró su red satelital descentralizada, llamada ALRED, a través de la cual intercambiaban todo tipo de contenidos y producciones. En aquel momento, estos nuevos soportes se asumieron como herramientas para amplificar las voces, aumentar la incidencia y alcanzar la tan ansiada masividad. Por fin, el sector alternativo tenía a disposición las mismas tecnologías que el comercial. En el tejado de una pequeña emisora popular del altiplano andino o una comunitaria de la Amazonía, se podía ver la misma parabólica que los medios comerciales instalaban en las principales capitales latinoamericanas.

A inicios de la década del 2000, se terminó de profundizar el proceso de privatización y convergencia de las TIC, fusionándose por completo el sector de las telecomunicaciones con los medios tradicionales y los nuevos canales de difusión digitales. Tras la grave crisis económica de 2008, el capital especulativo redirigió sus inversiones a las denominadas “plataformas”. Algunas ya consolidadas, como Facebook o Twitter, y otras que acababan de surgir, como Uber, Airbnb o Spotify.

Actualmente, una radio sale al aire por FM mientras alcanza audiencias mundiales por Youtube o un canal de streaming y difunde sus noticias por redes sociales corporativas. Resulta difícil no fascinarse con estas posibilidades para potenciar y amplificar las narrativas de un sector como el de los medios alternativos que siempre compitió en desventaja. El principal inconveniente es que la convergencia amplió a escala global los desequilibrios en la distribución de la propiedad de las tecnologías asociadas a internet y al resto de las telecomunicaciones de las que dependen actualmente todos los medios de comunicación.

Si los índices de concentración sobre las frecuencias de radio y televisión eran exagerados, los datos actuales son aún más escandalosos.4 Solo dos compañías se reparten el 99% del mercado de los sistemas operativos para móviles (Android con el 71% y iOS el 28%); en computadoras de escritorio las cifras son parecidas, el 87% de equipos usan sistemas operativos de Microsoft (72%) o de Apple (15%); dos navegadores tienen una cuota de mercado del 85% (Chrome 65% y Safari el 18%); un solo buscador, Google, acapara el 91.6% de las búsquedas; entre Apple eMail (56%) y Gmail (31%) suman el 87% de los buzones mundiales de correo electrónico; respecto al uso de redes sociales, entre Facebook, Instagram y Whatsapp suman más de siete mil millones de usuarios –las tres plataformas pertenecen a la misma compañía, Meta–. Si observamos la cuota de mercado entre los proveedores de infraestructura de nube para que terceros desarrollen sus servicios y aplicaciones, tres empresas se reparten el 66%: Amazon Web Services (31%), Azure Microsoft (24%) y Google Cloud (11%).5

Lo más sorprendente es que, aunque los datos corresponden a distintas capas o segmentos –sistemas operativos móviles y de escritorio, redes sociales, correo electrónicos o servicios de cloud– solo mencionamos a cinco empresas. Las llamadas Big Tech, conformadas por Google/Alphabet, Amazon, Facebook/Meta, Apple y Microsoft (GAFAM), controlan estos servicios globalmente, sobre todo en Occidente.6 Los ámbitos de dominio se expanden aún más si tenemos en cuenta que estas empresas están incursionando, por ejemplo, en la instalación de fibra óptica submarina. Las Big Tech acaparan prácticamente todas las capas que constituyen actualmente las TIC: desde la infraestructura física de cables y servidores hasta el software que usamos en los dispositivos finales.

Niveles menos exorbitantes de concentración, como fueron los del sector infocomunicacional en la década de los 70, contribuyeron a establecer un movimiento global que reclamaba la constitución de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). También impulsaron la conformación de un movimiento social latinoamericano por la democratización de la comunicación que consiguió que varios gobiernos de la región aprobaran, más de tres décadas después, leyes para garantizar el derecho a la comunicación.

Hoy pareciera existir cierta permisividad hacia estos oligopolio tecnológicos que, en cualquier otro ámbito, generarían, al menos, debates y preocupación. También en el sector de los medios populares y comunitarios que pareciera haber atenuado el espíritu crítico sobre las tecnologías en favor de un enfoque instrumental al incorporar estas nuevas herramientas de producción y difusión sin cuestionar quiénes son sus dueños o sus posibles impactos.7

No hay duda de que las redes sociales corporativas ayudaron a instalar en la agenda la lucha de los movimientos indígenas y campesinos colombianos del Cauca o visibilizaron los crímenes contra periodistas en México. Sin embargo, sus nombres no son recordados y sus stories no acaparan tantos likes como aquellas de los influencers, que enseñan a maquillarse o bailar una coreografía a sus millones de seguidores. Tras años intentando hacer la revolución desde Facebook o subvertir Twitter –ahora X–, los imaginarios y sentidos que triunfaron no fueron los que hubiéramos deseado. Los discursos de odio y negacionistas, la desinformación, la regresión de derechos que se creían ganados y la apertura de debates históricos que se daban por saldados, se impusieron con la complicidad de los dueños de estas plataformas.8 Espacios que se presentaban como ágoras públicas y democráticas exacerbaron el consumismo salvaje y el individualismo desmedido que el sistema capitalista busca, mercantilizando así todas las esferas de la vida, también las tecnologías.

Mientras, los principales magnates tecnológicos rinden pleitesía a líderes populistas como Donald Trump, quien tomó posesión de su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos en enero de 2025 rodeado por todos ellos. Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Elon Musk (Tesla y X)9 abrazaron sus políticas de austeridad, conservadoras, negacionistas, machistas, racistas y homófobas. Estos modernos “barones ladrones”, ponen a disposición de Trump todo su poderío mediático y coquetean con total impunidad con los partidos de ultraderecha del mundo entero.

Los riesgo de depender de estos “señores feudales tecnológicos”10 para producir una comunicación contrahegemónica son evidentes. Significaría ir de la mano en esta lucha con los hombres más ricos del planeta. Por cierto, todos ellos blancos, heterosexuales, angloparlantes, y con ciudadanía estadounidense.11 Unos tecnomagnates que acumulan riqueza a unos niveles y con una rapidez nunca antes vista. Usar sus servicios incrementa, más aún, su poder y sus ganancias. Dinero que termina financiando a grupos con ideales antagónicos a los del movimiento popular y comunitario. Sería como aliarse en los 90 con los grandes grupos mediáticos comerciales que acusaban a estas radios de robarse el espectro o utilizar las ondas para fomentar el narcotráfico y el terrorismo.

2. Nuevas lógicas de producción al servicio de las plataformas.

La concentración y la profundización de la mercantilización y privatización de las TIC expuesta en el apartado anterior no solo tienen implicaciones económico-políticas sino que han alterado los modelos de negocio y las lógicas de producción y distribución de las industrias culturales. Es posible agrupar estas transformaciones en tres aspectos: la dictadura de los formatos, la dependencia de las plataformas de terceros, y la capacidad de elección de las audiencias en este nuevo escenario.

La dictadura de los formatos

Las redes sociales y el resto de plataformas de difusión de contenidos –independientemente de que éstas sean libres o privativas–, al igual que cualquier otra herramienta de información y comunicación, median y condicionan los procesos comunicativos: “activan y potencian nuevas prácticas y modos de acceder a la información, nuevas formas de organización, de movilización, de interacción, de comprar, de relacionarse”.12

Por ejemplo, el podcast, un formato habilitado por internet, revolucionó la temporalidad de la escucha al ofrecer la posibilidad de consumir “radio a la carta” frente a las instantáneas transmisiones en vivo. A partir de su popularización, las emisoras de todos los sectores se vieron obligadas a subir los programas a plataformas de podcast para responder a los nuevas prácticas de consumo de sus audiencias.13Algo similar ocurrió con las transmisiones de streaming de video a las que muchas emisoras se están apuntando, emitiendo en FM o AM y en simultáneo por YouTube o Twich.

Las dinámicas de distribución de contenidos en internet han sometido a todos los medios de comunicación, no solo a las radios, a una frenética carrera para adaptarse a la plataforma de moda. Sus lógicas de producción y difusión se alteraron, no por una convicción periodística o comunicacional, sino meramente comercial. Primero se vieron obligados a resumir una investigación en 140 caracteres; luego en stories de video de 30 segundos; y ahora deben gamificar sus contenidos e ignorar las clásicas reglas del periodismo en pos del clickbait y la monetización.

Esta evolución de la producción la imponen las plataformas que se nutren de una peligrosa economía de la atención. Los propios medios de comunicación fueron excluidos de esas decisiones, mucho más sus audiencias. Se les usurpó el poder de elegir la evolución de sus propias dinámicas de trabajo. La rapidez de estos cambios obliga a los medios a saltar de uno al otro sin tan siquiera terminar de adaptarse al anterior y, mucho menos, a reflexionar sobre su conveniencia o sus efectos.

El último informe sobre las tendencias del periodismo, medios y tecnología del Reuters Institute for the Study of Journalism University of Oxford alertó sobre “el poder disruptivo de la inteligencia artificial” y cómo está afectando, no solo a la producción de las noticias, sino también a su distribución. Esto provocó que los medios hayan visto descender drásticamente las visitas provenientes de las redes sociales más antiguas –“en 2023 el tráfico desde Facebook a los sitios de noticias cayó 48% y desde X [Twitter] disminuyó 27%”.14 Mientras, los chatbots gestionados con IA generativa se posicionan como los nuevos canales de distribución de la información a través de programas inicialmente concebidos para la mensajería instantánea interpersonal como Whatsapp. La mayoría de directores entrevistados en el estudio decidieron enfocarse más en esa plataforma, algo que también hicieron muchos medios alternativos en la región.

Esta dinámica se convierte en un círculo vicioso que los medios de comunicación no adivinan cómo romper. Por un lado se alarman por la incapacidad actual de las audiencias para consumir contenidos de más de un minuto de duración. Por el otro, se ven obligados a superficializar sus informaciones para aumentar el tráfico y subsistir así con la venta de publicidad digital. Mientras, compiten con influencers y creadores de contenido independientes que les superan notablemente en seguidores e incidencia.

Dependencia de plataformas de terceros

Además de modificar las lógicas de producción y distribución de múltiples formas, el uso de redes o plataformas corporativas acentúa la dependencia de terceros con los riesgos que eso conlleva para un medio de comunicación. El salvadoreño Leonel Herrera, expresidente de ALER, alertó en 2019 sobre estas herramientas corporativas: “responden al modelo de negocio de las transnacionales y no a la lógica de participación de la gente. En un momento dado cambia su modelo de negocio y dejan fuera a toda la gente que estaba participando en esa red”. Dos años después de estas premonitorias declaraciones, Elon Musk compró Twitter. Además de rebautizarla, impulsó cambios que han puesto en entredicho su continuidad.

La permanencia de estas empresas está ligada a su rentabilidad o al capricho del magnate que las controla y las vende o cierra de un día para otro. No hace tantos años el único chat era el de MSN Messenger. La red social de moda era Myspace. Second Life permitía vivir una vida virtual alternativa. Las fotos se subían a Flickr y los archivos se compartían a través de Megaupload. En pocos años, estas aplicaciones fueron cerrando o perdieron la mayoría de usuarios.

Ciertamente, mantener nuestra propia infraestructura es costoso, pero igualmente puede salir muy caro para un medio de comunicación delegar toda su memoria digital a una empresa sobre la que no tiene ningún control y con la que firma unos términos de servicio ilegibles que van cambiando constantemente. Acuerdos que se rigen por legislaciones de países en los que es extremadamente complicado reclamar si un día una de esas compañías censura un contenido y lo borra de sus servidores sin previo aviso.

Es frecuente que los medios populares y comunitarios ya no mantenga una web propia donde ofrecer sus contenidos que solo se encuentran en las plataformas corporativas. Ni tan siquiera guardan un respaldo en una nube propia o en la computadora local. Sería como entregar la llave de la antigua discoteca a los dueños de Google para que eliminaran vinilos a su antojo de un día para otro. O si Amazon controlara el transmisor de la emisora y decidiera el momento en que se apaga y se enciende. O como tener a Musk operando la consola y muteando discrecionalmente los micrófonos para silenciar ciertos mensajes.

Capacidad de elección de las audiencias en este nuevo escenario

En el ámbito de la radiodifusión, el ejercicio del derecho a la comunicación se vinculó estrechamente con el acceso al soporte tecnológico. Ese acceso lo podemos separar en dos partes, los equipos técnicos y la autorización legal. Para acceder a los equipos de transmisión hay que disponer de recursos económicos para comprar los dispositivos homologados. La siguiente es obtener el permiso del Estado para utilizar una frecuencia radioeléctrica de transmisiones. Cumpliendo ambas condiciones, una escuela radiofónica con suficientes recursos como Radio Sutatenza, logró equiparse con los transmisores más potentes del mercado y superó en cobertura a todos los medios comerciales de su país, llegando incluso a ser la cadena radial con más vatios de la región. O Radio Enriquillo, de República Dominicana, que con una programación innovadora, fresca y callejera, consiguió situarse como la emisora más escuchada de la zona.

A riesgo de que el planteamiento peque de reduccionista, ya que, ciertamente, hay otros factores que influyen en estas decisiones –sociales, culturales, económicos–, podríamos afirmar que contar con una licencia legal y con los recursos para garantizar los artefactos tecnológicos, sumado a la libertad de elección de la audiencia ante una propuesta comunicacional relevante, posibilitó a muchos medios populares y alternativos competir con los medios comerciales sin otro tipo de intervenciones o mediaciones. Incluso, en un sistema infocomunicacional que les era adverso. Por tanto, una política pública que garantizara el acceso a las frecuencias como soporte tecnológico y el acceso a recursos para adquirir los equipos, resolverían, en gran medida, la histórica demanda por el ejercicio del derecho a la comunicación.

Ahora bien, el escenario tecnológico actual es mucho más complejo. A esos factores que mencionamos, se suma un entramado de variables tecnológicas muy difíciles de controlar, incluso para los medios comerciales que pueden invertir cuantiosos recursos para intentarlo. En el ámbito de las plataformas y redes sociales comerciales –siendo las TIC más usadas actualmente–, tener a disposición y de forma “gratuita” ese soporte no garantiza posibilidades similares a las de la etapa anterior donde una radio tenía total potestad sobre el uso que hacía del transmisor y el resto de artefactos.

Hoy, esas tecnologías corporativos de las que dependemos, no solo no son propiedad de los medios sino que, además, aparecieron los algoritmos para mediar la interacción con las audiencias. Unos intermediarios que, lejos de ser inocuos o neutrales, favorecen a unos sectores frente a otros y ejercen de gatekeepers, censurando contenidos sin ofrecer explicación alguna. A eso hay que añadir que, de forma arbitraría y ocultando los motivos, las plataformas aplican filtros a cuentas o temáticas determinadas, lo que se conoce como showbaning. Y como las empresas dueñas son transnacionales que no están sujetas a políticas nacionales de comunicación, evitan cualquier tipo de restricción o sanción –además de ahorrarse el pago de impuestos–.

Asimismo, estos algoritmos restringen la libertad de elección de la audiencia. Si un usuario acostumbró al algoritmo que su preferencia son los medios de comunicación cercanos a una ideología determinada, muy probablemente ese algoritmo nunca le sugiera un medio de la ideología contraria. Incluso, aunque el periódico o la radio haya pagado para aumentar su visibilidad en dicha plataforma: “vivimos en una gubernamentalidad algorítmica”, afirma el reconocido comunicólogo Nestor García Canclini.

3. La disputa de la identidad de los medios populares y comunitarios

El comunicólogo Fernando Reyes Matta decía que “la comunicación puede ser alternativa solo en la medida que emerge y se sostiene por su capacidad para que puedan participar en ella sectores postergados” (1986). Actualmente, personas de esos sectores pueden intervenir en las conversaciones globales y lograr una incidencia mayor desde una cuenta personal de Tik Tok sin necesidad de la intermediación o representatividad de un medio tradicional.

El rol de los medios de comunicación en general, pero en particular el de aquellos que construyeron su identidad sobre la representatividad de los sectores oprimidos y olvidados, está profundamente cuestionado por estas nuevas lógicas de comunicación e información. El modelo que proponen las actuales plataformas mediáticas y las redes sociales corporativas se construye sobre individualidades en frontal oposición al modelo colectivo de la comunicación alternativa.

Precisamente, uno de los principales cismas de la comunicación popular a finales de los años 70 fue la preocupación por aumentar la participación de la comunidad. En una autoevalución crítica, identificaron que los maestros, curas y sindicalistas se habían apropiado de los micrófonos de las radios populares. Malinterpretando aquella frase de “ser la voz de los sin voz”, hablaban en nombre de la población en vez de abrir las puertas de la emisora o sacar los equipos a la calle para que los vecinos y vecinas se expresaran.

Manual de capacitación 1, “La entrevista” (ALER, 1983).

Es por eso que en la década siguiente, inspirados por las preceptos de Paulo Freire y los teólogos de la liberación, involucraron a sus audiencias en todo el proceso: desde el diseño de la programación hasta en la producción, operación y conducción de los diversos espacios de la radio. Pasaron de ser meros receptores que participaban de vez en cuando a convertirse en emisores y protagonizar el proceso comunicativo. Es por eso que la comunicación popular y comunitaria se gesta en colectivo, una minga de la palabra.

Más que en medios de comunicación, las radios se convirtieron en espacios de diálogo e intercambio de ideas, de articulación barrial, sindical o escolar. Muchas de ellas abrieron telecentros, cafeterías, restaurantes, no solo como fuente de sostenibilidad, sino como lugar para encontrarse. De esas articulaciones también surgieron conciertos, talleres o festivales de instalación de software libre. Y se fue conformando así un movimiento latinoamericano por la democratización de la comunicación sostenido por las coordinadoras nacionales, las redes regionales y las alianzas internacionales.

Toda este espíritu colectivo y comunal se opone diametralmente a las lógicas que promueven las redes sociales capitalistas que invitan, tanto a producir, como a consumir individualmente desde tu propio teléfono y plataforma. Y aunque los medios alternativos han intentado promover usos colectivos o disruptivos de estos espacios, ya expusimos las enormes limitaciones que tienen para hacerlo: tanto ideológicas –opuestas a los principios que defienden y promueven–; como políticas –son propiedad de los hombres más ricos y poderosos del planeta quienes sostienen el status quo que aspiramos a subvertir–; o de autonomía –generan una dependencia extrema de terceros sobre los soportes tecnológicos que usamos–; y periodística –condicionan nuestras lógicas de producción y la forma en que nos relacionamos con nuestras audiencias–.

Otros modelos de desarrollo posibles ya existen

Este texto no pretende ser una invitación para abandonar el uso de tecnologías. Todo lo contrario. Nos apasionan, tanto las radiofónicas como las tecnologías que nos permiten acceder a internet que, por cierto, contienen muchísimos servicios además de las plataformas comerciales. Cuando el movimiento por la democratización de la comunicación criticó la concentración de las frecuencias y se enfrentó al modelo de gestión del espectro que lo había privatizado y entregado el sector comercial, no se le calificó de “radioapocalípticos”. Eran conscientes del potencial de contar con medios propios para la construcción de esos otros mundos posibles y lucharon por ello. Por ese motivo, nos sentimos en la obligación y en la necesidad de debatir y proponer otros modelos de desarrollo tecncientífico que no dependan de los caprichos de un puñado de magnates multimillonarios, ególatras y vanidosos.

Creemos que, para actualizar aquellos planteamientos y demandas al contexto actual, podemos comenzar con algunas preguntas: ¿qué posibilidades tenemos de lograr un mundo más justo y equitativo, aliados con las empresas más poderosas del planeta cuyos dueños pertenecen a ese 1% que acumula más riqueza que el 95% de la población mundial? ¿Qué implica promover el derecho a la comunicación en este escenario de convergencia digital acelerada? ¿Qué impacto en el medio ambiente tienen los artefactos que usamos? En definitiva, ¿qué tecnologías necesitamos para el mundo que queremos construir y de qué forma nos apropiamos de ellas?

Para los sociólogos de la tecnología, existen cuatro formas de apropiarnos de los desarrollos tecnológicos.15 La apropiación adoptada o reproductiva de los usos, cuando es apropiada para los fines que fue desarrollada. La adaptada o creativa, se refiere a la innovación de usos originales más allá de los establecidos inicialmente en su concepción, usos denominados como “disruptivos”. La cooptativa, que excede el uso individual. Se presenta cuando una empresa o gobierno se apropia de una tecnología de forma directa, por compra o por imitación, casi siempre con un objetivo comercial. Y, por último, nuestra preferida, la creación tecnológica. En vez de incorporarse o apropiarse, la tecnología es directamente producida ya sea con fines económicos, sociales o activistas.

A lo largo de la historia de los medios populares y comunitarios, encontramos varios ejemplos en los que fueron innovadores en este sentido. Además de los proyectos mencionados anteriormente como la agencia digital Pulsar (AMARC-ALC), el sistema satelital ALRED (ALER) o el proyecto de Ecuanex promovido, entre otros, por ALER y ALAI, existen muchos más. A principios de los años 90, FM La Tribu de Buenos Aires, desarrollo su propio “tandero”, un automatizador de programación radiofónica que compartieron con otras emisoras. Años más tarde, impulsaron un sistema operativo libre GNU/Linux llamado Cafeína. También en Argentina, en 2010, la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA), junto a Antena Negra y el colectivo DTL, organizaron diversos talleres para que las radios fabricaran sus propios transmisores y antenas. Al finalizar la capacitación “llevaban consigo la tecnología necesaria para arrancar con un sueño”.16 Son apenas algunos ejemplos de creación tecnológica que representan la inquietud pionera del sector alternativo por desarrollar colectivamente sus propios artefactos tecnológicos.

Siguiendo la estela de aquella experiencias, otras organizaciones mantienen vivo ese espíritu, todas ellas con conexiones con el ámbito de la comunicación popular y comunitaria: Redes AC, Rizhomatica, Colnodo o Altermundi, promueven redes de internet, intranet y telefonía comunitaria en la región junto a varios medios alternativos; la Red de Radios Comunitarias y Software Libre acompaña a las emisoras que quieren liberarse tecnológicamente y desarrollan el sistema operativo libre GNU/Linux EterTICs y el automatizador G-Radio; o Internet Ciudadana, que agrupa a varias organizaciones que trabajan por una internet democrática y, entre otras iniciativas, facilita talleres para quienes quieren migrar al Fediverso, el universo de redes libres, federadas y descentralizadas, como Mastodon, Pixelfed o PeerTube.17

Más allá de las experiencias pioneras, el principal legado de los medios comunitarios y populares y las asociaciones que los articularon, fue politizar la discusión en torno al derecho a la comunicación. Su capacidad para movilizar a amplios sectores de la ciudadanía, propició la aprobación de varias legislaciones regionales que fueron elogiadas globalmente. E instalaron en la opinión pública la idea –secundada por diversos organismos nacionales e internacionales– de que sin medios comunitarios no hay democracia.

Es por eso que, antes de migrar a GNU/Linux o abrir una cuenta en el Fediverso –o al mismo tiempo, al menos–, hay comenzar tejiendo otros imaginarios en torno a la tecnología, no pensándola en tanto dispositivos o plataformas sino como sistemas de conocimiento y poder que reproducen o disputan hegemonía.

Esperamos que los argumentos expuestos a lo largo de este texto contribuyan en este sentido. Es urgente politizar las tecnologías. Cada día surgen más evidencias de que el modelo de desarrollo tecnológico capitalista y quienes lo lideran están poniendo en jaque a la democracia. ¿Lo vamos a permitir?18

Agencia Informativa del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco).


Referencias bibliográficas

1 Publicado en “Tecnología: Definiciones. Muerde”, Colectivo La Tribu, 2009, pp. 73-74.

2 Mineras y sindicales, educativas, populares, comunitarias y ciudadanas. Emisoras rebeldes, clandestinas, insurgentes o revolucionarias. Sociales, asociativas, libres, participativas, independientes, interactivas, contrainformacionales o truchas. Indígenas, autónomas, comunales, rurales, campesinas, locales, barriales o vecinales; Cooperativas, escolares o religiosas. De mínima cobertura o baja potencia. Alternativas o alterativas, como decía Rafael Roncagliolo, por su objetivo es alterar el orden social y provocar.

3 La página de Ecuanex aún se puede visitar en línea: http://www.ecuanex.net.ec/

4 Siempre se menciona el ejemplo de México donde un duopolio controla el 95% de las concesiones televisivas del país. Para un análisis completo de este panorama: La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015): Nuevos medios y tecnologías, menos actores. Martín Becerra y Guillermo Mastrini. Universidad Nacional de Quilmes.

5 Datos obtenidos en enero 2024 de StatCounter, Litmus, Statista, Forbes y PewResearch.

6 El correlato chino de las GAFAM son las BATX: Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi.

7 En muchos colegios están prohibiendo el uso de celulares y varios países ya recomiendan retrasar la edad de iniciación de los jóvenes por los efectos adictivos que muchas de las aplicaciones más conocidas. Arturo Béjar, ex ingeniero de Meta, afirmó que “en Instagram está el mayor acoso sexual de la historia de la humanidad”. https://www.eldiario.es/tecnologia/arturo-bejar-ex-ingeniero-meta-instagram-mayor-acoso-sexual-historia-humanidad_128_10767446.html

8 Zuckerberg anunció que terminará con su programa de verificación de información por terceros en Facebook e Instagram que había sido criticado duramente por Trump y Musk. Y Jeff Bezzos, dueño de Amazon y del periódico The Washington Post, expresó que “Escribiremos todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y los mercados libres”, lo que provocó la salida de su jefe de opinión y un alineamiento explicito a las ideas del nuevo Presidente de los EEUU.

9 Musk, entró a formar parte del gobierno estadounidense encabezando el departamento de recortes del gabinete (DOGE), blandiendo una motosierra que le regaló el presidente argentino Javier Milei. Además de paralizar las ayudas para el desarrollo del gobierno de los EEUU, propone le despido de miles de empleados públicos en todas las áreas gubernamentales.

10 Concepto desarrollado por Cédric Durand en “Tecnofeudalismo: crítica de la economía digital” (2021) y por Yanis Varoufakis en “Tecnofeudalismos: el sigiloso sucesor del capitalismo” (2024).

11 Las 10 personas más ricas del planeta, según la lista Forbes de enero 2025, son hombres. 9 de ellos tienen ciudadanía estadounidenses y están dedicados al sector tecnológico: https://www.forbesargentina.com/rankings/ranking-forbes-actualizado-estas-son-diez-personas-mas-ricas-mundo-enero-2025-n65262

12 “Gritos en el coro de señoritas: la apropiación del rol político de las mujeres a través de los medios”, publicado por AMARC-ALC en 2008

13 No es algo circunscrito a la radio, los canales tradicionales de televisión han vivido un proceso similar por la presión de las plataformas de streaming. Ahora, la mayoría cuentan con sus propias plataformas donde ofrecen los mismos programas y series que transmiten en vivo pero “bajo demanda”.

14 https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/

15 “La apropiación de tecnologías en América Latina: una genealogía conceptual” (2019). Luis Ricardo Sandoval. Revista Virtualis.

16 Declaración de Juan Pablo Berch y Sofía Loviscek, del colectivo América Profunda y la inicicativa RadioxRadio. Hay registro de iniciativas similares anteriores. En octubre de 1991, AMARC-ALC junto a las organizaciones CEPES, ILLA y CNR y la cooperación de la fundación italiana Crocevia, realizó un taller piloto en Lima con 9 campesinos aficionados a la electrónica. En apenas 15 días, cada uno de los participantes fabricó su pequeña emisora. Luego, se mejoraron los prototipos y se modificaron para emitir a 20 watts. La experiencia se documentó en un manual que otras radios emplearon para elaborar sus transmisores artesanales.

17 Estas plataformas no tienen un enfoque comercial ni tampoco venden los datos de quienes las usan. Tampoco tiene publicidad ni están mediadas por algoritmos. https://radioslibres.net/fediverso/

18 “Politizar la tecnología: radios comunitarias y derecho a la comunicación en los territorios digitales” (2020), por Inés Binder y Santiago García Gago. https://radioslibres.net/politizar-la-tecnologia/

✇ATTAC España

Científicos cuestionan el dogma del capitalismo: es posible «un alto grado de bienestar» sin crecimiento económico

Por: Arturo

Reproducción de grafitii de Banksy. Estamos todos en el mismo boteReproducción de grafitii de Banksy. Estamos todos en el mismo bote

Fotografía: Reproducción de grafiti de Banksy. Estamos todos en el mismo bote.

Adhik Arrilucea. Publicado originalmente en Público

Un estudio liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona muestra que el desarrollo perpetuo no es necesario si se prioriza la redistribución de la riqueza y la producción de los recursos esenciales.

El crecimiento económico y el desarrollo sostenible son el compás de las sociedades occidentales que buscan mantener sus tendencias al alza de acumulación de recursos y riqueza. Pero este no es el único paradigma que existe. De un tiempo a esta parte, se han popularizado nuevas formas de imaginar otros mundos posibles. Así, los movimientos sociales, la ciencia y la filosofía han desplegado la investigación sobre el decrecimiento. Al contrario de las políticas actuales, este enfoque atiende a los límites del planeta y defiende que, mediante una redistribución justa, es posible vivir de manera digna y con todas nuestras necesidades cubiertas sin incrementar la producción.

Estas teorías y enfoques no son nuevas. En noviembre de 2023, la propia Letizia Ortiz llegó a citar a ecólogos como el científico del CSIC Antonio Turiel. Así, reconoció el desarrollo de ideas, según las cuales «desarrollo y sostenible ya no pueden ser algo [que vayan juntos]». Lo hizo durante el XVI Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, al que le acompañaba, entre otras figuras, el entonces ministro para la Transformación DigitalJosé Luis Escrivá. Este replicó, no obstante, que los postulados decrecentistas «parecen de una debilidad de fundamentos extrema». No obstante, los expertos han continuado el desarrollo de un andamiaje teórico en esta línea capaz de analizar la realidad de la crisis climática en todas sus vertientes.

Un nuevo estudio liderado por científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) plantea cómo alcanzar «un alto bienestar» y un clima seguro sin crecimiento económico. El trabajo, publicado en Nature Climate Change, es una perspectiva. Es decir, no se trata de un caso de estudio al uso, donde se investiga una cuestión específica –a la que se aplica una metodología para obtener unos resultados de los que extraen unas conclusiones–. No obstante, pasa por el mismo mecanismo de revisión que los artículos habituales.

¿Qué es el decrecimiento?

Esta perspectiva establece los principios para modelizar escenarios de poscrecimiento. «El poscrecimiento es un término paraguas que engloba un conjunto de enfoques que priorizan la sostenibilidad ambiental, la equidad social y el bienestar humano por encima de la búsqueda perpetua del crecimiento económico», define en declaraciones a Público Aljoša Slameršak, autor principal del estudio e investigador del ICTA-UAB. Dentro de dicho paraguas, incluye el concepto del decrecimiento. Este «se refiere a la reducción planificada y equitativa de aquellas actividades económicas que son ecológicamente destructivas o que no contribuyen al bienestar humano».

La investigación argumenta que «el crecimiento incrementa la demanda de energía, tierra y uso de materiales. Esto resulta particularmente problemático en el caso de las economías de altos ingresos y las personas adineradas, que ya tienen niveles de uso de energía y materiales muy superiores a los necesarios para el bienestar«. Por el contrario, Slameršak apunta que el decrecimiento busca «disminuir la presión ecológica y liberar recursos actualmente destinados para el consumo excesivo, para garantizar condiciones de vida dignas para todos«.

La investigación identifica cinco principios fundamentales del poscrecimiento: bienestar, suficiencia, reducción de las desigualdades, reorientación de la economía y convergencia norte-sur. Según el autor principal, todos estos criterios vertebradores son indisociables entre ellos. «No se puede, por ejemplo, tener una economía que proporcione altos niveles de bienestar mientras se mantienen la sobreproducción y el despilfarro entre los ricos, ya que esto inevitablemente llevará a superar los límites planetarios». En la misma línea, sospecha de las «perspectivas de una vida buena para la mayoría mientras persistan las enormes desigualdades dentro de las sociedades y las relaciones económicas imperiales entre los países del norte y el sur global».

El artículo identifica varios mecanismos clave de la transición al poscrecimiento. «El poscrecimiento implica redistribuir y reestructurar la economía para proporcionar lo esencial, que garantice un nivel de vida digno para todas las personas, manteniendo el consumo adicional no esencial dentro de niveles compatibles con los límites planetarios. Esto exige reducir sustancialmente las desigualdades actuales», comenta en un comunicado el coautor Joel Millward-Hopkins, de la Universidad de Lausana.

¿Un escenario realmente posible?

Los científicos señalan que el incremento de la producción y el consumo hace más difícil la mitigación del cambio climático. No obstante, no es este un esquema mental extendido en la población, ni tampoco en el propio Gobierno, que defiende el desarrollo sostenible. Durante la primera sesión del G20 el pasado noviembre, Pedro Sánchez declaró que «el desarrollo inclusivo y sostenible es imposible sin paz«. Unos meses antes, en junio, aseveró en la apertura del Business Forum que «no es posible el desarrollo sostenible sin una participación mucho más decidida de las empresas». No obstante, ¿es posible cambiar las políticas actuales hacia el decrecimiento? ¿De veras se puede vivir bien sin este crecimiento?

Slameršak cuestiona la premisa de este planteamiento. «No creo que todas las clases sociales hayan tenido la misma experiencia de crecimiento económico», valora. Menciona que el profesorado catalán, por ejemplo «ha perdido efectivamente un 25% de su poder adquisitivo en la última década«. Si bien reconoce que ha habido un desarrollo económico desde la crisis financiera de 2008, «este crecimiento no ha seguido el ‘efecto goteo’ hacia todas las clases sociales. De hecho, gran parte del crecimiento que vemos hoy en día se sostiene, podría argumentarse, mediante la presión sobre las clases pobres y medias por parte de las clases rentistas y los ricos», abunda.

El investigador del ICTA-UAB considera «crucial» poner en cuestionamiento «la idea de que la calidad de vida depende del crecimiento». Indica así que esta noción se aleja del «sentido común» de la mayoría de las sociedades a lo largo de la historia, que tenían otros modos de producción y de organizar la vida. «Lo que se necesita para una vida buena, desde el punto de vista económico, es la satisfacción de las necesidades materiales básicas», defiende. «No es necesario ampliar el tamaño del piso sin fin, comer más alimentos o trabajar más horas cada año para ser feliz».

Una redistribución basada en la justicia social

El cuestionamiento al efecto goteo del crecimiento económico no es baladí, ni tampoco solo una opinión. El periodista de Público Jorge Otero recordaba un informe de la ONG Oxfam Intermón publicado en eneroEste denunciaba la «concentración extrema de la riqueza en el mundo». En su informe anual sobre el reparto de la riqueza, la ONG señaló que 2025 fue «un año histórico para el capital». De acuerdo con sus datos, un reducido grupo de 3.000 personas en todo el mundo acapara casi 18,3 billones de euros mientras «la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza con menos de 8,3 dólares al día».

El pasado mes de febrero The Wall Streel Journal publicaba un artículo titulado El gran dinero de la economía actual va al capital, no al trabajoLa pieza demuestra que la brecha de la desigualdad entre trabajadores y empresarios se ensancha año tras año. De acuerdo con los datos aportados por el diario económico, los salarios de la clase trabajadora en todo el mundo han pasado de representar el 58% de la riqueza global en 1980 a algo más del 51% ahora. En cambio, las empresas se quedan con una parte cada vez mayor de esa riqueza: ha pasado del 7 al 12%. 

El estudio publicado en Nature Climate Change señala que los escenarios actuales de poscrecimiento y decrecimiento no aplican de manera coherente los principios fundamentales de una transición al poscrecimiento, lo que deja sin explorar buena parte de su potencial. En muchos casos, estos escenarios actuales se limitan a proyectar un estancamiento o una caída del PIB, sin transformar la producción ni la distribución.

¿A qué debemos renunciar?

«Nuestra investigación muestra que la mayoría de los países de altos ingresos, y en este grupo incluyo el estado español, en términos agregados, ya poseen y producen lo suficiente para proporcionar una vida digna a todos sus ciudadanos. El problema es que el acceso a estos recursos está mediado por una propiedad y un poder adquisitivo escandalosamente desiguales«, expresa el científico del ICTA-UAB. ¿Significa eso que no debemos renunciar a nada? Para el autor principal, lo principal de lo que nos debemos deshacer es «la posibilidad de acumulación ilimitada de poder y recursos por parte de una minoría».

Las clases medias y bajas no deberán renunciar «al acceso a bienes y servicios económicos esenciales». «A lo que debemos renunciar colectivamente es a un sistema económico construido sobre la extracción, la desigualdad y el desperdicio«, insiste. De este modo, el autor espera su estudio sirva para crear «imaginarios esperanzadores» en un contexto donde las ideas del crecimiento sostenible están tan arraigadas. «Al desarrollar escenarios rigurosos y demostrar que un futuro con alto bienestar y bajo crecimiento es materialmente posible, podemos ayudar a contrarrestar la narrativa de que «no hay alternativa» al modelo actual».

Adhik Arrilucea

Periodista de ciencia y medio ambiente en ‘Público’. Investigador predoctoral en la UC3M, está especializado en Teoría y Crítica de la Cultura. Con formación en Periodismo, Humanidades y Ciencias Políticas, cuenta con experiencia en comunicación científica en la Agencia SINC e institucional en el Ministerio de Industria. Es autor de una investigación académica sobre la cobertura mediática de los movimientos ecologistas y la crisis climática.

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

Cafeta sesión vermú por Palestina en CSR Gamonal

Por: editor

El próximo sábado 11 de abril en el Centro Social Recuperado de Gamonal tendrá lugar una cafeta sesión vermú en apoyo a las personas represaliadas por participar en iniciativas de apoyo al pueblo palestino. La actividad, que incluirá varios conciertos, dará comienzo a partir de las 13:00 horas y contará con la presencia de las bandas Coco Crashers, Ilex-Ilex, Katerva y Cinnamon. Como de costumbre en el CSR Gamonal, la entrada es libre y gratuita hasta completar el aforo.

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El anarquismo organizado frente al contexto de reformas regresivas en Argentina

Por: editor

El próximo viernes 20 de febrero la Biblioteca La Maldita ha programado una videoconferencia con compañeros anarquistas de Argentina en la que expondrán la estrategia de resistencia y lucha popular que está tratando se ser implementada en dicho país a través del anarquismo frente al contexto de reformas regresivas que actualmente está llevando a cabo. La iniciativa, que dará comienzo a las 20:00 horas, contará con la participación de miembros de la Federación Anarquista de Rosario que narrarán su experiencia en primera persona.

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