El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el lunes por la noche una orden ejecutiva sobre inteligencia artificial, después de haber archivado un borrador anterior el mes pasado. La medida, gestada durante semanas de revisiones internas, establece un marco regulatorio federal para el desarrollo y uso de la IA, en un contexto de creciente presión por la seguridad nacional y la competencia tecnológica global.
Un proceso accidentado
La orden llega tras un mes de silencio desde que la administración descartara el primer borrador, sin que se hayan hecho públicas las razones exactas del cambio. Fuentes de la Casa Blanca indicaron que el nuevo texto incorpora ajustes en los mecanismos de control y transparencia, así como directrices específicas para evitar sesgos algorítmicos y garantizar la rendición de cuentas. Aunque el contenido detallado de la orden no se ha divulgado por completo, trascendió que busca armonizar las normativas entre agencias federales y fomentar la colaboración con el sector privado.
La administración Trump ha priorizado la inteligencia artificial como un área estratégica frente a China, que invierte miles de millones de dólares en IA militar y civil. La demora en la firma había generado críticas entre los sectores más duros del Partido Republicano, que exigían una postura más agresiva en la carrera tecnológica.
Reacciones y próximos pasos
La orden ejecutiva se apoya en la Ley de Producción para la Defensa para acelerar la fabricación de microchips necesarios para el desarrollo de IA avanzada, según fuentes del Pentágono. Organizaciones de derechos civiles han mostrado cautela, pidiendo que se refuercen las salvaguardas contra la vigilancia masiva. La medida entrará en vigor en 30 días, momento en el que las agencias federales deberán presentar informes de cumplimiento.