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¿Déficit de atención o explotación laboral?

Por: José Ovejero

31 de marzo

Es ya un tópico hablar de cómo las pantallas, con su bombardeo de ofertas y exigencias, han dañado nuestra capacidad de atención, fragmentan nuestras actividades, reducen nuestra concentración. Quizá se habla menos de que en el sector de la cultura y la prensa la situación laboral es tan precaria que muchas personas tienen que simultanear trabajos, de forma que su día a día se ve troceado en numerosas actividades, debiendo pasarse de una a otra como quien surfea de pantalla en pantalla.

Como los artistas circenses que tienen que mantener girando sobre delgadas varas media docena de palillos sin que ninguno caiga al suelo, mucha gente de los medios y la cultura van también corriendo de un encargo a otro, de un proyecto a otro, estresados y con el temor de que alguno se les haga añicos.

Para quienes lo sufren, es sin duda una catástrofe. Pero también puede que lo sea para el resultado: ¿crearían mejores obras si tuviesen más tranquilidad para hacerlo y no se viesen obligados a dividir su atención en varias cosas casi a la vez? ¿Sería mejor la calidad de la prensa si quienes trabajan en ella no debieran hacer de hombre o mujer orquesta para (mal)vivir?

1 de abril

No recuerdo quién contaba al regresar de Cuba que Fidel Castro, mientras viajaba en coche, viendo el mal estado de la carretera, ordenó que se asfaltase. Y reflexionaba su acompañante -¿era Jean Paul Sartre?- sobre esa tendencia de los gobernantes autoritarios a dirigir su país según lo que deseaban en un momento dado, también según lo que les molestaba. ¿No habría sido más razonable examinar la situación de las carreteras en la isla y trazar un plan para mejorar las más necesarias, en lugar de priorizar aquella que había causado incomodidad al mandatario?

Da la impresión de que Trump opera de manera similar: parece gobernar contra aquello que le irrita y a favor de lo que le apetece, independientemente de las necesidades de su país o de la lógica. En su caso, además, como carece de escrúpulos, está dispuesto a sacrificar vidas humanas para que se haga su voluntad. El problema, no solo para él, es que el mundo no obedece necesariamente sus órdenes ni se pliega a sus bravuconadas. Sin duda le gustaría imponer aranceles a quien le parezca en el monto que se le antoje, independientemente de leyes y acuerdos, para castigar su desobediencia; sin duda querría destruir países enteros si no se someten a sus deseos. Pero, por muy poderoso que sea -desgraciadamente lo es- no es omnipotente. Y por eso tiene que dar una y otra vez marcha atrás y mentir para que parezca que no lo está haciendo. Si la fábula de la zorra y las uvas no es apropiada aquí se debe a que la zorra es un animal menos feroz y destructivo que el mandatario estadounidense.

***

Leo en el periódico que, durante el partido de fútbol entre España y Egipto, parte del público se dedicó a cantar «un bote, dos botes, musulmán el que no bote». Y también que un ministro ha afirmado que no representan a la mayoría de los españoles. Probablemente tiene razón, pero sí representan a una parte considerable de ellos. No sé si se puede entender como ironía que el partido estaba catalogado como amistoso. Menos mal.

Cuando era intérprete de conferencias, trabajé en una centrada en el racismo. Allí se citaban estadísticas sobre el racismo en Europa y se hacían comparaciones entre países. No recuerdo mucho de aquel encuentro -cuando estás interpretando en una cabina, tu memoria a corto plazo está tan ocupada que se queda muy poco de lo escuchado y dicho en la retentiva a largo-. Sí recuerdo que, en la percepción que tenían los españoles de sí mismos, consideraban ser muy poco racistas. Hace más de veinte años de aquel encuentro y de la elaboración de aquellas estadísticas, es decir, en una época en la que el porcentaje de inmigrantes era mucho más reducido que en la actualidad por lo que, más que la ausencia de racismo, lo que reflejaba el estudio era que los españoles tenían poco contacto en su país con extranjeros. Hoy, que lo tienen, no solo el resultado sería distinto, muchos incluso verían la xenofobia como algo justificable y de lo que sentirse orgulloso.

Sospecho también que la actitud de desprecio hacia los gitanos ni siquiera era percibida por los encuestados entonces como una forma de racismo.

***

Siempre se encuentra un poeta para glorificar una masacre. Leo unos cuantos poemas de Radovan Karadjic, quien no solo glorificó, sino que también perpetró y dirigió masacres. Si a menudo me parece razonable separar al autor de la obra, en su caso es imposible: en sus poemas se reflejan ya el deseo de exterminio y una autoglorificación patológica. Su poesía era absolutamente honesta, lo que no es un elogio cuando la honestidad consiste en que alguien muestre sin vergüenza toda su maldad.

Lo que me hace pensar en cierto escritor que manifestaba ser totalmente honesto, confundiendo en su caso la honestidad con una mezcla insufrible de arrogancia e impertinencia, alimentadas además por el rencor que sentía hacia todos los escritores que, injustamente, tenían más éxito que él.

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Narrar la guerra persiguiendo la paz

Por: Patricia Simón

El periodismo de paz muestra el cartón piedra en el que se basa el relato épico. Hace visible que lo realmente heroico tiene lugar en la retaguardia, que lo que quieren los soldados es salir vivos de la trinchera y que lo único importante es parar la guerra.

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Entre unicornios y elefantes

Por: Redacción Pikara Magazine

Los cuidados llevan años ocupando mucho espacio y debates en Pikara Magazine. Mientras se han proyectado hacia afuera, el equipo acusa un cansancio complejo de abordar. De ello hablamos en el #PikaraPara de enero para tomar algunas decisiones.

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Miriam Lewin: “Intenté tomarme una pastilla de cianuro para salvar la vida de mis amigos”

Por: Luciana Peker

No te pierdas el nuevo capítulo de Re-nacer en el que Miriam Lewin y Luciana Peker hablan de violencia y dictadura, pero también de series y periodismo.

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En defensa de los feminismos

Por: Redacción Pikara Magazine

Frente a la reacción patriarcal que se da incluso desde la izquierda, reivindicamos las prácticas feministas en tiempos de ofensiva reaccionaria.

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El silenciamiento de las voces independientes: una radiografía del exilio periodístico actual en América Latina y el Caribe

Por: Santiago Garcia Gago

Santiago García Gago, Radios Libres y Colectivo de Medios Comunitarios del Cuyo (Comecuco), Argentina; y Lázaro Cruz García, Universidad de Murcia, Riccap España.

María aún debe ocultar su nombre tras un seudónimo, a pesar de llevar siete años exiliada en San José de Costa Rica. Es una de los 293 periodistas que han tenido que abandonar Nicaragua en distintas oleadas desde la crisis sociopolítica de 2018. Desde entonces, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos he registrado, al menos, 355 personas fallecidas y más de 100.000 exiliadas. “Huimos del país perseguidos por el régimen autoritario de Daniel Ortega y Rosario Murillo”, nos cuenta María para este capítulo del Anuario con su voz disfónica y entrecortada. Según el médico especialista se debe a una faringitis crónica que le dejó la pandemia de la Covid-19. Sin embargo, ella lo achaca a “todas las cosas que, como periodista, me he tenido que callar estos años. No puedo decir nada porque aún tengo familia en Nicaragua que puede sufrir represalias”.

→ El 41% está exiliado en el país vecino, Costa Rica, mientras el resto se reparten entre Estados Unidos y España.
→ Solo un 44.6% cuenta con un estatus migratorio regularizado.
Fuente: Diagnóstico situacional de periodistas nicaragüenses en el exilio 2025.

Según el informe anual sobre la Libertad de Prensa en el mundo que realiza Reporteros Sin Fronteras (RSF) “el régimen Ortega-Murillo ha erradicado la prensa independiente de Nicaragua”. El país se ha convertido en el peor valorado de la región, bajando hasta el puesto 178 de los 200 analizados. Nicaragua ocupa el segundo lugar entre los países con mayor número de periodistas exiliados en América Latina y Caribe tras Venezuela, con 477 casos, y por delante de Cuba con 98. Entre estos tres países, suman más del 90% de los periodistas desplazados o exiliados durante este periodo, una dramática lista que completan Guatemala (19), Ecuador (13) y El Salvador (10), tal como lo analizó el estudio “Voces desplazadas: radiografías del exilio periodístico Latinoamericano 2018 -2024”, un trabajo de Oscar Mario Jiménez, Dagmar Thiel, Johanna Rodríguez, Alejandra Matus y Fernando Martínez.

A pesar de seguir siendo el país más peligroso para ejercer el periodismo, México no aparece en los primeros puestos de esta lista de periodistas exiliados. Sin embargo, quienes informan desde allá, enfrentan peligros mayores. La organización Artículo 19 ha documentado 175 asesinatos de trabajadores y trabajadoras de medios de comunicación desde el año 2.000. Esta feroz represión la ejercen, principalmente, el crimen organizado y el narcotráfico. Es por eso que, muchos periodistas, han optado por autocensurarse ante el riesgo que corren sus vidas y no pasan a integrar las listas de exiliados.

La radiografía del informe “Voces desplazadas” ilustra, por tanto, un fenómeno que se reavivó y agudizó en los últimos siete años: además de las amenazas del crimen organizado y de otros actores paraestatales, se incrementó la persecución y represión a periodistas y comunicadores por parte de distintos poderes y fuerzas del Estado. Poderes que amenazan, coaccionan, agraden, detienen y encarcelan a quienes, desde un medio de comunicación, les investigan, fiscalizan y confrontan.

Y aunque la atención global entre los años 2018 y 2024, sobre todo los últimos tres, se ha focalizado en la trágica situación que sufren quienes informan desde Palestina o Ucrania, los periodistas venezolanos y nicaragüenses, a los que recientemente se suman salvadoreños y guatemaltecos, siguen reclamando la atención internacional sobre un problema que se agrava año tras año: “solo entre mayo y junio de 2025 salieron 53 periodistas de El Salvador en el marco de una cruzada del gobierno contra voces críticas y periodistas que han revelado las irregularidades gubernamentales”, expresa la periodista salvadoreña Loida Martínez Avelar, a quien entrevistamos para el Anuario, citando datos de la Asociación de Periodistas de El Salvador. Martínez lleva 18 años investigando actos de corrupción y violaciones a derechos humanos en su país para la Revista Factum. En junio de 2025, tuvo que refugiarse en Guatemala debido a la persecución y a las amenazas directas del gobierno de Nayib Bukele.

La paradoja es que mientras varios periodistas salvadoreños, como Loida, se refugian en Guatemala, algunos colegas de ese país tienen que huir debido a las amenazas y la persecución, en su caso, del sistema judicial guatemalteco. Uno de ellos es Nelton Rivera, cofundador y miembro de la dirección de Prensa Comunitaria. Este medio digital independiente de Guatemala, realiza periodismo comunitario medioambiental, de investigación y anticorrupción desde 2012. Denuncian a las empresas mineras y su extractivismo inescrupuloso, a las hidroeléctricas, al negocio depredador de la palma de aceite, a la corrupción de los funcionarios públicos y a quienes deberían fiscalizarles. Este periodismo incómodo ha desencadenado ataques físicos y sabotajes digitales, ademá de una campaña de desinformación, intimidación y criminalización promovida por el “pacto de corruptos”. Así es como se denomina en Guatemala a la alianza entre el sector empresarial, la élite económica del país, la oligarquía, las redes criminales, y los militares que fueron responsables de delitos de lesa humanidad durante la contrainsurgencia.

Actualmente, siete integrantes del medio Prensa Comunitaria se han tenido que exiliar, entre ellos Rivera, quien prefiere no revelar su destino por motivos de seguridad y explicó en una entrevista para este capítulo que: “cuando nos filtraron que el Ministerio Público me iba a acusar por delitos de lavado de activos, con el antecedente del director del medio El Periódico, José Rubén Zamora, acusado y encarcelado por un delito similar a pesar de haber demostrar el origen lícito de los fondos, entendimos que pretendían llevarme a la cárcel como un nuevo castigo ejemplar. Además, amenazaban con intervenir y ahogar financieramente nuestro medio. Por eso, la primera semana de abril 2025 tomé la decisión de salir del país”.

El periodista Nelton Rivera en los International Press Freedom Awards organizados por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Fuente: © Nelton Rivera.

El virus del autoritarismo se extiende por la región

Desde la segunda década del siglo XXI, el mundo experimenta una regresión de la democracia y el avance de políticas neoconservadoras y populistas de diferentes colores e ideologías. Este hecho tiene su correlato en varios países de América Latina y el Caribe, donde se profundizan regímenes autoritarios y un preocupante aumento de la polarización. En consecuencia, se evidencia “un descenso general de la libertad de expresión debido al deterioro de las condiciones de trabajo de la prensa, a las agresiones violentas, a la censura por parte del Estado, a las persecuciones judiciales y al hostigamiento digital”, como se documenta detalladamente en el informe “Voces desplazadas: radiografía del exilio periodístico latinoamericano 2018-2024”.

La lista de países de la región que se encaminan a un destino similar se ampliará en 2026. Chile será gobernado por el ultraderechista José Antonio Kast. Y en Honduras, el candidato conservador Nasry Asfura gobernará con el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump, quien busca consolidar su influencia en América Latina, incluso, con intervenciones militares directas, como la ocurrida el 3 de enero de 2026 en Venezuela para capturar a Nicolas Maduro. Kast y Asfura, se suman a este funesto inventarios de mandatarios que amenazan la libertad de expresión como los mencionados Ortega o Bukele, o Daniel Noboa en Ecuador y el presidente argentino Javier Milei, quien ha iniciado acciones penales contra distintos periodistas llevando a Argentina a descender 21 puestos en la clasificación mundial de la Libertad de Prensa de RFS.

El manual del dictador se ha expandido por la región. Aunque cada país tiene sus particularidades, hay una verdad indiscutible: el periodismo libre e independiente está pasando uno de sus peores momentos. Nada podrá ser mejor, todo indica que se incrementará la persecución de la prensa; incluso en países como Costa Rica que siempre ha sobresalido por su respeto a la democracia”.
Loida Martínez, Revista Factum, El Salvador.

En medio de las denuncias, el hostigamiento y la criminalización del oficio de informar y comunicar, cada día, más periodistas se ven obligados a exiliarse o autocensurarse para evitar procesos penales, la prisión o agresiones físicas cada vez más violentas. Este éxodo masivo, que comenzó con comunicadores y comunicadoras de Venezuela, en estos últimos 5 años se acrecentó con sus colegas centroamericanos.

Además de la dramática situación que viven quienes se tienen que exiliar, la expulsión de estas voces críticas provoca en sus países los denominados “apagones informativos”: zonas donde no existen medios independientes. En Nicaragua, por ejemplo, el 56% del país estaría en esta situación, según la asociación de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN).

A las limitaciones para ejercer la libertad de expresión y las restricciones para que exista una esfera pública con pluralidad de voces, hay que sumar la desarticulación de los movimientos sociales y fragmentación de la sociedad civil provocada por diversos factores como la deslegitimización de las protestas y la acción colectiva, la profundización de las políticas neoliberales o la reconfiguración del escenario político y social. De este modo, los gobiernos autoritarios y populistas allanan el camino para imponer unilateralmente sus propias narrativas silenciando cualquier capacidad de crítica o fiscalización independiente del poder, como explica Daiana Bruzzone en Más derechos, menos derechas.

La crudeza del exilio

A pesar del esfuerzo que realizan las y los periodistas que salen de sus países para seguir informando desde el exterior, el exilio no es sinónimo de seguridad ni garantía para ejercer el derecho a la libertad de expresión. El miedo y los riesgos se mantienen “debido a represalias en contra de sus familiares que aún permanecen en Nicaragua, y por la presencia de redes de vigilancia transfronteriza y ataques digitales a sus cuentas”, explica Lourdes Arróliga en el diagnóstico de PCIN de 2025.

El exilio afecta a los periodistas en múltiples ámbitos: dificultades para conseguir un estatus migratorio legal, muchas veces porque al salir apresuradamente no cuentan con todos los documentos de identificación y otros que solicita el país de acogida; discriminación y rechazo; y obstáculos legales para ejercer su profesión, entre otros. En el informe sobre la situación de los periodistas nicaragüenses, “un 59% de los encuestados respondió que sí ha laborado en áreas distintas al periodismo en los últimos doce meses”.

Nos enfrentamos al desarraigo, al trauma de vivir fuera, de quedarnos sin la posibilidad de acceder a la justicia para defendernos al estar en condiciones precarias, de vivir al día porque los programas de protección son escasos o limitados. Es decir, las condiciones de exilio que han vivido decenas de guatemaltecos durante muchísimas décadas”.
Nelton Rivera, cofundador y miembro de la dirección de Prensa Comunitaria, Guatemala.

A esto hay que sumar diversas afecciones a la salud física y daños psicoemocionales, tales como ansiedad, trastornos del sueño, depresión y estrés, entre otros padecimientos.

Las mujeres estamos expuestas a un doble riesgo, pues además del duelo por abandonar un país y a la familia, también nos enfrentamos a los riesgos de criminalidad en el nuevo lugar de acogida. El acoso callejero y el desconocimiento de las zonas peligrosas nos expone el doble. Además, las que tenemos enfermedades crónicas u otros padecimientos no contamos con una atención médica adecuada”.
Loida Martínez, Revista Factum, El Salvador.

Apoyo internacional

Son varias las organizaciones internacionales que se dedican a prestar apoyo a periodistas amenazados que tienen que salir de sus países en busca de refugio. La mayoría ofrecen fondos económicos de emergencia para garantizar: viajes, primera vivienda o reunificación familiar; acceso a servicios de salud; o asesoría legal y migratoria.

A las más antiguas como Artículo 19, Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), Free Press Unlimited (FPU), Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX), Network of Exiled Media Outlets (NEMO), Red Internacional de Periodistas (Ijnet) o Reporteros Sin Fronteras (RSF), se suman otras para apoyar, específicamente, en la región debido al incremento de casos. Entre ellas están la Red Latinoamericana de Periodistas en el Exilio de la (RELPEX) impulsada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en 2024, la que está integrada por 260 periodistas de Venezuela, Nicaragua, Cuba, Guatemala y El Salvador.

Otra de ellas, que actúa prioritariamente en Centroamérica, es la Casa para el periodismo libre, inaugurada en agosto de 2024 en San José, Costa Rica. Este proyecto, impulsado por la DW Akademie en alianza con el Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (Iplex), es parte de la iniciativa global Space for Freedom de DW Akademie que cuenta con casas similares en otras regiones para fortalecer las competencias en seguridad y prevención de riesgos de periodistas de distintas partes del mundo.

La Casa, aspira a ser un espacio para el intercambio de experiencias y apoyo para periodistas en el exilio colaborando en su inserción laboral.“Nosotros estamos un paso después de la emergencia”, afirma Edgar Zamora Orpinel, project manager de la organización alemana que promueve la iniciativa en entrevista para este capítulo. Aunque articulan con otras organizaciones internacionales para brindar fondos de emergencia puntuales, priorizan la asistencia una vez que las y los periodistas salen de país, apoyándoles para que continúen informando. Por ejemplo, la Casa ofrece un espacio equipado con material técnico audiovisual para que entrevisten o reporten con seguridad y privacidad. Además, organizan programas de capacitación para obtener certificación oficial de universidades costarricenses.

Las actividades del proyecto las proponen los periodistas y la idea es que les permitan seguir con su vida desde varias perspectivas, no solo la laboral con las capacitaciones, sino también emocionales, de relajación, esparcimiento y conversación”.
Edgar Zamora Orpinel, project manager DW Akademie / Casa para el periodismo libre.

Fuente: © Ilustración de Herikita para la Casa del Periodismo Libre (Iplex y DW Akademie).

Los medios independientes ante la censura

Para el periodista nicaragüense Julio López, editor del libro El periodismo nicaragüense está vivo, “el exilio es aferrarse a la libertad”. También, es una forma de activismo democrático, un mecanismo para conservar la memoria histórica, y una manera para lidiar con la tristeza y el desarraigo.

A pesar del temor y la persecución, para Lourdes Arróliga –periodistas nicaragüense en el exilio y editora del Diagnóstico situacional 2025 publicado por PCIN– “el exilio, en lugar de significar silencio, se ha convertido en un espacio de resistencia”. Espacio desde el que estos periodistas, la mayoría sirviéndose de Internet, siguen alzando sus voces críticas para denunciar los abusos de poder de los gobiernos autoritarios.

Los informes sobre periodistas en el exilio no comunican la tipología del medio al que pertenecen. Sin embargo, al analizar la lista de los periodistas y comunicadores , en su mayoría provienen de medios locales o alternativos y se definen como críticos e independientes. Por lo general, las grandes cadenas mediáticas, de origen privado-comercial, optan por no enfrentarse directamente con las autoridades por lo que sufren menos represión mientras que “los medios comunitarios continúan interviniendo públicamente en pos de la defensa y el fortalecimiento de una cultura democrática”, expresan categóricamente María Magdalena Doyle y Valeria Meirovich en el artículo “La politicidad de las radios comunitarias”, del compilado de CLACSO Más derechos, menos derechas.

Nelton Rivera sostiene que, en el caso guatemalteco, la mayoría de colegas exiliados pertenecen a medios independientes o son periodistas freelance. Solamente tienen registro de uno que pertenece a un medio corporativo. En la Alianza Intermedios, de la que forma parte la salvadoreña Loida Martínez, participan íntegramente medios comunitarios, independientes y alternativos, la mayoría de ellos son nativos digitales. Edgar Zamora destaca lo heterogéneo del exilio periodístico nicaragüense aunque “la mayoría pertenece a los que se podría denominar como un ecosistema de medios más alternativos, más locales e incluso hiperlocáles y algunas radios comunitarias”.

La mayoría de esos periodistas y comunicadores reivindican los principios impulsados por los primeros medios alternativos que surgieron en América Latina y el Caribe a mediados del siglo XX, definidos por la comunicadora argentina Margarita Graziano en 1980: “lo alternativo, en tanto tal, se levanta frente a otra concepción no solo de la comunicación sino de las relaciones de poder y de la transmisión de signos e imposición de códigos que esas relaciones permiten vehicular”.

La realidad que enfrentan actualmente muchos medios de comunicación independientes en distintos países de América Latina y el Caribe se va pareciendo, cada vez más, a la que vivieron aquellos pioneros medios alternativos que enfrentaron las represión de gobiernos autoritarios y brutales dictaduras. En este resurgir del unilateralismo global, de posturas ultraconservadoras que parecían enterradas, de la radicalización de las desigualdades, y de la impunidad ante las invasiones y las agresiones militares, los medios independientes y alternativos vuelven a postularse como espacios de resistencia y defensa de derechos frente a dinámicas autoritarias del Estado. Medios y periodistas que, incluso desde el desarraigo del exilio, buscan contrarrestar la concentración de poder, la censura, la restricción de libertades y la criminalización de voces disidentes.

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Informe RICCAP 2025: Acciones locales de comunicación en la construcción global de la paz

Por: Radios Libres

La Red de Investigación en Comunicación Comunitaria, Alternativa y Participativa presenta su informe 2025.

En un contexto de auge de la extrema derecha y una nueva estrategia geopolítica, que implica deslegitimar la democracia, concentrar y controlar las infraestructuras tecnológicas de la comunicación e información, promover el negacionismo científico, y no creer en los fundamentos mínimos de la convivencia, este sexto informe anual de la RICCAP se propone como un llamado al diálogo, a la paz y a la cohesión social frente a la polarización que promueven grupos extremos.

La trayectoria editorial de este sexto informe 2025, construido capítulo a capítulo de manera intercontinental, revela el esfuerzo de investigadoras e investigadores de distintos países de Iberoamérica ―España, Portugal y Latinoamérica―que analizan y reflexionan sobre la evolución de los medios y experiencias de comunicación alternativa y comunitaria. Estos son agentes fundamentales para la democracia, la diversificación del ecosistema informativo, la elaboración de narrativas de paz, y la promoción del diálogo y la inclusión social.

Radios Libres participó del informe con el artículo El silenciamiento de las voces independientes: una radiografía del exilio periodístico actual en América Latina y el caribe, escrito por Santiago García Gago y Lázaro Cruz García.

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La tele tampoco es moralmente perfecta para un ismo

Por: Irantzu Varela

Los platós se han llenado de expertos en lo que te puedas imaginar, pero no de quienes señalaron, conceptualizaron, construyeron las armas y combaten la violencia machista: las feministas.

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El caso Epstein y los límites de la transparencia

Por: Graciela Rock

La publicación masiva de archivos sin ordenar, duplicados, censurados en unos casos y revelando la identidad de las víctimas en otros es una estrategia documentada por la literatura política. La transparencia es aquí aparente y no funciona para controlar al poder sino para legitimarlo.

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Por una esfera pública libre de acoso, amenazas y odio

Por: La Marea

El miedo es la antesala del silencio y muchas voces públicas sienten miedo hoy en el Estado español. No podemos tolerarlo. Las y los abajo firmantes –periodistas, escritores, juristas, activistas, profesores, sindicalistas, artistas, ciudadanía y organizaciones sociales– pedimos a la sociedad civil y a las instituciones que protejan el espacio público y con él a sus agentes democráticos, que son un dique necesario frente al acoso, las amenazas y la impunidad de la extrema derecha trumpista y su industria del odio.

La historia enseña que el fin último del autoritarismo es silenciar todo relato diferente al suyo. Y esa historia está de vuelta otra vez. Las fórmulas nos suenan desgraciadamente familiares. Mentiras, insultos, machismo, homofobia, racismo, desinformación y violencia coordinada, en las redes sociales, los medios o las calles, con el objetivo de amedrentar a las voces comprometidas con la democracia que resultan incómodas a los ultras.

Los casos son tantos que no se pueden achacar a coincidencias. Una periodista es señalada por un partido neofascista por su activismo contra la violencia machista. Un diario de gran audiencia miente sobre el salario de una informadora de la televisión pública. Tres neonazis agreden y graban en la calle a un reportero, sin detenciones. Una comentarista racializada es amenazada con la deportación. Un cómico, acusado falsamente de reírse de las víctimas de un accidente fatal. Tras las mentiras llegan las amenazas y el desgaste emocional que hace que nada merezca la pena.

En las últimas semanas, el nombre de una analista de izquierdas ha aparecido escrito en el centro de una diana dibujada junto a las tumbas vandalizadas de luchadoras antifascistas de otro tiempo. Y la trabajadora de un pequeño medio digital ha tenido que darse de baja tras sufrir amenazas de muerte en redes. Su crimen: haber contado cómo se financian los acosadores disfrazados de periodistas.

Son las voces atacadas de una democracia en riesgo.

Los medios, personas y organizaciones abajo firmantes pedimos a la sociedad civil y a las instituciones que se impliquen a fondo en esta lucha, porque en la libertad de expresión no cabe ni la libertad de mentir ni los discursos de odio, y porque es preciso perder el miedo a señalar y denunciar a los autores de esos ataques y extorsiones.

Reclamamos por tanto al Gobierno y a los grupos parlamentarios progresistas que tomen nota de esta gravísima situación y adopten medidas para frenarla. Creemos que son necesarias reformas legales que permitan sancionar y negar toda financiación pública a las redes organizadas para esparcir desinformación y odio de forma intencionada con el propósito de estigmatizar o difamar a personas y colectivos vulnerables.

La fiscalía, los jueces y las fuerzas de seguridad deben contar con más medios y formación especializada para proteger con mayor eficacia a las víctimas de odio, amenazas y persecución.

Es urgente defender la democracia frente a ese imperio de la manipulación sufragado con los impuestos de todas y todos, cuyo objetivo es destruir la convivencia mediante mentiras e intimidación.

La violencia institucional de corte racista que vemos estos días en las calles de Estados Unidos es el final de un camino que algunos pretenden empezar a recorrer en nuestro país. No podemos permitirlo.

Llamamos a las y los ciudadanos demócratas a levantarse contra el monocultivo del miedo. Frente al autoritarismo, todas somos la misma cosa. También aquí, si atacan a una nos atacan a todas.



Primeras firmas

Yayo Herrero, presidenta de la Fundación Contexto y Acción

Pastora Filigrana, directora de Acción Contra el Odio (ACO)

Vanesa Jiménez, directora de CTXT

Manuel Rico, director de Público

Xosé Manuel Pereiro, codirector de Luzes

Virginia Pérez Alonso, directora de Infolibre

Sara Plaza Casares, periodista de El Salto

Magda Bandera, directora de La Marea

Julián Macías, Pandemia Digital

Chema Garrido, director de El Plural

Julio Martínez-Cava, Revista Sin Permiso

Javier F. Ferrero, Spanish Revolution

Pablo Iglesias, director de Canal Red

Gerardo Tecé, periodista

Ignacio Sánchez-Cuenca, catedrático

José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Supremo

Mónica Oltra, abogada

Miguel Mora, periodista

Ana Pardo de Vera, periodista

Soledad Gallego-Díaz, periodista

Jesús Ceberio, periodista

Samantha Hudson, artista y activista

Jesús Maraña, director editorial de Infolibre

Danilo Albín, periodista

Mónica Andrade, periodista

Irma Ferrer, abogada

Fernando Lezcano, presidente de la Fundación 1 de mayo

Nieves Concostrina, periodista

Jordi Évole, periodista

Olga Rodríguez, periodista

Maruja Torres, periodista

Germán Labrador, profesor

Sarah Santaolalla, analista política

Aitana Sánchez-Gijón, actriz

Antonio Turiel, científico

Belén Barreiro, socióloga

Pilar del Río, periodista

Lorena Vallejo, gerente

Álex Blasco Gamero, periodista

Ángeles García, periodista

Manuel Rivas, escritor

Marina Lobo, cómica

Carmen de la Ossa, profesora

Joaquín Estefanía, periodista

Alvaro Guzmán, periodista

Antonio de la Torre, actor

Mercedes de Pablos, periodista

Pierluigi Morena, abogado

Paco Cano, gestor cultural

Juan Bordera, activista

Ignacio Echevarría, editor

Sebastiaan Faber, profesor

Gonzalo Torné, escritor

Diego Delgado, periodista

Guillem Martínez, periodista

Raquel Prado, abogada

Alberto San Juan, actor

Joaquín Urías, profesor

Antonio Tena, profesor

Marina Sáenz, catedrática

Paco Audije, periodista

Juan Carlos Ortiz, periodista

Pablo Oliveira, periodista

Sato Díaz, periodista

Pablo Romero, periodista.

Víctor López, periodista

Alicia G. Criado, periodista

Begoña P. Ramírez, periodista

Erly Quizhpe, periodista

Jose Carmona, periodista

Emilio de la Peña, periodista

Marga Espino, funcionaria UE

Javier Valenzuela, periodista

Andrea Momoitio, periodista

Pablo Beramendi, profesor

Marina Fortuño, periodista

Mariano Muniesa, periodista y consejero de RTVE

Ricardo Robledo, historiador

Alejandra Martínez, periodista

Laura Arroyo, periodista

Irene Zugasti, periodista

Raúl Sánchez Cedillo, analista

Manuel Levin, periodista

Rubén Sánchez, periodista

Marta Carrasco, periodista

Carmen Otero, periodista

Lourdes Gómez, periodista

Carlos Arenas, catedrático

Emilio Abejón, economista

Lola Cintado, periodista

Ana Mercedes Cano, periodista

Mohamed Haidour, activista por los Derechos Humanos

Marta Sanz, escritora

Fernando Valladares, científico

Fernando Moraño, cómico

José Cabrera, cómico

Pilar Ruiz, guionista y escritora

Carlos Sánchez-Mato, profesor

Aurora F. Polanco, profesora

Pablo Elorduy, periodista

Aurora Báez, periodista

Susana Albarrán, periodista

Patricia Reguero Ríos, periodista

Yago Álvarez, periodista

Álvaro Minguito, fotógrafo

Olmo González, social media manager

Jose Durán Rodríguez, periodista

Queralt Castillo Cerezuela, periodista

Javier H. Rodríguez, periodista

Susana Ye, periodista

Cristina Peñamarín, profesora

Víctor Alonso Rocafort, profesor

Carlos Aristu, secretario general CCOO Sevilla

Ana Jiménez, cooperativista y activista

Gorka Castillo, periodista

Félix Andrada, editor de arte

Francesc Relea, periodista

Roberto Uriarte, profesor EHU

Carlos Molinero, guionista

Víctor Sampedro, catedrático

Tomás Rodríguez, editor

Luis García Montero, poeta

Miren Gorrotxategi, profesora EHU

Carmen Cortés, bailaora

Carlos Enrique Bayo, periodista

Carlos Berzosa, catedrático jubilado

Atxe, ilustradora

Ana Veiga, periodista

Xandru Fernández, profesor y escritor

Belén Jaráiz, jubilada

Javier Navarro, profesor y arquitecto

Bárbara Celis, periodista

Carlos Hernández de Frutos, periodista

Juan Cabello, arquitecto y profesor

Olga Ruiz, jurista

Alain-Paul Mallard, escritor

Ritama Muñoz-Rojas, periodista

Pedro Olalla, escritor

Steven Forti, historiador

Jorge Urdánoz, filósofo

Celia Montoya Montoya, actriz y activista

Pedripol, viñetista

Carlos Prieto, ingeniero jubilado

Dolors Comas d’Argemir, antropóloga

Francisco Jurado, jurista

Marjorie Eljach, escritora

Juan Francisco Casas, artista plástico

Andrés Villena, economista

Javier Divisa, escritor

Enric Bonet, periodista

Ramón J. Campo, periodista

Eduardo Gómez Cuadrado, abogado

Silvina M. Romano, investigadora

Alberto González Pulido, jurista

Georgina Cisquella, periodista

Helena Sardà Grau, periodista

Jaime Conde, periodista

Paco Sarria, periodista

Ana Liste, periodista

Juan Oliver, periodista

Lluís Pardo, Periodista

Suso Iglesias, periodista

Gemma del Valle, directora de comunicación

Luis María González, periodista

José Manuel Rodríguez Victoriano, profesor

Asier Mensuro, historiador

Tomás Grau, profesor de la UAB

Cristina Santamarina, socióloga

Eva Lootz, artista

Elena Benarroch Vila, socióloga

José Carlos Ruiz, guionista

Diana Lafuente, conservadora de museos

Lucas Platero, profesor de la URJC

Avelino Sala, artista plástico

Carlos Pascual, economista

Isabel Camacho, periodista

Rosa María Artal, periodista

Yolanda Virseda, profesora

Cláudia Morán, periodista

Sonia Vizoso, periodista

Marcos Sanluis, periodista

Ana Cermeño, guionista

Lois Pérez Díaz, escritor

Javier Hernández, profesor y escritor

Clàudia Munné, periodista

Amelie Aranguren, activista cultural

Jesús Dionisio, arquitecto

Isolina Dosal, diseñadora gráfica

Felipe Nieto, historiador

Luisa Aleñar, periodista jubilada

Silvia Alcoba, artista visual, docente

Jacqueline Pingarrón, diseñadora de moda

Isabel Martinez Reverte, periodista

Antonia Moya, bailaora de flamenco

Juan Aranzadi, antropólogo

Celia Montolío, traductora

Carlos Garzón, realizador de TV

Rafael Díaz Arias, profesor y periodista

Luisa Aleñar, periodista jubilada

Jose Candón Mena, catedrático

Joan Busquet, periodista

Juan Manuel Rodríguez, informático

Daniel Granados, consultor cultural

Ferràn Peracho, galerista

Pepa Moreno, editora de arte

Sergio Riesco, profesor en la UCM

Mónica López Pineda, psicóloga

Luis López de la Peña, ayudante parlamentario

Lola Fernández Palenzuela, periodista

Rafa Esteve, periodista

Marta Lage de la Rosa, profesora UCM

Luisa Martín-Rojo, profesora

Lola Gómez de Aranda, editora de arte

Ricardo Robledo, profesor

Juan Tortosa, periodista

Héctor Grado, profesor

Agustín Martínez , periodista

Elisabeth Anglarill, periodista

Belén Fernández Suárez, profesora de universidad

Luis Mengs, realizador y productor

Fernando Berlín, periodista

Isabel Jubert, productora

Jordi Serrano, editor de Memoria del Futuro

Susana Hernández, actriz

Miguel de Casas, productor audiovisual

Juan Ramón Mora, viñetista

Paloma Farré, traductora

Organizaciones

Facua

La Fragua Projects

Al Descubierto, Centro de Estudios Contra el Odio y la Desinformación

Asociación de Víctimas y Afectados por Noticias Falsas (AVANF)

Asociación Repensar el Sistema

Federación de Asociaciones de Estudiantes Solidarios Aragoneses (FAESA)

Asociación Redes para la Transformación Social

Federación de Asociaciones de Estudiantes de Aragón (FADEA) Federación de Alumnos Plataforma de Asociaciones de Estudiantes (FAPAE)

Fundación de Acción Laica

Asociación INTEGRA

Voluntariado Joven

Asociación Magenta

Colectivo LGTB de Aragón

Asociación Mujeres Libres

Asociación Juvenil Movimiento por los Derechos del Alumnado (MOVIDA)

Asociación Contra el Cambio Climático del Planeta


No dejemos que la extrema derecha nos expulse del espacio público.


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‘The Washington Post’, una crisis en tres instantes

Por: Josep Carles Rius

Este artículo se publicó originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catalán aquí.

Cuando Jeff Bezos se hizo con la propiedad de The Washington Post, en 2013, la pregunta era si su objetivo era recuperar la figura del editor tradicional, el que encontraba el equilibrio entre el negocio y el servicio público del periodismo, o, si, por el contrario, lo que pretendía era contar con la credibilidad de un medio para blindar su inmenso poder. La respuesta ha llegado inexorable después del segundo mandato de Donald Trump. El magnate de Amazon, la primera fortuna del mundo, se ha convertido en una amenaza para uno de los grandes símbolos globales del periodismo.

Los despidos masivos y las injerencias editoriales tienen un especial significado en la medida que afectan a un pilar esencial del periodismo frente a los riesgos antidemocráticos crecientes en Estados Unidos y en el mundo occidental. The Washington Post tiene su cabecera asociada a la investigación del caso Watergate, que forzó la salida de Richard Nixon en 1974 de la Casa Blanca. Fue el resultado de la determinación de la editora, Katharine Graham, el director, Ben Bradlee, y el trabajo de los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein. Aquella gesta marca un antes y un después en la historia del periodismo. Como ahora lo hace, en sentido contrario, el despido de 300 de los 800 trabajadores del periódico.

La crisis de The Washington Post tiene, en la última década, tres instantes claves. Los recordamos.

Primer instante: de la crisis del 2008 a Trump en 2016

En 2008 cambió todo. La suma de crisis en torno a los periódicos resultó devastadora. Los editores vieron cómo se hundía el mundo sobre el que habían basado su rentabilidad. Muchos sucumbieron a intereses ajenos a la información, y aquella crisis de credibilidad que venía de lejos se aceleró de forma dramática. The Washington Post fue una de las víctimas más visibles del nuevo escenario al que se enfrentaba la prensa en todo el mundo. Marty Baron, director del periódico entre 2012 y 2021, reconocía en una entrevista en El País, justo después de dejar el cargo, que su diario «no tenía en 2013 un modelo de negocio viable» y por eso la apuesta de Jeff Bezos era vista como una salvación.

«¿Le inquietan los posibles motivos por los que el hombre más rico del mundo podría querer un periódico en la capital del poder político?», le pregunta el periodista. Y Baron responde: «No. Nunca creí que pudiera tener ningún sentido para él creer que podría usar el Post para ejercer poder político. No necesitaba el Post para eso. Lideraba una enorme corporación y podía ejercer el poder político como siempre hacen las corporaciones, con donaciones y cabildeo. Él dijo que no tenía ninguna intención de hacerlo y luego he podido observar, desde el primer día, que no ha dado ninguna prueba de lo contrario. Nos deja funcionar independientemente, no interfiere en nuestro periodismo, no sugiere historias, no suprime historias, no critica historias. ¡Nos deja hacer nuestro trabajo!».

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 provocó un estado de shock en el ecosistema mediático de Estados Unidos. La victoria interpeló a los medios de comunicación en dos planos: debían preguntarse, primero, por qué no habían detectado el fenómeno Trump y, después, cómo podían revalorizar su función de frontera cívica en defensa de la democracia. Es muy relevante observar, con la perspectiva del tiempo transcurrido, las reflexiones que siguieron a este terremoto político. The New York Times lideró desde el periodismo la respuesta a Donald Trump. En el intermedio de la ceremonia de los Oscar de 2017, el periódico emitió un anuncio en el que decía: «La verdad es difícil…, difícil de encontrar…, difícil de saber…, y más importante ahora que nunca». The Washington Post también libró el mismo combate. Tras la victoria de Trump, situó debajo de la cabecera la frase: «La democracia muere en la oscuridad».

«En una democracia —defendía Baron en la entrevista—, debemos tener un debate vigoroso y vibrante, pero necesitamos operar desde una serie común de hechos. Y hoy en día ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en lo que pasó ayer. Uno debe preguntarse cómo puede funcionar la democracia en un ambiente así. ¿Cómo funciona la prensa cuando una parte sustancial de la población cree en cosas que son directamente falsas y en teorías conspiratorias disparatadas?». La segunda victoria de Donald Trump ofrecía respuestas muy pesimistas para la sociedad norteamericana y, también, para The Washington Post.

Tras la primera victoria de Trump, una parte significativa de la ciudadanía de Estados Unidos se tomó el apoyo a los medios como una forma de militancia. Ante los ataques de Trump, miles de ciudadanos se implicaron en la sostenibilidad de la prensa libre. En las semanas que siguieron a las elecciones de 2016, revistas (como The New Yorker, The Atlantic y Vanity Fair), periódicos (como The New York Times, The Wall Street Journal, Los Angeles Times y The Washington Post) y organizaciones sin fines de lucro (como NPR y ProPublica) experimentaron grandes aumentos en las tasas de suscripción o donaciones. The Guardian y Mother Jones también se beneficiaron de la reacción de los ciudadanos. Tras la primera victoria de Trump, The Washington Post contrató más periodistas y apostó por historias de investigación y más profundas.

Segundo instante: Trump vuelve a la Casa Blanca

Con la segunda victoria de Trump todo fue muy distinto. La sociedad que había apostado por los demócratas entró en estado de shock. Esta vez todo fue muy distinto. También para The Washington Post.

Ya antes de las elecciones se hizo evidente que, en el fondo, lo que buscaba Bezos era contar con la credibilidad de un gran medio para lograr su verdadero objetivo: figurar, junto a Elon Musk y otros tecnomagnates, en la cima de la simbiosis entre poder económico, tecnológico y político. Y el espíritu independiente de la redacción de The Washington Post dejaba de ser un plus para convertirse en una carga.

Trump ya no era un accidente de la historia. Encarna una nueva era y Jeff Bezos no dudó. Prohibió a ‘su’ periódico posicionarse en favor de la candidata demócrata, Kamala Harris, y el 26 de febrero de 2025 interfirió directamente en la línea editorial en un mensaje publicado en X: «Os escribo para informaros de un cambio que se producirá en nuestras páginas de opinión. Vamos a escribir todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y el libre mercado. Por supuesto, también trataremos otros temas, pero los puntos de vista opuestos a esos pilares serán publicados por otros».

Más de un cuarto de millón de suscriptores –una décima parte de los que conservaba en el 2025– se dieron de baja del diario tras tal decisión de Bezos. El jefe de Opinión de The Washington Post, David Shipley, presentó inmediatamente la dimisión. La democracia, como había rezado su cabecera, se adentra en tiempos de ‘oscuridad’.

Tercer instante: despidos masivos

La crisis abierta por Jeff Bezos en The Washington Post marca el inicio de una nueva etapa. Por eso es importante recordar los consejos de quien fue su director: «Tenemos una misión, y parte de esa misión es hacer que la gente poderosa y las instituciones rindan cuentas. Eso incluye, claro, a aquellos a los que se les confía gobernar el país. Tenemos que ceñirnos a esa misión, independientemente de quién esté en el poder. Por eso tenemos una prensa libre en Estados Unidos. Por eso se redactó la primera enmienda. Se trata de hacer nuestro trabajo. Eso es todo». Sin embargo, para poder seguir haciendo «nuestro trabajo», The Washington Post necesitó ponerse en manos del propietario de Amazon, Jeff Bezos. Y ahora sufre las consecuencias.

Trescientos de los 800 trabajadores de The Washington Post han sido despedidos. Los recortes masivos afectan a todas las secciones, especialmente deportes, la redacción de local y los suplementos de libros. También afecta a los corresponsales internacionales y los enviados especiales al extranjero. Un caso paradigmático es el de la responsable de la oficina del periódico en Ucrania, Siobhán O’Grady, quien recordó en X que «durante casi un siglo, los corresponsales extranjeros del Post han estado en primera línea en guerras, pandemias, crisis económicas, levantamientos civiles y mucho más». Y concluyó «Washington nos necesita. El mundo nos necesita».

Para Martyn Baron, estamos ante uno de los momentos «más oscuros en la historia de una de las organizaciones de noticias más importantes del mundo. Las ambiciones de The Washington Post se verán drásticamente mermadas, su talentoso y valiente personal se verá aún más reducido, y el público se verá privado de la información objetiva y de primera mano en nuestras comunidades y en todo el mundo, que se necesita más que nunca».

Peggy Nooanan, columnista de The Financial Times, escribía el 5 de febrero que lo que ocurre en The Washington Post «es un duro golpe porque se percibe como otro factor desmoralizante en nuestra vida nacional (…) Los despidos no significan una reestructuración de un periódico ni una reorganización de prioridades, sino la ruina de un periódico, uno excelente, una figura de grandeza periodística desde algún momento de la década de 1960 hasta algún momento de la década de 2020″.

El director ejecutivo de The Washington Post, Will Lewis, presentó la dimisión el sábado 7 de febrero. Será reemplazado por el director financiero de la publicación, Jeff D’Onofrio. Todo un signo de los nuevos tiempos.

Conclusión: dos modelos de prensa global y un fracaso

La batalla para regenerar la prensa es global. Por eso son tan importantes, también, los referentes globales. Existían tres grandes modelos. El que representa The New York Times, el de una familia editora (los Sulzberger) que afianza su periódico como diario de una ciudad y, a la vez, del mundo. The New York Times rediseñó íntegramente su edición digital en 2015 y consolidó su condición de periódico de referencia a escala mundial. El diario mantiene un sostenido crecimiento y a finales de 2025 tenía 12,78 millones de suscriptores, de los cuales más de 95% son digitales. Resulta significativo que las suscripciones internacionales crecen más rápidamente que las de Estados Unidos.

El otro gran modelo de prensa global es el británico The Guardian, que está editado por una fundación, una sociedad sin ánimo de lucro. El diario se ha convertido en una organización multiplataforma, que apuesta por el periodismo de datos y la visualización infográfica de la información, los contenidos multimedia y el uso intensivo de las redes sociales. Su espíritu innovador, le ha llevado también a explorar nuevos modelos de financiación, basados siempre en la implicación de los lectores.

El tercer modelo lo encarnaba The Washington Post, que se había convertido en un gran laboratorio al pasar de manos de una familia (los Graham) a las de un magnate de la venta online, (Jeff Bezos). The Washington Post en los primeros años de la ‘era Bezos’, logró mantener el pulso con su gran rival, The New York Times. En el mes de octubre del año 2015, el Post consiguió alcanzar la cifra de 66,9 millones de usuarios únicos en todas las plataformas, superando por primera vez al NYT, que se quedó en 65,8 millones de usuarios, según datos de comScore. Pero al final su talón de Aquiles, estar en manos de un editor sin un compromiso ético con el periodismo, le ha pasado factura.

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Más allá de Todo por Hacer: la prensa libertaria y alternativa que resiste

Por: Todo Por Hacer

La libertad de prensa es sólo un permiso de la prensa y el Estado nunca permitirá, ni podrá permitirme voluntariamente, que la reduzca a la nada mediante la prensa” – Max Stirner

Cuando anunciamos el mes pasado que este proyecto se despedía, explicamos que cada vez nos lee menos gente. Las razones son variadas (por ejemplo, que nuestros contextos vitales han cambiado y nuestra conexión con un público más joven se ha visto menguado, o que cada vez hay menos manifestaciones multitudinarias y que los movimientos sociales tienen menos tirón que antes), pero parte de ello se debe a que la forma de acceder a noticias ha cambiado drásticamente en los últimos años.

Con esto no queremos decir que el formato papel haya quedado obsoleto; de hecho, nos parece que cuenta con una serie de ventajas frente a otros medios (cuando se imprime en papel, la información no es tan efímera como en redes, llega a quienes no tienen acceso a internet, garantiza el anonimato, etc), pero el esfuerzo que hay que desempeñar para llegar a un público amplio es mucho mayor que subiendo un artículo a una web. Por eso, nos quitamos el sombrero ante los periódicos, revistas y boletines que siguen dando el callo y publicando en un formato físico. Como ejemplos se nos vienen las publicaciones CNT (periódico del sindicato homónimo), La Granada (órgano de expresión de CNT-AIT Granada), Ekintza Zuzena, El Topo, Redes Libertarias, BICEL (boletín de la FAL), El Salto (revista trimestral en papel de este medio), Píkara (revista anual en papel de este medio), Motín, Parrhesia, (Ex)Presión, Esporas (revista libertaria de crítica de libros), Revolución, Los Animales siguen Dentro, etc, pero seguro que hay muchos más.

Pese a que este periódico llega a su fin, existen muchos otros medios alternativos en los que seguir informándose, muchos de los cuales han nutrido de contenido a este medio. En agradecimiento por su labor, hemos reservado este espacio para mencionar algunos de ellos, a modo de homenaje.

Portales web

Es un hecho que, en los tiempos que corren, la principal fuente de información –y de desinformación– la encontramos en internet. Si bien se trata de un medio en el que no existe neutralidad, en el que quienes concentran dinero y poder consiguen imponer sus relatos dominantes y sus bulos, es igualmente cierto que se trata de una herramienta muy potente para llegar a compañeras de todo el mundo y hacer llamamientos a la solidaridad, si sabes dónde buscar.

En muchas ocasiones hemos llenado las páginas del Todo por Hacer con noticias de las que teníamos conocimiento de primera mano, porque habíamos participado en alguna lucha o algún proyecto. Pero, gracias a las conocidas como páginas de contrainformación, también hemos conseguido enterarnos de algunos conflictos que han ocurrido en otras partes del mundo y replicarlos en nuestro medio. Además, estas webs cuentan con la ventaja de que pueden informar sobre sucesos en tiempo real y que las noticias que difunden no quede obsoleta (cosa que en nuestro periódico nos ha pasado en varias ocasiones).

Existen páginas que ofrecen una combinación de noticias de actualidad y análisis desde perspectivas diversas (anarquistas, comunistas, ecologistas, feministas, etc) como Kaos en la Red, La Haine, Briega, Indymedia Barcelona, AraInfo, Rebelión, Lo Que Somos, Antimilitaristas, Tortuga, Píkara, Descifrando la Guerra, La Directa, Tercera Información, Galiza Livre, La Marea, Viento Sur, Nodo50 y El Salto. Otras webs son más específicamente anarquistas y, aunque a veces informan sobre sucesos nuevos, por lo general tienden a volcarse más en el análisis, como es el caso de Portal Oaca, A las Barricadas, La Aurora Intermitente, Crimethinc (castellano e inglés), Contrainfo, Informativo Anarquista, Libcom (inglés), The Anarchist Library (inglés y más idiomas) y Redes Libertarias.

Todas ellas realizan aportaciones valiosas y recomendamos su lectura periódica.

Podcasts y radios libres

Las radios libres (emisoras de comunicación e información que le han robado al Estado y a los poderes económicos el monopolio que ejercen sobre las ondas, dando voz a colectivos que no la tenían) han sido una forma de comunicación muy potente para los movimientos sociales desde que empezaron a surgir a principios de los 70. Sin embargo, en el mundo digital en el que vivimos, al igual que sucede con el papel, la cantidad de gente que las escucha en el dial de la FM está decreciendo. Pero, a su vez, quienes militan en estas radios han sabido reinventarse, colgando sus programas en internet, en formato podcast e incluso han podido aumentar su audiencia, ya que son accesibles para personas a miles de kilómetros de distancia.

Por su parte, los podcasts llevan algo más de una década en auge, si bien estos también son presas de un mundo en el que la imagen lo es todo y muchos se han visto forzados a adaptar, subiendo sus programas en formato vídeo. Por alguna razón, no basta con escuchar a dos personas charlando y también hay que verles.

Al igual que ocurre con los medios de comunicación convencionales, también predominan en este mundo los podcasters que socializan a sus oyentes en valores de derechas. No es casualidad que entre los programas más escuchados del mundo se encuentren el de Jordi Wild o el de Joe Rogan.

Pero, por suerte, existe un amplio catálogo de proyectos radiofónicos alternativos que nos dan alas y rompen con esa hegemonía. Para empezar, en la web radioslibres.info puedes encontrar un listado de cadenas libres (como Radio Almaina en Granada; Radio Topo y Radio La Granja en Zaragoza; Radio QK en Oviedo; Radio Argayo en Cantabria; Irola Irratia, Zintizik Irratia y Arraio Irratia en Euskal Herria; Ràdio Malva en València; Contrabanda FM, Ràdio Bronka y Ràdio RSK en Catalunya; Ruido Feminista en todo el Estado; y Radio Vallekas1 y Ágora Sol Radio en Madrid).

Entre los programas que se emiten en estas radios y que están disponibles en plataformas de podcasts, queremos destacar algunos que abordan la actualidad política como De Raíz, Barrio Canino, La Contratertulia, Espacio Común 15M, El Acratador, Onda Negra, La Misa del Asno, El Salto Radio, Crónicas de Libertonia, Abajo el Trabajo, Postapocalipsis Nau, etc.; otros que profundizan en temas tan variados como la ciencia, la historia y movimientos revolucionarios, como lo hace La Linterna de Diógenes; podcasts feministas como Sangre Fucsia, La Tertulia de las Comadres o El Gesto Más Radical; y programas de actualidad antiespecista y liberación animal como Lluvia con Truenos. Además, todas las radios libres cuentan con infinidad de programas de música, novedades editoriales y secciones culturales muy completas.

Vídeos, shorts y otros formatos visuales

Por último, los youtubers/instagramers/tiktokers son la forma de comunicación por excelencia entre la gente joven y, por desgracia, en la batalla por la difusión de contenido están ganando por goleada la derecha, el individualismo, el egoísmo y la ostentación del dinero. Esto se debe, en parte, a que se trata de un medio que, a diferencia de lo que ocurre con la prensa escrita, los dominios libres de internet o las radios libres, su control se encuentra por completo en manos ajenas. No en vano, Meta (Facebook, Youtube e Instagram), Twitter y TikTok son propiedad de milmillonarios cercanos a Trump y fueron fundamentales a la hora de que ganara las elecciones.

Como ejemplo de la importancia que tiene controlar estas plataformas, hace unos meses, Benjamin Netanyahu organizó un encuentro con influencers en el que explicó que su enemigo es el “reich woke” y que en esta guerra “las redes sociales son el arma más poderosa. Y el número uno es TikTok. Otra muy importante es X y tenemos que hablar con Elon; no es un enemigo, que es un amigo”. De hecho, en octubre de 2025 el Estado de Israel invirtió seis millones de dólares en una empresa estadounidense para que los algoritmos privilegien narrativas favorables a sus intereses y en vetar contenido propalestino. Esto es devastador para las generaciones más jóvenes que han aprendido a consumir contenido por estos medios y se están empezando a politizar, interiorizando valores de derechas, coloniales, machistas y racistas.

Pero más allá de quién domina los algoritmos e impone su visión política, el formato youtuber en sí mismo, incluso cuando se hace con la mejor de las intenciones, puede fomentar el individualismo, ya que suele ser una persona la que siempre pone la cara; y aunque pueda haber todo un equipo detrás preparando el guion de un vídeo o las preguntas para una entrevista, o trabajando la parte técnica como la cámara o el sonido, o encargándose de la difusión, muchos espectadores no lo saben y sólo se fijan y conocen el trabajo de una única persona. En otras palabras, se invisibiliza el trabajo colectivo.

Pese a que se trata de un mundo predominantemente chungo, dentro del mismo existen proyectos muy loables, que realizan vídeos en los que difunden ideas libertarias o comunitarias y hacen análisis muy buenos, como es el caso de Spanish Revolution, Cuellilargo, PutoMikel, El Salto, Colectivo Burbuja e incluso el cómico Facu Díaz con su programa de Twitch. Por desgracia, no son demasiados los proyectos cercanos que podemos citar y pensamos que va siendo hora de que una nueva generación de compañeras empiece a hacer curro político en este medio.

Como podéis ver, existe una gran variedad de proyectos horizontales que se dedican a informar acerca de lo que hacen movimientos sociales y políticos por todo el mundo, con la intención de difundir ideas emancipadoras que nos conduzcan a un mundo mejor. Su trabajo es fundamental y no debe decaer. Desde aquí, os mandamos nuestro más sincero agradecimiento.

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1Ésta es más una radio comunitaria que una libre, pero igualmente recomendable.

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Tensión en Mineápolis: La evidencia ciudadana cuestiona la muerte de Alex Pretti a manos de ICE

Por: Equipo PC

La ciudad de Mineápolis vuelve a ser el epicentro de la indignación nacional. Bajo un frío intenso, cientos de residentes se congregaban en el lugar donde el enfermero Alex Jeffrey Pretti, de 37 años, fue abatido por agentes federales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La indignación aumenta al igual que las protestan por lo que consideran una toma de la ciudad demócrata por parte del Gobierno federal.

La muerte de Pretti, ocurrida este sábado poco después de las nueve de la mañana, se produce tan solo 17 días después que Renée Nicole Good, quien también tenía 37 años y falleciera en circunstancias similares a manos de agentes federales el pasado 7 de enero. Pretti, empleado del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU., no era un desconocido para el activismo local: había participado activamente en las protestas por el asesinato de Good y en las protestas por el asesinato de George Floyd antes de convertirse en la nueva víctima de un operativo de ICE.

El asesinato de Pretti trascendía las fronteras de Minnesota para convertirse en un clamor de indignación nacional. Este sábado, diversas estrellas de Hollywood aprovecharon su paso por la alfombra roja del Festival de Cine de Sundance para denunciar el asesinato del enfermero estadounidense, elevando la presión mediática sobre el Gobierno de Estados Unidos.

Las imágenes de este nuevo asesinado del ICE circula por redes sociales, especialmente podemos ver análisis detallados en YouTube permitiendo así mostrar distintas perspectivas del incidente, al igual que sucedió con Renée Nicole Good, para así contradecir la narrativa del Gobierno.

  • La versión oficial: Las autoridades federales sostienen que Pretti obstaculizaba la operación, portaba una pistola y tenía la intención de «provocar una masacre», cuando las imágenes muestras que solo llevaba su móvil para grabar lo sucedido.
  • La evidencia ciudadana: Vídeos grabados por testigos oculares y analizados por distintos medios como muestran una secuencia distinta. En las imágenes se observa a Pretti auxiliando a una persona que había sido empujada por los agentes, sin que en ningún momento se aprecie que estuviera armado o representando una amenaza letal.

Análisis de la secuencia: Al igual que en el caso de Renée Good, el análisis detallado de los vídeos de testigos se ha convertido en el documento crucial para desmentir las acusaciones de «defensa propia» esgrimidas por el ICE.

Para seguir la evolución de este caso en redes sociales puedes seguir las etiquetas: #AlexPretti #JusticeforAlex #Minneapolis #ICE

Desde este observatorio, recordamos que el registro visual de los testigos oculares y de la ciudadanía activa es un derecho fundamental que permite la rendición de cuentas. La muerte de Pretti, un profesional de la salud dedicado a salvar vidas, subraya la urgencia de una investigación independiente, tal como ha vuelto a exigir el alcalde Jacob Frey ante la creciente presión en el Congreso.

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Guía contra la desinformación: Recursos verificados y derechos ciudadanos tras el accidente ferroviario en Adamuz

Por: Equipo PC

Ante la emergencia ferroviaria que afecta a la conexión entre Córdoba y Málaga en este enero de 2026, la sociedad civil ha vuelto a demostrar que una ciudadanía informada es un motor de gran ayuda. Desde este observatorio, recopilamos los recursos verificados para garantizar los derechos de los afectados y evitar la propagación de desinformación.

1. Canales Oficiales y Atención a Familiares

La Guardia Civil ha habilitado oficinas específicas para que los familiares puedan denunciar y aportar muestras de ADN para las labores de identificación. Es vital acudir únicamente a estos puntos oficiales:

  • Málaga: Comandancia de la Guardia Civil (Av. Arroyo de los Ángeles, 44).
  • Huelva: Comandancia de la Guardia Civil (C/ Guadalcanal, 1).
  • Madrid: Zona de la Guardia Civil (C/ Batalla del Salado, 32).
  • Atención telefónica oficial (Renfe/Adif): 900 101 020.
  • Emergencias: @E112Andalucia en X o @guardiacivil

2. Guía de Verificación: Detectar bulos en tiempo real

En momentos de alta carga emocional, la desinformación puede entorpecer las labores de rescate. Organizaciones de fact-checking como Maldita.es y Newtral están trabajando intensamente para desmentir contenidos falsos.

Fuentes de contraste rápido:

Servicios de verificación por WhatsApp:

Si recibes un audio o foto sospechosa, no la reenvíes. Pásala por estos filtros:

  • Maldito Bulo: +34 644 229 319.
  • Newtral: +34 644 34 13 04.

Consejo: Antes de compartir un contenido que te indigne, mira la fuente. Si el titular es alarmista y no cita a Adif, Renfe o Guardia Civil, probablemente sea un bulo.

3. Consejos para una Participación Ciudadana Útil

Para que la ayuda ciudadana sea efectiva y no sature los canales de emergencia, sigue estas pautas de verificación:

  • Desconfía de listas «en cadena»: No compartas capturas de WhatsApp con nombres de víctimas si no provienen del 112 o Adif.
  • Verifica ofertas de ayuda: Si ves perfiles en X ofreciendo alojamiento o transporte, comprueba su antigüedad o si tienen seguidores comunes con medios locales antes de contactar.
  • Análisis de imágenes: Muchos bulos usan fotos del accidente de Arahal (2017) o Santiago. Si usas Google Chrome, haz clic derecho y selecciona «Buscar imagen en Google» para comprobar su origen.

4. Derechos de los Afectados

Es fundamental conocer los derechos que asisten a los pasajeros y sus familias:

  • Derecho a la Información: Exige canales transparentes sobre la investigación.
  • Asistencia y Alojamiento: Los pasajeros afectados tienen derecho a transporte alternativo y manutención.
  • Indemnizaciones: Las víctimas cuentan con el Seguro Obligatorio de Viajeros (SOV) y el Seguro de Responsabilidad Civil. Conserva todos los billetes y justificantes de gastos.

5. Solidaridad y Apoyo Logístico

Desde PeriodismoCiudadano.com, seguiremos monitorizando la respuesta civil y defendiendo el derecho a una información veraz.

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Érase una vez… un periódico anarquista

Por: Todo Por Hacer

Todo tiene un principio, y en nuestro caso, el anarquismo como corriente revolucionaria de lucha de la clase dominada, podemos explorarlo a mediados del siglo XIX. Desde sus inicios, el periodismo obrero militante surgió como una herramienta esencial de organización, educación y propaganda entre los sectores populares. Frente a una prensa burguesa que defendía los intereses del capital, los trabajadores comenzaron a crear sus propios órganos de expresión, donde el pensamiento crítico, la denuncia social y la pedagogía política se unían para impulsar la conciencia de clase. En este contexto, el anarquismo desempeñó un papel protagónico: periódicos como Le Révolté, La Solidaridad, Tierra y Libertad, Freedom, Umanitá Nova o La Protesta se convirtieron en verdaderas escuelas de pensamiento libertario, combinando análisis teóricos con la realidad cotidiana de fábricas, talleres y barrios obreros.

Estos medios no solo difundieron ideas, sino que forjaron redes internacionales de solidaridad, impulsaron huelgas, debates y campañas políticas, y contribuyeron decisivamente a la construcción de organizaciones sindicales y revolucionarias. La prensa anarquista articuló un discurso de emancipación integral —económica, política y social— que otorgó al anarquismo un peso hegemónico en amplias regiones de Europa, América Latina y parte de Asia durante las primeras décadas del siglo XX.

A lo largo del tiempo, pese a la represión, el exilio y la censura, esta tradición periodística se reinventó: pasó de los periódicos clandestinos y los panfletos a las revistas culturales, los boletines sindicales, y hoy a los medios digitales y redes de contrainformación. Su esencia permanece: ser una prensa combativa, crítica del sistema de dominación y profundamente ligada a las luchas sociales. En ella pervive la idea de que escribir y difundir pensamiento libre no es solo un acto cultural, sino una práctica revolucionaria.

A continuación repasaremos la tinta rojinegra que se ha vertido desde que el anarquismo fue conformándose como ideología hasta la actualidad de nuestros días impresa sobre estas páginas del periódico que tienes entre las manos…

Le Revolté (Francia)

Fundado en Ginebra en 1879 por Kropotkin, con el apoyo posteriormente de Élisée Reclus y Jean Grave, fue uno de los primeros periódicos anarcocomunistas de gran reconocimiento. Introdujo un marco teórico estratégico para el comunismo libertario, combinando análisis económicos, crítica a la propiedad privada y propuestas de organización social. Tuvo fuerte impacto en Francia, Suiza y Bélgica, pese a su tirada relativamente modesta. Sufrió una fuerte represión estatal, incluida la expulsión de Kropotkin de Suiza, por lo que la publicación continuó desde París en 1885, pasando de ser bimestral a un semanario. Tan solo un par de años más tarde cambió de nombre por La Revolté para evitar una sanción económica. Posteriormente derivó en el periódico Les Temps Nouveaux, que se editó hasta 1921 en Francia. Se convirtió en uno de los más influyentes vehículos de difusión del pensamiento libertario en su época; es clave para entender la evolución de los debates internos del anarquismo europeo.

Freedom (Reino Unido)

Fundado en 1886 por Kropotkin y otros libertarios londinenses, entre las que destacaba la anarquista Charlotte Wilson, quien fuese editora hasta casi una década después. Es uno de los periódicos anarquistas en lengua inglesa más antiguos aún en activo. Ha servido como plataforma para debates sobre anarquismo comunista, antimilitarismo, cooperativismo y movimientos sociales británicos. Su estilo combina análisis teórico, campañas locales y crónicas internacionales. Se imprimía hasta 1888 en el taller de la Liga Socialista, debido a las redes de William Morris. Durante la Primera Guerra Mundial rompió con Kropotkin por su apoyo a los Aliados, y su carácter antibélico le valió que allanasen sus oficinas y detuvieran a su director, Thomas Keell. Ha resistido guerras, crisis financieras y represión, manteniéndose como un archivo histórico vivo hasta la actualidad y siendo un barómetro de las transformaciones del anarquismo anglófono.

Tierra y Libertad (España y México)

Seguramente el periódico anarquista más relevante del mundo hispanohablante. Fundado en 1888 en Barcelona, posteriormente se editó en Madrid como suplemento de la Revista Blanca,y después dirigida de manera independiente por el anarquista Federico Urales.Adquirió su relevancia más conocida como diario a partir de 1903, alcanzando tiradas masivas entre trabajadores, ateneos y sindicatos en Catalunya. Suprimida en 1919, y posteriormente en la Dictadura de Primo de Rivera, sale nuevamente a escena en 1930 como órgano de la FAI. Desempeñó un rol central en la difusión del anarquismo en el ciclo previo a la fundación de la CNT primeramente, pero también muy notable su influencia durante la Revolución Social de 1936. Ofrecía análisis, crónicas obreras, campañas anticlericales y debates estratégicos. En el Franquismo continuó en el exilio mexicano entre 1944 y 1988, y luego volvió a editarse en España tras la Transición. Es clave para estudiar el imaginario libertario ibérico y sus redes culturales.

La Protesta (Argentina)

Publicación que ha llegado hasta la actualidad siendo la más longeva en el ideario político anarquista argentino. Fundada en junio de 1897 en Buenos Aires, e inicialmente conocida como «La Protesta Humana». Surgió impulsado por trabajadores migrantes y nativos de diversos gremios, con el catalán Gregorio Inglán Lafarga como su primer director, quien también había escrito en el periódico «El Perseguido», y había fundado en 1896 la publicación «La Revolución Social». Desde su comienzo fue vocero del movimiento anarquista, influyendo notablemente en luchas obreras y en la necesidad de la organización sindical; y entre sus líneas revolucionarias escribían tanto trabajadores y sindicalistas de base como pensadores anarquistas de distintos países. Aunque comenzó como publicación quincenal, con el tiempo pasó a ser semanario y, posteriormente, un diario matutino desde 1904. En los momentos de mayor difusión tuvo grandes tiradas que no solamente se movían en Argentina, sino con gran impacto en países de América Latina. Actuó más adelante como órgano de difusión de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), y sus talleres y publicaciones sufrieron requisas, clausuras y continuada represión en distintas etapas de su historia. A lo largo del tiempo participó de debates internos del movimiento anarquista entre distintas corrientes, y su archivo hasta la actualidad refleja la complejidad del movimiento anarquista argentino.

Regeneración (México)

Fue el principal periódico del anarquismo mexicano de comienzos del siglo XX y el órgano de difusión del magonismo, impulsado los hermanos Flores Magón. Fundado en 1900, evolucionó desde una crítica liberal al porfiriato hacia una posición abiertamente anarquista y revolucionaria. Desde sus páginas denunció la dictadura de Porfirio Díaz, la represión estatal, la explotación obrera y el despojo de tierras a comunidades campesinas e indígenas. El periódico tuvo un papel clave en la organización y propaganda del Partido Liberal Mexicano del que fue su medio de difusión. Fue publicado tanto en México como en el exilio en Estados Unidos; a ambos lados de la frontera sufrió censura, persecución y constantes clausuras. «Regeneración» difundió ideas de acción directa, apoyo mutuo y comunismo libertario, influyendo en huelgas y levantamientos previos a la Revolución Mexicana. Las denuncias al capitalismo estadounidense y las reflexiones estratégicas sobre la revolución social con un estilo directo y combativo le hicieron muy popular. Su legado lo sitúa como una de las experiencias más importantes del anarquismo en América Latina y un referente del periodismo militante revolucionario mundial.

Heimin Shinbun (Japón)

Este «periódico de los comuneros», que sería su traducción original, fue fundado en Tokio en 1903, siendo uno de los primeros periódicos de carácter socialista y anarquista en Japón. Impulsado por figuras como el anarquista nipón Kōtoku Shūsui y el socialista Sakai Toshihiko, surgido en un contexto de industrialización y autoritarismo estatal, nace oponiéndose al crecimiento del militarismo y a la guerra ruso-japonesa. A pesar de su breve existencia, fue la primera influencia de ideas anarquistas organizadas a través de textos de Piotr Kropotkin, y otros internacionalistas. Su represión y clausura temprana marcaron el inicio de una dura persecución del anarquismo japonés, siendo esta publicación la clave en la formación del anarquismo socialista no solamente en Japón, sino en su proyección hacia Corea y China, a través del exilio y las redes militantes asiáticas. Su influencia articuló el anarquismo asiático con un fuerte énfasis en el antiimperialismo, antinacionalismo y la solidaridad entre pueblos oprimidos.

Mother Earth (Estados Unidos)

Fue una influyente revista anarquista publicada en Estados Unidos entre 1906 y 1917, fundada y dirigida por Emma Goldman junto a su compañero Alexander Berkman. Surgió como un espacio de difusión del anarquismo revolucionario en un contexto marcado por la industrialización pre-fordista, la represión estatal y los conflictos obreros. La publicación abordaba temas como la lucha de clases, el antimilitarismo, la libertad de expresión, el feminismo y el amor libre. A lo largo de una década, «Mother Earth» integró debates entre anarquismo, socialismo y sindicalismo revolucionario, conectando el movimiento libertario estadounidense con el magonismo mexicano y con corrientes europeas. La revista dio voz a intelectuales y militantes internacionales, convirtiéndose en un nodo central del anarquismo en lengua anglosajona. Su postura clara contra la el militarismo creciente de la Primera Guerra Mundial provocó su clausura por la Ley de Espionaje y la persecución de sus editores. Sin embargo, dejó una profunda huella ideológica en la izquierda revolucionaria de EE. UU., consolidando y renovando una tradición anarquista combativa, cultural y política.

Solidaridad Obrera (España)

Esta publicación nace en 1907 en Barcelona como periódico de la federación obrera del mismo nombre y se convirtió poco después en el órgano de expresión de la CNT. Desde sus inicios fue una herramienta clave de propaganda, formación y coordinación del naciente movimiento anarcosindicalista español. Difundió las ideas de acción directa, sindicalismo revolucionario y anticapitalismo, en estrecha relación con los conflictos laborales y las huelgas obreras del momento en que crecía la estrategia del anarcosindicalismo. Durante la Segunda República y la Revolución de 1936 alcanzó una enorme influencia, reflejando debates clave sobre las colectivizaciones, el poder popular y el protagonismo de la clase trabajadora organizada. Fue duramente reprimida durante el Franquismo, pasando a la clandestinidad y al exilio. Con la reorganización de la CNT en la Transición, «Solidaridad Obrera» reapareció como voz del anarcosindicalismo contemporáneo. Hasta hoy sigue siendo un referente histórico y político, manteniendo viva la tradición crítica, combativa y autogestionaria del sindicalismo anarquista.

Umanitá Nova (Italia)

Publicación fundada en 1920 en Milán con la participación de Errico Malatesta, convirtiéndose en el periódico más relevante del anarquismo italiano. Durante el denominado «Bienio Rosso», alcanzó una difusión masiva, conectando con la realidad de las fábricas ocupadas, sindicatos y círculos anarquistas. En sus artículos se defendía el comunismo libertario, el federalismo obrero y la necesidad de la organización frente a las individualidades anarquistas dispersas. Sin embargo, la irrupción del fascismo italiano en el poder provocó su clausura y la persecución brutal de sus editores, incluido el propio Malatesta. Reapareció posteriormente en el exilio e incluso en la posguerra mundial. Ha continuado publicándose, aunque con interrupciones, como órgano de la Federazione Anarchica Italiana (FAI), y su archivo permite comprobar la evolución compleja del movimiento anarquista italiano frente al fascismo, republicanismo y el neoliberalismo actual.

Dielo Truda (Europa, exilio ruso)

Revista que salió a la luz por primera vez en París a finales de 1925, editada por anarquistas rusos como Néstor Mahkno, Gregori Maksímov o Ida Mett que estaban exiliados tras la experiencia revolucionaria colectivista de Ucrania barrida por el Partido Bolchevique. Fue una publicación bimensual clave para revisar la revolución rusa y la guerra civil desde una perspectiva anarquista, que acabaría concluyendo sobre la necesidad de una mejor unidad estratégica e ideológica. Su contribución más relevante fue la Unión General de Anarquistas, una plataforma que quería corregir las desviaciones que impidieron hacer frente organizativamente a la URSS burocratizada, analizando el papel de los sóviets y la autonomía obrera. Tuvo un impacto doctrinal profundo que ha dado como resultado la corriente plataformista, con gran proyección en la actualidad. Tras la muerte de Néstor Makhno, cambió su sede a Chicago, donde se publicaría hasta 1939, fusionándose después con una revista anarcosindicalista, publicada hasta 1950 por Gregori Maksímov.

Black Flag (Reino Unido)

Periódico fundado en 1970 por Albert Meltzer y, sobre todo, Stuart Christie, figura clave del anarquismo británico, vinculándose desde sus inicios a corrientes insurreccionalistas y de apoyo a presos anarquistas internacionales. Tenía un tono directo y combativo, dedicándose a cubrir luchas obreras, antifascistas y anticarcelarias en el Reino Unido y otros países. Su contenido combinaba el análisis e investigaciones políticas con campañas de solidaridad internacional, fundamentalmente de la «Cruz Negra Anarquista». Jamás fue un periódicos de masas, pero un referente relevante en la militancia juvenil anarquista autónoma. Ha tenido varios periodos de interrupción de su publicación sin continuidad hasta el día de hoy, su legado pervive como referencia histórica y política del anarquismo británico, influyendo culturalmente en generaciones posteriores del anarcopunk, el autonomismo anglosajón y en proyectos editoriales afines.

Todo Por Hacer (Madrid)

Humildemente nos colocamos al final de esta lista porque todo tiene un fin… nacimos en el contexto de la huelga general del 2010, y como publicación periódica anarquista en papel ininterrumpidamente durante quince años hasta la actualidad desde febrero de 2011. Queríamos ser un periódico independiente, gratuito y accesible más allá de la militancia anarquista, de análisis y crítica social desde Madrid, donde estábamos enraizados en los movimientos sociales. Creemos haber representado una nueva generación de medios anarquistas no vinculados a estructuras orgánicas tradicionales, y combinando la investigación periodística con las crónicas de la lucha social desde enfoques antipunitivistas, feministas, ecologistas y, por supuesto, anticapitalistas y de clase. Apoyados en redes autónomas de centros sociales, colectivos y suscripciones en España, Europa y América, nos sumamos al acceso digital sin perder la esencia del periódico mensual en papel.

Aunque de tirada modesta, sabemos que hemos llegado a multitud de espacios militantes y hemos logrado ser altavoz de luchas tanto locales como internacionales. Nuestro archivo digital quedará para quien quiera utilizarlo de referencia en las luchas actuales, y las que están por venir, que el anarquismo estratégicamente deberá abordar. Otros proyectos continúan o nacen nuevos, y es que para que algo surja y tome fuerza abriendo brechas, en ocasiones, hay que dejar morir lo viejo. Todo está aún por hacer, pero nos sabemos felices de haber aportado también cada mes nuestra tinta a este hilo negro de letras revolucionarias.

¡Hasta la victoria del comunismo libertario, siempre!

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16 segundos y tres disparos: Manifestaciones y arrestos tras el fallecimiento de Renee Good a manos de ICE

Por: Paula Gonzalo

La indignación continúa en las calles de Mineápolis tras el fallecimiento de Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años, abatida por los disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El incidente tuvo lugar en una zona de alta actividad comercial inmigrante, a menos de dos kilómetros del sitio donde  George Floyd falleció en 2020.

Numerosos medios de comunicación han analizado los vídeos ciudadanos y las grabaciones de seguridad para entender los hechos. Estos vídeos nos muestran distintas perspectivas, ofreciendo imágenes precisas frente a la versión de «defensa propia» esgrimida por el gobierno federal. Las manifestaciones de indignación no han cesado desde entonces.

Mientras la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem, y el presidente Donald Trump han calificado el acto como «defensa propia» frente a una amenaza de «terrorismo doméstico», las autoridades locales mantienen una postura crítica. El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, ha solicitado formalmente el cese de operaciones de ICE en la ciudad y ha respaldado las peticiones en el Congreso para una investigación independiente.

La organización ciudadana Unicorn Riot (@UR_Ninja) —nacida tras las protestas por el asesinato de George Floyd—, nos muestran como la documentación vecinal es fundamental para la fiscalización de las agencias de seguridad. Unicorn Riot continúa publicando hilos de vídeo en su cuenta de X (@UR_Ninja) y de Instagram.

Este caso se suma a una lista creciente de muertes vinculadas a operativos del ICE, lo que ha llevado a organizaciones de derechos humanos a exigir una revisión de los protocolos de intervención en zonas urbanas. La muerte de Good es vista por los manifestantes no como un hecho aislado, sino como parte de una política de «tolerancia cero» que prioriza la fuerza sobre la desescalada.

11 de enero de 2026 se documentó el arresto de un manifestante de edad avanzada tras ser atacado con bolas de pimienta por agentes federales. El vehículo del manifestante fue confiscado y remolcado en un operativo captado por testigos.

El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, tras revisar la evidencia disponible, ha solicitado formalmente el cese de operaciones de ICE en la ciudad y apoya una investigación independiente en el Congreso.

Si quieres estar informado, puedes consultar la cronología de los hechos tras las etiquetas: #ReneeNicoleGood y #MinneapolisShooting.

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Estamos perdiendo el fotoperiodismo de calidad

Por: Gabriel Jaraba

Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catalán aquí.

Los lectores de los diarios se alarman cuando advierten que una imagen ha sido modificada con algún retocador o incluso con inteligencia artificial. Los defensores del lector de algunas cabeceras ya han tenido que hacer advertencias al respecto a sus redacciones. Pero mientras tanto se nos ha colado un enemigo peor para la fotografía periodística: la práctica desaparición del fotoperiodismo de impacto y calidad de las páginas de los diarios y de los sitios web.

El lector atento que siga ahora los medios informativos verá muchas ilustraciones, pero muy pocas fotografías periodísticas. Es decir, que capten un instante de la actualidad de manera que expliquen de un vistazo lo que está pasando y si es posible vayan un poco más allá, situando el hecho en su contexto y añadiendo elementos humanos que aporten sentido a lo mostrado. Muchas imágenes chatas, de circunstancias, de las que muy pocas aportan los valores mencionados y que a menudo están producidas en circunstancias muy desfavorables, condicionamientos impuestos desde el exterior del medio y los intereses de los lectores.

Lo que publican ahora los medios no es fotoperiodismo sino ilustración editorial, y hay una diferencia entre uno y otra. Paradójicamente, nunca la tecnología había posibilitado tanto la técnica fotográfica y he ahí que vemos al periodismo fotográfico encogerse de un modo difícil de imaginar hace pocos años. El scroll continuo y la rudimentaria estructura en el diseño informativo de los sitios web no representa precisamente un medio favorable a la presencia de un fotoperiodismo impactante.

¿Exageramos si decimos que no hay fotoperiodismo? Siempre es arriesgado hacer afirmaciones taxativas de este tipo, de manera que argumentaremos las razones. Por una parte, las políticas informativas y editoriales de los medios actuales no favorecen el fotoperiodismo pues confunden éste con la toma de imágenes sensacionales y las rutinas informativas tampoco lo hacen: hay que trabajar rápido y barato. Por otra, no se siente la necesidad de un compromiso, por parte de los medios, con la capacidad de la imagen para dar cuenta de la realidad de un modo que vaya directo a la mente del público y no se limite a ilustrar la noticia sino a erigirse autónomamente en noticia por sí misma.

Hay fotoperiodismo en las grandes agencias internacionales o en muestras como Visa pour l’image pero no en los medios que sirven diariamente a nuestros lectores. No hay que echar la culpa en este caso a los avatares tecnológicos, a la apropiación de la red por las grandes compañías o a la dificultad de percibir nuevas tendencias: una foto periodística sigue siendo un testimonio de primera magnitud que habla por sí mismo, interesa a los lectores y aporta calidad al medio que la publica.

El fotoperiodismo de calidad ha sido un logro de los profesionales y las empresas que tuvieron la voluntad de mejorar los medios para explicar el país. En los años 50 y 60 cuatro fotógrafos en toda Barcelona cubrían la información diaria y la suministraban a los diarios de manera general y uniforme. Formaban un pool avant la lettre con una sindicación peculiar que ponía al alcance de los medios una fotografía de actualidad que cada uno de ellos no hubiera podido pagar por sí mismo. Aseguraban al régimen una domesticación profesional que no superase los límites y mantenía un cerco profesional que impedía el acceso a los diarios a otros fotógrafos al margen de estos intereses. Gentes como Xavier Miserachs, Oriol Maspons o Colita no podían acceder a la prensa diaria y construyeron un fotoperiodismo del futuro y tardaron años en hacerlo.

Contra esta situación la nueva prensa democrática creó las secciones de fotografía –inexistentes hasta la fundación de El Periódico— que aportaron un periodismo informativo de calidad. Debemos a la creatividad y coraje de Carlos Pérez de Rozas y Antonio Franco, con Pepe Encinas y Carlos Bosch Foggia, esta mentalidad renovadora, ellos fueron los autores de la ruptura con la precariedad previa, sin sospechar que les sucedería la marcha atrás actual. Ahora ya no hay gente como Pepe Baeza o Pedro Madueño al frente de la edición fotoperiodística en la prensa barcelonesa.

Con la celebración de los Juegos Olímpicos los lectores de los diarios barceloneses comprobaron cómo el periodismo recogía como nadie la fuerza de un sentimiento popular. Pero la aportación de los nuevos fotógrafos fue más allá, pues educaron visualmente a la ciudadanía de un modo que no se había hecho antes. La diferencia entre la ilustración y la fotografía es que esta enseña a mirar, porque conlleva una actitud crítica y una intención artística; la primera no, porque es de naturaleza instrumental y no interpela ni a lo que se muestra ni a quien se muestra.

Esto pudo ser porque los fotoperiodistas catalanes habían hecho el trabajo de educar visualmente al público asumiendo el trabajo de realizar una crónica cotidiana, directa y contundente de los cambios que se estaban produciendo en el país. El amable lector recordará la foto que fue el pistoletazo de salida de este cambio de era: la imagen de los manifestantes pidiendo la amnistía en febrero de 1976 sentados en el suelo mientras eran golpeados por la Policía Armada, tomada por Manuel Armengol, en la que destacaba Ferran García Faria, ya mayor, con barba blanca y jersey. También la protesta feminista en la Rambla con el cartel «Yo también soy adúltera», de Colita, o las imágenes de los militantes de Fuerza Nueva pidiendo el regreso del franquismo, de Carlos Bosch Foggia.

Hoy día las condiciones actuales de trabajo en la prensa y la tendencia de sus líneas informativas no favorecen el fotoperiodismo. No exageramos: véase cómo la infografía ha desaparecido completamente de las páginas de los medios; por la laboriosidad de su confección, por la necesidad de especialistas bien pagados, por la creencia de que por el hecho de ser prescindible no afecta la comercialidad del producto. Lo mismo que pasó con la infografía está pasando con el fotoperiodismo.

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Nuestra plusvalía

Por: Sara Aparicio Pinto

Pikara Magazine ha cumplido 15 años y es un hito. Nadie imaginó ni soñó la dimensión de un proyecto que empezó con una pregunta, “¿y por qué no montas una revista?”. Se montó y es un proyecto precioso en el que trabajar -en el que elegimos trabajar-, pero no podemos negar que se sostiene a costa de salarios bajos y horas de más. Aquí no hay una junta empresarial beneficiándose, pero también hay que reconocer que el público hace tiempo que dejó de valorar la información como algo por lo que hay que pagar.

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Alba Riera: “Tal y como está el patio, la neutralidad es peligrosa”

Por: Laura Aznar

Esta entrevista se publicó originalmente en ‘Crític’. Puedes leerla íntegra en catalán aquí.

El mítico «una cosa, queridas», de la comunicadora Alba Riera (Barcelona, 1991), ya se ha convertido en una de las cuñas más reconocibles del ecosistema mediático de Cataluña. Así arranca cada semana La Turra, de 3Cat. De pequeña, Riera se fijaba en Mari Pau Huguet y soñaba con presentar su propio programa, pero fue con el boom de los pódcasts cuando empezó a abrirse camino en el mundo de la comunicación. Hoy lidera uno de los programas en catalán más escuchados en Spotify. Con ella hablamos de periodismo, de neutralidad e ideología, de las críticas a los medios públicos y de los retos que tiene por delante la profesión.

¿De dónde sale Alba Riera?

Mi familia de parte de padre es del Poblenou de toda la vida, y la de parte de madre venía de Murcia y de Andalucía. Esto me haría charnega, supongo. He vivido la mitad de mi vida en la Sagrada Família y, desde los 14 años, en el Poblenou. Son barrios a los cuales siempre he estado muy vinculada, porque soy de una generación en la que no existía Internet, y creo que esto nos ofrecía mucha más posibilidad de hacer red. Tener las raíces tan ligadas al barrio, a los amigos, a la familia, me ha convertido en una persona muy nostálgica. Idealizo mucho el pasado y muy poco el futuro.

¿La etiqueta ‘charnega’ te interpela?

Entiendo que existiera, pero actualmente dudo que tenga mucho sentido. Hicimos un episodio en La Turra que precisamente era sobre el charneguismo y buscamos a personas que pensaban de manera parecida, porque no queríamos polarizar todavía más las opiniones. Y, aun así, en este punto –que al final es el de la identidad– todavía se generaba conflicto. Yo creo que es un tema muy emocional, que despierta mucha pasión, y por eso fue un episodio que llevó muchísima polémica.

¿Por qué crees que todavía despierta pasiones?

A mí me es muy difícil separar el concepto charnego de un marco identitario nacional. Si hubiéramos polarizado todavía más las opiniones, habría sido muy fácil caer en una cosa reduccionista del tipo “Catalunya contra España”. Y yo creo que tampoco va de esto. Pero sí que me genera un poco de escozor el hecho de que, cuando se habla de charneguismo, gente que se siente charnega no acepte la cuestión de la identidad nacional.

Hablemos de tu familia paterna. Tú eres hija de Carles Riera, que fue diputado de la CUP en el Parlamento de Catalunya. ¿Te ha condicionado de alguna forma el hecho de que tu padre fuera conocido por su vinculación a este partido?

El tipo de contenido que hago claramente viene dado porque vengo de un contexto familiar donde ha habido ciertos temas de los que se ha hablado siempre, y quizás sí que he tenido una aproximación cultural y política determinadas por este hecho. Pero esto le pasa a todo el mundo. En mi caso, ser hija de Carles Riera, teniendo en cuenta el Procés y la implicación que él tuvo en esta etapa de Catalunya, como mucho puede haber hecho que mi nombre llamara más la atención en algunos contextos muy concretos. Aun así, tener un padre político –además, en un partido que no está en el poder– también puede comportar cosas negativas. Al final, todos tenemos una ideología, y dedicarse al periodismo dejando esto aparte, para mí, es imposible. Entonces, creo que la gente ya presupone dónde me sitúo yo políticamente a partir del trabajo de mi padre. Dependiendo del momento político, no sé si esto me suma o me puede restar.

Estudiaste Psicología, pero en un momento determinado diste el salto a la comunicación. ¿Cómo fue este proceso?

El periodismo y la comunicación siempre me han gustado mucho. De pequeña jugaba a ser presentadora, porque me encantaban Mari Pau Huguet y Julia Otero: yo quería ser ellas. En la escuela pedía presentar los actos, en plan los Juegos Florales. Y en la universidad me ofrecía para hacer las presentaciones orales de los trabajos, que era una cosa que nadie quería hacer. Todo el mundo tenía claro que estudiaría Periodismo, pero murió mi madre, y eso fue un trago muy heavy. Entré en un estado de tristeza muy profunda. Existe el tópico según el cual la gente que estudia Psicología es gente que tiene problemas, y claramente no es cierto. Pero, en mi caso, fue así. Con el tiempo, recuerdo despertarme de aquella fase, empezar a estar mejor y preguntarme: “¿Qué cojones hago aquí?”

Pero acabaste la carrera.

Evidentemente, porque somos de aquella generación que, si empiezas una carrera, la acabas. Pero, paralelamente, me busqué la vida: hice un posgrado de Comunicación e Industrias Creativas y también cursos y másteres de radio y televisión. Y a partir de aquí, con cero síndrome de la impostora, empecé a invitarme a todas las fiestas y a escribir a gente que tampoco conocía mucho. Ahora lo miro con distancia y pienso quién coño me creía que era, pero es que tenía súper claro que aquel era mi camino, y lo hice desde la inocencia, el desconocimiento del sector y, por lo tanto, sin apriorismos.

Era el momento del boom de los podcasts.

Yo vi en este formato una cosa que no detectaba en los medios convencionales: que a las presentadoras no les daba miedo tener un discurso propio y marcar mucho las líneas editoriales. Creo que esto es lo que nos hizo un poco reconocidas a algunas. Después, pasó una cosa que a mí me parece paradójica: cuando te proponían otros trabajos fuera de la burbuja del podcast, lo hacían para beneficiarse de la audiencia que habías conseguido. Pero, al mismo tiempo, al aceptarlas, tenías que rebajar tu discurso político, tu ideología. ¡Hombre, pero es que entonces perdemos nuestro público!

Neutralizar no tiene ningún tipo de gracia. Además, tal como está el patio, creo que utilizar la palabra “neutralidad” es peligroso. A mí me parece muy difícil explicar el mundo sin una implicación emocional e ideológica. De hecho, es imposible; todo el mundo tiene una ideología, a pesar de que solo se señale una muy concreta.

En este sentido, el periodista Jesús Rodríguez dice que no hay mayor activista, en el ámbito de los medios, que el conde de Godó.

Efectivamente. Pero es que, además, tú puedes tener una ideología muy marcada y, a la vez, como periodista, saber defender un debate donde es enriquecedor que haya personas que piensen diferente y que puedan discutir. Esta es la apuesta de La Turra. Veníamos de un momento en que, sobre todo por parte de las izquierdas, había un poco la sensación de “no me interesa hablar con alguien que piense diferente”. Creo que es un error. También, trabajando en un medio público, creo que tengo la responsabilidad de que el programa que hacemos sea tan representativo como sea posible de la realidad. Y esto vale para las personas, pero también para los temas. No nos tiene que dar miedo abrirnos en ciertos debates, los cuales, además, muchas veces, sirven para reafirmarnos.

¿Qué análisis haces de la situación en que se encuentra el sector ahora mismo?

Hay una parte del periodismo que es muy vocacional, y esto es una putada, porque entras con unas expectativas y la realidad es la de un sector muy precario, con pocas oportunidades, mucha temporalidad, muchos autónomos y un largo etcétera. Y está también el tema de los creadores de contenido y de los influencers…

Andrea Gumes y Anna Pacheco decían en una entrevista en CRÍTIC que, para tener espacio en los medios tradicionales, a veces, la vía más fácil es hacerse influencer.

Creo que no hemos conseguido encontrar un equilibrio en esto. Hay gente que sale de las redes que es buenísima comunicadora y que claramente se tiene que dedicar a ello, pero una cosa es hacer contenido y otra es saber hacer un guion, hacer reportajes, presentar un programa y defender el método periodístico. Hay muchos programas que se están pensando para influencers, y esto resta pasta y oportunidades a periodistas y a otros tipos de formatos. Tengo dudas de que el camino que tengan que seguir los medios sea, por un lado, apostar por caras muy conocidas, porque pueden ser un reclamo; y por otro, que los nuevos perfiles sean solo personas que salen de las redes sociales.

Tú llegaste a 3Cat en un momento en que se anunció la voluntad de “despolitizar una parte de la parrilla“. ¿Qué te parece esto?

Yo creo que es insostenible a largo plazo. Quizás respondía a un contexto político concreto, pero a mí me da la sensación de que ahora, precisamente, tenemos la necesidad de contenidos reflexivos que salgan de las lógicas rápidas de los reels. El mundo se está cayendo a trozos, estamos en un punto tan crítico que lo que necesitamos es pensar un poco, y siento que se darán cuenta de que despolitizar los medios públicos es un error. A muchos entes les dan miedo los escenarios que vienen, y yo confío en que, ante el miedo, en lugar de la anestesia, se genere una reacción de fuego. Y esto pasa por pedir contenidos atrevidos.

También hay una crítica a los medios públicos, que es esta supuesta tendencia hacia la españolización. ¿Hasta qué punto crees que es real?

Mira, cuando en La Turra hicimos el episodio sobre la catalanofobia, hubo una polémica con el título del capítulo. Veníamos de un verano marcado por el sketch de Esas Latinas y la heladería argentina, y la pregunta que nos planteábamos era si el catalán era discriminatorio. Está claro que no puede serlo, en cuanto lengua discriminada. De hecho, uno de los pilares del programa es la defensa de la lengua y la cultura catalanas, que están minorizadas y oprimidas. Lo que hacíamos era recoger una pregunta que alguna gente se planteaba y que había motivado muchos artículos aquellos meses. Estoy de acuerdo en que no estuvimos acertadas con el título; pero, para mí, la reacción que hubo evidenciaba un malestar real que, en aquel momento, personificamos nosotras. La gente está muy preocupada y muy encendida con este tema, y si esto está pasando, debe de ser por algún motivo. La situación del catalán es crítica, está en peligro y no hay una sensación de defensa por parte de las instituciones. Si, además, alguna gente percibe que los medios públicos cada vez son más laxos con esta situación, es normal que esto genere un cóctel Molotov.

¿Cuál dirías que ha sido La Turra más complicada de hacer?

Te diré la que a mí me dio más miedo, la que fue más complicada y la que ha sido más dura. La que a mí me dio más miedo hacer fue la de las masculinidades, porque tenía dudas sobre si se tenía que hacer. Aquí el equipo fue muy importante: nos animamos mucho las unas a las otras para perder el miedo a confrontarnos con personas que piensan diferente. Es cierto que chirriaba un poco ver una mesa de cuatro pavos más una entrevista a un quinto, pero sí que creo que en el feminismo existe esa incomodidad de decir: “Vosotros, chavales, ¿qué esperáis? Espabilaos un poco”. Necesito entender qué les pasa por la cabeza y por qué, a pesar de que cada vez hay más tíos supuestamente aliados, nos seguimos sintiendo solas. Por qué, ante los casos de acoso, hay un silencio absoluto por parte de nuestros compañeros hombres. Yo sabía que la imagen era impactante, que podía ser cuestionable y que es muy lícita la pregunta de si tenemos que dar más micros a los hombres. Pero al final pensamos que, si alguien podía tratar este tema, era La Turra, y que, además, podía hacerlo bien.

¿Y cuál ha sido la más complicada y la más dura?

La más dura iba sobre Palestina. En este caso, no había debate: lo que está viviendo la población palestina es un genocidio. Fue el episodio que teníamos que hacer con más urgencia y el que me generó más impotencia, porque fui muy consciente de los límites que tenemos como periodistas. Tenemos que hablar, pero poca cosa más podemos hacer. Y el más difícil fue el de las clases sociales. Fue la primera vez que yo, como presentadora, tuve que moderar una mesa que se exaltó. Hubo una persona que atacó verbalmente a otra, y yo tuve que controlar aquella situación. A partir de ahí hubo un antes y un después en La Turra, pero también por mí, porque perdí el miedo a que esto pudiera pasar.

¿Cómo llevas las críticas?

Sobre todo Alba Muñoz [coordinadora de contenidos de La Turra] me ha ayudado a entender que forman parte de nuestro trabajo y que son buenas. Si nosotros hacemos un programa para generar debate, lo que yo no puedo hacer después es enfadarme cuando esto pasa. Es contradictorio. Además, si no recibiéramos críticas, querría decir que estamos haciendo cosas despolitizadas y neutrales. Pero al principio las llevaba fatal. También soy muy autoexigente y, cuando eres así, una crítica te puede destrozar. La polémica con el titular de la catalanofobia, por ejemplo, en otro momento a mí me habría hundido. En La Turra, he tenido mucho el síndrome de la impostora, porque empecé de la mano de Andrea [Gumes], a quien admiro muchísimo profesionalmente. Ir con ella era perfecto, porque sentía menos presión a la hora de demostrar que yo podía defender aquel programa. Hacerlo sola también me ha ido muy bien para autodemostrarme que soy capaz. Es extraño, porque empecé en el mundo de la comunicación teniendo cero síndrome de la impostora y siendo la más chula; pero, cuando estás, te das cuenta de la responsabilidad que representa tener un micro, que quiere decir tener poder. Por lo tanto, tenía que estar a la altura. Y hay críticas muy necesarias, que se tienen que escuchar. También he aprendido a discernir cuándo son una escopinada y cuándo tienen sentido.

Decías en una entrevista en El País que es importante “ofrecer un espacio que no tiene miedo de mostrar opiniones contrarias, pero esto no quiere decir que no tengamos líneas rojas”. ¿Cuáles son las líneas rojas de La Turra?

Me haces la pregunta en un muy buen momento. Nuestras líneas rojas son los fascistas y la extrema derecha, es decir, los representantes de esta ideología. Ahora bien, creo que hay una realidad, que es el interés de los jóvenes respecto a este fenómeno. Las izquierdas tienen que hacer autocrítica, porque en muchos temas que son de urgencia social, como la vivienda, el feminismo, la crisis climática y un largo etcétera, estamos fracasando. Nos hemos fragmentado y diluido en muchos subtemas, como si tenemos que comer huevos de gallina, que nos han despistado un poco del foco, del que era urgente defender. El resultado es que hay gente que se consideraba de izquierdas, pero que está comprando el marco de la derecha y la extrema derecha. Desde La Turra, empezamos a preguntarnos si quizás tenemos que dejar de hacer ver que esto no está pasando y plantear un debate al cual vengan estos perfiles para entender por qué están haciendo este proceso. Evidentemente, tendría que haber una confrontación con la gente joven que sigue convencida de que la izquierda es el camino.

¿Y no se puede abordar esta cuestión sin llevar estos perfiles?

Estamos en entredicho todo el rato. No es nada que hayamos decidido. Pensamos que, potencialmente, podría servir para reafirmarnos en las otras posturas. A mí me encantaría ver a alguien que, desde la izquierda, le diga a un futuro fascista al que le han comido la cabeza que ha caído de bruces. Y querría ver que tú, como espectadora, pensaras: “pues sí, es un pringao”. Pero no sé si esto es lo que pasaría, y creo que hacer este debate implica asumir un riesgo grande. Lo que tengo muy claro es que, como periodistas, tenemos que ser muy responsables con la manera en que lo tratamos, pero lo tenemos que tratar. Con mucha responsabilidad, pero también con mucha decisión y con mucho fuego. Antes, cuando hablábamos de las izquierdas, además de habernos perdido en subdiscursos, pienso que también ha faltado garra, primera línea y calle.

El guionista y humorista Marc Sarrats dice que a la izquierda le falta chusma.

Nos falta 100%. Nos falta más mala hostia y nos sobra cobardía. Tenemos que tener mucho menos miedo. Necesitamos gente que entienda las lógicas de Internet y que no se esté por hostias. Todo se tiene que enmarcar en el contexto político, y ahora mismo nos hace falta determinación, gritar, levantarnos. Con la crisis de la vivienda, lo que tienen que decir las izquierdas es que todo el mundo a la calle hasta que bajen los alquileres. Estas tienen que ser las consignas de los políticos ahora mismo, para mí. La izquierda necesita mala hostia, chusma –como dice Marc– y nervio.

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