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Monetizar

Por: Pepe Galindo

Lee estos retos asequiblesEs una palabra de moda, aunque seguro que se practicaba incluso antes de inventar las monedas. Todo se quiere monetizar: desde el odio a los inmigrantes hasta la crisis climática (mediante aseguradoras y compensaciones de emisiones), pasando por las zonas protegidas (con caza y turismo) y el apagón de España.

Algunos humanos tienen la obsesión de intentar convertir en dinero cualquier cosa. Si publican fotos o vídeos, quieren cobrar como influencers (mejor en Andorra para pagar menos impuestos, aunque no renuncien a los servicios públicos de España: hospitales, aeropuertos…). Los que escriben ansían publicar libros para ganar mucho. Si cantan, quieren vender canciones. Si pintan, querrán vender cuadros. No todo tiene precio.

Las instituciones también caen en este error. En una zona turistificable, hay que maximizar el negocio sin medir si nuestra gente malvive explotada por la industria turística. Sabemos que el turismo es un negocio que no enriquece a una región, sino que la somete. Ahí están Canarias y Andalucía, destinos entre los más visitados del mundo y, a la vez, también están entre las comunidades más empobrecidas del país.

No es malo intentar ganar dinero. El problema es no pensar en las consecuencias. Y también obsesionarse bajo el influjo de gurús y emprendedores que te digan que «conseguirás todo lo que te propongas», aunque para ello tengas que amargarte la vida como inversión. Emprender está bien, pero es justo reivindicar el placer de actuar sencillamente por algo que pensamos que debe ser hecho. Sin esperar recompensa (al estilo karma yoga).

Hace unos días participé en una plantación de árboles organizada por voluntarios de WWF en Málaga, por la Universidad de Málaga y por el Ayuntamiento de Mijas. Los que fuimos hasta la Sierra de Mijas no pensamos en ganar dinero plantando algarrobos, acebuches, lentiscos y encinas. La mayoría eran jóvenes estudiantes universitarios que, seguramente, no volverán a aquel paraje para disfrutar de los árboles plantados. Es decir, hay personas —muchas de ellas jóvenes— comprometidas con el medioambiente y con hacer cosas que no se van a monetizar. Que sirvan de ejemplo.

De ahí que merezca la pena cuidarse de las obsesiones, para no perdernos, por su culpa, las mejores partes de la vida. Si te gusta escribir, escribe —y publica—; mucho mejor sin pensar en monetizar. Pinta como si no quisieras vender tu obra y baila como si nadie te estuviera mirando. Que nadie compre tu libertad.

♦ No te vayas sin leer algo más:

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Lee estos retos asequibles

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Por: Pepe Galindo

Lee estos retos asequiblesEs una palabra de moda, aunque seguro que se practicaba incluso antes de inventar las monedas. Todo se quiere monetizar: desde el odio a los inmigrantes hasta la crisis climática (mediante aseguradoras y compensaciones de emisiones), pasando por las zonas protegidas (con caza y turismo) y el apagón de España.

Algunos humanos tienen la obsesión de intentar convertir en dinero cualquier cosa. Si publican fotos o vídeos, quieren cobrar como influencers (mejor en Andorra para pagar menos impuestos, aunque no renuncien a los servicios públicos de España: hospitales, aeropuertos…). Los que escriben ansían publicar libros para ganar mucho. Si cantan, quieren vender canciones. Si pintan, querrán vender cuadros. No todo tiene precio.

Las instituciones también caen en este error. En una zona turistificable, hay que maximizar el negocio sin medir si nuestra gente malvive explotada por la industria turística. Sabemos que el turismo es un negocio que no enriquece a una región, sino que la somete. Ahí están Canarias y Andalucía, destinos entre los más visitados del mundo y, a la vez, también están entre las comunidades más empobrecidas del país.

No es malo intentar ganar dinero. El problema es no pensar en las consecuencias. Y también obsesionarse bajo el influjo de gurús y emprendedores que te digan que «conseguirás todo lo que te propongas», aunque para ello tengas que amargarte la vida como inversión. Emprender está bien, pero es justo reivindicar el placer de actuar sencillamente por algo que pensamos que debe ser hecho. Sin esperar recompensa (al estilo karma yoga).

Hace unos días participé en una plantación de árboles organizada por voluntarios de WWF en Málaga, por la Universidad de Málaga y por el Ayuntamiento de Mijas. Los que fuimos hasta la Sierra de Mijas no pensamos en ganar dinero plantando algarrobos, acebuches, lentiscos y encinas. La mayoría eran jóvenes estudiantes universitarios que, seguramente, no volverán a aquel paraje para disfrutar de los árboles plantados. Es decir, hay personas —muchas de ellas jóvenes— comprometidas con el medioambiente y con hacer cosas que no se van a monetizar. Que sirvan de ejemplo.

De ahí que merezca la pena cuidarse de las obsesiones, para no perdernos, por su culpa, las mejores partes de la vida. Si te gusta escribir, escribe —y publica—; mucho mejor sin pensar en monetizar. Pinta como si no quisieras vender tu obra y baila como si nadie te estuviera mirando. Que nadie compre tu libertad.

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La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

Por: Pepe Galindo

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

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La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

Por: Pepe Galindo

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

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Lo negarán hasta cuando lo vean

Por: Pepe Galindo
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

♦ Más sobre (de)crecimiento:

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Lo negarán hasta cuando lo vean

Por: Pepe Galindo
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

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Proyecto AVIN: conservar nuestras golondrinas, aviones y vencejos (aves insectívoras)

Por: invitadoespecial

Aitor Mora Solano, @proyectoavin

Golondrina en vueloEl Proyecto de Conservación AVIN busca la protección de las especies de golondrinas, aviones y vencejos de manera local, en nuestros pueblos. Nació como una pequeña idea de activismo ante una situación que empieza a ser común en las aves ligadas a medios agrícolas y urbanos: un descenso acusado en sus poblaciones. Por ejemplo, la golondrina común ha sufrido un declive del 30% en la última década.

En 2014 se declaró a esa especie Ave del Año por la organización SEO/Birdlife, y fue entonces cuando surgió el proyecto. Gracias a la difusión que le dio Nicolás López, responsable de la conservación de especies amenazadas en la ONG, llegó a otros lugares de España. Tras casi dos años después de su publicación, hemos llegado a 9 provincias: Huesca, Zaragoza, Segovia, Ávila, Ceuta, Sevilla, Cáceres, Madrid y Castellón. Y somos 13 personas las que luchamos por la conservación de estas aves en el proyecto.

Durante el primer año nos centramos en desarrollar los aspectos más importantes del proyecto, que se resume en cuatro líneas de actuación:

  1. Evitar la destrucción de sus nidos. La difusión y concienciación son los aspectos más importantes que se pueden realizar para proteger estas aves, porque existe una gran indiferencia generalizada sobre las leyes que protegen estas aves y la importantísima labor insecticida que realizan.Cajas nido para golondrinas, vencejos o aviones comunes.
  2. Proporcionar lugares adecuados para anidar. Se incluye cualquier actuación con el fin de facilitar la reproducción de estas aves, como por ejemplo colocar nuevos nidos.
  3. Seguimiento de poblaciones. Para conservar cualquier especie es necesario saber su tamaño poblacional y la tendencia de esta a lo largo del tiempo. También es importante recopilar información sobre su fenología (relación con el clima), que posteriormente se manda a SEO.
  4. Recuperar y liberar pollos caídos. Los pollos que nos encontramos son recuperados hasta que finalmente se pueden liberar. No somos ningún centro de recuperación, por lo que este trabajo es exclusivo de cada persona.

Con el poco tiempo que llevamos con el proyecto hemos conseguido muchas cosas, como por ejemplo:

  • Estamos realizando un importante trabajo de difusión en ciudades como Zaragoza donde en prácticamente todos los edificios con nidos se ha dejado una carta informando de su estatus legal.
  • El ayuntamiento de Binéfar (Huesca) ha aceptado el proyecto editando mil folletos repartidos en el pueblo, y dando la oportunidad de dar charlas en la “Semana de la Sostenibilidad”.
  • También se han impartido varias charlas en colegios de educación primaria y se está colaborando con el instituto IES Sierra de San Quílez (Binéfar) elaborando un proyecto de fabricación de cajas nido para vencejos.
  • Se consiguió que una empresa instalara cuatro nidos de avión común tras su derribo en unas obras de rehabilitación.
  • También hemos terminado los primeros censos de avión en la comarca oscense de La Litera (2.966 parejas en 2016) y en la ciudad autonómica de Ceuta (unas 50 parejas).

En resumen, es muy fácil movilizarse y hacer algo por ayudarlas. Creemos que gente con ganas de hacer cosas, pueden hacerlas. Y todo el que se quiera unir con nosotros será bien recibido.

Escribidnos a:   proyectoconservacionavin@gmail.com

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HERMENEUS: Un proyecto de consumo responsable

Por: Pepe Galindo

Actualmente, el gran volumen de intermediación que existe en el sector de la alimentación hace que los pequeños productores independientes se encuentren en una posición de debilidad. Estos productores ven cómo se agranda cada vez más la brecha entre el precio que ellos cobran por los productos y su precio final en los comercios (aplicando márgenes por encima de un 1000% a alimentos cotidianos). Además, una incorrecta gestión de la logística y el transporte, conlleva un daño medioambiental mayor del que podemos imaginar.

El Consumo Responsable es una forma de consumir pensando en lo que ese consumo conlleva, tanto para la naturaleza como para la humanidad.

Hace más de un año se puso en marcha el proyecto hermeneus.es que fomenta la concienciación hacia la necesidad de cuidar el medioambiente y la economía local, mediante un consumo sostenible. Hermeneus.es, a través de su plataforma web, facilita herramientas de comunicación y comercio electrónico a los profesionales del sector de la alimentación para generar un mercado transparente, en el que productor y consumidor están en contacto directo.

Hermeneus.es pone en contacto a profesionales de la alimentación y consumidores por toda la península. De esta forma el consumidor sabe dónde se han producido los alimentos que consume diariamente, y la trazabilidad de los mismos hasta su origen. Al no haber ningún intermediario ni comisiones por venta en las operaciones, se evita que se incremente el precio final de los productos.

Por otra parte, al incentivar el consumo local, las rutas de los transportistas se acortan, por lo que se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Hermeneus cuenta con 5 compromisos sociales, que constituyen los pilares sobre los cuales se basa su actividad:

  • Apoyar al comercio local.
  • Generar información transparente y neutral.
  • Minimizar las emisiones de CO2.
  • Mejorar hábitos y costumbres alimentarias.
  • Favorecer el acceso a nuevas tecnologías y potenciar el desarrollo rural.

El proyecto ha tenido muy buena acogida. Cuenta ya con más de 8.000 usuarios registrados, y más de 130 profesionales de la alimentación, cada uno ofreciendo diferentes productos desde verduras, frutas y hortalizas, hasta queso o jamón, pasando por aceite de oliva, o miel. Esperemos que cada vez más personas sean conscientes de la importancia de practicar un consumo que, además de apoyar a los productores locales, fomente unas prácticas más justas para estos profesionales y más beneficiosas para el medioambiente. Podéis encontrar más información en su web: www.hermeneus.es.

Hermeneus no es una ONG, ni cobra comisiones por las ventas. Los profesionales pagan una cuota fija de 25 euros mensuales, para acceder a todas las herramientas de comunicación, promoción y venta. El beneficio que obtenga cada profesional es íntegramente suyo.

Iria González, hermeneus.es

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Obsolescencia Programada: Consumir, desechar y destruir

Por: invitadoespecial

Rafael Toro Ruiz (@RToruiz), estudiante de periodismo

La generación de residuos tecnológicos destruye ecosistemas y recursos naturales.

Consumismo y obsolescencia programada: Dos términos que van de la mano. Dos tendencias perjudiciales para los ecosistemas mundiales. La sociedad se está convirtiendo en cómplice de un sistema engañoso que incita al consumo severo de todo tipo de productos, con la intención de ver aumentados los beneficios económicos de las grandes empresas multinacionales, empresas que, de la mano de la globalización, son hoy las encargadas de dictar las reglas del juego.

Un chaval que decide cambiar habitualmente su teléfono móvil, una empresa que decide renovar los ordenadores de sus oficinas, un instituto que decide adquirir nuevas impresoras de mayor calidad o una familia que decide comprar electrodomésticos nuevos para su hogar. Estas situaciones son ejemplos de cómo se producen cada año millones de toneladas de residuos tecnológicos y basura peligrosa. Y nuestro sistema es cómplice de ello.

La “obsolescencia programada” se refiere a adelantar por parte de las empresas el fin de la vida útil de un producto para que el consumidor se vea obligado a comprar otro. La sociedad aún no es plenamente consciente de que el consumismo de tecnología, unido al acortamiento de la vida útil de los productos, conducen a una contaminación cada vez mayor del medio ambiente, incluyendo la destrucción de ecosistemas en los países del tercer mundo, tanto por la extracción masiva de los diferentes recursos naturales necesarios para la fabricación, como por su desecho final.

Nuestro sistema actual, con las grandes empresas y los medios de comunicación como actores destacados, pretende hacer pagar al consumidor muchas veces en su vida por un mismo producto con modificaciones ínfimas o innecesarias. Pero, realmente, ¿este hecho es nuevo? Rotundamente no. Antecedentes de todo tipo explican el nacimiento y la consolidación de esta tendencia tan perjudicial. La obsolescencia programada es fruto de la revolución comercial, la acumulación del capital y los avances tecnológicos, así como, de la aparición del capitalismo financiero y del liberalismo económico. El “American way of life” nacido en EE.UU., poco a poco, se adentró en la sociedad. La felicidad y el bienestar basado en el consumismo eran ya reglas básicas en los años 60.

No te pierdas este breve documental animado sobre la obsolescencia programada y percibidaLa obsolescencia programada es una práctica demasiado habitual en la industria actual y sabemos que las autoridades la toleran: “Son los consumidores los que deberían exigir que se pongan multas a las empresas para evitar esta forma de fabricar productos”, expresa con preocupación el colectivo malagueño Aulaga. Todo esto conlleva un beneficio económico para la industria, aunque tiene un impacto muy negativo sobre los recursos disponibles y los ecosistemas mundiales. “Esto no tiene en cuenta la realidad de nuestro planeta finito en el que ni los recursos ni la energía son infinitos”, afirma Fran Pérez, de Ecologistas en Acción. La obsolescencia programada bebe hoy del sistema capitalista, que usa como pozo sin fondo los recursos de los países empobrecidos. Una vez que el primer mundo disfruta de dichos recursos, estos vuelven al tercer mundo en forma de basura contaminante: “Esto perpetua una gran rueda de miseria, problemas de salud, económicos y ambientales”, expresa Fran Pérez.

Según la ONU, generamos unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos al año, la mayor parte de ellos producidos en Occidente, que van a parar a países en vías de desarrollo, donde se apilan sin control. Esta basura electrónica se reparte entre dos grandes vertederos: Ghana (África) y Guiyu (China). La primera y más impactante consecuencia de esto es la destrucción de los ecosistemas. La basura sustituye a la fauna y a la vegetación. La riqueza ambiental se ve sumergida en millones de residuos apilados sin control, provocando desde la contaminación de aguas subterráneas con metales pesados y otros tóxicos, hasta la contaminación del aire en caso de que estos residuos se quemen, pasando por la extracción severa de recursos y la destrucción de ecosistemas.

Es necesario sumar a lo anterior la generación de residuos no biodegradables. Si bien, muchos de los componentes que se usan para fabricar los diferentes productos electrónicos no son tóxicos cuando el aparato es útil, esto cambia radicalmente cuando el aparato se desecha. Esto pasa principalmente con plásticos, vidrios, baterías o pantallas LCD, elementos perjudiciales tanto para la salud como para el medio ambiente, por contener productos químicos tóxicos cuando se liberan al medio.

Pero, sin duda, la consecuencia número uno de la obsolescencia es el abuso extremo de los recursos naturales. Teniendo en cuenta la baja tasa de reciclado, el sistema de producción se convierte en una “extracción continua y desenfrenada”, definido así por Fran Pérez. La mayoría de productos tecnológicos necesitan para su fabricación la extracción de metales y minerales como cadmio, cromo, mercurio o coltán, entre otros, recursos considerados no renovables.

Cuando se habla de obsolescencia programada, lo que más chirría en la actualidad es la dudosa voluntad de la UE para solventar el problema, así como el desconocimiento generalizado de la sociedad, que toma en muy pocas ocasiones la iniciativa para exigir a sus dirigentes cambios a este respecto. El caldo de cultivo de todo esto es que los gobiernos occidentales, más allá de tomar medidas o no para parar la obsolescencia programada y de velar por el interés general de la ciudadanía, en demasiadas ocasiones “se decantan más por favorecer los intereses de las empresas multinacionales”, afirma Aulaga.

En octubre de 2014 un país europeo mostró sus primeros deseos de luchar contra este fenómeno. El parlamento francés aprobó, dentro de la Ley de Transición Energética, multas de hasta 300.000 euros y penas de cárcel de hasta dos años para todos aquellos fabricantes que programaran de manera consciente el fin de la vida útil de sus productos. Esta normativa se convertiría en la primera legislación europea que reconocería, de manera abierta y sin tapujos, la existencia de la obsolescencia programada. Pero el intento fue en vano. Las medidas asomaron pero, rápidamente, volvieron a esconderse y nadie ha sido condenado aún. Dos años después de la aprobación de esta medida francesa, el resto del continente sigue prácticamente igual, España incluida.

Como afirman diferentes asociaciones ecologistas, en nuestro país hubo un momento en el que la sociedad parecía ser consciente del problema. Todos querían imitar la nueva normativa surgida en Francia pero, pese a que todo indicaba que España sería otro de los países en controlar de manera férrea a las empresas “tramposas”, llegamos a 2016 sin una normativa en este sentido. Hay voces, pequeños colectivos que lo intentan, aunque una vez más queda en evidencia la falta de firmeza de nuestro gobierno en este aspecto. “Para parar la destrucción de ecosistemas debemos comenzar deteniendo la rueda consumista de la obsolescencia programada. «El mejor residuo es el que no se genera» debería ser el eslogan de una humanidad coherente con sus actos y empática con el medio que la rodea”, afirma Fran Pérez.

Teniendo en cuenta el plan llevado a cabo por Francia, en los últimos meses se ha dejado ver alguna intención para fomentar la lucha contra la obsolescencia programada. Recortes Cero–Los Verdes fue una de las pocas candidaturas ecologistas que se presentó a las elecciones generales en España en 2016. En su programa reservó un espacio donde aboga por conseguir una “España ecológica y socialmente justa”. Esta candidatura incorpora la propuesta de legislar para “prohibir por ley la obsolescencia programada”. Pretenden así poner en marcha un nuevo modelo de mercado centrado en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.

Todavía son pasos insuficientes y voces demasiado débiles. La obsolescencia programada genera innecesariamente cientos de miles de residuos que podrían evitarse. España es uno de los países con mayor protagonismo, pues sus 800.000 toneladas anuales de residuos electrónicos no pasan desapercibidas. Las soluciones no llegan y el reloj corre en contra de la sociedad y del medio ambiente.

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El descubrimiento de Chaplin en Bali

Por: Pepe Galindo

En 1932, Charlie Chaplin quería alejarse de la civilización. Su hermano Sydney le sugirió ir a Bali, porque aún no había sido «contaminada por la sociedad occidental», y ambos se embarcaron hacia esta isla, actualmente perteneciente a Indonesia. Allí quedó fascinado por sus gentes y sus tradiciones; y rodó con su cámara a los balineses en sus actividades cotidianas, danzas y ceremonias. De sus bailes, también sacó inspiración para su mímica universal.

Pero lo más importante fue que Bali le dio otra visión de la vida, y contribuyó a posicionarse aún más fervientemente contra el capitalismo y contra el colonialismo. El estilo de vida balinés —respetuoso con la naturaleza— le llamó la atención y exclamó: «¡Qué fácil es para el hombre volver a su estado natural!».

Chaplin constató que allí no había gente triste y concluiría: «no son nada codiciosos (…) por eso son felices. (…) En nuestras grandes ciudades tan solo verás almas hostigadas, derrotadas. En la mayoría se percibe agotamiento y desesperación. En cambio, los ojos de los balineses solo transmiten tranquilidad. Sus valores son diferentes a todo lo que yo haya visto. Creo que me podría quedar aquí para siempre. ¡Qué lejos me siento ahora del resto del mundo!».

También es consciente de que los balineses trabajan duro cuando hay que hacerlo y de que algunos viven en la pobreza, en gran medida por la administración colonial holandesa que controlaba la isla desde 1908 y que contaminó el paraíso con la occidentalización. Según Chaplin, en Bali sabían el auténtico sentido de la vida: trabajar y jugar.

Chaplin en Bali, con los aborígenas y un amigoChaplin fue consciente de que el contacto con los occidentales estaba cambiando a los balineses: se cubrían más sus cuerpos y muchos incluso invirtieron los ahorros de su vida en comprarse automóviles, para darse cuenta después del alto precio de la gasolina. Arruinados, dejaron los coches aparcados en los patios traseros, convertidos en gallineros. Tal vez ese sea el futuro de gran parte de los coches que se venden hoy para uso privado, pues no es sostenible (ni siquiera los eléctricos; y todo lo que no es sostenible, es insostenible).

Como tantos otros, Chaplin no solo constató que se puede ser feliz con poco, sino que es más fácil ser feliz con poco. En las sociedades modernas queremos, en masa, tener muchas cosas, muchas comodidades, y eso tiene un coste que se desglosa en distintos epígrafes: coste en felicidad, coste económico, coste ambiental, etc.

A su regreso del viaje, Chaplin planificó una película, su primera hablada, en la que pretendía dar voz a los balineses y satirizar a las potencias coloniales. En ella, los balineses se quejarían de los impuestos que les exigían los holandeses a cambio de carreteras que no necesitaban, y se mofarían de la ambición por el oro de los occidentales. En cierta forma, esto recuerda los discursos sobre los blancos en el considerado como primer documento antiglobalización, Los Papalagi (lectura recomendada). Es posible que Chaplin no llegara a conocer esos discursos en los que un jefe samoano se dirige a su tribu tras viajar por Europa y ver las miserias de la vida en las ciudades.

Chaplin ve el colonialismo como una extensión del capitalismo y lo desprecia descaradamente. La película Flor de Bali no se llegará a terminar, a pesar de tener gran parte del guion preparado. Chaplin se centraría en otros proyectos, como escribir su autobiografía y rodar la película Tiempos modernos, en la que ridiculiza la mecanización y los lujos de la vida “moderna”, seguramente inspirado por su experiencia en Bali.

A los 4 años volverá a Bali y se decepcionará al ver más bicicletas y más coches. «Todo es más comercial» —dejará escrito—. «Navego en un mar de contradicciones. Y no tengo una filosofía de vida a la que aferrarme. Podemos ser sabios o insensatos, pero todos nos las vemos y deseamos para salir adelante en la vida. Solo sé que en este perverso mundo no hay nada permanente. Ni siquiera nuestros pesares».

♦ En la misma línea:

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Proteger la Naturaleza y Vivir de Ella es Posible: Libro “Campos de Vida”

Por: Pepe Galindo

El libro “Campos de Vida demuestra que es posible la conservación de la biodiversidad y la explotación responsable de la Naturaleza. Las quince experiencias que se explican son variadas y recorren toda la geografía española.

Entre la gente entrevistada aparece Cándido Insúa impulsor de la Reserva Marina de Os Miñarzos (La Coruña), sobre la que ya recomendamos un corto documental en otra entrada de blogSOStenible. Cándido, pescador con más de cuarenta años de experiencia, reconoce que lo que quiere no es pescar más, sino menos, para garantizar el futuro a su hijo y para que en vez de estar pescando diez horas, sean cuatro con un salario digno.

También aparecen los campos de arroz ecológico en el delta del Ebro de Tarragona (www.rietvell.com y su eco-tienda online), la conservación de aves esteparias en Zamora, la Reserva Marina Isla de Tabarca (Alicante) y su protección de la Posidonia oceánica, la elaboración de quesos tradicionales conservando el quebrantahuesos en los Picos de Europa (www.pastoresdebiodiversidad.es), el respeto a aves nidificantes de los regantes en Navarra (www.lagunadeviana.es), la conservación de cultivos autóctonos sin fitosanitarios en Álava (www.circuitocorto.es) y La Rioja (www.elcolletero.org), las ventajas de la trashumancia en Cuenca, el olivar ecológico en Toledo y Ciudad Real, la ganadería ecológica en Menorca, la convivencia entre flora autóctona y viñedo ecológico en Lanzarote (www.losbermejos.com), el corcho FSC de Andalucía, la recuperación de canasteras y arbustos autóctonos en Murcia (www.asociacionanse.org), y la promoción de agricultura y ganadería ecológicas a lo largo del río Tajo (www.ecosdeltajo.org).Libro sobre sostenibilidad del autor de esta entrada: Problemas y soluciones factibles

Otros libros interesantes:

NOTA: Publicamos esta entrada un 22 de Abril, Día Mundial de Pachamama, Día de la Tierra… y víspera del Día del Libro… mira aquí otros días para reflexionar… y actuar.

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El único riesgo de la energía renovable es la lentitud en su implantación

Por: invitadoespecial

Andrés Montesinos Campos, @Andres_SomE
Portavoz del Grupo Local de Som Energia Valencia
Presidente de la Sección Territorial Valencia de Som Energia

Frente a las energías renovables, y para impedir su avance, están en España las grandes compañías energéticas que forman el conocido oligopolio eléctrico, es decir, Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Fenosa, Viesgo y EDP. En España siempre han estado contra el fomento de las renovables, y lo estarán hasta que los echemos por la fuerza de la razón y con la ley en la mano.

Como brazo ejecutor de sus políticas empresariales, donde el único objetivo es la maximización del beneficio, hay algunos partidos políticos que, desde el gobierno, han convertido sus instrucciones en leyes que debemos acatar. Hasta ahora, los principales han sido PSOE y PP, por su responsabilidad en los diferentes gobiernos de España, aunque otros muchos participan por activa o por pasiva en el mantenimiento de los privilegios de estas empresas. No hay más que ver el enorme listado de políticos “giratorios” de los que se nutren sus consejos de administración y los sueldos que perciben por ello (y por cierto, no son sólo políticos de esos dos partidos, y no se colocan sólo en las citadas empresas, sino que el sector energético tiene otras empresas involucradas).

Recientemente, una extraña maniobra del partido Ciudadanos apoyó el veto del PP a una proposición de ley que ellos mismos habían presentado a favor del autoconsumo.

5 cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo
5 cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo

Como resultado de todo esto tenemos una política energética en España que llega al absurdo:

  • precios de la electricidad entre los más caros de Europa,
  • desprecio absoluto por las medidas de ahorro y eficiencia,
  • contaminación desbocada,
  • altas emisiones de CO2 y basura nuclear,
  • pobreza energética,
  • perdida de competitividad empresarial,
  • quiebra del sector de las renovables, que fue puntero en España y que representa la mejor energía del presente, y que será mejor aún en el futuro como única alternativa a la decadencia de las fuentes fósiles y nucleares,
  • y un largo etcétera de sinsentidos (impuesto al sol, hachazo a las renovables…).

Cabe destacar, aunque no en un sentido exclusivo, ese regalo que se ha dado en llamar la posverdad (la cual se basa en que lo importante es que algo aparente ser verdad, aunque no lo sea). ¿No me creéis? Pues solo tenéis que ver en televisión esos anuncios de pretendidas empresas eléctricas “responsables”. Algunas dicen que te regalan electricidad o que te avisan si tu tarifa se puede mejorar para que ahorres el máximo posible. Algunas se venden como si su energía fuera verde, cuando sólo es renovable una pequeña parte.

En este contexto de la posverdad, nos quieren hacer creer que por el monte corren las sardinas, pero es mentira y es fácil de demostrar, a través de la información. Lástima que los grandes medios de comunicación, se encuentren comprados por parte de estas grandes compañías mediante publicidad y regalos a periodistas. Los medios son propiedad de grupos editores que no desobedecerán las indicaciones de tanto político en nomina.

Las noticias pueden, o no, cambiar el foco de atención de la ciudadanía, cambiar su punto de vista, hacerles partícipes del camino que tomamos como civilización dependiente de la energía, o mantenerlos en el placido sueño de los ignorantes. Frecuentemente son muchas las noticias que echo en falta cuando repaso los medios, y frecuentemente me escandaliza su parcialidad y su sumisión a la línea editorial.

Ahora, en plena tarea por alargar la vida útil de las centrales nucleares españolas, podría ser un buen momento para llamar a las cosas por su nombre, y frente a esa pretendida energía limpia y barata que proviene de la quema del combustible nuclear, mirar hacia ese Chernóbil a cámara lenta que es Fukushima. Un accidente que comenzó hace seis años y continuará por muchos más sin visos de solución, visto el estrepitoso fracaso de las medidas adoptadas hasta el momento.

El error de Fukushima era previsible y nos puede servir de revulsivo frente al discurso de esas compañías que construyen posverdad al mismo ritmo que beneficios multimillonarios. Mientras ellas se auto califican de verdes, poseen un parque nuclear obsoleto, y altamente peligroso, que basa sus beneficios en unos precios que bajarían por la entrada de más energía renovable al sistema eléctrico. Eso lo reconoce ya, hasta la Secretaría de Estado de Energía, y hasta el dimitido ministro Soria (el más antirenovables de la historia de España, por ahora).

Más aún, mientras estas grandes empresas se califican de “sostenibles”, también tienen centrales de carbón y de ciclo combinado, donde queman carbón y gas, algo claramente insostenible. Y todas estas tecnologías, incluso la hidroeléctrica, les permiten manipular los precios de mercado (ya que España tiene un sistema injusto y el gobierno se niega a una auditoría para conocer realmente porqué pagamos tan cara la electricidad).

Son también estas mismas empresas las que, mientras se autocalifican de responsables, se oponen a medidas que puedan paliar la pobreza energética en nuestro país.

Pensadlo bien. Mientras estas empresas marquen la agenda política, mientras controlen los medios de comunicación, mientras sigan abrazando las energías sucias con toda la intensidad de que son capaces, seguirán frenando el avance de las energías renovables para sacarle más partido a sus viejas y sucias centrales. El cambio de modelo energético que tan desesperadamente necesitamos, se verá obstaculizado.

Tomemos consciencia, comencemos a cambiar las cosas.

Te gustará:

PP, C's y PSOE no acabarán con las puertas giratorias: https://t.co/CEetLhHu0S
IMAGEN QUE NO QUIEREN QUE SE DIFUNDA: pic.twitter.com/gMWBOf0Y2t

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) October 1, 2016

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La anomalía humana y el mito del derecho a dominar

Por: invitadoespecial

El mayor error no ha sido industrial.
No ha sido tecnológico.
No ha sido económico.
Ha sido ontológico.

Hemos asumido que tenemos derecho a existir por encima del resto.

No simplemente a existir —que es algo que compartimos con cualquier cosa— sino a hacerlo con prioridad, con privilegio, con supremacía moral. Hemos convertido nuestra presencia en argumento suficiente. Nuestra inteligencia en justificación. Nuestra capacidad técnica en permiso.

Y desde ahí todo se vuelve posible. Se destruye un bosque porque “hace falta”. Se seca un río porque “es necesario”. Se desplaza una especie porque “no queda alternativa”.

La palabra cambia. El fondo no.

Lo que subyace siempre es la misma convicción silenciosa: que nuestra continuidad vale más.

El espejismo del desarrollo sostenible

Se habla de desarrollo sostenible como si fuera una fórmula neutral, casi matemática. Como si bastara con ajustar variables: menos emisiones, más eficiencia, mejores tecnologías… Pero hay una pregunta que rara vez se formula: ¿Puede ser sostenible una especie que se ha declarado superior?

El problema no es la técnica. Es la jerarquía. Mientras el ser humano se sitúe fuera del sistema vivo y se otorgue el papel de gestor, árbitro o salvador, cualquier modelo seguirá siendo extractivo, aunque lo pintemos de verde (greenwashing). Cambiar combustibles no cambia la lógica. Cambiar etiquetas no cambia la estructura mental.

Si el objetivo sigue siendo mantener el mismo volumen de expansión, el mismo nivel de intervención y la misma escala de control, no hay transformación real. Solo optimización del impacto. Y optimizar el daño no es lo mismo que dejar de causarlo.

La idea del derecho

Hablamos constantemente de derechos humanos, pero casi nunca hablamos del derecho del bosque a seguir siendo bosque; del derecho del río a fluir sin canalización; del derecho del territorio a no ser fragmentado. ¿Por qué?

Porque en el fondo seguimos creyendo que los demás existen en función de nosotros. Que su valor es condicional. Que su continuidad depende de nuestra evaluación.

Eso no es convivencia. Es administración. Y la administración siempre implica poder.

La anomalía

Durante millones de años, la vida en la Tierra se organizó sin jerarquías morales entre especies. Depredación, cooperación, equilibrio, colapso y regeneración formaban parte de un mismo tejido dinámico. Ninguna especie necesitó declararse superior para sobrevivir.

Solo una ha construido un sistema entero basado en esa idea. Eso nos convierte en una anomalía. No por existir, sino por haber roto la proporcionalidad.

La naturaleza no funciona bajo el principio de supremacía. Funciona bajo el principio de equilibrio dinámico. Cuando una población crece por encima de la capacidad del entorno, el sistema corrige. No por castigo, no por moralidad, sino por ajuste.

Siempre ha sido así. Pensar que estamos fuera de esa ley es una ilusión reciente. Y peligrosa.

Corrección

La Tierra no necesita que la salvemos. No necesita nuestra compasión ni nuestra gestión. Los sistemas vivos tienden a reorganizarse. A veces con nosotros. A veces sin nosotros.

El equilibrio no es una promesa amable. Es una consecuencia.

Si una especie altera demasiado el conjunto, el conjunto responde. No desde la venganza, sino desde la física básica de la vida. Negar esto no nos protege.

Aceptar que no tenemos derecho a existir por encima del resto no es autoflagelación ni misantropía. Es recuperar la proporción. Es entender que formar parte no significa dominar.

La verdadera ruptura no fue la industrialización. Fue el momento en el que decidimos que nuestra continuidad justificaba cualquier coste externo. Ahí empezó la desconexión.

Y mientras sigamos llamando progreso a la expansión ilimitada de una sola especie, el conflicto no será técnico. Será estructural. No se trata de odiar lo humano. Se trata de abandonar la idea de excepción.

No somos propietarios del planeta. No somos su finalidad. No somos su razón de ser. Somos una parte. Y cualquier parte que olvida eso termina siendo corregida. No por ideología. Por equilibrio.

David Orgaz Barreno
Bloguero en Voces de la tierra sagrada

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invitadoespecial

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La anomalía humana y el mito del derecho a dominar

Por: invitadoespecial

El mayor error no ha sido industrial.
No ha sido tecnológico.
No ha sido económico.
Ha sido ontológico.

Hemos asumido que tenemos derecho a existir por encima del resto.

No simplemente a existir —que es algo que compartimos con cualquier cosa— sino a hacerlo con prioridad, con privilegio, con supremacía moral. Hemos convertido nuestra presencia en argumento suficiente. Nuestra inteligencia en justificación. Nuestra capacidad técnica en permiso.

Y desde ahí todo se vuelve posible. Se destruye un bosque porque “hace falta”. Se seca un río porque “es necesario”. Se desplaza una especie porque “no queda alternativa”.

La palabra cambia. El fondo no.

Lo que subyace siempre es la misma convicción silenciosa: que nuestra continuidad vale más.

El espejismo del desarrollo sostenible

Se habla de desarrollo sostenible como si fuera una fórmula neutral, casi matemática. Como si bastara con ajustar variables: menos emisiones, más eficiencia, mejores tecnologías… Pero hay una pregunta que rara vez se formula: ¿Puede ser sostenible una especie que se ha declarado superior?

El problema no es la técnica. Es la jerarquía. Mientras el ser humano se sitúe fuera del sistema vivo y se otorgue el papel de gestor, árbitro o salvador, cualquier modelo seguirá siendo extractivo, aunque lo pintemos de verde (greenwashing). Cambiar combustibles no cambia la lógica. Cambiar etiquetas no cambia la estructura mental.

Si el objetivo sigue siendo mantener el mismo volumen de expansión, el mismo nivel de intervención y la misma escala de control, no hay transformación real. Solo optimización del impacto. Y optimizar el daño no es lo mismo que dejar de causarlo.

La idea del derecho

Hablamos constantemente de derechos humanos, pero casi nunca hablamos del derecho del bosque a seguir siendo bosque; del derecho del río a fluir sin canalización; del derecho del territorio a no ser fragmentado. ¿Por qué?

Porque en el fondo seguimos creyendo que los demás existen en función de nosotros. Que su valor es condicional. Que su continuidad depende de nuestra evaluación.

Eso no es convivencia. Es administración. Y la administración siempre implica poder.

La anomalía

Durante millones de años, la vida en la Tierra se organizó sin jerarquías morales entre especies. Depredación, cooperación, equilibrio, colapso y regeneración formaban parte de un mismo tejido dinámico. Ninguna especie necesitó declararse superior para sobrevivir.

Solo una ha construido un sistema entero basado en esa idea. Eso nos convierte en una anomalía. No por existir, sino por haber roto la proporcionalidad.

La naturaleza no funciona bajo el principio de supremacía. Funciona bajo el principio de equilibrio dinámico. Cuando una población crece por encima de la capacidad del entorno, el sistema corrige. No por castigo, no por moralidad, sino por ajuste.

Siempre ha sido así. Pensar que estamos fuera de esa ley es una ilusión reciente. Y peligrosa.

Corrección

La Tierra no necesita que la salvemos. No necesita nuestra compasión ni nuestra gestión. Los sistemas vivos tienden a reorganizarse. A veces con nosotros. A veces sin nosotros.

El equilibrio no es una promesa amable. Es una consecuencia.

Si una especie altera demasiado el conjunto, el conjunto responde. No desde la venganza, sino desde la física básica de la vida. Negar esto no nos protege.

Aceptar que no tenemos derecho a existir por encima del resto no es autoflagelación ni misantropía. Es recuperar la proporción. Es entender que formar parte no significa dominar.

La verdadera ruptura no fue la industrialización. Fue el momento en el que decidimos que nuestra continuidad justificaba cualquier coste externo. Ahí empezó la desconexión.

Y mientras sigamos llamando progreso a la expansión ilimitada de una sola especie, el conflicto no será técnico. Será estructural. No se trata de odiar lo humano. Se trata de abandonar la idea de excepción.

No somos propietarios del planeta. No somos su finalidad. No somos su razón de ser. Somos una parte. Y cualquier parte que olvida eso termina siendo corregida. No por ideología. Por equilibrio.

David Orgaz Barreno
Bloguero en Voces de la tierra sagrada

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¿Cada cuánto tiempo hay que lavar la ropa?

Por: Pepe Galindo

Internet está lleno de preguntas interesantes como esta. Más que responder, pretendemos provocar nuevas cuestiones.

Resulta obvio que a todos nos parece bien que la ropa esté recién lavada. Si no lo conseguimos, es por distintos motivos, como por comodidad. Pero además, hay otros condicionantes que debemos considerar. Entre lavar una prenda tras cada uso y no lavarla nunca, la respuesta siempre es «depende». ¿De qué depende?

Factores que influyen en la frecuencia de lavados

  • Tipo de prenda: no es lo mismo la ropa deportiva que la ropa de abrigo.
  • Nivel de sudoración (temperatura exterior).
  • Tipo de tejido.
  • Si presenta suciedad evidente.
  • Tiempo de uso.
  • Si la ropa se seca —o se ventila— entre usos.
  • Tipo de uso (nivel de exigencia). No es lo mismo ir a una fiesta que a trabajar a un huerto.

Antes de decidir cada cuánto tiempo lavar la ropa, tengamos en cuenta que esta acción es la principal fuente de microplásticos del mar, por delante incluso de las partículas del desgaste de neumáticos. Para reducir este problema, es importante evitar tejidos sintéticos cuando sea posible (poliéster, nylon, acrílicos), así como lavar menos y con programas suaves y de menor fricción.

Para lavar menos, es útil ventilar (secar) la ropa tras su uso. Las prendas usadas que no se vayan a lavar, especialmente las toallas, se deben situar en lugares ventilados para que se sequen del todo entre usos. Esto también alarga la vida de la prenda. Recuerda: muchas bacterias responsables del olor necesitan humedad y mueren al secarse la ropa.

Por su alto consumo energético, el peor método para secar la ropa es la secadora. Salvo que sea imprescindible, cualquier otra opción es mejor. Tender en el exterior es lo más típico, pero recuerda que el sol intenso puede provocar decoloraciones en las prendas. Si se tiende bien, la necesidad de planchar la ropa puede ser nula, por lo que nos ahorraremos esfuerzo y un buen pellizco de energía y CO2.

Recuerda que «low cost» significa que el coste se paga de otra forma. La ropa barata suele estropearse en unos pocos lavados y, aunque se pueda seguir usando, muchos usuarios prefieren deshacerse de esa prenda o arrinconarla en el armario, cosa que conviene evitar para ser eco. La mayor huella ambiental de la ropa está en su fabricación, no en el lavado. Por eso, alargar la vida útil es la acción más efectiva. Si necesitas comprar algo, tal vez puedas encontrar ropa barata y de calidad en mercados de segunda mano.

Lavar la ropa pensando en el medioambiente

Para maximizar nuestro respeto ambiental a la hora de lavar la ropa, además de lavar solo lo necesario, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • El lavado degrada fibras, colores y elasticidad. Es decir, acelera el envejecimiento.
  • Llena la lavadora a su capacidad máxima. Así ahorras agua, energía y detergente.
  • Usa agua fría (siempre que no haya ropa muy sucia).
  • Utiliza poco detergente comercial, pues provoca un impacto químico importante. El exceso de detergente contamina más y limpia peor (deja residuos). Y si es posible, opta por jabón casero.
  • Escoge el programa ECO de la lavadora (aunque sea más largo).
  • Evita usar suavizante. Es un producto químico innecesario y sus olores no benefician a la salud. Si para ti es importante, emplea alternativas ecológicas (bicarbonato, vinagre…).
  • Centrifuga a la menor velocidad. Esto ahorra energía y alarga la duración de los tejidos y de la lavadora.
  • Si tu ropa no tiene tintes que destiñan, no tendrás que separar por colores, ahorrando trabajo y recursos. La mayoría de la ropa no destiñe, al menos tras unos pocos lavados.

Recuerda que la ropa vieja tiene menos tóxicos que la nueva y que no hay respuesta simple a ninguna pregunta interesante, pero tampoco la necesitamos.

♦ Sobre las tareas domésticas:

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¿Cada cuánto tiempo hay que lavar la ropa?

Por: Pepe Galindo

Internet está lleno de preguntas interesantes como esta. Más que responder, pretendemos provocar nuevas cuestiones.

Resulta obvio que a todos nos parece bien que la ropa esté recién lavada. Si no lo conseguimos, es por distintos motivos, como por comodidad. Pero además, hay otros condicionantes que debemos considerar. Entre lavar una prenda tras cada uso y no lavarla nunca, la respuesta siempre es «depende». ¿De qué depende?

Factores que influyen en la frecuencia de lavados

  • Tipo de prenda: no es lo mismo la ropa deportiva que la ropa de abrigo.
  • Nivel de sudoración (temperatura exterior).
  • Tipo de tejido.
  • Si presenta suciedad evidente.
  • Tiempo de uso.
  • Si la ropa se seca —o se ventila— entre usos.
  • Tipo de uso (nivel de exigencia). No es lo mismo ir a una fiesta que a trabajar a un huerto.

Antes de decidir cada cuánto tiempo lavar la ropa, tengamos en cuenta que esta acción es la principal fuente de microplásticos del mar, por delante incluso de las partículas del desgaste de neumáticos. Para reducir este problema, es importante evitar tejidos sintéticos cuando sea posible (poliéster, nylon, acrílicos), así como lavar menos y con programas suaves y de menor fricción.

Para lavar menos, es útil ventilar (secar) la ropa tras su uso. Las prendas usadas que no se vayan a lavar, especialmente las toallas, se deben situar en lugares ventilados para que se sequen del todo entre usos. Esto también alarga la vida de la prenda. Recuerda: muchas bacterias responsables del olor necesitan humedad y mueren al secarse la ropa.

Por su alto consumo energético, el peor método para secar la ropa es la secadora. Salvo que sea imprescindible, cualquier otra opción es mejor. Tender en el exterior es lo más típico, pero recuerda que el sol intenso puede provocar decoloraciones en las prendas. Si se tiende bien, la necesidad de planchar la ropa puede ser nula, por lo que nos ahorraremos esfuerzo y un buen pellizco de energía y CO2.

Recuerda que «low cost» significa que el coste se paga de otra forma. La ropa barata suele estropearse en unos pocos lavados y, aunque se pueda seguir usando, muchos usuarios prefieren deshacerse de esa prenda o arrinconarla en el armario, cosa que conviene evitar para ser eco. La mayor huella ambiental de la ropa está en su fabricación, no en el lavado. Por eso, alargar la vida útil es la acción más efectiva. Si necesitas comprar algo, tal vez puedas encontrar ropa barata y de calidad en mercados de segunda mano.

Lavar la ropa pensando en el medioambiente

Para maximizar nuestro respeto ambiental a la hora de lavar la ropa, además de lavar solo lo necesario, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • El lavado degrada fibras, colores y elasticidad. Es decir, acelera el envejecimiento.
  • Llena la lavadora a su capacidad máxima. Así ahorras agua, energía y detergente.
  • Usa agua fría (siempre que no haya ropa muy sucia).
  • Utiliza poco detergente comercial, pues provoca un impacto químico importante. El exceso de detergente contamina más y limpia peor (deja residuos). Y si es posible, opta por jabón casero.
  • Escoge el programa ECO de la lavadora (aunque sea más largo).
  • Evita usar suavizante. Es un producto químico innecesario y sus olores no benefician a la salud. Si para ti es importante, emplea alternativas ecológicas (bicarbonato, vinagre…).
  • Centrifuga a la menor velocidad. Esto ahorra energía y alarga la duración de los tejidos y de la lavadora.
  • Si tu ropa no tiene tintes que destiñan, no tendrás que separar por colores, ahorrando trabajo y recursos. La mayoría de la ropa no destiñe, al menos tras unos pocos lavados.

Recuerda que la ropa vieja tiene menos tóxicos que la nueva y que no hay respuesta simple a ninguna pregunta interesante, pero tampoco la necesitamos.

♦ Sobre las tareas domésticas:

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Todos contra el plástico: los vecinos de Málaga actúan; el ayuntamiento no

Por: invitadoespecial

La conciencia ambiental anti-plástico está creciendo, pero aún no está cerca el día en el que se dejen de utilizar envases de usar y tirar. Los grandes problemas del plástico son que se consume masivamente, que su reciclaje no es rentable y que es un proceso con altos impactos ambientales (transporte, gestión, separación…). Todo ello hace que se abandonen todo tipo de residuos en la naturaleza, generando contaminación hasta el extremo de que el plástico ya está en nuestra comida más habitual.

La solución a este problema es bastante simple, empezando por obligar a reutilizar todos los envases, pero los gobiernos parecen estar amordazados por las grandes industrias. Al ciudadano corriente solo le queda dejar de comprar productos “plastificados”, protestar, separar bien los residuos y efectuar campañas de concienciación. En este último punto se enmarca una curiosa campaña.

El pez que sí come plásticos

En Málaga, la Asociación de Vecinos de El Palo, con la colaboración del Distrito Este y el Colegio Safa-Icet han colocado en la playa el “Pez come plásticos” (a la altura de calle Quitapenas, 69, el 3 de junio). Es un pez de 4 metros de largo con la leyenda “Este pez SÍ come plásticos”.

La estructura del pez la hicieron alumnos de FPO del colegio Safa-Icet que desde el comienzo de esta aventura se ofrecieron a participar entusiastamente. Se pretende llamar la atención de los ciudadanos sobre la importancia de no tirar plásticos en la playa ni en la calle, porque pueden acabar en el mar.

Uno de los mayores problemas es el mercadillo que funciona los sábados. Los comerciantes dejan nuestras playas llenas de plásticos. Hemos hecho reuniones con los interesados y el ayuntamiento para explicarles la importancia que tiene que tiren los plásticos en los contenedores correspondientes. Han pasado tres años de esa iniciativa y los comerciantes no han cambiado su conducta. El ayuntamiento mira para otro lado, al igual que la policía que debería estar controlando la zona. Es otro dato que demuestra el poco compromiso ambiental del Ayuntamiento de Málaga.

El ayuntamiento habla de su compromiso con los objetivos de desarrollo sostenible, los ODS, dentro de la agenda 2030, lo cual queda muy bonito, PERO… hay que pasar a los hechos, a las acciones. La realidad es que la playa se llena de plástico ante la inacción del ayuntamiento, sin tener en cuenta que el mar se contamina. Así, es habitual encontrar plásticos en el agua.

Entonces, decidimos pasar a la acción y comenzamos por las noches de San Juan y algo hemos logrado revertir. La campaña #ElPalo0plásticos marca nuestro propósito. Podemos conseguirlo con la colaboración de todos. En esa noche especial unos 20 voluntarios recorren las playas explicando la importancia de no ensuciar la playa. Volvemos a pasar varias veces hasta las 2 de la mañana, cuando miramos que esté todo bien recogido. Con pequeñas acciones, se puede hacer mucho.

Estos dos últimos años nuestras playas aparecen esa noche limpias de plásticos y restos de basuras. Nos hemos de felicitar todos por esto. El nuevo desafío es lograr que las personas reciclen lo que llevan a la playa. Todo se andará.

Graves consecuencias del plástico

Debido a que el plástico es muy persistente y se dispersa fácilmente, podemos encontrar plásticos en todos los rincones del planeta, desde el Ártico hasta la Antártida. Una vez los objetos de plástico llegan al mar pueden ser ingeridos por la fauna marina y acumularse en su interior, pueden quedarse en suspensión o flotando en la superficie, o bien hundirse y permanecer en el fondo marino, o incluso pueden quedar atrapados en el hielo del Ártico. Ya se han encontrado plásticos hasta en las zonas más profundas, a más de 10.000 metros de profundidad.

En las costas y el litoral también se pueden encontrar altas concentraciones de plásticos, especialmente en regiones con altas poblaciones costeras, con sistemas de gestión de residuos inadecuados, pesquerías intensivas, o turismo elevado, como ocurre en nuestra ciudad.

En el Mediterráneo también encontramos una gran cantidad de microplásticos, similar a las de las “sopas” de plásticos. De hecho, entre un 21% y 54% de todas las partículas de microplásticos del mundo se encuentran en la cuenca del Mediterráneo. Durante las investigaciones que Greenpeace llevó a cabo en 2015, se recogieron una media de 320 objetos de basura por cada 100 metros de playa muestreada en España, siendo el 75% de estos residuos objetos de plástico. Cada día se siguen abandonando 30 millones de latas y botellas de plástico en España, que pasan a contaminar nuestro entorno terrestre, costero y marino.

Una vez los objetos de plástico llegan al medio marino tardan entre décadas y cientos de años en degradarse. El tiempo de degradación depende del tipo de plástico y de las condiciones ambientales a las que se expone (luz solar, oxígeno, agentes mecánicos…). En el caso de los océanos, la radiación UV procedente de la luz solar es el principal agente que degrada el plástico. La acción del oleaje acelera este proceso y como resultado los fragmentos más grandes se van rompiendo en trozos más pequeños, generando microplásticos y nanoplásticos.

Es difícil estimar el tiempo que tarda en biodegradarse el plástico en los océanos, pero se considera que es mucho más lento que en tierra. Una vez que el plástico queda enterrado, pasa a la columna de agua o queda cubierto por materia orgánica o inorgánica (lo que es muy frecuente en el medio marino) queda menos expuesto a la luz solar, y disminuyen las temperaturas y el oxígeno, lo que retrasa su degradación.

Durante todo este tiempo hasta que se degraden, todos los objetos de plástico que llegan al mar pueden causar graves daños a la fauna marina. Actualmente, unas 700 especies de organismos marinos se ven afectados por este tipo de contaminación. Cada año, más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar (Informe de Greenpeace).

Reflexiones de los jóvenes

Para finalizar os dejamos algunas reflexiones entrañables de los alumnos del Colegio Safa-Icet.

  • Canción elaborada por alumnos:

Yo no tengo pa darte una estrella,
pero aquí te dejo mi botella.
Para darte yo tengo poquito,
pero es fácil coger plastiquitos.

Yo no tengo pa llenar tu malla,
pero si dejar limpia mi playa.
Y aunque es poco lo que yo te ofrezco, con orgullo,
¡¡¡TODO MI PLASTICO ES TUUUYOOO!!!

  • “Este pez SÍ come plástico” vídeo realizado por Paco Valentín.
  • Los niños del colegio Safa-Icet han llamado al pez Safacito y estos son los 10 compromisos que han asumido:
    1. Infantil. Me comprometo a usar las tres “R”, Reducir, Reutilizar y Reciclar (por este orden).
    2. 1º primaria. Me comprometo a comprimir botellas, plásticos y bolsas para que haya más espacio para otros residuos.
    3. 2º Primaria. Me comprometo al uso de productos biodegradables (garantizando que lo sean).
    4. 3º Primaria. Me comprometo a cuando vaya al supermercado llevar mis propias bolsas de tela o cartón.
    5. 4º Primaria. Me comprometo a hacer uso de un consumo responsable de electricidad y agua.
    6. 5º Primaria. Me comprometo a donar ropa, libros y juguetes en buen estado.
    7. 6º Primaria. Me comprometo a contar este proyecto a mi familia y amigos para que colaboren conmigo.
    8. 1º ESO. Me comprometo a recoger los plásticos que vea en la arena para con ellos alimentar a nuestro pez.
    9. 2º ESO. Me comprometo a una compra responsable, comprando lo que vayamos a usar y necesitar para no desperdiciar.
    10. 1º Bachillerato. Me comprometo a vivir en coherencia con estos compromisos y así desde SAFA-ICET cambiar mi parte del mundo, para hacer de él un sitio mejor para todos y todas.

Asociación de Vecin@s de El Palo.

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El autoconsumo de electricidad fotovoltaica gana por goleada a las energías sucias

Por: Pepe Galindo

Invertir en paneles fotovoltaicos para tu vivienda o negocio es rentable

El autoconsumo de electricidad consiste en generar electricidad para utilizarla en el mismo sitio donde se genera y por el mismo usuario. Muchos negocios y particulares están ya usando paneles solares fotovoltaicos. En todos los países ya es rentable. Si tienes espacio y un puñado de euros, no te lo pienses más.

Este artículo es una actualización de un artículo anterior que puedes leer aquí, con los datos y legislación de aquel entoncesUn reciente informe del Observatorio de la Sostenibilidad propone para España un millón de tejados solares en 2025, que producirían 15.400 GWh para abastecer una población de 7,5 millones de personas (un sexto de la población española). Así, se generarían 15.532 empleos, se evitarían 4,2 millones de toneladas de CO2 y las inversiones se recuperarían en solo 5,7 años.

Otro estudio de la Fundación Renovables resalta que cuatro de cada diez municipios de más de 10.000 habitantes ofrecen descuentos del IBI por autoconsumir energía. Además esa fundación ayuda a todos con el papeleo.

Los paneles solares son un electrodoméstico que ahorra electricidad en vez de consumirla y que en vez de estar dentro de casa está fuera. La electricidad se consume en el momento en el que los paneles la generan. Si se necesita más electricidad, se usará la de la red, como de costumbre. Si se produce más de la que se emplea, la electricidad sobrante se vierte a la red —no se pierde— y te genera un ahorro en tu factura eléctrica. Cualquier empresa instaladora podrá explicarte los detalles de la legislación, pero independientemente de las leyes, es algo tan barato que compensa, especialmente a pequeña escala (instalaciones de menos de 10kw).

En este artículo pretendemos hacer balance de las ventajas del autoconsumo frente a las energías sucias. Junto con los dos estudios anteriores, esperamos que este artículo aúne la fuerza necesaria para que más de uno se anime a instalar sus propios paneles fotovoltaicos (aunque sea solo uno).

Seis graves inconvenientes de la electricidad procedente de energías sucias

  1. Contaminación y afecciones a la salud: Se emiten gases perjudiciales (CO2 y otros tóxicos), que provocan problemas sanitarios y cambio climático, con todas sus serias consecuencias. Hay que sumar la contaminación de transportar y extraer esos combustibles, sus vertidos, desastres de la minería, etc. La contaminación de la industria nuclear es aún peor, por ser residuos tóxicos de altísima duración.
  2. Pérdida de valiosos recursos no renovables: Quemar petróleo nos hace perder esa materia prima para otros usos.
  3. Dependencia energética del país: Importar energías sucias hace que el país dependa del exterior, lo cual es malo para la balanza de pagos.
  4. Dependencia de los ciudadanos: Gracias a la energía fotovoltaica los ciudadanos no tienen que depender al 100% de empresas productoras de electricidad. Eso no significa desconectarse de la red eléctrica (lo cual sería más caro y contaminante por las baterías). El autoconsumo de electricidad es como plantar tus propios tomates en tu ventana, lo cual no te impide comprarlos en la frutería de tu barrio (mejor que en el supermercado).
  5. Pérdidas en el transporte: El sistema de producción centralizada tiene mayor pérdida de energía en las líneas de transporte de electricidad, lo cual requiere grandes inversiones.
  6. Quita espacio a la naturaleza y reduce la biodiversidad: No solo se ocupa el espacio donde se instalan las centrales y donde se almacenan sus residuos (cenizas, basura nuclear…), sino también toda la extensión que requieren las líneas eléctricas. A eso hay que sumar la gran cantidad de aves que mueren electrocutadas. Algunos parques eólicos también requieren ocupar mucho terreno y también provocan daños a las aves.

Seis ventajas importantes del autoconsumo solar

Las energías renovables tienen muchas ventajas. Además de evitar los seis problemas vistos arriba, el autoconsumidor encontrará estas ventajas:

  1. Ahorra dinero con poca inversión. El coste depende de factores como la potencia a instalar, pero la rentabilidad es estupenda tanto para empresas como para particulares. Podemos resumir diciendo que invertir en energía fotovoltaica es más rentable que cualquier plan de pensiones. La amortización está asegurada, pero calcular el plazo es complejo (como lo es calcular en cuántos años se amortiza un vehículo comparado con el transporte público), pues depende de la potencia, del lugar de la instalación, de si te lo instalas tú mismo, de nuestros hábitos de consumo, de la evolución de los precios de la electricidad, del tipo de paneles, de las subvenciones que se reciban, etc.
  2. La instalación es simple. No se requieren obras y se instala en pocas horas. La empresa instaladora se encargará del papeleo técnico.
  3. La electricidad que sobre se vierte a la red y te genera dinero. En España y en muchos países las compañías eléctricas están obligadas a descontar dinero en la factura eléctrica por esa electricidad vertida. Esto hace que la rentabilidad sea mayor. Nuestro país dependerá un poco menos del exterior y estaremos avanzando hacia la sostenibilidad.
    • Para potenciar el autoconsumo, en todo el mundo hay muchos países que han regulado el “balance neto” o sistemas similares.
  4. El autoconsumo es clave para poner fin a la crisis energética. Por supuesto que las energías renovables no son la solución a todos los problemas ambientales, pero si conseguimos sociedades sostenibles será gracias a dos aspectos esenciales: reducir el consumo de energía y hacer la transición hacia energías solo renovables.
  5. El autoconsumo reduce muchos gastos de nuestra sociedad: Se reduce la necesidad de nuevas centrales y nuevas líneas. Al reducir la contaminación, se ahorran también muchos gastos sanitarios.
  6. El autoconsumo es una actitud de exigencia de libertad y sostenibilidad. Es un gesto de economía, pero también de rebeldía ante quienes se lucran con la contaminación.

Facilitar el autoconsumo de electricidad es gratis para el Estado, porque lo pagan aquellas personas y empresas que lo deseen. Solo pierden unas pocas empresas energéticas que se lucran contaminando el planeta.

El futuro de la producción energética es descentralizado: pequeños generadores distribuidos son mejores que grandes centrales eléctricas. De la misma forma, el futuro de la producción de alimentos es también descentralizado: pequeños huertos urbanos (en tu balcón, por ejemplo) son mejores que grandes campos de agricultura intensiva, pero ese es otro tema.

Más información, muy recomendable:

  1. Cinco cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo: Estarás colaborando mucho también si ayudas a difundirlas.
  2. El sector energético es el mayor foco de corrupción en España, dejando pequeños casos famosos como los ERE de Andalucía, el caso Malaya, el caso Gürtel, o el de la familia Pujol.
  3. Ventajas e inconvenientes de las energías sostenibles: renovables y ecológicas (enlaces con artículos relacionados, y empresas que comercializan electricidad 100% renovable en España).
  4. Puedes pagar por electricidad renovable, en España y en toda Europa.
  5. Del Gobierno a la empresa: la ‘puerta giratoria’ no cesa (lista con algunos políticos que pasaron a trabajar para empresas energéticas y bancos, principalmente), y aquí otro artículo.
  6. Para los que no creen en el cambio climático.
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La ganadería extensiva también empeora la crisis climática

Por: Pepe Galindo

En un reciente artículo publicado en Nature, los científicos Yue Wang y Corina E. van Middelaar concluyen que, si bien los pastizales utilizados para alimentar ganado en extensivo son buenos para capturar carbono, esas bondades no compensan las emisiones constantes de metano y óxido nitroso de los rumiantes (i.e., bovinos, caprinos y ovinos, entre otros). Conclusión: la ganadería en extensivo contribuye al calentamiento global y, por tanto, no es buena para el medioambiente.

El cambio climático, resultante de un aumento gradual de las concentraciones atmosféricas de Gases de Efecto Invernadero (GEI), es uno de nuestros desafíos globales más apremiantes. Se estima que el sistema alimentario libera aproximadamente un tercio de todas las emisiones de GEI antropocéntricas. De ellas, los rumiantes son una fuente importante de metano y óxido nitroso. Y atención: el metano calienta la Tierra 84 veces más que el dióxido de carbono, y el óxido nitroso alcanza las 264 veces extra (ambos datos bajo el periodo de 20 años). Es por esto por lo que el ganado vacuno es uno de los mayores problemas ambientales de la humanidad. Si bien, el metano tiene una vida media menor que el dióxido de carbono, el óxido nitroso supera la duración de ambos.

En otras palabras, para que la ganadería en extensivo fuera climáticamente neutra, los ganaderos tendrían que reducir el número de sus animales. El estudio analiza multitud de factores (productividad, edad del animal, raza, tamaño, dieta, sistemas de producción, etc.) y, en el caso más optimista, deduce que una hectárea de pastizales puede compensar las emisiones de metano de solo 1,25 cabezas de ganado, mientras que la densidad es generalmente bastante mayor.

Para rematar el tema de este gas, la ganadería es responsable del 32% de las emisiones de metano. En la COP28 estuvieron presentes —para manipular las decisiones— las 15 empresas cárnicas y lácteas que tienen en conjunto una huella de metano como Rusia, Canadá, Australia y Alemania.

Y atención, el artículo no tiene en cuenta que no es raro que los ganaderos en extensivo complementen la alimentación de sus animales con piensos incluso llegados de otros continentes, incluyendo soja y otros transgénicos procedentes de deforestar bosques lejanos. Tampoco se tiene en cuenta que algunos ganaderos utilizan el fuego para eliminar bosques y provocar pastos para su ganado. En Galicia y Asturias es tan habitual que están entre las regiones con más incendios del mundo. Por otra parte, los científicos autores del estudio han supuesto que las emisiones de GEI de los rumiantes serán constantes, pero ellos mismos indican que no es una suposición realista pues, aunque suene increíble, se prevé que aumenten.

Concluyamos algo claro

La científica y activista Jane Goodall enumeró tres razones por las que habría que cerrar las macrogranjas:

  1. Contaminación del medio y contagio de enfermedades que pasan de los animales a los humanos.
  2. Maltrato animal a seres que sabemos que tienen sentimientos.
  3. Excesivo consumo de agua y combustibles fósiles en todo el proceso.

Sin embargo, para ser justos, estos mismos problemas están también en la ganadería extensiva. Nos enfrentamos a problemas tan serios que tenemos que ser radicales en las medidas.

Resumiendo, la imagen de los anuncios de TV de vacas alegres y ecológicas, pastando en el monte y que regalan su leche a los humanos porque son generosas como ellas solas es, siendo dolorosamente sinceros, sencillamente una burda mentira que insulta al espectador medianamente informado. La solución más imperiosa es aplicar la primera erre (REDUCIR) al menos a estos dos puntos:

  1. Reducir el número de animales en las granjas, sean macrogranjas o ganadería en extensivo. Por supuesto, el caso más grave es aquel en el que los animales viven hacinados, enjaulados y no se les permite ver el cielo ningún día de su vida.
  2. Lo anterior no será posible si no conseguimos reducir el consumo de carne y la exportación de todo tipo de productos cárnicos. De hecho, lo ideal sería extender esta regla a todo tipo de productos procedentes de los animales: pescado, huevos, lácteos, pieles

Estas medidas empobrecerán a unos pocos. Es cierto, pero nos dará una oportunidad a todos de vivir (más tiempo) en un planeta habitable. No hablamos de dinero. Hablamos de salud y vida. Pero si hay que hablar de dinero, tendremos que hablar de encarecer los productos que destrozan nuestra estabilidad climático-ambiental y poner etiquetas claras para informar al consumidor y para defendernos de este tipo de empresas.

♣ Más sobre ganadería:

🐄La agroindustria impone sus argumentos en la #COP28
🐄La ganadería emite el 32% del metano
🐄Manipulando las decisiones, están las 15 empresas cárnicas/lácteas con una huella de metano como Rusia, Canadá, Australia y Alemaniahttps://t.co/tY87w9DG13 x @greenpeace_esp

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) December 6, 2023

🔥¿Quiénes se benefician de los incendios forestales en Asturias?
🐄🔥Los ganaderos (en EXTENSIVO)🔥🐄
🔥¿Quiénes deben ser los principales sospechosos de los incendios provocados en Asturias?
🔥¿Qué dice @LecheAsturiana para evadir su responsabilidad?#FilosofiaJardineraRadio3 https://t.co/wX5tZp4PVY

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) April 2, 2023

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