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Tu privacidad por una galleta

Por: Ana Ordaz / Democráter

Artículo publicado originalmente en Democráter

Este fin de semana mi vecina, que es encantadora, volvió a animarme a que me uniera a una sesión de running en grupo por el parque. Aunque tenía mis reticencias, me sacudí las sábanas y la pereza y me preparé para el plan: mallas, deportivas, café aliñado con creatina, protección solar, y vámonos que nos vamos. «¡Venga, me apunto! [emoji bíceps emoji carita sonriente]», le contesté con mi mejor actitud de motivada. Sábado por la mañana, ejercicio al aire libre, socializar un rato y terminar con un dulce en la pastelería del barrio. ¿Qué podía salir mal? Pues muchas cosas.

Resulta que hace algo más de un mes «unos chicos» montaron un grupo de running en la zona. Desde entonces, cada fin de semana organizan quedadas «gratuitas» para dar un trote por el parque, todo en un ambiente así como muy amigable y nada competitivo; además, al finalizar, una cafetería cercana ofrece un 15% de descuento o regala una galleta a los participantes. Pensé: «pues qué bien, por fin una iniciativa para hacer barrio y, de paso, apoyar el comercio local«. Qué equivocada estaba.

La primera, en la frente

La primera red flag apareció rápido. Para participar en la actividad no bastaba con presentarse en el punto y hora de encuentro, no: había que inscribirse a través de una app de fitness, Strava. Yo la desconocía, como también desconocía la historia, absolutamente marciana pero real, de que este mismo mes de marzo el periódico francés Le Monde localizó la posición exacta del portaaviones Charles de Gaulle —desplegado en el Mediterráneo oriental en el contexto de la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán— porque uno de los oficiales a bordo se dedicó a pegarse carreras por el buque insignia de la Armada Francesa mientras compartía su entrenamiento en la aplicación de running.

Publicación anonimizada que muestra la ruta registrada en el mar, el 13 de marzo de 2026 | Le Monde.

Este primer paso me dio rabia y me pareció absurdo a partes iguales. Estoy absolutamente agotada de que cualquier trámite tenga que pasar por una app; de que cada actividad, por sencilla que sea, implique un golpe de smartphone. ¿Cómo que para ir a correr media hora tengo que registrarme en una aplicación y cederle un sinfín de datos personales a una empresa privada? No obstante, ya le había dicho que sí a mi vecina, así que decidí no darle demasiada importancia y simplemente saltarme el registro y plantarme allí a la hora acordada.

Nada es gratis

Me encontré con ella y con el resto de runners, agrupados en corillos que se saludaban y charlaban animadamente. Tras unos minutos de cortesía, subidos a un banco a modo de atril, los organizadores del «club» tomaron la palabra. Y ahí llegó la segunda red flag, mucho más grande que la anterior: «Ahora damos la palabra a Fulanito, de [inserte aquí nombre de empresa de productos de bebida y alimentación], que en el post-entreno nos ofrecerá una degustación de [product placement aquí]».

Ya te la han colado. Te levantas para ir a hacer deporte y, de repente, te encuentras dentro de un anuncio de la teletienda en el que no puedes cambiar de canal. Ahí me di cuenta de que aquello no era la iniciativa de barrio que me habían presentado, un grupo casual de gente que queda por Whatsapp para salir a correr, sino un proyecto planificado desde el principio, monetizable y hasta con patrocinadores. Mi nivel de mosqueo en este punto de la mañana era ya elevado. Pero aún iría a más.

El producto eres tú

Mientras medio escuchaba a Fulanito soltar su discurso promocional y algo sobre la importancia de cuidarse, miré a mi alrededor y apareció la tercera red flag, más o menos del tamaño de la de Plaza de Colón. De hecho, era tan evidente que no cuenta ni como red flag, sino como amigadatecuenta. Entre leggins y camisetas color flúor estaba la única persona que no iba vestida de deporte, una chica con estabilizador de imagen y móvil en mano, grabándolo todo para posterior contenido en redes sociales.

Es difícil explicar el nivel de indignación que experimenté en aquel momento, la sensación de vulnerabilidad, la cara de gilipollas que se me quedó. Estamos hartas de escucharlo y hasta de repetirlo, pero seguimos cayendo: si el producto es gratis, el producto eres tú.

Me aparté instintivamente y le dije que no me grabara. Pero todavía quedaba una última sorpresa. Esperando de frente al pelotón, grabando en un plano fijo el inicio de la carrera, Fultanito. Es decir, no solo es que estos «eventos gratuitos» tengan patrocinadores y hasta pasta como para pagarle a una persona exclusivamente para redes sociales, es que el patrocinador también se lleva unas imágenes recurso.

Todo es monetizable

Llegados a este punto conviene recordar que en España, según la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD), está permitido grabar sin pedir permiso individual en eventos públicos y cuando las imágenes son generales (como, por ejemplo, una carrera popular o un mitin). Pero esto no hace que me sienta menos incómoda. De buen rollo y en menos de cinco minutos, te has tragado un anuncio que no querías ver, una organización ha cogido tu imagen y la va a utilizar para promocionarse en Internet.

Sin embargo, lo que más me alarmó de este episodio fue que, cuando identifiqué la cámara y me quité de su campo de visión, fui la única que lo hizo. El resto del grupo parecía no percatarse, o les daba igual, algunos incluso saludaban. ¿En qué momento hemos normalizado todo esto? ¿Cuándo nos hemos acostumbrado a la presencia de cámaras en los momentos y lugares más insospechados? ¿Cómo hemos llegado a aceptar que las empresas nos graben para promocionar su actividad? ¿Por qué todo, hasta el ocio o la actividad más inocente, es susceptible de ser monetizado?

M. tenía razón

Tengo una amiga, M., que tiene fijación por algunos temas. Uno de ellos es el de la privacidad y las cookies —no las que regalaban en la pastelería del barrio después de la carrera, sino las que rastrean nuestro comportamiento en la web y comparten nuestros datos con terceros—. Antes, a veces pensaba que M. era un poco exagerada o que qué más da si total.

Pero pasan los años y el tiempo me ha demostrado que quizás mi amiga no era para nada exagerada, que sí que era para tanto, que M. tenía razón. Así que, cada vez más, me veo haciendo clic en todas las pestañitas de «rechazar cookies«, desinstalando aplicaciones y dejando solo las que no me queda más remedio —mala profesión escogí para esto—, no poniendo una reseña a un restaurante que me ha encantado, o marcando la casilla de «no acepto» en la autorización de uso de imágenes que me ponen por delante en la academia de idiomas, en el gimnasio y hasta en la autoescuela. No siempre es cómodo, porque a nadie le gusta ser el Grinch, pero a veces hay que ser un poco el Grinch.

Así que la quedada de running social terminó nada más empezar, dando esquinazo al pelotón y corriendo por mi cuenta mientras rumiaba todo esto. No tuve galleta de premio, pero sí pude proteger mi privacidad.

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La brecha de género tras el consenso sobre prostitución y pornografía en España

Por: Ana Ordaz / Democráter

Actualmente, en la sociedad española existen amplios consensos sobre la percepción de la prostitución y la pornografía. Como que la mayoría de la población considera que la primera supone una forma de violencia hacia las mujeres, y que la segunda la fomenta. Así se desprende de un reciente estudio del Ministerio de Igualdad elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

La encuesta sobre la percepción de la prostitución en España arroja gran cantidad de información y revela que existe una sensibilidad y una conciencia social sobre esta realidad. Por ejemplo, la ciudadanía percibe la prostitución como un fenómeno estrechamente vinculado a la vulnerabilidad socioeconómica y a la violencia. Sin embargo, al analizar los datos por sexos y comparar las respuestas de hombres y mujeres, aparecen los matices.

Amplio consenso, pero con matices

Es el caso de la batería de preguntas relacionadas con la percepción de la pornografía. A nivel general, el 43,5% de la población está «muy de acuerdo» con que la pornografía fomenta la violencia hacia las mujeres –esta cifra asciende al 72% si se suman a quienes respondieron estar «bastante de acuerdo»–; sin embargo, hay más de 18 puntos de diferencia entre la respuesta de los hombres (un 34%) y la de las mujeres (un 52%).

Algo similar ocurre al preguntar si la pornografía es una forma saludable de explorar la propia sexualidad: la negativa a esta afirmación es contundente; pero mientras que el 64% de las mujeres declara estar «nada de acuerdo» con esta afirmación, esta cifra en hombres cae al 44%, 20 puntos porcentuales menos.

La población se divide casi en un 50-50 a la hora de valorar si la pornografía transmite que violar a una mujer puede ser excitante, pero las percepciones por género varían notablemente. Más de la mitad de las mujeres (el 55%) está muy o bastante de acuerdo con esta afirmación, pero en hombres esta proporción cae 11 puntos, hasta el 44%. La distorsión es aún más llamativa si nos fijamos sólo en quienes responden «muy de acuerdo»: el 37% de las mujeres frente al 23% de los hombres.

Brecha de género en las respuestas

Lo mismo ocurre en la batería de preguntas sobre la prostitución. Por ejemplo, parece existir consenso social en que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres (así lo afirma el 69% de la población). Y, aunque existe un 21% de mujeres que declara estar poco o nada de acuerdo con esta afirmación, este porcentaje es del 35% entre los hombres: es una diferencia de 14 puntos porcentuales.

En la misma línea, el 28% de los hombres considera que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, una percepción que sólo comparte el 17% de las mujeres. Por otro lado, un 23% de los hombres entiende que prostituirse es una forma de ejercer la libertad sexual, frente al escaso 13% de las mujeres que están muy de acuerdo o bastante de acuerdo con esta idea. Como en el gráfico anterior, todas las respuestas se pueden consultar al detalle a continuación.

Otra divergencia llamativa entre las repuestas de hombres y mujeres la encontramos a la hora de valorar que un hombre de nuestra familia pague por sexo. En general, la sociedad española muestra un rechazo mayoritario: al 63% le parecería mal frente a un residual 2% que se mostraría de acuerdo, si bien un tercio de la población se mostraría indiferente.

Pero, al analizar los datos por sexos, encontramos que mientras que al 71% de las mujeres les parecería mal que un hombre de su familia pagase por mantener relaciones sexuales, los hombres se muestran más tolerantes, y este rechazo es del 54%: no es una desviación menor, se trata de una diferencia de 17 puntos.

Tampoco coinciden las percepciones de hombres y mujeres sobre las razones por las que los hombres pagan por sexo. Las respuestas aportadas al CIS revelan que, mientras que los hombres consideran mayoritariamente que lo hacen «para satisfacer sus necesidades sexuales» (43%), casi la mitad de las mujeres (el 49%) opinan que es «para realizar prácticas o cumplir fantasías que otras mujeres no aceptan».

Del mismo modo, los hombres aluden que «no conocen a mujeres que quieran tener sexo con ellos» en un 30% de las respuestas, frente al 21% de las mujeres que esgrimen este motivo. Pero, sin duda, una de las mayores disonancias la encontramos en la razón «para sentir que dominan la relación sexual»: sólo el 12% de los hombres menciona este motivo, pero es señalado por el 26% de las mujeres.

Prostitución 2.0

También encontramos interesantes brechas de género en las respuestas relativas a las plataformas digitales de contenido íntimo y sexual. El 65% de los hombres conoce plataformas como OnlyFans o JustForFans, 10 puntos porcentuales más que las mujeres. Y, sin embargo, el 10% de las encuestadas conoce a alguien de su entorno que se dedica a la creación de este tipo de contenidos, frente al 6% de los hombres.

En cuanto a si pagar por contenidos íntimos y sexuales en este tipo de plataformas puede considerarse prostitución, de nuevo encontramos una respuesta generalizada (el 71% de la población considera que sí), pero con matices por sexos: el 78% de las mujeres afirma que se trata de una forma de prostitución; en hombres, esta respuesta es del 63%. Una diferencia de 15 puntos porcentuales.

A la vista de las respuestas ofrecidas por los encuestados a lo largo del estudio, podría deducirse que, en general, la sociedad española ha progresado en su percepción, conciencia y sensibilidad hacia las complejas realidades de la prostitución y la pornografía. Sería muy interesante contar con series históricas a través de la cuales estudiar dicha evolución, así como con otras encuestas con las que poder comparar los datos. Lamentablemente, no existen demasiadas fuentes actualizadas sobre el tema.

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Rechazo social y blindaje político: los datos de la paradoja taurina en España

Por: Ana Ordaz / Democráter

Este artículo ha sido publicado originalmente en Democráter, un espacio de análisis político y social que apuesta por una mirada profunda a los distintos temas que preocupan a la ciudadaníia.

El pasado otoño, la Junta de Andalucía anunció la puesta en marcha de la I Estrategia Andaluza de Tauromaquia, con la intención de «blindar» y promocionar la actividad. Recientemente, con motivo de la Feria de San Isidro 2026, escuchamos a la presidenta de la Comunidad de Madrid pronunciando un contundente alegato a favor del toreo y a un emocionado Ramón García pidiendo llevar “a los niños a los toros” para hacerles “mejores personas”. A día de hoy, cadenas públicas de televisión, como la propia RTVE o Canal Sur, incluyen en su parrilla las corridas de toros.

A la vista de las cada vez más frecuentes noticias, declaraciones y medidas de respaldo a la tauromaquia, cabría pensar que España es un país profundamente taurino. Sin embargo, los datos revelan una realidad muy distinta: sólo el 8% de los españoles acudió a algún espectáculo o festejo taurino en el último año; 7 de cada 10 personas consideran “totalmente inaceptable” el uso de animales en corridas de toros; y un 70% de la población manifiesta tener un interés “mínimo” por estos eventos. A pesar de ello, el pasado octubre el Congreso de los Diputados tumbó la Iniciativa Legislativa Popular «No es mi cultura», apoyada por más de 715.000 firmas, que reclamaba retirar a la tauromaquia su reconocimiento como Patrimonio Cultural.

El de la tauromaquia es uno de esos temas que se suelen defender y debatir con argumentos que, a menudo, apelan más a lo emocional que a lo racional. Por ejemplo, el sentimiento de identidad nacional, asociándose a la esencia de “lo español”, la defensa de la tradición o la cultura. Dejando de lado estas consideraciones, a continuación nos fijamos en qué dicen los datos de estudios que en los últimos años se han detenido a analizar esta cuestión.

Aitor Garmendia / Tras los Muros | De la serie ‘Sanfermines: matanza en el ruedo’, Pamplona, 2015-2015.

Sólo el 8% fue a un espectáculo taurino

Uno de los datos más contundentes sobre la adhesión real a los toros en España lo encontramos en la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España (EHPC), publicada por el Ministerio de Cultura de forma bienal. La encuesta más reciente (2024-2025) revela que sólo el 8% de la población acudió a algún espectáculo o festejo taurino el año anterior. Concretamente, en el caso de las corridas de toros, novillos o rejones, esta cifra no llegó ni al 6%.

Como muestra el gráfico anterior, desde 2002, el dato más alto de asistencia general de la población española a este tipo de eventos no ha llegado al 10%, según recoge este estudio, realizado en todo el territorio nacional a 16.000 personas mayores de 15 años.

¿Cuánto interesan realmente los toros?

El dato de la baja participación en estos eventos es, quizás, el más llamativo de la EHPC, pero este estudio aporta más información. Como que, a lo largo de la última década, el interés por los espectáculos o festejos taurinos ha ido decayendo en nuestro país.

El porcentaje de población que declara tener un interés mínimo ha sido siempre el más señalado en este punto de la encuesta; pero, además, desde 2014 ha seguido aumentando. Actualmente, el 75% de los españoles considera tener un interés mínimo o bajo por los espectáculos o festejos taurinos, frente al 14% que manifiesta tener un interés máximo o alto.

La inclinación por los toros se distribuye de manera desigual por el territorio nacional, según los datos del Ministerio de Cultura. El promedio de las encuestas de la última década sitúan a Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Aragón, Navarra y Andalucía como las comunidades con un mayor interés en estos festejos; mientras que en el extremo opuesto del ranking se encuentran Canarias, Catalunya y Galicia. En cualquier caso, el interés por los espectáculos taurinos no alcanza ni siquiera el 4% en ninguna comunidad.

El uso de animales para entretenimiento, “inaceptable”

Un factor que va de la mano del escaso interés y asistencia a los espectáculos taurinos tiene que ver con la creciente sensibilización hacia los animales, sus derechos y bienestar. En enero de 2022, la Fundación BBVA publicó un estudio sobre la visión y las actitudes hacia los animales en la sociedad española. Dicho informe recogía un amplio conjunto de percepciones, valores y actitudes hacia los animales, incluyendo consideraciones morales.

Preguntadas por la legitimidad del uso de animales en distintas situaciones y para diversos fines, las respuestas de las personas entrevistadas arrojan un mapa dualista. Mientras que existen ámbitos en los que se acepta la utilización de animales (por ejemplo, en investigaciones veterinarias para mejorar la salud de los animales), en otros el rechazo es generalizado.

En el caso de las corridas de toros, el 70% considera “totalmente inaceptable” el uso de animales, mientras que sólo un 8% se posiciona en la opinión contraria. En la misma línea, el 76% de los encuestados valoró “totalmente inaceptable” el uso de animales para el entretenimiento en fiestas locales, frente a un escaso 4% que sí lo considera legítimo. Sólo la explotación de animales en el circo, para la caza deportiva, para la confección de ropa y la producción de cosméticos cuentan con un rechazo mayor que las corridas de toros.

Los resultados del estudio de la Fundación BBVA concuerdan con los de la encuesta sobre sensibilización de la sociedad española respecto a los derechos de los animales, publicada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 en julio de 2022. Según este análisis, sólo el 10% de la población está de acuerdo con el uso de animales en corridas de toros, mientras que un abrumador 86% lo considera “inaceptable”.

Aitor Garmendia / Tras los Muros | De la serie ‘Sanfermines: matanza en el ruedo’, Pamplona, 2015-2015.

El número de festejos se desploma

Además de los estudios citados hasta ahora, el Ministerio de Cultura cuenta con otra estadística que aporta datos cuantitativos a este escenario: la Encuesta de Asuntos Taurinos. Según los datos oficiales, proporcionados por las propias comunidades autónomas, el número de festejos taurinos ha caído un 60% desde 2014. Estas actividades han ido disminuyendo año a año —con la única excepción de los años post-pandemia—, pasando de 3.651 festejos taurinos en 2014 a 1.457 en 2024.

El gráfico anterior recoge la evolución de cada tipo de festejo, que la estadística del Ministerio desglosa en detalle (becerradas, festivales, novilladas, rejoneo, etc.). Por su parte, las corridas de toros han caído un 60,5% en ese periodo: en 2007 se celebraron 953, y en 2024 (último año disponible), esta cifra se había hundido hasta las 376 en todo el Estado español.

Anomalía democrática

Con estas evidencias sobre la mesa, resulta llamativo que el pasado octubre el Congreso tumbara la iniciativa legislativa popular que planteaba retirar el reconocimiento de Patrimonio Cultural a la tauromaquia. La ILP “No es mi cultura” logró recoger 715.606 firmas (de las cuales 664.777 fueron validadas por la Junta Electoral Central), una cifra un 42% por encima del mínimo legal exigido.

Pero los votos en contra de PP y Vox, y la abstención decisiva del PSOE, hicieron que la ILP ni siquiera llegara a ser tramitada. La iniciativa contó con 57 votos a favor de Sumar, Podemos, Junts, ERC, EH Bildu, PNV, BNG y Compromís; 169 votos en contra de PP, Vox y UPN; y con la abstención de 118 del PSOE y del todavía entonces diputado del Grupo Mixto, José Luis Ábalos.

El Congreso es la institución encargada de representar, a través de sus diputados y diputadas, los intereses y la soberanía del pueblo español. Sin embargo, al trasladar los resultados de los últimos estudios y encuestas sobre la tauromaquia en nuestro país a la Cámara Baja, las proporciones no casan: el 75% de la sociedad no muestra interés por la tauromaquia y 7 de cada 10 españoles rechazan el uso de animales en corridas de toros, pero sólo el 17% de los diputados votó a favor de derogar la Ley 18/2013 de patrimonio cultural de la tauromaquia.

Aitor Garmendia / Tras los Muros | De la serie ‘Sanfermines: matanza en el ruedo’, Pamplona, 2015-2015.

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