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Berlinale 76: entre las contradicciones de Alemania y la plataforma de nuestro cine

Por: Jorge A. Trujillo

Un año más, el Festival Internacional de cine de Berlín se ha desarrollado en medio de la polémica, haciendo de espejo a la contradicción en la que se encuentra Alemania con respecto a su pasado, su memoria y su historia. El gran festival político y del público por excelencia sigue sin posicionarse contra el genocidio de Palestina cometido por el Estado de Israel. La directora del tercer festival más importante del cine, Tricia Tuttle, y el director alemán Wim Wenders, presidente del jurado de esta edición 76, argumentaron que «no se debe esperar que los artistas hablen de todos los temas políticos».

Una frase poco acertada -que se suma a la memoria mal hecha desde la culpa del país- que ha salpicado al que, por excelencia, es el festival más político. El comunicado de la institución respaldaba las palabras de Wenders al insistir en separar “el cine de la política”, cuando se entiende que todo cine es político ya que habla de nuestras sociedades y de los humanos, animales políticos.

A la tormenta mediática se unió una carta dirigida a la Berlinale posicionándose contra el genocidio, firmada por más de 80 artistas, entre los que destacan Javier Bardem, Paul Laverty y Tilda Swinton. Y la tormenta inundó las redes y el debate, porque muchos de los invitados y estrellas aprovecharon el momento, como el cineasta Abdallah Al-Khatib que acusó a Alemania de ser “cómplice del genocidio por parte de Israel”.

El cineasta palestino Abdallah Al-Khatib durante su discurso en la Berlinale 2026.

Con todo, la 76ª Berlinale entregó su palmarés y consagró al director alemán de origen turco, lker Çatak, con el Oso de Oro por Gelbe Briefe (Yellow Letters), un drama sobre la resistencia a través de la correspondencia, un mecanismo de resistencia íntima y política en la Turquía de los 80.

El Gran Premio del Jurado fue para el «western anatolio» de Emin Alper, Kurtulus (Salvation), y Sandra Hüller se llevó el Oso a mejor interpretación por Rose, donde da vida a una madre rebelde en la Austria rural. El jurado también reconoció el trabajo de los nonagenarios Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay por su emotivo papel como pareja enfrentada al desahucio en Queen at Sea.

Otro año prometedor para el cine en español

Con las calles heladas de Berlín, el toque más cálido lo puso el siempre bien acogido audiovisual latino. Vale la pena resaltar películas y series que sí tienen una posición clara y que hacen de este festival un gran escaparate de cine comprometido que explica otras realidades de nuestra sociedad. Una de ellas es, sin duda, la que promete ser una de las series del año en España: Ravalear, de Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta (directores). Incluida en la Berlinale Special Series, nos habla de la especulación, la codicia y la pérdida de humanidad con un tema tan básico para la vida como lo de la vivienda.

El actor Enric Auquer en la serie Ravalear.
El actor Enric Auquer en la serie Ravalear.

Con una realización casi documental, agitada, diversa y en constante movimiento, como el mismo barrio barcelonés del Raval, nos adentramos en la perversión del sistema capitalista con respecto a la gentrificación y a la especulación, tocando, con sus múltiples matices, el tema de la ocupación. Las víctimas son las de siempre, los sectores trabajadores y los más vulnerables. La serie, que podrá verse completa en España en mayo, nos habla de una realidad palpable y actual: las lógicas más crueles que enfrentan los de abajo, además de centrarse en esos modelos de ciudad que ya son globales.

Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa

Por otro lado, Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa (Panorama), obtuvo el Premio Teddy (premios LGTBIQ+) al mejor largometraje. La obra nos muestra la contradicción principal de la vida: la material. Una pareja trabajadora del campo de Almería – él un chico trans y ella una andaluza de origen marroquí- forma un cóctel explosivo y muy acertado para mostrar las grandes contradicciones de base, las de las desigualdades, capital-trabajo. Envueltos en los prejuicios sociales por sus propias particularidades y condiciones, el director retrata con delicadeza y una realización muy realista, al puro estilo de cine social, los miedos, contradicciones y anhelos de la pareja y sus familias. Temas como el egoísmo, la liberación, la aceptación, la familia y el amor hacen de este debut una pieza tierna y acertada en la que, de nuevo, la Berlinale es la plataforma de estas nuevas miradas que prometen. Un año más, desde Berlín, sale una de las películas más interesantes del año.

También las películas latinoamericanas han tenido buena visibilidad en esta edición de la Berlinale. Moscas, de Fernando Eimbcke (Sección Oficial), es un retrato conmovedor y sensible que habla del cariño, las heridas y los duelos. Una fotografía en blanco y negro, resaltando la belleza de la inocencia de un niño, Cristian, nos cuenta la historia de Olga, una mujer calculadora y rígida, que se cruza con la vida del pequeño y su padre para acabar de cerrar duelos compartidos. Un gran debut para México y una brillante y encantadora actuación de un jovencísimo Bastian Escobar. La película obtuvo el Premio del Jurado ecuménico (Competencia) y de la Berliner Morgenpost.

La casa de los espíritus, serie de Francisca Alegría y Andrés Wood.

Del cono sur del continente, nos encontramos con una adaptación del libro La casa de los espíritus, serie dirigida por Francisca Alegría y Andrés Wood que capta bien la profundidad y magia (sin exagerar los artificios) de la novela de Isabel Allende, siendo consciente siempre de las limitaciones de este formato. La obra se adentra en las personas, sus misterios y sus luchas internas, y nos engancha al formato de las plataformas. La memoria familiar y la memoria histórica de un país se funden con sus múltiples matices y se puede disfrutar de los muchos acentos del español. Como nos tiene acostumbrados el realismo mágico, hablar con los muertos es un pilar para entrar en esta magia.

Con Narcisode Marcelo Martinessi, premiada con el FIPRESCI de Panorama, se ponen sobre la mesa temas que hoy siguen siendo claves para entender este mundo: la globalización y la intervención de EE. UU. desde las estructuras estratégicas y culturales. La historia sitúa a Narciso, un trabajador de una emisora de rádio en plena dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner. El rock se introduce gracias al carisma del protagonista y trae consigo un movimiento cultural  que genera rechazo. El rock, sus bailes y muchos de sus seguidores son vistos como “invertidos”. La película no es redonda, pero retrata una época y nos alerta de la oscuridad también de nuestro contexto histórico. Es inevitable no comparar el debate de hoy con respecto al reggaeton y los diferentes referentes de las nuevas generaciones, porque el rock y sus bailes también fueron detestados en sus inicios.

Ana Celeste Montalvo como Alejandra en Un Hijo Propio. Netflix ©2026

Hijo propio, de Maite Alberdi (directora de La Memoria infinita, nominada a los Oscar en 2024), muestra un retrato muy humano de una chica que finge un embarazo por la presión social para ser madre, llevándola hasta las últimas consecuencias. Jaripeo de Efraín Mojica y Rebecca Zweig (Panorama) sorprende al explicarnos la vida de la diversa comunidad queer en un contexto de rancheros y vaqueros del México profundo.

El Oso de Cristal a mejor película y Gran Premio del Jurado internacional, Chicas Tristes, de Fernanda Tovar (GENERATION), habla del despertar sexual de unas adolescentes, la amistad y la línea roja y sensible del consentimiento. Y una de las sorpresas, fue la Mención especial a la difícil de conectar y ver, Matapanki, de Diego “Mapache” Fuentes.

Finalmente, cabe resaltar, por un lado, el premio GEN Z Audience Award para Cura Sana, de la catalana Lucía G. Romero, una de las miradas nuevas e interesantes del cine español. Por otro lado, dos pinceladas del cine alemán: la vida de un taxista palestino en Berlín en Where to?, de Assaf Machnes, una de las películas más emocionantes, sensibles y llenas de humanidad que nos habla del refugio, el desamor, los matices de la lectura política y la empatía.

Y, para acabar, un retrato de la complejidad del conflicto capital-trabajo en un sistema perverso de precariedad y codicia, que traspasa a las relaciones personales con Ich verstehe Ihren Unmut, de Kilian Armando Friedrich.

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