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Obsolescencia Programada: Consumir, desechar y destruir

Por: invitadoespecial

Rafael Toro Ruiz (@RToruiz), estudiante de periodismo

La generación de residuos tecnológicos destruye ecosistemas y recursos naturales.

Consumismo y obsolescencia programada: Dos términos que van de la mano. Dos tendencias perjudiciales para los ecosistemas mundiales. La sociedad se está convirtiendo en cómplice de un sistema engañoso que incita al consumo severo de todo tipo de productos, con la intención de ver aumentados los beneficios económicos de las grandes empresas multinacionales, empresas que, de la mano de la globalización, son hoy las encargadas de dictar las reglas del juego.

Un chaval que decide cambiar habitualmente su teléfono móvil, una empresa que decide renovar los ordenadores de sus oficinas, un instituto que decide adquirir nuevas impresoras de mayor calidad o una familia que decide comprar electrodomésticos nuevos para su hogar. Estas situaciones son ejemplos de cómo se producen cada año millones de toneladas de residuos tecnológicos y basura peligrosa. Y nuestro sistema es cómplice de ello.

La “obsolescencia programada” se refiere a adelantar por parte de las empresas el fin de la vida útil de un producto para que el consumidor se vea obligado a comprar otro. La sociedad aún no es plenamente consciente de que el consumismo de tecnología, unido al acortamiento de la vida útil de los productos, conducen a una contaminación cada vez mayor del medio ambiente, incluyendo la destrucción de ecosistemas en los países del tercer mundo, tanto por la extracción masiva de los diferentes recursos naturales necesarios para la fabricación, como por su desecho final.

Nuestro sistema actual, con las grandes empresas y los medios de comunicación como actores destacados, pretende hacer pagar al consumidor muchas veces en su vida por un mismo producto con modificaciones ínfimas o innecesarias. Pero, realmente, ¿este hecho es nuevo? Rotundamente no. Antecedentes de todo tipo explican el nacimiento y la consolidación de esta tendencia tan perjudicial. La obsolescencia programada es fruto de la revolución comercial, la acumulación del capital y los avances tecnológicos, así como, de la aparición del capitalismo financiero y del liberalismo económico. El “American way of life” nacido en EE.UU., poco a poco, se adentró en la sociedad. La felicidad y el bienestar basado en el consumismo eran ya reglas básicas en los años 60.

No te pierdas este breve documental animado sobre la obsolescencia programada y percibidaLa obsolescencia programada es una práctica demasiado habitual en la industria actual y sabemos que las autoridades la toleran: “Son los consumidores los que deberían exigir que se pongan multas a las empresas para evitar esta forma de fabricar productos”, expresa con preocupación el colectivo malagueño Aulaga. Todo esto conlleva un beneficio económico para la industria, aunque tiene un impacto muy negativo sobre los recursos disponibles y los ecosistemas mundiales. “Esto no tiene en cuenta la realidad de nuestro planeta finito en el que ni los recursos ni la energía son infinitos”, afirma Fran Pérez, de Ecologistas en Acción. La obsolescencia programada bebe hoy del sistema capitalista, que usa como pozo sin fondo los recursos de los países empobrecidos. Una vez que el primer mundo disfruta de dichos recursos, estos vuelven al tercer mundo en forma de basura contaminante: “Esto perpetua una gran rueda de miseria, problemas de salud, económicos y ambientales”, expresa Fran Pérez.

Según la ONU, generamos unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos al año, la mayor parte de ellos producidos en Occidente, que van a parar a países en vías de desarrollo, donde se apilan sin control. Esta basura electrónica se reparte entre dos grandes vertederos: Ghana (África) y Guiyu (China). La primera y más impactante consecuencia de esto es la destrucción de los ecosistemas. La basura sustituye a la fauna y a la vegetación. La riqueza ambiental se ve sumergida en millones de residuos apilados sin control, provocando desde la contaminación de aguas subterráneas con metales pesados y otros tóxicos, hasta la contaminación del aire en caso de que estos residuos se quemen, pasando por la extracción severa de recursos y la destrucción de ecosistemas.

Es necesario sumar a lo anterior la generación de residuos no biodegradables. Si bien, muchos de los componentes que se usan para fabricar los diferentes productos electrónicos no son tóxicos cuando el aparato es útil, esto cambia radicalmente cuando el aparato se desecha. Esto pasa principalmente con plásticos, vidrios, baterías o pantallas LCD, elementos perjudiciales tanto para la salud como para el medio ambiente, por contener productos químicos tóxicos cuando se liberan al medio.

Pero, sin duda, la consecuencia número uno de la obsolescencia es el abuso extremo de los recursos naturales. Teniendo en cuenta la baja tasa de reciclado, el sistema de producción se convierte en una “extracción continua y desenfrenada”, definido así por Fran Pérez. La mayoría de productos tecnológicos necesitan para su fabricación la extracción de metales y minerales como cadmio, cromo, mercurio o coltán, entre otros, recursos considerados no renovables.

Cuando se habla de obsolescencia programada, lo que más chirría en la actualidad es la dudosa voluntad de la UE para solventar el problema, así como el desconocimiento generalizado de la sociedad, que toma en muy pocas ocasiones la iniciativa para exigir a sus dirigentes cambios a este respecto. El caldo de cultivo de todo esto es que los gobiernos occidentales, más allá de tomar medidas o no para parar la obsolescencia programada y de velar por el interés general de la ciudadanía, en demasiadas ocasiones “se decantan más por favorecer los intereses de las empresas multinacionales”, afirma Aulaga.

En octubre de 2014 un país europeo mostró sus primeros deseos de luchar contra este fenómeno. El parlamento francés aprobó, dentro de la Ley de Transición Energética, multas de hasta 300.000 euros y penas de cárcel de hasta dos años para todos aquellos fabricantes que programaran de manera consciente el fin de la vida útil de sus productos. Esta normativa se convertiría en la primera legislación europea que reconocería, de manera abierta y sin tapujos, la existencia de la obsolescencia programada. Pero el intento fue en vano. Las medidas asomaron pero, rápidamente, volvieron a esconderse y nadie ha sido condenado aún. Dos años después de la aprobación de esta medida francesa, el resto del continente sigue prácticamente igual, España incluida.

Como afirman diferentes asociaciones ecologistas, en nuestro país hubo un momento en el que la sociedad parecía ser consciente del problema. Todos querían imitar la nueva normativa surgida en Francia pero, pese a que todo indicaba que España sería otro de los países en controlar de manera férrea a las empresas “tramposas”, llegamos a 2016 sin una normativa en este sentido. Hay voces, pequeños colectivos que lo intentan, aunque una vez más queda en evidencia la falta de firmeza de nuestro gobierno en este aspecto. “Para parar la destrucción de ecosistemas debemos comenzar deteniendo la rueda consumista de la obsolescencia programada. «El mejor residuo es el que no se genera» debería ser el eslogan de una humanidad coherente con sus actos y empática con el medio que la rodea”, afirma Fran Pérez.

Teniendo en cuenta el plan llevado a cabo por Francia, en los últimos meses se ha dejado ver alguna intención para fomentar la lucha contra la obsolescencia programada. Recortes Cero–Los Verdes fue una de las pocas candidaturas ecologistas que se presentó a las elecciones generales en España en 2016. En su programa reservó un espacio donde aboga por conseguir una “España ecológica y socialmente justa”. Esta candidatura incorpora la propuesta de legislar para “prohibir por ley la obsolescencia programada”. Pretenden así poner en marcha un nuevo modelo de mercado centrado en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.

Todavía son pasos insuficientes y voces demasiado débiles. La obsolescencia programada genera innecesariamente cientos de miles de residuos que podrían evitarse. España es uno de los países con mayor protagonismo, pues sus 800.000 toneladas anuales de residuos electrónicos no pasan desapercibidas. Las soluciones no llegan y el reloj corre en contra de la sociedad y del medio ambiente.

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Todos contra el plástico: los vecinos de Málaga actúan; el ayuntamiento no

Por: invitadoespecial

La conciencia ambiental anti-plástico está creciendo, pero aún no está cerca el día en el que se dejen de utilizar envases de usar y tirar. Los grandes problemas del plástico son que se consume masivamente, que su reciclaje no es rentable y que es un proceso con altos impactos ambientales (transporte, gestión, separación…). Todo ello hace que se abandonen todo tipo de residuos en la naturaleza, generando contaminación hasta el extremo de que el plástico ya está en nuestra comida más habitual.

La solución a este problema es bastante simple, empezando por obligar a reutilizar todos los envases, pero los gobiernos parecen estar amordazados por las grandes industrias. Al ciudadano corriente solo le queda dejar de comprar productos “plastificados”, protestar, separar bien los residuos y efectuar campañas de concienciación. En este último punto se enmarca una curiosa campaña.

El pez que sí come plásticos

En Málaga, la Asociación de Vecinos de El Palo, con la colaboración del Distrito Este y el Colegio Safa-Icet han colocado en la playa el “Pez come plásticos” (a la altura de calle Quitapenas, 69, el 3 de junio). Es un pez de 4 metros de largo con la leyenda “Este pez SÍ come plásticos”.

La estructura del pez la hicieron alumnos de FPO del colegio Safa-Icet que desde el comienzo de esta aventura se ofrecieron a participar entusiastamente. Se pretende llamar la atención de los ciudadanos sobre la importancia de no tirar plásticos en la playa ni en la calle, porque pueden acabar en el mar.

Uno de los mayores problemas es el mercadillo que funciona los sábados. Los comerciantes dejan nuestras playas llenas de plásticos. Hemos hecho reuniones con los interesados y el ayuntamiento para explicarles la importancia que tiene que tiren los plásticos en los contenedores correspondientes. Han pasado tres años de esa iniciativa y los comerciantes no han cambiado su conducta. El ayuntamiento mira para otro lado, al igual que la policía que debería estar controlando la zona. Es otro dato que demuestra el poco compromiso ambiental del Ayuntamiento de Málaga.

El ayuntamiento habla de su compromiso con los objetivos de desarrollo sostenible, los ODS, dentro de la agenda 2030, lo cual queda muy bonito, PERO… hay que pasar a los hechos, a las acciones. La realidad es que la playa se llena de plástico ante la inacción del ayuntamiento, sin tener en cuenta que el mar se contamina. Así, es habitual encontrar plásticos en el agua.

Entonces, decidimos pasar a la acción y comenzamos por las noches de San Juan y algo hemos logrado revertir. La campaña #ElPalo0plásticos marca nuestro propósito. Podemos conseguirlo con la colaboración de todos. En esa noche especial unos 20 voluntarios recorren las playas explicando la importancia de no ensuciar la playa. Volvemos a pasar varias veces hasta las 2 de la mañana, cuando miramos que esté todo bien recogido. Con pequeñas acciones, se puede hacer mucho.

Estos dos últimos años nuestras playas aparecen esa noche limpias de plásticos y restos de basuras. Nos hemos de felicitar todos por esto. El nuevo desafío es lograr que las personas reciclen lo que llevan a la playa. Todo se andará.

Graves consecuencias del plástico

Debido a que el plástico es muy persistente y se dispersa fácilmente, podemos encontrar plásticos en todos los rincones del planeta, desde el Ártico hasta la Antártida. Una vez los objetos de plástico llegan al mar pueden ser ingeridos por la fauna marina y acumularse en su interior, pueden quedarse en suspensión o flotando en la superficie, o bien hundirse y permanecer en el fondo marino, o incluso pueden quedar atrapados en el hielo del Ártico. Ya se han encontrado plásticos hasta en las zonas más profundas, a más de 10.000 metros de profundidad.

En las costas y el litoral también se pueden encontrar altas concentraciones de plásticos, especialmente en regiones con altas poblaciones costeras, con sistemas de gestión de residuos inadecuados, pesquerías intensivas, o turismo elevado, como ocurre en nuestra ciudad.

En el Mediterráneo también encontramos una gran cantidad de microplásticos, similar a las de las “sopas” de plásticos. De hecho, entre un 21% y 54% de todas las partículas de microplásticos del mundo se encuentran en la cuenca del Mediterráneo. Durante las investigaciones que Greenpeace llevó a cabo en 2015, se recogieron una media de 320 objetos de basura por cada 100 metros de playa muestreada en España, siendo el 75% de estos residuos objetos de plástico. Cada día se siguen abandonando 30 millones de latas y botellas de plástico en España, que pasan a contaminar nuestro entorno terrestre, costero y marino.

Una vez los objetos de plástico llegan al medio marino tardan entre décadas y cientos de años en degradarse. El tiempo de degradación depende del tipo de plástico y de las condiciones ambientales a las que se expone (luz solar, oxígeno, agentes mecánicos…). En el caso de los océanos, la radiación UV procedente de la luz solar es el principal agente que degrada el plástico. La acción del oleaje acelera este proceso y como resultado los fragmentos más grandes se van rompiendo en trozos más pequeños, generando microplásticos y nanoplásticos.

Es difícil estimar el tiempo que tarda en biodegradarse el plástico en los océanos, pero se considera que es mucho más lento que en tierra. Una vez que el plástico queda enterrado, pasa a la columna de agua o queda cubierto por materia orgánica o inorgánica (lo que es muy frecuente en el medio marino) queda menos expuesto a la luz solar, y disminuyen las temperaturas y el oxígeno, lo que retrasa su degradación.

Durante todo este tiempo hasta que se degraden, todos los objetos de plástico que llegan al mar pueden causar graves daños a la fauna marina. Actualmente, unas 700 especies de organismos marinos se ven afectados por este tipo de contaminación. Cada año, más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar (Informe de Greenpeace).

Reflexiones de los jóvenes

Para finalizar os dejamos algunas reflexiones entrañables de los alumnos del Colegio Safa-Icet.

  • Canción elaborada por alumnos:

Yo no tengo pa darte una estrella,
pero aquí te dejo mi botella.
Para darte yo tengo poquito,
pero es fácil coger plastiquitos.

Yo no tengo pa llenar tu malla,
pero si dejar limpia mi playa.
Y aunque es poco lo que yo te ofrezco, con orgullo,
¡¡¡TODO MI PLASTICO ES TUUUYOOO!!!

  • “Este pez SÍ come plástico” vídeo realizado por Paco Valentín.
  • Los niños del colegio Safa-Icet han llamado al pez Safacito y estos son los 10 compromisos que han asumido:
    1. Infantil. Me comprometo a usar las tres “R”, Reducir, Reutilizar y Reciclar (por este orden).
    2. 1º primaria. Me comprometo a comprimir botellas, plásticos y bolsas para que haya más espacio para otros residuos.
    3. 2º Primaria. Me comprometo al uso de productos biodegradables (garantizando que lo sean).
    4. 3º Primaria. Me comprometo a cuando vaya al supermercado llevar mis propias bolsas de tela o cartón.
    5. 4º Primaria. Me comprometo a hacer uso de un consumo responsable de electricidad y agua.
    6. 5º Primaria. Me comprometo a donar ropa, libros y juguetes en buen estado.
    7. 6º Primaria. Me comprometo a contar este proyecto a mi familia y amigos para que colaboren conmigo.
    8. 1º ESO. Me comprometo a recoger los plásticos que vea en la arena para con ellos alimentar a nuestro pez.
    9. 2º ESO. Me comprometo a una compra responsable, comprando lo que vayamos a usar y necesitar para no desperdiciar.
    10. 1º Bachillerato. Me comprometo a vivir en coherencia con estos compromisos y así desde SAFA-ICET cambiar mi parte del mundo, para hacer de él un sitio mejor para todos y todas.

Asociación de Vecin@s de El Palo.

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Cada plástico que quitamos… ¡CUENTA!

Por: invitadoespecial

Evento Facebook para limpiar las playas, cada uno por su cuentaEn Marzo, publicamos una foto en nuestro muro de Facebook, con el título “Nuevo reto: cada vez que vayas a la playa recoge 4 piezas de plástico”. Esta publicación ha llegado a más de 56.000 personas, muchas de las cuales se han comprometido a hacerlo. Esta pequeña reflexión de Veganized – non toxic fashion se convierte en viral y conseguimos limpiar un poquito el mar.

Veganized – non toxic fashion es un proyecto joven. Tenemos unos 3.400 seguidores reales en Facebook en apenas 4 años que llevamos en el mercado (estamos muy orgullosos de no usar robots, ni de comprar “me gusta”). Por eso, nuestra campaña la calificamos de éxito total. No obstante, no nos conformamos solo con algunos “me gusta” o que la publicación se comparta muchas veces. No queremos que todo quede en un simple acto en las redes sociales. Queremos que se convierta en realidad, porque 4 piezas de plástico multiplicado por miles de personas, son muchas piezas de plástico fuera de las playas, consiguiendo así revertir un poco el problema del plástico en el planeta.

Así pues, convertimos este reto en un evento llamado “Plastic ain’t fantastic que durará todo el año, y en el que hay un incentivo para participar. Como somos una tienda online y concept store en Málaga, con moda sostenible para hombres, mujeres y niños, decidimos hacer un sorteo cada mes con algunos de nuestros productos o con colaboraciones del sector ecológico.

No pedimos el simple gesto de dar un “me gusta” o compartir, sino actuar. Pedimos a los participantes que suban una foto al evento, recogiendo basura de la playa y así entran automáticamente en el sorteo y pueden participar cada mes durante todo el año, todas las veces que quieran.Los plásticos en el mar hacen mucho daño a la fauna marina y al ser humano.

Durante el primer mes hemos llegado a cerca de 1 millón de personas, de las cuales más de 8.000 han participado en el evento. Muchísimas personas con mucha conciencia y respeto por el medio ambiente han subido fotos, y hemos recibido agradecimientos y comentarios que nos enorgullecen y nos dan mucha esperanza en alcanzar un mundo más limpio.

Esta iniciativa ha sacado a la luz a personas que desde hace muchos años ya recogen plásticos de la playa o el campo, pero que antes no eran tan visibles. La iniciativa ha concienciado a miles de personas y les ha movido a actuar. Se ha convertido en una plataforma para compartir información, buenas practicas, eventos similares, etc. También nos ha dado a nosotros más visibilidad en las redes, porque todavía hay muchas personas que no saben que existe la moda alternativa, ética, sostenible y muy fashion.

Pero sobre todo estamos consiguiendo no solo que se recojan 4 piezas de plástico, sino muchas bolsas llenas de basura y no solo de las playas. Esto es lo más importante, porque el plástico está matando fauna salveje. Por eso, os animamos a participar, bien sea por el sorteo o bien por vuestra conciencia.

Nosotros no nos quejamos de los ayuntamientos o de la gente que tira los plásticos, pues quejarse es tan fácil como dar un “me gusta”, y nosotros preferimos actuar. Pero por supuesto, pedimos a las autoridades una política de envases sensata que fomente la reutilización y que evite que tantos plásticos acaben en el mar.

#PlasticAintFantastic
Saludos de Melanie y Uli
vuestro equipo Veganized – non toxic fashion

Más información:

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Reutilizar envases (y no reciclar) es lo más ecológico: Por un SDDR para envases retornables

Por: Pepe Galindo

El problema de los envases y del plástico es inmenso y bien conocido. Este artículo propone una solución simple, definitiva y barata, basada en dos puntos clave, con el objetivo puesto en reducir los envases de un solo uso y, por tanto, en tener que reciclar menos.

Cuando se habla de ecología, suele pensarse en reciclar y en el cambio climático, y suele olvidarse lo más importante. Hoy queremos aclarar que reciclar NO es tan ecológico. Es como si alguien dijera que es ecológico tirar una botella a la basura porque es mejor que tirarla al mar o quemarla. Algo que es mejor que otra cosa no lo convierte en ecológico. Además, aunque reciclar ahorra CO2, está lejos de estar entre las acciones más ecológicas.

¿Reciclar es lo más ecológico?

Cuando reciclamos, primero ya hemos consumido unos recursos para fabricar algo, y segundo, hemos demostrado que somos incapaces de reutilizarlo. Por tanto, solo nos queda reciclar para evitar que ese material se pierda (algo básico en economía circular).

Sobre los productos que llegan a los puntos limpios ya hemos hablado en otro artículo en nuestro blog. En él dábamos recomendaciones interesantes, así como una breve explicación sobre las diferencias entre reutilizar y reciclar.

Ante la avalancha de envases (principalmente de plástico) que invaden nuestros mares, montes, ríos, calles, etc., muchos piensan que hay que reciclar más nuestras botellas, latas de bebidas, envases de yogur, botes de detergentes, tetrabriks… Veamos porqué reciclar no es lo más ecológico y una propuesta para evitar este problema.

Lo más ecológico es Reducir y Reutilizar

Regla de las 3 erres, pero la última es reciclar, lo cual NO es ecológico.Lo primero que hace cualquier ecologista es intentar REDUCIR al máximo el consumo de productos envasados (esa es la primera erre de la regla de las 3 erres). Algunas ideas son comprar productos sin envases (a granel) o en envases grandes.

Cuando un producto ya lo hemos consumido, ¿qué es lo más ecológico que podemos hacer con su envase? Lo más ecológico es devolver el envase al fabricante, para que lo vuelva a utilizar: a eso se le llama REUTILIZAR. Así, un mismo envase puede usarse miles de veces.Vidrio retornable y SDDR, la pareja perfecta

¿Cómo podemos asegurar que los envases se devuelvan al fabricante? La respuesta es el Sistema de Depósito Devolución y Retorno (SDDR) que consiste en pagar un pequeño depósito por los envases que compramos y recuperar ese dinero si los devolvemos: Si lo devuelves, no pagas. Así se hacía en España hace unos 40 años con botellas de leche, cerveza, gaseosa… hechas de vidrio retornable, el envase más ecológico (si se reutiliza).

El SDDR es fundamental para conseguir que la gente perciba la obligación de devolver el envase. Desgraciadamente, sin SDDR la gente tira los envases en cualquier lugar (véanse las islas de plástico en los océanos). Las tasas de reciclaje demuestran que el sistema actual en España de contenedores de colores (SIG) es un fracaso. Ciertamente, es mejor que nada, pero dista mucho de ser un sistema ecológico y sensato. Para colmo, muchas de las toneladas de envases de plástico que se recogen en España no llegan a reciclarse jamás, porque muchas plantas de reciclaje arden en extrañas circunstancias. Después de todo el esfuerzo, todo queda en humo y contaminación. ¿Quién puede asegurar que los envases de plástico recogidos con SDDR no arderán y serán finalmente reciclados?

En algunos países hay máquinas para el SDDR que te dan dinero por cada envase que introduzcas. Puede ser buena idea pero no olvidemos que los aparatos electrónicos contaminan mucho en su fabricación; y apenas se pueden reciclar. Por otra parte, estas máquinas ahorran trabajo humano y, por supuesto, deben admitir envases retornables para reutilizarlos (no para reciclarlos).

Nuestra propuesta en dos puntos

Lo que proponemos es muy simple y se basa en dos actuaciones (ver vídeo resumen):

  1. SDDR para envases reutilizables y exigir que los envases de vidrio sean siempre reutilizables (salvo que se justifique el porqué no).
  2. Las empresas pagarán una tasa por cada envase NO reutilizable que pongan en circulación, y esa tasa irá creciendo año a año.

Los envases no reutilizables pueden (y deben) tener también su SDDR, pero si la tasa que pagan las empresas es elevada, este tipo de envases tenderán a desaparecer. Esta tasa puede ser pequeña durante unos pocos años, pero debe subir progresivamente. Las empresas tendrán así tiempo para hacer que sus envases sean reutilizables, y para adherirse al SDDR para envases reutilizables.

Para otros tipos de envases, como los de caramelos o bolsas de magdalenas, podemos seguir manteniendo el contenedor amarillo, el cual habría que recogerlo menos veces e incluso podrían usarse también para todo tipo de plásticos (como juguetes, adornos…) que irían al punto limpio, en vez de a la basura como ocurre ahora.

Las máquinas para el SDDR (si se opta por ellas) deberían estar situadas en lugares públicos, igual que los actuales contenedores de reciclaje, pues no sería justo hacer pagar a los pequeños comercios por unas máquinas que, sin duda, son caras (aunque los comercios reciben algo por cada envase). Pero el SDDR es independiente de estas máquinas. Son debates independientes dado que se puede aprobar un SDDR sin instalar ninguna máquina. Esto es importante, ya que algunos defensores del SDDR han sido acusados de tener más interés en el negocio de las máquinas que en reutilizar envases. Es el caso de la organización Retorna, gran defensora del SDDR, y de sus opositores de la plataforma sddr.info. En sus webs hay bastante material para ambas posturas, pero al leerlo no hay que preguntarse solo qué sistema reciclaría más, sino qué sistema reutilizaría más. La respuesta está en los dos puntos de nuestra propuesta hecha más arriba.

Es curioso que hasta la reina de Inglaterra ha prohibido envases de plástico en sus propiedades. Los nuevos envases de palacio deben ser “biodegradables o compostables”, pero no incluye los envases más ecológicos, los reutilizables. Está bien reducir el plástico, pero no a costa de aumentar el consumo de otros recursos.

Resumiendo, deberíamos acostumbrarnos de nuevo a los envases de vidrio para la leche y a verlos con buenos ojos también para otros productos: detergente líquido, yogur, zumos, batidos… y comprar más a granel. El SDDR es ventajoso usado para REUTILIZAR. Lo ecológico es reciclar lo menos posible porque no sea necesario. Hay que cambiar el discurso sobre el reciclaje, porque muchos piensan que el problema está en que no se recicla, y el problema real está en que se producen muchos envases de usar y tirar (que encima no se reciclan). Puede que la cesta de la compra pese algo más con los envases retornables, pero… ¿queremos hacer algo por el planeta sin poner nada de nuestra parte?

Un vídeo resumen y más información relacionada con este grave problema:

NOTA: Este artículo ha sido publicado también en InfoLibre.

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Recoge Tapones de Plástico: Reciclaje y Solidaridad

Por: Pepe Galindo

Símbolos de los distintos tipos de plásticoEl plástico es un material orgánico (no mineral) compuesto fundamentalmente de carbono y otros elementos como el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, o el azufre. La mayoría de los plásticos que se comercializan provienen de la destilación del petróleo. La industria del plástico utiliza el 6% del petróleo que pasa por las refinerías.

Cinta de Möbius con flechas para identificar lo reciclable
Cinta de Möbius con flechas para identificar lo reciclable

Hay muchos tipos de plástico y suele identificarse que es reciclable con un triángulo de flechas con un número en su interior y unas siglas debajo (aunque algunos tipos, como el 7, son difícilmente reciclables). El triángulo de flechas procede inicialmente de una cinta de Möbius, una superficie con una única cara de forma que si recorremos su superficie en un sentido, pasamos por todos los lugares y volvemos al punto inicial.

El plástico de casi todos los tipos de tapones y tapaderas  es valioso y bueno para ser reciclado (de botellas de bebidas, de mantequilla, de aceite, de detergentes, tarros, envases…) . Un inconveniente es que en el contenedor amarillo (de envases) está mezclado con los demás tipos de plástico y ensuciado con restos de alimentos, limpiadores, etc. Es un plástico valioso pero a nivel particular no compensa recogerlo pues lo pagan hasta 300 euros por tonelada. Sin embargo, si mucha gente se une para recopilar tapones, se pueden conseguir muchas toneladas.Tipos de tapones de plástico para reciclarse, con fines solidarios

En España han aparecido varias iniciativas para recoger tapones y tapaderas de plástico para destinar los ingresos a proyectos solidarios. Mucha gente, con colegios, empresas, y comercios, están recogiendo tapones gracias a la colaboración de millones de personas (10 millones según algunas fuentes).  Uno de los proyectos más exitosos es el de la fundación SEUR para ayudar a Aitana, una niña con una cardiopatía congénita que gracias a la ayuda de la gente está recibiendo tratamiento. Ayudar es tan simple como coleccionar este tipo de tapones y tapaderas de plástico, y llevarlos a algún centro que los recoja para algún proyecto, como las oficinas de SEUR, por ejemplo, o el proyecto de Lola, niña con parálisis cerebral (página de facebook), u otros proyectos (AEFAT, Aitzina, Iker…).

Sirven prácticamente todo tipo de tapones y tapaderas de plástico. Ya puedes empezar tu colección particular, mientras buscas el proyecto con el que quieres colaborar. Es un sencillo gesto cotidiano que mejora el reciclaje de residuos y se colabora en proyectos solidarios. Sigue las 3 erres, o las 4 erres

Para los más curiosos, hacemos algunas aclaraciones:

  1. ¿Por qué sólo tapones y tapaderas? Porque los envases completos ocupan más espacio y suelen ser de otros tipos de plástico, lo que obligaría a la gente tener que mirar su tipo. Además, los envases suelen tener más suciedad que los tapones. Los envases serían aceptables si estuvieran llenos de tapones, para reducir el volumen final, pero si la recogida es compleja la gente puede estar menos dispuesta a colaborar y por eso sólo se piden tapones. Lo bueno de los tapones es que el 99.9% son de plástico tipo 2 ó 5, que no son tóxicos, pueden usarse en alimentación, y son buenos para ser reciclados.
  2. ¿Se pueden incluir otro tipo de materiales plásticos? Mejor no, porque pueden ser de otros tipos. Si estamos seguros que son plásticos del 2 ó del 5, sí se pueden incluir pero sólo si no ocupan mucho volumen, porque aunque el plástico sea del mismo tipo que los tapones, puede complicar el proceso de reciclado general.

AVISO a los que recogen tapones: Para recoger tapones es buena idea pasear por lugares donde se consuma agua embotellada u otras bebidas, o sus alrededores (en verano, más aún). Al menos en España, se dejan las botellas tiradas por todos los sitios, incluyendo las papeleras.

  • Lugares turísticos: monumentos, parques de atracciones…
  • Lugares deportivos: Gimnasios, pistas, polideportivos…
  • Lugares de ocio: pistas de patinaje para jóvenes, parques, zonas de ocio…

Un tapón de una botella normal pesa unos 2 gr., por lo que para una tonelada hacen falta 500.000 tapones.

También hay empresas que recogen y reciclan bolígrafos: Colabora y consigue puntos solidarios. Mira este vídeo: http://blogs.20minutos.es/cronicaverde/tag/terracycle/

AGRADECIMIENTOS: A Reciclados ANICO, y BilboPlastik, por la información facilitada para escribir este artículo (estas empresas podrían estar interesadas en comprar los tapones, pero hay muchas otras empresas).

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ENERGÍA NUCLEAR Y RESIDUOS NUCLEARES: ¿Una Historia Interminable?

Por: invitadoespecial

Originalmente las centrales de energía nuclear se crearon dentro de un plan de estrategia energética, debido a la gran dependencia que existía hasta esa fecha, de los combustibles fósiles. Así, tras la creación, en la antigua URSS, del primer reactor de energía nuclear en 1954, sobrevino un periodo de edad dorada nuclear, entre 1960 y 1988, cuando se pasó de apenas 16 centrales de energía nuclear a 416.

Acontecimientos como el ocurrido en la central nuclear americana de Three Mile Island en 1979, o el de Chernóbil en 1986 supusieron un alto a una mayor implantación de este tipo de modelo energético. De hecho, desde entonces apenas se ha construido una central nuclear al año en todo el mundo.La muerte sobre Chernobil y Fukushima

El terremoto y posterior tsunami ocurrido el pasado 2011 en Japón derivó en otra catástrofe nuclear, cuya magnitud eclipsó a la del propio terremoto y volvió a recordarnos los peligros de la actividad nuclear. La alarma social creada llevó a políticos de todo el mundo a hacer promesas, más o menos comprometidas con los movimientos antinucleares, especialmente en aquellos países que más dependen de la energía nuclear. Y es que actualmente, debido a la inversión y el desarrollo de sistemas de generación energética a partir de fuentes renovables, es el momento de traer a primer plano de la actualidad la discusión sobre la necesidad de las plantas de energía nuclear a fin de conseguir compromisos políticos aprovechando el momento de sensibilidad social.

En este contexto, y quizá debido a él, en Europa el pasado año se aprobó el llamado “Paquete Nuclear” de directivas sobre seguridad nuclear y tratamiento de residuos nucleares, en un intento de comprometer a los Estados Miembros, no ya con la seguridad en las plantas de energía nuclear, sino sobre todo, con el tratamiento de los residuos generados por el combustible consumido en los reactores. Así en las directivas se compromete a los Estados Miembros para el desarrollo, en el ámbito nacional, de plantas de almacén final para residuos nucleares.

Y es que tras más de 50 años utilizando energía nuclear para uso civil, es necesaria la generación de lugares de almacenamiento final de residuos procedentes del combustible empleado en las centrales nucleares. Actualmente la mayoría de los residuos de combustible nuclear se encuentran en las piscinas de los reactores nucleares, pues se necesitan entre 40-50 años para que estos residuos puedan ser manipulados en unas condiciones de seguridad permisibles. Aunque hay distintos tipos de tratamiento del combustible nuclear, ninguno de ellos puede ser considerado como definitivo. Por lo que durante todo este tiempo se ha utilizado y se sigue usando la energía nuclear, sin saber exactamente qué hacer con los residuos que se ella se derivan.

Dadas las características de los residuos, en muchos países se ha optado por la creación de almacenes en espacios geológicos a gran profundidad, en los que gracias a una superposición de barreras naturales y artificiales se quiere aislar al máximo la radiación para evitar daño a las personas y el medioambiente. El almacén consistiría en túneles o cavernas en las que se depositarían los residuos empaquetados. En algunos casos los contenedores de residuos serán rodeados por material como cemento o arcilla para proveer otra barrera. Las opciones de contenedor varían según el tipo de residuo y la naturaleza geológica del lugar. La profundidad de estos lugares varía desde 250 a 1000 m. Sin embargo debido a la gran duración de la radiactividad de estos residuos (del orden de decenas o centenas de miles de años) es imposible pronosticar la total efectividad de las medidas.

Un antecedente conocido, y sobre el que se han realizado multitud de estudios que sirven de base para plantear este tipo de almacenes, ocurrió hace 2 millones de años, cuando por las condiciones naturales, en una zona del oeste de África rica en uranio, se produjo una serie de reacciones nucleares. La actividad se prolongó durante 500.000 años, y actualmente los residuos que quedan no presentan radioactividad.Artículos sobre Energía Nuclear: Símbolo de radiactividad

Según recomendaciones de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, estos lugares de almacenaje de residuos nucleares deben garantizar el aislamiento de los residuos nucleares de forma pasiva, es decir sin que sean necesarias medidas de control o mantenimiento a generaciones futuras. Por lo que todo empleo generado en la región será temporal, mientras que la contaminación será para siempre o al menos durante decenas de miles de años, en el mejor de los casos.

Aún hay controversia a nivel internacional sobre si estos espacios geológicos a gran profundidad deben ser cerrados y sellados completamente, lo que mejoraría en la medida de lo posible el aislamiento de los residuos; o si debe permitirse la posibilidad de recuperar los residuos por si en el futuro el posible utilizarlos nuevamente como fuente de energía. En la actualidad no existe en el mundo ningún almacén final de residuos nucleares. El único ejemplo es una planta piloto en EEUU donde se almacenan desde 1999 residuos nucleares derivados de la actividad investigadora y de la industria bélica.

Quizá haya llegado el momento de echar tierra sobre la energía nuclear, o quizá veamos florecer en los próximos años más plantas de energía nuclear alrededor del mundo (ante el problema del pico del petróleo… pero tengamos en cuenta que los costes previstos de construir y desmantelar centrales nucleares, y guardar sus residuos en ATCs se calculan teniendo en cuenta precios del petróleo asequibles, como los actuales, lo cual puede durar no mucho). En todo caso, ya que la tecnología nos ha llevado hasta aquí, esperemos seguir progresando y encontrar soluciones, aunque sean para problemas generados en el pasado.

Francisco J. López
Voluntario Greenpeace (grupo local de Málaga)

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Basura humana

Por: Pepe Galindo

Por el título, algunos pensarán que vamos a hablar del genocidio de Gaza. Pero no. Eso ya lo hicimos. Esto va de la basura en sentido literal.

En el libro La Recivilización, el científico Fernando Valladares recuerda al gran Félix Rodríguez de la Fuente cuando advertía —en 1972— sobre este problema: coches, bolsas, envases, venenos en la sangre… Y acababa diciendo: «No cabe duda de que la nuestra puede llamarse la civilización de la basura». No se pierdan el vídeo completo.

Por ignorancia o mala fe, algunos culpan de este problema a los ciudadanos que ni reciclan ni usan las papeleras. ¿Y si quitamos las papeleras de las ciudades? Es frecuente querer ver en esto de los residuos un simple problema de incultura. Pero no es cierto. Y se ve claramente cuando encontramos basura humana más allá de la atmósfera.

Basura espacial, el ejemplo evidente de que la basura no es culpa de la ciudadanía corriente, sino que siempre hay detrás personas muy

Basura espacial, el ejemplo evidente de que el problema de la basura omnipresente no es culpa de la ciudadanía corriente, sino que siempre hay detrás personas muy «cultas»: gobiernos, políticos, empresas… y científicos.

Se llama basura espacial a los objetos artificiales inservibles que orbitan nuestro planeta. Está compuesta de satélites inactivos, fragmentos de cohetes, tornillos o partículas de pintura. Estos desechos se mueven a altísimas velocidades y representan un peligro para los satélites, para la Estación Espacial Internacional y para cualquier misión cósmica. También interfieren en la observación científica de los astros. Estamos hablando de unos 26 mil objetos del tamaño de una pelota de tenis y más de 500 mil del tamaño de una canica. Además, el problema tiende a aumentar (también por el síndrome de Kessler).

Pregunta: la causa de esta basura espacial, ¿es también la mala educación de la ciudadanía? La respuesta es evidente: no. Son personas de la élite de la humanidad las que han permitido llenar de basura —y envenenar— tanto la Tierra como la Luna y el cosmos.

Por tanto, basta ya de culpar a la ciudadanía cuando el problema son, principalmente, aquellos que se lucran con el desastre: políticos, empresas y también científicos, todos ellos (suponemos) sin formación ética ni ambiental, ni ganas de tenerla. Recordemos que gran parte de los inventos y de las tecnologías actuales se han puesto en funcionamiento sin que los científicos hicieran una evaluación de impacto ecoanimalista ni social. Nadie se lo exigió y las empresas no tuvieron interés alguno en hacerlo. Demasiadas invenciones humanas habría sido mejor no inventarlas jamás (aquí unos ejemplos evidentes).

Los científicos de la NASA que dejan basura espacial no son incultos ni inconscientes. Simplemente no les importa demasiado porque su auténtica misión es otra…

Un último dato: es bien conocido que no hay garantías de control de los 1.000 nuevos productos químicos que entran al mercado cada año. ¿Quién está detrás de estos químicos? ¿Quién se fía de esas personas? ¿En qué universidad han estudiado? Este es otro desaguisado en manos de cientos de personas (científicos, políticos, empresarios…). Y aquí es donde se aplica la teoría del pelotón de fusilamiento ambiental.

Hemos llegado a un punto en el que no sabemos si la basura es lo que producimos los humanos o si, directamente, somos basura.

♦ Más sobre basura y el asco:

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Basura espacial, el ejemplo evidente de que la basura no es culpa de la ciudadanía corriente, sino que siempre hay detrás personas muy

✇Radios Libres

El impacto ambiental de las TIC

Por: Radios Libres

Celebramos el Día de la Radio hablando sobre el impacto mediambiental de las tecnologías.

El 13 de febrero, a propuesta de la UNESCO, se celebra el Día Mundial de la Radio. Este año han decidido dedicarlo al rol de este medio ante el cambio climático. Un día después, el 14, se conmemora el Día del amor al Software Libre. Es por eso que hemos decidido unir ambas fechas para hablar de dos cosas que nos apasionan, la radio y las tecnologías libres, y una que nos preocupa sobremanera, cómo estamos maltratando a nuestro planeta.


Cualquier desarrollo tecnológico tiene un impacto medioambiental y dejará siempre una huella ecológica. Sin embargo, algunas huellas son más profundas que otras. Por ejemplo, para construir un transmisor de FM necesitamos ciertos materiales como el acero, semiconductores y, cuando esté en funcionamiento, requerirá electricidad para funcionar. Como esta electricidad, en la mayoría del mundo, se sigue produciendo con energías contaminantes, el impacto sigue siendo significativo. Sin embargo, no es comparable con el que provocan las TIC, y todo el entramado que hace posible que existan Internet y las tecnologías que gravitan en torno a ella.

El informe sobre la economía digital de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) publicado en 2024 afirma que “la producción y el uso de dispositivos digitales, centros de datos y redes TIC representan entre un 6% y un 12% del consumo mundial de electricidad”. Las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de este consumo suponen entre el 1,5 % y el 3,2 % de las emisiones globales. Otros estudios menos optimistas apuntan a que este porcentaje se podría acercar al 14%, similar al de la industria de la aviación.

Sea cual sea la estimación, si aceptamos la proyección de la UNCTAD que calcula un incremento de dispositivos conectados a Internet de 16.000 millones en 2023 a 39.000 millones en 2029 –más del doble–, claramente estaremos en problemas.

El impacto medioambiental de estos artefactos que nos permiten acceder a las TIC se puede analizar desde las diferentes etapas de su ciclo vital:

1. Manufactura

El principal problema en esta primera fase es la extracción de materias primas. Los minerales necesarios para fabricar teléfonos o los semiconductores que tienen las computadoras se consiguen mayoritariamente en África de donde se extraen en condiciones infrahumanas de brutal esclavitud. [1] El control de esa riqueza mineral está prolongando eternamente conflictos armados, principalmente en la República Democrática del Congo, de donde se obtiene la mayoría de estos suministros. Este enfrentamiento es el que más muertes ha causado desde la Segunda Guerra Mundial.

Además, una vez conseguidos estos minerales, el proceso de fabricación consume gran cantidad de agua y electricidad. Por ejemplo, una sola megafábrica de microprocesadores llega a consumir 127 litros de agua por segundo lo que implica 11 millones de litros de agua por día,  más de lo que consumen ciudades enteras. [2]

Metáforas como “la nube”, desmaterializan la infraestructura física sobre la que se sustentan estas tecnologías y el extractivismo de datos que se alimenta del tradicional extractivismo colonial de materias primas, principalmente abastecido desde Sur Global. Sí, el colonialismo clásico aún existe.

2. Uso y consumo

Hay algunas novedades tecnológicas que parecen inocuas pero tienen un profundo impacto medioambiental. Por ejemplo, cuando empezamos a enviar mensajes de voz en vez de mensajes de texto. El audio tiene un tamaño digital más grande que el texto, por lo tanto el archivo es más grande. La compañía los debe guardar por lo que necesitan discos duros más grandes y aumentar las computadoras que los alojan. Eso implica más electricidad para que funcionen y más agua para que estén refrigerados. Por tanto, un aumento de las emisiones.

Es impresionante comprobar cómo en solo cuatro años casi se triplicó el consumo energético de los centros de datos de las principales tecnológicas, pasando de 50 terawats/hora de 2018 a los 128.5 de 2022.

Con el impulso que en estos últimos años se le está dando a la Inteligencia Artifical este consumo está creciendo exageradamente. “La expansión de los data centers agudiza las sequías y acelera el calentamiento global”. No se trata de oponerse al desarrollo tecnológico pero sí a este modelo que no está avocando a un futuro, no muy lejano, donde tendremos que decidir si le preguntamos algo a ChatGPT o tomamos un vaso de agua. De hecho, los agricultores de Querétaro, en México, lo saben perfectamente. En esta región que alberga 10 centros de datos y proyecta instalar 18 más para atender la creciente demanda de la IA, los campesinos ya no tienen agua para regar sus cultivos. Google tiene un proyecto para instalar un gigantesco centro de datos en Uruguay. Este país, en crisis hídrica constante, tendrá que hidratar esas instalaciones que funcionan 24 horas al día durante todo el año con 7,6 millones de litros diarios, equivalente al consumo diario recomendado para 76 mil persona, el 5% de la población de Montevideo.

La burbuja de la IA vuelve a alimentar la ilusión de la economía inmaterial y la sobredeterminación digital de absolutamente todo. Indirectamente, como hicieron las burbujas tecnológicas anteriores, desvía nuestra atención de la emergencia climática y las posibilidades de descarbonización. César Rendueles.

3. Basura electrónica

En 2022 produjimos como humanidad 62.000 millones de toneladas de basura electrónica, un promedio de 7,8 kg por habitante. Significó un 82% más de lo desechado en 2010. Solamente un 22,3% se recicló. Entre esa basura hay todo tipo de electrónicos, desde lavadoras a tostadores. Las categorías de ordenadores, pantallas, teléfonos celulares y pequeños equipos de telecomunicaciones supusieron casi el 11% de esos residuos. Un estudio reciente de la revista Nature Computational Science, estimó que la inteligencia artificial generativa (IAG) triplicará estos desechos electrónicos entre 2020 a 2030. Todos estos desperdicios, además de provocar un daño ecológico de magnitud, son una amenaza a nuestra salud por la cantidad de sustancias tóxicas que contiene.

Gran parte de los equipos que desechamos después de utilizarlos solamente un año o dos, podrían seguirse usando. Sin embargo, las empresas que los fabrican establecen de antemano una fecha de caducidad, bien sea empleando materiales de baja calidad, a través del software, discontinuando la producción de repuestos, o anulando la posibilidad de reparación. Es lo que se conoce como obsolescencia programada. El objetivo de esta práctica es acelerar y afianzar el ciclo infinito de consumo: comprar, usar y tirar.

La utopía del decrecimiento

Es complejo no dejarse arrastras por este sistema económico que se sostiene sobre el consumo desmedido que, además, está atravesado por el mito determinista del progreso tecnocientífico que cada día alimentan las corporaciones tecnológicas desde sus tentáculos mediáticos. La sociedad ha sido excluida de los espacios de decisión sobre el modelo de desarrollo tecnológico y, poco a poco, hemos ido perdiendo la capacidad de cuestionar, aceptando cada novedad tecnológica sin preguntarnos sobre los costos sociales o medioambientales que provocará. Mientras, las empresas del sector, aumentan su valor y su poder fortaleciendo el capitalismo especulativo con la digitalización, más preocupadas de sus ganancias que del progreso de la sociedad o de salvaguardar el planeta.

Personalmente, podemos asumir comportamientos más responsables sobre el número de horas que usamos estas tecnologías o alargar al máximo los ciclos de vida de los dispositivos. Y desde medios de comunicación como este, aparte de concientizar y debatir sobre el impacto ambiental de las tecnologías, también deberíamos presionar a las autoridades y promover cambios legislativos hacia un desarrollo más sostenible, lo que necesariamente tiene que incluir políticas de decrecimiento y la reducción del consumo, tecnológico y de todo tipo.

Eso, o quizás pronto pasemos a formar parte de aquellos a quienes les arrebataron el agua que bebían o regaba sus plantas para refrigera una macrogranja de datos o hidratar una Inteligencia Artificial.


Notas

[1 ⬆] “El 55% del cobalto mundial, el 47,65% del manganeso, el 21,6% del grafito natural, el 5,9% del cobre, el 5,6% del níquel y el 1% del litio” están en África. La demanda de estos minerales críticos podría aumentar un 500% de aquí a 2050, según el Banco Mundial”. Fuente UNCTAD.

[2 ⬆] La empresa STMicroelectronics se encuentra en Grenoble, Francia.

Referencias bibiográficas
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