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Sevilla: un nuevo grupo policial y racismo organizado

Por: Ana Angono

El 17 de marzo el Ayuntamiento de la capital andaluza, gobernado por el PP, presentó a los boinas rojas, una extensión de la policía local que, entre otras cosas, persigue el trabajo de nuestros compañeros manteros. La progresía de la ciudad habla de conciliar, pero lo que necesitamos para combatir el racismo es organización.

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Dominga Sotomayor: “El cine hace un registro histórico donde lo íntimo también puede ser político”

Por: Belén Ruiz Jelenic

La cineasta chilena habla sobre su última película Limpia (2025), su próximo proyecto cinematográfico, su cine de barrio en Santiago y reflexiona sobre el escenario político actual en Chile tras el reciente triunfo de la ultraderecha.

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El cine como herramienta antifascista: el poder de la imagen contra los discursos totalitarios

Por: Guillermo Martínez

La política está en la mirada, en la construcción de la secuencia, la inclusión de una música, en la decisión de qué se queda fuera de la cinta. Lo saben bien todos aquellos cineastas que se decantan por relatar una memoria antifascista, conscientes de que los numerosos obstáculos que encontrarán intentarán cercenar el pensamiento crítico que sus trabajos provocan en el público. En tiempos en los que el autoritarismo arrastra adeptos en todas las capas sociales y la imagen se convierte en vehículo principal a nivel comunicativo, la cultura comprometida con la justicia social y la memoria democrática se yerguen como un faro que ilumina el camino. 

En momentos en los que se impone la violencia, la represión, el genocidio, lo primero que destrozan es la cultura”, adelanta Eva Aladro Vico, catedrática de Teoría de la Información en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Esta especialista en comunicación, discurso mediático y estructuras de poder en los sistemas informativos fue una de las participantes de Cultura contra la barbarie: el cine como instrumento de resistencia antifascista

La mesa, celebrada en el Teatro del Barrio este 24 de marzo, día en que se conmemoraron los 50 años del golpe de Estado en Argentina, e impulsada por el colectivo Atado y Bien Atado, estuvo presentada por la periodista y politóloga Irene Zugasti, quien planteó debates sobre la batalla cultural, el momento político actual y el cine social.

Del entretenimiento político a la cultura-anestesia

Amparo Climent, artista multidisciplinar y autora del documental Dolores Ibárruri. Pasionaria, galardonado con la Biznaga de Plata en Málaga en 2026, defiende que, para el fascismo, “la cultura es un elemento considerado subversivo al plantear una mirada completamente diferente”. La puntualización que realiza Vicent Monsonís, productor, guionista y director cinematográfico que acaba de estrenar la película de ficción La invasión de los bárbaros, marca el devenir de la mesa: “Yo no soy tan idealista. Hablamos de la cultura como término genérico, pero los fascistas también hacen cultura”.

Sustenta su afirmación en la experiencia propia. “Yo vengo de un territorio periférico como València, con gobiernos ultraconservadores durante décadas, y hacer cultura no era imposible. Era imposible para gente como nosotros, con cierto criterio, que defendíamos algunas posiciones y nos ubicábamos contra el poder”, dice el cineasta.

Monsonís opina que la idea tan arraigada de que el cine es únicamente entretenimiento procede de Estados Unidos. Lo plantea como si esta cultura-anestesia escondiera tras de sí otros objetivos también políticos. “Nos vendieron una industria en la que cuanto más entretenida parece una película, menos comprometida es. Pero no es así. Su carga ideológica es muy superior que aquellas que te apelan de forma directa y de una manera ideológica”, sostiene.

Por su parte, Climent, quien preside la Asociación Cultural Arte y Memoria, acepta que no tiene muy claro cómo diferenciar arte de entretenimiento. “Todo lo que se hace, absolutamente todo, tiene un objetivo político. No es solo la mirada que ponemos al escribir un guion. Hay muchas cuestiones que realmente están inclinando esa mirada hacia distintos lugares”, añade.

Del cine social al cine socializante

Ante la mirada impertérrita de las casi 20 fotografías de Olmo Calvo que forman la exposición Artículo 47 y que abordan la lucha por la vivienda digna en el Teatro del Barrio, las participantes también charlaron sobre el cine social, con nombres como Ken Loach y Passolini como referencias. “Nosotras hacemos cine y que cada uno lo catalogue como considere. Yo soy militante de la memoria democrática de las mujeres, que está absolutamente olvidada y perdida”, sostiene Climent al respecto.

Sin embargo, existen productos culturales que abandonan la neutralidad para hacer del espectador una persona más ignorante, sobre todo si no abordan un tema vinculado directamente a lo ideológico. Así lo explica Aladro, quien se decanta por arrebatar el título de “cultura” a ese tipo de artefactos. Por otro lado, define como “fundamental y crucial” el cine social: “Te vincula con cosas que desconocías y que puedes llegar a sentir para entender las injusticias”. No hace falta irse a títulos grandilocuentes fuera de las fronteras españolas. Ahí queda la película de Los santos inocentes, que siempre nos enseñará quiénes son y qué hacen los señoritos.

Monsonís intenta profundizar en la cuestión con sus palabras. Además de pretender hacer cine social, como ocurre con La invasión de los bárbaros, también persigue realizar un cine socializante. Más allá de aquellos trabajos cinematográficos etiquetados como memorialistas pero centrados en biografías concretas, el cineasta valenciano asegura que prefiere dejar algo más de lado los personajes y centrarse en la sociedad. “Así toda la gente se siente interpelada y no piensan que han visto una historia ajena, sino que le hemos contado su propia historia”, señala antes de recalcar que echa de menos más películas que ayuden a crear vínculos y construir sociedad.

Un asesinato que no deja sangre

Aladro procede de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, donde Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y líder de un Gobierno con políticas que empobrecen la universidad pública, fue nombrada Alumna Ilustra en enero de 2023. El claustro no fue lo suficientemente fuerte como para forzar que no se produjera el nombramiento. “Hay interés en hundir a la universidad pública a través de informaciones periodísticas que publican medios con intereses en la educación privada”, asegura la docente. Y exclama: “Vivimos en un mundo de ilusiones de espectros que controlan absolutamente el sistema”.

En torno a la cuestión puramente cultural y memorialista, la catedrática señala: “La memoria es lo que nos mantiene vinculados con el pasado y nos proyecta al futuro. La cultura, cuando te la cargas, no deja huellas, es un asesinato que no deja sangre”. Asiente Monsonís con la cabeza, pero también con las palabras. Tal y como finaliza: “El cine es la herramienta más potente que tiene la cultura para expresarse, y eso es algo que los Estados Unidos saben bien, por eso llevan 100 años colonizándonos con su cine”.

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Qué nos dice la muerte de un militante de extrema derecha en Francia a manos del antifascismo

Por: Arsenio Cuenca

De todas las paradojas y sincretismos ideológicos que conforman el pensamiento fascista, la relación entre futurismo y presentismo analizada por el historiador François Hartog es sin duda una de las más interesantes. Su estudio detallado del Manifesto futurista (1909) de Filippo Marinetti descubre, precisamente, el peso del presentismo en el propio futurismo. Citando el texto del vanguardista italiano que reza “el Tiempo y el Espacio murieron ayer. Vivimos ya en lo absoluto porque ya hemos creado la eterna velocidad omnipresente”, Hartog concluye que el presente se ha “futurizado”, que “por la velocidad, el presente se transforma en eternidad”. La prisa, la velocidad y el ahora absoluto: este es el tiempo por el que abogaba Marinetti para el orden fascista que estaba por venir y que, para algunos, resuena con la temporalidad del momento histórico que vivimos.

El pasado sábado 14 de febrero, el militante de extrema derecha francés Quentin Deranque falleció tras pasar dos noches hospitalizado en estado crítico. En principio –la investigación judicial todavía tiene que determinarlo–, su muerte se produjo tras una reyerta en la ciudad de Lyon con antiguos militantes del colectivo antifascista de la Jeune Garde (‘Joven Guardia’); el enfrentamiento terminó en una paliza con consecuencias mortales. Deranque formaba parte de la escolta del colectivo femonacionalista Némesis, un grupúsculo identitario compuesto mayoritariamente por mujeres que tenía como objetivo boicotear una conferencia de la eurodiputada de La Francia Insumisa (LFI) Rima Hassan en el Instituto de Estudios Políticos (Sciences Po Lyon). Los alborotadores acudieron allí armados con gas pimienta y tubos metálicos. Si la muerte de Deranque ha tomado proporciones mediáticas de primer orden es fundamentalmente por la vinculación que, desde gran parte de la esfera política y mediática, se está haciendo entre la Jeune Garde y LFI. Aparte de la presencia de Hassan, su fundador y portavoz, Raphaël Arnault, que cesó su cargo en este colectivo en 2022, es actualmente diputado insumiso en la Asamblea Nacional francesa.

Presentados los hechos, en vez de entrar en la vorágine presentista que induce a enjuiciarlos de forma supuestamente objetiva (es decir, sin matices ni contexto y condenándolos de entrada), la situación exige un momento de reflexión sobre las etapas que han llevado a este trágico suceso.

A día de hoy, hablar de Lyon es hablar de la ciudad francesa con mayor implantación de la extrema derecha grupuscular en Francia. Históricamente, fue en la metrópoli lionesa donde se fundó en 1968 el conocido Grupo de Investigación y Estudios para la civilización europea (GRECE), el principal órgano de difusión del mayor intento de renovación del pensamiento de extrema derecha europeo tras la derrota del fascismo: la Nueva Derecha francesa. Sociológicamente, en esta ciudad, la derecha está influenciada por un catolicismo tradicionalista que la lleva a posiciones más reaccionarias que la derecha conservadora clásica, ampliando la capilaridad de la ideología de extrema derecha. No es casualidad que allá por 2018, el ISSEP de Marion Maréchal abriera sus puertas aquí.

Más recientemente, en un informe de 2019 del Servicio central de inteligencia francés (SCRT), Lyon es identificada como la “cuna”de la extrema derecha gala, punto de convergencia del activismo identitario, neofascista y neonazi en Francia. Según el programa “Violences et Radicalités Militantes”, las agresiones cometidas entre 1986 y 2017 por grupos neofascistas, skinheads neonazis e identitarios asciende a 82, una cifra muy por encima de la media en comparación con el resto del territorio francés. Como se puede apreciar en el monográfico de Alain Chevarin Lyon et ses extrêmes droites (La Lanterne, 2021), el perfil de las agresiones es variado. Durante un tiempo implantados en torno a locales que hacen las veces de bar, sala de conferencias y club de boxeo, militantes de Generación Identitaria o de otros grupúsculos similares se dedicaron durante la década de 2010 a salir de caza armados por el centro de Lyon. Las principales agresiones se registran contra militantes anarquistas, personas asociadas a la izquierda volviendo de manifestaciones, magrebíes, así como contra locales de sindicatos, librerías o restaurantes de comida oriental.

Es en este contexto que nace la Jeune Garde lionesa en 2018, básicamente, como otro grupo de autodefensa antifascista. Así nos lo explicaba Raphaël Arnault en una entrevista en profundidad. La percepción de la amenaza estaba lejos de ser constatada exclusivamente por sus miembros, siendo fácil encontrar años antes titulares, incluso en medios de derechas, del estilo “Lyon, ¿nueva capital de la ultraderecha?” o “Lyon, ¿capital de la extrema derecha francesa?”. Además, el objetivo de la formación fundada por Arnault consistía en ampliar el espacio de lucha contra esta amenaza, antagonizando no solo con el militantismo grupuscular, sino también contra la extrema derecha institucional y mediática, tejiendo alianzas con otros partidos y sindicatos. La confrontación directa a pie de calle no era la prioridad del colectivo.

La condena sin análisis ni contexto

La violencia se debe lamentar. Pero el simple ejercicio que “condena la violencia” es fútil si no viene acompañado de un análisis mínimo que permita entender las causas que han llevado a esta. ¿O hay que condenar la violencia de los afroamericanos que se armaron para intentar prevenir la masacre racista de Tulsa de 1921? ¿O la de los obreros italianos organizados contra los camisas negras de Mussolini en la misma época? No obstante, este tipo de condena vacía de fondo fue la empleada por la propia Francia Insumisa en un primer momento, acorralada en medio de una estrategia de demonización. El líder de los insumisos, Jean-Luc Mélenchon, publicaba en primera instancia en su cuenta de X que “la violencia obstaculiza nuestros movimientos y genera un miedo contagioso”. Incluso Arnault manifestó de inmediato su “horror y rechazo” por la muerte de Deranque. No sería hasta días después que LFI adoptaría un argumentario menos defensivo, como las declaraciones del secretario de la organización Manuel Bompard, situando lo acontecido en un contexto de autodefensa popular.

Mientras tanto, la actuación del resto de la clase política francesa ha sido la habitual en estos casos. Desde varios sectores del centro-izquierda, no se ha perdido la oportunidad de volver atacar a LFI, al tiempo que se condenaba lo sucedido de forma ciegamente presentista. Destacan las declaraciones del antiguo presidente de la República y actual diputado del Partido Socialista, François Hollande, tratando a la Jeune Garde de grupo “que hace del combate físico su propósito y su método” y que “esto era generalmente lo que existía a en los partidos extremistas”. Una vez más igualando el antifascismo al fascismo y desdibujando por completo la línea política de la Jeune Garde.

Por su parte, el gobierno de Emmanuel Macron ya anunció que se cancelará todo acto en la enseñanza universitaria asociado a posibles alteraciones del orden público. La universidad, lugar privilegiado para el debate de ideas, en el centro de la crítica del macronismo desde hace años, es otra de las víctimas de estos tristes acontecimientos.

Al mismo tiempo, desde la presidencia de la Asamblea Nacional, igualmente controlada por el gobierno de Macron, se pidió un minuto de silencio por la muerte de Quentin Deranque. El mismo que no se pidió por la muerte del jugador de rugby argentino Federico Martín Aramburú, asesinado en marzo de 2022 en París a manos de un militante neofascista, al que le reprendió por estar profiriendo insultos racistas en un bar. O, de paso, por todas las víctimas de los mismos grupúsculos violentos con los que presumiblemente simpatizaba Deranque.

Desde los grandes grupos de comunicación se ha mandado también un mensaje tremendamente problemático. Tras la manifestación del 21 de febrero en Lyon, convocada por el neofascismo grupuscular para honrar la muerte de Deranque, a pesar de los eslóganes racistas y LGTBI-fóbicos que se lanzaron; a pesar incluso de algunos saludos nazis, varios grandes medios afirmaron que “la marcha se desarrolló en calma”, que “fue bien”. El mensaje está claro. Aquí está el verdadero rostro de la corrección política.

¿Qué nos dice pues la muerte de Quentin Deranque? Desgraciadamente, nada bueno. Nos revela la voluntad de buena parte del arco político francés de, en el mejor de los casos, abandonar al antifascismo a su suerte; y en el peor, de criminalizarlo. Igualmente, nos dice que la sociedad francesa se está acostumbrando de forma cada vez más tácita a la violencia de la extrema derecha. Y, sobre todo, que hemos entrado en una temporalidad presentista, de tintes profundamente reaccionarios, que nos incita a darle la espalda a la historia, para vivir ciegos en un día a día abocado al desastre. Frente a esta triple amenaza, y ante los ecos del futurismo de Marinetti, hoy más que nunca, siamo tutti antifascisti.

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Contra el machismo y el fascismo, las mujeres trabajadoras a primera línea

Por: Tus artículos

LUCÍA CASADO* / El 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, va a celebrase este 2026 en uno de los contextos políticos más reaccionario de las últimas décadas. Crisis económica, social y cultural, ofensiva contra las condiciones de vida y los derechos políticos de la clase trabajadora, guerras imperialistas y rearme, auge electoral y callejero de la extrema derecha y refuerzo del carácter autoritario de los Estados. Y en este marco, el machismo y la misoginia se presentan como uno de los ejes centrales del proyecto reaccionario: defensa del modelo de familia burguesa, jerárquica y heterosexual, donde se canonizan los roles de género, se subordina a las mujeres y se castiga, margina o patologiza a quienes se apartan de ese modelo. 

Frente a esta ofensiva, el feminismo, tanto en su vertiente institucional como en su faceta movimentista o de base, se ha mostrado impotente. No es que el feminismo “haya llegado demasiado lejos”, como proclaman las nuevas derechas para justificar su programa reaccionario, sino que este no ha sido capaz de ir lo suficientemente lejos como para enfrentarlas ni para avanzar de manera efectiva hacia la emancipación real de las mujeres trabajadoras. El abandono del horizonte de superación del capitalismo, y, por tanto, también de la articulación del programa estratégico y la construcción de las herramientas necesarias para ello, ha conducido así a la desorganización, desmovilización y desilusión de sus bases, dejándonos inermes frente a la reacción en marcha.

La situación se agrava especialmente para las mujeres proletarias. Se nos asignan los empleos más precarios y peor remunerados, a menudo en condiciones de informalidad y sin derecho a jubilación ni paro. Persisten la brecha salarial y la parcialidad forzosa. Se deterioran los servicios públicos (como parte del saqueo al fondo de salario) y se privatizan los cuidados, trasladando aún más carga a nuestras espaldas, mientras el coste de la vida y de los bienes básicos se dispara y los alquileres se vuelven inasumibles.

Por si todo esto no fuera poco, seguimos encontrándonos con casos tan brutales y repugnantes como el caso Epstein. Casos que no son anomalías aisladas, sino que constituyen la expresión de una realidad tan antigua como persistente: la oligarquía goza de total impunidad para ejercer violencia sexual contra niñas y mujeres pobres. La sociedad de clases capitalista crea las condiciones materiales, jurídicas e ideológicas para que la explotación sexual de las mujeres proletarias pueda organizarse, encubrirse y perpetuarse en las altas esferas del capital. 

En la misma lógica se inscriben los asesinatos y agresiones machistas de las que son acusados policías. Pese a la resistencia sistemática de los gobiernos a investigar, es un secreto a voces que los cuerpos policiales concentran una parte significativa de estas violencias y disfrutan de un alto grado de impunidad. Si consideramos que cualquier agresión machista es extremadamente difícil de nombrar y denunciar, las mujeres trabajadoras quedan completamente desprotegidas frente a las instituciones del Estado capitalista, cuyo papel esencial es mantener la sociedad de clases y, por tanto, perpetuar la violencia necesaria para sostener el poder de los capitalistas.

Esta realidad ha sido omitida por la socialdemocracia en el Gobierno y por el llamado “feminismo institucional” o “feminismo ministerial”. Estos se han erigido como referentes de la lucha contra la violencia machista, mientras sus medidas se han centrado en endurecer el Código Penal y reforzar los cuerpos de seguridad, lavando la imagen de la policía y presentándola como “defensora de las víctimas”, como si más patrullas en nuestros barrios y más agentes formados en “perspectiva de género” fueran a frenar la violencia machista. Pero reforzar a la policía del Estado capitalista es una medida abiertamente antiproletaria: esos recursos no se destinan a combatir las raíces materiales y estructurales de la violencia de género, sino a reforzar el control social sobre nuestra clase. Se emplean en hacer redadas en nuestros barrios, en aporrearnos en las manifestaciones donde defendemos derechos como el aborto y en ejecutar desahucios, incluso cuando esa vivienda sea el único reducto que nos separa a nosotras mismas y a nuestras hijas de un maltratador.

Ahora bien, las limitaciones del feminismo no se agotan en su ala institucional, pues el proyecto feminista en su conjunto comparte límites estratégicos que lo condenan a la impotencia. 

Uno de esos límites tiene que ver con el sujeto. Por definición, el feminismo renuncia a organizar a la clase trabajadora como sujeto para centrase en la organización de las mujeres en sentido amplio. Lo que implica defender intereses esencialmente sectoriales e interclasistas, frente a la posibilidad de defender intereses universales.

Lo hemos visto históricamente con el acceso al aborto y otros derechos sexuales y reproductivos, negados de facto para las mujeres pobres. Lo vemos en casos como el de Epstein, que se dan con total impunidad a causa de la dependencia económica de las víctimas. Lo vemos en la posibilidad de alejarse de un padre o una pareja que nos maltrata, o de dejar un trabajo en el que soportamos a un jefe acosador. La realidad material dicta que las conquistas del feminismo solo las puede ejercer efectivamente quien puede pagarlas, esto es, las mujeres burguesas y de clases medias, mientras las mujeres trabajadoras continúan sufriendo las formas de explotación y opresión más intensificadas.

Además, el feminismo, con independencia de la variante en la que se enmarque («interseccional», «anticapitalista», «autónomo» o «de clase», entre otros), no tiene un proyecto de sociedad que pueda contraponer al proyecto capitalista. Así pues, ha renunciado a conquistar el poder político y a construir un «Estado de todos los oprimidos y oprimidas» que pueda recibir y aplicar sus demandas. De esta forma, y pese a que las individualidades que lo compongan puedan oponerse al Estado y al reformismo, el feminismo se ve obligado una y otra vez a dirigir sus demandas al mismo Estado que sostiene la propiedad privada, protege a la patronal y administra la violencia sobre nuestra clase, confiando en que desde ahí se concedan unas mínimas reformas que siempre llegan filtradas por la lógica de la desigualdad y la dominación.

De este modo, el feminismo, lo quiera o no, termina funcionando como un engranaje de legitimación del Estado capitalista: al tener que dirigir a este sus demandas como único receptor legitimado, las reformas que se obtendrán estarán inevitablemente condicionadas por la lógica de la sociedad de clases. Y esto no solo neutraliza cualquier potencial revolucionario de las reivindicaciones feministas, sino que, además, sirve al Estado capitalista para mejorar su imagen, maquillar su carácter violento y opresor y ajustar su dominación a los tiempos y necesidades actuales.

No obstante, el feminismo ha logrado visibilizar y desnaturalizar múltiples formas de violencia machista, generando información y politizando a toda una generación de jóvenes entre 2016 y 2020. Nosotras venimos de ahí y reconocemos ese legrado progresivo. Sin embargo, como proyecto, hemos llegado a la conclusiónde que estecarece de la capacidad para enfrentar y revertir el actual auge reaccionario y, sobre todo, para conquistar derechos de manera estable para todas las mujeres, de los que tienden a quedar excluidos las mujeres de clase trabajadora y el proletariado LTBIQ+.

La conclusión que se impone es sencilla: no habrá fin de la opresión de género sin fin del capitalismo. Y, por lo tanto, no hay lucha por la liberación de las mujeres efectiva y real que no pase a su vez por una lucha contra el sistema capitalista.

Superar este sistema implica, primero, reconstituir a la clase trabajadora en partido propio e independiente, una fuerza social disciplinada y arraigada en los centros de trabajo, en los barrios y en la juventud; y, segundo, en que ese partido conquiste el poder político, derribe el Estado de los capitalistas y levante un nuevo Estado que organice la transición hacia el socialismo, una nueva forma de organizar la sociedad en la que las bases de todas las formas de opresión y explotación son progresivamente eliminadas.

En ese nuevo poder de clase, la abolición del capital no es una consigna vacía, sino un programa concreto: expropiar a los grandes propietarios, planificar la economía según las necesidades sociales y eliminar de raíz las condiciones materiales y subjetivas que hoy obligan a tantas mujeres a soportar maltrato, precariedad y humillación. Pues solo de esta forma los derechos conquistados dejan de depender de nuestra posición de clase y su acceso se vuelve realmente universal.  

Este planteamiento implica que la emancipación de las mujeres trabajadoras debe ser obra de ellas mismas, codo con codo con el resto de su clase. A través de un movimiento que no se conforme con gestionar la violencia, la desigualdad y el miedo, sino que se proponga destruirlos de raíz. Lo cual exige un programa claro que, en el ámbito de género, implica abolir la familia, socializar el trabajo doméstico y garantizar una verdadera emancipación en el ámbito sexual. 

Nada de esto será posible sin un cuerpo militante en continuo aprendizaje y expansión. Un cuerpo capaz, por un lado, de reconocer y abordar las distintas subjetividades presentes en el interior del proletariado, para poner fin a cualquier forma de violencia intraclase y garantizar su unidad. Y, por otro lado, capaz de fortalecer su organización, expandirse territorialmente, e intervenir y confrontar cada agresión machista y expresión de la opresión de género, construyendo además una infraestructura que combata de manera efectiva las violencias, las agresiones y las distintas expresiones de explotación.

El reto no es menor. Conocemos la dureza y la crudeza de las violencias, desigualdades y aislamiento que padecemos las mujeres proletarias. 

Por eso nos toca estar a la altura de las circunstancias y del reto histórico que las militantes revolucionarias tenemos por delante: levantar un proyecto socialista que haga de la emancipación de las mujeres trabajadoras una tarea central de toda la clase, sabiendo que solo un movimiento consciente podrá arrancar de raíz la opresión de género y cualquier otra forma de dominación de la que el capital se alimenta para sobrevivir.

Contra el capitalismo, el machismo y el fascismo: las mujeres trabajadoras vamos a estar en primera línea. Que nuestros enemigos sepan que, si ellos avanzan, nosotras avanzaremos también.

Lucía Casado es militante del Movimiento Socialista. 

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

¿Quién ampara al entramado neonazi en Burgos?

Por: diario

Datos contrastados evidencian que empresas vinculadas con la familia Mutilba estarían ofreciendo cobertura logística a la organización neonazi que el pasado sábado 28 de febrero inauguró una delegación en Burgos.

Artículo reescrito con información actualizada

Era la una tarde de septiembre de 2025, un grupo de neonazis bajaba la Avenida del Cid. Se les había visto por la mañana en otras partes de Burgos con camisetas de Núcleo Nacional. Núcleo Nacional es una organización neonazi, pero no es como las anteriores. Se han organizado entorno a un frente común, en sus filas podemos ver toda clase de ignominias de la derecha: nazis, falangistas, fascistas, nacionalcatólicos, franquistas … Aquel grupo de neonazis que bajaba por la Avenida del Cid aquel 7 de septiembre bien podían componerlo diez nazis, siete falangistas, algún perturbado nacionalcatólico y un rusófilo amante de Putin mal informado. El grupo atravesó el centro de la ciudad y en el paseo del Espolón cometieron una agresión. La prensa y la Brigada de Información de la Policía Nacional blanquearon el suceso tratándolo de pelea callejera ocultando la agresión de una cacería nazi.

Los neonazis que bajaban la Avenida del Cid, no eran todos de Burgos, muchos de ellos venían de fuera y habían salido de un local situado en la Avenida del Cid Campeador, 93 bajo. Aquel 7 de septiembre comenzaba a fraguarse un grupo de Núcleo Nacional en Burgos. El local lleva meses albergando a todo tipo de ultraderecha y siendo el lugar donde se hace proselitismo fascista, se hacen quedadas de, fiestas RAC… Además, se sabe que desde este local salen de madrugada estos neonazis para hacer pintadas o pegar pegatinas con lemas falangistas, nazis, xenófobos, homófobos… La policía lo sabe, como también lo saben los vecinos, de hecho se han visto patrullas registrando a nazis que salían o entraban del local.

Lo más intrigante de ese local es responder a la pregunta de a quién pertenece o quién ampara este tipo de ideologías en sus instalaciones. No está claro si el local pertenece a la empresa “Mutobre SL”, a “Diverty Party SL” o a Juan José Mutilba Obregón ni tampoco quién tiene el usufructo del local. Fuentes consultadas entre el vecindario aseguran que es la familia quien lo gestiona. Tanto la empresa “Mutobre SL” como “Diverty Party SL” han tenido o tienen en su información pública la misma dirección que este grupo de neonazis. Sergio Mutilba, el dueño de “Diverty Party SL”, la ha tenido desde 2023 en su página web pese a reconocer no pagar el local desde entonces y “Mutobre SL” aún la tiene en una de ellas.

Captura de la web también visible en archive.org y para la web de mutobre.

Pese a que Sergio Mutilba ha negado cualquier relación con este grupo político es evidente que ha tenido varias. Compartir la dirección de su empresa bien podría ser una de ellas, pero otra es tener parentesco directo con alguien que alquila el local a gente con estas peligrosas ideologías. En el ocultismo con la gestión del local el grupo político podría estar colaborando. El 28 de Febrero, día en el que Núcleo Nacional formalizaba su presentación en la ciudad anunciaron la dirección en Avenida del Cid Campeador, 95 que diversos medios de comunicación publicaron pero parece un error deliberado ya que esa dirección pertenece al Bar Calixto donde parece que no se realizó acto alguno.

Sea quién sea el que alquila el local, lo sabe. Sabe la ideología de los inquilinos dado que muchas personas han llamado en innumerables ocasiones a estas empresas avisando del tipo de gente y las actividades que se realizan. Pero se ha reaccionado bloqueando las llamadas, ignorándolas o amenazando con demandas frente a los avisos. Además al menos el propio Sergio Mutilba tiene una trayectoria política afín a la extrema derecha.

La buena cuna de Sergio lo amparó para que estudiase en colegio privado, La Salle. Pero sus buenos contactos no le abandonaron cuando terminó sus estudios. Pese a contar con un modesto título de auxiliar de enfermería, Sergio pudo trabajar en APACE junto a su compañera de partido Ruth Tamara Caballero Larroude . En 2023 Sergio concurría a las elecciones con el partido Vox en el N.º 23 para la alcaldía burgalesa como atestiguan los propios documentos de Vox y el boletín de la provincia de Burgos:

Además en esa lista de Vox figuran otros conocidos neonazis burgaleses como Pablo González Gasca, del que ya hablamos hace unos días, en ella también podemos encontrar a Ruth Tamara Caballero Larroude, presidenta de APACE. ¿Es Sergio otro neonazi en Vox?. Al menos su familia ampara con conocimiento de causa a neonazis en sus instalaciones y el no ha tenido problema en mantener al menos la dirección de su empresa en el mismo local. Quién sabe si incluso se les financia o se les deja en una posición económica ventajosa para que esta organización nazi que pretende asentarse en nuestra ciudad prospere.

Conductas de este tipo se merecen que los burgaleses reaccionemos no sólo pidiendo y participando en el boicot a negocios como “Diverty Party S.L” o “Distribuciones Moreno Mutilba S.L.” o “Mutobre S.L”, si no también a sus entramados empezando por APACE que debería dejar de ser un nido de futuros fascistas. La paradoja de toda esta historia es que algún neonazi por la noche pueda dejar en parálisis cerebral al mismo que atenderá durante el día en APACE mientras el periódico de turno lo blanquea.

¡Fuera fascistas de nuestros barrios!

Fotos de Sergio Mutilba Diez

Todos los datos de este artículo son públicos. Los datos de las empresas están disponibles en Registros Oficiales y Mercantiles, otros datos han sido extraídos de medios de información o los propios protagonistas han colgado en redes sociales o sus páginas de forma pública.

✇Diario De Vurgos (Burgos)

Alerta antifascista en Burgos

Por: editor

Ante la presentación el próximo sábado 28 de febrero de la delegación de un grupo neonazi en Burgos, se hace un llamamiento a la movilización social para articular una respuesta colectiva frente al discurso del odio que se propaga desde la ultraderecha. La iniciativa dará comienzo a partir de las 18:00 horas en la plaza del Cid y busca expresar el rechazo ante la presencia de este grupúsculo neonazi en la ciudad.

✇ATTAC España

Llamamiento internacional para reforzar la acción antifascista y antiimperialista

Por: Arturo

20 de enero por Eric Toussaint , CADTM International , Colectivo , Joao Pedro Stedile , Jeremy Corbyn , Yanis Varoufakis , Rafael Bernabe , Fátima Martín , Martín Mosquera , Zoe Konstantopoulou , Jean-Luc Mélenchon , Teresa Rodríguez , Verónica Gago , Olga Rodríguez , Manon Aubry , Annie Ernaux , Ada Colau , Irene Montero , Ana Miranda

La extrema derecha y neofascista avanza en todos los continentes. La amenaza adopta formas particulares en cada país o región, pero es fácil señalar sus elementos comunes: el objetivo de aniquilar derechos y protecciones laborales, el estrangulamiento de las organizaciones obreras, el desmantelamiento de la seguridad social y la imposición de un régimen de precariedad a empleados y desempleados, la privatización de servicios públicos, la negación del cambio climático, la utilización del pretexto del alto nivel de la deuda pública para intensificar las políticas de austeridad, la desposesión del campesinado para abrir paso al agro-negocio, el fortalecimiento el desplazamiento de pueblos originarios para propiciar el extractivismo desenfrenado, el endurecimiento de las políticas migratorias inhumanas, el aumento del gasto militar. Son políticas que, para imponerse, requieren una restricción del derecho a la huelga, de expresión, de asociación, de reunión, un silenciamiento de la prensa y de las voces críticas en las escuelas y universidades, una negación de la ciencia cuando sus hallazgos contradicen esas políticas y un fortalecimiento de las ramas y aparatos de represión y vigilancia.

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La derecha extrema pone el descontento con las consecuencias nefastas del neoliberalismo al servicio de una aceleración de esas políticas. Para lograrlo, al igual que el fascismo clásico, pretende dirigir ese descontento contra sectores oprimidos y desposeídos: los migrantes, las mujeres, las personas LGBTQ+, los sectores que se benefician de programas de inclusión, las personas racializadas, la minorías nacionales o religiosas. El chovinismo nacional, el racismo, la xenofobia, el sexismo, la homofobia, el cultivo del odio, la normalización de la crueldad, acompañan a cada paso el avance de la derecha radical, según las particularidades de cada país.

El deseo de acumular riqueza en manos del capital, la búsqueda desenfrenada del máximo beneficio que sustenta las políticas de extrema derecha, se manifiesta también en la intensificación de las agresiones imperialistas para apoderarse de los recursos y explotar a las poblaciones. Esto va de la mano con la perpetuación de situaciones coloniales que, en el caso de Palestina, toma la forma de un genocidio orquestado por el Estado de Israel, con la complicidad de sus aliados imperialistas.

Más allá de la complicidad con el gobierno de Netanyahu, la extrema derecha teje sus lazos internacionales: congresos, think tanks, declaraciones conjuntas, apoyo mutuo en procesos electorales, colaboración de podcasters y agendas de propaganda y desinformación. Nuestra lucha contra las derechas y las agresiones imperialistas es urgente y, para ser efectiva, tiene que ser internacional.

Las fuerzas que luchan contra el auge de la extrema derecha, el fascismo y las agresiones imperialistas no son monolíticas ni homogéneas. Nunca lo han sido. Son diversas y existen diferencias innegables de análisis, estrategia y tácticas, programa y política de alianzas, de énfasis y prioridades. La experiencia nos enseña que, sin dejar de reconocer esas diferencias, es indispensable coordinar la lucha contra enemigos cada vez más amenazantes. Esa convergencia puede y debe incluir a todas las fuerzas dispuestas a defender la clase trabajadora, el campesinado, los migrantes, las mujeres, las personas LGBTQ+, las personas racializadas, las minorías nacionales o religiosas oprimidas, los pueblos originarios; a defender la naturaleza ante un capitalismo ecocida; a combatir las agresiones imperialistas y coloniales, independientemente de su procedencia, y a apoyar a la lucha de los pueblos que se resisten a ellas, incluso con las armas en la mano si es necesario.

Es urgente compartir análisis, estrechar lazos, acordar acciones concretas. Esos objetivos inspiraron la iniciativa de convocar una Conferencia Internacional Antifascista y Antiimperialista en la ciudad de Porto Alegre, Brasil los días 26 a 29 de marzo 2026 https://antifas2026.org/es/ .

La conferencia de Porto Alegre es una etapa importante en una ruta mucho más larga. Las organizaciones y los individuos que firmamos nos comprometemos a continuar luchando sin descanso, y de la manera más unitaria posible, contra la extrema derecha en ascenso y las agresiones imperialistas, una dimensión esencial de nuestro proyecto emancipador, socialista, ecologista, feminista, antirracista e internacionalista.

Como lo escribió Che Guevara a sus hijos: Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.

Primero/as firmantes:

Alemania
1. Angela Klein, redactora jefa responsable de la revista SOZ.
2. Carola Rackete, bióloga, activista, capitana de barco arrestada en Italia en junio de 2019 por proteger a refugiados, exmiembro del Parlamento Europeo.

Argentina

3. Atilio A. Boron, docente Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Avellaneda.

4. Verónica Gago, activista feminista e investigadora en la Universidad de Buenos Aires.

5. Julio Gambina, Corriente Política de Izquierda, ATTAC Argentina, CADTM AYNA.

6. Claudio Katz, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET.

7. Beverly Keene, Diálogo 2000-Jubileo Sur Argentina y Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda.

8. Claudio Lozano, Presidente del Instrumento Electoral por la Unidad Popular.

9. Jorgelina Matusevicius, referente de Vientos del Pueblo Frente por el Poder Popular.

10. Felisa Miceli, Economista, Ex Ministra de Economía de Argentina 2005/2007.

11. Martín Mosquera, editor de Jacobin América Latina (Jacobinlat).

12. María Elena Saludas, integrante ATTAC- Cadtm Argentina, Corriente Política de Izquierda (CPI).

Australia

13. Federico Fuentes, editor LINKS International Journal of Socialist Renewal.

14. Pip Hinman, Coeditora de Green Left.

15. Susan Price, Coeditora de Green Left.

Bélgica

16. Vanessa Amboldi, directora del CEPAG movimiento de educación popular.

17. France Arets, profesora de historia jubilada, activa en el apoyo a personas sin papeles, CRACPE.

18. Eléonore Bronstein, secretaria federal del Mouvement Ouvrier Chrétien Bruselas.

19. Céline Caudron, Gauche Anticapitaliste, militante sindical y feminista.

20. Giulia Contes, Copresidenta de la Coordination Nationale d’Action pour la Paix et la Démocratie (CNAPD).

21. Paul-Emile Dupret, jurista, exfuncionario de The Left en el Parlamento Europeo.
22. Pierre Galand, exsenador, presidente de la Association Belgo-Palestinienne (ABP), presidente de la Conférence européenne de coordination du soutien au peuple sahraoui (EUCOCO).

23. Corinne Gobin, profesora de la Université libre de Bruxelles.

24. Henri Goldman, miembro de la Unión de Judíos Progresistas de Bélgica.
25. Jean-François Tamellini, secretario general de la FGTB wallonne.

26. Éric Toussaint, portavoz de CADTM international.

27. Felipe Van Keirsbilck, secretario general de la Centrale Nationale des Empoyés (CNE/CSC).

28. Arnaud Zacharie, maestro de conferencias en la ULB y en la ULiège, secretario general del Centre National de Coopération au Développement (CNCD).

Benín

29. Émilie Atchaka, feminista, presidenta de la CADD Benín.

Bolivia

30. Gabriela Montaño, médica, ex Presidenta de la Cámara de Diputados y Senadores, exministra de Salud.

Brasil

31. Ricardo Abreu de Melo «Alemão», FMG.

32. Luana Alves, feminista negra, concejala del PSOL en São Paulo.

33. Frei Betto, escritor.

34. Sâmia Bomfim, diputada federal PSOL.

35. Bianca Borges, presidenta de la UNE.

36. Ana Cristina Carvalhaes, Periodista, revista Inprecor.

37. Raul Carrion, Historiador, exdiputado, miembro de la FMG y de la Secretaría de Relaciones Internacionales del PC de Brasil.

38. Rodrigo Dilelio, presidente del Partido dos Trabalhadores de la ciudad de Porto Alegre; Comité Organizador.

39. Olívio Dutra, Ex Gobernador del Estado de Rio Grande do Sul; Ex Ministro de las Ciudades (PT).

40. Israel Dutra, Secretario de Movimientos Sociales del PSOL, miembro de la Dirección Nacional del PSOL.

41. Luciana Genro, diputada estadual de Rio Grande do Sul y presidenta de la Fundação Lauro Campos/Marielle Franco.

42. Tarso Genro, Ex Gobernador del Estado de Rio Grande do Sul; Ex Ministro de Justicia (PT).

43. Socorro Gomes, CEBRAPAZ y Consejo Mundial de la Paz.

44. Amanda Harumy, Analista internacional y latinoamericanista.

45. Elias Jabbour, geógrafo y especialista en China.

46. Joao Machado, economista, PSOL.

47. Fernanda Melchionna, diputada federal PSOL de Rio Grande do Sul.

48. Maria do Rosário Nunes, Diputada Federal; Ex Ministra de Derechos Humanos (PT).

49. Misiara Oliveira, secretaria adjunta de Relaciones Internacionales / Comisión Ejecutiva Nacional (PT).

50. Raul Pont, historiador, exalcalde de Porto Alegre, PT.

51. Ana Maria Prestes, historiadora, doctora en Ciencias Políticas y secretaria de Relaciones Internacionales del CC del PC de Brasil.

52. Edson Puchalski, presidente del PC do B Rio Grande do Sul.

53. Roberto Robaina, concejal y presidente del PSOL de Porto Alegre.

54. Miguel Rossetto, líder del PT en la Asamblea Legislativa de Rio Grande do Sul.
55. Juliana Souza, líder del PT en el Concejo Municipal de Porto Alegre.

56. Joao Pedro Stedile, activista social, Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST).

57. Gabi Tolotti, presidenta del PSOL Rio Grande do Sul.

58. Thiago Ávila, coordinación internacional de la Global Sumud Flotilla para Gaza.

Cataluña

59. Ada Colau, activista social, ex Alcaldesa de Barcelona, Presidenta de la Fundación Sentit Comú.

60. Gerardo Pisarello, diputado en el Congreso por Comuns. Profesor de derecho. Universitat de Barcelona.

61. Daniel Raventós, profesor de la Universidad de Barcelona. Comité de Redacción de la revista Sin Permiso y presidente de la Red Renta Básica.

62. Carles Riera, sociólogo, exdiputado y miembro de la Mesa del Parlamento de Catalunya por la CUP (2016-2024), presidente de la Fundación FDC, presidente de la Red Mundial por los Derechos Colectivos de los Pueblos.

Chile

63. Daniel Jadue, Partido Comunista de Chile.

64. Jorge Sharp Fajardo, ex alcalde de Valparaíso, miembro de Transformar Chile.

Colombia

65. Wilson Arias, senador de la República.

66. Isabel Cristina Zuleta, senadora del Pacto Histórico.

Congo, República Democrática del

67. Yvonne Ngoyi, feminista, presidenta de la Unión de Mujeres para la Dignidad Humana (UFDH).

Costa de Marfil

68. Solange Kone Sanogo, presidenta del Foro Nacional sobre Estrategias Económicas y Sociales (FNSES), Coordinación Nacional Marcha Mundial de las Mujeres.

Cuba

69. Rafael Acosta, escritor, académico e investigador.

70. Aurelio Alonso, subdirector de la revista Casa de las Américas.

71. Katiuska Blanco, escritora y periodista, RedEDH.

72. Olga Fernández Ríos, Instituto de Filosofía y vicepresidenta de la Academia de Ciencias de Cuba.

73. Norma Goicochea, presidenta de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas, integrante de la Red en Defensa de la Humanidad (REDH).

74. Georgina Alfonso González, Dra., directora del Instituto de Filosofía.

75. Rafael Hernández, politólogo y profesor. Director, Revista Temas.

76. Marilín Peña Pérez, educadora popular, Centro Memorial Dr. Martin Luther King (CMLK).

77. Pedro Prada, periodista, investigador y diplomático.

78. Abel Prieto, escritor, ex ministro de Cultura, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, presidente de la Casa de las Américas.

79. Raul Suárez, Rev., pastor emérito de la iglesia Bautista Ebenezer, Fundador del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr.

80. Marlene Vázquez Pérez, directora del Centro de Estudios Martianos.

Dinamarca


81. Per Clausen, miembro del Parlamento Europeo, GUE/NGL, Alianza Roja-Verde.
82. Søren Søndergaard, miembro del Parlamento, Alianza Roja-Verde.

Ecuador

83. Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente en 2007-2008.

España

84. Fernanda Gadea, coordinadora de ATTAC España.

85. Estrella Galán, eurodiputada SUMAR, grupo The Left.

86. Manuel Garí Ramos, economista ecosocialista, miembro del Consejo Asesor de la revista Viento Sur.

87. Vicent Marzà i Ibáñez, diputado en el Parlamento Europeo por Compromís, País Valenciano.

88. Fátima Martín, periodista, editora del periódico online FemeninoRural.com, integrante del CADTM.

89. Irene Montero, secretaria política de PODEMOS, eurodiputada y ex Ministra de Igualdad.

90. Jaime Pastor, redactor de la revista Viento Sur.

91. Manu Pineda, ex diputado al Parlamento Europeo y responsable de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Español.

92. Olga Rodríguez, periodista y escritora.

93. Teresa Rodríguez, co-portavoz de Adelante Andalucía. Profesora de secundaria y bachillerato.

94. Isabel Serra Sánchez, Diputada en el Parlamento Europeo de Podemos/The Left.
95. Miguel Urban, ex eurodiputado, miembro del consejo editorial de la revista Viento Sur.

96. Koldobi Velasco Vázquez, participante de Alternativa antimilitarista y del Movimiento Objetor de Conciencia/Acción Directa No Violenta. Docente universitaria de Trabajo Social, Canarias.

Estados Unidos

97. David Adler, Coordinador General Adjunto de la Internacional Progresista.

98. Anthony Arnove, editor. Revista Tempest y Haymarket Books.

99. Tithi Bhattacharya, profesora de Historia, Purdue University, coautora de Manifiesto de un feminismo para el 99%.

100. Robert Brenner, profesor emérito de historia y director del Center for Social Theory and Comparative History en la University of California, Los Angeles (UCLA).
101. Vivek Chibber, profesor de sociología en la New York University. Editor de Catalyst.

102. Olivia DiNucci, organizadora antimilitarismo y justicia climática con sede en Washington D.C. y escritora, afiliada a Code Pink, una organización feminista de base que trabaja para poner fin a las guerras y el militarismo estadounidense.

103. Dianne Feeley, trabajadora automotriz jubilada (UAW Local 235), miembro de Solidarity, Metro Detroit DSA y editora de la revista Against the Current.

104. Nancy Fraser, profesora emérita, New School for Social Research y miembro del Comité Editorial de New Left Review, coautora de Manifiesto de un feminismo para el 99%.

105. Michael Hudson, profesor de economía, emérito, UMKC, y autor de Super Imperialism.

106. Neal Meyer, miembro de DSA y editor para Socialist Call.

107. Christian Parenti, periodista de investigación, académico, autor y editor colaborador de The Nation.

108. Jana Silverman, Profesora de Relaciones Internacionales, Universidade Federal do ABC (UFABC) y copresidenta, Comité Internacional de los Socialistas Democráticos de América (DSA)

109. Bhaskar Sunkara, editor fundador de Jacobin, presidente de la revista The Nation.

110. Suzi Weissman, profesora de Ciencias Políticas en el Saint Mary’s College of California.

Filipinas

111. Walden Bello, copresidente del consejo de administración, Focus on the Global South.

112. Jen Cornelio, Presidenta de Inged Fintailan (Organización de Mujeres IP/ Mindanao).

113. Dorothy Guerrero, consultora, Alianza Womin africana; Copresidenta del consejo de administración de la Red Minera de Londres.

114. Reihana Mohideen, Internacional Office, Partido Lakas ng Masa-PLM (Partido de las Masas Trabajadoras).

115. Lidy Nacpil, Coordinadora del Movimiento Popular Asiático sobre Deuda y Desarrollo.
116. Reyna Joyce Villagomez, secretaria general del Movimiento de los Pobres Rurales.

Francia

117. Manon Aubry, copresidenta (LFI) del grupo de la Izquierda (The Left) en el Parlamento Europeo.

118. Ludivine Bantigny, historiadora.

119. Olivier Besancenot, NPA – l’Anticapitaliste.

120. Leila Chaibi, miembro del parlamento europeo, La France Insoumise, The Left.
121. Fabien Cohen, Secretario General de France Amérique Latine-FAL.

122. Hendrik Davi, diputado a la Asamblea Nacional del grupo ecologista y social y miembro de la APRES.

123. Penelope Duggan, miembra de la dirección de la Cuarta Internacional, redactora jefe de International Viewpoint.

124. Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022.

125. Angélique Grosmaire, secretaria general de la Federación Sud PTT.

126. Rima Hassan, miembro del parlamento europeo, LFI.

127. Michael Löwy, sociólogo, ecosocialista.

128. Jean-Luc Mélenchon, La France Insoumise.

129. Ugo Palheta, editor de la Revue ContreTemps, autor de «La nouvelle internationale fasciste».

130. Patricia Pol, universitaria, representante de Attac France en el Consejo internacional del Foro Social Mundial.

131. Raymonde Poncet Monge, senadora Les Écologistes.

132. Thomas Portes, diputado LFI a la Asamblea Nacional.

133. Christine Poupin, Portavoz del NPA – l’Anticapitaliste.

134. Denis Robert, fundador y director de la redacción de Blast, medio de información independiente.

135. Catherine Samary, investigadora en economía política, especialista de los Balcanes, miembro de la QI y de la ENSU (European Network in Solidarity with Ukraine).

136. Aurélie Trouvé, diputada a la Asamblea Nacional, La France Insoumise.

137. Cem Yoldas, Portavoz de la Jeune Garde Antifasciste.

138. Sophie Zafari, sindicalista FSU.

Galicia

139. Ana Miranda, miembro del Parlamento Europeo, Bloque Nacionalista Galego (BNG).

Grecia

140. Zoe Konstantopoulou, abogada, jefa del Movimiento Político «Curso a la Libertad», miembro del Parlamento, ex presidenta del Parlamento griego, iniciadora-presidenta del Comité de la Verdad sobre la Deuda Pública.

141. Nadia Valavani, economista y autora, ministra alterna de finanzas en 2015 y exmiembro del Parlamento griego.

142. Yanis Varoufakis, líder de MeRA25, cofundador de DiEM25, profesor de economía – Universidad de Atenas.

Haití

143. Camille Chalmers, profesor de la Université d’Etat d’Haiti (UEH), director de la PAPDA, miembro del comité ejecutivo regional de la Assemblée des Peuples de la Caraïbe (APC), miembro del Comité nacional haïtien pour la restitution et les réparations (CNHRR).

India

144. Sushovan Dhar, revista Alternative Viewpoint, miembro del CI del Foro Social Mundial y de CADTM India.

145. Vijay Prashad, director, Instituto de Investigación Social Tricontinental.

146. Achin Vanaik, profesor jubilado de la Universidad de Delhi y miembro fundador de la Coalición para el Desarme Nuclear y la Paz (CNDP).

Indonesia

147. Rahmat Maulana Sidik, Director Ejecutivo, Indonesia for Global Justice (IGJ).

Irak

148. Noor Salem, periodista de radio.

Irlanda

149. Paul Murphy, miembro del Parlamento.

Italia

150. Eliana Como, miembra de la Assemblea Nazionale del sindicato CGIL.

151. Nadia De Mond, activista e investigadora feminista, Centro de Estudios para la Autogestión.

152. Domenico Lucano, alcalde de Riace en Calabria, miembro del Parlamento Europeo (grupo de izquierda The Left), perseguido por su política humanista de acogida de migrantes y refugiados por el sistema judicial italiano y el ministro del Interior de extrema derecha, el Sr. Salvini, injustamente condenado a 13 años de prisión antes de ganar su apelación tras una larga batalla legal y gracias a la solidaridad.

153. Cristina Quintavalla, profesora de filosofía, militante decolonial, contra las privatizaciones y la deuda pública.

154. Ilaria Salis, activista antifascista, injustamente encarcelada en Budapest hasta su elección en junio de 2024, miembro del Parlamento Europeo (The Left).

Kenia

155. Ikal Angelei, Dra., activista académica por los derechos indígenas.

156. David Otieno, Coordinador General, Liga de Campesinos de Kenia y Presidente Convocante del Grupo de Referencia de la Sociedad Civil, miembro de La Vía Campesina.

La Reunión/Francia

157. Françoise Vergès, autora, militante feminista decolonial.

Líbano

158. Sara Salloum, cofundadora y presidenta de AgriMovement en Líbano.

Luxemburgo

159. Justin Turpel, ex diputado de ’déi Lénk – la Gauche’ en la Cámara de Diputados.

160. David Wagner, miembro de déi Lénk de la Cámara de Diputados.

Madagascar

161. Zo Randriamaro, presidenta del Movimiento de los Pueblos del Océano Índico.

Malasia

162. Jeyakumar Devaraj, presidente del Partido Socialista de Malasia.

Malí

163. Massa Kone, del comité organizador del Foro Social Mundial 2026 en Benín.

Marruecos

164. Fatima Zahra El Belghiti, miembro de Attac CADTM Marruecos.

Martinica/Francia

165. Mireille Fanon-Mendes-France, copresidenta de la Fundación Frantz Fanon internacional.

166. Fondación Frantz Fanon, https://fondation-frantzfanon.com/

México

167. Armando Bartra, escritor, sociólogo, filósofo y analista político.

168. Verónica Carrillo Ortega, integrante de la Promotora Nacional para la Suspensión de la Deuda Pública en México, CADTM AYNA.

169. Ana Esther Ceceña, coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica y de la Agencia Latinoamericana de Información. Universidad Nacional Autónoma de México.

170. Martín Esparza Flores, secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

171. Diana Fuentes, filósofa y analista política, profesora-investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana.

172. María Auxilio Heredia Anaya, sindicalista y feminista, Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

173. Sara Lovera Lopez, periodista/feminista.

174. Ana López Rodríguez, una fundadora del PRT y dirigente campesina Sonora, integrante del MSP.

175. Pablo Moctezuma Barragán, politólogo, historiador y urbanista; investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, vocero del Congreso por la Soberanía.
176. Massimo Modonesi, historiador, sociólogo y politólogo, profesor Ordinario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

177. Humberto Montes de Oca, secretario del Exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

178. Magdalena Núñez Monreal, Diputada Federal en el Congreso de México.

179. César Enrique Pineda, sociólogo y activista, docente en la Facultad de Políticas Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

180. Mónica Soto Elízaga, feminista y cofundadora de la Promotora por la suspensión del pago de la deuda pública (México), CADTM AYNA.

181. Paco Ignacio Taibo II, escritor y director del Fondo de Cultura Económica.

182. Carolina Verduzco Ríos, antropóloga, profesora en el Instituto Politécnico Nacional, integrante del Comité 68.

Nigeria

183. Emem Okon, fundadora y directora del Centro de Desarrollo y Recursos de Mujeres de Kebetkache.

País Vasco

184. Garbiñe Aranburu Irazusta, Coordinadora General del Sindicato LAB.

185. Igor Arroyo Leatxe, Coordinadora General del Sindicato LAB.

186. Josu Chueca, ex profesor de la EHU. Activista de la memoria histórica.

187. Irati Jiménez, parlamentaria en Navarra, EH Bildu.

188. Mitxel Lakuntza Vicario, secretario general del Sindicato ELA Sindikatua.

189. Oskar Matute, diputado en el Congreso del estado español, EH Bildu.

190. Luisa Menendez Aguirre, activista antirracista y feminista, Bilbao.

191. Amaia Muñoa Capron-Manieux, secretaria general adjunta del Sindicato ELA Sindikatua.

192. Anabel Sanz Del Pozo, activista feminista, Bilbao.

193. Igor Zulaika, parlamentario en la CAPV, EH Bildu.

Pakistán

194. Sheema Kermani, Artista escénica, defensora de los derechos humanos.

Palestina/Francia

195. Salah Hamouri, abogado franco-palestino, ex detenido político durante 10 años en las prisiones israelíes, deportado a Francia en 2022.

Perú

196. Evelyn Capchi Sotelo, secretaria de Organización Nacional del NUEVO PERÚ POR EL BUEN VIVIR.

197. Jorge Escalante Echeandia, responsable político de la corriente SÚMATE, dirigente nacional de la organización NUEVO PERÚ POR EL BUEN VIVIR.

198. Yolanda Lara Cortez, Dirigente feminista y socio ambiental de la provincia del Santa Ancash.

199. Flavio Olortegui, Dirigente de la Federación Nacional de trabajadores textiles del Perú.

Portugal

200. Mamadou Ba, investigador, dirigente de SOS Racismo Portugal.

201. Jorge Costa, periodista, miembro de la dirección nacional del Bloco de Esquerda.

202. Mariana Mortágua, economista, Bloco de Esquerda.

203. José Manuel Pureza, coordinador del Bloco de Esquerda.

204. Alda Sousa, ex diputada europea del Bloco de Esquerda.

Puerto Rico

205. Manuel Rodríguez Banchs, portavoz del Instituto Internacional de Investigación y Formación Obrera y Sindical. iNFOS.

206. Rafael Bernabé, autor y profesor universitario; ex miembro del Senado de Puerto Rico por el Movimiento Victoria Ciudadana.

Reino Unido

207. Gilbert Achcar, profesor emérito, SOAS, University of London.

208. Jeremy Corbyn, miembro del Parlamento, cofundador de Your Party.

209. Michael Roberts, economista y autor.

210. Zarah Sultana, miembro del Parlamento, cofundadora de Your Party.

Senegal

211. Aly Sagne, fundador y director de Lumière Synergies pour le Développement.

Sri Lanka

212. Swasthika Arulingam, Presidenta de la Federación Unida del Trabajo.

213. Kalpa Rajapaksha, Dr., profesor titular, Departamento de Economía, Universidad de Peradeniya.

214. Amali Wedagedara, Centro Bandaranaike de Estudios Internacionales.

Sudáfrica

215. Mercia Andrews, coordinadora de la Asamblea de Mujeres Rurales del África Austral, miembro fundadora de la campaña de solidaridad palestina y miembro activo de BDS Sudáfrica.

216. Patrick Bond, Profesor Distinguido en el Departamento de Sociología de la Universidad de Johannesburgo, donde dirige el Centro para el Cambio Social.

217. Samantha Hargreaves, fundadora y directora de WoMin.

218. Trevor Ngwane, presidente, United Front, Johannesburgo.

Suiza
219. Sébastien Bertrand, Enseignant.e.s pour le climat, Syndicat des Services Publics y miembro de solidaritéS Ginebra.

220. Hadrien Buclin, diputada Ensemble à Gauche en el Parlamento del Cantón de Vaud.

221. Marianne Ebel, Marcha Mundial de las Mujeres y de solidaritéS Neuchâtel.

222. Jocelyne Haller, solidaritéS, ex diputada cantonal de Ginebra.

223. Gabriella Lima, miembro del CADTM Suiza y de la plataforma Ensemble à Gauche.

224. Mathilde Marendaz, diputada Ensemble à Gauche en el Parlamento del Cantón de Vaud.

225. Aude Martenot, investigadora y coordinadora asociativa.

226. Mathieu Menghini, historiador de la acción cultural.

227. Françoise Nyffler, Colectivo Huelga feminista Suiza.

228. Stefanie Prezioso, ex diputada, Parlamento suizo.

229. Juan Tortosa, portavoz del CADTM-Suiza y miembro de SolidaritéS Suiza.

230. María Wuillemin, militante ecofeminista, miembro del Colectivo Jaguar.

231. Jean Ziegler, escritor, ex parlamentario, antiguo Relator Especial de la ONU para el derecho a la alimentación.

Siria

232. Joseph Daher, académico y especialista en economía política de Oriente Medio (residente en Suiza).

233. Munif Mulhen, activista político de izquierda. Ex prisionero político durante 16 años durante el régimen de Hafez al-Assad (1970-2000).

Túnez

234. Imen Louati, militante tunecina, una de las miembros fundadoras de la red de soberanía alimentaria árabe (Siyada).

235. Layla Riahi, miembro de la red Siyada pour la souveraineté alimentaire.

Venezuela

236. Luis Bonilla-Molina, director de Otras Voces en Educación.

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La amnistía y el temor al ascenso del fascismo: qué hizo que el Frente Popular arrasara hace 90 años

Por: Guillermo Martínez

Las izquierdas tenían a 30.000 presos en las cárceles tras la Revolución de Asturias de octubre de 1934. Los gobiernos de derechas de la Confederación Española de Derecha Autónomas (CEDA) y del Partido Radical habían arrasado en dos años las reformas emprendidas el primer bienio de la Segunda República. Algo había que hacer, y lo hicieron. Las elecciones generales celebradas en España el 16 de febrero de 1936, hace ahora 90 años, auparon al poder a un Frente Popular de izquierdas que supo limar sus diferencias por un fin mayor y común: la amnistía para los presos y el impulso de políticas más ambiciosas que las del primer periodo gobernado por Manuel Azaña. Cinco meses después fracasaría el golpe de Estado auspiciado por el general Mola y comenzaría una guerra civil que se alargaría casi tres años.

Entender la situación en España en aquel febrero de 1936 obliga a agrandar la vista hacia el plano internacional. Los años de entreguerras de las décadas 20 y 30 del pasado siglo estuvieron marcados por el Crack del 29 y el auge de los fascismos en Europa. Mientras tanto, en España se sucedía el gobierno dictatorial de Miguel Primo de Rivera en 1923, que terminaría con la llamada “dictablanda” del general Berenguer en 1930, hasta las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Aquellos comicios fueron el inicio de la Segunda República. “Ese triunfo de la coalición republicano-socialista es muy importante porque los franquistas lo deslegitimaron cuando ganaron la guerra”, adelanta Carmelo Romero Salvador.

Romero es profesor titular jubilado de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (UNIZAR). También acaba de publicar El Frente Popular de izquierdas (enero-julio 1936) (Catarata, 2026). La monografía recoge todo el periplo republicano que antecede al 16 de febrero, día elegido por Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República y antiguo ministro monárquico con Alfonso XIII, para unos nuevos comicios generales.

Utilizar la ley electoral a su favor

El profesor apunta a que el Frente Popular nació al calor de ese contexto internacional en el que los fascismos estaban acumulando cada vez más y más poder. En las calles de España ya no era raro ver desfilar a los cuadros falangistas, calentando y provocando una tensión que no tardaría en estallar.

Sin embargo, saber analizar y organizarse de cara a la ley electoral fue otro factor determinante para la composición del Frente Popular, integrado por Izquierda Republicana (con la Organización Republicana Gallega Autónoma ya en su seno), Unión Republicana, el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Comunista de España, el Partido Sindicalista, el Partido Obrero de Unificación Marxista, el Partido Galeguista, Esquerra Republicana de Catalunya y Acción Nacionalista Vasca.

“Entendieron muy bien la ley electoral, que premiaba a las mayorías. Si había muchas opciones políticas similares y se presentaban divididos, el voto se diluiría”, explica Romero. La situación de represión por parte de los gobiernos republicanos de derecha fue tal, que hasta algunos líderes de la anarcosindicalista CNT, con gran implantación a nivel estatal, dejaron abierta la posibilidad del voto.

El Frente Popular aplastó a las demás opciones políticas. En la primera vuelta de las elecciones, las izquierdas cosecharon unos 259 diputados, cuando la mayoría absoluta estaba en 237, ya que el número de congresistas llegaba hasta los 473. En la segunda vuelta con repetición de comicios en cinco provincias, el Frente Popular sumó ocho diputados. “Esa mayoría es superior en escaños que en votos, pero en votos también ganó el Frente Popular, que adelantó en 100.000 a las derechas”, apuntilla el historiador.

Imagen cedida por la editorial Catarata.
Imagen cedida por la editorial Catarata.

Un programa que devuelve la esperanza

El libro, editado por Catarata, recoge como anexo el programa íntegro con el que el Frente Popular convenció a la mayoría de españoles con derecho al voto. En total, son ocho puntos bastante claros, sucedidos de diversos artículos, en donde desarrollan las principales líneas ideológicas que prometieron seguir en el caso de ganar las elecciones.

Más allá del contenido, en el que se explicitaba una amnistía para los presos políticos y retomar las políticas reformistas del primer bienio con mayor ahínco, pues muchas de ellas se habían quedado cortas para las aspiraciones de la masa obrera, Romero Salvador señala otro elemento que no pasa desapercibido: “Es muy significativo cómo todos ceden algo para la coalición. Por ejemplo, el mismo programa recoge que los republicanos no aceptan la propuesta socialista de nacionalizar la tierra, y lo aclaran en el texto. Consiguen respetar las aspiraciones de todas las fuerzas políticas que forman el Frente”.

Los efectos a nivel político no se hicieron esperar. Gutmaro Gómez Bravo, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), señala que el bloque conservador reconoció el resultado de los comicios. “Asumen la derrota y facilitan la alternancia”, explica el autor de Cómo terminó la guerra civil española (Crítica, 2026).

De esta forma, Casares Quiroga se hizo con la presidencia del Gobierno, mientras que Alcalá Zamora fue destituido como jefe del Estado. En su lugar ascendería Azaña. “Ese primer gobierno fue netamente republicano, no hay participación ni de socialistas ni de comunistas, algo que cambió ya iniciada la guerra, en 1937, cuando Largo Caballero se hace con la presidencia del Consejo de Ministros”, explica el mismo Romero.

Hacia el monopolio de la violencia

Este experto en Historia Contemporánea no compra el mayor argumento que el franquismo y, posteriormente, algunas derechas durante el nuevo periodo democrático en España sostienen para legitimar el golpe de Estado, que llegaría el 18 de julio. “Siempre se ha dicho que los primeros meses de 1936 fueron muy violentos. Claro que había violencia, como en toda Europa”, responde. Algunos investigadores cifran en 500 las víctimas políticas entre enero y julio. “Si lo que quieres es acabar con la violencia, no secundas un movimiento que fomenta precisamente esa violencia. Los militares golpistas no querían traer la paz, sino tener el monopolio de esa violencia”, continúa el autor de la monografía.

La victoria del Frente Popular azuzó el ruido de sables con el que la Segunda República se había visto obligada a sobrevivir desde su advenimiento en abril de 1931, pero no es la única explicación para el golpe. Además, no fueron pocas las intrigas del sector castrense que se sucedieron tras la huida de Alfonso XIII. 

Imagen cedida por la editorial Catarata.

El catedrático Gómez agrega que las derechas se vieron totalmente paralizadas por no tener ningún tipo de capacidad de veto parlamentario. “Las juventudes de Acción Católica y la Falange comenzaron una dinámica de enfrentamiento paramilitar, con incluso atentados, contra los grupos de izquierda, sobre todo en las grandes ciudades”, subraya.

La hora de la deslegitimación

Más tarde, el franquismo victorioso se encargó de deslegitimar la Segunda República, una marca que llevaría en la frente desde su nacimiento. Defendían que las elecciones municipales de 1931 con carácter plebiscitario que habían derrocado a la monarquía fueron, precisamente, unas elecciones municipales y no un referéndum. “Cualquier demócrata debería sentirse orgulloso de que en su país haya caído la monarquía a través de unas elecciones. Es algo que solo ha pasado en España”, destaca Romero. Pero los franquistas no eran demócratas.

Por eso estuvieron cuatro décadas repitiendo y educando a las nuevas generaciones en un dogma tan inexacto como interesado: que el golpe de Estado fue producto de la violencia producida por la República, ilegítima desde sus inicios, y sus gobiernos. “Una tercera parte de la población viva en España nos hemos educado con esas ideas franquistas”, recuerda el antiguo profesor de la UNIZAR. Eso deja un poso, pues todos somos un poco hijos de nuestra infancia, y es lo que crea, en ocasiones, el temor irracional que sienten algunas personas a la hora de hablar de un frente de izquierdas. El historiador traza una línea con el presente: “Ahora que vemos el ascenso de nuevas formas de fascismo, aflora de nuevo la idea de un Frente Popular”, concluye.

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Nacho Vegas: “El fascismo se ha colado entre nosotros porque ha planteado una batalla cultural que la izquierda ha infravalorado”

Por: Carlos Madrid

La vida de Nacho Vegas no puede entenderse sin los términos afecto, lucha política y música; los tres están ligados de manera innegable a su existencia. Por eso Vidas semipreciosas (Oso Polita), su nuevo álbum, está plagado de canciones al servicio de estas cuestiones. Temas que parten de la primera persona del singular, con su eco directo en el plural, y que están dedicados, entre otros, a su madre, a las propias canciones, a lo colectivo y al asombro. Sobre todo a esto último, ya que es lo que consigue que no caigamos en la desgana.

¿Cuáles son esas vidas semipreciosas?

Las de la mayor parte de nosotros y nosotras. Es decir, las que no pertenecen a una élite y que podrían compararse con las piedras semipreciosas: aquellas que se mezclan unas con las otras, que tienen una paleta de colores maravillosa, las de la gente más tierna y más consciente de que nos necesitamos los unos a los otros. Hay una reivindicación en el disco de esta semipreciosura por encima de la preciosura, que es una cosa de pijos y de una élite que nos gobierna y nos hace la vida más difícil.

Nacho Vegas
Foto: Álvaro Minguito

Unas vidas en las que, como dices, debemos ser más conscientes de lo que nos necesitamos los unos a los otros. Más en estos tiempos de fascismo, de lobos, como cantas en una canción.

A nivel individual se puede hacer mucho, pero cuando nos juntamos somos más fuertes. Cuando somos conscientes de que lo que nos une es más importante de lo que nos separa, es cuando se tejen redes de solidaridad y de cuidados mutuos. Algo que también nos empodera y nos permite romper ciertas mordazas que nos intentan imponer.

«Los afectos siempre están en el centro de todo».

A día de hoy, corremos el riesgo de normalizar muchas veces actitudes fascistas. O incluso aceptar que es una opción política tan legítima como otra cualquiera. Algo que puede llevarnos a olvidar que en el Estado español hay presos y presas políticas por salirse de los márgenes por la izquierda. La manera de enfrentarse a ello creo que es a través de un grito en común. El fascismo se ha colado entre nosotros porque ha planteado una batalla cultural que la izquierda ha infravalorado. Tenemos que recuperarla desde abajo.

Antes decías que con la entrada del fascismo se permiten ciertas dinámicas. Algo contra lo que tú luchas musicalmente incluyendo interludios con audios en primera persona, como uno de los integrantes de los seis de Zaragoza o del caso Altsasu, entre otros. También la canción Seis pardales.

Cada uno de los interludios está colocado de forma que al final desemboquen en Seis pardales, dedicada a las seis de la Suiza. Un conflicto que me tocó muy de cerca porque ocurrió en Gijón y mientras escribía el álbum estaba muy presente en la ciudad con muchas movilizaciones. Ver que seis compañeras se encuentran en la cárcel esperando el indulto por hacer sindicalismo es una barbaridad. Además de que es un precedente muy peligroso. 

Los seis de Zaragoza acabaron en la cárcel tras un montaje policial simplemente por manifestarse delante de la extrema derecha. El caso de Altsasu fue también una aberración: Adur, el chico que me mandó el audio que incluyo en el disco, no estaba ni siquiera en el bar de la reyerta ese día. Y así muchos más. Por eso hay que seguir luchando y visibilizando estos casos, para que no se olviden y no acabemos normalizándolos. Para mí era importante que estas voces que lo vivieron en primera persona dieran fe en el disco de que existe un aparato represor dentro del Estado. Es necesario romper con esas mordazas para gritarle al fascismo.

«Para mí era importante que [gente como las del caso de Altsasu] diera fe en el disco de que existe un aparato represor dentro del Estado».

En tus letras la defensa de todo ello está muy clara. Incluso en una canción escribes que eres antes antifascista que artista. ¿Por qué crees que no existe este posicionamiento en otros compañeros?

No lo sé. Yo tampoco me atrevería a criticar ninguna actitud de otro compañero o compañera, a no ser que suelte un discurso fascista. Igualmente, a mí los que más me preocupan son los que escriben comunicados larguísimos. Como ocurrió con los festivales KKR: hubo gente que se cayó del cartel sin decir nada, otros que tocaron y otros que actuaron, pero soltaron su discurso. Creo que no podemos perder el foco aquí: si no quieres mojarte, échate a un lado, pero lo importante no eres tú, lo importante es que hay un genocidio que está ocurriendo en directo. A mí me gustaría que más músicos se posicionaran y pudiéramos hacer más cosas en común, pero no soy quién para decir a nadie qué tiene que hacer.

Aparte de deslenguarte a nivel político, también lo haces con los afectos. 

Para mí hay que tejer una serie de redes que son las que sustentan nuestras vidas y que se basan en los compromisos que vamos adquiriendo con el tiempo. Esto es muy importante, pero también el compromiso con el trabajo o el político. Son tres esferas que se unen y que para mí tienen un espacio en común muy importante. Los afectos siempre están en el centro de todo. Las canciones son actos emocionales y, aunque a veces hablan de cuestiones íntimas, lo que se trata es que lleguen a mucha gente y las sientan suyas. Igual que cuando hablas de cuestiones políticas. Yo escribo de ello porque me impacta y siento la necesidad de cantarlo e intentar confrontarlo, igual que sucede con otras realidades. 

«Si no quieres mojarte, échate a un lado, pero lo importante no eres tú, lo importante es que hay un genocidio que está ocurriendo en directo. A mí me gustaría que más músicos se posicionaran y pudiéramos hacer más cosas en común, pero no soy quién para decir a nadie qué tiene que hacer».

Una de las canciones que más peso tiene en el álbum es la que le dedicas a tu madre. ¿Cuáles fueron esas herramientas que cantas que te dejó?

Mi madre y mi padre nos inculcaron muchos valores a mis hermanos y a mí. Recuerdo que nos explicaban las dudas que nos nacían de pequeños o el póster de Allende que teníamos en el salón. Ellos tuvieron en común la lucha antifranquista y estaban muy concienciados con la educación pública, mi madre con el derecho al aborto, etc. Asuntos que nos explicaron cuando éramos muy guajes y que me ayudaron a comprender ciertos valores importantes para la vida. Todo ello sin adoctrinamiento.

Pero, sobre todo, lo que yo pongo en valor de mi madre es que, superada la primera juventud, me di cuenta de que ella era la persona que siempre había estado, la que me había cuidado. Por ello le escribí este homenaje a ella y a todas las madres que nos sufren y a las que no les devolvemos el cariño que nos dan de forma incondicional. Al menos no tanto como deberíamos.

nacho vegas
Foto: Álvaro Minguito

¿Qué tiene que ver el asombro con el amor?

Cuando nos enamoramos nos asombramos de las posibilidades de la vida. Yo lo he observado en algunas amistades, cuando pasan de una situación muy baja, casi depresiva, a una en la que llega el amor a sus vidas y descubren eso que les faltaba. Asombrarse produce esa chispa que está en el germen de muchas canciones también. Si perdemos esa capacidad de asombro, nos apoltronamos y nos convertimos en seres que asisten a la vida de forma pasiva y, por lo tanto, en seres más tristes.

«Superada la primera juventud, me di cuenta de que mi madre era la persona que siempre había estado, la que me había cuidado. Por ello le escribí este homenaje a ella y a todas las madres que nos sufren».

En este disco hay ciertas canciones más melódicas que lo que venías haciendo hasta ahora. ¿Por qué ese cambio?

Yo no soy consciente de ello ni de lo que supone respecto a otros discos. Venía de hacer uno con un mundo muy intimista y confesional, imagino que influido por la pandemia. En este nuevo hay una manera positiva de enfrentarse a afectos que son los que nos hacen sentirnos vivos. Yo escribo la mayoría de canciones desde lugares dolorosos porque son los que no entiendo: necesito un punto disruptivo que me haga poner las cosas enfrente de mí para confrontarlas. Estos sentimientos, cuando los acompañas de melodías más alegres, es cuando consiguen que salte la chispa. Me gusta jugar con esos contrastes.

Cumples 25 años como artista con disco publicado. ¿Qué ha cambiado en ese Vegas de hace un cuarto de siglo y cómo haces para mantener ese asombro?

He evolucionado como cualquier persona desde los 25 hasta los 50 años. Tengo la suerte de que los discos son como álbumes de fotos de cada época y, cada vez que vuelvo a ellos, descubro cosas que me obsesionaban en ese momento. Cuando recupero canciones para alguna gira, las canto con una actitud diferente, por lo que al reinterpretarlas no me canso de ellas. Lo bueno es intentar cantarlas como si fuera la primera vez.

Con respecto a mantener ese asombro, lo que intento es volver a ese chaval que empezó haciendo canciones por la pura urgencia. Trato de aislarme de todo lo demás y mantener esa capacidad de asombro de las cosas que pasan en la vida, ya sea para maravillarme u horrorizarme. Es decir, seguir cantando para entender lo que ocurre en el mundo.

Nacho Vegas
Foto: Álvaro Minguito

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Hablar con fascistas

Por: José Ovejero

2 de febrero

En 1991 Donna Haraway escribe: «La dolorosa fragmentación existente entre las feministas (por no mencionar la que existe entre las mujeres) en todos los aspectos posibles ha convertido el concepto “mujer” en algo esquivo, en una excusa para la matriz de la dominación de las mujeres por ellas mismas».


El mundo siempre ha sido una colonia, en el sentido de que gente ajena al territorio se ha beneficiado de sus recursos y para ello ha impuesto estructuras de poder ajenas a la voluntad de la población autóctona (y cuando digo «ajenas a la voluntad» incluyo voluntades manipuladas por el soborno, el chantaje y la desinformación). Su descolonización aparente en la segunda mitad del siglo XX, que daba una apariencia de legitimidad a la explotación, está dando paso a sus más desvergonzadas manifestaciones. El marionetista ya no se oculta tras un telón oscuro, podemos ver las manos moviendo los hilos de sus criaturas y su gesto autocomplaciente al revelar su poder casi absoluto.


4 de febrero

Al pobre Pasolini le sucede como a Hannah Arendt y a Adorno, que los cita con entusiasmo gente que no los ha leído nunca. La filosofía de Arendt se ha visto reducida a un concepto que es de buen gusto citar y que vale para un roto y para un descosido: la banalidad del mal. Si las y los columnistas de opinión se acuerdan alguna vez de Adorno es para repetir como papagayos, a menudo mal o de forma sesgada, que la poesía es imposible después de Auschwitz.

Y Pasolini, como hemos visto estos días, sirve a los tibios para hablar del fascismo de los antifascistas.

¿Han leído alguno de sus artículos sobre el tema? Y, de paso, ¿han visto esa foto en la que Pasolini se lía a puñetazos con un fascista del MSI? En sus artículos sobre el asunto, que se pueden consultar en el breve volumen publicado por Galaxia Gutenberg, Pasolini condena sobre todo dos cosas: el antifascismo de los liberales burgueses, que es fingido o solo útil para ellos en determinados momentos históricos y puede cambiar de bando con facilidad, y que el antifascismo se entretenga con el inocuo deporte de condenar fieramente los fascismos del pasado, que ya no existen.


A él le parecía que se estaba perdiendo la oportunidad de hablar con los jóvenes fascistas, y esto puede parecer que lleva el agua al cansino molino de los y las que afirman que es fascista no sentarse a conversar con Aznar o Espinosa de los Monteros. Afirmaba que el diálogo no debía establecerse con los que llamaba los «fascistas arqueológicos» (con ellos, como hemos visto, podía liarse a puñetazos), ese residuo insignificante de la historia formado por quienes aún creían en Mussolini o en el fascismo histórico, sino con todos aquellos jóvenes cansados y rabiosos que buscaban una salida y una liberación en la energía de los neofascismos –creo que él no usó esa palabra–. Había que hablar con ellos, entenderlos, y por supuesto ofrecerles otras posibilidades.

El error en el análisis de Pasolini era pensar que los fascistas arqueológicos habían perdido la batalla debido a la televisión: afirmaba que Mussolini fue capaz de enardecer desde la tribuna pero no lo sería ante una cámara, que desvelaría su vacío y su estupidez, mostrándolo tal como era. Así que dedicarse a criticar aquel fascismo era una postura inocua y falsa.

¿Qué pensaría hoy Pasolini viendo a Trump, Abascal o Milei? Esos ignorantes de discurso vacío y brutalmente agresivo –como sucedía con Mussolini– que sin embargo no paran de crecer. ¿Qué pensaría, en España, viendo a personajes así vendiendo su mercancía averiada por los platós, en las páginas de una prensa subvencionada –por los partidos o por las grandes empresas– y en encuentros supuestamente «culturales»? ¿Querría conversar con ellos en aras de la tolerancia?

La ética impone límites a la cortesía; hay ciertas manos que no se deben estrechar salvo en contadísimos y urgentísimos momentos en los que ese contacto indeseable puede servir, por ejemplo, para salvar vidas. Me parece mezquino y sucio afirmar que es fascista el antifascismo de quien sencillamente no quiere compartir espacio y titulares con quienes han iniciado guerras mintiendo, con quienes han pertenecido a partidos que prohíben la entrada a sus actos a periódicos no afines –pero ahora se quejarán de que los cancelen a ellos– o fomentado la persecución de menores; con quienes aún hoy se niegan a condenar una dictadura, ayudando así a legitimarla.

No querer hablar con gente que apoya la deriva fascistoide y autoritaria y despiadada de la sociedad, puede parecer o no una buena estrategia. Condenar moralmente esta actitud está tan fuera de lugar como apuntarse al latiguillo supuestamente pasoliniano para poner en el mismo plano a quien defiende una posición ética no queriendo estar en ciertos lugares con ciertos individuos, y a quienes, con sus actos y palabras y sus omisiones culpables, normalizan la dictadura. No estamos hablando de un pasado remoto sobre el que conversar apaciblemente. Franco, Mussolini, Hitler, Stalin no están tan muertos como creíamos y no se puede exigir a nadie que venza su repugnancia y departa con quienes contribuyen a mantenerlos vivos.

Hacer además una contorsión intelectual para decir que si han sido elegidos democráticamente hay que respetarlos es otra forma de vileza. ¿Hace falta recordar los dictadores de todo el mundo que llegaron al poder a través de elecciones? Me voy a subir yo también un momento a la ola neocristiana que nos inunda y citar a Jesucristo: por sus hechos los conoceréis. Y los conocemos de sobra.


Releyendo lo que acabo de escribir pienso algo que he pensado más de una vez y que no contradice lo anterior: me gustaría escribir más en periódicos con cuya ideología no concuerdo y cuyos lectores no concuerdan con la mía. No tengo miedo al contagio ni a conversar con quien piensa diferente. Es solo que traspasar ciertos límites te hace salir sucio del otro lado.

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Diez tesis sobre la nueva era

Por: Nuria

Trump dio un discurso en Washington, D. C el pasado 6 de enero. / TWH / Daniel TorokTrump dio un discurso en Washington, D. C el pasado 6 de enero. / TWH / Daniel Torok

Fotografía: Trump dio un discurso en Washington, D. C el pasado 6 de enero. / TWH / Daniel Torok

Artículo original publicado en ctxt.es por Steven Forti

El regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 marcó el comienzo de una nueva era. Nuestro “mundo de ayer”, por decirlo con Stefan Zweig, ha terminado. Kaputt. Conviene darse cuenta lo antes posible. Hemos entrado en una nueva fase histórica, cuyas características son, naturalmente, aún inciertas. Intentaré esbozar sus contornos a partir de diez tesis.

1. El neoimperialismo sustituye al orden liberal global

El orden liberal global creado al final de la Segunda Guerra Mundial –frágil, perfectible, a menudo no respetado– es sustituido por una lógica imperial regida por una mezcla de ley de la selva –el más fuerte se impone– y reparto de zonas de influencia –se ha definido la nueva doctrina trumpista como “geopolítica hemisférica”– y un enfoque transaccional. Ucrania, Venezuela, Taiwán y Gaza lo demuestran. Probablemente sean solo el comienzo. El enfoque diplomático y el multilateralismo son cosa del pasado: a los organismos supranacionales como las Naciones Unidas ya no se les reconoce ninguna autoridad, ni siquiera formal. Ha llegado “la hora de los depredadores”, por citar a Giuliano da Empoli. 

Make Colonialism Great Again es un eslogan que circula en los círculos MAGA

Si queremos hacer un paralelismo histórico, la nueva era se asemeja a la época del imperialismo de finales del siglo XIX: no por casualidad, Make Colonialism Great Again es un eslogan que circula en los círculos MAGA. En el caso de los Estados Unidos, sin embargo, se trataría de un hiperimperialismo, es decir, un nuevo tipo caracterizado por una hegemonía militarizada, coercitiva y tecnológicamente impuesta sobre el Sur Global debido a la fase de declive que atraviesa el Norte Global. Por lo tanto, no se trataría de un retorno a la época imperialista clásica ni al anterior orden westfaliano, sino más bien de la instauración de un sistema internacional “neomonárquico” estructurado por un pequeño grupo de élites hiperprivilegiadas que buscan legitimarse apelando a su excepcionalidad con el objetivo de crear nuevas jerarquías materiales y de estatus

2. El neoliberalismo ha allanado el camino al nuevo autoritarismo

Los cimientos de la nueva era se están construyendo sobre las ruinas del neoliberalismo1. Hemos llegado a este punto tras tres décadas de hegemonía neoliberal que, a fuerza de golpes de piqueta y motosierra, ha derribado los muros de carga del edificio que con tanto esfuerzo se construyó después de 1945. En primer lugar, las políticas neoliberales –privatizaciones, precariedad laboral, reducción del gasto social, etc.– han debilitado el modelo de Estado del bienestar, aumentando las desigualdades y rompiendo la cohesión social. Todo ello, en segundo lugar, se ha visto reforzado por el hecho de que, como ideología, por muy “invisible” que sea, el neoliberalismo ha inculcado una serie de valores, como el individualismo exacerbado y la competitividad extrema hasta el punto de sellar una alianza con los sectores etnonacionalistas e identitarios de la derecha2. En tercer lugar, el concepto mismo de democracia ha sido vaciado de su componente social: la democracia formal –el respeto de (algunas) normas y procedimientos– ha sustituido a la democracia sustantiva, cuyo objetivo es la igualdad. 

El poder efectivo se ha desplazado hacia las élites económicas, con la consiguiente configuración de un sistema posdemocrático

En cuarto lugar, en un contexto marcado por la globalización neoliberal, el poder efectivo se ha desplazado hacia las élites económicas, con la consiguiente configuración de un sistema posdemocrático, en el que los cuerpos intermedios –partidos, sindicatos, asociaciones de la sociedad civil– se han ido desmoronando poco a poco, la participación se ha evaporado y la personalización de la política, facilitada también por la transformación de los medios de comunicación, ha favorecido la aparición de fenómenos “populistas”3. Por último, las políticas neocons posteriores al 11-S de 2001 –guerra contra el terrorismo, invasiones de Afganistán, Irak, Libia– han erosionado el orden internacional, fracasando estrepitosamente en su intento de exportar la democracia liberal. 

Como alertó Mark Lilla desde una perspectiva puramente estadounidense, al modelo rooseveltiano le sucedió a finales de los años setenta el modelo reaganiano que, aunque entró en declive con la Gran Recesión de 2008, hasta hace poco aún no había encontrado un sustituto4. En retrospectiva, el obamismo fue el último intento de mantener en pie un paradigma en declive, renovando solo su fachada, pero sin cambiar su esencia. 

3. Los tecnoligarcas se apoderan del Estado

En la era del neoliberalismo triunfante, la connivencia entre el poder político y el poder económico ha sido evidente. Ha habido resistencias, más o menos fuertes según los países. Se ha mantenido (no siempre, todo sea dicho) una apariencia de respeto por las reglas del juego: las influencias de las élites económicas eran visibles, pero se intentaba (al menos un poco) disimularlas. En la nueva era, en cambio, lo que se quiere hacer, se hace y se dice, sin ocultarlo. Esto se aplica tanto a la geopolítica como a las relaciones con los poderes económicos. 

La palabra “democracia” no aparece en los discursos de Trump, y no es ni de lejos uno de sus objetivos

Por un lado, Trump bombardea Caracas y arresta a Maduro para controlar directamente los pozos petrolíferos venezolanos: la palabra “democracia” no aparece en sus discursos y no es ni de lejos uno de sus objetivos, aunque fuese solo de fachada. Por otro lado, los robber barons del tercer milenio han establecido explícitamente una alianza estratégica con los nuevos líderes autoritarios: los tecnoligarcas de Silicon Valley no solo quieren llenarse los bolsillos de dinero, sino que, en primer lugar, defienden abiertamente proyectos autoritarios y antidemocráticos –nuevas monarquías absolutas eficientistas gobernadas por reyes-CEO, siguiendo el modelo de Qatar o Singapur, según las teorías de uno de sus principales intelectuales-cortesanos, Curtis Yarvin– y, en segundo lugar, quieren ser “intelectuales legisladores”, como afirma Evgeny Morozov.

Elon Musk y Javier Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de febrero de 2025. / Gage SkidmoreElon Musk y Javier Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de febrero de 2025. / Gage Skidmore

Elon Musk y Javier Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de febrero de 2025. / Gage Skidmore

En pocas palabras, con Peter Thiel, Elon Musk, Marc Andreessen y Alex Karp, hemos pasado de la unión entre la política y la economía de tipo neoliberal “clásico” a la voluntad explícita de capturar el Estado mediante la creación de un “complejo tecnológico autoritario” que tiene como objetivo controlar las infraestructuras de gobernanza.

4. Las autocracias electorales sustituyen a las democracias

En la nueva era, la democracia, incluso en su versión formal, se considera un mero adorno. De hecho, se ha reducido a una sombra de lo que fue. Ya en la era del neoliberalismo en declive, es decir, desde 2008 en adelante, el porcentaje de la población mundial que vive en democracia ha disminuido continuamente hasta alcanzar un mísero y preocupante 28 % en 2024. La tendencia es evidente. Desde hace unos veinte años estamos viviendo la primera gran ola de autocratización posterior a la Segunda Guerra Mundial, es decir, cada vez más países se convierten en autocracias electorales. Esto es, mantienen una apariencia de respeto por las reglas democráticas –incluso en la Rusia de Putin se celebran elecciones–, pero la democracia es, en el mejor de los casos, una cáscara vacía. Nos guste o no, la era que se ha iniciado quiere ser la era de las autocracias5.

5. La extrema derecha es el actor principal de la nueva era

Junto con los líderes fuertes –léase autoritarios– que están en el poder en medio mundo –Putin, Xi Jinping, Erdogan, Modi, los petromonarcas del Golfo, etc.–, en Occidente es la extrema derecha la que mejor representa esta nueva era. De hecho, avanza electoralmente en todas partes y ha llegado al poder en varios países: desde Estados Unidos hasta Argentina, desde Israel hasta Italia, desde Hungría hasta El Salvador y Chile. En cuanto tiene la posibilidad, instaura sistemas electorales autocráticos: se erosiona la separación de poderes, se ataca el pluralismo informativo, desaparecen los derechos para amplios sectores de la población. El líder fuerte se presenta como representante del pueblo, desprecia los controles democráticos y pone en marcha un proyecto etnonacionalista reaccionario. 

Aunque existen divergencias y peculiaridades nacionales –al fin y al cabo, cada partido es fruto de las culturas políticas de su propio país–, la extrema derecha debe entenderse como una gran familia global. Las referencias ideológicas y las estrategias políticas y comunicativas utilizadas son, de hecho, las mismas. Además, participan en las mismas redes transnacionales formadas por fundaciones, institutos y think tanks que en los últimos años han trabajado incansablemente para elaborar una agenda común, exportable y adaptable a los diferentes contextos: véanse la Heritage Foundation o la red National Conservatism. Además, Trump, Milei, Bukele, Orbán, Netanyahu, Meloni, Abascal, Ventura, Weidel, Le Pen, Farage, Wilders, Bolsonaro, Kast y compañía creen que están librando la misma batalla contra enemigos comunes, es decir, la izquierda, el liberalismo, el globalismo, el wokismo y lo políticamente correcto. Sus coaliciones parecen frágiles porque a menudo están formadas por sectores con intereses diferentes –pensemos en el trumpismo–, pero por el momento la esperanza de que se desmoronen no es más que un deseo inalcanzable. 

6. Más que fascismo, se trata de la renovación del pensamiento antiilustrado

A menudo se repite que lo que estamos viviendo es el retorno del fascismo, más o menos bajo otros ropajes. Aunque existen elementos de continuidad entre el fascismo histórico y la extrema derecha del tercer milenio –en algunos países más que en otros–, el concepto de “fascismo eterno” propuesto hace más de treinta años por Umberto Eco nos lleva por mal camino. Como señala Santiago Gerchunoff, el uso compulsivo del término –en sus más diversas variantes: fascismo tardío, fascismo fósil, tecnofascismo, etc.– muestra más bien “el deseo de encontrar una palabra mágica que conjure el peligro de abstracción de nuestro mundo y que, al mismo tiempo, cierre cualquier discusión”6. Nos tranquiliza, por así decirlo, llamar fascistas a las nuevas extremas derecha porque, en cierto sentido, nos da la falsa certeza de saber a qué nos enfrentamos. 

Ahora bien, las características de la nueva era no son las mismas que las del período de entreguerras: ha pasado ya un siglo desde los regímenes de Hitler y Mussolini. El mundo ha cambiado profundamente y nuestras sociedades lo han hecho en consecuencia: la política de masas ya no existe, la atomización es el sello distintivo de la nueva era. Por otra parte, ni siquiera en el pasado, en ese “mundo de ayer” muerto y enterrado, todos los autoritarismos eran fascistas. Digámoslo así: se puede ser reaccionario, nacionalista, autoritario y antidemocrático sin ser necesariamente fascista. Pero esto no hace que la situación sea menos grave. Lo que tenemos ante nuestros ojos es una nueva extrema derecha que defiende un autoritarismo posliberal eficientista y antiigualitario. Sus raíces se hunden en el pensamiento antiilustrado y en el reaccionarismo antiliberal de finales del siglo XVIII. En definitiva, se trata de una cultura política –plural, heterogénea– de larga trayectoria que se ha nutrido de diversas fuentes.

7. El extremismo es el nuevo mainstream

En las últimas décadas, las ideas extremistas se han normalizado. La ventana de Overton se ha desplazado radicalmente hacia la extrema derecha: ideas que se consideraban inaceptables se han convertido en sentido común y, como último paso, se incluyen en el ordenamiento jurídico. En Rusia y Hungría, la homosexualidad se compara legalmente con la pedofilia. En Estados Unidos, declararse antifascista implica ser considerado miembro de un grupo terrorista. Ya casi no escandaliza que importantes influencers MAGA afirmen en público que las mujeres no deberían tener derecho de voto, que el presidente argentino Javier Milei considere la justicia social un cáncer que hay que erradicar o que miembros del Gobierno israelí definan a los palestinos como “animales” y reivindiquen un genocidio en mundovisión. Las fantasías conspirativas se afirman a diestro y siniestro, empezando por la del Gran Reemplazo, según la cual las élites globalistas están llevando a cabo un plan para sustituir a la población europea por inmigrantes musulmanes. El presidente de la primera potencia mundial puede repetir que quiere anexionarse otros territorios, incluso de países aliados, como Groenlandia o Canadá, obviando el derecho internacional. Los referentes intelectuales de la nueva extrema derecha, como Curtis Yarvin, encuentran adeptos al afirmar que las democracias deberían ser sustituidas por nuevas monarquías absolutas y que los pobres deberían ser encerrados en una habitación y conectados día y noche a la realidad virtual.

La nueva era no es solo la época de la posverdad, la desinformación y los bulos, sino también aquella en la que el extremismo se ha convertido en mainstream. Además de las consecuencias de la hegemonía neoliberal, no se puede entender este cambio sin tener en cuenta el impacto de las nuevas tecnologías, que han permitido la viralización de ideas y narrativas extremistas y, por lo tanto, la normalización de la extrema derecha y el autoritarismo. No por casualidad, las dos últimas palabras del año del Oxford Dictionary fueron, en 2024, brain rot, es decir, “podredumbre cerebral” o “cerebro podrido”, en relación con el deterioro mental debido al consumo excesivo de contenidos online de baja calidad, y, en 2025, rage bait, es decir, “cebo de ira”, en referencia a los contenidos online creados para causar indignación y generar reacciones emocionales fuertes, aprovechando la polarización y el funcionamiento de los algoritmos de las plataformas sociales.

Trump en el Despacho Oval frente a Starmer, Meloni, Von Der Leyen, Merz, Macron, Stubb, Zelenski y Rutte en agosto de 2025. / TWH / Daniel TorokTrump en el Despacho Oval frente a Starmer, Meloni, Von Der Leyen, Merz, Macron, Stubb, Zelenski y Rutte en agosto de 2025. / TWH / Daniel Torok

Trump en el Despacho Oval frente a Starmer, Meloni, Von Der Leyen, Merz, Macron, Stubb, Zelenski y Rutte en agosto de 2025. / TWH / Daniel Torok

8. Los partidos y las instituciones democráticas viven una parálisis incapacitante 

A pesar de algunas victorias electorales y algunas decisiones acertadas, la mayoría de los partidos e instituciones democráticas no se han dado cuenta de que todo ha cambiado. Razonan con los viejos paradigmas y proponen recetas de antaño que, además de ser poco realistas en estos años veinte del siglo XXI, ya no tienen ningún atractivo, ni siquiera entre quienes las defienden. 

El establishment liberal ha visto cómo se le desmoronaba el terreno bajo sus pies, pero en lugar de dar un salto –o, al menos, intentarlo, como ha instado en repetidas ocasiones Mario Draghi, uno de los pocos exponentes lúcidos de las viejas élites–, intenta aferrarse al último trozo de roca, lo que, en el mejor de los casos, solo conseguirá prolongar su agonía. El ejemplo más claro es la respuesta de la Comisión Europea a las amenazas de Trump, con Ursula Von der Leyen arrodillándose en un campo de golf escocés ante los dictados del nuevo autoproclamado emperador de Mar-a-Lago, y Kaja Kallas fingiendo que nada ha cambiado en las relaciones entre Bruselas y Washington. 

En el peor de los casos, mostrando una increíble miopía, el establishment liberal intenta copiar a la extrema derecha con el objetivo de evitar ser canibalizado y superar lo que cree que es un huracán pasajero, lo que acaba por allanar el camino al autoritarismo posliberal. Así, vemos a una derecha democrática en claro declive y en profunda crisis de identidad –desde Merz hasta Macron, desde Tusk hasta Von der Leyen– e incluso a una parte de la izquierda socialdemócrata que ha perdido completamente el rumbo –desde Starmer hasta Frederiksen– aprobando políticas conservadoras y reaccionarias en materia de inmigración, defensa, seguridad, derechos o medio ambiente. A pesar de sus errores e incapacidades, son muy pocos –Lula, Sánchez, Sheinbaum, Petro, Mamdami– los que parecen entender el quid de la cuestión: nada volverá a ser como antes. 

9. La religión vuelve a ser un arma política

La nueva era se caracteriza por la renovada centralidad del uso político de la religión en todas las latitudes. Si bien el tema no es nuevo en el mundo musulmán o hindú, sin duda lo es en Occidente, donde, tras décadas de secularización, habíamos dado por amortizada la religión. Aunque aumenta el número de ateos y agnósticos, los nuevos líderes autoritarios utilizan la religión más que nunca, amparándose en la supuesta protección de Dios, como nuevos monarcas absolutos por la gracia divina.

Funeral de Charlie Kirk el 21 de septiembre de 2025 en Arizona. / TWH / Daniel Torok Funeral de Charlie Kirk el 21 de septiembre de 2025 en Arizona. / TWH / Daniel Torok 

Funeral de Charlie Kirk el 21 de septiembre de 2025 en Arizona. / TWH / Daniel Torok 

Encontramos sus variantes más dispares tanto en el mundo católico como en el protestante, evangélico y ortodoxo, pero también en el judaísmo, el hinduismo o el islamismo: la bendición de la invasión de Ucrania por parte del patriarca Kirill; las referencias al Antiguo Testamento de Netanyahu para justificar el genocidio de Gaza o la ocupación de Cisjordania; el uso que Modi hace del hinduismo; Trump, que se considera salvado por Dios por haber escapado al intento de asesinato de Boulder; Milei citando compulsivamente la Torá; Bolsonaro bautizándose en el río Jordán; la defensa de la identidad cristiana de Hungría e Italia por parte de Orbán y Meloni; las referencias a la Reconquista de Abascal y Ventura… Pero, sin salir de Estados Unidos, basta pensar en el funeral del supremacista blanco Charlie Kirk, en los tatuajes del secretario de Guerra, Pete Hegseth –la inscripción “Deus Vult” y la cruz de Jerusalén, símbolo del supremacismo blanco y referencia a las cruzadas medievales– o en las elucubraciones pseudoteológicas de Peter Thiel sobre el apocalipsis y el Anticristo. Un nuevo tipo de nacionalismo cristiano, que va de la mano del sionismo judío, está cada vez más presente con pensadores como Yoram Hazony o Rod Dreher y cada vez más activo también en las bases de la extrema derecha. Es una religión declinada de forma agresiva, excluyente e identitaria.

10. La respuesta al ‘¿Qué hacer? solo puede ser colectiva

La respuesta a la vieja pregunta leninista no caerá del cielo, ni será formulada por ningún intelectual. Solo podrá surgir de la sociedad, es decir, solo podrá ser colectiva. Me temo que llevará tiempo –seguramente años, probablemente una generación–, porque lo que hay que reconstruir, desde el punto de vista material y de valores, aumenta cada día que pasa. Ilusionarse con que una derrota de la extrema derecha en una elección concreta signifique un punto de inflexión es solo una mera ilusión. Mientras tanto, al menos se puede evitar caer en el abismo. 

Los partidos democráticos deberían evitar ceder a los cantos de sirena de la extrema derecha y defender las instituciones y los derechos conquistados. Las instituciones europeas deberían oponerse con fuerza al neoimperialismo autoritario estadounidense, evitando la no solución del apaciguamiento –un suicidio lento– y saliendo del letargo de la “vasallización feliz”: ahora mismo, hay que desengancharse de lo que se ha convertido en el lazo atlántico, construir una verdadera autonomía estratégica –que no puede ser solo militar y, mucho menos, sobre bases nacionales– y defender lo que queda del multilateralismo abriéndose a los actores democráticos del Sur Global. Como mínimo, se debería intentar gobernar la economía –redistribuyendo la riqueza y reduciendo las desigualdades– y situar en el centro de la acción política la cuestión medioambiental –que ahora ha pasado a un tercer plano– y la tecnológica con todo lo que ello conlleva –el fin de la dependencia de las Big Tech estadounidenses, cuyos proyectos autoritarios deben combatirse sin vacilaciones, y la reducción de la brecha con China7–. 

Sin embargo, es necesario replantearse completamente los paradigmas existentes: los antiguos ya no funcionan en esta nueva era. Por lo tanto, hay que empezar desde cero: reconstruir la sociedad –ahora licuada, atomizada–, crear un sentido de comunidad –que no sea el identitario y etnonacionalista de la extrema derecha–, volver a librar la batalla de las ideas –la extrema derecha lo lleva haciendo desde hace años y ahora está cosechando los frutos–, tejer alianzas y redes transnacionales –porque la solución no puede ser solo local–. Todos debemos sentirnos involucrados. 

Volviendo a las tres categorías de Hirschman, la “salida” no es una opción porque significaría dejar el campo libre para la imposición definitiva del nuevo orden autoritario, y la “lealtad” tiene poco sentido porque el establishment actual no tiene ideas o sufre una parálisis incapacitante. La única posibilidad es la “voz”, es decir la participación y la protesta8. Este debe ser el punto de partida.

1    Wendy Brown, En las ruinas del neoliberalismo: El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente, Traficantes de sueños, 2021.
2    Véanse George Monbiot y Peter Hutchison, La doctrina invisible. La historia secreta del neoliberalismo (y cómo ha acabado controlando tu vida), Capitán Swing, 2025 y Quinn Slobodian, Hayek’s Bastards: The Neoliberal Roots of the Populist Right, Allen Lane, 2025.
3    Colin Crouch, Posdemocracia, Taurus, 2004.
4    Mark Lilla, El regreso liberal: Más allá de la política de la identidad, Debate, 2021.
5    Steven Forti, Democracias en extinción. El espectro de las autocracias electorales, Akal, 2024.
6    Santiago Gerchunoff, Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo. Para qué no sirve la historia, Anagrama, 2025, pp. 80-81.
7    Véase Emanuele Felice, Manifesto per un’altra economia e un’altra politica, Feltrinelli, 2025.
8    Albert O. Hirschman, Salida, voz y lealtad. Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y estados, FCE, 1977.

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✇Todo Por Hacer

El antifascismo en un mundo a la deriva

Por: Todo Por Hacer

Cuando el desencanto es tradición, el entusiasmo es la resistencia” – Biznaga

Cuando empezamos a publicar este periódico en el año 2011, el auge de la extrema derecha no era una de nuestras principales preocupaciones. Éramos conscientes de que el franquismo sociológico seguía permeando las instituciones del Estado (policía, jueces, altos funcionarios, etc), que existían grupos fascistas que atacaban a minorías y que parte de la ultraderecha seguía habitando espacios dentro de los partidos conservadores como el PP, por lo que no sabíamos que no podíamos relajarnos y confiarnos. Sin embargo, gracias al buen trabajo del movimiento antifascista –revitalizado en 2007 tras el asesinato de Carlos Palomino a manos de un militar neonazi–, las ideas de la extrema derecha se habían contenido y, cuando el descontento por las recetas neoliberales del PSOE y PP para salir de la crisis fue en aumento, las propuestas que se pusieron sobre la mesa eran mayoritariamente de izquierdas. Las había más rupturistas y más reformistas que terminarían por mantener el sistema capitalista-democrático-liberal intacto, pero no daba la sensación de que el mundo viraría en poco tiempo hacia el fascismo.

Quince años después el contexto es muy distinto. Los levantamientos que entre 2010 y 2020 pretendieron reestructurar las sociedades –el 15-M en el Estado español, el movimiento occupy en EEUU, la Primavera Árabe, el parque Gezi en Turquía, V de Vinagre en Brasil, las revueltas de Chile, Grecia, Hong Kong, etc– fracasaron y en buena parte del mundo gobiernan hombres autoritarios, que no creen en los derechos humanos ni en las democracias liberales (nosotras tampoco, pero por motivos distintos) y que defienden la ley del más fuerte y los etnoestados.

¿Por qué ha virado el mundo hacia la extrema derecha?

¿Cómo ha podido pasar esto? La respuesta es compleja y multifactorial. Autores como Vincent Bevins han dedicado libros enteros a este fenómeno, por lo que no podemos dar una respuesta fácil en dos páginas, aunque sí podemos intentar dar algunas pinceladas superficiales sobre cómo percibimos que ha ocurrido en nuestro contexto.

En primer lugar, (1) hay que señalar las invasiones imperialistas de Afganistán e Irak por parte de EEUU (apoyadas por varias potencias europeas, que mantienen una relación tóxica con su novio yanki), así como sus agresiones sobre Siria y Libia y el continuo expolio occidental de los recursos naturales de África. Estas guerras normalizaron la islamofobia –demonizando a las personas del mundo árabe– y desestabilizaron varios regímenes de Oriente Medio, provocaron millones de muertos y el desplazamiento forzoso de muchos más, dando pie a una gran crisis de refugiados.

Por su parte, (2) la respuesta europea a esta crisis no fue la de reaccionar con empatía y generosidad como se debería haber hecho (máxime teniendo en cuenta que el desastre era nuestro), sino de forma racista y violenta contra las personas de origen extranjero. Los gobiernos conservadores y socialdemócratas profundizaron las dinámicas de explotación, colonialismo e imperialismo, las fronteras se endurecieron –aumentando la mortalidad de quienes intentan penetrar en esta fortaleza que es Europa–, se delegó en terceros países la gestión de la inmigración y los discursos de odio dentro de nuestros países fueron paulatinamente en aumento.

En este contexto, (3) los partidos y organizaciones de la vieja y nueva extrema derecha comenzaron a cobrar fuerza, explotando el miedo (“nos van a quitar el trabajo”, “no cabemos todos”, “no respetan a las mujeres”, “son criminales”) y deshumanizando a “los otros”. Y su odio no solo lo han dirigido hacia migrantes, sino también contra la comunidad trans, las personas LGTBIQ, el feminismo, el ecologismo, etc, conectando así con un movimiento ultraconservador que lleva décadas tratando de revocar los avances sociales que se han ido conquistando a lo largo del tiempo.

(4) El papel de los medios de comunicación ante estos discursos ha sido lamentable, dando altavoz a seres despreciables que vomitan xenofobia, sin confrontarlos, sin exponerlos. Quienes pensaban que los argumentos racistas decaerían por su propio peso, o que había que ignorar a los fascistas porque se morirían solos si no les hacemos casito, resultaron estar equivocadas: sus ideas se encuentran cada vez más normalizadas.

Además de extender discursos discriminadores, (5) la derecha también ha sabido instrumentalizar los bulos para obtener réditos. Cada vez que ocurre un hecho noticiable, las mentiras racistas, homófobas, tránsfobas, o contra personas de izquierdas no tardan en emerger. Así, no solo han conseguido convencer a muchas personas a base de bulos, sino que también han conseguido que nadie sea capaz de discernir la verdad en ese enorme lodazal que componen los medios de comunicación y las redes sociales.

Mención especial merecen (6) las redes sociales, porque los oligarcas tecnológicos de Silicon Valley, muchos de los cuales creen en su superioridad genética (como Elon Musk, Peter Thiel, Mark Zuckerberg, etc) y que el mundo sería mejor si se les permitiera gobernar como emperadores, han manipulado sus algoritmos para amplificar los mensajes de destacados nazis y enterrar los discursos que les plantan cara.

También ha sido grave (7) el papel de los partidos progres en los últimos años a la hora de generar desencanto. La socialdemocracia e, incluso, algunos partidos de izquierdas (como es el caso de BSW en Alemania), temiendo que la derecha fuera a superarles, comenzaron a imitar los discursos antiinmigración de la extrema derecha, creyendo que teniendo una postura un poco más suave y respetuosa les votarían a ellos. Pero se equivocaron; cuando los votantes perciben que una marca imita a otra, prefieren la original.

Además, los partidos de izquierdas lograron desmovilizar a miles de personas que participaban en los movimientos transformadores de los primeros años de la década pasada, prometiendo que “asaltarían los cielos” en su nombre. Sin embargo, cuando formaciones como Podemos o Sumar entraron en los gobiernos, no lograron conquistar nada. Ni derogaron la Ley Mordaza, ni la reforma laboral, ni consiguieron que Interior respondiera por las infiltraciones policiales en movimientos sociales, ni reformaron la policía, ni la Justicia, ni el problema de la vivienda, ni la escalada militar, ni nada. La izquierda institucional se ha mostrado incapaz de solucionar los problemas de la gente y su falta de credibilidad allana el camino a la derecha.

Otra de las causas por las que triunfa la extrema derecha se debe (8) a que llevamos más de dos años asistiendo a un genocidio en tiempo real en Palestina y nadie ha movido un puto dedo por pararlo. Esto ha envalentonado racistas en general e islamófobos en particular, que han comprendido que no pasa nada por atacar violentamente a un pueblo entero, siempre y cuando estés del lado del más fuerte. Por tanto, no extraña que Trump se crea con derecho a secuestrar a Nicolás Maduro, anexionarse Groenlandia o amenazar explícitamente a cualquiera que ose criticarle; es la misma lógica imperialista.

El fascismo ha generado monstruos que vemos a diario en los medios: soldados israelíes que torturan a presos palestinos son aplaudidos y tratados como héroes por sus compatriotas, paramilitares de ICE aterrorizan y disciplinan a personas migrantes en ciudades de EEUU y Nayib Bukele farda de sus centros de encierro en El Salvador, por citar algunos ejemplos.

Mientras, el capitalismo sigue su curso, pues esta nueva era totalitaria no le amenaza, sino que se trata más bien de una vuelta de tuerca. (9) La desafección que ha promovido un sistema basado en la desigualdad ha sido el gran alimento de la extrema derecha. Por eso, recordamos hoy las palabras de Buenaventura Durruti: “Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para mantener sus privilegios”.

El antifascismo, más necesario que nunca

El historiador Mark Bray define el antifascismo como una ideología que se autodefiende de los movimientos racistas, fascistas y autoritarios y evita que crezcan lo suficiente como para que supongan una amenaza real contra personas oprimidas. En este sentido, “el antifascismo es proactivo, no espera a que el fascismo conquiste el poder para actuar e intenta pararlo de raíz”. Y resalta que el antifascismo además cuestiona las estructuras de poder y dominación que permiten que el fascismo exista, por lo que “el antifascismo no es solo la oposición a los fascistas, sino una lucha por un mundo sin fascismo, sin racismo, sin jerarquías autoritarias”.

Un movimiento antifascista fuerte, amplio y de base es nuestra única esperanza para detener la oleada ultraderechista que pretende arrasarnos. Y eso lo saben los fascistas. Por eso, en los últimos meses Trump ha declarado el movimiento antifascista como “organización terrorista doméstica” en EEUU y ha defendido la brutalidad policial ejercida contra sus opositores –como los agentes de ICE que asesinaron a Renée Nicole Good con tres tiros en la cabeza por protestar contra sus redadas racistas–. Y miedo nos da que le de por designarla como “organización terriorista internacional” y empiece a aprobar sanciones contra quienes le desafíen (como ha hecho en el último año con los jueces del Tribunal Penal Internacional que pidieron la detención de Netanyahu o a la relatora de la ONU para el conflicto palestino, Francesca Albanese, que no puede tener cuentas bancarias a su nombre, volar en algunas aerolíneas o reservar habitaciones de hotel).

La coalición Patriotas por Europa (grupo al que pertenece Vox) solicitó hace unos meses que el Parlamento Europeo otorgase la designación de “organización terrorista” al movimiento antifascista en nuestro continente. Por ahora no ocurrirá, pero tiempo al tiempo. El manual ya lo tienen estudiado: se empieza etiquetando a un movimiento difuso y sin estructura definida como “terrorista” y se le reviste de amenaza existencial; y el día que ocurra algo, ya sea un acto de violencia, unos desórdenes públicos, una manifestación, lo que sea, se abre el aparato de represión estatal y se termina por extender al conjunto de la disidencia (organizaciones antifascistas, colectivos antirracistas, sindicatos, asociaciones de vecinas, colectivos de barrio, etc).

El movimiento anarquista del Estado español conoce muy bien cómo funcionan estos planes de criminalización. Ya lo vivimos hace una década, cuando en 2013 fueron detenidas dos anarquistas, acusadas de plantar una bomba en la Basílica del Pilar de Zaragoza. Tras ello, varios políticos y medios de comunicación comenzaron a informar, de forma constante, que el anarquismo se estaba organizando para planear atentados terroristas y que estaba “imitando a Al-Qaeda”. Un año después, en 2014, tuvo lugar la Operación Pandora, que en 2015 fue seguida por las Operaciones PiñataPandora 2 y Ice, en las que decenas de anarquistas fueron detenidas e imputadas por terrorismo por no se sabe muy bien qué motivos. Por suerte, finalmente todas las causas acabaron archivadas y quedaron en nada, pero la próxima vez el resultado podría ser otro.

Por suerte, hemos sacado aprendizajes de estos golpes y también sabemos cómo debemos actuar: con solidaridad, con determinación, con movilizaciones contra sus discursos criminalizadores y, sobre todo, planteando alternativas a su sistema de dominación, para convertir a los represores en irrelevantes. Es decir, frente a su fascismo, más antifascismo y más militancia en todos los colectivos que buscan erradicar.

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Contrarreforma laboral en Argentina: Milei contra la clase obrera

Por: Todo Por Hacer

Por Santiago Mayor. Extraído de El Salto

El 11 de diciembre de 2025 el presidente argentino Javier Milei firmó un anunciado proyecto de ley que envió al Congreso con el objetivo de transformar radicalmente el mundo del trabajo. Aunque su intención era que los legisladores lo aprueben antes de fin de año, su tratamiento fue postergado hasta febrero luego de una masiva movilización sindical el jueves 18 y el rechazo de la oposición política parlamentaria.

El texto, denominado “de modernización laboral”, cuenta con casi 200 artículos que proponen modificaciones en temas tan diversos como el trabajo en plataformas, pasando por las contribuciones patronales a la salud y las jubilaciones, hasta el derecho a huelga y la extensión de la jornada laboral. Si bien durante las semanas previas voceros gubernamentales habían filtrado o enunciado distintos aspectos de la iniciativa, su versión final fue todavía más extensa y abarcativa de lo que se esperaba. Celebrada por las cámaras empresarias -muchas de las cuales participaron en la redacción del texto-, generó alerta y rechazo en todo el movimiento obrero argentino.

Jorge Sola, co-secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), la principal central sindical del país, sostuvo que se opone “terminantemente a cada uno de los puntos que establece este proyecto de reforma laboral”. En esa línea se sumaron las dos vertientes de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) que, en un comunicado conjunto sostuvieron que el proyecto “no moderniza nada” y en los hechos “es una ley redactada en los estudios de abogados de los grandes grupos empresarios” cuyo verdadero propósito “es precarizar el empleo y desproteger a los trabajadores”.

La respuesta sindical no es para menos, ya que el propio ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había reconocido en noviembre durante una gira por el Estado español que uno de sus objetivos era “desarticular” a los sindicatos, reduciendo su “poder” de negociación.

Pero la mayoría de los defensores del proyecto intenta hacer foco en que, según su mirada, con estas modificaciones se podrán crear más empleos y se generará más “estabilidad” en el mercado laboral. Paradójicamente, el modelo económico impulsado hasta ahora por Javier Milei ha generado estancamiento, pérdida de poder adquisitivo y de puestos de trabajo. De acuerdo a datos oficiales, los salarios reales cayeron un 11% en promedio desde que el presidente de extrema derecha llegó al gobierno. Por su parte, el Salario Mínimo, Vital y Móvil se hundió un 34% y hoy posee un poder de compra inferior al del año 2001 cuando Argentina atravesó la peor crisis económica de su historia.

Asimismo, como señaló la periodista Eugenia Rodríguez en un detallado artículo publicado en El Destape “tras los cambios laborales implementados con la Ley Bases en 2024 (mayor periodo de prueba, categoría de colaboradores ‘independientes’, fondos de cese laboral optativos)” no se crearon fuentes de trabajo. De hecho, “el último dato oficial difundido recientemente indicó que se perdieron más de 280.000 puestos de trabajo asalariados registrados”.

En diálogo con El Salto la socióloga Luci Cavallero, apuntó que “uno de los grandes mitos que se ha querido instalar desde de los medios de comunicación, pero también como discurso de sentido común es la hipótesis y el supuesto implícito es que a mayor flexibilización de las normas laborales mayor probabilidad de que el empresariado tome más personal”. Pero eso “no se ha verificado en ninguna parte del mundo y laboralistas de todos los colores e ideologías coinciden en que lo que crea trabajo registrado son las economías en crecimiento”.

Un ataque a los sindicatos

El investigador Luis Campos, miembro del Instituto de Estudios y Formación de la CTA – Autónoma y uno de los mayores especialistas de la situación laboral en Argentina, sostiene que el proyecto del gobierno de Milei se trata, en realidad, de tres reformas en una.

En primer lugar implica un ataque directo a la organización y acción colectiva, cuya principal herramienta institucional son los sindicatos. “En la práctica prohíbe la huelga bajo una reglamentación excesiva de los llamados servicios esenciales”, apuntó Campos entrevistado por este medio. Es que el texto presentado califica de esta forma actividades tan diversas como la gastronomía, la educación o la producción de alimentos y las obligaría a garantizar una dotación mínima del 50% o 75% del personal, según el caso, si se decide una medida de fuerza. “De esta manera se le imponen restricciones al ejercicio de la huelga en prácticamente todas las actividades de la economía, restricciones que en la actualidad existen, pero para actividades muy acotadas, como por ejemplo la terapia intensiva de un hospital o una central nuclear”, recordó el investigador.

Otro punto crítico para las organizaciones sindicales tiene que ver con los Convenios Colectivos. En la actualidad rige un orden progresivo donde la Ley de Contrato de Trabajo estipula un piso mínimo que los convenios específicos por rama de actividad pueden mejorar, pero nunca empeorar. A su vez, se permiten acuerdos particulares por empresa o región, que deben seguir la misma línea. La reforma propuesta por el gobierno argentino busca romper esta dinámica, habilitando convenios de orden inferior (por provincia o empresa) que prevalezcan -aún si implican peores condiciones laborales- por sobre los convenios nacionales.

Asimismo se plantea poner un límite muy fuerte a la llamada “ultraactividad” de los Convenios Colectivos. A diferencia de otros países, en Argentina estos no tienen fecha de vencimiento. Es decir que, si en una negociación entre un sindicato y una cámara patronal no se llega a un acuerdo, todos los derechos adquiridos en el convenio continúan vigentes. Nuevamente, la intención del Poder Ejecutivo es terminar con este principio estableciendo una fecha de caducidad de un año para algunas cláusulas, lo cual pondría a los sindicatos en una situación de debilidad ya que se verían obligados a acordar con las empresas, aunque esto implique perder beneficios y conquistas.

Por otra parte también se condiciona la actividad gremial dentro de las unidades productivas. Cualquier grupo de trabajadores que decida realizar una asamblea deberá contar con autorización del empleador y en caso de obtenerla, se les descontará de sus salarios el tiempo que dure la deliberación colectiva.

Finalmente, aunque no menos importante, “se incluyen restricciones muy fuertes al financiamiento de los sindicatos”, subrayó Campos. Y añadió: “Posiblemente la más importante es que los empleadores dejan de estar obligados a actuar como agentes de retención de las cuotas de afiliación sindical con lo cual, se va a dificultar mucho la capacidad de los sindicatos de financiar su funcionamiento”.

El control del proceso de trabajo

La segunda reforma, en términos de Campos, está relacionada con la anterior pero se enfoca en ampliar y reforzar el control del proceso de trabajo por parte del empresariado. Entre los puntos más destacados se amplía el período de prueba a seis meses; se flexibiliza el período de vacaciones permitiendo su fraccionamiento en lapsos no menores a 7 días corridos y se establece que los empleadores deben permitirlas “al menos” una vez cada tres años en la temporada de verano; se habilita el “salario dinámico” que puede modificarse por productividad o “mérito” y se permite el pago en moneda extranjera, vales o alimento.

Pero sin duda, el punto más polémico de esta segunda reforma dentro del proyecto, es el llamado “banco de horas”. Este sistema supone que la patronal disponga del tiempo del empleado de acuerdo a sus necesidades productivas y pueda modificar la jornada laboral, sin pagar horas extras. Un trabajo de 8 horas podría extenderse hasta 12 en un mismo día si la empresa así lo dispone. Como compensación, esas horas se le “devolverán” al trabajador otro día, realizando una jornada reducida.

“Esto pone a los trabajadores en una situación de debilidad muy fuerte frente a los empleadores porque estas cuestiones, con ciertos límites, se podían negociar en los convenios colectivos de trabajo, a partir de ahora van a poder ser negociados en en los contratos individuales”, sentenció Campos.

Por su parte, Cavallero consideró que si se aprueba esta ley “el impacto va a ser una baja en el costo laboral de las empresas no solo por el ajuste en salarios, sino también por las condiciones laborales” donde se va a dar “una mayor flexibilidad y una responsabilización del trabajador de cuestiones que antes asumía el patrón y que tiene que asumir el patrón”.

Hacer más ricos a los ricos

El tercer aspecto de la ley de “modernización laboral” se entronca directamente con el proyecto político, económico y de país de Milei: un gobierno de la clase dominante y para la clase dominante. Para Luis Campos no hay duda: el texto de la nueva ley “incluye una transferencia multimillonaria de recursos del trabajo al capital”.

La reducción de las contribuciones patronales que los empleadores hacen todos los meses al sistema de seguridad social cae en tres puntos porcentuales: del 20,4% al 17,4%

Esto se puede observar a través de dos aspectos. En primer lugar, la reducción de las contribuciones patronales que los empleadores hacen todos los meses al sistema de seguridad social que cae en tres puntos porcentuales: del 20,4% al 17,4%. Estos fondos actualmente van a la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) encargada del pago de jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares, entre otras prestaciones.

Si bien las empresas seguirán abonando esos tres puntos de la masa salarial, serán reorientados hacia el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un instrumento que crea la nueva ley y será el encargado de pagar las indemnizaciones de aquellos trabajadores trabajadoras que sean despedidos por sus empleadores. “Con lo cual para los empleadores en el día a día esto se netea, es decir, van a pagar un 3% al FAL, pero se ahorran un 3% en las contribuciones patronales”, explicó Campos y, en definitiva, se van a ahorrar el pago de las indemnizaciones “que ahora indirectamente se van a terminar haciendo con fondos que deja de percibir la ANSES”. O, en otras palabras, se le quitará dinero a jubilados, pensionados y otras personas vulnerables, para financiar la posibilidad de despedir de las empresas.

En segundo lugar, la ley también prevé una reducción en el aporte patronal que los empleadores hacen a las obras sociales del 6% al 5% del salario. De esta forma hay cuatro puntos porcentuales de masa salarial que los trabajadores y trabajadoras argentinas pasarían a ceder al sector empresario. Según estimaciones de los sindicatos, en la actualidad esto asciende a unos 2.500 millones de dólares al año.

¿Cuál es el estado del proyecto?

Como mencionamos al comienzo, el objetivo declarado del Poder Ejecutivo era que el Congreso aprobara su reforma antes de fin de año. De hecho la flamante senadora y ex ministra de Seguridad de Milei, Patricia Bullrich, había puesto como fecha de votación el 26 de diciembre.

Sin embargo, en los últimos días el panorama cambió. La noche del miércoles 17 de diciembre el oficialismo sufrió un revés en la votación del Presupuesto en la Cámara de Diputados, donde la oposición logró quitar el artículo que eliminaba el financiamiento a las Universidades Públicas y derogaba la Emergencia en Discapacidad.

Por su parte, el jueves 18 las principales centrales sindicales, organizaciones sociales, de Derechos Humanos y políticas, se movilizaron a la Plaza de Mayo para rechazar la reforma laboral. Unas horas después del acto donde los dirigentes amenazaron con una huelga nacional, la senadora Bulrich anunciaba que el texto sería debatido el 10 de febrero.

Es que si bien tras las elecciones legislativas de octubre de 2025 el gobierno de Milei salió fortalecido y amplió su representación en ambas cámaras del Congreso, todavía debe negociar con sectores moderados y dialoguistas para lograr la aprobación de sus proyectos.

Ahora, mientras el oficialismo apuesta a convencer -con argumentos o con prebendas- a los legisladores indecisos, el movimiento obrero planifica sus próximos pasos en una batalla que, por ahora, ha logrado postergar hasta 2026.

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

Pablo González Gasca: un nazi en el fango

Por: diario

Puede que te suene este nombre de verlo en las noticias de estos días o quizás ya sepas algo de este personaje al que conviene seguir la pista, es notable su relevancia desde el neofascismo más reformista a las filas más neonazis.

Pablo González Gasca saludando a Santiago Abascal

Pablo González Gasca no sólo era un alto dirigente de la organización juvenil Revuelta, era también una persona clave en el manejo las redes sociales de VOX, además se le relaciona directamente con la creación de Noviembre Nacional origen de Nucleo Nacional y Movimiento Nacionalista Despierta. Pablo no era un cualquiera en VOX, una de sus primeras apariciones fue en las elecciones municipales burgalesas como número 4 de la lista. Pablo ha sido un personaje clave para desvelar la relación del partido con muchos colectivos. Tenía contactos con Bastión Frontal, Democracia Nacional o la Falange a través de Movimiento Nacionalista Despierta. Se le vincula directamente con muchos de los llamamientos fascistas que se han hecho en el estado, por ejemplo con el polémico “Uvas de Ferraz”, durante la nochevieja de 2023. Además era claro nexo de conexión con la ultraderecha polaca que le catapulto a manejarse con muchos otros países. Pablo no era un don nadie en estos ambientes y lo más importante, parece que ayudaba a aglutinar a diferentes sensibilidades como franquistas, falangistas o neonazis en un mismo frente que conectaba con VOX.

Resumiendo, Pablo iba como un cohete. Tenía pies en todos los lados además de manejar un aparato fundamental en VOX, las redes sociales y el marketing digital. Estaba detrás de numerosas cuentas desde donde esparcía toda su propaganda, oficialmente VOX, Revuelta y su marca personal pero tras ser objetivo de algún “doxeo” se le vinculó a cuentas de otros grupúsculos nazis y propagadores de odio. Respecto a Burgos, publicaba soflamas criticando las subvenciones a Espacio Tangente o incluso amenazaba con cerrar el Centro Social Recuperado de Gamonal por nombrar algunos de los muchos colectivos burgaleses a los que ponía en la diana mientras esperaba, como Aznar, “que cada uno hiciese lo que pudiese” y es que Pablo tenía madera de dirigente.

Tal vez a Pablo le sonreía la suerte o tenía poderosos padrinos. La verdad es que no tengo muy claro cómo se asciende en partidos neofascistas ni organizaciones nazis. Pero hace unos días su carrera se truncó y la suerte o sus padrinos lo abandonaron. Mientras Revuelta recogía dinero para la DANA que arraso Paiporta o Catarroja, Pablo se hacía un viaje a Varsovia para acudir a un llamamiento de “Juventud de toda Polonia” un colectivo de marcada tendencia neonazi. Poco o nada pisó el fango que hoy se le está llevando por delante. La noticia que está en todos los medios, es que Revuelta no gasto el dinero de la DANA y se quedó en sus cuentas para no se sabe bien qué o quién. A principios de esta semana se empezaron a filtrar grabaciones donde se destapaba este hecho. En ese nido de ratas almizcleras se grababan y probablemente se intercambiaban esos audios. Lo curioso es que gran parte de los audios filtrados parecen grabados por el propio Pablo y le han acusado de estar detrás de las filtraciones. En los audios se habla de precariedad y malos sueldos, de malversación, de robar, de pactar compensaciones, despidos… En ellos Pablo llega incluso a llorar en algún momento. Pablo no queda precisamente bien en los audios lo cual hace que todo esto tenga poco sentido, en el partido le hacen responsable de la malversación y se soslaya incluso lucro personal. Esto obviamente salpica a VOX, pero quizás es más grave de lo que parece ya que puede dejar cojo a un partido que tiene uno de sus principales objetivos en los nuevos votantes y la propaganda digital. Pablo está hoy en el fango, ese fango de la DANA que impunemente esquivó. Además es la cabeza visible del desaguisado de Revuelta y personifica la fractura que hoy acontece en el seno del entramado neofascista de VOX y sus células nazis.

Tras esta historia se escoden grandes incógnitas. Es muy extraño que la prensa se haya plegado a destapar este escándalo, incluso los medios conservadores han contribuido activamente a destapar todo esto. Tal vez estos medios han tenido que ceder a un acontecimiento demasiado inmoral como para ser ignorado o tal vez la oligarquía quiere contener el ascenso de determinadas tendencias de ultraderecha. No obstante la misma prensa que hoy les denuncia les ha blanqueado innumerables veces haciendo que nazis como este puedan colocarse en las instituciones con demasiada impunidad.

Pablo Gonzalez Gasca en una manifestación de Hogar Social Madrid con la camiseta de casaPound (2017)
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Acratador 20N25

Por: Radio Topo

Un programa muy dinámico hoy en el que conectamos en varias ocasiones con la manifestación antifascista del 20N de Zaragoza y nos acordamos también de la de Huesca que se desarrollaban al mismo tiempo que la emisión. Pero en este 50 aniversario de la muerte de Franco por supuesto hablamos de ello y del poso […]

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Ruta Burgos Antifascista

Por: diario
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ONDA NEGRA-PROGRAMA 39

Por: Radio Topo

📢📢Una semana más desde ONDA NEGRA, el programa de CGT Aragón-La Rioja, os ofrecemos a través de Radio Topo📻 una hora cargada de información laboral y sindical, social, feminismo y cultura💪🏽 👉🏿Podrás escuchar el programa durante tres semanas😁. 👉🏽El programa Nº 39 se emitirá los días 29 de octubre y los días 5 y 12 […]

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