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Quijotes del siglo XXI, perfiles que libran su batalla en las redes

Por: Alberto Senante

Salud, vivienda, racismo, cambio climático, estafas, homofobia. Sobre cualquiera de estos temas cada día en las redes sociales se publican bulos, operan campañas y se vierte odio como si lo descargara un camión cisterna. Pero también hay personas detrás de cientos de perfiles que libran una batalla cotidiana.

Laura, Guillermo, Andrea, Santiago, Daniel. Esta lista seguramente no te dice nada. Pero si te digo que son los nombres que están detrás de los perfiles Le petite pato, Farmacia enfurecida, Mi familia mixta, Champimuros o Tigrillo es muy probable que la cosa cambie. Y resulta casi imposible que si entras de vez en cuando en redes sociales no hayas visto unos cuantos videos suyos puesto que suelen contar sus reproducciones por cientos de miles, o millones. 

Andrea Navarro era una criminóloga murciana que tuvo la ocurrencia de casarse y tener una hija con un chico de Guinea. Y además contarlo en redes sociales. Al empezar a subir sus videos familiares en Tik Tok, el 95% de los comentarios eran insultos racistas. “Era asfixiante”, nos cuenta. De hecho estuvo tentada de dejar de publicar nada sobre su familia. Pero hizo justo todo lo contrario: creó el perfil Mi familia mixta y empezó a exponer –y a burlarse– de los insultos, de los prejuicios racistas y de las preguntas absurdas que recibía. “Si alguien te está insultando, lo que quiere es que respondas con más insultos, saber que te afecte, así que el humor les descoloca”. 

Su comunidad fue creciendo y, casi una década después, para su sorpresa, las redes sociales se han convertido en su profesión gracias a publicidades puntuales. Andrea no se plantea su canal como una forma de luchar contra el racismo o la islamofobia –“si te has criado en el odio es muy difícil que cambies”, dice-, sino más bien como una forma de ayudar a otras familias mixtas o racializadas. “Racistas habrá siempre, pero yo elijo cómo me lo tomo”. Al ridiculizar el racismo, los agresores pierden fuerza. 

¿Activismo o profesión?

Aunque haya algunos casos de activistas de las redes que desde el principio tienen una visión profesional, en la mayoría de los casos esta “militancia” surge como respuesta de una vivencia personal, que luego puede convertirse en una forma de ganarse la vida. Es el caso de Santiago Caamaño, en redes Champimuros, que tras superar una adicción al juego mantiene una cruzada con todo aquel que promueva las apuestas en redes, al tiempo que denuncia la falsedad y los cursos-estafa y se burla en general de todos aquellos “fantasmas”, como los llama él, que presumen de lujo, superficialidad, o de ser abiertamente machistas.

Otra vivencia personal, en este caso una tan habitual como buscar piso, fue la que llevó hace tres años a la arquitecta e ilustradora gallega Laura Pato a llenar su perfil de Instagram de videos de alquiler o venta de casas. “Mi primer objetivo era señalar los pocos límites que tenemos a la hora de elegir una vivienda, las carencias arquitectónicas que aceptamos. Pero la situación ha empeorado muchísimo y ahora estamos obligados a aceptar lo que se nos ofrece”, explica a La Marea.

Camas a dos palmos del techo, retretes dentro del plato de ducha, paredes fantasmagóricas, ventanas propias de un camarote o espacios minúsculos que son a la vez cocina, comedor y salón. En alquiler o compra, Laura muestra hasta qué punto ha llegado la burbuja inmobiliaria del país, incluyendo escenas de películas y golpeando con su boli en la pantalla los mayores disparates arquitectónicos y decorativos. Pero desde luego lo más descorazonador de sus videos es su ya mítica frase final, “corred que vuela”, porque sabemos que, en el fondo, algo de verdad puede tener… 

A pesar de que muchas de sus publicaciones superan el millón de reproducciones, Laura asegura hacer estos videos simplemente porque le divierte hacerlo, sirven para visibilizar una situación y sólo acepta hacer publicidad de algo que tenga que ver con los problemas de vivienda. 

Cada tema parece tener uno o varios de estos nuevos quijotes de vocación que luchan contra los bulos. Y quizás pocos tan dañinos, y tan en auge, como los que tienen que ver con nuestra salud. Para desmentirlos nos encontramos cada día con profesionales como Guillermo Martín en su Farmacia enfurecidaBoticaria García o Farmacéutico Fernández

El coste de coger una “lanza” controvertida 

Como hemos visto, el éxito de un perfil activista sobre un tema social se puede convertir en una profesión o en ingresos extra para quienes consiguen una cierta repercusión. Pero hay muchos otros en los que los millones de reproducciones apenas generan beneficios económicos, al menos de forma directa. Es el caso de Daniel Valero, más conocido como Tigrillo, quien desde 2011, cuando tenía apenas 17 años, publica principalmente contenidos relacionados sobre la realidad –y contra los prejuicios– de la comunidad LGTBIQ+. Sin embargo, a pesar de su importante repercusión, nunca ha llegado “a vivir de esto”. “No depende tanto del número como de los temas que tratas. Los que tratamos temas más políticos tenemos menos oportunidades de publicidad”, explica. 

Aunque este periodista afirma que su labor es “más divulgación que activismo”, su principal objetivo, nos dice, es luchar contra el movimiento que ha puesto a las personas LGTBIQ+ como “enemigos sociales para desviar la atención de los problemas reales”. Y si el tema es controvertido no aparecen los anunciantes, pero sí los insultos, cientos de amenazas de muerte, incluso las persecuciones en la calle… “El coste es altísimo, creo que la gente no lo imagina. Sales a la calle y piensas que cualquiera puede ser potencialmente agresivo”, denuncia Daniel. 

Lo saben bien las centenares de mujeres que hablan de feminismo, o desde una perspectiva feminista, en sus canales. Y también quienes tratan cualquier otro tema que esté en el foco de la extrema derecha, como el cambio climático. Hope y Climabar son dos proyectos personales que dan esta batalla con éxito contra la desinformación desde el rigor pero de una forma atractiva, optimista y desenfadada. Pero quizás quien haya arriesgado más en este ámbito es el biólogo Fernando Valladares, quien podría haberse limitado a su labor científica, pero decidió “bajar al barro” para tratar de desmentir por todos los medios las mentiras sobre la emergencia climática, en particular desde la primera llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. 

Valladares reconoce que la divulgación en redes le reporta “cosas positivas”, pero también señala “un desgaste personal, ya que buscan el descrédito de tu trabajo”. “Cada vez más científicos, además de investigar, buscamos generar conciencia, es una batalla piedra a piedra que sabemos que no tiene final” debido a la “eficaz estrategia de la ultraderecha de dar un mensaje falsamente tranquilizador”.

La lanza del humor 

Como hemos visto, los temas, los formatos y los posibles retornos económicos varían entre cada uno de estas y estos Quijotes de las redes. Pero lo que casi todos comparten es que el humor es la principal arma de su particular cruzada. 

El humor es capaz de atravesar ciertas capas. Yo sería incapaz de hacer un activismo serio, me resulta más fácil consumir. Sobre todo en Instagram, voy a distraerme”, explica Laura. Daniel Tigrillo añade que el humor es capaz de sintetizar, “es lo más eficaz para llegar a una audiencia que está distraída con muchos estímulos”. Y según él le ayuda a alejarse de esa “caricatura de lo woke” como personas que quieren “cancelar todo, echar la bronca por todo”. 

Como el Quijote, quizás nunca lograrán ganar del todo al enemigo, pero la difusión que han conseguido ya supone una victoria que merece celebrarse. 

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Cualquier mujer puede agredir sexualmente con penetración

Por: Teresa Villaverde

Algunas desinformaciones vertidas en redes sociales tratan de culpar a las mujeres trans del repunte en mujeres investigadas por agresión sexual con penetración. Desmentimos estas afirmaciones con el Código Penal en la mano y con la ayuda de la jurista Violeta Assiego.

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[VIDEO] De bosques comestibles y compostaje computacional

Por: Hello Compost!

En Hello Compost! hemos puesto a trabajar juntas las máquinas de la computación y del compostaje para seguir cultivando el lema “enfriar nuestro sobrecargado ecosistema digital y disminuir el ruido”.

El lunes 9 de marzo celebramos el primer encuentro sintrópiko. En lugar de resignarnos a la inercia tediosa del comienzo de semana, decidimos detener el flujo. La sesión estuvo guiada por el artista sonoro Ramírez Neira, quien nos propuso el concepto de bosque comestible para comenzar a indagar en nuestro jardín digital. ¿Qué tiene que ver un bosque comestible con el ciberespacio? Absolutamente todo.

En Hello Compost! solemos hablar de jardines digitales, pero esa tarde comenzamos criticando nuestra propia metáfora. El jardín es un espacio donde la naturaleza se domestica, se ordena y se delimita. Hay parcelas, cercas, suelos controlados. Una cierta infertilidad puede instalarse cuando todo queda demasiado organizado.

Ese gesto de crítica resultó necesario. Nos obligó a preguntarnos hasta qué punto nuestros jardines digitales podían reproducir la misma lógica de parcelación que las grandes tecnológicas llevan años aplicando sobre el territorio de internet. Un territorio que, en su origen, se parecía más a un bosque abundante, lleno de caminos imprevistos y capaz de albergar una enorme tecnodiversidad.
Pero la crítica no nos llevó a abandonar la idea de jardín. Más bien la reforzó. Si queremos cultivar algo distinto en internet, primero necesitamos aprender a cultivar.

En algún momento recurrimos a Yuk Hui y a su reflexión sobre la relación entre máquina y ecología, sobre cómo la tecnología puede pensarse desde distintos regímenes cosmológicos y no únicamente desde una lógica mecanicista. Más adelante nos sirvió imaginar internet como un bosque oscuro, siguiendo esa intuición que circula en los trabajos de Maggie Appleton, donde el espacio digital vuelve a pensarse como un ecosistema complejo y difícil de cartografiar.

La conversación también pasó por las advertencias de César Rendueles sobre el riesgo de construir redes que terminan vaciándose de contenido social, y por la invitación de Mark Fisher a salir de dinámicas culturales que consumen nuestra energía colectiva sin permitirnos imaginar otras formas de vida digital.

Como ocurre en la sintrópia, fuimos acoplándonos a todos esos puntos de energía (autoras y autores que nos encantan) para comprender mejor el terreno boscoso que estábamos pisando.

La conclusión no fue dada. Preferimos que veas la charla y la utilices en tu propio trabajo. Pero nuestra querida Liubula terminó diciendo algo que será mejor recordar: «De vez en cuando hay que levantar la cabeza y apartar las manos de la tierra para mirar qué se está cultivando en otros jardines».

No olvides visitar Hello compost! para participar en diferido de la charla con tus comentarios.

¿Quieres que La Marea te mande el recordatorio y acceso a la próxima charla?

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Medios Sociales online: Libertad de Expresión Más que Nunca

Por: Pepe Galindo

Algunas redes socialesHay muchos tipos de medios sociales y mucha gente los usa sin tener muy clara la definición de medio social online (social media) o red social (ni falta que hace). La facilidad de acceso a Internet, y la gratuidad de estos medios cibernéticos ha hecho que cada vez se una más y más gente a este fenómeno de alcance planetario. Cada vez es más frecuente usar los nombres de estos medios en conversaciones coloquiales: Facebook, Tuenti, Google+, Hi5, Bebo, LinkedIn, YouTube, Twitter

Estas redes, inundan la Red de opiniones de todo tipo, difunden noticias (también falsas), establecen relaciones personales (no siempre positivas), colaboraciones (algunas estériles)… y abren un sinfín de posibilidades, y herramientas para cambiar nuestra sociedad mundial (a mejor o peor). Un ejemplo son las ciberactuaciones que, aunque algunos lo dudan, realmente son muy útiles, y se difunden por Internet usando plataformas como Change, AVAAZ, eFIRMAS, FirmasOnline… además de las que promueven algunas ONG como Amnistía Internacional, o GreenPeace, por citar sólo dos.

El Nobel de la Paz chino Liu Xiaobo alabó Internet: «Internet es verdaderamente un regalo del cielo para que la gente china pueda defender sus derechos». Pero no es sólo la gente china. Los ciudadanos de todo el mundo están recibiendo ahora libremente noticias que antes apenas tenían repercusión, y eso pone nerviosos a muchos poderosos que ven que se les va de las manos el control que ejercían con sus medios típicos (televisión, radio, prensa…) alejándose de su deseado control de la sociedad (y de su Nuevo Orden Mundial, NWO, o República Universal). ¿Hubiera sido posible el movimiento 15M sin internet?

Desde estas líneas queremos lanzar un mensaje de agradecimiento sincero a todos aquellos que facilitan que todo esto sea así, y a todos aquellos que ponen su esfuerzo en una difusión de información limpia (sin falsedades, ni manipulaciones). En particular, mi agradecimiento a WordPress, por dar cobertura gratuita a este humilde BlogSOStenible, y también a otras redes donde también estamos, y donde difundimos otras noticias, e ideas: en Twitter somos @blogsostenible, y también estamos en Facebook, con varios miles de seguidores entre estas tres vías.

Todo tiene también su contrapunto… estos servicios son gratuitos pero notamos cada vez más la presencia de publicidad, que nos incita a comprar y comprar… la perfección es complicada. Recordamos las palabras de El Roto, cuando insinuaba que la incitación al consumo debería pagar un impuesto ecológico (y eso de publicidad, un segundo cerebro).

Las nuevas tecnologías nos permiten unirnos en grupos con intereses afines. ¡Vamos a unirnos, para forzar un cambio hacia una sociedad SOStenible! Pero no basta sólo con unirse e informarse en redes sociales, hace falta también pasar a la ACCIÓN, como sugiere Annie Leonard en sus famosos vídeos documentales (por ejemplo, haciendo voluntariado en algún colectivo).

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Esto va de derechos

Por: Daniel Cotillas

Hemos politizado cosas muy importantes como son el comer, el amar o el hablar. Y lo hacemos porque vemos que son necesarias para la construcción de un mundo mejor. Uno que se nos aparece como deseo que yace latente bajo el embrujo de la eficiencia y el control, esa magia podrida que es el capitalismo como única forma posible de vida. Por eso necesitamos recuperar palabras como utopía, política, derechos… Hay mucho de utopía en verbalizar «un mundo mejor» porque esa expresión trae consigo la construcción de unos fundamentos compartidos con los que construir un mundo digno de ser vivido.

En ese compartir formas de entender el mundo hemos caminado por senderos de enormes cambios para la humanidad: el movimiento feminista, el ecologista, los derechos de la infancia, y un largo etcétera. Nos hemos puesto de acuerdo para establecer unos cimientos sobre los que cualquier persona pueda decir: «A partir de aquí podemos empezar a construir una casa común». Esta decisión conjunta significa que hemos politizado las posibilidades de un vivir colectivo. Hemos puesto sobre la mesa del máximo común denominador los valores y derechos sin los cuáles sería impensable empezar a hablar.

Por eso, esto va de derechos. Derechos básicos. Derecho a la libertad de expresión, a la vivienda, a un trabajo digno. Y entre todos esos derechos hay uno que no conseguimos acabar de politizar adecuadamente: el derecho a la comunicación. Y más aún, politizar el sentido y construcción de las herramientas con las que ejercemos ese derecho básico.

El derecho a la comunicación es tan obvio, que su ejercicio nos parece superfluo. Es el derecho que hace que haya alguien al otro lado de la radio contándonos una historia, el que permite que no sólo haya dos canales de televisión, o el que se cuela entre las grietas de los movimientos piratas fanzineros. Y también es aquel que ejercemos cuando escribimos un mensaje de texto desde nuestro móvil. Este derecho no tiene que ver con el contenido de ese mensaje, si es más o menos pertinente, es el mero hecho de que tengas la capacidad de poder realizarlo. Politizar este derecho significa que tengamos, al menos, pensamiento crítico sobre aquellas condiciones que hacen que este derecho pueda ser ejercido con plenas capacidades de autonomía, soberanía y libertad.

Estos últimos días hemos asistido a dos hechos que nos deben hacer reflexionar respecto al derecho a la comunicación, porque con ello estaremos pensando también el tipo de mundo en el que queremos vivir, y no en el que nos dejan vivir. Son dos cosas absolutamente diferentes.

Pensemos primero en la propuesta de legislar la prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años. Podríamos tener una enorme discusión sobre qué entendemos por red social, pero eso ahora no viene al caso, quedémonos con su selección habitual: los Instagram, Facebook y Tiktok al uso. Ahora, hagamos una disección política del asunto desde el derecho a la comunicación, pero más importante aún, desde el mundo que queremos construir.

Por un lado somos una sociedad que ha evolucionado hasta el punto de contar con desarrollos tecnológicos que nos permiten no sólo comunicarnos muy rápidamente sino además muy lejos, en tiempo real, con texto, audio, vídeo. Durante mucho tiempo estos desarrollos fueron financiados e investigados gracias a financiamiento público. La visión de estar creando un aporte único a la humanidad fue entendida por una gran diversidad de gente, como por ejemplo los creadores de protocolos con los que hoy navegamos por un mismo Internet para todo el mundo en lugar de tener cientos de ellos. Esto era así porque se apostaba por una construcción utópica de la comunicación: una red desde donde todas las personas puedan comunicarse en el mismo nivel de condiciones. Nuestros Estados, gobernados en algunos casos por personas que elegimos democráticamente, sólo tendrían que velar por que el derecho básico a estar conectadas unas con otras fuese algo cuidado y protegido. Poco a poco todo esto mutó a que algunas empresas privadas fuesen las que nos dijesen cómo y cuándo podemos conectarnos, qué es comunicación y que no, y si estás en condiciones de poder saber lo que es verdad y lo que no. De esta forma, muy rápidamente, ya no teníamos una herramienta que se apoyaba en una forma de entender el mundo, sino que teníamos un producto con el que financiar las necesidades de empresas privadas. El cuento es más o menos así y Cory Doctorow y su ya conocidísimo término de mierdificación lo sabe.

Donde antes teníamos la posibilidad de proponer formas de ver el mundo hoy sólo podemos ver alternativas comerciales gestionadas por corporaciones que poco o nada tienen que ver con el derecho a la comunicación. Ellas deciden qué contenidos pueden circular, qué algoritmos deciden qué vemos y cuándo lo hacemos, y sus ganancias son el motor que les mueve a crear novedades. Esta forma de contar el mundo se ha convertido en la única forma de entender el mundo. No hay un afuera, una alternativa, sólo nos queda conformarnos con lo menos malo. No sólo somos incapaces de ver alternativas más allá del capitalismo sino que hemos aceptado que el robo de futuros ha sido a plena luz del día y sin pasamontañas.

Hoy queremos que los menores de 16 años no accedan a herramientas que nos conectan y nos permiten comunicarnos. No queremos que puedan ejercer un derecho básico de construcción social y humana porque las empresas que se hicieron con el entramado que posibilita este derecho han decidido cómo ha de funcionar: con violencia, con culto al cuerpo, con mentiras y bulos, con destrucción. Nuestros Estados y gobernantes miran hacia abajo porque se olvidaron que la luna está arriba, más grande y obvia que nunca. Las redes sociales que nos ofrecen las corporaciones son una mierda, una basura, algoritmos sucios y nocivos que llevan el derecho a la comunicación a su expresión más pueril. Y por todo ello han de ser legislados, pero antes, necesitamos politizarlos. Asumir que podemos mirar arriba y decir basta. Hacia abajo nos queda un gran trabajo por hacer: crear redes que se asemejen al mundo que queremos habitar. Redes desde donde también los jóvenes se politizan, aprenden de música, se acercan a diferentes formas de pensar y a defender sus derechos. Porque hoy el error es hablar de redes sociales como si de la posibilidad de estar conectados sea el problema. Y el problema son las marcas de redes que nos han dicho que debemos usar, y que seguimos usando.

Sumado a este conflicto está, de forma paralela y bastante significativo, el caso de Telegram. Muchas personas que usan ese sistema de mensajería recibieron el 5 de febrero un mensaje de su creador, Pavel Durov, criticando duramente las decisiones de Pedro Sánchez en España. La verborrea libertaria es cada vez más confusa y las energías revolucionarias son captadas excelentemente por el reaccionariado más exaltado. Pero, de fondo, vuelve la misma reflexión: ¿en qué momento pensamos que esa plataforma de mensajería era algo diferente a la mentalidad que su creador imprime sobre ella? Y este «pensamos» es sobre el que deberíamos pararnos a analizar. ¿Desde qué principios analizamos las redes que utilizamos? ¿Nos interesa qué se hace con nuestra información? ¿Dónde viven nuestros datos? ¿Cuáles son las vinculaciones políticas de aquellos que financian la creación de estas plataformas?

Son todas preguntas urgentemente válidas y que hoy se alzan con más pertinencia que nunca. Hay que parar un momento y no dejarse arrastrar por la migración rápida a otra herramienta que alguna web de referencia nos diga que es la adecuada. ¿Qué quiero yo? ¿Qué queremos nosotras? ¿Cómo será mi vida dentro de uno, cinco o 20 años si empiezo a comunicarme a través de esta nueva herramienta?

Debemos aprender a plantearnos las preguntas adecuadas cuando se trata de tecnología. Hoy no le prestamos atención en absoluto porque hemos cedido a una clase política desorientada y unos empresarios ambiciosos la capacidad de gestionar uno de nuestros derechos más valiosos: nuestra comunicación.

Toca parar un momento, hablar con colectivos de tecnología libre, analizar quién es el dueño de una herramienta, cómo se financia, si el algoritmo es auditable y un largo etcétera que, aunque suene raro, debemos empezar a entender qué significa. «Si argumentas que no te preocupa la vigilancia porque no tienes nada que ocultar, es como argumentar que no te interesa la libertad de expresión porque no tienes nada que decir», nos interpelaba Snowden hace años. Hoy nos toca reflexionar sobre esto porque, si no nos interesamos por la forma en que se ejerce nuestro derecho a la comunicación, tal vez es porque en realidad no nos interesa la forma en que se construye nuestra sociedad. Y tú y yo sabemos que no es así. Así que toca sentarse y ponerse a llevar a la práctica un mundo en el que merezca absolutamente la pena vivir y comunicarse.

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La agotadora omnipresencia del ‘hate’

Por: El Periscopio

Este texto es el último editorial de El Periscopio, el suplemento cultural de La Marea. Puedes conseguir la revista aquí o suscribirte para seguir apoyando el periodismo independiente.

Estar de mal humor cansa. Cansa mucho. Hace falta poner una gran cantidad de energía en sostener el enfado, alimentarlo con nuevas injurias, hacerlo explícito. El cabreo drena fuerzas y además trae consigo una especie de lucro cesante: aparta la mirada de otras cosas que estén pasando, imposibilita el asombro, nos ciega para la belleza. Y, por si eso fuera poco, por el camino contagia a las demás personas ese mismo agotamiento, esa misma ceguera.

Por supuesto, no nos estamos refiriendo al enfado necesario que trae consigo la rabia ante la injusticia, al enfado transformador que provoca el abuso de poder y que lleva a querer desmantelar sus estructuras. En lo que estamos pensando es en ese otro modo de malhumor, de mira corta y ánimo un poco ególatra, que no quiere cambiar nada, sino que refunfuña en torno a algo en lo que se ha quedado enganchado, no necesariamente por las razones adecuadas.

Porque ese malhumor se viene convirtiendo, de un tiempo a esta parte, en uno de los tonos más característicos de la conversación pública. No solo en política, donde los debates entre sonrisas y ceños fruncidos ya son un lugar común en el que hay poco que rascar: también en la cultura, la omnipresencia del hate empieza a resultar agotadora.

Rosalía, David Uclés, Óliver Laxe: cada disciplina tiene a su autor o autora paradigmática en esto de que las batallas a favor o en contra rocen el punto de saturación. No hace falta ver la película, leer el libro, escuchar el disco: de lo que se trata es de posicionarse. En una lógica para nada ajena al clickbait y al algoritmo, iniciar una polémica es más fácil, rápido y rentable que intentar tejer los hilos de una crítica cultural que se sostenga.

Y es que no se trata, tampoco, de que no se puedan hacer críticas desfavorables. Las obras no tienen por qué gustar, solo faltaría; y, además, meter el dedo en la llaga de las contradicciones y las grietas de las producciones culturales más visibles es un modo interesante y fértil de pensar acerca de las ideas e imágenes que están en el aire y que contribuyen a nuestra manera de leer y habitar el mundo.

De lo que sí se trata es de darnos cuenta de que el bucle retroalimentado de opiniones feroces en torno a unas mismas obras y unos mismos autores no lleva a ninguna parte. De hacernos cargo cuando sea necesario de que la crítica simplificadora que se ceba en el rasgo de un trabajo que a cada cual le molesta especialmente es más una afirmación identitaria que una contribución a la conversación común.

Y, sobre todo, de no olvidar que, en la economía de la atención que rige nuestro acceso a la cultura, mientras perdemos tiempo en el vodevil de las discusiones lo que estamos haciendo es también no ocuparnos de poner el foco sobre tantas otras creaciones que sí nos podrían interesar. ¿Qué tal si intentamos priorizar eso?

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‘La Marea’ deja de publicar en Telegram tras el mensaje político de su fundador enviado a los usuarios españoles

Por: La Marea

Elegir es renunciar. Esta frase resume bien lo que supone tomar decisiones y, más aún, cuando se trata de dilemas importantes que entroncan directamente con los valores que nos sustentan como personas y, en el caso de La Marea y Climática, como cooperativa y como medio de comunicación.

Entre nuestros principios editoriales destaca la independencia: de los poderes políticos, económicos y, de unos años a esta parte, hablamos también aquí de los espacios que se eligen para comunicar. No descubrimos nada si decimos que, en el mundo de ahora, esos espacios están en manos de unos pocos «señores tecnofeudales». Y no es la primera vez que nos enfrentamos a esta situación: nos fuimos, por ejemplo, de Twitter (o X) y de Meta (Facebook, Instagram y WhatsApp).

En las últimas horas, la actualidad ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión: ¿es Telegram un espacio «independiente» cuando su fundador lo usa para mandar un mensaje masivo a sus usuarios con una clara intencionalidad de influir en su opinión política?

Ante esta injerencia, la respuesta de la redacción y el Consejo Rector de la cooperativa editora ha sido intentar ser coherentes. Por ello, tanto en La Marea como en Climática hemos dejado de publicar en Telegram.

Avanzamos así en el proceso que iniciamos en junio de 2024 cuando eliminamos las cookies analíticas de la web para proteger los datos de nuestros lectores y lectoras; que continuamos el 31 de diciembre de 2024 cuando nos fuimos de X (Twitter), y que seguimos el 9 de enero de 2025 cuando dejamos de publicar en Meta (Facebook e Instagram).

No os vamos a mentir: no es una senda sencilla. Y es, además, una vereda poco explorada que trazamos con cada paso. Pero sabemos que nuestro lugar es este, la página web que estás leyendo ahora mismo. Por ello, te invitamos a buscarnos directamente en lamarea.com. También te animamos a inscribirte de forma gratuita a nuestra newsletter semanal. Nuestra casa, nuestro espacio, está siempre abierto para ti.

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BlogSOStenible cumple CATORCE AÑOS

Por: Pepe Galindo

Otro año más, lo celebramos con palabras. Y van catorce. No queremos velas, porque las velas no son ecológicas. Tenemos mucho que celebrar:

  1. Ya está publicado el libro «Gris que te quiero verde», con el que conmemoramos nuestros 13 primeros años.
  2. Para el público más literario hemos publicado «La vida te enseña», una colección de relatos breves, que te invitarán aprender valiosas lecciones de tus propias vivencias y todo, por supuesto, con una fina y verdosa capa de barniz.
    • Los lectores más contumaces, quedan invitados a pasearse por nuestro pequeño currículum editorial.
    • Podéis adquirir estos libros en cualquier librería, pero si los vais a pedir por internet, recomendamos hacerlo en las webs de las editoriales.
  3. Ya está en imprenta otro libro de relatos ecoanimalistas. Os adelantamos el título: Deja que te susurre algo verde.

Como cada aniversario, recordamos algunos de los artículos más relevantes de estos últimos 12 meses, unas curiosidades estadísticas y nuestra periódica poesía.

♥ Datos sobre BlogSOStenible en este cumpleaños

♥ Poesía: A los bichos (2024)

Molestan, pero ayudan.
Los matan, pero los necesitan.
Protestan, pero envenenan.
Lloran, pero fumigan.

Anhelo el cri-cri como el croag.
En noches de asfalto caliente.
Veratoño y veravera dan igual.
Calor es lo que más sientes.

Calambres, agotamiento, sudor.
Mareo, desvanecimiento, lipotimia.
Síncope, decaimiento, sopor.
Sabotaje para detener la crítica.

Picaduras que nos despierten.
Anuncios para que nos relajemos.
Lecturas que nos alerten.
Paciencia que no tenemos.

Y si la tuviéramos del todo.
Carecemos de lo esencial, siento.
¿Bichos? ¿De la pulga al nematodo?
Lo que no tenemos es tiempo.

Si hay división y odio,
es porque lo fabricamos.
Si hay tristeza y tedio,
es porque no emocionamos.

♥ Reflexión final:

Estamos viendo una recesión del impacto de nuestro trabajo. Las lecturas de nuestros artículos bajan constantemente desde nuestro récord de 2019. En redes sociales, también va bajando nuestro impacto. Como hemos indicado más arriba, nos planteamos continuamente abandonar redes. Nos sentimos ninguneados.

¿Estamos haciendo las cosas peor que antes? ¿Aburrimos demasiado? ¿Por qué otros colectivos e influencers afines, en distintas redes sociales, sienten lo mismo? ¿Hay una mano negra que manipula los algoritmos para que no molestemos demasiado? Agradecemos cualquier idea que nos ilumine. Mientras, no olvides que…

…si nos sigues somos más fuertes:

  1.    Twitter
  2.   Facebook
  3.   Instagram
  4.    Telegram
  5.    YouTube
  6.    Mastodon
  7. Lee nuestras poesías y opina sobre nuestras soluciones a las crisis.
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‘La Marea’, un año sin Musk ni Zuckerberg

Por: La Marea

Este 9 de enero se cumple un año desde que La Marea tomó una decisión guiada por criterios éticos más que estratégicos: abandonar aquellas redes sociales –como Instagram, Facebook o los canales de WhatsApp– que consideramos especialmente tóxicas. Unos días antes, el 31 de diciembre de 2024, ya habíamos dejado de publicar en nuestra cuenta de X (antes Twitter). Desde entonces, el equipo de La Marea se ha centrado en desarrollar nuestro proyecto periodístico al margen de las big tech y los señores tecnofeudales. Y hoy queremos responder a la pregunta que tanta gente nos hizo aquellos días: «¿podréis sobrevivir?» La respuesta es obvia, aquí seguimos.

No afirmamos, sin embargo, que haya sido un camino fácil. El sistema está montado para que dependamos de él, para forzar la presencia en esos espacios donde la gente te busca y, nos guste o no, nos buscan en sitios donde hemos decidido no estar. Tampoco es sencillo cuantificar el alcance de la iniciativa cuando voluntariamente hemos renunciado a métricas que consideramos invasivas para la privacidad de los datos de nuestras lectoras y lectores. Pero creemos también que nuestra opción lanza un mensaje importante. 

Desde enero de 2025, más medios de comunicación han seguido esta senda. Por otro lado, las noticias que siguen llegando — la sexualización de imágenes a través de la IA de X o la publicidad fraudulenta en Instagram– ratifican nuestra decisión. También lo hace el apoyo de nuestra comunidad, esa fuerza de La Marea que hace posible que sigamos a pesar de la demanda recibida por una de nuestras investigaciones, de la falta de grandes redes o de la necesidad de más manos en el equipo. Nuestra gente ha entendido y apoyado la “osadía” de pensar que podemos comunicarnos mediante otras herramientas, y esto nos ha permitido seguir haciendo periodismo a contracorriente.

Durante este último año, nos hemos concentrado en cubrir temas en profundidad, desde investigar la industria de la gestación subrogada hasta publicar un especial sobre el Sáhara Occidental o analizar la crisis de la vivienda desde múltiples ángulos. 

Este volumen de trabajo a menudo nos ha impedido dedicar la atención necesaria a redes alternativas más alineadas con nuestros principios, como Mastodon. Ese es nuestro propósito para 2026, junto con la salida de otras plataformas cuya decisión anunciaremos próximamente. Sabemos que nos queda mucho por aprender, pero vamos a esforzarnos. Queremos ser un medio independiente también en lo que respecta a la difusión de nuestro trabajo.

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✇Periodismo Ciudadano

De Matrix a TikTok: así difunde la manosfera el discurso antifeminista en redes

Por: Paula Gonzalo

La celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vuelve a abrir el debate sobre la igualdad de género, solo que ahora el escenario se ha trasladado a un campo de batalla cada vez más influyente: las redes sociales. El auge de discursos antifeministas entre los jóvenes está encendiendo las alarmas, especialmente en espacios digitales donde el machismo se reinventa y prolifera bajo una nueva identidad: la manosfera.

El término manosfera proviene del inglés manosphere, compuesto por las palabras man (hombre) y sphere (esfera), y apareció por primera vez en 2009. En el libro (Re)configurando el imaginario sobre la violencia sexual desde el antifeminismo, se define como el “conjunto de comunidades y grupos comunicativos digitales, que están masculinizados en su público y ocupan una heterogeneidad de interacciones y procesos comunicativos misóginos y antifeministas en la red».


La manosfera es un conjunto de comunidades digitales que difunden mensajes misóginos y antifeministas, promoviendo una supuesta «restauración de la masculinidad». A través de plataformas como TikTok, YouTube y foros anónimos, estos espacios propagan la idea de que los hombres deben ser fuertes, dominantes y evitar mostrar debilidad, mientras perpetúan una visión de la mujer como débil, sumisa y responsable de los problemas personales y sociales de los hombres. Ideas que también se recogen en el estudio: «Jóvenes en la Manosfera. Influencia de la misoginia digital en la percepción que tienen los hombres jóvenes de la violencia sexual».


El impacto de estos discursos en la juventud es innegable. Según el Barómetro Juventud y Género 2023, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, el 51% de los chicos de entre 16 y 24 años cree que la promoción de la igualdad ha ido «demasiado lejos», hasta el punto de discriminar a los hombres. Además, el 23,1% de los jóvenes de entre 15 y 29 años considera que «la violencia de género no existe y es un invento ideológico», una cifra que ha duplicado el porcentaje registrado en 2019.


Estos datos reflejan una preocupante desconexión con la lucha feminista y una normalización de discursos de odio en las redes sociales, donde los adolescentes pasan gran parte de su tiempo. Elisa García, profesora e investigadora en la Facultad de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y experta en violencias sexuales en red, en entrevista con la Cadena SER, señala que “estos discursos no llegan desde el entorno familiar o escolar, sino desde el espacio digital. Estos comportamientos se han intensificado con los nuevos formatos y han encontrado en TikTok un canal perfecto para viralizarse con mensajes breves y directos”.

Como advierte García, experta también en manosfera, estos «se han intensificado con los nuevos formatos y han encontrado en TikTok un canal perfecto para viralizarse con mensajes breves y directos”.


Para contrarrestar la difusión de estos mensajes, RTVE ha lanzado el proyecto interactivo ‘La manosfera al descubierto’, una iniciativa que analiza y desmonta las narrativas antifeministas que proliferan en el entorno digital. César Peña, coordinador del proyecto, ha explicado en La Ventana de la Tele que el objetivo es sumergirse en la manosfera con una mirada crítica, evidenciando los estereotipos de género y los discursos de odio que se presentan como una “revolución masculina”.

El reportaje interactivo, titulado «Manosfera y estereotipos: la nueva cárcel de la masculinidad«, invita a los usuarios a explorar cinco categorías clave dentro de estos discursos: antifeminismo, estereotipos, sexualidad, violencia de género y éxito. Con una estética inspirada en la película Matrix, el proyecto explica cómo estas ideas se entrelazan para crear un modelo de masculinidad tóxica que limita tanto a hombres como a mujeres


Según Stribor Kuric, quien ha analizado los modelos de estereotipos dentro de la manosfera, estos espacios ofrecen una narrativa cerrada sobre lo que significa ser hombre y cómo debe comportarse en distintos contextos, perpetuando relaciones de poder desiguales. En estos círculos, la autoridad en la pareja siempre recae en el hombre, reforzando ideas machistas que muchas sociedades han intentado erradicar.

Uno de los aspectos más preocupantes del auge de la manosfera es la idolatría que despiertan ciertos ‘gurús’ antifeministas en los jóvenes. Estos influencers, que combinan discursos de odio con consejos sobre éxito personal y sexualidad, han convertido la misoginia en un negocio rentable, generando miles de seguidores y monetizando sus contenidos.


Como advierte Elisa García, “cada vez hay más creadores de contenido que sacan rédito de estos mensajes. Parecen nichos de internet, pero pueden llegar a cualquier lugar, influenciando tanto a chicos como a chicas”. El problema se agrava cuando los algoritmos de plataformas como TikTok e Instagram detectan el interés del usuario y potencian la difusión de estos discursos, normalizando el machismo entre las nuevas generaciones.

El proyecto de RTVE no solo busca denunciar este fenómeno, sino también educar y ofrecer herramientas para combatirlo. Expertos como Lionel Delgado y Silvia Fernández trabajan en la plataforma para desglosar las estrategias de manipulación que utilizan estos grupos y ayudar a los usuarios a desarrollar un pensamiento crítico frente a los discursos de la manosfera.


Sin embargo, la responsabilidad no solo recae en la educación. Como señala García, “mientras el odio sea rentable, todos nuestros esfuerzos serán en vano”. La solución debe pasar por una mayor regulación de las redes sociales y una revisión profunda de las políticas de moderación del contenido. Pero este desafío no es sencillo, ya que las plataformas digitales tienen un modelo de negocio basado en la viralización, sin importar el impacto social de sus contenidos.

La proximidad del Día Internacional de la Mujer nos recuerda que la lucha feminista sigue siendo más necesaria que nunca. La manosfera representa una amenaza real para la igualdad de género, pero también una oportunidad para reflexionar sobre el impacto de las redes sociales en la juventud y la importancia de construir espacios digitales libres de violencia y desinformación. Ahora, la pregunta que queda en el aire es: ¿cómo podemos recuperar el relato feminista en un espacio donde el odio se ha convertido en tendencia?

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✇El Listo

1603. Nuevas trincheras

Por: Listo Entertainment

✇Periodismo Ciudadano

La Corte Suprema impulsa la protección de los periodistas ciudadanos tras el caso de Priscilla Villarreal, más conocida en redes como «La Gordiloca»

Por: Paula Gonzalo
Imagen Facebook

Esta semana, la Corte Suprema de Estados Unidos ha marcado un precedente decisivo al anular un fallo que bloqueaba la demanda de Priscilla Villarreal, conocida en redes como La Gordiloca, una periodista ciudadana de Texas. Villarreal, arrestada en 2017 por publicar información no pública sobre un suicidio en su página de Facebook, ahora ve reabierto su caso. Esta victoria no solo es importante para ella, sino que sienta las bases para una mayor protección de los periodistas ciudadanos que, como Villarreal, se enfrentan a represalias y riesgos al realizar su trabajo.

En un contexto donde los medios tradicionales continúan atravesando una crisis de credibilidada, acentuada por el consumo de redes sociales y el estallido de la desinformación, figuras como Priscilla Villarreal, han emergido como referente informativo para su comunidad, llegando a las páginas de medios como el New York Times. Villarreal utiliza plataformas como Instagram o Facebok para compartir noticias que llegan a miles de personas. Con más de 200.000 seguidores en Facebook, Villarreal ha superado a muchos medios locales en términos de alcance, pero su trabajo como informadora voluntaria la ha expuesto a riesgos, incluidas detenciones y amenazas legales.

El riesgo de ser periodista ciudadano

El arresto de Villarreal, basado en una ley de Texas que criminalizaba la solicitud de información no pública con «la intención de obtener un beneficio», ejemplifica los peligros a los que se enfrentan los periodistas ciudadanos. A menudo, estos informadores trabajan sin los recursos, protecciones y respaldo de grandes corporaciones mediáticas, lo que los expone a situaciones de violencia, intimidación y acciones legales por el simple hecho de cumplir con su rol de informadores.

La Corte Suprema ha ordenado al Quinto Circuito que reconsidere la demanda presentada por Villarreal, tras un fallo anterior que bloqueaba su demanda bajo el argumento de la inmunidad de los agentes involucrados en su arresto. Este fallo podría ampliar las protecciones legales para los periodistas ciudadanos, quienes se han convertido en voces fundamentales en un ecosistema mediático que cambia rápidamente.

La creciente importancia de los periodistas ciudadanos

En un mundo donde los medios tradicionales siguen luchando por mantener su relevancia, los periodistas ciudadanos consiguen llegar a territorios donde los periodistas profesionales no pueden llegar. El caso de La Gordiloca refleja cómo, en algunos casos, la confianza del público se ha desplazando hacia fuentes independientes, menos convencionales. Sin embargo, la falta de reconocimiento legal y las amenazas que enfrentan estos periodistas exponen una necesidad urgente: proteger a quienes arriesgan su seguridad y libertad para informar a sus comunidades.

La sentencia de la Corte Suprema podría cambiar las reglas del juego, no solo para Villarreal, sino para todos los periodistas ciudadanos que se enfrentan a toda clase de amenazas en el ejercicio de su labor informativa y que requieren de protección legal frente a posibles represalias.

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